|
El Trauma: Lectura Psicopatológica
y Psicoanalítica.
Propuesta del Concepto de Trauma Relacional
Antoni
Talarn.
1.
El concepto de trauma desde una perspectiva psicopatológica.
1.1.
Un poco de historia sobre el trauma psicológico
- 1.1.1.
El estudio de la histeria.
- 1.1.2.
El estudio de las consecuencias de la guerra.
- 1.1.3.
El estudio de la violencia domestica y sexual.
1.2.
Perfilando el concepto de trauma.
- 1.3.
Trauma y psicopatología.
2.
Hablando del trauma desde una posición psicoanalítica.
- 2.1.
Freud, Abraham: del trauma a las ganas de ser traumatizado.
- 2.2.
Ferenczi: el rescate de los niños y de la realidad.
- 2.3.
Del Ferenczi de 1930 a la actualidad.
- 2.4.
El concepto de trauma relacional
Referencias
1.
El concepto de trauma desde una perspectiva psicopatológica.
Aunque
nunca ha estado desaparecido del todo, el tema del trauma ha
permanecido aletargado durante mucho tiempo en la psiquiatría
y en el psicoanálisis. No solo la renuncia a la teoría
del trauma por parte de Freud contribuyó a esta amnesia.
El estudio del trauma psicológico esta ligado al desarrollo
de acontecimientos de orden social, político y cultural
(Cazabat, 2001). Un mundo lleno de traumas y de personas traumatizadas
es un mundo que debe de cuestionarse muchas cosas. La política,
la economía, los intereses territoriales, energéticos,
la guerra -la omnipresente guerra- la religión, etc.,
impregnan de traumas la sociedad a nivel macro. A nivel micro,
la violencia de género, contra los menores, el abuso
físico, el sexual, el trabajo infantil, y demás
situaciones, cuestionan el ordenamiento de la moral individual
y familiar. No es de extrañar, entonces, que a veces
volvamos la mirada inquisidora hacia otro lado ya que a nadie
le gusta revolver en el estiércol.
Pero,
como nos enseña el psicoanálisis, por mas que
neguemos la realidad, esta se nos hace evidente y se acaba
imponiendo. Y, casi sin darnos cuenta, el trauma ha vuelto
a las primeras páginas de la actualidad social y profesional.
Así,
en la psiquiatría del momento coexisten actualmente
un cierto numero de puntos calientes o temas de moda, como
prefieran. El electroshock y sus variantes modernas, las pruebas
de neuroimagen, los nuevos antipsicóticos y también
el trauma. No cabe duda que desde el 11-S y el 11-M el trauma
esta en la cresta de la ola. Hay, de hecho ya las había
anteriormente, revistas especializadas en los trastornos de
origen traumático, han proliferado diversas técnicas
terapéuticas para ayudar a los supervivientes de un
trauma y se publican multitud de textos sobre este tópico. Un
breve repaso histórico nos ayudará a situarnos
en este resurgir del trauma.
1.1.
Un poco de historia sobre el trauma psicológico
Prácticamente
hasta el siglo XIX las principales referencias al trauma psicológico
se encontraban en los relatos literarios o en los escritos
de algunos filósofos. Eran puramente anecdóticos,
aunque de un notable valor descriptivo. Hay relatos del 3000
AC, situados en Mesopotamia, donde se narra el horror sufrido
por los testigos de muertes violentas en combate, Heródoto
describe un caso de ceguera conversiva sucedido en la batalla
de Maratón y Homero cita en La Iliada como Aquiles padece
trastornos del sueño en los que revive la muerte de
su amigo Patroclo. En "La Tragedia de Macbeth Lady Macbeth" pierde
la cordura por los recuerdos intrusivos que tiene de su participación
en el asesinato del rey de Escocia. (Véase el trabajo
de Birmes, Hatton, Brunet y Schmitt, 2003, para una revisión
histórica mas detallada de la prehistoria de la sintomatología
postraumática).
La
primera descripción puramente psiquiátrica de
una situación de este tipo la ofrece Pinel en su Tratado
medico filosófico sobre la alienación mental
de 1809, al describir con detalle los sufrimientos de un veterano
de guerra.
Fue Oppenheimer,
un neurólogo alemán, el que acuñó,
en 1892, el termino neurosis traumática, otorgándole
entidad de trastorno molecular del sistema nervioso, debido,
eso si, al shock recibido.
Simultáneamente
Charcot estudia entre 1878 y 1893 la histeria y publica 20
casos de histeria traumática, describiendo los vínculos
entre la disociación y el traumatismo, un tema recurrente
en la psicopatología actual.
Kraepelin
en 1896 hablaba de la neurosis de espanto y en la 60 edición
de su tratado, en 1899, reconoce la entidad clínica
independiente de la neurosis traumática y señala
que se caracteriza por: pensamientos intrusivos y persistentes,
sentimientos de desapego hacia los demás, disminución
del interés general, alucinaciones, trastornos del sueño
y pesadillas recurrentes.
En
1874, en EE.UU., se registra el primer caso de abuso infantil
y se crea, en Nueva York, la Sociedad para la prevención
de la crueldad contra los niños.
A
partir del siglo XX la historia de la psicotraumatología
moderna, siguiendo a Herman (1997) se puede dividir en 3 etapas:
1) el estudio de la histeria, 2) el de las consecuencias de
la guerra y 3) el de la violencia doméstica y sexual.
1.1.1.
El estudio de la histeria.
Ya
hemos mencionado a Charcot, cuya gran contribución fue
la de dar crédito a los relatos de las pacientes, historias
que hasta ese momento habían sido consideradas fantasías
y pura simulación. Janet y Freud, ambos alumnos de Charcot,
se interesaron por la etiología de la histeria. Por
separado, curiosamente, los dos llegaron a conclusiones similares:
la histeria es causada por el trauma psicológico que
produce un estado alterado de conciencia.
Janet
en su obra mas celebre "El automatismo psicológico",
de 1889, observó que, a veces, pasa un tiempo entre
el trauma y la presentación de síntomas, describió los
episodios de flashback y apuntó el mecanismo de la disociación
de las emociones de las victimas y como esta disociación
impide el procesamiento de las memorias traumáticas.
1.1.2.
El estudio de las consecuencias de la guerra.
Durante
la 1º guerra mundial se hicieron numerosas observaciones
de estrés traumático causado por el combate.
Se dieron discusiones sobre la etiología emocional u
orgánica del trastorno. En muchos casos se equiparó el
trastorno con cobardía y los soldados que lo sufrieron
tuvieron que pasar por terapias brutales para ser enviados
de nuevo al frente (véase a este respecto el Informe
sobre la electroterapia de los neuróticos de guerra,
de Freud 1920). Los más desafortunados eran fusilados
y algunos pocos fueron enviados a la retaguardia para ser tratados
psiquiátricamente (Briole, Lebigot y Lafont, 1998).
En
septiembre de 1918 se celebró en Budapest el "V
Congreso Internacional de Psicoanálisis". Los psicoanalistas
allí presentes debatieron sobre el tratamiento psicoanalítico
de las neurosis de guerra.
En
1941, en plena 2º guerra mundial Kardiner escribió "The
traumatic neurosis of war" donde describió los
síntomas propios del estrés postraumático
incluida la amnesia.
En
1952 aparece el DSM-I (APA, 1952) y como los psiquiatras atendían
a numerosos soldados de la gran guerra incluyeron el diagnostico
de reacción al gran estrés.
El
DSM II, (APA, 1968) redactado en plena guerra de Vietnam, suaviza
el término y lo denomina trastorno situacional transitorio.
Algunos autores (Penk y Robinowitz, 1987) han llamado la atención
sobre un dato curioso: durante los 12 años de guerra
no se publicó nada sobre este trastorno en ninguna de
las revistas oficiales de las asociaciones psicológicas
y psiquiátricas de Norteamérica.
A
pesar de esta especie de amnesia científico-política
durante la guerra del Vietnam, los veteranos que se organizaron
después y los médicos y psicólogos que
los atendieron generaron un intenso movimiento científico
en torno a este tema. En 1973 Shatan inició la "1º Conferencia
sobre Necesidades Emocionales en Veteranos del Vietnam",
y en 1975 creó el Vietnam Veterans Working Group y ayudó,
entre otros autores, a delimitar la descripción del
trastorno por estrés postraumático (TPET) tal
y como fue incluido en el DSM III (APA, 1980) en 1980.
1.1.3.
El estudio de la violencia domestica y sexual.
El
movimiento feminista de los años 70 llamó la
atención sobre una realidad social oculta durante mucho
tiempo: la de la violencia doméstica y sexual contra
mujeres y menores El 1971 se celebró en Nueva York un
congreso sobre los efectos de la violación. En 1979
se acuña el termino del síndrome de la mujer
golpeada. Muy pronto se estableció la asociación
entre el sufrimiento que expresaban los veteranos del Vietnam
y el de las mujeres maltratadas, sus síntomas eran muy
semejantes.
Con
todos estos antecedentes llegamos a la época más
actual. En 1985 se fundó la ISTES (Internacional Society
for Traumatic Stress Studies), editora del Journal of Traumatic
Stress desde 1987. En
España tenemos la SEPET (Sociedad Española de
Psicotraumatología y Estrés Traumático). El
estudio de las consecuencias psicológicas de los desastres
naturales se ha desarrollado en las ultimas décadas
(Anatoly y Alexey, 1994; Carver, 1994; Erktin y Satoshi 2000).
Hoy
día las líneas de trabajo más modernas
se centran en temas como la resiliencia, las reacciones agudas,
la ayuda en crisis, la traumatización vicaria, el tratamiento
farmacológico o psicoterápico, las consecuencias
biológicas del trauma, la disociación, su relación
con los trastornos de personalidad, su comorbilidad, los factores
de predisposición, los factores neurobiológicos
asociados al trauma, y demás.
1.2.
Perfilando el concepto de trauma.
Hay
un cierto consenso (Davidson y Foa, 1993; Classen, Koopman
y Spiegel, 1993; Herman, 1997; March, 1993; Spiegel y Cardena,
1991) en considerar que un trauma se da cuando un individuo
se ve envuelto en hechos que representan un peligro real para
su vida o cualquier otra amenaza para su integridad física;
o bien cuando se es testimonio de un acontecimiento donde se
producen muertes, heridos, o existe una amenaza para la vida
de otras personas. La respuesta del sujeto a este acontecimiento
es de temor, desesperanza y horror intensos. A esta definición,
que es la que ofrece el DSM IV, se suele añadir la idea
de que el evento o eventos en cuestión superan la capacidad
de respuesta del sujeto y sus mecanismos habituales de afrontamiento
y defensa.
Echeburua
(2004) distingue entre suceso traumático y trauma. Por
suceso traumático entiende un acontecimiento negativo
e intenso que surge de forma brusca, que resulta inesperado
e incontrolable y que, al poner en peligro la integridad física
o psicológica de una persona que se muestra incapaz
de afrontarlo, tiene consecuencias dramáticas para la
víctima, especialmente de terror e indefensión.
Considera trauma la reacción psicológica derivada
de un suceso traumático.
Una
vez situados en la perspectiva psicoanalítica trataremos
de completar o modificar estas conceptualizaciones del trauma.
Sobre
la base de esta definición algunos autores han tratado
de precisar diferentes tipos de trauma. Así err (1991)
propuso diferenciar entre trauma tipo I y II. En el primero
se da un evento puntual (como una violación o la visión
de un asesinato). En el segundo se sufre una exposición
repetida a eventos extremos.
Solomon
y Heide (1999) añaden un tercer tipo, mas extremo aún:
aquí la situación extrema es también repetida
y crónica, pero se produce desde temprana edad y con
especial sadismo. Citan como ejemplos niños sometidos
a constantes abusos físicos y sexuales, con empleo de
fuerza, tortura, amenazas a sus seres queridos, ritos sectarios
y demás barbaridades. Este trauma tipo III se asocia
a los diagnósticos de TPEPT complejo o el de TPEPT extremo
que han propuesto algunos autores (Van der Kolk, McFarlane
y Weisaeth (1996). Para estos autores la utilidad de la clasificación
radica en que cada tipo de trauma requiere un abordaje diferente
puesto que presenta una clínica postraumática
diferente. Así, en el caso del trauma tipo I, el paciente
se presenta, por lo general, con un recuerdo claro de lo sucedido
y las terapias más breves, del tipo que sean, pueden
ser de utilidad. Los pacientes del tipo II acuden a la consulta
con una patología muy variada, de orden depresivo fundamentalmente,
con defensas como la negación, la represión y
la disociación en pleno funcionamiento; su tratamiento
es más complejo, largo y delicado. Los pacientes del
tipo III pueden recibir diagnósticos como esquizofrenia,
trastorno límite de la personalidad, trastorno bipolar
o trastorno de identidad disociativo (Ross, Anderson y Clark,
1994). Son típicas también las múltiples
somatizaciones -entre las que destaca el dolor de cabeza de
origen desconocido- La amnesia disociativa de estos pacientes
con respecto a importantes sectores de su infancia es notable.
1.3.
Trauma y psicopatología.
Existe
un acuerdo generalizado entre los estudiosos del trauma en
que no todas las personas sometidas a traumatismos desarrollan
una condición psicopatológica posterior como
consecuencia del mismo (Kessler, Sonnega y Bromet, 1995; Yehuda
y McFarlane (1995). En este acuerdo, no obstante, no se matiza
la respuesta de las personas en función del tipo de
trauma sufrido. Nos parece viable que algunos sujetos no desarrollen
clínica en respuesta a un trauma tipo I, sobre todo
si este no ha sido infligido por otro ser humano. Más
difícil se nos hace imaginar que esto suceda con respecto
las victimas de traumatismos tipo II y III.
Si
además del tipo de trauma sufrido tenemos en cuenta
los factores personales, -esto es factores de mayor o menor
vulnerabilidad individual-, la cuestión se nos complica
enormemente. No es este el momento para detallar estos factores,
pero si queremos apuntar la idea de que en los traumas tipo
II y III difícilmente nos hallaremos ante un elevado
nivel de resiliencia puesto que la cronicidad de los estresores
impedirá la consolidación del mismo.
Lo
que nos interesa señalar aquí es la siguiente
idea: la psiquiatría estudia las consecuencias del trauma
básicamente mediante aquellas personas que padecen TPET
o trastorno por estrés agudo (TPEA). Es decir limita
la consideración etiológica del trauma solo a
estos casos. No se cuestiona la posibilidad de que pacientes
que no presenten esta sintomatología puedan tener un
historial de traumatismos en su biografía. Diagnóstica
y trata a pacientes depresivos, adictos, bulímicos,
limites, esquizofrénicos, y demás, pero podemos,
entonces, preguntarnos: ¿es que algunos, o muchos de
estos pacientes, no han tenido traumas? A la luz de la clínica
cuesta de creer.
Estamos
diciendo, pues, que en psiquiatría y en psicopatología
se ha descuidado el aspecto traumático de muchos cuadros
clínicos. Después veremos como a los psicoanalistas
nos ha pasado lo mismo, por otros motivos, pero lo mismo.
En
nuestra opinión un buen numero de pacientes que reciben
el diagnostico de: trastorno de ansiedad, depresión,
distimia, somatización, adicciones, conductas impulsivas,
diversos trastornos de la personalidad, hipocondría,
anorexia, bulimia, disfunciones sexuales, trastornos disociativos,
diversos tipos de psicosis, etc.., -por mencionar solo los
diagnósticos en psiquiatría de adultos- tienen
en su biografía una historia de traumatismos, sean del
tipo que sean.
Más
adelante, al reformular el concepto de trauma desde la perspectiva
psicoanalítica, esperamos poder añadir un poco
mas de convicción y solidez a esta hipótesis.
De
momento para apoyarla, y sin movernos del campo de la psiquiatría,
podemos apelar a un buen numero de autores que, con la estadística
en la mano, nos dan la razón.
Beck
y Van der Kolk (1987) encontraron que el 46% de las mujeres
psicóticas crónicas hospitalizadas tenían
historial de incesto infantil. Muenzenmaier, Meyer y Struening
(1993) relatan que el 65% de los pacientes entrevistados durante
un año en un ambulatorio habían sufrido abusos
durante la infancia. Friedman (1996) señala que hasta
el 80% de los pacientes diagnosticados con TPEPT presentan
comorbilidad con, al menos, otro trastorno mental, indicándonos
pues la enorme posibilidad de error diagnostico que se puede
dar con estos pacientes. Tucker (2002), por ejemplo, señala
que hay muchos pacientes en los que no se efectúa un
diagnostico correcto debido a que se obvian los factores traumáticos
y estresantes en sus historiales e interrogatorios. Mueser,
Salyers y Rosenberg (2001) hallaron antecedentes traumáticos
en el 90% de los pacientes de un programa de asistencia a drogadictos
con trastornos mentales.
Sin
afán de exahustividad señalaremos que hay datos
que indican la presencia de traumatismos en los trastornos
disociativos (Gershuny y Thayer, 1999), los trastornos de personalidad,
especialmente el límite (Sabo, 1997), la bulimia y otros
trastornos alimentarios (Everyll y Waller, 1995; Everyll, Waller
y MacDonald, 1995; Terr, 1995), los trastornos de ansiedad
(Mancini, Van Ameringen y MacMillan, 1995), los trastornos
del estado de animo (Hall, Sachs, Rayens y Lutenbacher, 1993),
el alcoholismo (Windle, Windle, Scheidt y Miller, 1995) y muchos
otros -véase para una revisión completa el texto
de Everly y Lating (1995)-, amén de los trastornos presentes
en los menores (Cazabat, 2002).
2.
Hablando del trauma desde una posición psicoanalítica.
El
trauma, dentro de la teoría psicoanalítica, también
ha tenido sus vaivenes. Fue elemento fundador de las primeras
teorías de las neurosis; desapareció posteriormente
y quedó vinculado casi en exclusividad a las neurosis
traumáticas de los soldados; resurgió después,
tímidamente, en la obra del mismo Freud y en la de muchos
otros autores. Sin afán alguno de enciclopedistas haremos
una breve revisión de estas idas y venidas; así estaremos
en mejores condiciones para presentar algunas de las ideas
que queremos comentar más adelante.
2.1.
Freud, Abraham: del trauma a las ganas de ser traumatizado.
La
historia es bien conocida y no resulta necesario repetirla
aquí. Al inicio de su actividad profesional Freud se
vio sorprendido por el repetido relato de abusos sexuales sufridos
por sus pacientes a manos de cuidadores, hermanos, parientes
e incluso padres.
Freud
concluyó, en lo que se conoce como teoría de
la seducción, que el trauma o seducción sexual
del niño por parte de un adulto constituía una
condición etiológica en las neurosis. Sin
embargo, como es sabido, Freud no tardaría en abandonar
esta teoría de la seducción.
En
la célebre carta a Fliess del 21 de septiembre de 1987
(Freud, 1897), Freud le comunicó a su amigo y confidente
que ya no creía en lo que había sostenido hasta
ese momento. Bien al contrario, había llegado a la conclusión
de que los traumas y abusos que sus pacientes le habían
contado eran fantasías y mentiras.
Los
motivos para tal cambio de actitud son muy variados: desde
el propio asombro de Freud al considerar la cantidad de padres
o adultos que abusaban de los niños, hasta su autoanálisis
en el que descubrió sus propias fantasías edípicas
vinculadas a sus padres.
El
desarrollo de la teoría del Complejo de Edipo desplazó el
trauma sexual infantil de la categoría de realidad a
la de fantasía: en el niño existe el deseo de
tener relaciones con el progenitor del sexo opuesto.
Abraham
(1907) añadiría algo mas a las ideas freudianas.
Consideró que había ciertos niños que
son seductores, desean la seducción, la provocan y casi
la merecen. Citamos el párrafo textualmente porque nos
parece muy significativo.
Llegué a
la conclusión de que su desarrollo sexual era precoz
y su libido misma cuantitativamente anormal, (...)... Podemos
decir que los niños que pertenecen a esta categoría
muestran un deseo anormal de obtener placer sexual, y a consecuencia
de ello sufren traumas sexuales. (...). Pues un niño
con predisposición a la histeria o la dementia praecox
sufre el trauma a consecuencia de una tendencia de su inconsciente.
Si es que subyace un deseo inconsciente de trauma, el experimentarlo
en la infancia es una expresión masoquista del impulso
sexual.
(Abraham,
1907, pág. 51-53)
Osea
que: o bien se trata de fantasías o bien se trata de
masoquismo. Podría ser, en cualquier caso el acento
se desplaza del victimario a la victima, la importancia del
trauma en la génesis de la patología mental se
desdibuja, la realidad se diluye ya sea en las fantasías
de los niños o en las acciones de su perversidad polimorfa.
2.2.
Ferenczi: el rescate de los niños y de la realidad.
Pero,
por suerte, ya incluso en aquella época no todos pensaban
así. Uno de los primeros en considerar que el abandono
de la teoría de la seducción supuso perder de
vista un elemento importante en la causación de los
trastornos mentales de ciertos pacientes fue Sándor
Ferenczi.
Veamos
lo que Ferenczi escribía un año después
del articulo que acabamos de citar de Abraham:
Los
hijos de padres anormales están expuestos desde su
infancia a influencias psicológicas anormales por
parte de su entorno y reciben una educación falseada;
son estas mismas influencias las que eventualmente determinarán
más adelante la neurosis y la impotencia; sin ellas,
el niño "tarado" hubiera podido ser un hombre
normal.
(Ferenczi,
1908; pág. 48).
Para
Ferenczi el trauma no será sólo de índole
sexual -tal como Freud consideró- sino que abarcará situaciones
relacionales en las que el odio y la hostilidad juegan un papel
determinante. El abandono, los castigos, la hipocresía,
la incomprensión, la intolerancia en el aprendizaje
de los hábitos básicos y demás que los
niños deben de soportar de los adultos de los que dependen,
se constituirán en variables determinantes del psiquismo
del sujeto. Ferenczi teorizará a propósito de
estas cuestiones y propondrá algo que hoy día
esta en plena vigencia: como terapeutas debemos de estar atentos
para que las experiencias terapéuticas de nuestros pacientes
realmente lo sean y no se conviertan en repeticiones, más
o menos deformadas, de los desencuentros relacionales traumáticos
que se dieron en la infancia.
No
es este el lugar para hacer un repaso exhaustivo de la teoría
ferencziana sobre el traumatismo, pero si que podríamos
remarcar algunas cuestiones planteadas por Ferenczi hace mas
de 70 años. Cuestiones que nos parece que están
siendo recogidas actualmente por otros autores, muchas veces
sin el reconocimiento adecuado.
En
1927, con su trabajo Adaptación de la familia al niño
(1927), Ferenczi apunta con a lo que de patógeno puede
haber, en muchas ocasiones, en las relaciones entre padres
e hijos. Empieza Ferenczi lanzando un velado reproche a la
comunidad psicoanalítica cuando señala que ésta
se ocupa solo de la adaptación del niño a la
familia y no de la de ésta al niño, y sugiere
que el psicoanálisis debe esforzarse en comprender mejor
a los niños a los que, dicho sea de paso, tanto debe
la psicología. Para Ferenczi los niños se encuentran,
al ser atendidos por sus padres, con una dificultad: éstos
han olvidado su propia infancia. Los padres ni la recuerdan
ni la comprenden y esta falta de comprensión de su propia
infancia es el principal obstáculo que impide a los
padres comprender las cuestiones esenciales de la educación.
Ferenczi sabe que el olvido -la amnesia infantil- no es superable.
Pero para suplir este déficit propone algo así como
ponerse en el lugar del niño. El psicoanalista que años
mas tarde se pondría -en el sentido figurado mediante
la empatía y también el literal, mediante el
análisis mutuo- en el lugar del paciente, propone tratar
de ver el mundo con los ojos y la mente de un niño.
Desde
ese punto de vista puede considerar que aspectos como el destete,
el aprendizaje esfinteriano, la represión de la masturbación
o el propio crecimiento pueden constituirse en traumatismos
si el instinto de los padres falla en su adecuado acompañamiento.
De
esta guisa llegamos al año 1929 y al trabajo titulado
El niño mal recibido y su impulso de muerte (1929a),
obra que representará un salto cualitativo muy marcado
en el pensamiento ferencziano en cuanto al traumatismo. En
este artículo Ferenczi estableció un nuevo tipo
de neurosis llamada neurosis de frustración, cuya etiología
era, fundamentalmente, de índole traumática.
La novedad radica en que el trauma es visto aquí no
sólo como generador de la más variada patología
mental, sino también como inductor de severas complicaciones
orgánicas que pueden llevar al sujeto a las puertas
de la muerte. Epilepsia con coma profundo, asma bronquial,
anorexia, etc., entre otras condiciones, son consideradas como
un reflejo de un impulso de muerte extraordinariamente activado
por las frustraciones afectivas recibidas por los niños:
Al
nacer ambos pacientes fueron huéspedes no queridos
en la familia. Uno por ser el décimo hijo de una madre
sobrecargada de trabajo y el otro porque descendía
de un padre afectado por una enfermedad mortal, que efectivamente
murió poco después. Todos los indicios confirman
que ambos niños captaron perfectamente los signos
conscientes e inconscientes de aversión o de impaciencia
de la madre, y que su voluntad de vivir quedó destrozada.
Por motivos fútiles, durante su vida posterior, se
suscitaba en ellos la voluntad de morir, incluso cuando estaba
compensada por una fuerte tensión de la voluntad.
(Ferenczi,
1929a; pág. 87).
Ferenczi
ya no vacilará en lo más mínimo; del traumatismo
hace responsables a los adultos, no a los factores intrapsíquicos:
Tras
haber concedido toda la atención precisa a la actividad
fantasiosa en cuanto factor patógeno, me he ocupado
en estos últimos tiempos cada vez con más frecuencia
del traumatismo patógeno propiamente dicho. He descubierto
que el traumatismo es mucho menos a menudo la consecuencia
de una hipersensibilidad constitucional de los niños,
que pueden reaccionar de manera neurótica incluso
frente a dosis de desagrado banales e inevitables, que un
tratamiento verdaderamente inadecuado e incluso cruel. Las
fantasías histéricas no mienten cuando nos
cuentan cómo padres y adultos pueden ir muy lejos
en su pasión erótica por los niños,
y cuando nos dicen que tienen la tendencia, si el niño
se presta a este juego del inconsciente, de infligir al niño
inocente castigos y amenazas graves, que le trastornan y
le quebrantan causándole un violento choque y siendo
totalmente incomprensibles para él. Actualmente siento
la tentación de atribuir, junto al complejo de Edipo
de los niños, una enorme importancia a la tendencia
incestuosa de los adultos, rechazada bajo la máscara
de la ternura.
(Ferenczi,
1929b; pág. 103-104).
Lo
peor es la desatención... y en esto insiste Ferenczi
una y otra vez:
El
comportamiento de los adultos respecto al niño que
sufre el traumatismo forma parte del modo de acción
psíquica del traumatismo. Éstos dan en general
pruebas de incomprensión aparente en alto grado. El
niño es castigado, lo cual significa para el niño
una gran injusticia. (...)... O bien los adultos reaccionan
con un silencio de muerte que hace al niño tan ignorante
como se le pide.
(Ferenczi,
1932a; pág. 155).
Para
Ferenczi, pues, el trauma se desarrolla en dos momentos sucesivos:
el de la experiencia propiamente dicha y el de la posterior
reacción de los adultos frente al niño, cuando
este se acerca en busca de algún tipo de consuelo:
Pero
el espanto de los espantos: cuando a la amenaza paterna se
suma el abandono materno. No deja ninguna posibilidad de
lamentarse por el insulto sufrido ni de quejarse ante alguien
comprensivo. Sólo en ese caso, el mundo real, tal
como es, se vuelve tan insoportable, tan absoluto se vuelve
el sentimiento de la injusticia, del desvalimiento y de la
desesperanza en un cambio favorable, que el yo se retira
de la realidad, pero sin entregarse.
(Ferenczi,
1932b; pág. 60).
¿Qué es
traumático: un ataque o sus consecuencias?
La
capacidad adaptativa de respuesta aún de niños
muy pequeños a ataques sexuales y otros ataques apasionados
es mucho más grande de lo que se imagina. A la confusión
traumática sólo se llega, las más de
las veces, cuando ataque y respuesta son desmentidos por
el adulto cargado de culpa, y se los trata como si fueran
algo punible.
(Ferenczi,
1932b; pág. 241).
Para
Ferenczi las consecuencias de este tipo de traumatismos no
se reflejan sólo en los niveles más obvios del
individuo, como podrían ser la formación del
carácter o las dificultades para las relaciones amorosas
o sexuales sino que, y aquí radica la cuestión
más relevante para el autor, en una verdadera escisión
de la personalidad, una división psíquica. La
idea de Ferenczi podría resumirse como sigue: ante un
sufrimiento extraordinario y una angustia que desborda toda
defensa del sujeto, la personalidad se divide en varios fragmentos;
uno, aquel que sufre inconscientemente y que contiene afectos
reprimidos intensísimos; y otro, aquel que trata de
que la vida continúe de un modo progresivo y ordenado.
Entre ambos se establece un equilibrio frágil que suele
desembocar en enfermedad mental o, en cualquier caso, en una
restricción considerable de la calidad emocional de
la vida del sujeto.
Y
junto con la escisión Ferenczi describe otro mecanismo
básico de adaptación autoplástica al trauma;
la identificación con el agresor. Esta idea le permite
a Ferenczi explicar el porqué los niños traumatizados,
además, experimentan sentimientos de culpa:
Pero
cuando este temor alcanza su punto culminante, les obliga
a someterse automáticamente a la voluntad del agresor,
a adivinar su menor deseo, a obedecer olvidándose
totalmente de sí e identificándose por completo
con el agresor. Por identificación, digamos que por
introyección del agresor, éste desaparece en
cuanto realidad exterior, y se hace intrapsíquico;
pero lo que es intrapsíquico va a quedar sometido,
en un estado próximo al sueño -como lo es el
trance traumático- al proceso primario, es decir lo
que es intrapsíquico puede ser modelado y transformado
de una manera alucinatoria, positiva o negativa, siguiendo
el principio del placer. En cualquier caso la agresión
cesa de existir en cuanto realidad exterior y, en el transcurso
del trance traumático, el niño consigue mantener
la situación de ternura anterior.
Pero
el cambio significativo provocado en el espíritu infantil
por la identificación ansiosa con su pareja adulta
es la introyección del sentimiento de culpabilidad
del adulto:
(Ferenczi,
1932c; pág. 144-146).
Identificación
con el agresor; un concepto muy utilizado por los analistas
desde que Ferenczi -que no Anna Freud- lo acuñó (Freud,
1936; Spitz, 1957). Resulta de enorme utilidad para comprender
el hecho, perfectamente constatado epidemiológicamente
(Albarracin, 1996; Finkelhor, 1994; Kempe y Kempe, 1978) de
que muchos -si bien no todos- los sujetos que sufrieron maltrato
infantil suelan ser, llegados a la edad adulta, padres o madres
crueles con sus hijos o allegados.
Ferenczi,
además, destaca que del mismo modo que el traumatismo
se puede repetir en la situación analítica- cómo
después veremos-, también el mecanismo de la
identificación con el agresor puede operar entre terapeuta
y paciente:
Llegué poco
a poco a la convicción de que los pacientes percibían
con mucha finura las tendencias, las simpatías y antipatías,
y el humor del analista, incluso cuando éste era inconsciente
de ellas. En lugar de contradecirle y acusarle de flaquezas
o de cometer errores, los pacientes se identificaban con él.
(Ferenczi,
1932c; pág. 141).
Pero
dejemos que Ferenczi siga ilustrándonos con las diferentes
formas en las que un niño puede verse traumatizado:
Al
lado del amor apasionado y de los castigos pasionales, existe
un tercer medio de dominar a un niño, y es el terrorismo
del sufrimiento. Los niños se ven obligados a soportar
todo tipo de conflictos familiares y llevan sobre sus débiles
espaldas el pesado fardo de los restantes miembros de la
familia. No lo hacen por puro desinterés sino para
poder disfrutar nuevamente de la paz desaparecida y de la
ternura que se deriva de ella. Una madre que se lamenta continuamente
de sus sufrimientos puede transformar a su hijo en una ayuda
cuidadosa, es decir, convertirlo en un verdadero sustituto
maternal, sin tener en cuenta los intereses del niño.
(Ferenczi,
1932c; pág. 148).
En
resumen, en nuestra opinión, nos parece que Ferenczi
sugiere que:
-
1.
El trauma es un fenómeno real, más
abundante de lo que a simple vista parece.
-
2.
Se implica con la dinámica mental del sujeto
pero es real, ha sucedido en la realidad.
-
3.
Puede ser de tipo sexual pero también de otros
tipos.
-
4.
Destaca como traumáticas las malas relaciones
con los progenitores.
-
5.
Una característica fundamental, que acaba de dar peso
patógeno al trauma, es la falta de resonancia
del entorno para con la victima del mismo.
-
6.
Las consecuencias del trauma afectan profundamente la
estructuración
de la psique y quizás del soma del sujeto.
-
7.
El sujeto se defiende a la desesperada ante esta desestructuración,
incluyendo la identificación con el agresor y la asunción
de las proyecciones patológicas de los adultos.
-
8.
El analista puede retraumatizar a su paciente si
no es capaz de establecer una relación diferente con
el mismo (por ejemplo, si no reconoce la verdad de sus asertos
o permite que el paciente se identifique con sus defectos).
2.3.
Del Ferenczi de 1930 a la actualidad:
Balint
(1969) se sitúa exactamente en la línea de su
amigo Ferenczi. Sugiere que el trauma se desarrolla en tres
fases; en la 1º hay frustraciones en la relación
niño adulto pero la confianza del pequeño se
mantiene; en la 2º el adulto le provoca al niño,
una o más veces, miedo, dolor, excitaciones, excesos
de estimulación de cualquier tipo, que conllevan para
el niño un padecimiento por sobreestimulación
o rechazo de sus necesidades afectivas; y 3º -y constitutiva
de lo traumático- el adulto no responde al subsiguiente
acercamiento por parte del niño y actúa como
si nada hubiese sucedido o bien en lugar de proporcionar afecto
responde con rechazo y hostilidad.
Bruno
Bettelheim (1956; 1967) nos habla de la situación extrema,
concepto citado por Ferenczi en 1917, y le da valor patogénico
independientemente de cualquier consideración, esto
es, por si mismo, sin necesidad de apelar a ninguna otra instancia
interna o externa del individuo. Bettelheim nos viene a decir
que el niño vive en el caos, sin pasado y sin porvenir
pero en una situación donde el presente es, pues, muy
poderoso. En la vida del niño no hay causalidad y de
los eventos no se puede predecir ni su aparición ni
su duración; las alegrías y las tristezas poseen
una intensidad que nos es imposible recordar. Si aquellos encargados
de protegernos de tales intensidades fallan ¿qué ocurre?
Que se da una situación extrema. Una situación
que se caracteriza por su gravedad y por la imposibilidad de
sustraerse a ella, no hay escape, excepto uno: el niño
se replegara sobre sí mismo para protegerse. La capacidad
de resistencia varia mucho según el individuo, prosigue
Bettelheim, pero si la situación se repite las cosas
irán mal. Dice que si el niño se ve privado de
esta relación esencial con el otro su estructura mental
saldrá resentida, frágil. La vida habrá dado
la razón a los fantasmas del sujeto, no será lo
imaginario lo que haya invadido la realidad sino ésta
será la invasora y colonizadora de la mente del sujeto.
Bettelheim, como Ferenczi, propuso un ambiente reparador de
estos fallos ambientales, fallos que en lenguaje un poco más
actual podríamos llamar de la unidad originaria (Abello
y Poch, 1992).
Winnicott
(1965) nos llama la atención sobre un hecho importante:
los padres suelen proteger a sus hijos de los grandes traumas
de la vida, pero algunas veces no lo hacen con los más
sutiles, que pueden ser, para bebes y críos pequeños,
muy severos. ¿A que se refiere? Para Winnicott la naturaleza
del trauma es una falla relativa a la dependencia, es una falla
de un objeto externo que no cumple su función. El trauma
es un derrumbe de la confianza del sujeto en su ambiente, del
ambiente previsible promedio, dice el autor. Por ejemplo una
madre que no puede cumplir su papel en la tarea de otorgar
al niño una autonomía progresiva. O unos padres
que no permiten la experiencia individual del hijo, que no
facilitan la integración de las proyecciones y las introyecciones,
la expresión de la rabia, etc. Situaciones no muy escandalosas
en si mismas, esto es que pueden pasar desapercibidas para
un observador poco atento pero que destruyen, dice el autor,
la pureza de la experiencia individual y promueven el derrumbe
de la fe.
Bowlby,
a lo largo de toda su obra, nos habla de la importancia de
la calidad del vinculo de apego. Nos explica que pasa con una
madre presente físicamente pero ausente emocionalmente,
con una madre que amenaza con el abandono o el retiro del afecto,
nos cita algunos ejemplos de alteraciones del vinculo que alteran
profundamente el sentido del self del niño1.
Los
adlerianos contemporáneos (Stein y Edwards, 1998; Titze,
1983) han detallado con exhaustividad atmósferas familiares
cuyos efectos patógenos se dejan sentir sobre el desarrollo
emocional de los niños que en ellas habitan2.
En
resumidas cuentas, casi sin darnos cuenta hemos ido pasando
del trauma sexual puro y duro a otro tipo de trauma, a un trauma
más sutil, más difícil de detectar, menos
violento en sus formas pero no menos toxico en sus consecuencias.
Hemos ido recuperando el contacto con la realidad, con el ambiente,
empezamos a considerar la importancia de las primeras relaciones
reales, de los fallos del ambiente justo cuando más
lo necesitamos.
Nos
parece, para continuar adelante, que esta es la idea que sostienen
los que se sitúan en la perspectiva intersubjetiva.
Dentro de esta línea teórica, y para no alargar
demasiado este texto, nos limitaremos a recordar algunas ideas
básicas que Stolorow y Atwood mencionan en el libro
Los contextos del ser (Stolorow y Atwood, 1992).
Señalan
estos autores que el trauma no es solo un afecto intolerable
sino que debe entenderse en el seno de un contexto relacional
donde falta la sintonía afectiva entre el niño
y los adultos. Estos fallan en la ayuda que le deben prestar
al niño para que regule sus afectos, lo dejan caer en
un estado insoportable, aplastante y desorganizado.
El
afecto doloroso o temible se vuelve traumático cuando
no se da por parte del ambiente aquella respuesta empática
que el niño necesita para ser capaz de tolerar, contener,
modular y aliviar el impacto de sus emociones. En la onda de
Balint, pero con lenguaje de la Psicología del Self,
nuestros autores sugieren que, y citamos textualmente:
La
mayoría de pacientes que acuden a nosotros para el
análisis han sufrido, cuando eran niños, repetidas
y complejas experiencias de carencia de selfobject, que de
forma esquemática se pueden describir en dos fases.
En la primera fase, el cuidador responde a una necesidad
de selfobject primaria del niño con repulsa o frustración,
generando entonces una reacción emocional dolorosa
en el pequeño. En la segunda fase, el niño
experimenta el deseo de selfobject de encontrar una respuesta
empática a su estado afectivo doloroso que le pueda
ayudar a contenerlo y modularlo. Pero los padres que repetidamente
rechazan las necesidades de selfobject primario son incapaces
generalmente de proporcionar una respuesta empática
a las reacciones emocionales dolorosas del niño. El
niño percibe que sus sentimientos reactivos dolorosos
no son bienvenidos o resultan lesivos para el cuidador y
deben ser por tanto secuestrados defensivamente para poder
conservar así un vínculo que le es necesario.
Bajo tales circunstancias (...) estos sentimientos dolorosos
apartados resultan una eterna fuente de conflicto interno
y una causa de vulnerabilidad ante los estados traumáticos...
(Stolorow
y Atwood, 1992, pág. 100-101).
Parece
bastante claro que la falta de respuesta empática de
los padres que citan estos autores es muy similar a la idea
de Ferenczi del abandono y el desmentido y de la de Balint
de negación y rechazo. Siguen en esta línea nuestros
autores:
Es
la ausencia de sintonía y de respuesta adecuadas a
las reacciones emocionales dolorosas del niño lo que
las hace insoportables y por tanto una fuente de estados
traumáticos y de psicopatología. Esta conceptualización
incluye tanto los acontecimientos traumáticos aparatosos
y claros como las mas sutiles repercusiones ambientales (Winnicott,
1949), sobreestimulaciones (Greenacre, 1958), heridas narcisistas
(Kohut, 1971), traumas silenciosos (Hoffer, 1952) o traumas
acumulativos (Khan, 1963).
(Stolorow
y Atwood, 1992, pág. 102).
Kohut
(1971) ya señaló, como Ferenczi, que los traumas
acumulativos (aquellos que ocurren cuando los padres no responden
adecuadamente a los sentimientos dolorosos de los niños)
se dan porque los progenitores tienen algún tipo de
patología; por ejemplo son padres narcisistas incapaces
de reconocer al niño en su individualidad y subjetividad.
Esta
falta de contexto afectuoso y contenedor obliga al niño
a disociar sus sentimientos dolorosos, trata de salvar sus
relaciones como puede, porque las necesita desesperadamente,
pero es fácil que desarrolle alguna patología
mental, una fragilidad ante situaciones adversas o una falta
de confianza en el mundo.
Cabe
recordar que algunos especialistas en psicotraumatología
(Echeburua, 2004; Herman, 1997; Shatan, 1975) señalan
que tras un trauma se produce precisamente esto: la perdida
de confianza en uno mismo, en los demás y en el mundo.
Cuanto mas minada quedara esta confianza si el trauma es repetido,
prolongado y proviene de aquellos en los que mas se debería
de poder confiar.
Los
terapeutas sistémicos (Barudy, 1998) están exactamente
en la misma línea y resulta sorprendente y gratificante
comprobar la cantidad de conceptos e ideas que compartimos
con ellos.
2.4.
El concepto de trauma relacional.
Todos
los autores que hemos visto hasta aquí inciden en el
manejo y falta de respuesta empática frente a los sentimientos
dolorosos del niño por parte del entorno. Pero nos atreveríamos
a añadir algo mas: la falta de respuesta empática
validadora ante las sentimientos positivos, los logros, las
pequeñas o grandes victorias y alegrías infantiles,
también pueden producir el mismo efecto.
Juan,
uno de nuestros pacientes, hijo de un padre violento, huraño
y solitario nos hizo pensar en esto el día en que nos
explicó que de todas las penurias emocionales que le
hizo pasar su padre durante años y años (insultos,
falta de apoyo, amenazas, gritos, etc.) una de las que mas
le dolió fue cuando de niño ganó un concurso
de dibujo, fue ilusionado a recoger el premio ("lo único
que he ganado en mi vida") y su padre, que lo acompañó al
estrado donde se lo entregaban, le dijo al miembro del jurado
delante de él: "¡bah! esto no vale para nada,
si es que no sabe ni dibujar un conejo...". Hoy día
Juan es diseñador, tiene trabajo, los demás lo
valoran pero se dice de a sí mismo: "bah! no sé para
que me esfuerzo, total, esto no sirve de nada, los demás
lo hacen mejor, tengo que volver a estudiar, hice mal la carrera,
me miro los proyectos mil veces y nunca me acaban de gustar...
a los demás no les pasa esto.!".
Juan
nos muestra como estas malas experiencias quedan en el individuo
como principios organizadores de la experiencia relacional
-utilizando la terminología de Stolorow-, principios
mas o menos fuera de la conciencia que se presentaran en todas
o gran parte de sus relaciones. Dentro de estos principios
organizadores quedaran, a nuestro juicio, algunas ideas que
modularan la visión que el sujeto tiene de sí mismo
(defectuoso), la visión de los demás (no confiables)
y la del mundo (un lugar inhóspito, al menos para mí).
Con
todo esto vamos llegando a donde queremos llegar: nos parece
que como psicoanalistas hemos de ampliar el concepto de trauma.
Trauma no es solo, como hemos visto que nos dice la psicopatología,
un o unos acontecimientos de orden violento que ponen en peligro
nuestra vida o integridad física y mental o la de otros
y al que respondemos con horror, miedo y demás. Proponemos
para este tipo de situación el nombre de Trauma violento.
Pero
trauma es esto y algo más. Tal y como los psicoanalistas
que hemos revisado hasta aquí nos han enseñado,
trauma es también el fallo pertinaz del ambiente en
el que nos criamos. Trauma es la alteración del vinculo
de apego. Trauma es la falta de validación empática
de nuestros afectos: la falta de contención, de comprensión,
de la posibilidad de compartir. Proponemos para este tipo el
nombre de Trauma relacional.
Para
esta clase de relaciones patógenas que acabamos de describir
se suele usar el nombre maltrato psicológico. Nuestra
idea es que el maltrato psicológico es un subtipo de
Trauma relacional. El Trauma relacional sería una situación
mas amplia, todo un estilo de relaciones que impregna completamente
la vida de sus protagonistas. El maltrato podría verse
como algo mas puntual, menos sutil, algo que no tiene porque
convertirse en un habito, aunque podría hacerlo. En
cualquier caso son dos conceptos que no consideramos incompatibles
ni excluyentes entre si.
La
siguiente tabla justificaría esta diferenciación.
Queremos remarcar, eso si, el carácter provisional de
estas ideas.
CONCETO
VARIABLES |
TRAUMA
RELACIONAL |
MALTRATO
PSICOLOGICO |
EDAD
DEL SUJETO |
En
edades del desarrollo |
A
cualquier edad |
DIRECCIONALIDAD
(DE OBJETO A SUJETO) |
De
padres a hijos (de objeto de apego a niño) |
Idem,
pero también entre iguales |
LOCALIZACION |
Intrafamiliar |
Intrafamiliar
o Extrafamiliar |
SITUACION
DEL OBJETO DE APEGO |
Psicopatología
franca y crónica (por ej. trast. del carácter) |
Idem
o psicopatología reactiva o moderada (por ej.
depresión reactiva o tras. de ansiedad) |
VISIBILIDAD
DE LA ALTERACION EN LA RELACION |
Directamente
observable o no |
Directamente
observable |
DURACION |
Prolongado
(crónico) |
Prolongado
o puntual (crónico o agudo) |
EFECTOS
SOBRE EL SUJETO |
Forma
y deforma la personalidad |
Corroe
la personalidad |
RESILIENCIA
DEL SUJETO |
Se
mina su desarrollo |
Quizás
se ha podido desarrollar y activarse |
ESCAPATORIA
DEL SUJETO |
Imposible
(por juego de lealtades o identificación con
el agresor) |
Puede
darse alguna posibilidad de escape |
VINCULOS
DEL SUJETO |
Sin
vínculos compensatorios |
Posibilidad
de vínculos compensatorios |
TENDENCIA
REPETICION DEL SUJETO |
Presente |
Presente
o ausente |
PSICOPATOLOGÍA
RESULTANTE EN EL SUJETO |
Siempre
presente pero de carácter constituyente y más
grave: patologías del carácter, psicosomáticas,
identificación con el agresor, tendencias suicidas
crónicas, estados disociativos, tendencias psicóticas. |
Siempre
presente pero de carácter reactivo y menos grave:
trastornos adaptativos, trastornos de ansiedad, fracaso
escolar o laboral, etc. |
EJEMPLOS |
Atmósfera
familiar permanente "no democrática",
imposibilidad de "apego seguro", negligencia
crónica, abandono, padres con enf. mentales
crónicas (depresivos, caracteriales, suicidas)
, etc. |
Gritos,
descalificaciones, amenazas ocasionales al vinculo,
respuestas "no democráticas", rechazo,
incomprensión, negligencia ocasional, etc. |
Quedan
muchas cosas por decir, entre ellas algunas de gran calado
como la posibilidad de que la terapia psicoanalítica
reactive y repita los traumas relacionales (Berkowitz, 1999)
o no, en función, sobretodo, de la acción empática
del terapeuta. Pero creemos que para terminar será suficiente
recordar la tesis central de este trabajo: los pacientes, todos
los pacientes, los nuestros y los que se tratan mediante métodos
puramente psiquiátricos presentan mas traumas en la
base de su psicopatología de lo que es habitual reconocer.
Como psicoanalistas y psicoterapeutas debemos de estar atentos
a los diversos tipos de traumas que nuestros pacientes han
podido sufrir, darles categoría de eventos reales, considerarlos
como agentes etiológicos de primer orden y dirigir una
parte de nuestros esfuerzos terapéuticos a la restauración
de la confianza del paciente en sí mismo, en los demás
y en el entorno.
Referencias.
-
Abelló N.
y Poch, J. (1992). La unitat originària:
Fallida del seu funcionament. Revista Catalana de Psicoanàlisi,
9, 99-108.
-
Albarracín,
D. (1996). Hacia una teoría integradora
de la violencia con menores: causas complejas y consecuencias
contingentes. En: J. Buendia (Ed.). Psicopatología
en niños y adolescentes. Desarrollos actuales.
Madrid: Pirámide, (pp. 101-120).
-
Abraham,
K. (1907). La experiencia del trauma sexual
como una forma de actividad sexual. En: Selected papers.
London: Hogarth Press (1965).
-
American
Psychiatric Association (1952). Diagnostic and
statistical manual of mental disorders I. Washington:
APA.
-
American
Psychiatric Association (1968). Diagnostic and
statistical manual of mental disorders II. Washington:
APA.
-
American
Psychiatric Association (1980). Diagnostic and
statistical manual of mental disorders III. Washington:
APA.
-
Anatoly,
C. y Alexey, C. (1994). Structure of emotionality
in children who are exposed to radioactive pollution
in Chernobil area. Comunicación presentada en
la 15th International Conference of the Stress and Anxiety
Research Society, Madrid, 14-16 de Julio.
-
Balint,
M. (1969). Trauma and object relationship. International
Journal of psychoanalysis, 50, 429-435. Barudy, J. (1998).
El dolor invisible de la infancia. Una lectura ecosistémica
del maltrato infantil. Barcelona: Paidós.
-
Beck,
J.C. y van der Kolk, B. (1987). Reports of chilhood
incest and current behavior of chronically hospitalized
psychotic women. American Journal of Psychiatry, 144,
1474-1476.
-
Bettelheim,
B. (1956). Chilhood schizophrenia as a reaction
to extreme situations. American Journal of Orthopsychiatry,
26, 508-518.
-
Bettelheim,
B. (1967). The empty fortress: Infantile autism
and the birth of the self. New York: Free Press. Traducción
castellana: La fortaleza vacía: El autismo infantil
y el nacimiento del sí mismo. Barcelona: Laia,
1972.
-
Berkowitz,
R. (1999). The potential for trauma in the transference
and countertransference. En: S. Johnson y S. Ruszcynski
(Eds): Psychoanalytic Psychotherapy in the independent
tradition. London: Karnac (pp.111-132).
-
Birmes,
P., Hatton, L., Brunet, A. y Schmitt, L. (2003). Early
historical literature for post-traumatic symptomatology.
Stress and Health, 19, 17-26.
-
Bowlby,
J. (2001). Una base segura. Aplicaciones clínicas
de una teoría del apego. Buneos Aires: Paidós.
-
Briole,
G., Lebigot, F. y Lafont, B. (1998). Psychiatrie
militaire en situation opérationnelle. Paris:
Addim.
-
Carver,
S.C. (1994). Coping with hurricane Andrew. Conferencia
invitada en la 15th International Conference of the Stress
and Anxiety Research Society, Madrid, 14-16 de Julio.
-
Cazabat,
E. H. (2001). Un breve recorrido por la traumática
historia del estudio del trauma psicológico. Trabajo
presentado en el 21 Congreso Virtual de Psiquiatría.
Disponible en: www.psiquiatria.com.
-
Cazabat,
E. H. (2002). Efectos del trauma prolongado
en la infancia. Trabajo presentado en el 3er Congreso
Virtual de Psiquiatría. Disponible en: www.psiquiatria.com.
-
Classen,
C., Koopman, C. y Spiegel, D. (1993). Trauma
and dissociation. Bulletin of the Menninger Clinic, 57,
179-194.
-
Davidson,
J.R.T. y Foa, E.B. (1993). Posttraumatic stress
disorder: DSM-IV and beyond. Washington: American Psychiatric
Press.
-
Echeburua,
E. (2004). Superar un trauma. El tratamiento
de las víctimas de sucesos violentos. Madrid:
Pirámide.
-
Erktin,
E. y Satoshi, S. (2000). Earthquake Simposium.
Presentado en la 21th International Conference of the
Stress and Anxiety Research Society, Bratislava, 20-22
de Julio.
-
Everill,
J. T. y Waller, G. (1995). Reported sexual abuse
and eating psychopathology: A review of the evidence
for a causal link. International Journal of Eating Disorders,
18, 1-11.
-
Everill,
J. T., Waller, G. y MacDonald, W. (1995). Reported
sexual abuse and bulimic symptoms: The mediting role
of dissociation. Dissociation, 8, 155-159.
-
Everly,
G.S. y Lating, J.M. (1995). Psychotraumatology.
New York: Plenum Press.
-
Ferenczi,
S. (1908). Interpretación y tratamiento
psicoanalítico de la impotencia psicosexual. En:
Obras Completas, Tomo: I. Madrid: Espasa Calpe.
-
Ferenczi,
S. (1927). The adaptation of the family to the
child. En: Final contributions to the problems and methods
of psychoanalysis. London: Karnac Books. Traducción
castellana: La adaptación de la familia al niño.
En: Obras Completas, Tomo: III. Madrid: Espasa Calpe.
-
Ferenczi,
S. (1929a). The unwelcome child and his death
instinct. En: Final contributions to the problems and
methods of psychoanalysis. London: Karnac Books. Traducción
castellana: El niño mal recibido y su impulso
de muerte. En: Obras Completas, Tomo: IV. Madrid: Espasa
Calpe.
-
Ferenczi,
S. (1929b). The principle of relaxation and
neocatharsis. En: Final contributions to the problems
and methods of psychoanalysis. London: Karnac Books.
Traducción castellana: Principio de relajación
y neocatarsis. En: Obras Completas, Tomo: IV. Madrid:
Espasa Calpe.
-
Ferenczi,
S. (1932a). Reflexiones sobre el traumatismo.
En: Obras Completas, Tomo: IV. Madrid: Espasa Calpe.
-
Ferenczi,
S. (1932b). Clinical Diary. Cambridge: Harvard
University Press, 1988. Traducciones castellanas: Diario
Clínico. Buenos Aires: Conjetural, 1988 y Amorrortu,
1997.
-
Ferenczi,
S. (1932c). Confusion of tongues between adults
and the child. En: Final contributions to the problems
and methods of psychoanalysis. London: Karnac Books.
Traducción castellana: Confusión de lengua
entre los adultos y el niño. En: Obras Completas,
Tomo: IV. Madrid: Espasa Calpe.
-
Finkelhor,
D. (1984). Child sexual abuse: New theory and
research. New York: Free Press.
-
Freud,
S. (1897). Carta a Fliess del 21.IX. En: Obras
Completas; vol: I. Buenos Aires: Amorrortu.
-
Freud,
S. (1920). Informe sobre la electroterapia de
los neuróticos de guerra. En Obras Completas,
vol. XVII. Buenos Aires: Amorrortu.
-
Freud,
A. (1936). The ego mechanisms of defense. New
York: International University Press. Traducción
castellana: El Yo y los mecanismos de defensa. Buenos
Aires: Paidos, 1950.
-
Friedman,
M. (1996). PTSD: Diagnosis and treatment for
mental health clinicians. Community Mental Health Journal,
32, 173-189.
-
Gershuny,
B. S. y Thayer, J. F. (1999). Relations among
psychological trauma, dissociative phenomena, and trauma-related
distress: A review and integration. Clinical Psychology
Review, 19, 631-657.
-
Greenacre,
P. (1958). Toward an understanding of the physical
nucleus of some defense mechanism. International Journal
of Psychoanalysis, 39, 69-76.
-
Hall,
L. A., Sachs, B, Rayens, M.k. y Lutenbacher, M. (1993). Childhood
physical and sexual abuse: Their relationship with depressive
symptoms in adulthood. Image: The Journal of Nursing
Scholarship, 25, 317-323.
-
Herman,
J. (1997). Trauma and recovery. The aftermath
of violence from domestic abuse to political terror.
New York: Basic Boks.
-
Hoffer,
W. (1952). The mutual influences in the devolopment
of the ego and the id. The Psychoanalytic Study of the
Child, 5, 18-23.
-
Kempe,
R. y Kempe, H. (1978). Child abuse. London:
Fontana. Traducción castellana: Niños maltratados.
Madrid: Morata, 1979.
-
Kessler,
R. C., Sonnega, A. y Bromet E. (1995). Posttraumatic
stress disorder in the National Comorbidity Survey. Archives
of General Psychiatry, 52, 1048-1060.
-
Khan,
M. (1963). The concept of cumulative trauma.
En: The Privacy of the Self. Madison: International University
Press (pp. 42-58).
-
Kohut,
H. (1971). The analysis of the Self. Madison:
International University Press. Traduccion castellana:
Análisis del Self. Buenos Aires: Amorrortu.1977.
-
Mancini,
C., Van Ameringen, M. y MacMillan, H. (1995). Relation
of childhood sexual and physical abuse to anxiety disorders.
Journal of Nervous and Mental Disease, 183, 309-314.
-
March,
J.S. (1993). What constitutes a stress? The
criterion A issue. En: Davidson, J. R. T. y Foa, E. B.
(Eds.): Posttraumatic stress disorder: DSM-IV and beyond.
Washington: American Psychiatric Press. pp. 37-54.
-
Muenzenmaier,
K., Meyer, I. y Struening, E. (1993). Childhood
abuse and neglect among women outpatients with chronic
mental illness. Hospital and Community Psychiatry, 44,
666-670.
-
Mueser,
K., Salyers, M. y Rosenberg, S. (2001). Psychometric
evaluation of trauma and posttraumatic stress disorder
assessments in persons with severe mental illness. Psychological
Assessment, 13, 1111-1117.
-
Penk,
W. y Robinowitz, R. (1987). Post-traumatic stress
disorders among Vietnam veterans. Journal of Clinical
Psychology, 43, 3-5.
-
Ross,
C. A., Anderson, G. y Clark, P. (1994). Childhood
abuse and the positive symptoms of schizophrenia. Hospital
and Community Psychiatry, 45, 489-491.
-
Sabo,
A. N. (1997). Etiological significance of association
between chilhood trauma and borderline personality disorder:
Conceptual and clinical implications. Journal of Personality
Disorders, 11, 50-70.
-
Shatan,
C. (1975). War babies: Delayed impact of warmaking,
persecution, and disaster on children. American Journal
of Orthopsychiatry 45, 289-295.
-
Solomon,
E. P. y Heide, K. M. (1999). Type III trauma:
toward a more effective conceptualization of psychological
trauma. International Journal of Offender Therapy and
Comparative Criminology, 43, 202-210. Spiegel, D. y Cardena,
E. (1991). Disintegrated experience: The dissociative
disorders redefined. Journal of Abnormal Psychology,
100, 366-378.
-
Spitz,
R. (1957). No and yes. New York: International
University Press. Traducción castellana: No y
sí. Sobre la génesis
de la comunicación humana. Buenos Aires: Paidós,
1960.
-
Stein,
H.t. y Edwards, M. E. (1998). Classical adelrian
theory and practice. En: P. Marcus y A. Rosenberg (Eds.):
Psychoanalytic versions of the human condition: Philosophies
of life and their impact on practice. New York: University
Press.
-
Stolorow,
R. D.y y Atwood, G. E (1992). Contexts
of Being. The intersubjective foundations of psychological
life. Hillsdale: The Analytic Press. Traduccion castellana:
Los contextos del ser. Las bases intersubjetivas de la
vida psíquica. Barcelona: Herder, 2004.
-
Terr,
L. C. (1991). Childhood traumas: An outline
and overview. American Journal of Psychiatry, 148, 10-20.
-
Terr,
R. C. (1995). Childhood traumas: An outline
and overview. En: G.S. Everly y J.M. Lating (Eds.): Psychotraumatology.
New York: Plenum Press (pp. 301-320).
-
Titze,
M. (1983). Fundamentos de teleoanálisis
adleriano. Barcelona: Herder.
-
Tucker,
W. M. (2002). How to include the trauma history
in the diagnosis and treatment of psychiatric inpatients.
Psychiatric Quaterly, 73, 135-144.
-
Van
der Kolk, B. A., McFarlane, A. C. y Weisaeth, L. (1996). Traumatic
stress: The effects of overwhelming experience on mind,
body and society. New York: Guilford.
-
Windle,
M., Windle, R. C., Scheidt, D. M. y Miller, G. B. (1995). Physical
and sexual abuse and associated mental disorders among
alcoholic inpatients. American Journal of Psychiatry,
152, 1322-1328.
-
Winnicott,
D. W. (1949). Los recuerdos del nacimiento,
el trauma del nacimiento y la angustia. En: Escritos
de pediatría y psicoanálisis. Barcelona:
Laia (pp. 241-265).
-
Winnicott,
D. W. (1965). El concepto de trauma en relación
con el desarrollo del individuo dentro de la familia.
En: Exploraciones psicoanalíticas I. Barcelona:
Paidós.
-
Yehuda,
R. y McFarlane, A. C. (1995). Conflict between
current knowledge about posttraumatic stress disorder
and its original conceptual basis. American Journal of
Psychiatry, 152, 1705-1713.
-
1.-
El vinculo de apego puede verse alterado de muchas
maneras, he aquí unas cuantas de las descritas por
Bowlby (2001): recibir amenazas de retirada del amor, de
ser abandonado, de suicidio de los padres, ser un hijo
no deseado por uno o los dos padres, pertenecer a otro
sexo del deseado por los padres, ser usado como chivo expiatorio
de una tragedia sobre la que se le atribuye la culpa, otras
inducciones de culpa (ej. tu madre esta enferma por tu culpa...),
ser convertido en figura de apego por un progenitor que
limita las posibilidades de exploración del mundo por parte del hijo, el cual
no puede acceder a otras relaciones mas allá de la del
progenitor, ser considerado hijo de un padre que no lo es (nacido
de una relación extramatrimonial de la madre), identificación
del hijo con un pariente indeseable o no soportado por los
padres, ser blanco de malos tratos físicos, sexuales,
etc.
-
2.-
De rechazo, autoritarias, dolientes, represivas, desesperadas,
humillantes, con desavenencias, competitivas, pretenciosas,
materialistas, sobreprotectoras, compasivas, incongruentes,
perfeccionistas, hipocondríacas, sexualmente estimulantes,
superidulgentes, etc.
-
que
en ciertos casos de alcoholismo en donde los síntomas
accesorios eran atribuidos usualmente al alcohol consumido,
los síntomas fundamentales estaban también presentes.
En estos casos, sintió que el mismo alcoholismo podía
entenderse como una manifestación secundaria del
proceso fundamental (esquizoide). Esto era igualmente verdadero
para otros síndromes predominantemente orgánicos
en donde los síntomas fundamentales subyacentes
debían
ser encontrados.
Inicio
Indice
|