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FICHA
CLINICA Nº
12
LOS
TRASTORNOS PSICOSOMATICOS
Introducción
Actualmente, el tema de los Trastornos
Psicosomáticos tiene una relevancia especial en el desarrollo de
la Psicología Clínica, tanto por la frecuencia de las consultas
en que se constata su presencia, como por el hecho de que a través
del abordaje de éstos se han logrado importantes avances en el
establecimiento de relaciones biunívocas entre los
tradicionalmente disociados sustratos mente-cuerpo.
Así, pues, no parece un sin sentido
afirmar que la arena en que se han generado los más importantes
hallazgos acerca del funcionamiento unitario del organismo humano
es justamente en el estudio y tratamiento de este tipo de
trastornos en que "el cuerpo" es el que habla.
En términos generales se entiende por
“psicosomática” -más que una disciplina diferenciada- a una
perspectiva o concepción particular dentro de la medicina y la
psicología. Esta perspectiva o "actitud" psicosomática
enfatiza el observar y comprender los hechos en el acontecer
gIobal y unitario del organismo, en un intento por zanjar la
disociación mente-cuerpo imperante en la determinación y
concepción del objeto de estudio.
En esta primera parte presentaremos una
breve reseña histórica de la perspectiva psicosomática para
luego iniciar el abordaje al tema de los Trastornos Psicosomáticos.
Reseña Histórica
El siguiente es un extracto de la reseña
histórica acerca de la Psicosomática presente en el
"Tratado de Psiquiatría" de Freedman. Kaplan y Sadock
(1982).
En los albores de la humanidad la
enfermedad física, en general. y la mental en particular en sus
formas mas graves era resultado de una posesión corporal de un
espíritu intencionalmente dañino. La enfermedad era
conceptualizada como algo propio del ámbito espiritual que
demandaba estrategias de intervención específicas, por esto tan
pronto como el hombre poseyó los instrumentos suficientes para
cortar la piedra (10.000 años antes de J.C), comenzó a abrir
agujeros en el cráneo de las personas enfermas para que los malos
espíritus saliesen. Las primeras intervenciones quirúrgicas
tuvieron como procedimiento la trepanación, la que no siempre
mataba a los pacientes. Esta, como cualquiera otra estrategia
terapéutica con pretensiones de "cura" intentaba
proporcionar al enfermo parte de su salud, a través de¡ poder de
la sugestión y de alguna elemental modificación orgánica.
Los médicos-sacerdotes egipcios quienes
pusieron nombre a muchas partes del cuerpo, inicialmente
atribuyeron las causas de las enfermedades al influjo de los
dioses. espíritus y/o los deseos malignos de los humanos, creando
para ello tratamientos mágicos, algunos. y racionales, otros:
ritos tribales, manuales y prescripciones de drogas.
Entre los babilonios y asirios, los
sacerdotes por generaciones, también fueron desarrollando textos
sobre cientos de drogas vegetales y minerales. No obstante, la última
fuente de enfermedades eran los dioses, que enviaban el dolor como
castigo de una transgresión moral en la forma del hechizo a
alguna persona. Eran las deidades las que acarreaban las
enfermedades y eran ellas las que las curaban. De acuerdo con esto
una persona con dolores era¡ desgraciada y requería un examen de
su alma y de sus pecados.
Posteriormente, los griegos aunque
impresionados por la medicina egipcia desarrollaron una visión
holística de la salud. Para ellos, el cuerpo y el espíritu
constituían una unidad de interrelaciones. Como otros
antecesores, el médico sacerdote Esculapio creía en la relación
entre las fuerzas de la vida y el cuerpo e intentaba curar el
cuerpo activando tales fuerzas.
Cien años antes que Hipócrates, Heráclito
(535475 a. de C.). había propuesto que el alma o fuerza vital no
podía estar contenida en ningún órgano particular. Más tarde
Lucrecio (anatomista 427 a. de C.), plantearía que la materia
precede al psiquismo y que sería de lo que el mundo está hecho.
Los seres humanos estarían hechos de una multitud de átomos y,
cuando mueren, éstos vuelven al universo, de modo que cuando su
conjunción se deshace, el ruido que producen (el psiquismo) deja
de percibirse.
En esta dirección, Hipócrates fue el
primero que plantear que la enfermedad se originaba en el interior
del cuerpo y no era debida a espíritus sino a un desequilibrio de
los líquidos corporales, planteando que la muerte era natural, y
que no tenía que ver con los espíritus. Para él, este
desequilibrio podía estar causado por un desorden del entorno del
paciente, y enseñó a los médicos a tener en cuenta la dirección
del viento, la pureza del agua y la estación del año antes de
establecer un diagnóstico. Junto a ello observó también que el
desequilibrio de los líquidos corporales podía deberse, por otro
lado, a trastornos emocionales. Hipócrates comunicó que el miedo
produce sudor y que la vergüenza acelera las pulsaciones y los
latidos del corazón. Asclepiades, siglos después (siglo 1 a. de
C.) planteó una teoría médica que partía del atomismo. En ésta,
afirmó que el alma no se localizaba en parte alguna. pues era la
convergencia de todas las percepciones. Los trastornos de las
pasiones podían provocar enfermedades mentales, y el exceso de
constricción o de relajación en el vacío existente entre cada
átomo corporal causaba la enfermedad física.
En la Edad Media, aunque los trabajos de
los griegos habían sido transmitidos a la Iglesia católica, la
creencia fue que los poderes espirituales, demonios, brujas y
pecados eran la causa de las enfermedades (500-1500) y la curación
se transformó otra vez en una cuestión espiritual. El estatus
del médico decayó y la magia volvió a aparecer hasta que con el
Renacimiento, tras mil años de dominación religiosa, el interés
en las causas y remedios naturales de las enfermedades reapareció.
Esta Dominancia quedó reflejada en el estudio del cuerpo humano,
que dividió sus investigaciones sobre las estructuras corporales
y apenas se ocupó de las emociones.
Surge Descartes (1596-1650). quien inició
los intentos de conocer la realidad renunciando a todas las
creencias previas, para lo cual desestimó todo juicio apoyado en
los sentidos, elevando el raciocinio a la máxima expresión del
conocer. El dualismo cartesiano concedió a la materia más
importancia de la concebida por el idealismo platónico, pero
menos de la atribuido por los atomistas. Durante los siguientes
siglos se le dio gran importancia a las ciencias como las matemáticas,
química y física, que resultarían en campos fecundos para el
desarrollo de la medicina. Morgagni ( 1682 a 1771 ) estudió los
tejidos en las autopsias y mostró cómo un órgano alterado puede
producir la enfermedad y la muerte.
Los conocimientos sobre el soma se
multiplicaron, dándose origen a la medicina contemporánea. En
este devenir el psiquismo fue desplazado del campo de estudio,
hasta que sólo más tardíamente, se lo reincorporaría como
objeto de estudio, pero desde una dimensión paralela a la de la
medicina clásica.
Los Trastornos Psicosomáticos
Desde la perspectiva semiológica, se
entiende por "psicosomáticos" a una serie de trastornos
de la salud que guardan características en común. Aunque existen
distintos matices al delinear qué es lo que aúna a estos
trastornos (matices determinados por sesgos fisiologicistas,
psicologicistas, etc.), lo central es que se "...encuentra
como unidad patológica, a la vez una expresión fisiológica y
una expresión psicológica manifiestamente coordinadas" (Ey,
Beruard y Brisset, 1971, p. 985).
En el D.S.M.-II (1 968) el Término
"trastorno psicofisiológico autonómico y visceral"
reemplazó al más frecuentemente usado "trastorno psicosomático".
perteneciente a la primera edición (1952) de este manual, planteándose
que
"Este grupo de trastornos se
caracteriza por síntomas físicos que son provocados por factores
emocionales e implican a un solo sistema de órganos, generalmente
sometido a inervación vegetativa. Los cambios fisiológicos son
los mismos que acostumbran a acompañar a ciertos estados
emocionales, pero en estos trastornos los cambios son más
intensos y sostenidos. El individuo no puede mantener el control
consciente de este estado emocional." (Freedman, Kaplan y
Sadock. 1989, p. 1795).
En el más reciente D.S.M-III-R (1992), el
término que se utiliza para aludir a los trastornos psicosomáticos
es el de "Trastornos Somatoformes", que, siguiendo la
política de "ateoricidad" de este manual, pretende
agrupar a todos aquellos trastornos en que existen evidencias de
alteraciones orgánicos que no responden a mecanismos fisiológicos
conocidos y que están presumiblemente relacionados con un
trastorno a nivel psicoafectivo:
"La sintomatología esencial de este
grupo de trastornos consiste en síntomas físicos que sugieren
una alteración somática (de ahí la palabra somatoforme) para
los que no existen hallazgos orgánicos demostrables o mecanismos
fisiológicos conocidos y en los que hay pruebas positivas o
presunciones firmes de que los síntomas se encuentran ligados a
factores o conflictos psicológicos. A diferencia de los
trastornos ficticios y de la simulación, en los trastornos
somatoformes la producción de síntomas no se encuentra bajo
control voluntario; es decir. el individuo no tiene la sensación
de controlar la producción de los síntomas. Aunque los síntomas
de los trastornos somatoformes son "físicos" los
procesos fisiopatológicos específicos involucrados no son
demostrables o comprensibles a través de los procedimientos de
laboratorio y se conceptualizan más claramente utilizando
construcciones psicológicas. Por esta razón, estas alteraciones
se clasifican como trastornos mentales." (p. 305).
En las siguientes líneas, nos interesa
reseñar una caracterización del paciente psicosomático, además
de revisar los tres principales ejes conceptuales -la alexitimia,
el paciente sobreadaptado y el estrés desde los cuales se han
abordado tales manifestaciones clínicas.
El Paciente Psicosomático
Es importante abordar dentro de esta revisión
lo que se denomina "el paciente psicosomático". Esta
denominación intenta abarcar el conocimiento recopilado en la práctica
clínica con pacientes que presentan afecciones fisiológicas en
los que se han individualizado patrones Caracterológicos o
estructuras de personalidad relacionados con tales
"somatizaciones" o manifestaciones psicosomáticas.
Al profundizar la comprensión de dichos
pacientes, paulatinamente se ha hecho manifiesta la correlación
entre determinados patrones de funcionamiento psíquico y las
afecciones de orden fisiológico que presentan. En este sentido,
Silvia Neborak (1989) afirma que tales pacientes "...no
registran alertas orgánicos..." y que "...se descubre
que pasaron por somatizaciones graves y que, clínicamente, por su
estructura de personalidad, fueron masivamente negadas, que son
sobrevivientes de episodios somáticos, que suelen ser
diagnosticados posteriormente en algún chequeo de rutina, es
decir son sobrevivientes sin saberlo" (p. 25).
Las explicaciones -desde el contexto clínico
que dan cuenta del proceso de generación de dichos trastornos varían
según el marco teórico de referencia, pero parece existir
consenso en torno a tres ejes conceptuales: el concepto de
"alexitimia" (Pierloot y Vinck, 1976), como patrón
caracterológico predisponente; la caracterización más
abarcativa del paciente "sobreadaptado" (Neborak, 1989);
y el concepto de "estrés", que alude a factores
internos o externos desencadenantes.
1.
Alexitimia
Etimológicamente, "alexitimia"
significa falta o ausencia de lectura de las emociones. Este
concepto fue descrito por primera vez por Marty y de M'Uzan en
1963 y alude a un funcionar caracterizado por pensamiento
operatorio, ausencia de mundo fantasioso, dificultad para la
expresión apropiada de emociones, falta de capacidad para
encontrar las palabras apropiadas para describir sentimientos, y
percepciones estereotipadas de las otras (Pierloot y Vinck, 1977).
El "pensamiento operatorio" se refiere a un tipo de
pensamiento en que el contenido está dominado por los detalles de
los eventos del mundo externo, despropósitos de significación
personal (Nemiah, 1977).
Este patrón de funcionamiento psicológico
se relaciona con una alteración de la normal concordancia entre
procesos de tres niveles distinguibles: pensamiento/representación,
percepción/expresión emocional y respuesta fisiológica. Tal
alteración consistiría en una desconexión o anulación de la
percepción v expresión de las emociones, y de la consiguiente
representación simbólica. La percepción de la respuesta
emocional está suprimida, no existe una representación simbólica
que dé cuenta de las implicancias emocionales de determinados
eventos, la respuesta fisiológica correlativa a la respuesta
emocional persiste pero despojada de su componente emocional, por
lo que la percepción de las señales de alerta o dolor ante
hechos fisiopatológicos se encuentra disminuida o anulada.
Como consecuencia queda el hecho fisiológico
-desprovisto de sus componentes emotivo y símbólico- como única
señal sorda de la "afección" del organismo ante,
determinadas circunstancias.
Gaddini (1977), refiriéndose a este síndrome,
relaciona la ausencia de simbolización característica de la
alexitimia con la incapacidad para utilizar al mundo externo como
receptáculo del propio mundo interno, y, a la vez, la incapacidad
de relacionarse creativamente con el mundo externo, transformándolo
a través de las propias atribuciones.
2.
El Paciente
Sobreadaptado
El paciente "sobreadaptado" es
una caracterización de una constelación de rasgos de
personalidad que se ha distinguido en pacientes que presentan
patología psicosomática. Neborak (1989) y Liberman (citado por
ésta) describen a estas personas en las que "... por
circunstancias atinentes a su desarrollo ... las exigencias
prematuras más una huida precoz hacia el mundo por medio de una
forma especial de disociación cuerpo-mente, impiden un desarrollo
gradual de los mecanismos de defensa". (p. 24).
Neborak, plantea que estamos ante personas
que en un desarrollo marcado por la precocidad, se han saltado
etapas, en una huida hacia la adultez (obviamente pseudoadultez).
En este salto habrían quedado "huecos de simbolización"
que representan el costo de tal "desarrollo apurado".
Esta concepción explica el grado de adaptación aparente de tales
pacientes, que, desde el punto de vista formal, parecen adecuarse
muy bien a la realidad exterior (Liberman, con un dejo de ironía,
afirma que "padecen de cordura"). La adaptación precoz
pero sólo formal a las exigencias de la realidad ubica a estas
personas, ante los ojos de los demás, como paradigmas de
capacidad y eficiencia. Son personas, que se han sobredesarrollado
en aspectos relativos a la adaptación a la realidad externa a
costa de su propia realidad interna: sobresalen y son talentosos
al operar con las reglas de la materialidad de los objetos, pero
fracasan al ser confrontados con situaciones en que la adaptación
implique percibir y responder a las reglas de relación con
objetos humanos, con sus matices, cualidades y necesidades
emocionales.
Esta sobreadaptación también se
manifiesta en un Funcionamiento corporal (ciclos sueño-vigilia,
apetito-saciedad, activación-reposo, menstrual, etc.) en el que
sobresale una regularidad que inclusive puede llegar a la rigidez
(personas que no se enferman, no se cansan, tienen ciclos
menstruales de duración exacta, etc.). Tal regularidad sustentaría
la sobresaliente capacidad y eficiencia laboral.
Se ha planteado que esta sobreadaptación
externa a costa de la realidad interna se basa en un desarrollo
predominante de los órganos perceptivos distases, principalmente
visual y auditivo, por sobre los propiocepción males,
particularmente las es cenestésicas.
Neborak sostiene que detrás de este
funcionamiento formalmente adecuado se encuentra el verdadero self
del paciente, con simbolizaciones incompletas, que no lo capacitan
para una plástica relación ni con la realidad psíquica ni con
la externa. Esta autora afirma que al perderse la fachada
sobreadaptada, aparece una persona desorganizada y en pánico
carente de la capacidad de reconocer y nominar sus emociones.
3.
Estrés
Tanto Alexander como W.B. Cannon (en
Freedman, Kaplan y Sadock, 1982), señalan que la alerta y la
atención prolongada pueden producir trastornos fisiológicos y
patología de órganos viscerales:
"Parece que hay cuatro tipos de reacción
al estrés: la normal, en la que la alerta es seguida de una acción
defensiva; la neurótico, en la que la alerta y la angustia son
tan grandes que la defensa se transforma en -ineficaz la psicótica,
en la que la alarma puede ser mal percibido e incluso ignorada, y
la psicofisiológica, en la que fracasa la defensa psíquica y la
alerta sobrecarga los sistemas somáticos, provocando cambios hísticos."
(p. 1795).
Pacheco y Castro (1989) -desde la
perspectiva de la hipnosis naturalística- revisaron interesantes
investigaciones que relacionan a los ritmos ultradianos con la
patología psicosomática:
Los Ritmos Ultradianos fueron esbozados por
Kleitman en los años 50 a través de su hipótesis de los Ciclos
de Actividad-Descanso que dan cuenta de cambios en los niveles de
actividad psicofisiológica. Estos ciclos consisten en
oscilaciones periódicas -con una periodicidad de entre 90 y 120
minutos a lo largo del día- de procesos psicofisiológicos en los
que estarían implicados el Sistema Parasimpático y el Hemisferio
Cerebral Derecho.
Se adscribe a los ritmos ultradianos una
función reguladora del organismo, modulando el funcionamiento de
los Sistemas Endocrino y Autonómico. Se postula que cuando un
sujeto es sobreexigido en tareas de rendimiento prolongado -estrés-
se desincronizan o interrumpen sus ritmos ultradianos, lo que
conformaría una precondición para el desarrollo de un cuadro
psicosomático. Es así como sujetos que rechazan o no respetan
sus ritmos ultradianos, por ignorancia de sus propias necesidades
de descanso, determinan de esta manera el desarrollo de los
procesos fisiológicos subyacentes a la patología psicosomática.
Estos tres ejes conceptuales: la
alexitimia, el paciente sobreadaptado y el estrés, sirven en la
actualidad para crear el marco comprensivo desde el cual se
organizan un conjunto de categorías clínicas psicopatológicas,
sintomáticas o sincrónicas, que constituyen los diagnósticos
que usualmente utilizamos en el ámbito de lo terapéutico: asma
bronquial, alopecia areata, diabetes, psoriasis, por citar
algunos. Estas categorías serán el tema de nuestra tercera y última
parte de los Trastornos Psicosomáticos.
Para finalizar esta revisión del tema
“psicosomática”, se presentarán algunos de los principales
cuadros clínicos que han motivado las elaboraciones conceptuales
y técnicas revisadas en las dos secciones anteriores.
En relación al tema de las clasificaciones
de los trastornos psicosomáticos, es importante revisar algunos
criterios (Mc Dougall) que se ha planteado para considerar una
patología como psicosomática. Según este autor, se deben
cumplir las siguientes tres condiciones:
1.Existencia de una alteración fisiológica
constatable en concomitancia con una alteración psicológica
demostrable.
2.Que tal sintomatología constatada
adquiera sentido a la luz de la estructura de personalidad, los
conflictos psíquicos medulares o la historia vital del sujeto (más
que ser un hecho meramente fisiológico).
3.Que tales alteraciones sobrevengan bajo
condiciones estresantes, tanto determinadas intrapsíquicamente
como por circunstancias vitales reales.
A partir de estos criterios es dado
proyectar la existencia de una gran cantidad y variedad de
alteraciones que pueden ser consideradas como psicosomáticas.
Es así como, por ejemplo, en el Tratado de
Psiquiatría de Freedman, Kaplan y Sadock (1982), se clasifican
distintos Trastornos Psicofisiológicos según el sistema
implicado (Gastrointestinales, Cardiovasculares, del Aparato
Respiratorio, Endocrinos y Cutáneos), además de los siguientes
cuadros clínicos: Obesidad, Anorexia Mental, Alergias, Artritis
reumatoide, Dolor psicógeno y Cefaleas. En total, en este texto
se describen alrededor de 40 alteraciones de orden psicosomático.
En otro texto, El Enfermo Psicosomático y
su Medico Práctico de Luban-Plozza y Pöldinger (1986), se
propone la siguiente clasificación: Afecciones de las vías aéreas,
Afecciones cardiovasculares, Aspectos del comportamiento
alimentario, Afecciones gastrointestinales, Afecciones del sistema
endocrino, Aspectos alergológicos, Las dermatosis, Las cefaleas,
El paciente de sueño intranquilo, Afecciones ginecológicas,
Afecciones de los aparatos de sostén (óseo y articulatorio) y
locomoción (muscular), Síndromes psicovegetativos, Desarreglos
psicovegetativos, Desarreglos funcionales de la sexualidad y
Aspectos psicológicos y psicosomáticos en odontología. En este
texto también se revisan aproximadamente 40 alteraciones psicosomáticas.
Cabe resaltar que las alteraciones
descritas en ambos textos no son todas las mismas, ni los
criterios de clasificación son iguales, como tampoco están
descritas todas las alteraciones posibles de considerar como
psicosomáticas.
En todo caso, a continuación describiremos
algunos de los trastornos psicosomáticos más ampliamente
reconocidos por su validez:
Asma Bronquial: se ha relacionado esta
afección (French, Alexander y otros) con la inhibición del
impulso a gritar o al llanto profundo en relación a llamar a la
madre o dar cuenta de su ausencia. Se relaciona con “vínculos
que asfixian”.
La angustia de separación generada en
conflictos en torno a la dependencia oral inhibiría la producción
de conductas comunicativas (gritar, llorar) basadas en la
profundidad de la respiración, con su consiguiente merma en la
capacidad de producir y descargar emociones profundas, como también
en la carga energética general del organismo.
Artritis reumatoide: Se relacionaría
(Johnson, Shapiro, Alexander) con tensiones crónicas en grupos
musculares involucrados en la descarga de impulsos agresivos. La
carga del grupo muscular, junto a la imposibilidad de descargar
determinaría una inmovilización del segmento articulatorio
involucrado. Este trastorno se asocia además con la tracción a
nivel articulatorio generada por la realización de descargas
motoras sin relación simbólica con el impulso que carga tal
grupo muscular.
Hipertensión Esencial: Este trastorno tan
frecuente se asocia a la coexistencia de tendencias
contradictorias, en que por un lado existirían una activación
del sistema cardiovascular y grupos musculares asociados a la
producción de conductas agresivas autoafirmativas, y por otro
lado, la necesidad de controlar e inhibir dichos impulsos por
temor a perder el afecto de los otros. Lowen asocia la patología
cardiovascular con traumas (descorazonado, vuelco del corazón,
“corazón roto”) o inhibición de experiencias de amor
profundo, en que las tensiones musculares están al servicio de
evitar que el funcionamiento y ritmo del corazón estén
determinados por el estado de la realización con el objeto de
amor.
Migraña: Existe un relativo acuerdo del
papel que juegan los disturbios vasomotores en las arterias
craneales en este trastorno. La falta de riego sanguíneo asociada
a tensiones a nivel del cuello y/o de otra musculatura profunda
del cráneo, estaría al servicio de inhibir la producción de
fantasías o pensamientos gatilladores o preparadores de
respuestas vegetativas de descarga de impulsos. Se evitan ciertas
ideas que harían “perder la cabeza”. Ciertas afecciones a la
vista, relativas a deformaciones de la córnea por tensión
muscular, se asocian a inhibir la expresión de estados
emocionales (rabia, pena) en los ojos, como también a inhibir el
ver, percatarse o recordar situaciones emocionalmente
significativas.
Hipertiroidismo: Se ha relacionado este
trastorno con la tendencia acentuada a la maduración precoz en
ciertos organismos, como tendencia compensatoria de experiencias
traumáticas surgidas en ámbitos de indefensión o inmadurez. La
tendencia a la autosuficiencia es un movimiento defensivo. El
posible nexo entre el nivel etológico antes esbozado y los
mecanismos fisiológicos implicados en el hipertiroidismo todavía
están por explicar.
Trastornos Dermatológicos: Se ha
relacionado (Miller, Saul y Bernstein, Kepecs) el desarrollo de
trastornos como la neurodermatitis, el eccema y la urticaria a
alteraciones en la exudación que acompañan a la inhibición del
llanto (existiría un proceso normal de exudación consustancial
al llanto). También se ha relacionado ciertas alteraciones
dermatológicas con el rascarse, como forma no consciente de
descarga de erotización a nivel cutáneo.
Úlcera Péptica: Se ha relacionado este
trastorno (Alexander) a la existencia de impulsos agresivo-orales
por “devorar” en relación a la expirementación de hambre, lo
que determinaría la secreción excesiva y/o a destiempo de jugos
gástricos. Esta experiencia de hambre se generaría por una
insatisfacción crónica de necesidades de dependencia afectivas
con un objeto materno temprano. La fusión hambre de alimentos y
de afectos sería consustancial a un periodo temprano de
indiferencia en la relación madre-hijo. Posteriormente esta
hambre también se dirigiría hacia el mundo en la forma de una
tendencia “devoradora” en el trabajo.
Aunque las anteriores descripciones
contienen hipótesis validadas experimental y clínicamente, las
certezas logradas siguen siendo menores que las interrogantes por
dilucidar en el ámbito de la psicosomática.
Características del paciente psicosomático
|
Alexitimia
|
El Paciente Sobreadaptado
|
Estrés
|
Algunos
cuadros psicosomáticos típicos
|
Trastornos Respiratorios
Asma Bronquial
|
Disnea
|
Hiperventilación
|
|
Trastornos Endocrinos
Hipertiroidismo
Hipotiroidismo
|
Síndrome de Cushing
Diabetes Mellitus
Hipoglucemia
|
Hipopituitarismo
Enfermedad de Adison
|
|
Trastornos Gastrointestinales
Úlcera Péptica
|
Anorexia Nerviosa
Obesidad
|
Colon Irritable
|
|
Trastornos Alérgicos y Cutáneos
Alopecía Areata
Artritis reumatoide
Migraña
|
Dolor Psicógeno
Herpes
Psoriasis
|
Cefaleas
Lumbalgias
|
|
Trastornos Cardiovasculares
Hipertensión Esencial
Infarto de Miocardio y Angina de Pecho
|
Arritmias Cardiacas
Insuficiencias Cardíacas
Congestivas
|
|
(Extraído de Archivos Indepsi.
Publicado en Correo de Psicoterapia nº 15-16-17, año 1994-1995)
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