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pingreenUna forma del Odio Arcaico en la Transferencia: De la desesperación, la desesperanza y la erotización.

 

Vivián Rimano(1).

 

RESUMEN

A partir del trabajo con pacientes con “Trastornos psicosexuales de inicio en la infancia”, ya sea con los que he visto en su niñez como los que luego consultan de adultos, me he encontrado con momentos donde la transferencia confronta al analista con una forma particular del odio que yo llamo arcaico. Por éste entiendo la destructividad que surge en el sujeto a partir de experiencias traumáticas en los momentos fundantes del psiquismo, una forma de este odio estaría vinculada a las identificaciones alienantes padecidas. Pienso en torno a cómo esto se actualiza en los movimientos transferenciales contratransferenciales y las dificultades de su procesamiento.

Nos enfrentamos pues en estos casos, a un intenso trabajo con los obstáculos en el desarrollo de la subjetivación, con las heridas identitario narcisistas, con los procesos de desidentificación, y a una forma de solución frente a la desesperación de “no existir” como es la erotización.

 

PRESENTACIÓN

A partir del trabajo con pacientes con “Trastornos psicosexuales de inicio en la infancia” ya sea con los que he visto en su niñez como los que luego consultan de adultos, me detendré a pensar en aquellas situaciones donde un tipo particular de conflicto psicopatológico muerde la identidad sexual y/o la elección de objeto.

El encuentro con estos pacientes me ha generado un sentimiento de perplejidad complejo, al principio puedo quedar capturada por una presencia femenina que en forma sutil o caricaturesca se me impone a la fuerza, o por un modo desafiante, provocador y/o promiscuo de vincularse, pero este momento se va destiñendo frente al impacto de los movimientos transferenciales cargados en algunas situaciones de una intensa hostilidad, desprecio, desconsideración, etc. Tengo la sensación de haber vivido varias veces este pasaje casi imperceptible de encontrarme frente a una mirada llena de odio, resentimiento y menosprecio, me es difícil transmitirles las imágenes de estos rostros marcados por estos afectos, que guardo en mi memoria…

¿De donde surge este odio? ¿Qué intenta decirnos cuando sacude el espacio analítico?

 

LOS PACTOS NARCISISTAS (2) DE LA IDENTIFICACIÓN PRIMARIA

En todos estos pacientes uno puede encontrar las marcas de un traumatismo primario, aquel que sobreviene en los momentos fecundos de la estructuración psíquica. Me gusta la teorización de Roussillon R. (1999) cuando habla de “Sufrimiento identitario-narcisista” refiriéndose a un estado de “agonía” que tranca el proceso de subjetivación, el sujeto sufre una amputación de su ser.

Todas las personas nacemos con una prehistoria desconocida, ignorada, incluso para quienes nos engendraron, ella nos espera paciente y silenciosa…De esta forma los deseos inconscientes parentales nos anteceden, Marucco N. (1978) habla de ello como la “forma pasiva de la identificación primaria” (ser identificado por el otro como…), Leclaire S. (1977) llama “representación narcisista primaria”, como aquello que preside a todo sujeto como un “astro” en su destino.

Comparto con Leclaire S. (1977) cuando dice que “Su majestad el bebé” puede contener al “niño maravilloso” y/o al “niño terrorífico”, en él podrán anidar de diferente forma todos los anhelos, nostalgias, esperanzas grandiosas de lo que los padres desean y aman, pero también puede estar habitado por lo odiado de sí mismos, odio que también puede surgir porque el hijo no colma las expectativas maravillosas, el niño maravilloso-amado es y debe ser efímero, es imposible de sostener en su idealidad y si no se depone rápidamente cambia de signo, de amado pasa a ser odiado. Lo ominoso que parasita en el psiquismo parental, también es afín a ejercer su omnipotencia tiránica en el psiquismo ajeno, estamos en el terreno de las identificaciones alienantes arcaicas (Baranger W, 1989)

El sujeto no tolera aceptar que no es amado, que es odiado por el objeto primario así porque sí, sin ninguna explicación posible, el sujeto busca alguna interpretación para este enigma, una forma frecuente es sentirse la causa de este odio, sentirse odiable, “yo soy el mal”, “yo soy lo malo”, donde todo el centro existencial queda coagulado en esta convicción.

Todo esto genera una imagen de si mismos particular, monstruosa, malformada, diabólica, execrable, maloliente, fecalizada, ello se hará presente de una forma particularmente intensa en la transferencia, la novela familiar que construyen impacta por lo sórdido de sus orígenes fantaseados. Uno de estos pacientes leyó en la sesión el nacimiento del personaje de la novela “El Perfume” (Suskind P., 1985) como si fuera su propia biografía; un inteligente niño de 8 años me dijo que su nombre verdadero era “Rip”, aunque nadie lo llamara de esa forma, cuando le pregunté de donde había salido ese nombre tan extraño, me respondió que él lo había visto muchas veces escrito en los dibujos de las tumbas de las historietas y de las películas…

El niño experimenta la paradoja según la cual si no encarna este tipo de identificación muere, la supervivencia psíquica parece depender de un pacto narcisista tanático con el otro (Roussillon R., 1999), para sobrevivir “soy” el niño maravilloso-terrorífico-ominoso que ellos aman-odian, a costa de la expropiación de la propia subjetividad (la otra muerte…)

Este pacto narcisista tanático será un punto nodal de nuestro trabajo analítico, pieza dura de roer pues con ello se selló el único modo posible de existencia.

En todos ellos la presencia de duelos no elaborados, encriptados (Torok M, Abraham N., 1976, 1987) se transmiten por su carácter de innombrables, indecibles o impensables (Tisseron S., 1995). Muchos de ellos son secretos familiares, otras veces se habló de estos acontecimientos, pero como sabemos en lo “dicho” se cuela lo imposible de decir, la forma en que se dice o se calla algo es donde reside el efecto secreto, efecto que sigue actuando como un cuerpo extraño, imposible de integrar a la subjetividad de los miembros de una familia.

 

EL NIÑO OMINOSO PARASITA AL NIÑO AFEMINADO

Por alguna razón de complejo entretejido, lo ominoso puede quedar adherido a la identidad sexual. En estos casos es la identidad sexual la que paga un alto precio para sostener la subjetividad amenazada por los deseos tanáticos del otro, lo destructivo se viste con los ropajes del “genero” masculino-femenino.

En una escucha superficial se podría oír que los padres deseaban tener una niña, pero lo que yo he encontrado en los casos con los que he trabajado, es que detrás de estas frases se anidan otros deseos inconscientes la mayoría de las veces trasmitidos transgeneracionalmente. No es el deseo libidinal de tener una hija mujer, sino el ataque a la masculinidad del hijo, masculinidad donde se deposita y anida lo ominoso desmentido. La feminización consentida, propiciada o forzada activamente, no es porque se valore o se ame lo femenino sino que es el medio para herir, humillar, maltratar, despreciar, sacrificar, la identidad-(masculina) del otro (otro que queda habitado por lo alienante desmentido). En la feminización del varón anidan pues muchas veces los más oscuros deseos tanáticos inconscientes de varias generaciones.

 

EL ODIO ARCAICO

Creo yo que estas son las raíces de lo que llamo como una forma del odio arcaico, odio que brota de las identificaciones primarias alienantes. Ahora bien, ¿cómo hablar con el odio? ¿Con odio? ¿Con ternura? ¿Con indiferencia? nada de esto, pero a su vez un poco de todo ello se hará presente inevitablemente. Ahora bien que entendemos por “presencia psíquica” del analista? Me gusta la idea de Roussillon (1999) cuando señala que el objeto deberá salir de la órbita de la destructividad para poder restablecer el contacto con el sujeto, para ello deberá mostrarse “creativo y vivo”, la presencia psíquica es por lo tanto profundamente activa.

La actividad requerirá de un cuidadoso trabajo contratransferencial, así por ej. la frecuente “devoción” del analista podría gatillar el sadismo del paciente, o una respuesta “tierna” del primero puede entorpecer la posibilidad de que el paciente contacte con el odio, lo reconozca como propio y se acerque a sus efectos (Rousillon R.) El analizando deberá sentir que el analista está tocado, no muerto en su indiferencia, con la amimia o la rigidez del parkinsonismo, “(…) pues sino se irá de la sesión como abandonando la escena de un crimen (…)” (Uturbey L, 2003). Aguantar no significará que la destructividad en la transferencia no tenga límites. Uno deberá moverse como un acróbata con los movimientos transferenciales-contratransferenciales, en alguna oportunidad he tenido que interrumpir la sesión frente al destrato de uno de éstos pacientes, o le hice limpiar el baño a un pacientito que frecuentemente lo dejaba sucio con materias fecales, o no le permitía que me hablara en forma despectiva. Sentía que era una forma de limitar su odio y que a su vez le transmitía una forma posible de defenderse a ellos mismos de los destratos a los que estaban sometidos. Muchas veces sentí que fue acertado hacerlo, que el paciente podía introyectar esta experiencia como algo “transformacional” (Bollas C, 1987), que fueron de alguna forma un “No” estructurante. Pero alguna vez también me equivoqué por no haber tenido en cuenta la posición masoquista que el paciente ocupaba en ese momento transferencial, lo que yo podía decirle era sentido como una forma de rezongo, castigo o retaliación, y no estaba errado en sentirlo!!! Ya que varias veces me descubrí actuando de esta forma, con lo cual no hacía más que satisfacer su demanda masoquista de castigo.

 

DE LA DESESPERACIÓN, LA DESESPERANZA Y LA EROTIZACIÓN

La desesperación lo único que sabe es gritar, como el grito del bebé abandonado entre las inmundicias, del personaje del Perfume, Esta es la raíz libidinal de la desesperación (García, J.2010), pero para que se convierta en llamado debe existir otro que la escuche y le de sentido, un otro “auxiliador” como lo trae Freud (1985).

Pero también es posible que cuando la desesperación parece no querer gritar más, el niño desesperado busca otros caminos para sobrevivir, la erotización es uno de los posibles (Rousillon, 1999), la sexualidad es generosa cuando de sobrevivir se trata. Cuando el paciente erotiza la desesperación, el niño que grita ya es en general, mucho más difícil de escuchar y de encontrar, los mecanismos perversos, las soluciones masoquistas, las llamadas “neosexualidades” (MCDuogall J, 1985) se entronan con un poder difícil de desarmar.

Parece que las ciudades saben mucho de éstas cosas, y todas tienen un sitio destinado donde algunos seres humanos llevan a pasear su desesperación, algunos parques se ofrecen durante la noche como un escenario donde acuden estos seres para actuar las más sórdidas pesadillas, la fantasía de un origen ominoso parece hacerse realidad, no es un sueño ni un delirio.

La desesperación y lo sórdido se dan cita en ese mundo oscuro, anónimo, sin rostros, poblado de objetos parciales, penes, bocas, lenguas, esperma, materias fecales, un puño introducido en un ano, pieles que se frotan hasta lastimarse (pellejos), ni afectos ni placer, es el reino del goce.

En cada uno de los guiones que sostienen las actuaciones de cada paciente, es posible encontrar una búsqueda imposible con el objeto primario que lo hirió mortalmente, la leche de un pecho bueno se transforma en esperma con Sida, la piel que acariciada se libidiniza se convierte en un frotamiento que despelleja, desolla. Como ya no hay esperanza de encontrar un objeto que se pueda amar y antes aún que enseñe a amar, el sujeto erotiza lo único seguro que puede sentir, el odio.

Recordemos a Stoller R (1986) cuando habla de las “formas eróticas del odio”, como una forma de triunfo omnipotente sobre lo destructivo, la humillación, el desprecio, el odio padecido, ninguno de ellos destruyen, muy por el contrario excitan, por lo tanto se consigue una prueba contundente de que se sigue vivo, se vive la ilusión megalomaníaca de mirar desafiantes el rostro de la muerte y escapar airosos de ella, cuando en realidad es a la propia muerte a la que se le antoja, a veces, dejarlos irse.

 

CONSTRUIR UNA APUESTA TRANSFERENCIAL ESPERANZADA

Si tuviera que decir cuál es mi foco de atención diría que es el trabajo con el “niño ominoso” y su correlato el niño desesperado y el desesperanzado, ello tanto, por supuesto, si es un niño o un adulto. La posibilidad de construir un vínculo libidinal, exige al analista y al paciente una ardua tarea, los procesos de desidentificación implican una fuerte sacudida narcisista, pues el paciente deberá transitar un duelo por la pérdida de las identificaciones alienantes que sostienen un frágil equilibrio identitario, esto necesita de mucho tiempo y cuidado, pues conlleva la amenaza de la pérdida de la identidad y de derrumbe psíquico. Esta tarea tendrá pues muchas veces un límite que no debemos franquear, una cosa es la desidentificación otra es la desestructuración.

Un pacientito me enseñó mucho de esto, este niño que frecuentemente se presentaba en las sesiones como “una niña insoportable y odiosa”, tenía guardado en su bolsillo un pequeño muñeco de tela, informe y sucio al que llamaba “Nadie”, “Nadie” era una especie de doble que encarnaba la “nada” que él se sentía ser. “Nadie” lo ayudaba a desmentir un intenso sentimiento de desesperación por no sentirse alguien para el otro, él me enseñó el cuidado y el respeto que debía tenerle a “la niña insoportable y odiosa”. En varias oportunidades durante el análisis cuando yo intentaba acercarlo a la ajenidad que me hacía sentir esa “niña” que lo habitaba, el respondía con intensas crisis de angustia desorganizantes que yo debía contener no sólo con palabras sino que tenía que acompañarlas de una contención física “real”, detrás de ella se anunciaba el encuentro con la desesperación insoportable de sentirse “Nadie”, nada…

¿A cambio de que un sujeto estaría dispuesto a deponer esta prótesis estructurante? ¿El análisis que le ofrece a cambio de este osado desprendimiento que linda con la vivencia de amputación del sí mismo? ¿El análisis puede ofrecer una nueva chance para la identificación primaria? Quisiera poder responder con una afirmación segura, pero no me es fácil…

 

BIBLIOGRAFIA

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Notas:

1.- Miembro Asociado de A.P.U Ramón y Cajal 2540, Tel. 481 0009, Montevideo, E-mail: vrimano@adinet.com.uy .

2.-Tomo este concepto de Roussillon (1999)

 

 

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