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El Sentido de Enfermedad. Georg
Groddeck
Traducción.
Angel Cagigas Balcaza.
Enfermedad
y salud se perciben como contrarios. No lo son, no mas que
el calor y el frío por ejemplo así como estos
son expresión de diferentes
longitudes de onda de una misma radiación, la enfermedad y la salud son
formas de expresión de una misma vida. La enfermedad no proviene de fuera,
no es un enemigo sino una creación del organismo, del Ello.
El Ello-
o podemos llamarlo la fuerza vital, el si mismo o el organismo-,
del que nada sabemos y del que nunca conoceremos nada mas que
alguna de sus manifestaciones, quiere expresar algo mediante
la enfermedad, estar enfermo tiene que tener un sentido.
Es imposible
establecer este sentido con validez general, imposible porque
no hay un limite firme entre enfermo y sano porque no podemos
decir que la enfermedad empiece aquí y la salud acabe
allá ni siquiera teóricamente,
como podemos hacer por ejemplo con el grado cero al medir la temperatura. Por
ultimo, como con todas las cosas solo podemos establecer el sentido que tiene
la enfermedad para los seres humanos, en realidad solo lo que sentimos individualmente,
una hormiga o un roble atribuyen otro sentido a esta manifestación vital
que la que le dan los seres humanos. Pero con todo la cuestión del sentido
de la enfermedad tiene valor practico, valor para el medico y debe entenderse
por medico todo aquel que trata sea consejero privado o medico rural, sacerdote,
curandero, magnetizador, anciana o simplemente madre. Esto tiene que ver con
el aspecto oficial del titulo de medico, no con el concepto, estaría
bien que la atención general sobre esta cuestión se dirigiese
hacia la interpretación de la enfermedad y que se intentase encontrar
al menos una respuesta provisional.
... ya
podemos sacar algunas conclusiones sobre el sentido de la enfermedad,
en primer lugar - y sostengo que esta sentencia es valida para toda enfermedad,
de cualquier tipo y de cualquier edad- el sentido de la enfermedad es la advertencia
no sigas viviendo como lo que te propones hacerlo y esta advertencia se intensifica
llegando según los casos hasta la coacción o el amparo, al final
incluso a la muerte. El Ello irrumpe entre los múltiples instintos reñidos
del organismo, limita su poder, y acaba con la lucha mediante la enfermedad
y la convalecencia, o la deja perdurar estrechamente confinada como una afección
crónica, o acaba con el combate entre los diferentes bandos mediante
la muerte. En la enfermedad resuena la voz de mando del Ello ordenando a alma
y cuerpo, órganos, tejidos y células a todas sus creaciones:¡ Hasta
aquí hemos llegado!
También
nos podemos imaginar al Ello de otra forma y atribuirle otro
papel, por ejemplo el de la reflexión: la cosa no marcha, no quiero seguir
teniendo la responsabilidad de lo que suceda con mi creación y en mi
ella, este hombre, así que volveré a ser un niño, le endosaré la
responsabilidad de nuevo a la madre, o a quienes se jactan de que pueden hacerse
responsables, el medico, la enfermera, las personas que se tienen por adultas,
sabias, fuertes. Así en la enfermedad se expresa el deseo de ser pequeño,
de recibir ayuda, de tener una madre, de ser inocente.
Si es verdad que el sentido de la enfermedad es entre otras cosas una advertencia
de peligro, entonces la cuestión es cual sea este peligro común
a toda la humanidad.
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