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FICHA
CLINICA Nº
13
El
UTISMO
Introducción
Uno de los aspectos más singulares de la
psicopatología clínica, corresponde al capítulo de las Psicosis
Infantiles, y en especial a un síndrome caracterizado por un
conjunto de patrones conductuales poco usuales y similares entre sí,
que aluden a' una soledad extrema desde el principio de la vida y
un deseo obsesivo de conservar la monotonía", y que se ha
denominado "Autismo".
El término "Autismo" fue ideado
por Bleuler (191 l), quien originalmente lo utilizó para designar
un trastorno presente en los síndromes esquizofrenógenos, pero
posteriormente fue Leo Kanner (1943) quien lo reutilizó para
designar los trastornos autistas del contacto afectivo en niños
pequeños, aludiendo con ello a una relación entre las psicosis
infantiles y la esquizofrenia.
No obstante, el Autismo no es una entidad
patológica simple, sino que más bien representa un diagnóstico
global, como la parálisis cerebral, la epilepsia o las neur6sis
de carácter. Como consecuencia de ello su etiología resulta aún
dudosa, su sintomatología variada, y su diagnóstico diferencial
complejo, siendo por estas razones que en la actualidad aún
existen serias dificultades para la realización de un modelo
diagnóstico operacional.
Autísmo y Etiología
Uno de los aspectos más críticos en
relación al Autismo resulta ser la polémica en relación a la
etiología del mismo. Sinópticamente es posible hablar de tres
aproximaciones: la psicógena, la orgánica y la mixta, que
llamamos bioanalítica.
a) Psicógenas: Se acepta en el marco de
las teorías psicodinámicas que causases medioambientales, en
especial el papel que les corresponde a los padres: madres
esquizofrenógenas (Fromm-Reichmann), madres sobreprotectoras
(Levy); son las causases de este síndrome. Postulando que el
menor era normal antes de nacer se atribuyen a deficiencias en la
relación de cuidado, contacto físico, alimentación y protección
del menor, las causas de una organización autista del organismo.
En este marco, se plantea que las características
de personalidad de los padres (personalidades limítrofes,
psicopatías, psicosis, etc.,), serían un factor etiológico de
primer orden, y se apoyan dichas afirmaciones en estudios etológicos
de conducta de monos Rhesus sobre aislamiento social, y ruptura de
lazos efectivos (Harlow y McKinney, 1971).
b) Biológicas: Refutan los factores
ambientales (Rimland, 1962; Coleman, 1989; Gillberg, 1989), y
postulan que la etiología del Autismo es de base orgánica,
sustentada en una disyunción endógena del Sistema. a Nervioso
Central, en especial los sistemas sensoriales táctiles, visuales
y auditivos, que incapacitaría al organismo para procesar los estímulos
sensoriales externos, y operar correctamente con dicha información.
c) Bioanalítica: El Autismo es entendido
como un síndrome clínico, producto de intensos y anormales
niveles de displacer experimentados en los primeros meses de vida,
que revela las vicisitudes de un desarrollo anormal del Aparato
Mental a partir de una temprana desviación defensiva y las
consecuencias neurológicas, neuroquímicas y neurofisiológicas
implicadas en ello.
A partir del proceso de configuración del
Aparato Mental, un recién nacido debe pasar por una serie de
etapas (Desarrollo Psicosexual), de maduración biológica y
psicológica en virtud de un cierto paralelismo psicosomático. En
la primera fase: Fase Esquizoide, durante la gestación y primeros
meses de vida, cualquier trastorno, sea de origen hereditario,
congénito o ambiental - en especial la primitiva relación de
objeto" madre-hijo-, que genere intensos montantes efectivos:
dolor, rabia, deprivación, etc., redundará como consecuencia de
los esfuerzos por evitar los altos montantes de displacer
experimentados, en una perturbación de la organización neuronal
cerebral, y de la consiguiente organización psíquica.
El Cuadro Clínico
A pesar de las dificultades existentes en
la tipificación de la sintomatología Autista, varios de los
criterios considerados como necesarios están universalmente
aceptados, siendo reconocidos ellos también como características
fundamentales de las Psicosis Infantiles.
I. Inicio Temprano.
II. Graves trastornos en el ámbito
social.
III. Graves anomalías en el lenguaje.
IV. Rutinas repetitivas y elaboradas.
V. Respuestas perceptivas
anormales a estímulos sensoriales.
I. Inicio Temprano: La mayoría de
los clínicos e investigadores coinciden en que el trastorno de la
conducta parece iniciarse antes de los 30 meses de vida, ya sea
debido a perturbaciones en las relaciones de objetos tempranas,
debido a un supuesto carácter "congénito" (Wing, 1982)
o como expresión de una disyunción orgánica.
II. Trastornos del Ámbito Social:
Corresponde a una ausencia de reciprocidad en la relación social
con los demás, a la incapacidad de reconocer la singularidad y
las "características individuales" del resto de los
seres humanos. Los menores muestran una extrema soledad autista,
siendo algunos fáciles de tratar mientras se les deja solos, en
tanto otros difíciles y terribles, gritando a toda hora. En
ellos, la imitación y juegos de imitación están ausentes o son
deficientes, y comúnmente presentan problemas de alimentación y
de succión.
Tienden a evitar el contacto ocular,
mirando por el rabillo del ojo y fijando la mirada por breves
segundos. Se resisten a ser cogidos, tomados o tocados, y cuando
ello ocurre no "ajustan" su cuerpo al abrazo o caricias.
No presentan conductas de iniciativa, conducta exploratoria, ni de
curiosidad, tampoco presentan conductas de apego con sus
progenitores, ni de ayuda ni confort.
Por lo general el niño, trata a los
humanos como si fueran "objetos no humanos", siendo un
rasgo típico que en la edad preescolar no llegan a mantener
relaciones normales con sus pares.
III. Graves Anomalías en el Lenguaje:
el autismo muestra problemas importantes de comprensión de la mímica
humana, de los gestos y del habla, casi sin excepción existe un
retraso en el desarrollo de la comprensión del lenguaje que puede
variar desde una casi total falta de comprensión a desviaciones más
sutiles que conducen a una interpretación concreta.
Ellos pueden seguir instrucciones simples
dentro de un contexto determinado, pero parecen no captarlas si
son dadas fuera de éste.
Aproximadamente uno de cada dos, no llega a
desarrollar lenguaje, en cuyo caso se asocia a retraso mental, y
los que lo hacen muestran grandes perturbaciones del mismo:
ecolalia, frases sostenidas, evitación de pronombres personales,
inversión de pronombres "yo" por "tú",
lenguaje repetitivo hablando a" más que "con"
alguien. Pueden tener buena memoria y repetir las frases textuales
de conversaciones enteras, pero con peculiaridades en el volumen y
tono de voz, con una tendencia a usar lenguaje tipo staccato o
habla direccional. Rara vez o nunca comunican sus experiencias
emocionales o sus necesidades a otros.
IV. Rutinas Repetitivas Elaboradas:
Una mayoría de los niños autistas exigen que se sigan ciertas
rutinas patológicamente rígidas, tales como un modo de andar,
una postura determinada o una cadena de conductas bizarras, por
ej.: sólo querer comer si una pata de la silla del padre está a
una pulgada de distancia de una de las patas de la mesa y si la
madre tiene un codo sobre la mesa, a este fenómeno se le llama
"insistencia en la monotonía".
También se observan conductas de apego a
objetos extraños: piedras, botones, clips, trozos de juguetes,
que el menor siempre lleva consigo, que le provocan una especial
fascinación y cuya pérdida desencadena una crisis emocional.
V. Respuesta Perceptiva Anómala a Estímulos
Sensoriales: Estas respuestas que en la actualidad han
empezado a ser consideradas "primarias" dentro de los
criterios diagnósticos del síndrome autista aluden a un
deterioro en las respuestas perceptuales. En este sentido las
percepciones de estímulos auditivos y táctiles estarían más
deterioradas que las visuales y olfatorias. Ellos pueden no
reaccionar ante un gran ruido repentino, pero luego atender al
ruido de un papel de una barra de chocolate, o puede observarse
una sensibilidad disminuida anómala al dolor, en tanto que otros
causan la impresión de tener dificultades para reconocer las
cosas que ven, pudiendo de hecho confundirse con una ceguera.
A menudo sienten el deseo de oler a
personas y objetos.
Un criterio de diagnóstico clínico,
requieren de la existencia de los cinco puntos antes mencionados
para diagnosticar un "síndrome autista completo", y
puede acompañarse de otros síntomas, si bien comunes no patognomónicos:
hiperactividad, problemas del sueño, falta de iniciativa, cierta
inapetencia por la comida y conductas autodestructivas: golpearse
la cabeza, morderse las muñecas, golpearse la barbilla, tirarse
el pelo, etc., y debe considerarse también que si, bien muchos niños
autistas sufren retraso mental (67 al 8 1 %, según Lotter, 1966;
Rutter, 1978; Wing, 1980; Bohman y cols, 1981; GiIlberg, 1984)
existe un perfil cognitivo propio del Autismo que los diferencia
de este cuadro:
Algunos presentan "islotes de
capacidades especiales", sobre todo en el campo de la
memorización, la música, el arte y las aptitudes espacio
visuales (rompecabezas)
Otros presentan déficit de memoria a
acontecimientos recientes, pero no pasados.
Y, finalmente, se observa una adecuada
discriminación "concreta", incluso mejor que la de
muchos menores normales intelectualmente, aunque no ocurra así en
la discriminación "formal".
Este perfil cognitivo tan atípico que ha
dado lugar numerosas confusiones en la determinación del real
desarrollo intelectual del paciente autista, permite distinguir el
Autismo de otros cuadros, y simultáneamente, parece apuntar a que
estas habilidades serían compensaciones 'funcionales de una
compleja organización cerebral.
(Extraído de Archivos
Indepsi. Publicado en el Correo de Psicoterapia nº 10, año
1992)
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