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Acerca
de las Pruebas Psicológicas
Psa.
Ruth E. Weinstein A. Indepsi (1992)
Resulta,
por decir lo menos, preocupante que de las distintas áreas
de la Salud Humana corresponda a las de la Salud Mental
un evidente déficit a la hora de atender al desarrollo
de instrumentales y equipamiento útiles al ejercicio
profesional. Quizás
sí en el ámbito de la Neurología y
Neuropsiquiatría: el electroencefalograma, el ecotomógrafo
cerebral, y el Scanner, sean algunos de los instrumentos
que más se acerquen a cumplir con este desarrollo
mínimo a que aludimos. No
obstante esto, la cuestión de la inexistencia de
elementos técnicos sigue siendo un problema severo
y preocupante.
Paradojal
situación, cuanto más la actual existencia
de baterías de Pruebas Psicológicas comúnmente
ignoradas, desconocidas, e incomprendidas por la mayoría
de quienes operan en este dominio-, aportan con herramientas
tanto o más rigurosas, según sea el objetivo
a evaluar, que las anteriormente citadas.
Esta
afirmación, si bien compleja y controvertida, al
menos resulta invitante a reflexionar sobre sus implicancias
e implícitos. Pues
la utilización de pruebas psicológicas-implica
el uso de herramientas específicas por un especialista
que tiene conocimientos acabados de psicología y
psiquiatría, y permite emitir un juicio acerca de
la normalidad o anormalidad de un fenómeno psicológico,
facilitando el descubrir objetivamente cuál es el
funcionamiento particular de un sujeto.
Ellas,
clasificadas en relación a las funciones psicológicas
que intentan medir: inteligencia, personalidad, organicidad,
etc., aportan con información relevante que permite
complementar el diagnóstico clínico, favorecen
el diagnóstico diferencial y, en definitiva, facilitan
un adecuado proceso Diagnóstico, en tanto acción
de distinguir una enfermedad de otra, determinando la naturaleza
de un estado morboso por la observación exacta de
los signos y síntomas que les son propios. Las
Pruebas Psicológicas, en este sentido, pueden ser
clasificadas en dos grandes grupos: las pruebas psicométricas,
basadas en el método estadístico, y las pruebas
proyectivas, basadas en la psicología dinámica
y la psicología de la gestalt, siendo posible por
ambas vías complementar la función diagnóstico,
a la vez que informamos sobre las características
de un eventual tratamiento y su probable pronóstico.
Así,
las primeras, a través de los Inventarios de Personalidad
midiendo determinadas variables, previamente descritas,
nos permiten obtener un "Perfil Psicológico",
en tanto que las segundas, partiendo del concepto de "proyección",
para aludir a que, utilizando un adecuado "telón
de fondo" una persona es capaz de poner fuera -sin
darse cuenta-, su mundo interno, en sus aspectos conscientes
como no conscientes, nos acerca a los contenidos que existen
en un determinado aparato mental.
Y,
si bien existen muchas críticas a ellas: que las
pruebas psicométricas sólo miden algunos
aspectos de la personalidad, que los cuestionarios son
fácilmente falseables y que limitan la variabilidad
y riqueza de respuestas; que las pruebas proyectivas implican
un alto grado de subjetividad, otorgando gran peso a quien
interpreta los resultados, también es real que ambas
presentan innumerables ventajas: las primeras midiendo
exactamente lo que dicen medir, con definiciones operacionales
rigurosas y utilizando el método estadístico,
en tanto que las segundas basan su mayor riqueza en la
interpretación que radica en los conocimientos previos
del examinador y de su habilidad como clínico.
Por
otra parte debemos considerar que estas razones, si bien
legítimas de atender, resultan ser comunes por lo
demás a cualquier técnica o tipos de intervenciones
diagnosticas de la Salud en general: tacto, radiografías,
ecografías, fonendoscopio, etc., las que, si bien
analizadas desde otras perspectivas, representan tantas ventajas
y desventajas como las anteriormente citadas.
Es
por esto que resulta útil recordar que las pruebas
psicológicas permiten describir a un sujeto en un
momento determinado. Las
pruebas psicométricas informando acerca de rasgos
específicos, y las pruebas proyectivas dando cuenta
del funcionamiento psicológico global, y en forma
más profunda, describiendo elementos cualitativos
de la persona. Cuando
el énfasis se pone en lo Anormal, ellas permiten
profundizar en el diagnóstico diferencial y en criterios
de clasificación nosológica. Y
si unimos a ello la esperanza de lograr un criterio diagnóstico
común, que vaya desde el polo de lo Normal, siguiendo
con las Neurosis Sintomáticas, del Carácter,
y llegando a los Trastornos Graves de Personalidad, como
son los cuadros Fronterizos hasta llegar al otro polo compuesto
por las Psicosis y cuadros Orgánicos, no quedará duda
de que las pruebas psicológicas constituyen y constituirán
instrumentos técnicos, de alto valor clínico,
y que su desconocimiento ha implicado, por razones posiblemente
ideológicas, el desuso de un importante aporte al
ejercicio diagnóstico de la Salud Mental.
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