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pingreenLa Matriz Epistemológica de la Teoría Psicoanalítica.

 

Miguel Kolteniuk

 

 

El propósito de este trabajo es presentar un modelo epistemológico organizador que permita una comprensión sintética y jerárquica del conglomerado pluralístico de aportaciones teóricas, a veces agrupadas en “escuelas”, con el fin de introducir cierto orden lógico en el campo de conocimiento psicoanalítico.

De entrada debo reconocer que una tarea de esta índole, además de su presentación omniabarcante, rebasa los límites de este trabajo, así como las capacidades de un individuo particular; sin embargo, pienso que el más modesto esfuerzo personal en esta dirección tiene pleno sentido en virtud de la cantidad de corrientes y escuelas, conceptos y autores que pueblan nuestro saber psicoanalítico.

La pretensión de síntesis en un campo de conocimiento siempre ha sido uno de los propósitos del desarrollo científico, sobre todo cuando los distintos descubrimientos sectoriales arrojan teorías parciales muchas veces incompatibles entre si sobre los diferentes aspectos y variedades del campo de estudio. Surge así la necesidad de integración desde una óptica más abstracta y general de los componentes teóricos, parciales y dispersos con el fin de escapar de la desorganización de un campo fragmentado y caótico. Nunberg (1955), Fenichel (1945), Rapaport (1960) y, en la actualidad, Kernberg (1976) constituyen ilustres ejemplos de esta tendencia sintetizadora e integrativa.

Sin embargo, la tarea sintetizadora no es fácil; además de las dificultades intrínsecas que presenta, suele despertar suspicacias y en ocasiones, fuerte repulsa entre algunos colegas que ven la síntesis como un atentado a la singularidad, especificidad, pluralidad e irreductibilidad de las distintas perspectivas teóricas psicoanalíticas. Contemplan la tarea sintetizadora como una labor reduccionista, simplificadora y esterilizante que atenta contra la creatividad y la riqueza plural del psicoanálisis, afirman que dicha tarea pretende realizar un borramiento de las diferencias y que obedece a un deseo narcisista de búsqueda de perfección y completud. Roustang (1979), por ejemplo, considera que la creación teórica es inseparable de la transferencia y apunta siempre a lo singular y propio de la subjetividad del analista.

Sin embargo, pienso que la labor sintetizadora no tiene por qué ser vista con tal desconfianza. El diálogo con mis colegas y la experiencia de los congresos me han enseñado que existen dos perspectivas antagónicas y complementarias desde las cuales se abordan las discusiones sobre la teoría: la primera es la perspectiva de la síntesis integrativa y generalizadora que busca la organización del campo fragmentado; la segunda, es la perspectiva singularizadora y diferenciadora que busca delimitar la especificidad y la validez singular e irreductible del aporte personal o de la escuela pertinente. Frecuentemente las discusiones transitan como enfrentamientos de estas dos perspectivas. Cuando un colega intenta formular un prospecto de síntesis de diversos enfoques teóricos, se le suele argumentar que su síntesis no tomó en cuenta las diferencias inherentes de los enfoques respectivos, que cayó en un reduccionismo simplificador, o en un eclecticismo disfrazado, etc.

Más allá de la posible validez de las críticas formulables, me parece que el enfrentamiento entre las perspectivas sintéticas y singularizadoras obedece a dos tipos de ansiedades que debe enfrentar la comunidad psicoanalítica. Una es la ansiedad psicótica de fragmentación y caos del campo cognitivo y que se extiende a la identidad psicoanalítica. La otra es la ansiedad también psicótica de pérdida de los límites y dilución de la identidad personal por fusión con un campo general e indiferenciado. La ansiedad de fragmentación origina la perspectiva sintetizadora, mientras que la ansiedad de dilución hace surgir la perspectiva singularizadora. La oscilación dinámica entre ambas ansiedades provoca los distintos tipos de enfrentamiento y polémicas que ocurren entre la perspectiva sintetizadora y la singularizadora. Lamentablemente estos enfrentamientos pocas veces conducen a un esclarecimiento verdadero del problemas y corren el riesgo de convertirse en una intelectualización dramatizada de los problemas narcisistas de los grupos y personas contendientes, o en un campo de batalla ideológico encubridor de las distintas pugnas políticas que surgen entre las diferentes escuelas o instituciones que se agrupan en torno a una corriente de pensamiento.

Por ello, me he permitido formular un modelo epistemológico multiaxial que intente dar cuenta de la variedad y pluralidad de los desarrollos teóricos ramificados sin perder de vista el tronco común organizador de donde dichos desarrollos surgieron. Este modelo multiaxial intenta ofrecer una visión tetradimensional del desarrollo teórico del psicoanálisis con sus conexiones, derivaciones y puntos de partida a la manera de un árbol que ha crecido en todas sus dimensiones a través de una historia y un tiempo determinados. Las limitaciones de espacio sólo me permitirán ofrecerles un boceto muy esquemático de dicho modelo, un esqueleto a ser llenado y enriquecido con investigaciones ulteriores.

El modelo contempla la obra de Freud como el tronco común a partir del cual surgieron las ramificaciones posteriores. Por ello comienza con un estudio epistemológico de los conceptos centrales de la teoría freudiana, de los distintos periodos en los que dichos conceptos fueron formulados, de los momentos de ruptura, creación y síntesis, momentos culminantes del pensamiento de Freud que abrían nuevos caminos de desarrollo, es decir, ofrece una visión del árbol freudiano, y de ahí, derivan las ramas posfreudianas señalando los puntos de articulación con las ramas freudianas sin por ello desconocer los caminos independientes que cada una ha seguido hasta la fecha.

Me inclino a pensar que los desarrollos posfreudianos siguen siendo ramas del árbol original. No considero, como algunos suelen sostener, que sean árboles independientes y rivales. Esto atenta desde luego contra el narcisismo de las ramas que pretenden convertirse antes de tiempo en árboles autónomos.

En primer término cabe destacar las aportaciones conceptuales que Freud formuló en el periodo comprendido entre 1893-95 a partir de las cartas a Fliess y el Proyecto hasta 1915, donde culmina con sus trabajos sobre metapsicología, pasando por los momentos estelares de La interpretación de los sueños (1900) y Tres ensayos (1905). Este periodo, que denominaremos el período de la primera tópica, marca la contribución de la infraestructura conceptual de la teoría psicoanalítica a partir de la cual fueron derivados los conceptos posteriores. En este período Freud (1915a) construyó el modelo topográfico-representacional del aparato psíquico alimentado y dinamizado por energía pulsional proveniente de su primer dualismo: pulsiones sexuales y pulsiones del yo. La concepción del aparato psíquico como ubicado en un espacio virtual dentro del sujeto, en el que se registra y almacena la experiencia en forma de una escrituración de representaciones inscritas como huellas mnémicas, y alimentadas por investiduras energéticas provenientes de las pulsiones, cuya dinámica obedece a los procesos primarios y secundarios según se localicen en el sistema inconsciente, preconsciente y consciente, respectivamente, y funcionando de acuerdo a los principios de placer y realidad, constituye el primer núcleo conceptual de la teoría psicoanalítica a partir del cual se fueron construyendo los siguientes. Este aparato psíquico se subdivide en los sistemas consciente preconsciente e inconsciente y se organiza de acuerdo a las vicisitudes del complejo de Edipo, con sus fases preedípicas, marcando así los caminos de las articulaciones de las representaciones y las pulsiones en función de la historia del sujeto.

Este modelo topográfico-representacional-pulsional estableció las bases de la teoría de la simbolización y el pensamiento y su articulación con los procesos energético-pulsionales, por un lado, y concibió la problemática del espacio psíquico, capaz de ser investigado a través de un estudio topográfico o una topología, por otro. Por ello, he creído pertinente extraer de este período freudiano dos ejes organizadores que incluyo en el modelo epistemológico multiaxial y que son:

1.- El eje de la topografía psíquica, que se ocupa del desarrollo del concepto de espacio psíquico y sus subdivisiones (Freud, 1915a; Meltzer, 1975; Lacan, 1966; Bion, 1962; etc.).

2.- El eje de la simbolización pulsional de la experiencia, que se ocupa de las teorías del pensamiento y los procesos de simbolización en psicoanálisis (Freud, 1900: Klein, 1946; Bion, 1962; Lacan, 1966; Green, 1975; etc.).

En segundo término, es posible señalar un tanto artificialmente un segundo período en la obra de Freud que se inicia en 1914 con su “Introducción del narcisismo” y que culmina en 1923 con El yo y el ello , pasando por los momentos estelares de “Duelo y melancolía” (1915b) y Más allá del principio de placer (1920). Me he permitido llamar a este espacio creativo el “período de transición” porque se halla ubicado entre el modelo de la primera tópica y el de la segunda o modelo estructural que se inicia con El yo y el ello (1923).

Es difícil exagerar la importancia de este período de transición porque su abundancia creativa continúa explorándose hasta la fecha. Para mi propósito me basta destacar en primer lugar el concepto de “objeto interno” definido como un conjunto organizado de representaciones investido libidinalmente y que actúa dentro del espacio psíquico. En segundo lugar, el concepto de “narcisismo” como la investidura libidinal del yo y su derivado estructural el “ideal del yo” como cicatriz del yo ideal perdido que alimenta la autoestima con libido narcisista, y en tercer lugar, el concepto de “pulsión de muerte” como la energía libre, tendiente a cero, agente mudo de la dimensión no simbolizable del sujeto que lo empuja a la repetición compulsiva de las experiencias traumáticas, además, la integración de la libido, el narcisismo y las pulsiones yoicas en Eros, y la postulación del segundo dualismo pulsional: Eros y pulsión de muerte.

La definición del objeto interno y su dinámica intrapsíquica propuesta por Freud (1915b) en “Duelo y melancolía” dio origen a la teoría de las relaciones objetales iniciada por Fairbairn (1952) y M. Klein (1946) y continuada por Sandler (1976) y Kernberg (1976) por caminos muy distintos. De esta aportación freudiana me he permitido extraer el tercer eje del modelo multiaxial:

3.- El eje de las relaciones objetales, que abarcaría los diferentes desarrollos teóricos que se ocuparían del tema desde diferentes puntos de vista.

De la introducción de los conceptos sobre el narcisismo propuesta por Freud (1914) en su célebre ensayo he creído pertinente extraer el cuarto eje del modelo multiaxial:

4.- El eje del estudio del narcisismo, que comprendería las aportaciones que se ocupan de la constitución de las estructuras narcisistas: el self, los objetos del self, las transferencias narcisistas (Kohut, 1971), la constitución del yo como imagen especular a partir del Otro (Lacan, 1966), la búsqueda de perfección y la constelación de mecanismos omnipotentes de la patología narcisista (Masterson, 1985; Rosenfeld, 1965; Kernberg, 1976).

Pertenece también al período de transición el concepto de “identificación”, concepto puente que vincula la relación objetal con el narcisismo (“la sombra del objeto cae sobre el yo”) y que establece la base de la formación de las estructuras (“el yo es el precipitado de investiduras de objeto abandonadas”, El yo y el ello ), pasando por la identificación del ideal del yo con el líder o el objeto del enamorado en Psicología de las masas

En tercer término, cabe señalar un tercer período en el desarrollo de la obra de Freud, que tal como lo anunciamos, se inicia en 1923 con la publicación de El yo y el ello y se extiende hasta su muerte. Me he permitido llamarlo el período de la segunda tópica o período estructural porque en él Freud propone la subdivisión del aparato psíquico en las estructuras yo, ello y superyó. Es el período de mayor síntesis e integración del pensamiento freudiano, porque intenta reubicar todos sus descubrimientos anteriores dentro de un modelo estructural. Anteriormente mencioné que su concepto de “identificación” iba a servirle de puente de conexión entre la relación objetal y el narcisismo para concebir la formación de estructuras y la organización del complejo de Edipo. El yo y el superyó se constituyen a partir de identificaciones, pero también cumplen tareas funcionales específicas: el primero se ocupa de la regulación y control de las fuerzas avasallantes de la realidad exterior, el ello y la conciencia moral del superyó; mientras que el segundo se ocupa de la vigilancia del yo de acuerdo a los modelos introyectados por la educación y la moralidad vigente y heredada. A partir del modelo estructural he extraído el quinto eje del modelo multiaxial:

5.- Eje del estudio de las estructuras, continuado y desarrollado por la psicología del yo, con Hartmann, Kris y Loewenstein (1946), Rapaport (1960), Arlow y Brenner (1964), Rangell (1963), Holt (1975), y varios exponentes de la escuela norteamericana.

Por último, recogiendo el pensamiento de Tres ensayos sobre el estudio del desarrollo de la sexualidad infantil, he formulado el sexto eje del modelo multiaxial:

6.- El eje de la teoría del desarrollo, iniciado por Freud (1905) y continuado por Anna Freud (1965), Klein (1946), Winnicott (1965), Spitz (1965), Mahler (1975) y Emde (1988), que se ocupa de diversos estudios tanto observacionales como clínicos del desarrollo del niño, y que abarca el estudio del desarrollo de los cinco ejes anteriores.

El concepto freudiano de “pulsión de muerte” como energía traumática no simbolizable que alimenta la compulsión repetitiva de las experiencias traumáticas y que se exterioriza en todas las formas de destructividad, podría ser considerado como el eje metapsicológico de la psicopatología; sin embargo, su aceptación no es general dentro de la comunidad psicoanalítica internacional, ya que para algunos se trata de un concepto exagerado y prescindible. Desde mi punto de vista, no puede ser excluido del aparato teórico psicoanalítico sin mutilarlo significativamente. Se trata de una rama freudiana que ha dado origen a ciertas ramificaciones no reductibles a otras que rechazan dicho concepto.

Me parece que los seis ejes del modelo multiaxial -el topográfico, el de la simbolización pulsional, el de las relaciones objetales, el del narcisismo, el de las estructuras y el del desarrollo- constituyen la matriz epistemológica de la teoría psicoanalítica, a partir de la cual es posible ubicar la referencia y el alcance de las distintas teorías y aportaciones individuales sin diluir su especificidad y valor y, al mismo tiempo, sin permitir la fragmentación caótica del campo teórico del psicoanálisis. El modelo multiaxial ofrece la posibilidad de organizar, clasificar e interrelacionar los múltiples desarrollos creativos y permite recuperar una perspectiva más global y tetradimensional del árbol teórico y del origen y trayecto de sus ramificaciones. Por ello, lo he llamado epistemológico, ya que pertenece a un nivel metateórico. Además define las líneas básicas de evolución de la teoría al referirse al objeto de estudio del psicoanálisis concebido como un aparato psíquico que ocupa un espacio virtual con subdivisiones, en el que ocurren procesos de simbolización pulsional, que dan origen a la formación de estructuras, relaciones objetales y constitución del narcisismo, a través de un proceso de maduración y desarrollo.

Pienso que la gran variedad de teorías y descubrimientos clínicos se explica por las múltiples posibilidades de observación e interpretación, las casi infinitas posiciones en que puede ubicarse el investigador para contemplar algunas zonas del objeto de estudio. Por un lado, es posible enfocar el lente en distintas zonas del aparato psíquico sin variar la distancia de observación. Por otro lado es posible aumentar la distancia, la profundidad y el poder de aumento de dicho lente sin variar la posición. Por último, es posible variar tanto el grado de aumento, la distancia y la profundidad, como la posición, el alcance y la amplitud de la observación. El microscopio observacional puede emplear todas sus posibilidades de variación en el poder resolutivo, la distancia y el aumento de sus lentes, además de los distintos desplazamientos del campo óptico. Cada investigador elige la zona, la profundidad, el aumento y la distancia con las que efectúa sus observaciones, y elabora sus descubrimientos desde este contexto particular. Si además incluimos la subjetividad historizada del investigador como determinante de sus observaciones podemos completar la imagen tetradimensional del microscopio que incorpora la historia como otro factor de variación que enriquece y complica el abanico de posibilidades.

Muchas veces las polémicas teóricas surgen a partir de la confrontación de dos o más observaciones hechas desde distintos lugares o desde diferentes niveles de profundidad, perdiéndose en ocasiones la conciencia del relativismo de las perspectivas, lo que da lugar a disputas interminables o a seudoproblemas teóricos, así como a la formación de ese campo caótico y fragmentado que amenaza la integración de la identidad del psicoanálisis. Por tal motivo, un abordaje integrador realizado desde una perspectiva epistemológica más abstracta resulta indispensable para enfrentar este campo desorganizado. La propuesta de este modelo multiaxial definitorio de la matriz epistemológica de la teoría psicoanalítica constituye un esfuerzo en esta dirección. La concepción del instrumento de observación como un microscopio tetradimensional constituye su complemento necesario.

 

BIBLIOGRAFIA

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Dirección: Patricio Sáenz 437, Col. del Valle, Deleg. Benito Juárez, 03 100 México D. F., México

 

Publicado en: Revista de Psicoanálisis, Asociación Psicoanalítica Argentina, Buenos Aires, vol. XLIV, Nº 5, 1989.

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