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Psicoterapia
y Salud Mental
Indepsi
El
presente número de nuestro Correo quiere servir de señal,
e intentar sensibilizar los ánimos, para una reflexión
acerca de los procedimientos psicoterapéuticos y psicoanalíticos,
en sus diversas formas, y su relación con el problema
y la promoción de la Salud Mental.
La
relación entre la Salud Mental y los procedimientos
psicoterapéuticos y psicoanalíticos es, en apariencia,
tan estrecha, que apenas admite una reflexión acerca
de la relación entre sus dos términos y creemos
que es desde esta aparente obviedad que: irreflexivamente pueden
nacer confusiones que no sólo terminan por obnubilar
a nuestro paciente sino, también, a los teóricos
que pretenden abordar estas cuestiones.
Ya
S. Freud, en un artículo hecho a sugerencia de Charcot
y publicado en 1893, "Algunas consideraciones con miras
a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas
e histéricas", señala un hito, en cierto
modo, en el camino de esta reflexión, cuando al pensar
una supuesta lesión de las parálisis histéricas,
dice: "Yo afirmo, por el contrario, que la lesión
de las parálisis histéricas debe ser por completo
independiente de la anatomía del sistema nervioso, puesto
que la histeria se comporta en sus parálisis y otras
manifestaciones como si la anatomía no existiera, o
como si no tuviera noticia alguna de ella".
Y
es a propósito de esta observación sobre las
parálisis histéricas que parece deslindar, muy
al comienzo de sus reflexiones, una distinción entre
los procedimientos de intervención a nivel del Sistema
Nervioso Central y los dirigidos al "ámbito de
lo Mental". En el mismo artículo: "...pero
también ofrecemos la razón por la cual estos
síntomas permiten y pueden ser conocidos mediante un
procedimiento especial de Psicoterapia hipnótico".
Si
nos hemos permitido citar a Freud ha sido con la finalidad
de llamar la atención sobre el hecho de que nuestras
cuestiones son viejos problemas que aun no son abordados de
manera novedosa, y que, antes bien, han sido, con frecuencia,
más que nada desconocidos. Será, entonces, en
el intento de construir modelos de funcionamiento de "lo
mental" que los procedimientos psicoterapéuticos
podrán encontrar algún fundamento racional contrastable.
A nuestro
juicio, una reflexión permanente en tomo al cuerpo de
ideas que pudieran estar orientando nuestro accionar psicoterapéutico,
no sólo puede resultar beneficioso para los pacientes,
sino también como una mínima garantía
moral que pueda respaldar nuestras demandas de reconocimiento
a la Sociedad.
La
reflexión sostenida e ilustrada, en tomo a los pensamientos
con que cuenta el psicoterapeuta o el psicoanalista, no está necesariamente
reñida con el desarrollo de los aspectos carismáticos
personales en que el psicoterapeuta pueda estar fundando sus
acciones; no obstante, creemos que desechar la reflexión
teórica en nombre de un supuesto desarrollo personal
o de capacidades de comunicación, no sólo no
ayuda a nuestros pacientes, sino que, igualmente, puede llegar
a constituirse en un obstáculo al desarrollo de nuestra
disciplina.
Entendemos
que puede caerse en el ejercicio irresponsable de la intervención
psicoterapéutica cuando el psicoterapeuta no intenta
dar cuenta racionalmente, ante sí o ante la comunidad
profesional, de las consideraciones teóricas pertinentes
a su accionar, y cuando, más aún, se produce
con frecuencia. Situación que se hace más crítica
aun cuando se justifican calambres intelectuales, descalificando
el trabajo teórico.
Creemos
que la actividad del psicoterapeuta o psicoanalista tiene la
suficiente especificidad como para que pueda distinguírsela
de la del psiquiatra o la del psicólogo a secas.
Una
intervención psicoterapéutica no se agota en
una comunicación en la que se transmita "información
especializada" de psicología o psiquiatría,
tampoco, por otra parte, en una manera de transmitir calidez
y afecto al paciente. El que pueda resultar ser una intervención
calificable de "psicoterapéutica", pareciera
que es una pregunta sujeta a largas reflexiones y consideraciones
acerca de la naturaleza de lo "psíquico".
Sin que esto signifique que los conocimientos, calidez, afectos,
etc., puedan estar excluidos de nuestras respuestas a la pregunta
por la cuestión de la índole de la intervención
psicoterapéutica, creemos que el lugar que puedan ocupar
en ellas es una cuestión por completo abierta y problemática.
No
es, por otra parte, necesario esperar a tener ideas claras
y definitivas respecto del objeto "Psiquis", y la
naturaleza de nuestro accionar para con él, para abordar
responsablemente las demandas de "Salud Mental" de
nuestros pacientes; situación que resulta ser, con todo
y bien mirada, un llamado de la realidad al abandono de las
fantasías mesiánicas que el terapeuta pudiera
sentirse obligado a sostener. Antes que nada, lo que parece
requerirse es un sostenido esfuerzo de revisar la práctica
con la teoría y la puesta a prueba de la teoría
en la práctica; es decir, ni más ni menos, el
esfuerzo de pensar la realidad.
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