|
FICHA
CLINICA Nº 2
EL
DIAGNOSTICO
Introducción.
Etimológicamente
la palabra "Diagnóstico" proviene del griego Ida, a
través, y Gnosis, conocer, o sea lo que es "capaz de
conocer", o más apropiadamente "conocer lo que
atraviesa o transcurre". Así, pues, en términos generales,
un diagnóstico se refiere a la formulación de un juicio, en
cuanto a la inclusión o exclusión dentro de una categoría, al
cual se accede a través de la valoración de la información
obtenida a¡ analizar a un determinado sujeto. Esta acción
presupone la existencia de un conjunto de categorías que
discriminen, diferencien y delimiten la naturaleza de un estado anómalo,
a partir de la observación y la interpretación exacta de los
signos y síntomas que le son propios, y, por otro lado, un
fundamento teórico que dé cuenta del origen, naturaleza y función
de dichas categorías.
De este modo un
diagnóstico alude al ordenamiento de signos y síntomas, a
indicaciones de etiología, a posibilidades pronosticas, a terapéutica
indicada y evolución del cuadro, así como indicadores
diferenciales y criterios de alta terapéutica.
La optimización
de los juicios diagnósticos de pende de lo que en definitiva
consideremos "normalidades" fisiológicas o psicológicas,
lo que pasa por el difícil esfuerzo de ponerse de acuerdo en lo
concerniente a criterios de normalidad - anormalidad (estadística,
valorativa o ideal, fenoménica, etc.), clasificaciones
(nomenclatura a usar, ordenamiento lógico y/o jerárquico de las
clasificaciones, etc.), procedimientos (uniformidad o
contrastabilidad de la metodología de observación y recolección
de información), definiciones en las terminologías a usar, etc.
En resumen, responder a una serie de cuestionamientos necesarios
para el logro de un lenguaje común y consensual que permita a clínicos
e investigadores operar en pos de un ámbito fenoménico homogéneo
y claramente delimitado.
Reseña
Histórica
La siguiente es
una reseña histórica del diagnóstico psicopatológico elaborada
a partir del Capítulo 14 (Clasificación en Psiquiatría) del
"Tratado de Psiquiatría" de Freedman, Kaplan y Sadock.
Al parecer, la
primera- alusión específica a una enfermedad mental ocurrió en
el año 3000 a. de C., una descripción de un deterioro senil
atribuido al príncipe Ptah-hotep. En el 2600 a. de C. se
describieron síndromes de melancolía e histeria en la literatura
sumaria y egipcia. En el papiro de Ebers (1500 a. de C.) también
aparecen descritos el deterioro senil y el alcoholismo. Pero se
considera a Hipócrates (460377 a. de C.) como el introductor del
concepto de enfermedad psiquiátrica en medicina. En sus escritos
describe trastornos mentales agudos con fiebre (tal vez síndromes
cerebrales orgánicos agudos), trastornos mentales agudos sin
fiebre (probablemente análogos a las psicosis funcionales, pero
llamadas manía), trastornos crónicos sin fiebre (llamados
melancolía), histeria (más ampliamente utilizado que en fechas
posteriores) y la enfermedad de los escritas (semejantes al
travestido).
Antes de la época
del inglés Sydenham (16241663), todas las enfermedades, a pesar
de las diferencias aparentes entre los diferentes síndromes, eran
atribuidas a un solo proceso patógeno, tanto un trastorno del
equilibrio humoral como un trastorno de las tensiones de los
tejidos sólidos. Sydenham creyó que cada enfermedad tenía una
causa específica. Exigía el estudio de los procesos mórbidos y
comparaba la investigación de la especificidad de las
enfermedades con la investigación del botánico de las especies
de plantas.
Philippe Pinel (1745-1826), médico francés, simplificó los
complejos sistemas de diagnóstico que existían hasta entonces,
reconociendo tres tipos clínicos fundamentales: manía
(condiciones con excitación o furia aguda), melancolía
(trastornos depresivos y alucinaciones con temas limitados) y
demencia (falta de cohesión en las ideas) e idiotismo (idiotez y
demencia orgánica). Pinel reaccionó así contra la tradición de
entidad gnosológica específica de Sydenham y volvió al sistema
de clasificación no complejo de Hipócrates. Todas las
enfermedades mentales estaban dentro de una categoría de
enfermedades físicas llamadas “neurosis”, que estaban
definidas como “enfermedades funcionales del sistema
nerviosos”, es decir enfermedades que no iban acompañadas de
fiebre, inflamación, hemorragia o lesión anatómica.
Hacia el siglo
XIX, la enfermedad mental empezó a ser considerada de forma
coherente como la manifestación de una patología física, y los
científicos investigaban las lesiones específicas conjuntamente
con la investigación de las enfermedades corporales.
Benedict-Augustin Morel (1809-1873) fue el primero en utilizar
el curso de una enfermedad como base de clasificación. Su démence
précoce no fue una entidad gnosológica, sino una forma
particular del curso de la enfermedad mental.
Karl Ludwigm Kahibaum (1828-1899), psiquiatra descriptivo alemán,
predecesor de Kraepelin, introdujo los conceptos de complejo
sintomático temporal opuesto a la enfermedad subyacente, la
distinción entre la enfermedad mental orgánica y no orgánica, y
considerando la edad del paciente al inicio de la enfermedad y el
desarrollo característico del trastorno como bases de clasificación.
El descubrimiento
realizado por Beyle (1
822) de que la parálisis general progresiva era una enfermedad
orgánica específica del cerebro, y el descubrimiento de Paul
Broca (1861) de que
algunas formas de afasia estaban relacionadas con lesiones
precisas del córtex, aumentaron los intentos de basar todas las
clasificaciones de los trastornos mentales en lesiones cerebrales
demostradas o en un trastorno de la fisiología vascular o
nutritiva. Esto llevó a Wilhelm
Greisinger (1818-1868) a acuñar el eslogan "las
enfermedades mentales son enfermedades cerebrales". Dado que
el conocimiento de la patología cerebral era Iimitado, comprendió
la necesidad de una categoría funciona¡ provisional para las
enfermedades mentales con una patología somática todavía
desconocida.
En el censo de
1840, en EE.UU., surge por primera vez un sistema oficial de
clasificación de trastornos mentales. Se utilizó, esa vez, una
sola categoría diagnóstica: la idiocia. En el censo de 1880 los
enfermos mentales fueron clasificados en siete categorías
distintas (manía, melancolía, monomanía, parálisis, demencia,
dipsomanía y epilepsia).
En las dos últimas
décadas del siglo XIX, Emil
Kraepelin (1856-1926) sintetizó tres enfoques: el clínico-descriptivo,
el somático y la consideración del curso de la enfermedad.
Consideró las enfermedades mentales como entidades gnosológicas
orgánicas que pudieran ser clasificadas sobre la base del
conocimiento de su etiología, su curso y su resultado. Junto los
trastornos maníacos y los depresivos en una sola enfermedad, la
psicosis maníaco-depresiva, y sobre la base de sus períodos de
remisión la distinguió de la enfermedad crónica deteriorante
llamada demencia precoz, que posteriormente Bleuler rebautizó
como esquizofrenia. Kraepelin también reconoció como diferente a
la paranoia de la demencia precoz, distinguió los delirios (síndromes
cerebrales orgánicos agudos) de las demencias (síndromes
cerebrales crónicos) y, por primera vez en un sistema de
clasificación de las enfermedades mentales, incluyó los
conceptos de neurosis psicógena y personalidades psicopáticas
(el criminal patológico y los paranoicos litigantes).
Tal como han señalado
Klein y Davis (1969), el enfoque básico de Kraepelin de la
clasificación fue la investigación de la combinación de rasgos
clínicos que produjesen mejor el resultado. Por el contrario, Eugene
Bleuler (1857-1937) basó su sistema de clasificación en un
proceso psicopatológico inferido, por ejemplo, un trastorno de
los procesos asociativos en la esquizofrenia. La ventaja del
enfoque de Kraepelin es que el pronóstico es un criterio
comparable, mientras que un proceso psicopatológico inferido,
como es un trastorno asociativo, no se puede evaluar directamente.
Los trastornos de
personalidad fueron señalados por primera vez en la literatura
psiquiátrica por J. C.
Prichard ( 1835) con su introducción de los conceptos de
locura moral e imbecilidad moral. August Koch (1891) acuñó las
frases "personalidad psicopática" e 'inferioridad
constitucional psicopática". Los conceptos dinámicos de
Freud agrandaron los límites de lo que era considerado enfermedad
mental, de tal manera que incluía las formas más leves de
desviación de la personalidad.
Tal como señalaron
Akiskal y McKinney
(1973), a pesar de los avances en la comprensión de los
trastornos mentales en los últimos cincuenta años, las categorías
más importantes del actual Diagnostic and Statistical Manual of
Mental Disorders (DSM-II) están basadas principalmente en los
conceptos de Kraepelin (enfermedad maníaco-depresivas), de
Bleuler (esquizofrenia) y de Freud (neurosis y trastornos de la
personalidad).
En la primera
mitad del siglo XX, el diagnóstico psiquiátrico cayó en descrédito,
principalmente por el fracaso en encontrar etiologías biológicas
específicas y tratamientos eficaces para las enfermedades
mentales, como también por el auge del psicoanálisis como
alternativa que ofrecía un modelo explicativo amplio de los desórdenes
mentales con una terapéutica eficaz para lidiar con éstos.
En 1948, en su
sexta revisión, la O.M.S., en su Clasificación Internacional de
Enfermedades, incluyó por primera vez una clasificación de
enfermedades mentales. Por lo insuficientes que resultaron las
categorías diagnosticas del ICD-6
para las necesidades norteamericanas, se decidió en ese país, en
1951, encargar a un grupo de trabajo, con representación de la
American Psychiatric Association, el desarrollo de una alternativa
a la sección de trastornos mentales del ICD-6.
Basándose para su trabajo en el sistema de clasificación de la
Veterans Administration, el cual se había desarrollado como una
adaptación de un anterior sistema clasificatorio (utilizado para
los censos de pacientes internados crónicos) a las realidades de
los veteranos de la segunda guerra mundial, surgió en 1952 el
Diagnostic and Statistical Manual Mental Disorders, DSM-I, de la
American Psychiatric Association.
SEGUNDA
PARTE
INTRODUCCIÓN
Desde los inicios
mismos de la medicina se 'han descrito "enfermedades" o
padecimientos que se caracterizan por cambios en la manera de
pensar, sentir o actuar de un determinado sujeto, y se ha buscado
precisar el "origen" o la "causa" de ellos,
dando origen al proceso Diagnóstico (Correo de Psicoterapia Nº
12). De tal suerte, a lo largo de tiempo ha sido posible atribuir
fidedignamente para ciertas expresiones psicopatológicas a un
proceso fisiológico subyacente (delirio por fiebre, demencia
senil, lesiones cerebrales, etc.), lo que ha permitido un
consecuente conocimiento en cuanto a etiología, curso, pronóstico,
tratamiento y prevención. Sin embargo también se han descrito
otras constelaciones psicopatológicas (fobias, histeria,
perversiones, trastornos de carácter, enfermedades psicosomáticas,
esquizofrenia, psicosis, paranoia, enfermedad maníaco-depresiva,
etc.); que también involucran cambios en ¡a persona afectada o
formas patológicas del Ser, a los cuales se le han atribuido
diversas etiologías (psicógena, endógena, reactiva, etc.),
algunas veces por ausencia de etiología biológica conocida y
otras veces por presencia de indicadores fehacientes de etiología
no biológica (por ejemplo, psicógena), lo cual, ha complejizado
el espectro de las categorías y sistemas diagnósticos.
ESTADO ACTUAL
Actualmente los
sistemas diagnósticos de mayor uso (DSM-III-R, ICD-9) contienen,
por un lado, categorías y cuadros clínicos (dentro del orden
neuropsiquiátrico) de impecable descripción semiológica, con
acertada información acerca de la etiología y el curso del
cuadro, y de reconocida utilidad terapéutica y profiláctico.
Pero, por otro lado, estos sistemas contienen otras
clasificaciones y cuadros clínicos, de sobresaliente precisión
descriptiva, pero que carecen de información relativa a la
etiología y al curso o evolución del cuadro clínico, lo que
redunda en un escaso valor práctico como vectores de las acciones
curativas y preventiva.
Estos sistemas
diagnósticos (ICD-9, DSM-III) contienen criterios de clasificación
que constituyen una mezcla heterogéneo de enfoques que no se
insertan en una coherencia que los abarque, lo que a pesar de
haber significado un aumento de la homogeneidad en la nomenclatura
diagnóstica y un mejoramiento de la comunicación, ha redundado
negativamente en la eficacia de la acción diagnóstica (alta
frecuencia de sus pacientes diagnosticados en dos o más categorías
disímiles; escasa información acerca de curso, de la etiología,
etc.).
Esta situación
indica un descuido o evitación de los aspectos concernientes a la
etiología y comprensión funcional de los cuadros clínicos con
manifestaciones psicológicas de etiología fisiológica no
demostrada. A la vez se han utilizado algunos criterios alejados
de la búsqueda de la naturaleza, etiología o sentido de la
patología como vectores de las clasificaciones, que más que
clarificar la situación, la han complejizado. Esto se nota en la
confusión de] "síntoma" con "enfermedad", el
equiparar complejos sindromáticos con "enfermedades",
el uso de respuestas a un factor farmacológico como criterio
diagnóstico, etcétera.
Según Mezzlch
(1988) algunos expertos han sugerido que todo lo que podemos decir
acerca de las clasificaciones psiquiátricas es que son
clasificaciones de tipos de problemas con los cuales actualmente
los psiquiatras se ven enfrentados.
Desde otra
perspectiva, en algunos casos, tales como en los desarrollos teóricos
psicoanalíticos (neurosis y patologías caractereológicas), la
aproximación a través de un modelo explicativo de orden psicológico
(funcional y estructural) ha pretendido dar cuenta de la etiología
y del "sentido" de algunas alteraciones psicopatológicas,
pero al costo de un alejamiento de los criterios nosológicos clásicos
de descripción y catalogación de signos clínicos y síntomas.
Es así como
actualmente existen, por un lado, modelos diagnósticos de
impecable precisión descriptiva y capacidad comparativa, pero que
carecen de criterios que den cuenta del sentido de lo descrito
dentro de un marco explicativo más amplio, y por otro lado,
modelos diagnósticos basados en criterios dinámico-estructurales,
de amplia capacidad explicativa pero escaso valor comparativo por
carecer de marcadores semiológicos unívocos. En esta ocasión
nos interesa referirnos a las concepciones psiquiátricas
tradicionales en relación al tema del diagnóstico.
Concepción Psiquiátrica de Diagnóstico
El mayor
desarrollo de los sistemas nosológicos psiquiátricos se basó en
la aplicación de los principios de la nosología empírica de
Kraepelin, quien con sus abordajes clínico-descriptivo, somático
y de curso, se abocó a realizar descripciones conductuales
cuidadosas de los pacientes, buscando semejanzas y diferencias
sistemáticas para la configuración de las entidades clínicas".
Desde esta perspectiva se desarrollaron y organizaron las
principales categorías diagnosticas en uso aún hoy en día. La
investigación que ha pretendido validar estas "entidades clínicas"
se ha orientado a constatar empíricamente el nexo existente entre
los síntomas y signos clínicos que conforman estas
"entidades" y el correlato anatomo-fisiológico que
sustentaría tales manifestaciones.
La investigación
de hipótesis en torno a la etiología anatomo-fisiológica
subyacente a los cuadros clínicos descritos en la nosología
psiquiátrica tradicional (Kraepelin, Bleuler) ha reportado
escasos resultados positivos. Este fracaso relativo puede tener
que ver con la forma en que se han propuesto las hipótesis -
esperando encontrar un sustrato o elemento anatomo-fisiológico
que de cuenta de procesos complejos en que varios sistemas se
articulan- más que con la inexistencia de un sustrato
anatomo-fisiológico. Pero a la vez, este estado de cosas tampoco
se ha correlacionado con un aumento de la exploración de etiología
no orgánicas, lo que ha dejado un panorama en que se ha
exacerbado el desarrollo de los aspectos descriptivos y
comparativos en la construcción de clasificaciones diagnósticas,
en desmedro de una perspectiva que enfatice lo explicativo y
comprehensivo.
Es posible
entender el estado actual del diagnóstico psicopatológico, como
consecuencia de su proceso histórico - en un corte horizontal-
proceso en que primero han surgido distintas concepciones y puntos
de vista en torno a lo psicopatológico, y ante esta proliferación,
se ha hecho necesario delinear lo común, lo que entrecruza a
estas distintas concepciones, en un esfuerzo por integrar,
homologar y sistematizar los distintos aportes, enfoques y
clasificaciones existentes en este campo.
Actualmente, tanto
el capítulo para trastornos mentales del ICD-9 de la Organización
Mundial de la Salud, como el D.S.M.-III-R, de la American
Psychiatric Association (APA), con sus clasificaciones gnosológicas
multiaxiales, glosarlos y reglas para el diagnóstico, representan
los mayores esfuerzos hacia la fiabilidad y concordancia del diagnóstico
entre las distintas escuelas y países.
Lo cierto es que
el modelo de diagnóstico actualmente utilizado en psiquiatría
proviene esencialmente del modelo fisiopatológico de diagnóstico,
en el cual se identifican los signos y síntomas presentes en un
enfermo para acceder, a través de su interpretación correcta, a
la determinación del agente etiológico y el mecanismo etiopatogénico
que explique la enfermedad, y en base a ello construir un sistema
clasificatorio.
"Clasificación
es el proceso por el cual el hombre reduce la complejidad de los
fenómenos agrupándolos en categorías y siguiendo unos criterios
establecidos con uno o más propósitos" (Freedman, Kaplan y
Sadock, 1982, p. 924).
"Una
clasificación de las entidades de enfermedad en medicina se llama
nosología, de las palabras griegas nosia, enfermedad, y logia,
estudio. Los términos específicos utilizados para identificar
las categorías se llama nomenclatura" (op. cit. p. 924).
Así, el signo clínico
se refiere a cualquier dato de la observación sensorial que
permita al clínico obtener, fundamentadamente, una imagen parcial
del estado funcional o estructural en que se encuentra el enfermo
en el momento de la exploración. "Lain Entralgo, define el
signo clínico como todo dato espontáneo o provocado que muestra
al médico la existencia de una lesión determinada o un trastorno
funcional en el paciente" (Barcia y Pozo, en Cruz Roche,
Rafael et al., 1988, p. 36), en tanto que el síntoma se refiere a
cualquier expresión de alteraciones de las funciones básicas (vómito,
ahogo, ansiedad), siendo más inciertos desde el punto de vista
diagnóstico.
"... los síndromes
son agrupamientos recurrentes de síntomas. El concepto de síndrome
es el que incluye muchos procesos específicos y diferentes que
pueden estar implicados en la producción del trastorno" (op.
cit. p. 928).
Hasta este punto
no se distinguen mayores diferencias en cuanto al proceso diagnóstico
mismo en la fisiopatología de la psiquiatría: los signos clínicos,
los síntomas y la nosología como componentes estructurales del
proceso son los mismos, lo que varía en el ámbito de la
psicopatología son los fenómenos y el orden fenoménico aludido.
Sin embargo, esta
diferencia es esencial para comprender las dificultades que se han
generado en la aplicación de este modelo diagnóstico dentro de
la psicopatología. Básicamente porque el sujeto paso en el
proceso diagnóstico, cual es la interpretación correcta de los
signos y síntomas, presupone la existencia de un modelo
explicativo del funcionamiento general del individuo, dentro del
cual esta interpretación cobre sentido. Este paso es el que
pretende proporcionar una relación de significado a las
manifestaciones observadas - en el ámbito de lo fenoménico-
dentro de un marco teórico que dé cuenta de la existencia de
ellas en un orden explicativo más general de funcionamiento
normal y anormal (indicaciones de etiología, mecanismo etiopatogénico
y proceso mórbido), lo que conlleve a la identificación de una
enfermedad.
Concepción
Psicoanalítica de Diagnóstico
Por la vertiente
psicoanalítica, los criterios reseñados esquemáticamente por S.
Freud, sentaron los lineamientos dinámicos que sustentan el diagnóstico
de orientación psicoanalítica, lo que actualmente permite
diagnosticar las neurosis sintomáticas, trastornos de carácter,
perversiones, psicosis, etcétera.
Freud (1908, 1931)
y Abraham (1921, 1925) iniciaron una nosología psicoanalítica
que relacionaba cuadros clínicos con las etapas de desarrollo
psicosexual (motivaciones instintivas, libidinales y agresivas) a
través de los mecanismos de fijación-regresión. Fenichel,
posteriormente incorporando los hallazgos de W. Reich, propuso una
clasificación caractereológica que combinaba aspectos dinámicos
y estructurales, siendo la clasificación que “cuenta con la
general aceptación de la teoría psicoanalítica actual”
(Prenlinger et al., 1964, en Kernberg, 1989): neurosis traumáticas,
psiconeurosis: histeria de angustia, histeria de conversión,
neurosis obsesiva, conversiones, pregenitales, perversiones y
neurosis impulsivas, depresión y manía, esquizofrenia, y todo el
capítulo de los trastornos del Carácter: esquizoide, oral, anal,
uretral, fóbico o histéricos.
Sin embargo, el
diagnóstico psicoanalítico no se ha desarrollado como un sistema
nosológico homogéneo que permita establecer una coherencia en
los criterios y la capacidad de contrastarlos, esto debido a lo
heterogéneo de las distintas concepciones dentro del modelo
psicoanalítico (psicología de los impulsos, modelo estructural,
psicología del sí-mismo) como también por el hecho de que, en
general, éste es un modelo que no considera a las manifestaciones
externas como signos unívocos, sino que enfatiza la aprehensión
de lo dinámico-estructural subyacente en el individuo. En tal
sentido cabe mencionar los esfuerzos de Otto Kernberg por zanjar
las diferencias entre los modernos sistemas nosológicos psiquiátricos
y los postulados dinámico-estructurales del psicoanálisis en lo
que se ha llamado el Diagnóstico Estructural.
El psicoanálisis
se desarrolló construyendo modelos explicativos de la conducta.
De esta manera, desde esta perspectiva diagnóstica, los síntomas
se equiparan a contenidos manifiestos, que pueden interpretarse de
distinta manera según el funcionamiento estructural del
individuo; es así como una fobia puede ser entendida como una
“enfermedad” (neurosis sintomática) en una estructura psíquica
sana o normal, o puede ser un síntoma indicativo de una
descompensación funcional en una estructura neurótica de carácter.
Por tanto, la presencia de síntomas, desde esta perspectiva, no
es indicio unívoco de normalidad o anormalidad, localizándose el
énfasis en la significación de las manifestaciones en relación
a la estructura psíquica más que en las manifestaciones mismas
(pudiendo darse procesos mórbidos con o sin síntomas). Es así
como “lo aparente” o “lo manifiesto”, criterio central tácito
tanto en la posología psiquiátrica como en la perspectiva
conductista, adquiere valores relativos desde esta perspectiva.
En líneas
generales, podría decirse que en base al concepto de desarrollo
psicosexual y las fijaciones que podrían configurar al individuo
en tal proceso, se postula un continuo representado en un extremo
por la salud, y que transcurre hacia la patología por las
neurosis sintomáticas, las neurosis de carácter, los trastornos
limítrofes de personalidad y la psicosis. Esta visión de
continuo contrasta con la perspectiva Kraepeliana de “entidades
clínicas” independientes, con suposición de etiologías
independientes, característica en la nosología psiquiátrica.
Uno de los
primeros criterios diagnósticos que fue utilizado por el psicoanálisis
es el criterio de “analizabilidad”. Según este criterio, se
distinguían las neurosis, en las cuales se desplegaba la
transferencia en la relación con el analista (por lo tanto
analizables) y las neurosis narcisistas o psicosis, en las que no
se desplegaba la transferencia (por lo tanto no analizables). Este
criterio ha cambiado a la par que la teoría y la técnica
psicoanalíticas, distinguiéndose en la actualidad transferencias
neuróticas, narcisistas, perversas, limítrofes y psicóticas.
Pero más allá de estos cambio, el criterio que se ha mantenido
es que la acción diagnóstica está ligada a la determinación de
la acción terapéutica.
Para su formulación,
el diagnóstico dinámico depende en mayor medida de la práctica
y los conocimientos técnicos de quien diagnostica, o sea, las
variables que intervienen en el proceso son más complejas en
contraste con el diagnóstico nosológico, en el cual se pretende
simplificar la operación diagnóstica, para hacerla más
expedita, asequible y uniforme.
Criterios y Clasificaciones Diagnósticas en Psicoanálisis
El panorama
general refleja la existencia de una gran variedad de criterios y
clasificaciones que varían entre las distintas escuelas y autores
existentes en la orientación psicoanalítica. Es un espectro muy
rico clínicamente, donde se percibe la dinámica de evolución y
maduración en la comprensión y utilización del modelo teórico
clásico del psicoanálisis, pero a la vez refleja una carencia en
la sistematización y utilización unívoca del vocabulario,
criterios y clasificaciones psicopatológicos. Sin embargo, en la
revisión de los trabajos de ciertos autores modernos (Kernberg,
Kohut, Hernández Espinoza, Ruiz Ogare, Rudio Sánchez, etc.) se
nota un esfuerzo hacia lo sintético y contrastable, no sólo
entre las distintas perspectivas psicoanalíticas, sino también
en relación a otras aproximaciones teóricas hacia lo psicopatológico.
Los siguientes son
algunos criterios y clasificaciones que no agotan la variedad de
perspectivas que sobre el tema existe en la literatura psicoanalítica,
pero que -a nuestro juicio- resultan adecuadas muestras de los
aportes que de esta vertiente teórica han surgido.
En el
diagnóstico dinámico se intenta conocer:
a.- El equilibrio entre las funciones psíquicas conscientes y los
factores inconscientes de la personalidad total, sus conflictos y
posibilidades de adaptación.
b.- Lo peculiar de las relaciones objetales.
c.- El desarrollo de las funciones yoicas y grado de vulnerabilidad
yoica.
d.- El tipo caracterial.
e.- La frecuencia y cualidad de las conductas regresivas.
f.- Los tipos y la frecuencia de los mecanismos de defensa del yo
contra la angustia.
g.- Las defensas frente a la enfermedad y el médico.
Otto Kernberg
(1984) propone la existencia de tres organizaciones estructurales
amplias correspondientes a la organización neurótica, límite y
psicótica de la personalidad. Estos tipos de organización se
reflejan en las características predominantes del paciente,
particularmente en:
1.- el grado de integración de su identidad;
2.- los tipos de operaciones defensivas que habitualmente utiliza, y
3.- su capacidad para la prueba de realidad. Es así como, para él,
la organización neurótica, a diferencia de las otras dos,
presenta una identidad integrada y predominio de los mecanismos de
defensa en torno a la represión, en tanto que la organización
limítrofe como la psicótica presentan una deficiencia en la
integración de la identidad (mayor en la psicótica que en la limítrofe)
y un predominio de los mecanismos de defensa en torno a la escisión
(también mayor en la psicótica que en la limítrofe). Por último,
la organización psicótica presenta una ausencia de la prueba de
realidad, a diferencia de las organizaciones neuróticas y
fronterizas.
Kernberg considera
a estas tres organizaciones amplias dentro de un continuo, en el
cual cobran sentido entre sí las distintas organizaciones en
virtud de las vicisitudes del desarrollo normal o patológico del
aparato psíquico.
Kernberg (1987)
propone la Entrevista Estructural como método para acceder a un
“Diagnóstico Estructural”, que a través de la evaluación
del grado de integración de la identidad, mecanismos de defensa
preponderante, presencia o ausencia de juicio crítico de
realidad, evaluación de funciones cognitivas, algunos indicadores
de orden sintomatológico (ansiedad difusa, etc.) y caracterial
(rasgos esquizoides, etc.), pretenden ubicar o clasificar a un
paciente dentro de un continuo que va desde las neurosis (sintomáticas
o de carácter), trastornos límite, “psicosis funcionales”
hasta síndromes cerebrales orgánicos.
Heinz Kohut, más
centrado en una psicopatología del sí-mismo, ya sea entendida
como una estructura del modelo estructural, o como una categoría
más amplia, núcleo central de su modelo, distingue los
trastornos del sí-mismo: en primarios (del sí-mismo como aspecto
central) y secundarios (o reactivos, neurosis estructurales), abocándose
a los trastornos primarios distingue cinco entidades psicopatológicas:
I.- las psicosis (fragmentación permanente o prolongada,
debilitamiento o seria distorsión del sí-mismo);
II.- los estadios fronterizos (fragmentación permanente del sí-mismo,
recubierta por estructuras defensivas más o menos eficaces);
III.- las personalidades esquizoides y paranoides (organizaciones
defensivas que emplean el distanciamiento: frialdad y
superficialidad u hostilidad y suspicacia como protección a una
fragmentación o debilitamiento del sí-mismo);
IV.- los trastornos narcisistas de la personalidad (debilitamiento
temporario del sí-mismo a través de síntomas autoplásticos), y
V.- los trastornos narcisistas de la conducta (debilitamiento
temporario del sí-mismo a través de síntomas aloplásticos).
(Ferenczi, 1930 en Kohut, 1980)
(Extraídos de los Archivos Indepsi. Publicado en Correo de Psicoterapia
nº 12 y nº 13,
1993)
Inicio
Indice
|