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EL DIAGNOSTICO DINAMICO Y
LA DINAMICA DEL DIAGNOSTICO
La presente comunicación
es resultado de la interpretación de observaciones realizadas
en cuatro fuentes diferentes: la actividad diagnóstica
personal, las sesiones clínicas, la formación de
residentes y el tratamiento de algunos colegas. Aunque corresponde
principalmente a la clínica psiquiátrica, también
abarca el enjuiciamiento por otros médicos, no psiquiatras,
de otros enfermos en los que los factores psicológicos
juegan un papel importante en la enfermedad. Y conviene reconocer
desde el principio que, aunque el objetivo de este trabajo es
contribuir al conocimiento del diagnóstico, de ninguna
manera se han despreciado datos referentes a los otros juicios
clínicos,
tanto por la relación que con ellos guarda el diagnóstico
(separarlos sería un alejamiento de la realidad al establecer
soluciones de continuidad artificiosas), como por el enriquecimiento
que a nuestro propósito aportan. Por otro lado, este trabajo
es expresión de una vieja preocupación ya expuesta
en otros anteriores (4, 13, 14,
15, 16) y con ellos forma parte
de una de las líneas de investigación del Área
Docente y del Departamento de Psicología Médica
y Psiquiatría de la Universidad de Valladolid. La tercera
y última aclaración previa se refiere a que al
interesarnos por el diagnóstico dinámico, no nos
referimos al que realiza el psiquiatra dedicado al psicoanálisis
o a una psiquiatría de orientación dinámica
y suficientemente formado, sino al que con mayor o menor intención
y extensión realizan numerosos psiquiatras que pretenden
ser eclécticos, y hasta médicos no psiquiatras
con actitudes psicosomáticas y conocimiento psicodinámicos.
En nuestro propósito exponer algunos
de los aspectos del proceso dinámico (dinámica
del diagnóstico), intencionalmente cognoscitivo pero que
implica la participación de las esferas afectiva y conativa,
que se produce en el médico, especialmente psiquiatra,
cuando se siente exigido a responder al interrogante que para él
supone la enfermedad del paciente, y todo ello en una situación
concreta que se da en un tiempo determinado y en un cierto marco.
Tal proceso adquiere unas características más acusadas
cuando la actividad diagnóstica traspasa lo nosológico,
que es teórico (la enfermedad es un concepto), investiga
en lo clínico (realidad del enfermo) y se acerca a lo
dinámico-profundo.
Lo que viene entendiéndose como diagnóstico
dinámico, puede considerarse como un saber aislado, cuando
quien lo elabora limita su interés a las dimensiones que
el calificativo supone o integrado en una actitud diagnóstica
más amplia como pretende ser la del médico que
busca conocer la enfermedad individualizada en todos los niveles
del hombre que la padece. En nuestra opinión, el ideal
diagnóstico es un conocimiento ambicioso acerca de la
realidad del paciente en el momento del encuentro médico-enfermo
y a lo largo de la relación que le sigue, alcanzado desde
la realidad del médico. Si por diagnóstico médico
entendemos el que hace el médico, sería ingenuo
pretender que en él, como acción, y como efecto
o resultado, el contenido, que es un complejo juicio, se refiriese únicamente
a la realidad del paciente con y en su enfermedad, pues ello
supondría una negación de elementos procedentes
de la realidad del médico. Una orientación estructuralista
de la realidad del enfermo (que es lo que con el diagnóstico
se pretende conocer), al servicio de la enfermedad como estado,
buscaría la experiencia (de la enfermedad) inmediata en
la conciencia (del enfermo). Si fuera fenomenológica,
se preocuparía por el conocimiento de lo que la enfermedad
es, pero si se adopta una actitud existencial lo que atrae al
conocedor es que la enfermedad es como una forma de existir del
ser-ahí, con lo que lo afable se hace inefable.
Independientemente de que el diagnóstico
dinámico sea el único, o se encuentre integrado
con otros diagnósticos parciales, su meta es la misma:
el conocimiento de los aspectos psicodinámicos de la realidad
del paciente. El limitado conocimiento que tenemos de su extensión
es uno de los determinantes de la variedad de dimensiones con
las que se propone y propugna por quienes han tratado de esquematizarlo.
No parece cuestión fundamental en este trabajo, dada su
finalidad, el establecimiento de un modelo o la defensa de alguno
de los existentes, pero sí es conveniente lo que en nuestro
que hacer diagnóstico intentamos conocer, que es, de acuerdo
con lo expuesto en otro lugar (16):
-
1) El equilibrio entre las funciones psíquicas
conscientes y los factores inconscientes de la personalidad orientados
hacia el conocimiento de la personalidad total, sus conflictos
y posibilidades de adaptación.
-
2) Lo peculiar de las relaciones objétales.
-
3) El desarrollo de las funciones del yo y grado
de vulnerabilidad yoica.
-
4) El tipo caracterial.
-
5) La frecuencia y cualidad de las conductas
regresivas.
-
6) Los tipos y la frecuencia de los mecanismos
de defensa del yo contra la angustia.
-
7) Las defensas frente a la enfermedad
y médico.
Si de lo dinámico hacemos criterio, nuestra
intención siguiente es aplicarlo en tres apartados, el
de la enfermedad, el del enfermo y el de la relación médico-enfermo;
tras apartados interdependientes que se relacionan con aspectos
diferentes de la realidad: la realidad conceptual, la realidad
física en un momento de su evolución y la realidad
social.
Por otro lado, pensando ahora en el diagnóstico
nosológico y partiendo de su fidelidad al positivismo,
surge el siguiente planteamiento: cuando expresamos, tras haberlo
elaborado, un diagnóstico concreto, debemos aspirar a
que guarde una relación perfecta de designación
(de acuerdo con las ideas de BUNGE, 2) con la enfermedad que
es un concepto, y ambos, diagnóstico y enfermedad, de
referencia con el problema que se da en la realidad bio-psico-personal
y social que es el enfermo, que es observado, y de la que en
la observación se recogen datos empíricos que serán
el punto de partida de la construcción judicativa científica.
Cuando lo que se pretende alcanzar es el diagnóstico dinámico,
de la realidad mencionada sólo interesa lo psíquico,
o, si se prefiere, lo psicológico, con algunas ramificaciones
en lo personal y en lo social y delimitado según la personal
aceptación por parte del. observador, de una doctrina
psicodinámica determinada. Diagnóstico, enfermedad
diagnosticada y problema en y del enfermo, pertenecen a tres
planos o niveles distintos y de diferente ubicación en
el tiempo y espacio reales y virtuales: el diagnóstico,
el lingüístico, que una vez expresado en la comunicación
es común a paciente y médico; la enfermedad, al
conceptual y al médico por considerarse en él la
nosología y la patología como conjuntos de saber
(conceptos, proposiciones y teorías); el problema designado,
al nivel físico del enfermo (entendido como complejo de
cosas, hechos, propiedades, conexiones, etc.)
Veamos ahora, según modelos harto diferentes,
una aproximación a la dinámica del diagnóstico,
entendido éste como conocimiento del problema que se da
en el nivel físico del paciente.
Si se sigue el racionalismo cartesiano, el enfermo,
en su existencia independiente, posee propiedades inmanentes
que constituyen la base del perceptum que en el médico
determinan una impronta y, consecuentemente, una conciencia del
enfermo. Enfermo y diagnóstico pertenecen a dos espacios
distintos y separados (res extensa y res cogitans) y, por lo
tanto, hay entre ellos solución de continuidad.
Al aplicar al conocimiento que es el diagnóstico
el idealismo trascendental, podríamos decir que sí comprende
lo procedente de los objetos (enfermo), pero ordenado en un espacio
y en un tiempo que no se hallan en el mundo objetivo (res extensa,
nivel físico, problema del enfermo), sino que constituyen
un a priori dado, independiente de la experiencia, inherente
a la mente del médico (10), en la que además del
espacio y del tiempo, hay otras categorías como la causalidad,
la modalidad, la cantidad, la cualidad, etc. El diagnóstico
que hace el médico será, pues, no información
sobre la realidad de los problemas del enfermo, sino sobre su
apariencia percibida a través del funcionamiento de nuestra
mente y modelada según nuestros elementos cognoscitivos.
¿Cuáles son los elementos cognoscitivos?
En dos obras fundamentales, FREUD (6 y 7) nos proporciona material
que nos permite acercarnos a ellos. Cuando el médico,
que se encuentra en ese estado de reposo que es equilibrio inestable,
es estimulado por el enfermo, pasa a encontrarse en una situación
de tensión para la que busca una salida que le lleve de
nuevo a la situación anterior. El problema planteado por
el enfermo es, en el fondo, una tensión semejante a la
que se ocasiona en el médico (principios de la energía
y de la constancia) y que en éste tiende a calmarse mediante
la actividad diagnóstica. La existencia en ambos de unas
tensiones detrás de las cuales está la misma energía,
ocupa la solución de continuidad del esquema cartesiano.
La comunidad que es continuidad permite comprender otras formas
de interacción. De acuerdo con esta secuencia, en el médico
se produce una triple huella o impresión: la de la tensión,
que es necesidad de superarla, la correspondiente a la imagen
del objeto de la satisfacción que es el diagnóstico
y la de la vivencia de la satisfacción. En nuestra experiencia
son más frecuentes las angustias del medico ante el diagnóstico
que ante el tratamiento, y menos todavía ante el pronóstico,
y la dependencia que se acentúa del primero, mayor que
del segundo. Hace algunos años, nos interesamos por conocer
qué opinaban los médicos en cuanto a las causas
más frecuentes de petición de consulta, y en casi
todos los casos se nos respondió que aclarar el diagnóstico
más que el tratamiento. El interés por los hallazgos
necrósicos puede interpretarse también en este
sentido. Tensión (displacer del médico ante el
enfermo), objeto de la satisfacción (diagnóstico),
y vivencia de la misma, quedan estrechamente asociadas de manera
que al repetirse la tensión (ante un nuevo problema, ante
un nuevo enfermo), según el postulado de la repetición-compulsión
se tiende a repetir la búsqueda de la experiencia de la
satisfacción. Según el psicoanálisis, el
niño lo hace alucinando el objeto de la satisfacción
porque está movido según el principio de placer,
principio que queda en estado de latencia en el adulto al ser
regido progresivamente por el de la realidad y que puede determinar
la fantasía diagnóstica de algunos médicos.
Pero FREUD aún creía que la huella
amnésica corresponde a las propiedades o características
del objeto. Si tenemos en cuenta las aportaciones de la psicología
de la forma no es así, sino que lo que el médico
percibe del enfermo es aquello que de éste debe ser para
satisfacer las condiciones de búsqueda, puesto que en
ella hay una anticipación que define las condiciones del
objeto que se hallará y corresponde a la relación
imaginaria con el objeto, lo que se sitúa en el espacio
de configuración de lo psíquico de PÉREZ
PENA (12). Aplicando al proceso diagnóstico la idea de
STERN (17), “no existe figura sin configurador”,
el espacio entre enfermedad-cosa, enfermedad-concepto y diagnóstico
se nos abre mucho más. La búsqueda del modelo psicoanalítico
para dar salida a la tensión corresponde perfectamente
a las palabras de BUYTENDIJK “sin espera no puede tener
efecto ninguna percepción” (3), percepción
que es base de la elaboración del juicio diagnóstico.
Lo percibido, base del diagnóstico, no es una recepción-reproducción
del enfermo en el médico, sino que implica una actividad
psíquica del segundo, actividad que es búsqueda
y se encuentra orientada según un esquema anticipador
que permite interpretar la existencia de unas imágenes
de búsqueda, preconscientes, que se materializan en el
contacto con el mundo ambiente.
Todo esto nos lleva a plantearnos un interrogante
acerca de las relaciones actividad diagnóstica/cosa que
se diagnóstica, y nos hace rememorar un viejo chiste el
que narra como, tras emitir un médico (antes de la era
sulfamídica) el juicio diagnóstico “pulmonía”,
un familiar del paciente preguntó asustado: “¿No
se habrá equivocado Ud., doctor?” A lo que el médico
respondió tajante: “Cuando yo digo pulmonía,
el enfermo se muere de pulmonía”. Lo que en una
medicina somática mueve a la sonrisa, en la medicina psicológica
llama a nuestra atención hacia problemas para los que
el proceso diagnóstico amplía sus límites.
Cuando se trata de alcanzar un juicio diagnóstico-dinámico,
imposible de sintetizar por el momento, como se ha hecho en el
diagnóstico nosológico, en una o muy pocas palabras,
y en él falta el apoyo que prestan los diagnósticos
parciales como son (cuando son posibles) el anátomo-patológico,
el fisiopatológico o el etiológico-material, la
personalidad del médico se conmueve ante y con el enfermo
de distinta manera, y es esa personalidad la que elabora el diagnóstico,
que se articula con el pronóstico y el terapéutico,
lo que no debe dejar de tenerse en cuenta puesto que el tercero
generalmente tiene una mayor repercusión que el primero
en el paciente. Evidentemente que el médico de nuestro
chiste había cumplido al sentirse exigido y se había
calmado con un diagnóstico, al mismo tiempo que su responsabilidad
quedaba a salvo para el futuro, en ese caso concreto, puesto
que la enfermedad era casi “mortal de necesidad” y
la ciencia, madre-ciencia, el nivel alcanzado por ella en aquel momento,
le protegía. Pero la interpelación del familiar
crea una nueva angustia al frustrarle. En su respuesta, la agresividad
no deja lugar a dudas, y al mismo tiempo se autoafírma
al ratificarse impidiendo la continuación del segundo
estado angustioso y la que correspondería a una rectificación.
Parece fuera de toda duda que en la dinámica
del proceso diagnóstico se moviliza mayor cantidad
de angustia cuando se trata de alcanzar el clínico-dinámico
que cuando no se pasa, o sólo se busca, el nosológico.
Si tuviéramos que caracterizar a cada uno de ambos con
un solo calificativo elegiríamos los de flexibilidad y
rigor, respectivamente. En el segundo se trata de clasificar,
y en el primero de individualizar. Clasificar es hacer clases
de lo que llamamos realidad para designar a lo que nos rodea,
lo que no es otra cosa que ejercer el control sobre lo clasificado,
control que es la base del dominio, del poder y del conocer que
es poseer, lo que proporciona una seguridad; en la dinámica
de este enjuiciamiento parece encontrarse el desde de poder
que puede ser creatividad y en el fondo agresividad. Los datos
o notas de la realidad se seleccionan, y se utilizan como instrumentos
los criterios, que son normas: los árboles de decisiones,
con lo que decide el árbol, no el médico, y un
creciente número de máquinas. Con esas notas, seleccionadas,
se elaborará el juicio diagnóstico como hemos expuesto
en otra ocasión (4), y el juicio diagnóstico debe
cumplir con la lógica y la ontología al procurar
ser correcto y verdadero.
En lo que se refiere a la dinámica
del diagnóstico dinámico, se trata de alcanzar
un juicio en el que, además de cumplirse con las condiciones
anteriores, se procura que se haga también con la psicología
mediante el mayor logro de la convicción. Si en el diagnóstico.
noso-patológico se describe para después explicar,
en el dinámico, sin dar tanta importancia a la descripción,
se interpreta, y no sólo se procura alcanzar el conocimiento
de lo bio-psíquico, sino que se tiene en cuenta lo personal,
y tras la interpretación viene la comprensión.
Escribimos en otro momento (16)
que: “...la angustia profunda
de todo hombre ante la muerte y, por lo tanto, ante su antesala
que es la enfermedad, en el médico alcanza un nivel elevado,
lo que puede ser reprimido y negado, pudiéndose entender
la lucha contra la enfermedad como una forma de negación,
como una defensa contra la propia muerte. En el caso de ese médico
que es el psiquiatra, además de lo dicho, habría
una defensa contra la forma de muerte que es la locura, en la
oposición a la desintegración del yo-enfermo, puede
entenderse un intento de fortalecimiento del yo-psiquiatra, pero
al mismo en la constatación de la locura del otro hay
una vía de proyección de la enfermedad temida en
uno mismo”.
Creemos que la dinámica del diagnóstico
hay que situarla en el encuentro, seguido de relación
médico-enfermo, que se da entre dos personas cuyas situaciones
son harto diferentes. En un marco determinado por numerosos factores
que van desde lo físico a lo cultural, en el que el psiquiatra
deberá resolver el casi seguro conflicto entre dos tipos
de roles que en otro momento (15) hemos señalado y denominado
del médico y de médico; del medico que personalmente
es, y de médico en una concreta sociedad y ante las expectativas
de un paciente. La dinámica del diagnóstico dinámico
no puede aislarse del tipo de relación psiquiatra-paciente
que se establezca, en la que cada miembro tiene diversas expectativas,
conscientes e inconscientes, y un determinado papel que para
cada psiquiatra es el mismo, con posibilidad de variación
lenta, pero diferente en los distintos enfermos que ve , a lo
que puede añadirse, cuando la relación se da en
el hospital general, el conjunto de consecuencia (verdaderas
variables intervinientes) que se derivan de la burocratización
e instrumentalización.
Psicoanalíticamente hablando, el juicio
diagnostico es función del yo, por lo que la dinámica
del diagnóstico se encontrará condicionada por
el grado de equilibrio del yo del psiquiatra en el que,
por convenir en este momento, distinguimos con HARTMANN (8) cuatro
dimensiones fundamentales: equilibrio entre individuo y ambiente
(de ahí la importancia del marco de la relación
señalado); entre los impulsos, entre las instancias
de la personalidad y, del propio yo, entre sus funciones,
de una manera especial , entre la función sintética
y el resto. Al cambio que en el psiquiatra produce el encuentro
seguirán los siguientes hechos: tensión, insatisfacción
búsqueda en el bagaje de conocimientos de aquellos (huella
mnésica) que permitan fijar la realidad perturbadora y
restablecer el equilibrio y movilización de mecanismos
de defensa, mas toda clase de factores hereditarios y ambientales
que contribuyan a la propia seguridad, entre los que tienen especial
importancia los referentes a la autoridad ante el paciente
que ya expuso FROMM-REICHMANN (5). Paralelamente a la elaboración
cognoscitiva, el psiquiatra moviliza pulsiones que ,si anteriormente fueron
reconocidas y aceptadas, permitirán el camino hacia
la comprensión a través de la interpretación
dentro de la flexibilidad necesaria en diagnóstico dinámico;
pero que, de ser negadas por inaceptables, la comprensión
se dificulta y hasta se imposibilita. A la negación se
añaden otros mecanismos de defensa principalmente proyectivos,
de formación de reacción, intelectualización
y sublimación, que serán matizadas por la contratransferencia y
de ello se seguirán las conductas correspondientes
en la relación y se perfilarán más los papeles
del psiquiatra. Las reacciones contratransferenciales propias
de cualquier tipo de relación médico- enfermo se
intensificarán en la relación psiquiatra-enfermo
y más cuando el primero extiende su actividad diagnóstica
a lo dinámico sin haber alcanzado formación suficiente.
Trabajos de BECKMANN y posteriormente del mismo autor con RICHTER
y HEISING (1) mostraron las interesantes relaciones que se dan
entre las características de la personalidad de los diagnosticadores,
los diagnósticos realizados y los presumiblemente evitados.
De acuerdo con los casos expuestos por BECKMANN nos permitimos
añadir a ellos la siguiente observación sugerida
de nuestro trabajo: el psiquiatra que fuerza su seguridad y niega
tendencias depresivas, generalmente propenso a la polifarmacoterapia,
emite con frecuencia diagnósticos dinámicos
abundantes en palabras pero escuetos en contenidos que además,
se encuentran inconexos. Cuando estudiamos comparativamente varios
de los diagnósticos emitidos por tales psiquiatras encontramos
como denominador común la inadaptación, la debilidad
del yo, la severidad del super-yo, la inestabilidad afectiva,
la inseguridad, y la desestructuración de la personalidad,
pero curiosamente no se menciona lo pulsional; propenden a unas
formas de psicoterapia que denominan de apoyo, a veces explicativa,
cargas de intenciones éticas y movilizadoras de sentimientos
de culpa. Por otro lado, los diagnósticos de mayores pretensiones
en cuanto a detalle y profundidad, plasmado ocasionalmente en
esquema, suelen estar hechos por quienes menos ocultan su angustia
ante el paciente, por ello, estamos de acuerdo con BECKMANN en
la tendencia a la complementariedad que el psiquiatra busca en
el diagnóstico.
El primero de los dos casos apuntados nos lleva
de nuevo al rigor, pero aplicado al diagnóstico dinámico,
con lo que éste deja de serlo. Y parece un rigor mas peligroso
puesto que pretende ocupar el terreno de la flexibilidad. De
nuevo estamos frente al viejo empeño del hombre de lograr
algo fijo sobre lo que poder estar más seguro. Fijar con
rigor es seguridad, y lo contrario es la duda que supone peligro
y angustia. Para aceptar la inseguridad de la angustia ante el
conocimiento de las energías profundas del paciente, es
necesario partir de alguna forma de seguridad, que para nosotros
es precisamente la aceptación de la propia inseguridad
y angustia, de una angustia doble, la personal procedentes de
nuestro equilibrio inestable y la que procede de nuestra intuición
de que por mucho que conozcamos nunca pasaremos del conocimiento
de la realidad que no es mas que, como expuso HEGEL (9), una
realidad relativa a la conciencia, o, en el pensamiento de LACAN
(11), realidad de conocimiento, pero nunca lo real hacia lo que
nos mueve la impotencia.
BIBLIOGRAFÍA
-
1. BECKMANN, D.: Relación médico-enfermo.
En KEREKJARTO, M. V.: “Psicología médica”.
Científico-Médica. Barcelona, 1978.
-
2. BUNGE, M.: La investigación científica.
Ariel. Barcelona, 1976.
-
3. BUYTENDIJK, citado
por LERSCH, Ph.: La estructura
de la personalidad Scientia. Barcelona, 1962.
-
4. CONDE, V. y RUBIO,
J. L.: Conocer y
comprender en la formación de los juicios clínicos. La autenticidad
del médico. Actas del XVI Congreso de la Sociedad Española
de Psiquiatría. Murcia, 27-30 de Mayo de 1985, en
prensa.
-
5. FROMM-REICHMANN,
F.: Principios de
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-
6. FREUD, S.: Proyecto de una Psicología
para Neurólogos. Obras Completas, tomo III. Biblioteca
Nueva. Madrid, 1968.
-
7. FREUD, S.: La interpretación de los
sueños. Obras Completas, tomo I. Biblioteca Nueva
Madrid, 1948.
-
8. HARTMANN, H.: Ensayos sobre la psicología
del Yo. Fondo de Cultura Económica. México,
1969.
-
9. HEGEL, G. W.: La fenomenología del
espíritu. Fondo de Cultura Económica. México,
1966.
-
10. KANT, I.: Crítica de la Razón
Pura. Alfaguara. Madrid, 1978.
-
11. LACAN, J.: Escritos
I. Siglo XXI Editores, S.A. México, 1971.
-
12. PÉREZ PEÑA,
E.: Lo real
y la realidad. Rev. Psicoanal, 41, 6, pp. 1079-1094, 1984.
-
13. RUBIO, J. L.: Contratransferencia
y diagnóstico,
elementos fundamentales de la relación médico-enfermo,
en interacción. Actas del XV Congreso Nacional de
la Sociedad Española de Psiquiatría, Jaca
7-10 de Febrero
de 1983, pp. 391-396.
-
14. RUBIO, J. I.: Algunos aspectos psicosociales
de la personalidad del psicoterapeuta en relación
con su capacidad como agente terapéutico. Actas
del XVI Congreso de la Sociedad Española de Psiquiatría.
Murcia 27-30 de Mayo de 1985. En prensa.
-
15. RUBIO, J. L.;
CONDE, V., y BALLESTEROS, M. C.: Interacción de los roles de médico y de
paciente. Actas del XVI Congreso de la Sociedad Española
de Psiquiatría Murcia 27-30 de Mayo de 1985.
En prensa.
-
16 .RUBIO, J. L.: El diagnóstico dinámico
en patología psicosomática y en psiquiatría.
En “Inform. Psiquiatra.”, 108, pp. 109-122,
1987.
-
17. STERN, W.: Psicología General. Paidós.
Buenos Aires, 1957.
J.
L. Rubio Sánchez.
Catedrático de Psicología Medica. V. Condelopez.
Catedrático
de Psicología Universidad
de Valladolid.
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