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Un Precursor Húngaro de la Teoría del Apego: Imre Herman, el Sucesor de Ferenczi.

 

Horst Kächele

La teoría del apego ha logrado a estas alturas una considerable respetabilidad científica y clínica. Este documento trata de recordar a los lectores un precursor húngaro de esta teoría, Imre Hermann, quien sorprendentemente pronto sintió la relevancia de la investigación etológica y sus posibles implicancias para el establecimiento de una sólida teoría del desarrollo.

 

La historia de la ciencia o del pensamiento científico está llena de ejemplos en los que creativos pensadores han concebido ciertas ideas que al principio parecían a menudo bastante exageradas, lejanas, y que combinaban diversos discursos, pero que sólo mucho más tarde han demostrado que han contribuido al desarrollo de un campo científico.

Uno de los movimientos científicos más fascinantes de hoy en día en el psicoanálisis ha sido el acercamiento de las observaciones sobre el desarrollo que John Bowlby ha enunciado en su trilogía, El apego y la pérdida (1969; 1973; 1980), en el campo del psicoanálisis clínico (Fonagy, 2001; Strauss et al, 2002).

Bowlby se marginó del tradicional énfasis psicoanalítico sobre el rol de la fantasía durante la infancia y se centró en cambio en las consecuencias de los hechos reales, como la separación y la pérdida en el desarrollo emocional de un niño. Desde entonces, la teoría de Bowlby ha sido durante mucho tiempo el tema de acalorados debates entre los psicoanalistas. En la actualidad, los aspectos motivacionales autónomos del apego han sido ampliamente aceptados, el cual independientemente del hambre y la sexualidad funda el establecimiento de las relaciones sociales. Las opiniones de Freud de que las relaciones sociales se formaban principalmente a partir de la necesidad de alimentarse no fueron apoyadas por los investigadores que trabajan en el campo del apego.

La teoría del apego considera el deseo de relaciones emocionales estrechas no como específicamente humanas, sino más bien como una característica común de todos los primates. Este deseo, el cual ya está presente en el recién nacido, se mantendrá hasta la vejez y es un elemento básico, con una función de supervivencia. Especialmente en la infancia y la niñez, el apego a los padres asegura refugio y atención. Análogamente, la tarea de los padres es el cuidado sensible de su hijo. Estos dos sistemas se encuentran en delicado equilibrio y se desarrollan en una secuencia específica.

Pero actualmente, uno se puede preguntar cuanto de la teoría del apego tiene que ver con el mundo psicoanalítico húngaro y la impronta de Sandor Ferenczi y sus seguidores. Como transición quiero referirme a un reciente libro de Tomas Geyskens y Philippe Van Haute, notablemente titulado, Del Instinto de Muerte a la Teoría del Apego: La Primacía del Niño en Freud, Klein, y Hermann (2007). Geyskens y van Haute ahondan profundamente en las tensiones resultantes entre ciertos componentes primarios del psicoanálisis tales como el apego y el trauma infantil, analizando la obra de Melanie Klein, John Bowlby, Imre Hermann, y la de la aún demasiado ignorada escuela húngara de psicoanálisis.

Obviamente, las contribuciones en gran parte olvidadas de Hermann ilustran su asombroso papel como un precursor de la teoría del Apego. Mucho antes de que Bowlby estuviese en la línea de fuego de los debates críticos a finales de 1950 (A. Freud, 1960), nosotros encontramos que este tema de las cuestiones etológicas se encontraba muy presente entre los psicoanalistas húngaros.

Imre Hermann, nacido en 1889 en Budapest, mostró un extraordinario interés en los problemas matemáticos ya siendo alumno en la escuela secundaria. Como estudiante de segundo año de medicina, trabajó en el laboratorio experimental de Géza Révész estudiando psicología infantil y la psicología de la percepción sensorial.

 

Hermann inaugura el texto de 1936 "Apego-Exploración", con las siguientes palabras:

En los últimos doce años a menudo tuve la oportunidad de destacar el importante papel que la voluntad de aferrarse al cuerpo de la madre juega en la organización mental del ser humano. Pero ahora ya hay suficiente material para resumir las diversas conclusiones, para complementar y para demostrar la posición de estos hechos en la estructura teórica del psicoanálisis. (349).

Luego, él analiza dos conjuntos de hechos: observaciones clínicas sobre la erogeneidad de la mano y observaciones etológicas de la relación de la madre y el bebé entre los chimpancés.

La primera fuente de datos comprende la tendencia del bebé a usar sus dedos para aferrarse y succionar; y la segunda consiste en los hallazgos antropológicos de la vida social de los monos y los simios que el zoólogo británico Solly Zuckermann había resumido en sus libros publicados en 1932 y 1933(1). Hermann especialmente consideró el uso del fenómeno del “acicalamiento” como un importante mecanismo para el desarrollo de la vida social, y escribió sobre ello en su artículo de 1933, "Sobre la vida instintiva de los Primates".

Ambos conjuntos de hallazgos -clínicos y etológicos- llevaron a Hermann a la conclusión de que el bebé humano en relación con su tendencia instintiva es separado prematuramente del cuerpo de la madre. (Su conjetura de que esto también podría haberse debido a una intervención del padre arcaico, o Urvater, podría leerse como un tributo necesario a la posición de Freud). En consecuencia una pulsión de apego permanecería a lo largo de toda la vida, la cual propendería al restablecimiento de esa situación original (Urzustand), en la que madre e hijo se unen en una preformada unidad dual. La gratificación de esta pulsión, sin embargo, es continuamente frustrada por una serie de traumas (ver Hermann 1924).

La creación de una nueva pulsión durante la vida de Freud era ciertamente una empresa arriesgada; no es de extrañar que las referencias a ella sean escazas en el mundo psicoanalítico no-Húngaro. Sin embargo, en su libro La técnica en cuestión (1988, 46), André Haynal menciona que las descripciones de Hermann de la tendencia de apego (Sich-Anklammern) y la tendencia a la exploración (auf-dieSuche-gehen) sin duda habían influido en la concepción de ocnofilia y filobatismo en la falta básica de Balint (1968).

 

Balint escribió extensamente acerca de la contribución de Hermann ya en su artículo, "Las etapas tempranas del desarrollo del Yo", que apareció en el Imago original de 1937. Ahí, él revisó las controversias que habían surgido entre los analistas londinenses y los vieneses respecto al amor temprano, y citó (1931) la descripción de Freud:

 

El amor de la infancia no tiene límites, demanda la posesión exclusiva y no se conforma con nada menos que todo. Pero posee, además, una segunda característica: tiene, de hecho, ningún propósito, y es incapaz de obtener una satisfacción completa; y principalmente por esta razón es que está condenado a terminar en decepción y dar lugar a una actitud hostil. (231)

La posición de los analistas húngaros -Balint menciona a Alice Balint, Imre Herman, y a él mismo- estaba influenciada por los trabajos de Ferenczi; cuyas principales características se resumen en la tesis de que estos tempranos deseos son dirigidos a un objeto y que nunca superan el nivel de placer preliminar. Esta posición está ahora fuertemente sustentada en el trabajo de Hermann, a quien Balint cita con gran detalle. Una vez que aprendemos, en primer lugar, que el bebé pasa mucho tiempo durante los primeros meses de vida extrauterina aferrándose a su cuerpo o al de su madre; y, en segundo lugar, que el bebé humano es separado prematuramente del cuerpo materno, las implicaciones fundamentales de esta perspectiva para las etapas posteriores de la vida es que dicho aferramiento (Anklammerung) representa el precursor común de toda una serie de relaciones de objeto.

Balint respaldó sus argumentos citando el estudio de Alice Balint, "El Amor a la Madre y el Amor de Madre" (1939). Él citándola dice que la madre es -con respecto a sus necesidades libidinales- al mismo tiempo receptora y dadora, no menos que su hijo; que ambos comparten el mismo tipo de forma de amor, primitivamente egoísta. La madre no conoce la diferencia entre sus propios intereses y los intereses del objeto. Esta última afirmación desde el punto de vista actual ciertamente tendría que ser reconocida.

Volviendo al argumento principal de mi artículo, me gustaría señalar que el papel de la madre como una figura de apego no ha sido conceptualizado adecuadamente por Michael y Alice Balint. Aunque sería justo decir a la luz de la moderna teoría del apego que existe una sólida base biológica para las relaciones de objetos primarios, estos niveles de análisis son cualitativamente diferentes. El amor incondicional no es lo mismo que la preocupación materna; podría ser cierto que en ciertas situaciones patológicas algunas madres aman infantilmente a sus hijos, pero desde el punto de vista del apego, esto ciertamente no es deseable (véase Stern et al, 1998).

Bowlby, respondiendo al entorno analítico emocional e intelectual en Londres, revisó la literatura psicoanalítica relevante en "La Naturaleza del Vínculo del niño con su Madre" (1958) y luego lo hizo de nuevo en los tres volúmenes de El Apego y la Pérdida. Examinando cuidadosamente las obras de Freud, él se refirió a algunas observaciones bastante oscuras sobre este tema, concluyendo: "la desatención de Freud en su primeros trabajos para dar la debida importancia a este temprano vínculo ha tenido efectos de largo alcance sobre la teorización psicoanalítica" (1969, 361).

Es sólo en su síntesis final, Esquema del psicoanálisis (1940), que Freud ofrece un fecundo aunque muy condensado párrafo, sobre la relación con la madre. Él lo describe como "único, incomparable, establecido inalterable durante toda la vida como el primero y más fuerte amor-objetal y como el prototipo de todas las posteriores relaciones de amor" (188; citado en Bowlby 1969, 363).

En El Apego y la Pérdida, Bowlby (1969) valora la contribución de la escuela de Budapest. Él se refiere a los escritos de Hermann: "Como consecuencia de estas observaciones, y resucitando la temprana y prácticamente descartada idea de los Tres ensayos de Freud, él postula como un componente primario instinto de los seres humanos, el instinto de aferrarse". Bowlby luego reposiciona esta perspectiva: "parece, sin embargo, que Hermann se mostró reacio a considerar esto como una relación de objeto, por lo que sería probablemente incorrecto decir que estaba suscribiéndose a la teoría del apego del objeto primario "(371).

 

Bowlby retomó el papel de Hermann como un precursor de nuevo en el segundo volumen de su trilogía (1973). Nuevamente y de modo sutil criticó los intentos de sus compañeros analíticos para responder a la pregunta básica: "¿Por qué un niño se aflige tanto en ausencia de su madre?", él observa que:

 

Sólo ocasionalmente tiene un estudiante el problema de aceptar los datos [de observación] por su valor nominal y su presencia en una teoría... esa es aquella que refiere a la angustia y la subsiguiente ansiedad que surgen como respuestas primarias no reducibles a otros términos y, debida simplemente a la naturaleza del apego del niño a su madre. Entre aquellos que han anticipado este punto de vista se encuentran Suttie, Hermann, y con cierta reserva, Fairbairn y Winnicott. (31; citas omitidas)

Yo pienso que es un honor para cualquiera el ser mencionado en la lista de los precursores de una teoría que han cambiado el mundo intelectual y clínico. Ello refleja la creatividad de los clínicos psicoanalíticos para recoger diversas experiencias y fusionarlas en nuevas estructuras teóricas. Ciertamente la obra de Imre Hermann fue una de tan elevado prestigio.

 

CODA

Hay otro tema en el que Hermann estaba definitivamente adelantado a su tiempo. Permítanme contarle mi pequeña historia. Yo era un estudiante de medicina ávido por recoger todo tipo de libros sobre psicoanálisis. Dotado con un pequeño estipendio solo únicamente para la compra de libros, a menudo paseaba por las librerías de segunda mano en busca de textos pertinentes. Un día de octubre de 1967 en Münich cogí un libro de la estantería: Imre Hermann, Die als Psychoanalyse Methode (1963). Al mirar a través de él, me di cuenta de que este libro era un artículo especial, ya que fue una reedición de la versión original publicada en 1934 como complemento de la Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse (Hermann 1934).

Unos diez años más tarde, el pensador psicoanalítico húngaro, David Rapaport, también abordó el tema de la metodología en una serie de conferencias en la Fundación Menninger (1944). Allí él señaló que "en toda la literatura psicoanalítica sólo hay tres o cuatro documentos sobre metodología" (181); él citó la afirmación de Hermann de que un pre-requisito específico de la constelación del psicoanálisis era una "disposición anímica de confianza" (201).

Cuando Helmut Thomä y yo, analizamos el estado actual de la investigación psicoanalítica, recordamos a nuestros lectores los tempranos esfuerzo de Hermann: "Cada vez más, la situación analítica, que es la base del conocimiento, el alcance práctico, y la significación empírica del método psicoanalítico, están siendo sometidos a estudios científicos (Hermann 1963) "(Thomä y Kächele 1985, 25).(2)

 

Department of Psychosomatic Medicine and Psychotherapy

Ulm University

Am Hochstrasse 8

80981 Ulm

Germany

Mail: horst.kaechele@uni-ulm.de

 

REFERENCIAS:

Balint, Alice. 1939. Love for the Mother and Mother Love. In M. Balint 1952, pp. 109–27.

Balint, Michael. 1937. Early Developmental stages of the Ego. Primary object-love. In M. Balint 1952, pp. 90–108.

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Bowlby, John. 1958. The Nature of the child’s Tie to His Mother. International Journal of Psychoanalysis, 39:19–52;107–27.

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———. 1973. Attachment and Loss. Vol. 2. Separation: Anxiety and Anger. New York: Basic Books.

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Fonagy, Peter. 2001. Attachment Theory and Psychoanalysis. New York: other Press. Freud, Anna. 1960. Discussion of Dr. John Bowlby’s paper. Psychoanalytic Study of the Child, 15:53–62.

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Geyskens, Tomas, and Philippe van Haute. 2007. From Death Instinct to Attachment Theory: The Primacy of the Child in Freud, Klein, and Hermann. New York: other Press.

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Ref: American Imago, Vol. 66, No. 4, 419–426. © 2010 by The Johns Hopkins University Press.

 

Notas:

1.- Entre los logros de Zuckermann se encuentra el haber sido un pionero en la investigación de la conducta de los primates. Su libro, La vida social de los monos y los simios (1932), es considerado hoy por hoy, como un clásico. El, también fue quien posicionó la metodología científica como parte cotidiana de los políticas gubernamentales en el mundo occidental.

2.- Aparte de esta cita, yo no he encontrado ninguna otra referencia a los trabajos de Herman sobre el método en los diccionarios críticos alemanes de psicoanálisis (e.g., Mertens and Waldvogel 2000).

 

 

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