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Evaluación y Diagnóstico del Paciente
Psicótico
según las ideas de Bion.
León
Grinberg. Asociación
Psicoanalítica Madrid
Wilfred
Bion fue, ante todo, un psicoanalista creativo. Su capacidad
de observar y de otorgar significado a sus observaciones, junto
con su magnífica intuición, que postulaba como
funciones esenciales en el trabajo psicoanalítico, constituyeron
precisamente los elementos básicos de su actitud creativa.
Apoyándose
en Kant sostenía que si trabajamos con la intuición
sola, aislada, la intuición es ciega; y si lo hacemos
con el concepto solo, aislado, el concepto es vacío.
Por tanto, conviene tratar de establecer una buena integración
entre la intuición y la conceptualización para
que pueda surgir el pensamiento maduro y reflexivo que nos
permitirá acercarnos a la verdadera comprensión
de lo que pasa en el paciente, principalmente en el paciente
psicótico.
La
devoción de Bion por la verdad fue uno de sus grandes
méritos y una de las más valiosas contribuciones
que nos ha legado. Freud nos ha enseñado que "...
no debemos olvidar que la relación analítica
está basada en un amor a la verdad, esto es, en un reconocimiento
de la realidad, y que esto excluye cualquier clase de impostura
o engaño".
Bion
afirmó también que la búsqueda de la verdad
era tan esencial para el crecimiento mental como lo es el alimento
para el crecimiento biológico. Sin la verdad, la mente
no se desarrolla, muere por inanición.
Bion
ha conservado lo más valioso de las contribuciones clásicas
de Freud y de Melanie Klein, encarándolas - a veces
- desde perspectivas o "vértices" diferentes.
De esta manera, desarrolló aperturas hacia nuevas formas
de pensar en psicoanálisis. Bion ha sugerido el término "vértice" porque
lo considera más apropiado que la expresión "punto
de vista", para ser aplicado a situaciones y casos particulares
sin provocar confusión. El "punto de vista" se
refiere demasiado específicamente al órgano de
la visión. Cuando se visualiza una línea, sin
representarla en el papel, uno hace algo que se describe como
usar el "ojo interno", "ver en la imaginación" o "visualizar".
Esta actividad depende de la contraparte mental del sentido
visual. Por ese motivo, prefiere utilizar el término "vértice" para
aplicarlo a las diferentes posibilidades y problemas que encontramos
en la clínica. El concepto de "Vértice" se
refiere, pues, al ángulo desde el cual se trata de comprender
primero y comunicar después una determinada experiencia;
por ejemplo, la experiencia psicoanalítica.
Cada
uno de los integrantes de la pareja psicoanalítica,
el analista y el paciente, tendrá su propio vértice
con respecto a la experiencia que comparten. Estos vértices
deberían mantener entre sí una distancia útil,
sin estar demasiado cerca (para evitar la confusión)
ni demasiado lejos (para evitar la falta de comunicación).
Debe haber cierta diferencia de vértices para que sea
posible la correlación y la confrontación, que
son aspectos importantes de la tarea psicoanalítica.
A
través de toda la obra de Bion,
puede comprobarse una profunda preocupación por los
problemas de la verdad, de la mentira y de la falsedad, que
fueron y siguen siendo los problemas de los filósofos,
epistemólogos, etc. Conviene hacer una distinción
entre falsedad y mentira, ya que lo falso representa una concepción
errónea de la realidad, mientras que la mentira constituye
una distorsión intencionada de la misma.
El
enunciado falso está más en relación con
la inadecuación del ser humano que no puede sentirse
confiado en su habilidad de darse cuenta de la verdad. El mentiroso
tiene que estar seguro de su conocimiento de dónde está la
verdad para no caer en ella por accidente, tal como lo afirma
Bion. Estos planteamientos podrían reformularse en términos
de conocimiento, preguntándonos: "¿Qué es
lo que conocemos en psicoanálisis?" "¿Cómo
lo conocemos?" "¿Qué hacemos con lo
que conocemos?" De estas preguntas surgen, sino respuestas
directas, algunas hipótesis acerca de:
-
La
realidad psíquica y la estructura de la mente;
es decir, formulaciones sobre la parte psicótica y
la no-psicótica de la personalidad, sobre las alucinaciones
y la alucinosis, sobre la "reversión de la perspectiva",
etc.;
-
El
funcionamiento de la mente; a saber, una teoría
acerca del pensamiento, sus orígenes, sus usos y
sus trastornos, y la aplicación de la “teoría
de las transformaciones” para su mejor comprensión;
y
-
Las
formulaciones técnicas, con una serie de
consideraciones y desarrollos acerca de la actitud
mental del analista en su tarea clínica diaria.
Al
leer a Bion, se tiene la impresión de que intenta presentar
un análisis "vivo", a través de interrogantes
sin respuestas definidas, no saturadas, y orientadas hacia
un universo en permanente expansión.
Bion
postuló la coexistencia de una "personalidad psicótica" y
de una "personalidad no-psicótica o neurótica".
Las manifestaciones de la parte psicótica de la personalidad
no "cabe" dentro del modelo del aparato psíquico
planteado por Freud y casi tampoco "cabe" en el campo
ampliado de la mente planteado por las teorías de Melanie
Klein. Para que puedan apreciarse los fenómenos psicóticos
del modo como Bion los describe, es necesaria una nueva ampliación
- extensión del campo - para dar cabida a la identificación
proyectiva normal y patológica, en sus diversas modalidades,
a las evacuaciones de los órganos de los sentidos (transformaciones
en alucinosis) y a las fuerzas no reconocidas que Bion sugiere
han operado y siguen operando en los grupos humanos.
Como
ya he señalado, uno de los conceptos más fundamentales
descritos por Bion es el de la diferencia entre la "personalidad
psicótica" y la "personalidad no-psicótica".
Podemos encontrar la base de tal diferenciación en Freud
quien, principalmente en sus artículos sobre "Fetichismo" y "La
escisión del Yo en el proceso defensivo", muestra
el clivaje irreductible que afecta al Yo en el ejercicio del
papel esencial que tiene en el conflicto: por un lado, reconocer
las exigencias de la realidad y, por el otro, evitar el displacer.
El fetichista siente que tiene que resolver un dilema acuciante:
una parte de su mente acepta la existencia de la realidad,
y la otra parte la rechaza porque no tolera que la mujer carezca
de pene, ya que ese conocimiento implica la reactivación
de su angustia de castración. Recurre, entonces, a una
renegación o repudio de dicha realidad peligrosa. Freud,
al descubrir esa situación utilizó el término
alemán Verleugnüng (renegación
o rechazo) para diferenciar el destino de la idea que se pretende
eliminar, reservando el término Verdrángnung (represión)
para el afecto.
Estos
conceptos de Freud sirvieron como punto de partida para que
algunos autores, especialmente Bion, establecieran la diferenciación
en todo ser humano de dos modalidades de funcionamiento mental.
Para
Bion, el concepto de "personalidad psicótica" no
es un diagnóstico psiquiátrico; se trata más
bien de una modalidad de funcionamiento mental que se caracteriza
por el lenguaje, por la conducta y, sobre todo, por el efecto
que esta personalidad puede despertar en el interlocutor.
¿Cuáles
son los rasgos más importantes de la "personalidad
psicótica? Destacaré, en primer lugar, la intolerancia
a la frustración. El paciente psicótico no la
tolera, ni tampoco la ausencia del objeto. Por ese motivo recurre
a mecanismos psicóticos para tratar de evitar la frustración
en lugar de modificarla. En mi opinión, éste
es un elemento de diagnóstico diferencial importantísimo.
El paciente neurótico puede intentar modificar la frustración
ajustándose más a la realidad; en cambio, el
paciente psicótico la evita por medio de la negación
extrema, la alucinación, la disociación e identificación
proyectiva patológicas. Otra característica es
la del predominio del odio y de los impulsos destructivos con
que se ataca la realidad externa y la interna. Este odio se
hace extensivo a la conciencia y a todas las funciones asociadas
con la misma (atención, memoria, juicio, etc.) y a todo
aquello que permite establecer un vinculo con el objeto con
la realidad. En el psicótico, como consecuencia de estos
ataques, puede surgir el temor a la retaliación y el
sentimiento de una aniquilación inminente. Este sentimiento
adquiere, en ocasiones, la calidad de un "terror sin nombre" porque
el paciente ignora su contenido. Este terror puede provenir
de relaciones muy conflictivas que ha tenido en su infancia
con una madre que ha carecido de la capacidad de "reverié” es
decir de haber podido recibir y contener sus ansiedades (entre
otras, el miedo a morir que experimenta el niño) y de
haber logrado transformarlas y devolverlas a su hijo en forma
mitigada y tolerable.
¿Qué otra
consecuencia puede haber de estos ataques violentos contra
los objetos externos, los objetos internos y sus vínculos
correspondientes? Pues que se produce una mutilación
de aspectos del propio self, de partes de los objetos y de
los vínculos, que quedan transformados en pequeñas
partículas o fragmentos que son expulsados violentamente
por medio de la disociación e identificación
proyectiva patológicas. Estos fragmentos proyectados,
que Bion denominó "objetos bizarros", giran
en la órbita que rodea al paciente, penetran y enquistan
a los objetos externos poseyéndolos. Estos, a su vez
al sentirse enquistados, tratan también de despojar
de vitalidad a las partes proyectadas de la personalidad. El
paciente se siente, entonces, inundado de terror porque se
encuentra en una situación persecutoria frente al mundo
de objetos bizarros que le amenazan. Pero ahí no termina
el problema, Porque de lo que queda de ese desastre psicótico
el paciente intentará reconstruir su lenguaje y su pensamiento;
y, para lograrlo, sólo puede utilizar sus objetos bizarros,
formados predominantemente por elementos beta, más restos
de yo, Superyo y objetos externos. Confunde, pues, los objetos
reales con sus pensamientos primitivos, y trata a los objetos
externos conforme a las leyes que rigen en el mundo de su mente
en vez de aplicar las leyes de la naturaleza y viceversa. Su
confusión aumenta porque sigue actuando la destructividad
que ataca los comienzos del lenguaje y del pensamiento naciente.
El resultado será que no puede combinar las palabras
ni hacer síntesis; lo único que consigue es aglutinarlas
y yuxtaponerlas. Por lo tanto, es incapaz de formar símbolos;
solo puede construir "ecuaciones simbólicas".
El
paciente psicótico no puede soñar porque carece
de la "función alfa", por lo que no puede
formar elementos "alfa", imprescindibles para construir
un sueño, ni constituir la “barrera de contacto” que
le permitiría separar lo consciente de lo inconsciente.
La “función Alfa” es aquella función de la personalidad
que es capaz de transformar las emociones y sensaciones primitivas
en "elementos alfa" que son almacenados y sirven
para la producción de los elementos de vigilia, de los
pensamientos oníricos, de la formación de sueños
y de recuerdos. Los “elementos beta", en cambio, son emociones
y sensaciones no transformadas y que sirven solamente para
ser evacuados a través de la identificación proyectiva
y formar “ecuaciones simbólicas”. El hecho de que un
paciente no traiga sueños al análisis durante
un periodo prologado no significa necesariamente que sea un
psicótico. Un paciente neurótico puede reprimir
sus sueños por la angustia que le originan los conflictos
inconscientes contenidos en los mismos; entonces los olvidan,
y puede pasar tiempo hasta que empiezan a recordarlos y traerlos
al análisis. El psicótico, por el contrario,
no puede reprimir sus sueños, ya que la represión
es un mecanismo defensivo de un nivel más evolucionado
y maduro, específico de la parte neurótica de
la personalidad.
Los
pacientes con "personalidad psicótica" suelen
crear relaciones transferenciales prematuras y precipitadas,
con la paradoja de que se instalan con tenacidad y, a la vez
con fragilidad. Por este motivo, pueden abandonar a un terapeuta
al que se habían adherido con mucha intensidad y pasar
a otro con relativa facilidad. Por otra parte, tienden a funcionar
con un "super" yo que se opone a toda posibilidad
de aprendizaje y de progreso. Es un “Super" yo que se
rige por principios morales de omnipotencia, omnisciencia,
afirmación de superioridad destructiva y creencia de
estar en posesión de la verdad. Posee, además,
la tendencia a despertar sentimientos de culpa persecutoria
en los demás.
El
paciente psicótico recurre a la acción en ocasiones
en que otras personas neuróticas o normales recurrirían
al pensamiento; y, viceversa, usan el pensamiento mágico
frente a aquellos problemas cuya solución depende de
una acción. Además, se siente prisionero de su
estado mental. Es incapaz de librarse del mismo porque siente
que le falta el aparato de la conciencia de realidad que representa
tanto la llave de escape como la libertad que añora.
A veces, se siente también atrapado dentro de la situación
analítica y no puede llegar al insight de
estado mental que le ayudaría a salir de su encierro.
Cualquier mejoría en el tratamiento psicoanalítico
le representa un dilema, ya que el progreso le confronta con
el conocimiento de su "locura" y el sufrimiento depresivo,
por lo que no quiere seguir adelante. Tampoco se atreve a hacer
uso de la regresión por miedo de volver al estado psicótico
inicial que implica también sufrimiento y la pérdida
de la esperanza de recuperación. Debido a esta situación
angustiante, recurre de nuevo al mecanismo de la identificación
proyectiva patológica para colocar masivamente en el
terapeuta las temidas fantasías, las temidas palabras
y la temida conciencia o el insight recientemente
adquirido. Este dilema se repite una y otra vez en el análisis
de estos pacientes.
Bion
planteó la existencia de tres síntomas para el
diagnóstico de la personalidad pre-psicótica:
el orgullo que se transforma en arrogancia, la curiosidad y
una forma de ingenuidad o de "estupidez". Si se puede
detectar esta tríada sintomática en la clínica,
resultará útil anticipar el estallido de una
psicosis que está en evolución.
Entre
otros síntomas de la personalidad psicótica se
encuentra la alucinación que debe diferenciarse de lo
que Bion llama la "transformación en alucinosis".
La alucinación es un fenómeno clínico
que consiste en la evacuación, a través de los órganos
de los sentidos, de partes escindidas de la personalidad y
de los objetos internos persecutorios que los pacientes no
pueden tolerar dentro de sí, por lo cual los evacuan
- a veces masivamente -, en el mundo externo. Cuando estas
partes escindidas han sido violentamente fragmentadas en múltiples
partículas diminutas que no alcanzan un componente sensorial
objetivable configuran lo que Bion ha denominado las "alucinaciones
invisibles" que, en la clínica, son muy difíciles
de detectar. En otras ocasiones, aparecen las así llamadas "alucinaciones
evanescentes" que consisten en un "entender mal", "oír
mal" o "ver mal", confusiones que el paciente
suele utilizar para evitar llegar al insight de sus problemas.
Las dos últimas categorías de alucinaciones forman
parte de las "transformaciones en alucinosis".
Bion
describe tres clases de transformaciones: las de "movimiento
rígido", las "proyectivas" y las "transformaciones
en alucinosis". En las primeras, la invariancia (que es
aquello que permanece inalterado en el proceso de transformación
y permite reconocer el elemento original en el producto final),
no es tan difícil de detectar porque ha sufrido poca
deformación; es lo que sucede en los análisis
de los pacientes neuróticos. En cambio, en las "transformaciones
proyectivas", que aparecen en pacientes más regresivos,
hechos muy alejados de la sesión, tanto desde el punto
de vista temporal como espacial, son considerados por el paciente
como si fueran aspectos del terapeuta o de su propia personalidad,
y aparecen con una intensa deformación. Las "transformaciones
en alucinosis" provienen de una catástrofe primitiva,
determinada principalmente por la mala relación con
una madre o sustituto materno que no ha podido funcionar adecuadamente.
Puede haber una envidia primaria o un sadismo constitucional,
pero debemos considerar también la importancia del ambiente.
Para entender el origen de la "personalidad psicótica" tenemos
que tomar en cuenta lo que Freud ha llamado las "series
complementarias", formadas por elementos constitucionales
y elementos adquiridos.
Para
Bion, la alucinosis no debe ser considerada en un sentido peyorativo,
sino que debería ser tratada con el mismo respeto que
tributamos a cualquier material que nos trae un paciente neurótico,
sea una asociación libre o un sueño. El "acting
out", el delirio o la alucinación, nos producen
- a veces - reacciones contra transferenciales de rechazo,
por lo que solemos caer en alianzas resistenciales inconscientes
con el paciente, por temor a las angustias psicóticas
que nos puede transmitir.
Presentaré,
a continuación, muy brevemente, un ejemplo de una "transformación
en alucinosis" de un material clínico que he supervisado,
para que puedan apreciar cómo funciona una paciente
psicótica que tenía "visiones", según
su expresión textual. El fragmento de la sesión
es el siguiente:
La
paciente dice: "En estos momentos tengo una visión.
Veo un pitillo encendido que se me acerca y me puede quemar
la vagina". Se queda en silencio. Luego sigue. "Creo
que es un castigo; sí, debe ser un castigo porque usted
está enfadado conmigo por el solo hecho de que existo
y no tolera que yo exista, que yo viva; por eso me castiga
de esa manera”. Se puede desprender que la paciente vivía
la interpretación que le había formulado su analista
como un cigarro encendido que le podía quemar su vagina-mente
y producirle daño. De este modo, proyectaba en el analista
su propia tendencia agresiva y autodestructiva y el odio que
experimentaba frente a su propia existencia. Después
de un corto silencio, la paciente continúa hablando
de la incomunicación y el vacío que sentía
en la relación con su madre.
Bruscamente
se interrumpe y dice: "Tengo ganas de acuchillar el diván,
el sofá, y sacarle las tripas que tiene dentro. Lo estoy
sintiendo, le estoy sacando las tripas”. Luego se mira el muslo
y agrega: "Deseo cortar este muslo para que brote sangre;
pero ¿qué pasa si brota sangre? ¿ Será como
el agua de los océanos? Siento que me invade y yo me
siento perdida en un océano inmenso”.
En
este material podemos encontrar distintos contenidos pero,
para señalar lo más importante, diré que
la paciente había proyectado en el diván-madre-analista
su tendencia destructiva, que la conducía a saquear
todo su interior ("vaciamiento de las tripas”) y que la
vaciaban además de sus contenidos mentales. En un momento
dado sintió que perdía los límites de
su cuerpo y de su persona.
Esther
Bick ha destacado la importancia de la función psíquica
de la piel para el desarrollo mental. Demostró la necesidad
que tiene el niño de una madre continente con la cual
pueda identificarse, de modo de sentirse suficientemente contenido
dentro de su propia piel, como para poder soportar la separación
de su madre, sin temer que su self corporal se desintegre.
El paciente psicótico, debido a la carencia de una madre
continente, siente que la función psíquica de
su piel tampoco es continente y teme desintegrarse. Hay ocasiones
en que el paciente llega a experimentar la pérdida de
sus límites corporales como una disolución total
en que ni siquiera el espacio astronómico sería
suficiente para contenerle. Percibe entonces una angustia catastrófica
equivalente a que todos sus contenidos, órganos pensamientos
e ideas se desparraman, se licúan, se drenan y se pierden
en la inmensidad del espacio. Es lo que ocurría con
la paciente que expresaba textualmente, a través de
su “transformación en alucinosis", que la sangre
que le brotaba de su muslo, la vaciaría total y bruscamente
de todos sus contenidos mentales, quedando con una sensación
de “nada” y de “terror sin nombre".
En
otras ocasiones, el paciente con predominio de la "personalidad
psicótica" que utiliza la "transformación
en alucinosis", considera que sus "creaciones" son
el resultado de su capacidad de rodearse de un universo generado
por él mismo y que le brinda un método “infalible” para
no tener que sufrir el dolor de la frustración. El paciente "cree”,
además, que su método es superior a cualquier
otro método que le sea propuesto. En otras palabras,
tiene que negar la existencia de una realidad externa que le
limita, le oprime y le amenaza con el sufrimiento del dolor
psíquico. Por lo tanto, la única "realidad" en
la que cree es aquella “realidad” generada por sí mismo
a través de la alucinosis. El sistema de la alucinosis
se asienta, pues, en la intolerancia a la ausencia del objeto
con su concomitante intolerancia al dolor de la frustración.
Otra configuración clínica de la "personalidad
psicótica" es el fenómeno denominado "reversión
de la perspectiva". Esta denominación fue tomada
de un conocido experimento de la psicología clásica
que consiste en la observación de una lámina
que tanto puede representar un jarrón como dos perfiles.
Lo normal es poder pasar de una perspectiva a otra, o de un "vértice" a
otro; corresponde a la "perspectiva reversible".
Por el contrario, la "reversión de la perspectiva
es un fenómeno resistencial complejo, por el cual el
paciente tiende a quedarse en una sola y única perspectiva
desde la cual "ve" el análisis y “escucha” las
interpretaciones. Se trata de una actitud silenciosa, no manifiesta,
que se esconde detrás de un aparente acuerdo y comprensión
de la perspectiva que le muestra el analista. Es una defensa
extrema contra la posibilidad de enfrentarse con el dolor psíquico
y el sufrimiento depresivo. Cuando el paciente la utiliza,
logra convertir una situación dinámica en estática.
Toda evolución es detenida. "Revertir la perspectiva" es,
pues, un fenómeno activo e intencional consistente en
el rechazo silencioso y constante de las premisas sobre las
cuales se basa la interpretación.
En
síntesis, si bien Bion había destacado que en
la psicosis había ataques violentos a la mente del paciente
y a los vínculos con sus objetos, después de
descubrir la importancia del concepto de la relación "continente-contenido",
se dio cuenta que la psicosis se debía más a
la incapacidad del niño de disociar y proyectar adecuadamente.
En otras palabras, lo importante es la influencia de una función
alfa defectuosa que determina un déficit en el funcionamiento
de la disociación y de la identificación proyectiva
produciendo un fracaso del continente para contener las proyecciones
disociadas. El análisis clásico pone el acento
en que las psicosis presupone un Ello con sus irrupciones instintivas
debidas a un proceso primario excesivo que agobia al yo. La
noción de Bion es diferente: la psicosis se debería
a una función alfa deficiente que es incapaz de recibir
y de soñar los datos sensoriales de la experiencia emocional,
por no poder mitigar su impacto.
Como
enfoque técnico, Bion aconsejaba que trabajáramos "sin
memoria, ni deseo". Esta es una expresión que despertó muchas
polémicas porque fue mal entendida y se distorsionó su
verdadero espíritu. Se trata más de una actitud
interna por parte del analista que de una real modificación
de la técnica frente al paciente. Bion quería
significar con ello que era preferible que el analista usara
al máximo su intuición, sin dejarse influir por
sus juicios a priori, para que no contaminaran lo que estaba
ocurriendo en el "aquí y ahora" de sesión.
De esta manera, era posible captar los elementos y matices
nuevos que siempre existen en cada experiencia de encuentro
entre paciente y analista. Es importante, pues, tener la capacidad
de librarse transitoriamente de la "memoria" y del "deseo" para
que no perturben el buen aprovechamiento de la sesión
psicoanalítica.
Termino
esta comunicación que es, a la vez, un tributo a la
memoria de Bion, enfatizando - nuevamente - su devoción
por la verdad. Espero que ésta, una de sus más
valiosas contribuciones, nos sirva para estimularnos en la
búsqueda de la verdad, no sólo en el ejercicio
de nuestra tarea con los pacientes neuróticos y psicóticos,
sino también en nosotros mismos
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