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Artículos Clínicos:                                      

 

Una Relación Olvidada: La Madre en los Bastidores del Abuso Sexual entre Padre e Hija.

 

 

Maria Flávia Ferreira Goldfeder

 

Este artículo tiene como objetivo hacer una reflexión sobre las diferencias entre el abuso sexual y el incesto. Partiendo de la experiencia clínica transferencial con pacientes mujeres que, relataron haber vivido el abuso sexual por parte de sus padres, pienso la correlación que existe entre esa experiencia y las relaciones iniciales, pregenitales entre madre e hija. A menudo, encontramos que los relatos giran alrededor de la relación del padre con la hija, dejando de lado lo que pasa entre la madre y la hija, como si ésta fuera una "relación olvidada". En lo que se refiere a la transferencia, el analista puede verse aprisionado por una escucha impregnada de moralismo y tendencias de protección hacia la niña y, a su vez, sentirse identificado con el desamparo y con el dolor frente a la violencia.

 

Palabras clave: psicoanálisis, incesto, abuso sexual, relación madre-hija, clínica psicoanalítica.

 

This article intends to reflect on the differences between sexual abuse and incest, starting from transferencial clinic experience with women patients who claimed to have been sexually abused by the parents. Out of these reports, I think in the links standing between this experience and the previous relationships, pre-genitals, between mother and daughter. Frequently, these reports concentrate the attentions on the father-daughter relationship, leaving behind what surrounds the mother-daughter relationship – it’s a "forgotten relation". In a transferencial manner, the analist may stick with the moral and protectionist aspect in relation with the child, as well as feeling self-identified with the destitution and pain cause by violence.

 

Key words: Psychoanalysis, incest, sexual abuse, mother-daughter relationship, psychoanalytical clinic.

 

A partir de la experiencia clínica con pacientes que relataron haber tenido vivencias de abuso sexual, por parte del padre, concluí que sería importante señalar las diferencias entre el incesto y el abuso sexual, desde el punto de vista de la dinámica de las relaciones padre-madre-hija.

Por su carácter impactante, las experiencias de abuso sexual aprisionan y someten al individuo a los excesos que toda situación de pasión impone. Esas experiencias son las herederas de la seducción que circula entre los padres y la hija, que atraviesa esas relaciones y determina la constitución del sujeto.

Sin embargo, las situaciones de abuso sexual tienen sus raíces en la violación a un orden establecido.

Los casos en que he trabajado sugieren que, el incesto pertenece a la esfera del goce con la madre, mientras que, el abuso sexual se refiere a la violación a la prohibición del incesto. Toda violación contiene una dimensión de abuso. El incesto abarca esta dimensión, sin embargo, no todo abuso se caracteriza como incesto. Podemos decir que, el abuso sexual es un intento de repetir la situación incestuosa que no llega, muchas veces, a caracterizarse como incesto, pues, la cuestión en pauta es la trasgresión en relación con el límite establecido y no que la prohibición, en sí, no exista.

El factor determinante que distingue el incesto del abuso sexual, es la posición que la niña ocupa en relación con las funciones materna y paterna y con los deseos, de cada uno de los padres, relativos al lugar de esta niña. Esta idea es contraria a algunas de las teorías actuales, pues, éstas últimas consideran la relación padre-hija siempre incestuosa.

No se trata, aquí, de sugerir que el abuso sea menos grave que el incesto y, de esta forma, que la experiencia de la niña pueda ser minimizada y sí de evaluar esas vivencias a partir de sus posibles repercusiones psíquicas. Consideramos que, tanto el incesto como el abuso sexual son experiencias impregnadas de violencia, pero, de diferente naturaleza y que traen consigo consecuencias distintas.

La relación transferencial entre paciente y analista nos revela los contenidos reprimidos de las experiencias de abuso sexual, tanto desde el punto de vista de la niña que sufre, como de la fantasía que esa niña puede absorber o interpretar del deseo de sus padres. Lo que cuenta es la experiencia del sujeto en relación con la posición deseante de los padres.

Los deseos inconscientes atraviesan las relaciones entre padres e hijos/as. La función materna es un operador fundamental para la estructuración del sujeto y para dichas relaciones, pudiendo criar, a veces, las condiciones necesarias para el abuso sexual o el incesto. Las funciones materna y paterna circulan dentro del trío padre-madre-hija en un interjuego, en el cual los lugares pueden ser ocupados por cualquier sujeto, o sea, no es necesariamente la madre la que ejercerá la función materna, ni el padre la paterna.

Para el psicoanálisis, el incesto se configura cuando le es imposible a la niña constituirse como un ser independiente del deseo de la madre. Es la dificultad de discriminarse –resultado del fracaso de la función-padre en la constitución del límite y determinación de los parámetros entre el yo y el otro- que favorece la relación incestuosa. Ni la madre ni el padre logran ocupar el lugar de la prohibición.

La relación de abuso sexual entre padre e hija empieza mucho antes del momento edípico, durante las relaciones pregenitales de la niña con la madre -responsable por la constitución de la experiencia erógena del cuerpo de la niña. La niña que sufre de abuso sexual, por parte de su padre, es muchas veces "ofrecida" a él por la madre, en un intento de realizar su propio deseo edípico. Por lo tanto, al sufrir el abuso sexual del padre, la niña es sometida, no solo a él, sino también, al deseo incestuoso de la madre, la cual se encuentra, a menudo, presa de su propio Edipo. De esta manera, se actualiza toda una cadena transgeneracional. El deseo materno, captado inconscientemente por la niña, entra en sintonía con el propio deseo incestuoso de fusión con la madre. Cuando la madre no puede impedir que el padre use el cuerpo de la hija, deja, de esta manera, de ocupar el lugar del que prohíbe y protege a la niña y puede, de cierta forma, ser considerada cómplice de ese padre.

El padre es parte de otra cadena transgeneracional que podrá hacerlo vivir, en carácter regresivo, una relación incestuosa con la madre. No se reconoce como capaz de ejercer la función paterna y, a veces, no es, de hecho, capaz de ejercerla efectivamente. Conoce las leyes y la prohibición, pero no se somete a ellas. El abuso sexual es el resultado de una configuración específica de este trío familiar. La madre no está ausente en las situaciones de abuso sexual, como se cree, pero se encuentra presente en los bastidores de esa vivencia, algunas veces, hasta, promoviéndola y siendo, perversamente, cómplice del padre. Para su relación con los hijos, los padres traen consigo aspectos inconscientes marcados por sus primeras relaciones objetales. De esta forma, la niña es convocada a ocupar el lugar de una falta.

En su deseo de ser amada, la niña "seduce" a la madre, tratando de convencerla de que ella es justo lo que le hace falta, sin embargo, ni la niña puede completar a la madre, ni ésta última a la niña. El incesto es el resultado de la falta de discriminación entre el yo y el otro, en la que los límites son oscurecidos.

Para comprender los casos de abuso sexual y de incesto es necesario que rescatemos algunas relaciones generalmente tratadas con negligencia:

 

la comprensión de las relaciones entre Yocasta y Edipo;

las relaciones entre las madres e hijas de la horda primitiva;

la dinámica ambivalente (amor-odio) entre madre e hija en los casos de abuso sexual.

 

El análisis de esas relaciones reveló el papel del odio en dichas situaciones. La ambivalencia presente en esas relaciones olvidadas (madre-hija) es dinámicamente vivida a través de los mecanismos de proyección e introyección. La introyección es necesaria para que la niña pueda criar una representación del mundo externo dentro de su aparato psíquico, organizando, de esta forma, su caos pulsional y dialectizando el deseo del otro- la madre. En las situaciones de abuso sexual, la niña introyecta el deseo incestuoso de la madre aceptando el lugar que le ha sido, por ella, impuesto. Puede, también, utilizar esta situación como una venganza: apropiándose de aquello que debería ser el objeto del deseo de la madre- el padre. Nos dimos cuenta, por lo tanto, de la importancia de tener en cuenta la rivalidad que existe entre madre e hija.

La proyección es un recurso que le permite al individuo lidiar con el odio que resulta de la frustración y del displacer. En los casos de abuso sexual, cuando esto no acontece, presenciamos situaciones en las cuales el odio permanece dentro del psiquismo, realizando ataques contra sí mismo, pudiendo llegar a situaciones extremas. La realidad de las experiencias vividas se constituye en la presencia del otro, a través de un interjuego de introyección y proyección.

El abuso sexual confronta al sujeto con el exceso, remitiéndolo al estado de desamparo característico de las experiencias más primitivas. El trauma se configura cuando metabolizar ese exceso, simbolizar esa vivencia es imposible. La situación traumática se caracteriza por un exceso de excitación que invade el aparato psíquico. La experiencia se vuelve patológica cuando el desamparo, por el sujeto vivido, es de tal intensidad que éste permanece preso e inmóvil, de tal manera, que la reorganización psíquica no pueda ser alcanzada. Podemos decir que, en el caso de las niñas que sufren abuso sexual encontramos, a veces, también, una experiencia de dolor física presente, pero debemos cuidar de no dicotomizar al sujeto y considerar la experiencia del cuerpo anatómico desvinculada de lo imaginario. Como Volich nos dice (1999a):

 

Freud y el psicoanálisis. Freud tenía una posición única frente al psicoanálisis, como su creador y como el primer psicoanalista, esta investigación se ocupa de este oficio, del tiempo antes del análisis personal y del por qué de su cambio.

El oficio de psicoanalista para la historia del psicoanálisis, estará inevitablemente marcado por la personalidad de su autor, siguiendo el descubrimiento del fenómeno de Ubertragungsliebe o amor de transferencia se constatará cómo Freud padeció su comprensión no subjetivada, consecuencia de su imposible análisis personal, que al tratar de razonar dicho fenómeno pretende hacerla comprensible, sin ocuparse de esos rostros del amor de transferencia que él no soportaba. Así, cuando Freud, comprendió, que la cura psicoanalítica es una cura por amor, reprodujo una lógica especular para la formación de sus discípulos, es decir, si el camino que él había recorrido para comprender eso, fue la experiencia del autoanálisis, éste se convertiría en su recomendación para sus discípulos, al menos hasta junio de 1912.

¿Qué acontecimientos sucedieron antes de junio de 1912, para que Freud, cambiara de opinión y exigiera como regla de formación el análisis personal?

En la revisión de documentos y correspondencia de Freud, con la que se dispuso para este trabajo, sobresalen al menos tres cuestiones interesantes que estuvieron en juego en este tiempo, la primera es que será hasta 1912 cuando Freud se ocupe de escribir artículos sobre la transferencia y sus efectos, singularizando con esta escritura el método psicoanalítico, la segunda cuestión es el enfriamiento de la relación con Jung, y sus consecuencias para el futuro del psicoanálisis, y por último la cuestión de los problemas con la "contratransferencia" de algunos discípulos de Freud.

 

El saber sobre La Übertragungsliebe o Amor de transferencia de Freud.

Un breve recorrido histórico.

 

En la construcción del psicoanálisis, Freud, empieza a saber ya en 1900, que el tratamiento psicoanalítico es una experiencia en transferencia, así se puede leer en la carta del 16 de abril del 1900, en donde Freud le escribe a Fliess, "E. Finalmente ha concluido su carrera de paciente con una invitación para la tertulia en mi casa. Su enigma está resuelto casi completamente... de los síntomas queda por ahora un resto. Empiezo a comprender que el carácter en apariencia interminable de la cura es algo sujeto a la ley y depende de la transferencia"(1).

Siendo en el epílogo del "Caso Dora" 1905, donde Freud confiesa advertir, tardíamente, la importancia de trabajar la transferencia, y escribe "Yo no logré dominar a tiempo la transferencia; a causa de la facilidad con que Dora ponía a mi disposición en la cura una parte del material patógeno, olvidé tomar la precaución de estar atento a los primeros signos de la transferencia que se preparaba con otra parte de ese mismo material, que yo todavía ignoraba" (2).

En la correspondencia de Freud con Jung, se localizo el tema, por ejemplo, en las cartas del 7 y del 27 de octubre de 1906, sin embargo, será hasta la carta del 6 de diciembre de 1906, cuando Freud reconoce que la transferencia tiene un color, y este será de Amor, "A usted no se le habrá escapado que nuestras curaciones tienen lugar por la fijación de una libido que rige en el inconsciente (transferencia), que no le sale a uno al encuentro, de modo más seguro, sino en la histeria. Es ella la que proporciona la energía pulsional para la captación y traducción del inconsciente; cuando ella falla, el paciente no se esfuerza, o no escucha cuando le prestamos la traducción hallada por nosotros. Se trata en realidad de una curación mediante el amor. Es en transferencia donde reside también la demostración más firme, la única inatacable, de la dependencia de las neurosis con respecto a la vida amorosa". (3)

La importancia que para Freud tendría la Transferencia, queda testimoniada por el propio C. G. Jung, cuando escribe: "Pude apreciar claramente, durante nuestro primer encuentro personal, en el año 1907, la alta significación que Freud atribuía a los fenómenos de la transferencia. Después de una conversación de muchas horas, se produjo una pausa. De pronto Freud preguntó, inopinadamente: "¿Y qué piensa usted de la transferencia?", respondí con la más honda convicción que era el alfa y omega del método analítico. A lo cual él repuso: Entonces ha comprendido usted lo principal". (4)

El 30 de enero de 1907, Freud trabajó con sus discípulos el asunto en las reuniones de los miércoles, en la compilación de Number y Feder se encuentra tal lección "Sólo hay un poder que puede eliminar las resistencias: la transferencia. El paciente se ve compelido a abandonar sus resistencias por amor a nosotros. Nuestras curas son curas de amor. Por consiguiente, a nosotros sólo nos resta llevar a cabo la tarea de eliminar las resistencias personales (que se oponen a la transferencia). En la medida en que la transferencia existe, en esa medida podrá producirse una cura: es llamativa la analogía con las curas hipnóticas. Ocurre tan sólo que en el psicoanálisis, el poder de la transferencia se utiliza para producir un cambio permanente en el paciente, en tanto que la hipnosis no es nada más que un juego de manos... Las vicisitudes de la transferencia determinan el éxito del tratamiento". (5)

 

¿Por qué es hasta 1912, cuando Freud atiende en la escritura el fenómeno llamado amor de transferencia?, en la parte final de este escrito se retoma esta pregunta. Ahora se aborda las consecuencias de la separación entre S. Freud y Jung.

 

El rompimiento de la relación de Sigmund Freud y Carlos Gustavo Jung, y el comité secreto:

 

Después de Fliess, nadie estuvo tan cerca de Freud como Jung, sabemos que Jung fue el elegido por Freud, para que cuidara de su creación, Freud lo había nombrado su heredero, sin embargo, la relación se empieza a deteriorarse en 1911, sus desacuerdos conceptuales (ver cartas del 14 y 30 de noviembre de 1911), y la independencia reclamada de Jung a Freud, los distancian cada vez más, así podemos leer "... lo que sigue diciendo usted acerca de la necesaria independencia intelectual, reforzándola con la cita de Nietzsche, tiene mi completa aprobación. Pero si un tercero pudiese leer este pasaje me preguntaría por qué emprendí yo tales tentativas de opresión espiritual, y yo le tendría que decir: no lo sé, creo que jamás. De todos modos, Adler se quejó de algo análogo, pero estoy convencido de que fue su neurosis la que habló por él" (6)

 

Siendo la ruptura el 21 de julio de 1912, Freud escribe a E. Jones, "ayer recibí una carta de Jung que no puede ser interpretada sino como una renuncia formal a nuestras hasta ahora amistosas relaciones". (7)

 

La respuesta de Jones, no se deja esperar y el 30 de julio de 1912, escribe "Respecto a Jung no sé que decir excepto que lo siento mucho, por la sencilla razón de que su conducta en conjunto es un total rompecabezas para mi, completamente inexplicable. Como se diría coloquialmente, "tiene el juego en sus propias manos y se niega a jugar... Todos (Ferenczi, Rank y yo) estuvimos de acuerdo en una cosa, que la salvación sólo podía estar en un autoanálisis sin tregua y llevado hasta el último de sus extremos, para eliminar las reacciones personales hasta donde fuera posible. Uno de ellos, me parece que Ferenczi, expuso su deseo de que un pequeño grupo de hombres pudiera ser meticulosamente analizado por usted, de manera que pudiera representar la teoría pura, sin adulteraciones debidas a complejos personales, y con ello construir un núcleo central no oficial de la Verein y servir como centros donde los demás (principiantes) pudieran acudir y aprender la obra. Si eso fuera posible sería una solución ideal". (8)

Este será el origen del Comité Secreto, efecto directo del deterioro de la relación de Freud con Jung, Comité Secreto que se encargará de vigilar la fidelidad de los analistas con respecto a Freud y su causa, vemos como los lazos de Amor transferenciales juegan en la historia del psicoanálisis, aunque algunos miembros de dicho Comité, justificaron la función de dicho grupo como un asunto para regular los desarrollos psicoanalíticos y prevenir futuras divisiones.

 

Los problemas "contratransferenciales" de tres discípulos de Freud.

Carlos Gustavo Jung. Al estar analizando el caso de Jung se revisó los libros de los autores: Aldo Carotenuto (9) y John Kerr (10), que se ocupan de la relación S. Freud, C. G. Jung y Sabina Spielrein.

Resumiendo, se trata de dos investigaciones que sostienen, en base a las notas que ella escribió, descubiertas en tres cajas, una en 1975 y las dos últimas en 1982, más la correspondencia de Freud y Jung.

La historia de Sabina Spielrein, es que fue una paciente de Jung, pero, después mantuvo relaciones amorosas y sexuales con ella, en 1909, valiéndose de Jung, Sabina se cartea con Freud, pues le interesa formarse como analista, por las actas de las reuniones de los miércoles, sabemos que en 1911 Sabina será una de las primeras mujeres que ejercen el psicoanálisis, además se conoce por la correspondencia Freud y Jung, que Sabina llega a entablar una relación importante con Freud, así podemos leer en la carta del 21 de abril de 1912, que Freud le escribe a Jung " La Spielrein… se ha despedido hace unos días, y al mismo tiempo ha tratado conmigo algunas cosas íntimas".

¿Enteró Sabina a Freud de su relación con Jung?, las dos investigaciones concluyen con respuesta afirmativa, además, de que tal desliz amoroso y sexual, se pretendió mantener en "silencio" por parte de Jung.

 

Pero, este no sería el primero ni el único caso que Freud conociera, se encuentran documentos en donde antes que Jung, dos deslices amorosos de sus discípulos: E. Jones y S. Ferenczi.

Ernest Jones. El desliz de E. Jones, está mencionado en la carta de Freud a Ferenczi el 21 de abril de 1911, "La posición de Jones parece vacilante", y el editor Caparrós nos señala que "debido a que Jones estaba dando un curso en la facultad de Toronto. En enero una de sus antiguas pacientes le había acusado de abuso sexual ante las autoridades universitarias. Tras recibir amenazas de muerte, para evitar el escándalo le había enviado 500 dólares (ver Jones a Putman 13-I-1911). Se pudo evitar el escándalo, pero el incidente hizo a Jones abandonar Toronto, en junio de 1912". (11)

Sandor Ferenczi. Sandor Ferenczi, se vio envuelto en una relación peculiar, en julio de 1911, "Elma Pálos, la hija mayor de Gizella (prometida de Ferenczi), de veinticuatro años de edad, se deprime seriamente después del suicidio de su amante, por lo que ella decide consultar a Ferenczi. Éste se enamora en forma apasionada de ella y comunica a Freud "un cierto compromiso", el análisis rápidamente va quedando fuera de control. Ferenczi se siente a sí mismo como en un "peloteo" entre la madre y la hija (carta a Freud, 12 de abril de 1912) y le pide a Freud que intervenga y acuerdan comenzar un análisis con Freud en Viena en noviembre". (12)

 

¿Cuál fue la posición de S. Freud, al conocer los deslices de algunos discípulos?

Podemos decir que entre 1911 y 1912, se circunscriben estos episodios, una carta de Freud, nos indica su postura, ahí le señala a Jung el problema y la manera en que cree viable trabajar, se transcriben dos traducciones de la misma carta, la razón es que hay dos variaciones interesantes para este trabajo, que se señalan en negritas:

"La C me ha referido toda clase de cosas acerca de usted y de Pfister, si es que se puede llamar "referir" a tales insinuaciones, de lo cual deduzco que ustedes dos no han adquirido aún la frialdad necesaria para la consulta, que participan aún demasiado y ponen mucho de personal, a fin de exigir una correspondencia por ello. ¿Es que yo, el honorable y anciano maestro puedo advertir que por lo regular se equivoca uno con esta técnica, que más bien se ha de permanecer impenetrable y en una actitud receptiva? El trabajo sobre Contratransferencia, que me parece necesario, no se debería imprimir de todos modos, sino que ha de circular entre nosotros en copias. (13)

"...Frau C. me ha contado todo tipo de detalles sobre usted y Pfister, si se le puede llamar "contar" a las insinuaciones que hace: deduzco que ninguno de los dos ha adquirido todavía la objetividad necesaria en su práctica, que siguen involucrándose, entregan una buena parte de sí mismos y esperan que el paciente les dé algo a cambio. En tanto que venerable viejo maestro, permítame decir que esta técnica es siempre imprudente y que es mejor mostrarse reservado y puramente receptivo. nunca debemos dejar que nuestros pobres neuróticos nos vuelvan locos. Creo que se tercia con urgencia un artículo sobre la "contratransferencia". Por supuesto, no podríamos publicarlo, sino que deberíamos hacer que circularan copias entre nosotros". (14)

 

Sin embargo, Jung no acuerda y tendrá otra manera de trabajar los problemas de la contratransferencia, y en la carta del 9 de enero de 1912, le contesta:

“El honorable anciano maestro... podría quejarse usted de mí desde este punto de vista. Soy tan sólo "rebelde" en cuanto a la cuestión de la contratransferencia y me entrego en este sentido a algunas fantasías especiales, con las que experimento". (15)

Y aquí, es interesante observar la respuesta de Freud ante tal desacuerdo, enviándole específicamente a Jung los dos escritos sobre la transferencia de 1912, pese a que la relación ya se había enfriado, particularmente el texto de "Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico", artículo donde por primera vez Freud escribe sobre análisis personal como parte de la formación del analista. (16)

En su artículo de "Consejos...", Freud centra el tema de la formación, así leemos: "Hace años me preguntaron cómo podría uno hacerse analista y respondí "mediante el análisis de sus propios sueños". Debemos recordar que Freud en 1910, es decir dos años antes, incluso va a descalificar como analista a quién no le sirva el autoanálisis para dominar la transferencia, posición sostenida y expuesta por él en el II Congreso Internacional de Psicoanálisis, al decir "Nos hemos visto llevados a prestar atención a la Contratransferencia que se instala en el médico por el influjo que el paciente ejerce sobre su sentir inconsciente, y no estamos lejos de exigirle que la discierna dentro de sí y la domine... por eso exigimos que inicie su actividad con un autoanálisis... quién no consiga nada con ese autoanálisis puede considerar que carece de la aptitud para analizar enfermos". (17)

Digamos que la racionalidad para trabajar con el amor de transferencia de Freud, creaba un límite, si el autoanálisis no era eficaz, el problema era insalvable para llegar a ser psicoanalista. Sin embargo, los deslices amorosos de algunos de sus mejores discípulos, hicieron que Freud interrogara su postura.

 

Freud le otorga a la escuela de Zurich haber propuesto con antelación la propuesta del análisis personal, información que Jung le da en la carta del 25 febrero de 1912. "Una novedad también digna de mención, es la de haberse fundado una asociación no médica con fines psicoanalíticos, la asociación cuenta con 20 miembros y tan sólo se admiten analizados. La fundación se realizó por deseos de antiguos pacientes".

Más adelante en el artículo "Consejos al médico...", Freud escribe "Si alguien se propone seriamente la tarea, debería escoger este camino, que promete más de una ventaja; el sacrificio de franquearse con una persona ajena sin estar compelido a ello por la enfermedad es ricamente recompensado... obtendrá, vivenciándola uno mismo, impresiones y convicciones que en vano buscaría en el estudio de los libros y la audición de conferencias... Y quien como analista haya desdeñado la precaución del análisis propio, no sólo se vera castigado por su incapacidad para aprender de sus enfermos más allá de ciertos límites, sino que también correrá un riesgo más serio, que puede llegar a convertirse en un peligro para otros. Con facilidad caerá en la tentación de proyectar sobre la ciencia, como teoría de validez universal, lo que en una sorda percepción de sí mismo discierna sobre las propiedades de su persona propia; arrojará el descrédito sobre el método psicoanalítico e inducirá a error a los inexpertos... Es por cierto tentador para el psicoanalista joven y entusiasta poner en juego mucho de su propia individualidad para arrebatar al paciente y hacerlo elevarse sobre los límites de su personalidad estrecha... que el médico le deje ver sus propios defectos y conflictos anímicos... una confianza vale la otra... no obstante, en el trato psicoanalítico muchas cosas discurren diversamente de lo que harían esperar las premisas de la psicología de la conciencia"(18)

El por qué Freud hace destinatario a Jung de estos escritos, lo encontramos en el mismo contenido de su escritura "Consejos... se resumen en un solo precepto... exigirle al analista, que se haya sometido a una purificación psicoanalítica, y tomado noticia de sus propios complejos que pudieran perturbarlo para aprehender lo que el analizado le ofrece... es que cualquier represión no solucionada en el médico corresponde... a un "punto ciego" en su percepción analítica".

Con el acto de hacer destinatario a Jung, Freud marca un antes y un después, una nueva distinción formativa entre los analistas y los que dejarán de serlo, entre los que habían sido analistas sin análisis, y los que a partir de estos artículos tendrán que someterse a esta nueva exigencia, como sería el caso de Ferenczi y Jones.

 

Sobre la pregunta pendiente del ¿Por qué es hasta 1912, cuando Freud escribe atendiendo el fenómeno del amor de transferencia?

La respuesta que se puede colegir en este trabajo es, porque los artículos "Sobre la dinámica de la transferencia" y "Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico", será la manera en que Freud pudo responder a su urgencia, para trabajar los problemas contratransferenciales de los psicoanalistas.

Para finalizar esta exposición, me ocupo de la traducción de la palabra alemana Übertragungsliebe usada por Freud, y que pasó al castellano, sólo como Amor de transferencia, ya que nos auxilia para entender el porque Freud, pesé a que racionalizó y conceptualizó tal fenómeno, no fue ajeno a resbalar en él.

 

La Úbertragungsliebe ¿Sólo amor de transferencia?

La traducción que se ha hecho de las palabras "Übertragung y Übertragungsliebe", que Freud usó en su obra, paso a nuestra lengua como: Transferencia y Amor de transferencia respectivamente, sin embargo, Freud, nos metió en un problema, al usar la misma palabra Übertragung, para referirse a dos cuestiones diferentes, el asunto está indicado en la traducción hecha por Etcheverry, y aparece en el texto de La Interpretación de los sueños, en donde escribe "... la representación inconsciente como tal es del todo incapaz de ingresar en el preconsciente, y que sólo puede exteriorizar ahí un efecto si entra en conexión con una representación inofensiva que ya pertenezca al preconsciente, transfiriéndole su intensidad y dejándose encubrir por ella", siendo ahí que Etcheverry nos aclara en la nota 15 "En sus escritos posteriores, Freud utilizó regularmente esta misma palabra "Übertragung o transferencia", para describir un proceso psicológico distinto -aunque conexo- , descubierto por él en el transcurso de los tratamientos psicoanalíticos".(19)

Aclaración de interés, pues además de advertir un doble uso de la palabra Übertragung en la obra de Freud, permitió en este trabajo, detenerse y hacer análisis de las implicaciones de la traducción de la palabra alemana Übertragung como transferencia, encontrando al menos dos dificultades en esta traducción para el campo psicoanalítico, la primera es que la palabra transferencia tiene un uso de sentido lógico común en castellano, y es el de "pasar algo de un lugar a otro", que es similar al primer sentido que Freud le da, pero al segundo sentido como "proceso psicológico en el transcurso de un tratamiento" se oculta, siendo esa su segunda dificultad, y es que deja escapar sus otros sentidos posibles que tiene en alemán.

La palabra Übertragung, significa en alemán, efectivamente transferencia, pero, también: transmisión y contagio, estos otros sentidos posibles en su traducción al castellano se escapan:

El sentido de la transmisión, pone en juego algo que no es condición necesaria para la transferencia, al poner énfasis en las características y o condiciones comunes de los involucrados para que la transmisión se pueda dar.

El sentido de contagio, aporta el elemento de la presencia o cercanía necesaria de los involucrados, además, el sentido de incertidumbre de quién sí o no se contagia en esos encuentros, y no necesariamente se sabe el cómo, ni el cuándo alguien se contagia, sabiendo de eso sólo por sus efectos.

 

Así, se tiene otro horizonte del fenómeno de la Übertragungsliebe, con tres declinaciones para la cura de amor en psicoanálisis.

Declinaciones que se pierden al leer la Übertragungsliebe como "Amor de transferencia", en donde se sabe que es un asunto del paciente depositado al analista, en esta versión que Freud racionaliza y conceptualiza, el analista no tendría que estar concernido en ella, y si lo está sería su contratransferencia, la cual habría que dominar.

 

Pero, si se toma el Amor de transferencia a los otros pliegues que la componen: transmisión y contagio, uno puede leer en la Übertragungsliebe o amor de transferencia, otras cosas, por ejemplo, la manera en que Freud se colocaba ante sus discípulos, tiene que ver también con que ellos, no todos. Ejemplo la imposición de paciente a Jung con Freud, en la carta del 11 o 14 de diciembre de 1912, Jung escribe "... querría llamarle a usted la atención acerca de que su técnica de tratar a sus alumnos como a sus pacientes constituye una equivocación. Con ello crea usted hijos esclavizados o descarados granujas (Adler-Stekel y toda la desvergonzada banda que se extiende por Viena). Soy lo suficientemente objetivo para advertir su truco.

Hace usted constar en torno suyo todos los actos sintomáticos y así rebaja usted a cuantos le rodean al nivel del hijo y de la hija, que admiten ruborizados la existencia de tendencias erróneas. Mientras tanto permanece usted siempre allí en lo alto, como padre. Debido a pura subordinación nadie alcanza a tirar al profeta de las barbas e informarse acerca de qué es lo que dice usted a un paciente que tiene la tendencia a analizar al analista en lugar de sí mismo"(20).

 

Imposición vivida por Jung pero no sabida por Freud, Abraham vuelve sobre estos contagios de Freud, al escribirle a Freud el 27/12/1912, "...Si un reproche que se le ha hecho recientemente -que trata a los discípulos como si fueran pacientes- es válido, tengo que reprocharle un par de serios errores técnicos. En primer lugar, usted malcría a sus pacientes, cosa que, sabidamente, no se debe de hacerse. Además, usted hace regalos a los pacientes, con lo cual pueden formarse una idea enteramente equivocada del tratamiento. Por último, antes que yo terminara el tratamiento, fue en secreto al hotel y pagó mi cuenta "Si usted hubiera sido un psicoanalista" no tendría que haber hecho eso. Porque al final del tratamiento el paciente tiene que saber tanto como el médico acerca de su caso. Pero usted me oculto algo ¡y eso que usted sabe con que facilidad un sentimiento de culpa puede llevar a una actitud hostil! pero, como en conjunto estoy satisfecho del tratamiento, no expresaré ninguna queja, y me limitaré a darle otra vez las gracias..."(21).

 

Para terminar, observemos que el razonamiento y la conceptualización de Freud, para explicar el fenómeno de la Übertragungsliebe, no le fueron suficientes al mismo Freud, para evitar seguir resbalando dentro de una cura por amor.

Kardiner, en su libro "Mi análisis con Freud" escribe en 1976 "En el uso de la comprensión del sueño de la jerga (y el de los tres italianos), paso por alto el que en mi relación con él yo estaba haciendo lo mismo que había hecho con mi padre. Me puso en pánico cuando me informó de mi miedo de descubrir la hostilidad reprimida hacia mi padre, pero falló al no indicarme que esto era una pauta que estaba operando en la actualidad con Freud y con otras figuras masculinas en posición de autoridad. Como con mi padre, yo reprimiría mi autoafirmación con Freud para lograr y conservar su apoyo. El factor central en la relación transferencial se le pasó sin darse cuenta al hombre que había descubierto el propio proceso de la transferencia". (22)

 

El amor de transferencia, transmisión y contagio, serían los registros del Imaginario, Simbólico y Real del paradigma lacaniano, en donde se produce esta escritura del fenómeno de la Übertragungsliebe: El registro del Ideal del yo (Transferencia), el registro del Yo ideal (Transmisión), y el orden pulsional (Contagio).

 

Citas:

(1).- Freud, S., Cartas a Wilhelm Fliess, Amorrortu, 1986, Buenos Aires, p. 448

(2).- Freud, S., Fragmento de análisis de un caso de histeria, 1905, tomo VII, Amorrortu, Buenos Aires, 1976, p. 103

(3).- Freud, S., Correspondencia Freud – Jung, Taurus, Madrid, 1974, p. 47

(4).- Jung C. G., La psicología de la Transferencia, Planeta, 1994, España, p. 18

(5).- Numberg, H., Las reuniones de los miércoles, Nueva Visión, 1979, Buenos Aires.

(6).- Freud, S., Correspondencia Freud Jung, Taurus, Madrid, 1977, 5 de marzo de 1912

(7).- Freud, S., Correspondencia Freud Jones, Síntesis, España, 2001, p. 194

(8).- Freud, S., Correspondencia Freud Jones, Síntesis, España, 2001, p. 196

(9).- Carotenuto, A., Una secreta simetría, Gedisa, España, 1984

(10).- Kerr, J., La historia secreta del psicoanálisis, Crítica, España, 1995

(11).- Freud, S., Correspondencia de Sigmund Freud, Tomo III, Biblioteca Nueva, Madrid, 1997. P.273, nota 103

(12).- Stanton, M., Sandor Ferenczi, Instituto de Desarrollo Psicológico, Chile, 1997, p. 18

(13).- Freud, S., Correspondencia Freud Jung, Taurus, Madrid, 1977, 31 de diciembre de 1911

(14).- Kerr, J., La historia secreta del psicoanálisis, Crítica, España, 1995, carta del 31 de diciembre de 1911.

(15).- Freud, S., Correspondencia Freud Jung, Taurus, Madrid, 1977, p. 547

(16).- Freud, S., Correspondencia Freud Jung, Taurus, Madrid, 1977, 8 de junio de 1912

(17).- Freud, S. Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica, 1910, tomo XI, Amorrortu, Buenos Aires, 1976, p. 136

(18).- Freud, S., Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico, tomo XII, Obras Completas. Amorrortu, 1976, Buenos Aires, p. 116

(19).- Freud, S., La interpretación de los sueños, tomo V, Obras Completas. Amorrortu, 1976, Buenos Aires.

(20).- Freud, S., Correspondencia Freud Jung, Taurus, Madrid, 1977, carta del 18 de diciembre de 1912

(21).- Freud, S., Correspondencia Freud y Abraham, Gedisa, España 1979, p. 157

(22).- Kardiner, A., Mi análisis con Freud, Joaquín Mortiz, México, 1979, p. 98

 

Bibliografía

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Stanton, M., Sandor Ferenczi, Instituto de Desarrollo Psicológico, 1997, Chile.

 

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En: http://www.uaq.mx/psicologia/lamision/viraje.html

 

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