Artículos
Clínicos: |
Creale
otra vez a su Neurótica, Doctor Freud
Lic. Isabel Monzón.
Katharina tenía 18
años cuando, en las vacaciones de mil ochocientos noventa
y pico, Sigmund Freud dice haber hecho una excursión
a los Alpes. "Para olvidar por un tiempo la medicina y, en
particular, las neurosis", el creador del psicoanálisis
había elegido la montaña. Allí conoció a
Katharina, sobrina de la posadera del lugar. Enterada la joven
de la profesión del barbudo visitante, se le acercó para
consultarlo. "Siento una opresión en los ojos, la cabeza
se me pone pesada y me zumba, me mareo, creo que me voy a caer.
Después, se me oprime el pecho y la garganta. Me falta
el aire, creo ahogarme. Siempre me parece que alguien está detrás
y me agarrará de repente. Cuando tengo el ataque veo
un rostro horripilante. Me mira tan espantosamente que me aterra".
Así comienza la única consulta que, según
Freud, Katharina le hiciera. El historial clínico es
uno de los publicados en los Estudios sobre la histeria de
1893-95.
La joven continúa con su narración,
a veces interrumpida por alguna pregunta o pedido de aclaración
por parte de Freud. El primer ataque de angustia la había
invadido a los 16 años, cuando vio al tío acostado
con su sobrina Francisca. "Hace dos años, unos señores
habían ascendido al monte X -donde vivía en
aquel entonces- y pidieron de comer. La tía no estaba
en casa, y a Francisca no se la encontraba por ninguna parte;
era la que siempre cocinaba. Tampoco se hallaba al tío.
Buscamos por doquier y entonces Alois, mi primo, dice: "Al
cabo, Francisca está con mi padre". Con mucha dificultad,
Katharina sigue relatando el hecho traumático mientras
Freud trata de comprender. Ella logra contarle a su tía
lo que había descubierto. Luego de escenas matrimoniales "afligentes",
la tía decide dejar la posada del monte X para mudarse,
con sus hijos y sobrinas, al lugar actual. El tío
queda con Francisca, que estaba embarazada. El relato de
Katharina continúa. A los 14 años hizo con
el tío una excursión al valle y pernoctaron
en una posada. Ella tuvo sueño y se fue a dormir,
mientras él se quedó en el salón bebiendo
y jugando a las cartas. "No dormía muy profundamente
cuando el tío subió; después se volvió a
dormir, y, de repente, se despertó sintiendo el cuerpo
de él en la cama. Se levantó de un salto y
le hizo reproches: "¿Qué haces, tío? ¿Por
qué no te quedas en tu cama?". El intentó engatusarla: "Anda,
muchacha tonta, quédate quieta; tú no sabes
qué bueno es eso". "No me gusta lo bueno de usted,
ni siquiera dormir la dejan a una". Katharina permaneció de
pie junto a la puerta, lista para escapar al pasillo, hasta
que él desistió y se durmió a su vez".
Esa no fue la única ocasión en que "el tío
la asediaba sexualmente". Katharina debió defenderse
de otros acosos sexuales y de amenazas de castigo.
En 1924, Freud agrega a este historial clínico
una nota a pie de página: "Después de tantos
años, me atrevo a infringir la discreción antes
observada y a indicar que Katharina no era la sobrina sino
la hija de la hospedera. Vale decir que la muchacha había
enfermado a raíz de unas tentaciones sexuales que
partían de su propio padre. Una desfiguración
como la practicada por mí en este caso debería
evitarse a toda costa en un historial clínico. Naturalmente,
no es tan irrelevante para entenderlo como lo sería,
por ejemplo, el traslado del escenario de un monte a otro".
También en los Estudios sobre la histeria,
cuando Freud escribe sobre el caso Elizabeth, figura el breve
historial de Rosalía, de 23 años. Consulta
porque a ella, que está formándose como cantante,
su bella voz no la obedece en ciertas escalas. Siente que
se ahoga y una opresión en la garganta provoca que
las notas suenen como estranguladas. "Huérfana a edad
temprana, había sido recogida en la casa de una tía
que tenía muchos hijos, viéndose forzada, pues,
a participar de una vida familiar en extremo infeliz. El
marido de esta tía, un hombre de personalidad evidentemente
patológica, maltrataba a su mujer y a los niños
de la manera más brutal y, en particular, los afrentaba
con su desembozada predilección sexual por las muchachas
de servicio y niñeras que vivían en la casa,
lo cual se volvía más y más chocante
a medida que los hijos crecían. Cuando la tía
falleció, Rosalía se convirtió en la
protectora de ese grupo de niños huérfanos
y oprimidos por el padre. Tomó en serio sus deberes
y libró todos los conflictos que ese puesto le marcaba,
pero debía hacer los mayores esfuerzos para sofocar
las exteriorizaciones de su odio y su desprecio hacia el
tío. Fue entonces que se generó en ella la
sensación de opresión en la garganta". Rosalía
debía callar su indignación y silenciar sus
protestas. Como, a diferencia de Katharina, tuvo con Freud
un tratamiento más largo, apareció en una sesión
otro síntoma, un particular movimiento en la punta
de los dedos que no podía controlar. A raíz
de esto, le relata a Freud una serie de recuerdos más
remotos . Uno es de los primeros años de su adolescencia.
Y el creador del psicoanálisis escribe: "El tío,
que padecía de reumatismo, le había pedido
que lo masajeara en la espalda. Ella no se atrevió a
rehusarse. Yacía él mientras tanto en la cama;
de pronto se destapó, se levantó, quiso atraparla
y voltearla. Desde luego, ella interrumpió los masajes,
y un momento después había huido a refugiarse
encerrándose en su habitación". En 1924, Freud
agrega una nota al pie al breve historial de Rosalía: "También
aquí era en realidad el padre, no el tío".
Varias cosas llaman la atención en estos
trozos del texto que Freud escribiera entre 1893 y 1895,
cuando empezaba a nacer el psicoanálisis. Una es el
haber disfrazado, tanto en el caso de Katharina como en el
de Rosalía, a un padre de tío. Si de encubrir
datos reales se trataba, para evitar que su paciente fuera
identificada, el creador del psicoanálisis sabía
cómo hacerlo. Encubrir es, como él mismo lo
sugiere, cambiarle de nombre al monte donde la paciente vivía
o decir que era una campesina cuando en realidad podía
tratarse de una dama perteneciente a la sociedad vienesa.
Pero cambiar a un padre por un tío era una distorsión
que trastocaba el significado de los hechos, y Freud lo sabía.
Por eso, en 1924 agregó en los dos casos clínicos
el dato real, aunque sin explicar el por qué de su
error anterior.
TEORÍA DE LA SEDUCCIÓN
Como consecuencia de su tarea psicoterapéutica,
Sigmund Freud elaboró una teoría según
la cual el recuerdo de los abusos sexuales padecidos en la
infancia por parte de adultos provoca neurosis. El 21 de
abril de 1896 la expuso en una conferencia dada en la Sociedad
de Psiquiatría y Neurología de Viena, afirmando
que 18 casos clínicos - seis hombres y doce mujeres
- sustentaban su hipótesis. Katharina y Rosalía
se encontrarían seguramente entre ellos. La conferencia
fue casi textualmente escrita luego en un trabajo de 1896
que Freud denominó La etiología de la histeria.
Los abusos sexuales, afirmaba, eran cometidos por adultos
extraños a las criaturas sin el consentimiento de
ella y con una secuela de terror inmediata a la vivencia.
Otras veces, la persona adulta era cuidadora del niño. "Niñera,
aya, gobernanta, maestro, y por desdicha también,
un pariente próximo". Sus oyentes en aquella conferencia,
todos expertos en patología de la vida sexual, se
mostraron escépticos e incrédulos. Unos días
después, Freud le escribe a Fliess, su mejor amigo
en aquel entonces: "La conferencia tuvo una recepción
gélida por parte de los asnos y un juicio singular
por parte de Krafft-Ebing, quien dijo: Suena como un cuento
de hadas científico". El resultado fue que, a pesar
de sus ironías, el creador del psicoanálisis
se sintió marginado y muy preocupado por no recibir
nuevos pacientes. En septiembre de 1897, en otra carta a
Fliess, le expresa que no puede seguir sustentando la teoría
de la seducción. "Ya no creo más en mi neurótica",
escribe, y fundamenta su descreimiento en la "imposibilidad
de acusar al padre de perverso", inclusive al suyo, y en
que considera poco probable que la perversión contra
los niños esté tan difundida. Cree ahora que
el relato de sus pacientes se apoya en un falso recuerdo,
producto de sus fantasías. Poco tiempo después,
elabora la teoría del complejo de Edipo, en la cual
el seductor pasa a ser el niño. Uno de los padres
es objeto de amor y el otro, el rival, objeto del odio infantil
en el conocido y popular triángulo edípico.
Los celos y el sentimiento de exclusión dominan la
escena. A pesar de esto, en 1924 también decía
que no todo lo que había escrito sobre el abuso con
niños merecía rechazo y que la teoría
de la seducción tenía una cierta significación
para la etiología de las neurosis. Como ya vimos,
fue también en 1924 que Freud hizo las dos notas al
pie de página en los historiales de Rosalía
y Katharina, aclarando que, en ambos, el abusador no había
sido el tío sino el padre.
Si cuando Freud publicó los Estudios
sobre la histeria sostenía con tanta certeza la teoría
de la seducción ¿qué razones lo movieron
a efectuar un ocultamiento que trastocaba de manera tan fundamental
el significado de los hechos y oscurecía la comprensión
de las causas de una patología? Según Masson,
tal distorsión fue el recurso utilizado por Freud
para convencer a Breuer de publicar conjuntamente los Estudios,
ya que a éste le repugnaba la tesis freudiana de que
la histeria fuese causada por seducciones sexuales sufridas
en la infancia. Hasta es posible que Freud no haya querido
identificar al padre de Katharina por un expreso pedido de
Breuer. Pero, aún siendo acertada la hipótesis
de Masson, es innegable que en Freud se sumaba su propia
resistencia, que también queda al descubierto en la
teoría de la seducción, por la cual lo traumático
no son los hechos de la niñez sino su recuerdo durante
la adolescencia, idea que minimiza la gravedad del abuso.
Por otra parte, en la nota a pie de página al historial
de Katharina, el creador del psicoanálisis utiliza
la palabra "tentación", sugiriendo así que
la hija se sentía atraída por el padre, mientras
que no era esto lo manifestado por ella. Es que también
para Freud debía ser conflictivo el cuestionamiento
de la mítica "santa" paternidad. Por otra parte, en
los momentos que el psicoanálisis nacía, su
creador estaba solo. La comunidad científica de esa
pequeña Viena en la que todos se conocían rechazaba
sus afirmaciones llamándolas, por ejemplo, "cuentos
de hadas". Breuer dejaba de acompañarlo en los descubrimientos
y Fliess no era un interlocutor válido. Aunque Freud
nunca terminara de renunciar a la teoría de la seducción,
tampoco la reivindicó explícitamente, mientras
los psicoanalistas dejaron, en su mayoría, de hablar
de ella. Había que encontrar a Edipo a toda costa,
aunque hubiera que forzar a las histéricas a entrar
en un nuevo lecho de Procusto.
FERENCZI: LENGUAJE DE TERNURA Y LENGUAJE
DE PASIÓN
En 1932, Sándor Ferenczi abrió el
XII Congreso Internacional de Psicoanálisis con la
ponencia Confusión de lengua entre los adultos y el
niño: "Nunca se insistirá bastante sobre la
importancia del traumatismo y en particular del traumatismo
sexual como factor patógeno. Incluso los niños
de familias honorables de tradición puritana son víctimas
de violencias y violaciones mucho más a menudo de
lo que se cree. Bien son los padres que buscan un sustituto
a sus insatisfacciones de forma patológica, o bien
son personas de confianza de la familia (tíos, abuelos),
o bien los preceptores o el personal doméstico quienes
abusan de la ignorancia y la inocencia de los niños",
dice Ferenczi. Más adelante afirma que esos adultos
con predisposiciones patológicas, confunden los juegos
y conductas de los niños con los deseos de una persona
sexualmente adulta, confusión que los lleva a abusar
sexualmente de las criaturas. El niño puede intentar
protestar, pero a la larga es vencido por la fuerza y la
autoridad aplastante del adulto. Llevado por el temor y la
indefensión, la criatura se doblega a la voluntad
del agresor y lo introyecta, para poder seguir sosteniendo
con él un vínculo de ternura. A este mecanismo
de defensa mental Ferenczi lo llama "identificación
con el agresor".
El trabajo, publicado en alemán en 1932,
fue traducido y editado en inglés recién en
1949 por Balint. Ferenczi murió en mayo de 1933, con
la promesa de Ernest Jones - el biógrafo de Freud
- de publicarle el trabajo en la International Journal of
Psyco-Analysis. Según investigaciones de Masson, en
junio de ese mismo año Jones le escribía a
Freud una carta en la que le decía, entre otras cosas,
que veía contraproducente publicar, ahora que Ferenczi
había muerto, su último artículo, ya
que sería un perjuicio y un descrédito para
el propio autor. Y agrega: "Sus postulados científicos
y sus declaraciones sobre la práctica analítica
no constituyen más que una sarta de errores que solamente
sirven para desacreditar al psicoanálisis y dar pábulo
a sus enemigos". No se conoce la respuesta de Freud a Jones,
pero el hecho es que el trabajo póstumo de Ferenczi
recién se publicó en 1949. Parecía repetirse
lo sucedido en aquella primavera vienesa de 1896, cuando
Freud leía su trabajo sobre la etiología de
la histeria ante la escucha desvalorizadora de sus colegas
médicos. Por otra parte, como dice Alice Miller, los
dogmas no pueden rebatirse. Se alimentan del miedo de sus
partidarios a ser excluidos del grupo que sostiene esos dogmas.
Quien los desafía y se pone en actitud crítica,
corre el riesgo del ostracismo.
EL COMPLEJO DE CASANDRA
Un día que Casandra - hija de los reyes
de Troya, Hécuba y Primo - se quedó dormida
en el templo, apareció Apolo. Entusiasmado por ella,
le prometió enseñarle el don de la profecía
con la condición de que se acostara con él.
Después de recibir el don, Casandra se arrepintió de
lo convenido. Pero consintió en darle a Apolo el beso
que le pedía. Él, maldiciéndola, le
escupió en la boca. Ya que, una vez otorgado, ni siquiera
un dios puede quitar el don regalado, él consiguió con
su maldición que nadie creyera nunca las profecías
de Casandra.
La psicoanalista junguiana Laurie Shapira compara
a la histérica con Casandra. Como forma de enfrentarse
con Apolo por los atropellos del dios hacia lo femenino "primero
obedecía y después renegaba". A través
de su ambivalencia Casandra expresaba el temor a ser una
víctima más de las muchas otras mujeres maltratadas
y abandonadas por Apolo.
Así como no se tomaban como ciertas las
proféticas palabras de Casandra, también se
descree de las veraces denuncias que las Katharinas y las
Rosalías hacen contra sus abusadores padres. Aunque
Casandra hablara del futuro y las pacientes víctimas
de abuso se refieran al pasado, en todos los casos el descreimiento
lleva a la tragedia. Casandra, en una de sus profecías
más famosas, hablaba de la derrota de los troyanos
por parte de los griegos. Las criaturas abusadas denuncian,
de una u otra manera, que los adultos les asesinan la infancia
y que, como ellas no pueden confiar en los encargados de
cuidarlas, el mundo se les derrumba. En los casos más
leves desarrollarán una neurosis, en los más
graves una psicosis. Cuando, ya adultas, concurran a consultar
con especialistas en salud mental, algunos les hablarán
de fantasías de seducción o de "seudología
fantástica", sufriendo así una nueva victimización.
También la voz de Sándor Ferenczi fue silenciada
y no solamente por no haber cumplido Jones con la promesa
de traducir su trabajo sobre Confusión de lenguas....
Las ideas del creativo psicoanalista húngaro no se
difunden, en general, en las instituciones psicoanalíticas.
A pesar de la frecuencia con que, evidentemente,
se producen estos hechos, llama la atención la falta
de bibliografía psicoanalítica sobre el tema.
También es significativo que la escasa bibliografía
existente no se conozca o que se explique el abuso diciendo
que la víctima sedujo al victimario. A muchos psicoanalistas
contemporáneos parece sucederle algo parecido a lo
que le ocurrió a Sigmund Freud hace casi un siglo:
no quieren aceptar la verdad de lo que escuchan. Como, por
otra parte, no hay peor ciego que el que no quiere ver, muchas
veces ni siquiera pueden escuchar que detrás de los
síntomas que la pequeña paciente presenta,
se esconde el abuso. Y el abuso persistirá, porque
no hay ni oyente ni interlocutor válido. Pero, para
entender desde una nueva perspectiva psicoanalítica
el abuso sexual y el incesto contra menores, es imprescindible
tomar conciencia que al adulto abusador no lo motiva el amor.
El usa la sexualidad como un instrumento de poder y de dominio
sobre su víctima. Ella, por necesitada e impotente,
no tiene otra alternativa que la de someterse. El abusador
despliega conductas autoritarias, como las del siniestro
padre de Schreber. Igual que el exhibicionista, que el violador
y el golpeador, al que comete incesto contra una criatura
no lo mueve el amor sino el deseo de poder. Si el niño
no denuncia el abuso es porque sabe que los encargados de
cuidarlo no pueden cumplir con esa función y, además,
suelen asustarlo con amenazas diversas. Otras veces, denuncia
pero, o no se le cree, o se le considera responsable del
abuso.
Créale otra vez a su Neurótica,
Dr. Freud, que, como dicen Ruth y Henry Kempe, "los niños
no inventan historias relativas a actividades sexuales a
no ser que hayan sido testigos oculares de las mismas. Y,
por supuesto, han sido testigos de los abusos sexuales cometidos
contra ellos". Por otra parte, el mismo creador del psicoanálisis
decía, a raíz del caso Juanito: "El niño
no miente sin razón, y en general, se inclina más
que los adultos hacia el amor por la verdad. (...) Liberado
de su opresión, comunica a borbotones lo que es su
verdad interior". Todos tendríamos que animarnos a
creerle a la Neurótica de Freud. Tal vez así se
animaría a dejar el refugio - cárcel de su
neurosis.
BIBLIOGRAFIA
Inicio Indice
|