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Psicósis y Salud Mental
Indepsi
Una
primera aproximación al lugar que ocupan los problemas
que se plantean, a propósito de las psicosis, a los
especialistas en la Salud Mental, requiere que, de partida,
deba señalarse la problemática que es, de suyo,
el que los términos que nos ocupan vayan juntos: Salud
Mental y psicosis.
En
primer lugar, habría que tener en cuenta la hibridación
de la que resulta el concepto de "Salud Mental";
concepto que. por una parte, nos remite a las preocupaciones
médicas en la idea de salud y su contrapartida la
enfermedad; por la otra, en lo que hace al objeto al que
han de aplicarse tales calificaciones, la "mente" o
el aparato mental. Puesto que si ya es problemático
el concepto de normalidad o salud desde el punto de vista
biológico -ámbito en el cual la salud o la
normalidad han llegado a comprenderse como la ausencia de
enfermedad-, lo será más todavía cuando
se trate de aplicar estos términos al aparato mental.
Concepto este último que. estrictamente. sólo
admitiría el que podamos distinguir y describir modos
que autorizan la formulación de estructuras o dinámicas
psicológicas hipotéticas, y en el que el intento
de establecer escalas de mayor a menor salud consiste ya
en un dudoso paso hacia una valoración de los modos
de ser del hombre.
Si
el concepto de salud mental es ya y de por sí problemático,
los problemas en este ámbito se multiplican, y la
confusión resulta el estado natural de las teorías
y técnicas. cuando el objeto en cuestión es
el psicótico. Psicosis orgánicas y endógenas,
cuadros exógenos. ¿Cuál de todos ellos
es el que sirve de modelo para comprender a los otros'? ¿De
cuál de ellos se puede decir que es igual al otro,
pero con una etiología diferente'? ¿Cuál
es la fenomenología que admite que tanta diversidad
quepa bajo un sólo término'?
Aparentemente.
la designación de cuadros tan diversos bajo el término
común de Psicosis, sólo se funda en el carácter
profundamente deficitario con respecto a la orientación
en la realidad y a la aparición de fenómenos
productivos para-reales, que sería el correlato del
concepto de paranoia. De este modo, parecería que
aquello que sirve de paradigma a esta reunión diversa
en el concepto de psicosis es nuestra vieja "locura",
la que encuentra su expresión más completa
en las esquizofrenias. De los otros cuadros que reciben el
nombre de psicosis habría que decir que para el teórico
se organizan más o menos por diferencias y similitudes
con la esquizofrenia.
Si
la fenomenología
de la psicosis es en realidad una fenomenología
de la "locura", esta vez en la figura del
esquizofrénico nos encontramos con que el desafío
para los pensadores de la "Salud Mental" es
el de pensar de nuevo una de las cuestiones más
antiguas de la humanidad. Quizá hasta pueda
decirse que una cultura se caracteriza por lo que piensa
de sus locos y dentro de qué horizonte lo hace.
En
todo caso, lo que con seguridad puede decirse, es que en
la cuestión de las psicosis el pensamiento psicológico
y psiquiátrico se hallan ante su máximo desafío,
tanto como ante el mayor escándalo para sus teorías.
Es ante la problemática de las psicosis donde mayor
es la confusión de lenguas cuando no son estériles
los aparentes acuerdos.
En
la actualidad, la cuestión de las psicosis pareciera
que no puede dejar de plantearse sin una atención
explícita al horizonte dentro del cual nuestra época
problematiza sus cuestiones más acuciantes, y este
horizonte no es otro que el problema "lenguaje",
sea lo que sea lo que se entienda con esta palabra, si ya
desde Kraepelin y Bleuler el asunto lenguaje, en la forma
de pensamiento, comunicación o discurso, ha estado
ligado estrechamente a las cuestiones clínicas relativas
a la esquizofrenia -cierto es que de modo negativo, constatándose
en el esquizofrénico, a este respecto, preferentemente,
fenómenos del orden del déficit o defecto-,
pareciera que recién en nuestros días las reflexiones
acerca del lenguaje podrían ser suficientemente profundas,
por lo que hace a la relación Sujeto-Lenguaje, como
para que pudieran permitir una aproximación de índole
positiva. En este sentido parecieran todavía insuficientes
los intentos de J. Lacan al caracterizar la falla esencial
de la psicosis como la falta de un significante primordial
y la causa como una forclusión (repudio) de un señalado
significante (el significante del nombre del padre). En lo
esencial, esta aproximación al problema nos deja aun
ante un déficit y no alcanza a establecer un "conocimiento" positivo.
Creemos
que la búsqueda de ese "conocimiento" positivo
acerca de la psicosis, un conocimiento que pudiera, luego,
fundar una práctica terapéutica, es, con mucho,
la meta más ambiciosa que pueda tener el pensamiento
de nuestra época en lo tocante a la cuestión
de una "Salud Mental". Así, aún en
medio de la confusión teórica que plantea el
título mismo de este comentario, creernos que las
contradicciones e inconsistencias antes de que deban ser
disimuladas, rendirían un gran beneficio con ser puestas
de relieve, y con ello se multiplicarían las preguntas
antes que callarlas tras afirmaciones dogmáticas.
Precisamente es en ese lugar en donde la debilidad de nuestro
saber, mejor que avergonzarnos, puede servir de estímulo
al esfuerzo de los espíritus curiosos y apasionados
por el conocimiento.
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