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pingreenEros, Thánatos y Psique: Una complicidad triádica.

 

 

Carolina Serrano Barquín*
Francisco Salmerón Sánchez*

Héctor Serrano Barquín**

 

RESUMEN.

Se parte de personajes mitológicos para analizar la relación triádica entre erotismo/creación, sufrimiento/pulsión de muerte y psicoanálisis, disertación que hacen los autores desde sus diversas prácticas docentes y de investigación. Para ello se retoma la idea de que la creatividad no es coto de poder de algún campo disciplinar específico, que se puede abordar como proceso epistémico, comunicativo, artístico, sensoperceptual, inconsciente. Entrar al mundo de la creación es entrar al mundo de las posibilidades, para imaginar y recrear universos excluidos.

Palabras clave: creatividad, sufrimiento y psicoanálisis.

 

ABSTRACT.

This essay parts from mythological characters in order to analyze the triple relationship between eroticism/creation, suffering/death drive and psychoanalysis, a presentation made by the authors that begins from their various teaching and researching practices. The idea that creativity does not refer to some kind of power in certain disciplinary fields is enfolded, which may be addressed as an epistemic, communicative, artistic, sensory-perceptual, unconscious process. To enter into the world of creation is to approach a world of possibilities, to imagine and recreate excluded universes.

Key words: creativity, suffering and psychoanalysis.

 

Se analiza la relación triádica entre erotismo/creación, sufrimiento/pulsión de muerte y psicoanálisis, que los autores  ofrecen desde tres campos del saber: la creatividad, el arte y el psicoanálisis. Estas relaciones triádicas requieren imaginar el encuentro de posturas antagónicas: racional e irracional, lógico y absurdo, donde la mitología es un recurso explicativo y el inconsciente podrá metaforizarse a través de personajes alegóricos en los que la moral, las leyes y el tiempo se desvanecen, permitiendo así el vínculo entre mundos excluidos como la erotización/deserotización y la pulsión vida/muerte, aliados en el funcionamiento de la Psique humana. El ensayo inicia con la descripción de personajes mitológicos que, de manera breve e introductoria, permitirá la disertación desde una perspectiva multidisciplinaria para finalmente concluir con algunas reflexiones.

 

INTRODUCCIÓN.

El siguiente relato de la mitología griega plantea los elementos iniciales de discusión de este ensayo: Eros, dios del amor, el deseo y el sexo, se ve presionado por su madre, Afrodita, quien al enterarse de que hay una mujer más hermosa que ella, la princesa Psique, le pide que le clave a esta última una flecha oxidada para que se case con un ser bestial que la haga infeliz. “Psique entristeció porque la gente la trataba como a una diosa, y nadie era lo bastante osado para amarla como mujer y proponerle matrimonio” (Cheers, 2007:50). El rey, padre de Psique, preguntó al oráculo de Apolo por qué su hija no encontraba esposo; la respuesta fue aterradora, ya que ella debía vestirse de novia, subir a la montaña y desposar no a un hombre mortal sino a un monstruo venenoso. Cuando llegó a la cima de la montaña, fue llevada por el viento, entró en un castillo, comió y disfrutó la música; se fue a dormir sin saber quién era su esposo. Él la visitó por la noche, pero debido a la oscuridad no lo pudo ver. Así regresó todas las noches. Sus hermanas, celosas, le dijeron que debía matarlo porque estaba embarazada, y el manjar predilecto de los monstruos son las mujeres embarazadas. Una noche Psique prendió una lámpara y vio por vez primera el cuerpo de su esposo; a su lado yacía el dios del amor con forma de hombre, el más apuesto que había visto, pero cuando quiso besar su mano, se pinchó con una de sus flechas que sentenció su amor de por vida. Destinada a sufrir los castigos de Afrodita, pensó suicidarse; sin embargo, supo sortear todos los castigos impuestos por la diosa, y justo al enfrentar el último de éstos, aspiró el aire venenoso de la caja de la belleza y cayó agonizante. Eros, dispuesto a enfrentar a su madre y a rescatar a Psique, voló hacia ella y extrajo de su cuerpo el aire letal; la llevó ante Zeus, quien le ofreció ambrosía, exquisito manjar que la tornó inmortal, y le brotaron alas de mariposa (Cheers, 2007).

Por ello, Psique, la princesa enamorada de Eros, representa el alma o la mente. En griego, psycho significa soplar, de este verbo se forma el sustantivo ψυχή, hálito o aliento que exhala al morir el ser humano y que, al dejar el cadáver, pervivía de modo fantasmal; así, según Homero, al que muere le sale una mariposa (psyché) por la boca al exhalar. Este hálito mortal la relaciona necesariamente con Thánatos, representante de la muerte no violenta, hijo de la noche, gemelo de Hipnos, el sueño, criaturas de la oscuridad, que cada noche discutían a qué mortal se llevarían, pero Hipnos trataba de anular la sentencia de su hermano, con el sueño.

En la teoría psicoanalista, Thánatos es la pulsión de muerte (para Freud era el deseo de abandonar la lucha por la vida) que se opone a Eros, la pulsión de vida; amor, creación y erotismo. El medio que vincula estos personajes es el cuerpo; un cuerpo erotizado aspira a la vida, a la creación; mientras que un cuerpo deserotizado, en sufrimiento procura su muerte; de esta forma las sensaciones de dicha o sufrimiento son estados psíquicos que nuestro aparato anímico permite.

El erotismo para Morin (2003) es la relación entre la mente y el sexo, desborda las partes genitales, se apodera del cuerpo que deviene todo entero excitante, perturbador, apetitoso, emocionante, provocador, exaltador, y puede sublimar aquello que, fuera de la lubricidad, parece inmundo. De tal suerte que el Eros, “que nunca ha conocido ley”, transgrede reglas, convenciones, prohibiciones. La mente perturbada por el sexo y perturbándolo (en la cabeza-a-cola Psique-falo) se erotiza. El Eros va a proyectarse y expandirse por todas partes, incluidos los éxtasis religiosos; va a extraviarse en los fetichismos. La atracción erótica deviene fuente de complejidad humana, desencadenando encuentros improbables entre clases, razas, enemigos, amos y esclavos.

“El Eros irriga mil redes subterráneas presentes e invisibles en cualquier sociedad, suscita miradas de fantasmas que se levantan en cada mente. Opera la simbiosis entre la llamada del sexo, que procede de las profundidades de la especie, y la llamada del alma que busca adorar” (Morin, 2003: 45).

1. DISERTACIÓN
Analizar estos tres personajes mitológicos con las categorías erotismo/creación, sufrimiento/pulsión de muerte y psicoanálisis requirió abandonar posturas dualistas, como aquella de cuerpo y alma: blanco o negro.

“El estereotipo se instala maniqueamente entre el bien y el mal, entre lo positivo y lo negativo, entre lo permitido y lo prohibido, entre la salud y la enfermedad. No se permiten variantes, alternativas, posibilidades, mezclas. Nada puede ser relativo o prestarse a la duda” (Núñez, 2008: 41).

Así, estudiar la intersección de tres grandes temas: el arte, la locura y el amor implica revisar sus complejidades, pues como propone Pérez-Rincón (2006), las simples flechas causales que se explican no funcionan, ya que las tres se mezclan. De esta forma, al emplear la dicotomía arte-ciencia, que la cultura helénica no tenía, como en los estudios de la especialización hemisférica que refieren el predominio del hemisferio cerebral derecho a la creación artística, emotividad e intuición, y el izquierdo, lógico y analítico, a la ciencia, se “corre el riesgo de generar un nuevo planteamiento de neuromitología, [que] fácilmente se torna en un falso maniqueísmo simplificador” (Pérez-Rincón, 2006:13).

De tal modo que para relacionar estos elementos (los tres personajes mitológicos y las tres categorías de análisis) también se utilizaron, de manera muy básica, tres aproximaciones metodológicas: el pensamiento complejo de Edgar Morin (1988, 1993 y 2003), la interpretación semiótica de Charles Sander Peirce (1998) y el psicoanálisis freudiano (Freud, 1976).

Para Edgar Morin (1993), el conocimiento comporta información y estructuras teóricas que le dan sentido. Si hay demasiada información encerrada en estructuras mentales simplificadoras, como en el caso del momento presente, se favorece el desconocimiento de los individuos. En la actualidad hay conocimientos muy fragmentados y divididos, pero muy poco conocimiento reflexivo-complejo. Esto provoca un aumento de la incertidumbre y un progreso de la ignorancia. Así, el mundo es simplificado desde el marco de acción de cada disciplina; sin embargo, lejos de toda reducción, el mundo interactúa de forma compleja.

Según Morin (1993), se requiere ver lo que en una percepción normal es invisible y transformar la visión de un fenómeno evidente en un fenómeno asombroso. Se necesita una nueva consideración que destrivialice la percepción (ver de otro modo lo que todo mundo ha visto; descubrir una cosa que es invisible para todos es una conquista cognitiva que comporta invención y creación). En la noción de invención hay una connotación de ingeniosidad (estrategia), y en la creación, una connotación de potencia organizadora sintética (concepción de un nuevo concepto, que revoluciona la imaginación creativa, modifica principios y reglas). De hecho, “ver lo que todo el mundo ha visto” necesita la nueva concepción “pensar lo que nadie ha pensado”, lo que desencadena la integración en la percepción, y con ello la modificación de lo que anteriormente resultaba invisible, aunque visto.

La creatividad es un término recientemente acuñado, cuyo origen es el mismo hombre, deambula entre mitos y saberes, de práctica o cualidad hasta concepción epistémica. Se le relaciona con la inteligencia y el conocimiento, “el cual, no se crea en la seguridad, sino en la incertidumbre, alimentada por múltiples saberes, siempre relativos. La creatividad implica posibles desplazamientos argumentales de futuras significaciones”(1). Desde esta óptica, el pensamiento debe desplegar su complejidad y sus aptitudes creadoras, ya que al toparse con problemas que intenta resolver, encuentra rupturas, bloqueos, experimenta tormentos, turbulencias y corre el riesgo de la regresión o el delirio (Morin, 1988). Es acaso un estado delirante condición para el acto creativo.

Por otra parte, el pensamiento triádico que propone Peirce (1998) identifica al signo o representamen, al objeto y al interpretante que permiten la interpretación de significados y significantes. De esta forma, clasifica el método fundamental del razonamiento lógico en tres géneros: abducción, deducción e inducción. El pensamiento triádico es aquel que nos permite ir y venir de un tipo de pensamiento a otro, de un modo a otro, de un lugar a otro, y observar las relaciones entre los diferentes elementos ofrece posibilidades. Por ello, la creatividad podría ser una forma de pensamiento abductivo que se ve reflejada o aplicada en la transformación e interpretación de la realidad, por tal, es una característica trascendental del ser humano. Es la que facilitó las ideas para renunciar a las cavernas, dominar a las demás especies del planeta y diseñar opciones para la conquista del espacio.

La creatividad es cambio constante, es praxis que trasciende porque se origina en el propio agente y termina fuera de él; es poiesis porque agrega al ser algo que no existía, y ello, para los fines de este trabajo, se relaciona totalmente con el arte. Lo cual se puede asociar de manera importante con el campo de la psicología, específicamente con la clínica psicoanalítica, si se considera que esta disciplina y las diversas teorías psicoanalíticas se acercan metafóricamente al arte como creación.

Freud nos recuerda que la primera creación del niño (o niña) es la evocación de la madre ante su ausencia. El niño sigue creando en la fantasía del juego, en el deseo de ser esa ficción-verdad que él se inventa; el adolescente más tarde también se crea desde la fantasía una identidad, que puede o no darse, pero siempre antes se imagina, fantasea en su transformación e identidad imaginaria, ensaya, inventa, crea. El adulto abandona el juego y lo sustituye inconscientemente por el ensueño diurno –soñar despierto– para evitar la realidad, al igual que un neurótico cuando crea su síntoma –fóbico, histérico, obsesivo–, opuesto que todo síntoma es creación y, según Lacan, también es metáfora, porque representa algo, otra cosa que no es; el neurótico también inventa una ficción-verdad. El psicoanálisis muestra que la creación de “algo” sucede siempre. En cada sesión psicoanalítica se crea la interpretación del paciente, se hace el diagnóstico de su acontecer, de sus deseos; de lo emocional, intelectual, conductual y hasta psicopatológico. Al texto que elabora el paciente neurótico, el psicoanálisis freudiano lo denominó la novela del neurótico (De Certeau, 1995).

De este modo, nacemos como un cuerpo, considerado como una biología, según lo señala Freud (Laplanche y Pontalis, 1996). Es decir, tenemos un equipamiento más o menos instintual, que tiene que ver con el principio del placer, donde sólo existe Ello y también el otro. El otro primordial de nuestra existencia, la figura materna, enunciado por Lacan como el objeto “a” (Vallejo, 1986), que nunca escogimos y que a la vez nos determina en el ser del deseo, nos puede “equipar” para una vida de sufrimiento, o quizás, una vida experimentada como más placentera, y esto sucede a partir de lo que se instala en nuestro psiquismo inconsciente, a través del recorrido por caminos del proceso y estructura edípica, forma de determinismo psíquico que nos fue implantado por el (los) otro(s).

En la teoría de Melanie Klein (Segal, 1998), el determinismo psíquico quizá está relacionado con la incorporación del objeto o “los objetos” de manera inconsciente en nuestro psiquismo, lo que nos lleva a proyectar en la realidad exterior nuestro deseo; así, en la fantasía inconsciente, el objeto o los objetos pueden estar en conflicto permanente provocando que la persona proyecte en el exterior una especie de “determinismo objetal”.

La función del otro primordial es preparar al sujeto para la vida; la función materna es erotizar el cuerpo del infans, estimularlo al deseo, al deseo de vida, de arriesgarse a vivir, lo que relaciona esta configuración con Eros. La madre, o el otro primordial, y el bebé se relacionan en un vínculo consciente e inconsciente con el representante de su deseo, un vínculo que en el mejor de los casos se manifiesta, hacia el primer tiempo edípico, como una díada aparentemente indisoluble donde uno depende del otro; donde ambos están “pegados” en el deseo inconsciente. En todo este tiempo psíquico del complejo de Edipo, tiempo llamado imaginario, donde hay un yo ideal, que no sufre y que no tiene carencia o falta (por eso se llama ideal), se establecen relaciones de cuidado y protección que tienen que ver con la crianza del proyecto de sujeto.

En psicoanálisis, Freud conceptualiza la idea de sujeto del inconsciente, y se refiere a alguien, cualquier persona, que “al finalizar” su proceso de evolución psíquica inconsciente, dentro del Edipo, y aún antes, desde el proceso denominado represión primaria, permanecería sujetado a su inconsciente, que –recordemos– fue inscrito desde el otro, el otro primordial en su vínculo inconsciente. Con todo este acontecer, la madre erotiza y libidiniza el cuerpo del bebé, sea varón o mujer. Desde este tiempo primario inconsciente, que quedará borrado del campo del saber consciente del sujeto (debido al proceso de represión originaria) ya se puede hablar en psicoanálisis de erotización del cuerpo.

Poner energía libidinal a los objetos de manera inconsciente es lo que se denominó catexis, que enseña la cantidad y forma de afecto con el que libidinizamos los objetos: humanos, materiales, todos los objetos con los que nos identificamos, consciente e inconscientemente en la realidad exterior. Es la manera como nos sujetamos a la vida; nuestros pretextos para vivir tienen que ver con los objetos que libidinizamos, con los “objetos de catexis”.

Desde una perspectiva estética, el cuerpo erotizado motiva la creación; el cuerpo erotizado de la persona creativa seduce y cautiva convocando al otro que también podría estar erotizado/hechizado al compartir el objeto deseado. En esta relación hay placer del momento incierto, de la experiencia sensual que provoca este vínculo. El erotismo no es visible, no es epidérmico, es sensación pura, cualia. Sin embargo, ese cuerpo erotizado puede sufrir a través de las represiones su propia deserotización. Según Romero (1995), la deserotización del cuerpo es un proceso histórico-cultural, de dominación y adiestramiento de los instintos sexuales, así como un proceso de penalización social, de culpa o, en términos de Foucault (2001), de “tecnología del pecado”, del goce reprimido del cuerpo. Mientras que para Núñez (1999), existen ciertas disposiciones altamente valoradas por la sociedad; el cuerpo es una territorialización de la líbido que expresa en determinadas zonas erógenas una relación particular de alienación respecto al cuerpo, una subjetividad de férreas fronteras con problemas para intimar con los demás y desconocedora de su propia dinámica emotiva; por ello, vale la pena cuestionarse si la erotización o el sufrimiento son premisas para la creación.

Para Freud, el sufrimiento(2) tiene una connotación especial, pues como la vida nos es impuesta, resulta gravosa: nos trae dolores, desengaños, tareas insolubles. Para soportarla, no podemos prescindir de calmantes:

Los hay, quizá, de tres clases: poderosos distractores, que nos hagan valorar un poco nuestra miseria; satisfacciones sustitutivas, que la reduzcan, y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas (Freud, 1976:75).

Asimismo, postula que el sufrimiento nos amenaza desde tres lados:

Desde el cuerpo propio, que, destinado a la rutina y la disolución, no puede prescindir del dolor y la angustia como señales de alarma; desde el mundo exterior, que puede abatir sus furias sobre nosotros con fuerzas hiperpotentes, despiadadas, destructoras; por fin, desde los vínculos con otros seres humanos. Al padecer que viene de esta fuente lo sentimos tal vez más doloroso que cualquier otro [...] aunque acaso no sea menos inevitable ni obra de un destino menos fatal que el padecer de otro origen (Freud, 1976: 76-77).

Las diversas tríadas que permiten el análisis semiótico de las relaciones entre los personajes mitológicos, las categorías de análisis y sus vínculos(3) se exponen de manera resumida en la figura 1.

 

FIGURA 1. COMPLICIDAD TRIÁDICA.

 

CUALISIGNO
SINSIGNO
LEGISIGNO
Nivel sensorial: integración de sensaciones, pulsiones y comportamientos sígnicos, lo inefable Sufrimiento/pulsión de muerte: Thánatos Nivel objetual: el cuerpo, integración de gramáticas/Signos y síntomas corporales Erotismo/creación: Eros Nivel fáctico: integración simbólica de lo psicosomático, desplazamientos argumentales analíticos, nuevas metáforas interpretativas Psicoanálisis/Psique
Elaborado por: Carolina Serrano B.

 

La satisfacción pulsional puede conducir tanto a la dicha y al placer como al sufrimiento; deambula entre desplazamientos libidinales del aparato anímico que está íntimamente ligado al cuerpo. En lo psicosomático el conflicto mental es desaprobado y expulsado de la Psique, para ser, en su lugar, descargado a través del cuerpo y su funcionamiento somático; el cuerpo mismo o determinadas zonas o funciones son tratados inconscientemente como identidades independientes y, a veces, pertenecientes a otro o bajo su dominio. De este modo no se consideran propiedad del sujeto, sino pertenecientes a otro, a la madre de la primera infancia. McDougall (1978) sostiene que la vulnerabilidad psicosomática aumenta notablemente a raíz de cualquier perturbación en nuestra economía narcisista. Cuanto más frágil es nuestro equilibrio narcisista, más fácilmente tendemos a acabar con la tensión externa e interna mediante algún tipo de conducta acting out o en un acto sintomático de somatización. En este último el sujeto suele permanecer ajeno a sus conflictos mentales y a su dolor psíquico, y raros son los pacientes que piensan que sus enfermedades fisiológicas son también enfermedades psicológicas.

De lo anterior se desprende la interacción entre creatividad y arte, ya erótico o de cualquier género y estilo, con las pulsiones, el deseo de procurarse una corporeidad erotizante, ya propia, ya en otro, expresado mediante un cuerpo ajeno y complementario, o bien a través de una manifestación estética, en la que convergen mitos ancestrales que a su vez, a modo de respuestas, son recogidos por el psicoanálisis. Así, Thánatos inspira aquellas obras artísticas que, desde el campo de la creatividad, implican en su concepción la lucha entre las fuerzas destructivas del artista con las de orden positivo representadas por Eros, donde la creación estética requiere tanto de dosis de sufrimiento (al fin es una forma de parir), como de idealizaciones y simbolizaciones, en ocasiones antagónicas, pero sin duda placenteras e inasibles, al menos en la búsqueda inicial que implica todo acto creativo y que, generalmente, en el arte se expresa en dos dimensiones: exploración objetual y concreción virtual. De este modo los desplazamientos desde el dolor hasta el placer del cuerpo erotizado y su representación estetizada constituyen la gama de estados de ánimo, pulsiones, sensaciones, motivaciones y búsquedas “inspiradoras” dentro de la contradictoria creatividad humana que caracteriza al artista en lo individual, por no decir en su soledad, pero que a su vez resulta ser el transmisor de los deseos y aspiraciones colectivas. Así, autores como Bourdieu (1984) examinan la construcción del gusto o del sentido estético social a partir de la interacción del objeto, para este caso el sinsigno con el legisigno, es decir, con la validación o legitimación colectiva que se cierra con la tríada generada a partir del cualisigno, cuyo origen es el nivel sensorial, que de suyo es siempre inaprensible.

 

2. REFLEXIONES FINALES.

Dado que las relaciones entre las subestructuras psíquicas inconscientes (yo, ello, superyó) son siempre de tensión psíquica entre la demanda-deseo que se hace y la respuesta ofrecida desde la realidad-ficción, fundamentalmente la idea de normalidad y anormalidad no tiene pertenencia científica, ni el sufrimiento y la creación tienen identidad epistémica, por ello los autores ofrecen una aproximación interdisciplinaria del sufrimiento psíquico y su vínculo con la creación a través del psicoanálisis. La diferencia para el caso de la creatividad artística radica en la “traducción” de deseos y búsqueda de placeres que trasciende de un imaginario individual al colectivo, al deseo social, como sería el caso del desnudo femenino, un tema recurrente en la estética de todos los tiempos, que con enorme potencia reduce o sintetiza las ideas colectivas de un cuerpo erotizante a un lienzo, en una defectuosa materialización del deseo y de la libido; aunque conviene aclarar que desde la óptica de los estudios de género, se construye el cuerpo femenino para ser representado y consumido sólo por el género dominante, dejando de lado la capacidad erotizante del cuerpo masculino dentro del deseo de la mujer o, al menos, de lo que se puede deducir de miles de cuerpos desnudos femeninos contra una ausencia evidente de cuerpos masculinos erotizados que han sido producidos por artistas mujeres en las últimas décadas.

Reflexionar sobre el deseo del neurótico representa la necesidad de replantear el pensamiento complejo en relación con la creación del síntoma, considerar lo real inconsciente, o más bien esperar su evocación, encontrar su sentido para el yo del sujeto, cuestionarse el dolor psíquico, analizar y entender el deseo inconsciente del sujeto y su vínculo con el sufrimiento del yo; así como la relación con el goce inconsciente y la otredad representa enfrentarse con la complejidad del deseo humano.

Nuestra creación implica, además del pensamiento lógico y racional, el pensamiento divergente, la libre asociación de ideas, el no sujetarse a las teorías, a lo superficial, a lo consciente únicamente, o a nuestro deseo, como ya se mencionó es la complementariedad de estos mundos antagónicos. Así pues, se busca tratar de ser intuitivos, imaginativos, libres, espontáneos, neutrales en nuestro juicio y emocionalidad, inventar otra idea, otra interpretación. Cuestionarse si existe una realidad inconsciente y otra consciente, una interna y otra externa nos remite a pensar paradójicamente si es real la realidad. Con ello, queremos plantear la idea probable de un cuerpo deserotizado, no libidinizado en relación con (Eros-vida-objetos). Un acercamiento se puede encontrar en las formas depresivas, melancólicas, entre otras muchas enfermedades mentales, rasgos o síntomas en la psicopatología. En algunas “creaciones” de neurosis, perversión o psicosis se puede manifestar un cuerpo sufriente, y a la vez un goce inconsciente, que exhibe la deserotización, simultáneamente con la ¿libidinización? de la pulsión de muerte, Thánatos. He aquí otra paradoja.

Las referencias mitológicas de tradición grecolatina, al fin cultura antropocéntrica, siempre han estado vinculadas al psicoanálisis, lo que se desprende de la cualidad humana(4) de estos dioses, quizá irrepetible en la historia de la humanidad e inviablemente apartada del maniqueísmo tradicional. Estas divinidades fueron configuradas a “imagen y semejanza” del hombre común; siempre estuvieron alejados de la solemnidad, severidad e infalibilidad del resto de los dioses de la gran mayoría de las religiones; de ahí su trascendencia para explicar o examinar la conducta del ser humano a partir de mitos como los referidos en este ensayo.

Con ello también se abre la posibilidad de lograr beneficios hacia la comunidad, ya que se abonaría para lograr entornos de mayor tolerancia social y elementos más explicativos para entender las relaciones entre cuerpo, erotización y equilibrio emocional por un lado y, por el otro, las formas para potenciar la creatividad hacia planos positivos influidos en ciertas ocasiones por una inspiración que no necesariamente se desprende de ambientes boyantes y edénicos, sino, tal vez, de lo contrario.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bourdieu, P. (1984). Sociología y cultura. Grijalbo, México.

Cheers, G. (Ed.). (2007). Mitología. Todos los mitos y leyendas del mundo. Global Book Publishing-rba, Barcelona.

De Certeau, M. (1995). Historia y psicoanálisis. Universidad Iberoamericana, México.

Freud, S. (1976). “El malestar en la cultura”, en Obras completas XXI (1927-1931). Amorrortu, Buenos Aires.

Foucault, M. (2001). Historia de la sexualidad, Vol. I. Siglo XXI, México.

Laplanche, J. y J. B. Pontalis (1996). Diccionario de psicoanálisis. Labor, México.

McDougall, J. (1978). Teatros de la mente, ilusión y verdad en el escenario psicosomático. Julian Yerbens, México.

Morin, E. (1988). El método; el conocimiento del conocimiento. Cátedra, Madrid.

Morin, E. (1993). El método; la vida de la vida. Cátedra, Madrid.

Morin, E. (2003). El método; la humanidad de la humanidad. Cátedra, Madrid.

Núñez, G. (1999). Sexo entre varones, poder y resistencia en el campo sexual. El Colegio de Sonora, pueg/unam, México.

Núñez, E. (2008). “Sida y toma de conciencia: un cine comprometido”, Ciencia Ergo Sum. Vol. 16, Núm. 1, marzo-junio. AUEM, México.

Peirce, Ch. S. (1998). El hombre un signo. Grijalbo, Barcelona.

Pérez-Rincón, H. (2006). Eros y Psique. En las fronteras de la psicopatología y la creación. Textos mexicanos, México.

Romero, E. (Org). (1995). Corpo, mulher e sociedade. Papirus, Sao Paulo.

Segal, H. (1998). Introducción a la obra de Melanie Klein. Piadós, México.

Vallejo, A. (1986). Vocabulario de psicoanálisis lacaniano. Paidós, México.

 

Carolina Serrano Barquín*, Francisco Salmerón Sánchez* y Héctor Serrano Barquín**

* Facultad de Ciencias de la Conducta, Universidad Autónoma de México, México.

** Facultad de Arquitectura y Diseño, Universidad Autónoma de México, México.

 

Correo electrónico:

carolinasb@hotmail.com;

salmeron29.psicoa@hotmail.com

hector_sb2005@yahoo.com.ar

 

Publicado en: CIENCIA ergo sum, Vol. 17-3, noviembre 2010-febrero 2011. Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, México. Pp. 327 - 332.

 

Notas:

1.- Entrevista con Humberto Chávez Mayol, fotógrafo e investigador del Centro Nacional de Información y Documentación para Investigación en Artes Plásticas, México: Instituto Nacional de Bellas Artes, 2004.

2.- Es que al fin todo sufrimiento es sólo sensación, no subsiste sino mientras lo sentimos, y sólo lo sentimos a consecuencia de ciertos dispositivos de nuestro organismo (Freud, 1976:77) que de manera análoga sería desde la semiótica persiana la cualidad, cualia, el cualisigno.

3.- En la teoría de los signos de Peirce, todo signo está integrado por tres correlatos, el representamen, el objeto y el interpretante. En su primera tricotomía de signos, explica que el cualisigno es la cualidad del signo, el sinsigno es una cosa o evento real y verdaderamente existente, es un signo y el legisigno es una ley o norma. De tal suerte que el signo, el síntoma y el símbolo se relacionan con procesos psíquicos como la elaboración, la interpretación y la abstracción.

4.- Gordon Cheers (2007:17) refiere que “estos dioses (los griegos) no eran seres éticos. Se describían mejor como energías cuyo uso los seres humanos podían juzgar correcto o incorrecto, justo o injusto, pero empleaban sus poderes sin regirse por ningún sistema moral… los dioses griegos son los más humanos de las deidades mitológicas ... Aceptar a un dios como amante solía conducir al sufrimiento y a la muerte, pero resistirse a sus atenciones era garantía de un sino ingrato”.

 

 

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