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Psicoterapia:
Algunas nociones sobre Clínica Lacaniana.
Dr.
Gonzalo Hidalgo
LA
HIPÓTESIS DE TRABAJO
Nuestra
disciplina, el Psicoanálisis, se basa en hipótesis
de trabajo que requieren un fundamento teórico válido.
Si se observa los Seminarios de Jacques Lacan se verá que
hay en ellos un orden lógico que busca sustentar una
teoría, validándola desde el punto de vista
que fue siempre su norte: la clínica. El primer Seminario
publicado (antes hubo tres): "Los escritos técnicos
de Freud" (1953-1954), retorna el hilo del razonamiento
psicoanalítico, que se había perdido con la
diáspora de la Segunda Guerra Mundial y con el casi
total abandono de sus ideas fundamentales por parte de los
que fueron sus discípulos (padres teóricos
de lo que hoy se llama "psicoanálisis ortodoxo");
el segundo Seminario: "El Yo en la teoría de
Freud y en la técnica psicoanalítico" (19541955),
hinca el diente al centro del problema de qué hacer
respecto del "YO" (en este caso, nos referimos
al Ego) a partir de los fundamentos freudianos. Este Seminario
fue construido como un contrapunto polémico con la "Ego
Psychology", que en ese momento era el eje teórico
central de la International Psychoanalitic Association, polémica
que le valdría la exclusión y la pérdida
de su calidad de miembro de la I.P.A.; el tercero: "La
Psicosis" (1955-1956), profundiza y supera la interpretación
freudiana sobre la Paranoia en el caso Schreber; en fin,
si se sigue con atención se verá que los siguientes,
hasta el XX ("Aun", 1972-1973), de los cuales Lacan
hacía más o menos uno por año, siguen
un orden lógico que conforma un cuerpo teórico
de una solidez casi sin parangón en la historia de
las ciencias conjeturases. El conjunto del trabajo que constituye
los Seminarios tiene el significado de una respuesta de trabajo,
de un proceso de construcción de hipótesis
de trabajo, para dar respuesta a las necesidades teórico
clínicas del Psicoanálisis y en ningún
caso el de clases o discursos meramente retóricas
o magistrales (que es en parte lo que explica que Lacan no
hizo clases en la Universidad).
Es
indispensable considerar los Escritos (1966, año de
su publicación), texto que reúne artículos
y material diverso -a diferencia de los Seminarios, que eran
orales- publicado como una síntesis escrita, aproximadamente
un trabajo por cada Seminario. También su intervención
en la TV, publicada como texto, el discurso en Lovaina (1972),
del cual se conserva el video (en el que se aprecia, además,
una oratoria de gran vigor), sus escritos previos a todo
esto: su Tesis de doctorado sobre la Paranoia y su relación
con la personalidad (1932, texto considerado por muchos clínicos
actuales como el último gran clásico de la
Psiquiatría francesa), sus escritos sobre la Familia
-hechos para la Encyclopédie Frangaise en 1938-, su
interesante ensayo criminológico sobre el caso de
las hermanas Papin (1933), el Mito Individual del Neurótico
(1953) y, en fin, el bosquejo de incomparable belleza sobre "El
Estadio del Espejo" (1936).
Toda
esta obra vale la pregunta de por qué o para qué fue
hecha. Nosotros tenemos nuestra propia hipótesis de
trabajo: retornar a Freud para continuar su obra en el sentido
de fundar el Psicoanálisis como una ciencia conjetural;
es para esto que Lacan dijo y escribió todo aquello.
Es por esto que cuando se nos interroga inquisitivamente,
desde la posición del sentido común, cosas
como: ¿Sirve lo que ustedes hacen? o ¿Para
qué sirve? Nosotros contestamos que esta obra, ante
todo, cura a los pacientes, y que, en segundo lugar, la única
manera que podemos demostrar esto es en la práctica
clínica. Asimismo, cuando a un analista lacaniano
se le exige con la buena intención (vale decir, con
la doble intención, al decir de Lacan) que diga por
qué y cómo es que puede afirmar que lo que
hace es válido, ese analista suele sonreír
agresivamente y responder que, por ejemplo, si a los Matemáticos
nadie va a exigirles que rindan cuenta de por qué afirman
que la raíz cuadrada de - 1 no es calculable, a nosotros
sólo se nos puede exigir validez desde nuestra propia
disciplina; el analista cuestionado diría, como Marcel
Czermack:
"Vengan
a nosotros, venga a la disciplina y verá la validez
de nuestros postulados". Porque sólo desde la
Matemática
es posible comprender cómo y por hoy la raíz
cuadrada de - 1 no es calculable, también sólo
desde el Psicoanálisis es posible comprender,
por ejemplo, por qué afirmamos que el Deseo
carece de Objetivo. Estas cuestiones solamente son
aprehensibles a partir de lo que nos dicen los pacientes,
y los textos únicamente nos dan una pálida
idea de lo que es la verdad en cuestión. Y la
Verdad, hasta nueva orden, es contestable, vale decir,
es cuestionable, y es ésta una de las razones
por las cuales la obra lacaniana es una obra abierta
a toda nueva Hipótesis de Trabajo que quiera
agregarse a nuestro quehacer.
EL
DIAGNÓSTICO
Cuando
recibimos un paciente, lo que hacemos es escucharlo. Escucharlo
para nosotros significa reconocer que aquello que habla significa
algo, es decir, que es Ser Humano, porque la única
diferencia válida entre el Humano y el Animal es que
el primero está inscrito en el Lenguaje. Escuchamos
su Palabra, y es a partir de este Discurso y sólo
de este Discurso que comenzamos a construir nuestra Hipótesis
de Trabajo con esta persona. Y, en lo que toca al Psicoanálisis,
nuestra posición es analizar a todo quien nos plantea
una demanda de análisis. Reconoceremos una demanda
de análisis en una persona que quiere hacer un análisis,
consciente o inconscientemente, es decir, en quien, enfermo
o no, quiera saber acerca del sentido de sus significaciones.
Para poder hacer este trabajo necesitamos un Diagnóstico,
y es aquí donde comienza la diferencia entre Psicoanálisis
y Medicina: mientras en Medicina, o en casi todas las Psicoterapias
(e inclusive en Psicología), el Diagnóstico
es previo y fundamentalmente previo -tiene que ser así-,
en Psicoanálisis el Diagnóstico tiene para
nosotros dos etapas, a lo menos.
La
primera etapa es, precisamente, una hipótesis de trabajo
que construimos gracias al material que se nos entrega en
entrevistas preliminares y que nos permitirá pensar
que nuestro paciente está inscrito en una estructura
dada de personalidad. Esta primera etapa de diagnóstico
es esencial para tomar dos decisiones fundamentales: 1) Si
vamos a analizar o no al paciente, es decir, entre otras
cosas, si para el resto será o no beneficioso, y 2)
Delinear a grandes rasgos una estrategia para iniciar el
análisis. Para nosotros, las estructuras -hasta ahora-
son Neuróticas, Psicóticas o Perversas. Dentro
de la Neurosis reconocemos la Histeria, la Neurosis Obsesiva
y la Fobia; dentro de las Psicosis la Paranoia, la Esquizofrenia
y la Psicosis Maníacodepresiva; la Perversión
es todo un capítulo aparte sobre el cual el Análisis
todavía no dilucida bien una clínica porque
se trata de personas que, dada su estructura, casi nunca
plantean una demanda de Análisis, pero con la Psicosis
se ha avanzado mucho en los últimos dos decenios,
y quisiera mencionar a la pasada los trabajos de Czermack
y Calligaris (de este último véase "Introdujo
a una clínica diferencial das psicosis", Artes
Médicas. Porto Alegre, 1989).
La
segunda etapa del diagnóstico la tendremos en el transcurso
del Análisis, gracias a la Transferencia. Solamente
la forma de la Transferencia podrá darnos un diagnóstico
preciso, específico. Para que esto se comprenda un
poco mejor lo diré así: en la transferencia,
si el analista trabaja correctamente, es decir, si toma su
lugar de analista y de ninguna manera otro lugar que esté contaminado
por su persona, la relación analítica no será a
dos, sino a lo menos a tres o más, siendo estos terceros
las fantasías en las que el paciente ubica a aquello
que imagina ser la persona del analista. Y como sus síntomas
está . n al servicio de esas fantasías, y como
toda su estructura gira alrededor de un fantasma central,
es así que la forma de la transferencia nos va a dar
el diagnóstico específico, en el curso del
proceso psicoanalítico.
LA
CURA
Personalmente
creo que la cura analítica se puede entender de dos
maneras. Muchos clínicos con cierta experiencia saben
que con una buena transferencia es fácil que los síntomas
remitan rápido y que, desde luego, el paciente se
sienta mejor en la mayoría de los casos sin tener
que esperar mucho tiempo, y esto obviamente es muy agradable
de decirlo a nuestros pacientes. Pero una cura analítica
es algo muy distinto y mucho más profundo que la mejoría
de los síntomas, porque también es sabido desde
hace tiempo ya que esa mayoría es parcial, no es permanente.
Debido a lo que Freud llamó Wiederholungzwang (compulsión
o automatismo de repetición), no solamente los síntomas
o los estados de crisis volverán inevitablemente,
sino que, esencialmente, la estructura de la persona seguirá siendo
la misma, ..condenada" (si se me permite esta expresión
ominosa) a retornar siempre sobre sus mismos pasos.
Por
esta razón es que el Psicoanálisis no puede
conformarse con los primeros logros terapéuticos de
una transferencia buena, sino que debe apuntar alto, mucho
más allá de la satisfacción narcisista
y efímera que produce la desaparición de síntomas
o enfermedades. El analista no busca ser felicitado por esto,
a pesar de lo agradable que casi siempre resulta. Contradictoriamente,
el análisis -según Lacan deberá proseguir
el trabajo hasta obtener dos logros que se articulan entre
sí dialécticamente. Primero, la suspensión
de todas las certitudes o certidumbres del sujeto hasta la
desaparición de sus últimas fantasías;
segundo, la anulación de la necesidad del analista.
Es
decir, en contra de lo que postula la Psicología del
Yo, el analista debe comenzar por derrumbar la estatua narcisista
que es el Ego (y de ninguna manera reforzar un supuesto "Yo
Débil"), porque es la única forma de que
el paciente se deshaga de las fantasías imaginarias
por las cuales sufre. Es esto lo que, a través del
trabajo delicado y específico que es el análisis,
permitirá al sujeto necesitar cada vez menos a su
analista y continuar después solo, haciendo su vida
desde ahora en adelante con un nuevo y más verdadero
sentido y con la suficiente posibilidad de ser libre a la
medida de su incorporación a las reglas del juego
de los humanos como individuo que su y goza, pero que ya
no requiere de la enfermedad para existir ni, evidentemente,
del que fue su analista.
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