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El Bebé Sabio.

 

Pilar Revuelta

 

INTRODUCCION

Esta presentación es una propuesta de cuatro retratos, seguro incompletos, de 4 infans psicoanalíticos. La idea de retratar algunos bebés del psicoanálisis, partió por la polémica, -abanderada por Green entre otros-, acerca de si las investigaciones sobre la primera infancia y el bebé que se desarrollan en otros campos de conocimiento que no son el psicoanálisis (la neurociencia, la observación de bebes de los psicólogos, etc), son útiles para el mismo, va contra él o incluso lo desdicen. Hasta tal punto que no deberían estar en nuestras listas de bibliografía.

Para este recorrido que propongo me he centrado básicamente en la idea de la complejización de las teorías psicoanalíticas, que generan en muchas ocasiones un mapa difícil de seguir. Para ver esta complejización me voy a remitir al hipotético momento inaugural del psiquismo: la hipotética primera lactancia leiv motiv del psicoanálisis, lugar en donde todos los autores van a mirar en búsqueda de material para la construcción de las teorías psicoanalíticas sobre el origen del psiquismo. Veamos los bebés y luego lo pensamos.

 

EL ESQUEMA

He escogido 4 bebés, el freudiano, kleiniano, winnicotiano y laplanchiano. Los 4 son presentados en dos tiempos: en el primero, en forma de juego les doy voz en primera persona. En el segundo elaboro algunas reflexiones sobre cada uno de ellos. Solo una aclaración en cuanto a este esquema: lo que aparece en cada retrato indica que el autor dio más importancia a un aspecto determinado. Eso no implica que otros aspectos puestos en otros autores no estén en los demás. Un ejemplo clásico: En el bebe freudiano aparece la pulsión en primer plano pero eso no quiere decir que no esté el objeto, que si que está y muy presente. Después está M. Klein y claro la pulsión ya estaba… entonces ella le puso el objeto, el texto... y así sucesivamente.

 

EL PRIMERO. BEBÉ FREUDIANO:

Soy un bebé sensorial, erógeno, mental y además sexual. Tengo una pulsión que es una fuerza continua que empuja y empuja, me acogota por su exigencia y tengo que descargarla de inmediato, alocadamente, sin un objeto fijo, porque lo que yo quiero es tranquilidad, homeostasis, poca excitación. Lo que me pone a funcionar es el displacer, (la ausencia), porque cuando pierdo los objetos que me dan placer me pongo en acción para recuperarlos: primero los alucino y luego los represento. Enseguida me hago autoerótico, ya sabéis: yo conmigo mismo. No sé nada del mundo ni de mi mismo. Tengo que construir un exterior y un interior.

 

Y DESPUÉS MELANIE KLEIN:

Llego al mundo con un cuantum de pulsión de vida y pulsión de muerte que me produce una ansiedad que ni os cuento. Hay un objeto fuera que servirá de dispositivo para que me ponga de inmediato a funcionar con mis dos mecanismos favoritos: la proyección y la introyección. Con esto, es decir, con las pulsiones de vida y muerte, el objeto externo que me recibe y mis mecanismos de proyección e introyección tengo capacidad para construirme mis propios escenarios: soy un clásico desde el principio, porque siempre me monto historias de buenos y malos. Si la película se rueda medianamente bien tiene que ganar el bueno y eso significa que lo bueno y lo malo se reparte por igual. Si gana el malo me lleno de patología. Soy un bebe pulsional con guión y escenario, con objetos buenos y sobre todo malos.

 

PERO ADEMÁS NO HAY BEBÉ SIN MADRE. WINNICOT:

Sin mi madre no soy nadie, somos díada. Menos mal que mi madre es suficientemente buena y ella y yo hacemos uno. Soy creador por naturaleza aunque necesito de los demás. Me hago la ilusión de que el mundo lo creo yo.

 

EL DESEMBARCO DE LOS SIGNIFICANTES... Y LAPLANCHE:

Lo biológico en el origen pero no como mi fundamento. Construir teorías está en mi naturaleza. Mi contingencia es la confrontación con el adulto: me dan un significante incomprensible me invento las teorías sexuales para darle sentido. De madre suficientemente buena nada, son todas insuficientes, traumatógenas, seductoras y sexuales y encima ni lo saben.

 

1. FREUD
Palabras Claves: Apuntalamiento. Pulsión, Principio de Inercia, Frustración. Alucinación del Pecho. Principio de Placer-Principio de Realidad. Fantasias Originarias.

 

En el origen del infans psicoanalítico, Freud. Este no estuvo directamente interesado por los bebés pero sí por el funcionamiento del aparato psíquico y desde luego por sus orígenes, y ahí, el bebé. Freud dice en 1915 en “Pulsiones y destinos de la pulsión”: “Si consideramos la vida anímica desde el punto de vista biológico, se nos muestra la pulsión como un concepto límite entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos procedentes del interior del cuerpo, que arriban al alma, y como una magnitud de la exigencia de trabajo impuesta a lo anímico a consecuencia de su conexión con lo somático”.

En el inicio de la vida psíquica apuntalada en lo biológico: la pulsión. Pulsión como algo que proviene del interior del individuo, caracterizada por una exigencia de trabajo continua, inagotable. Su fin la descarga sin un objeto fijo, la vuelta a un estado de quietud, de continuidad, de homeostasis. Su principio: el del placer. Se regulará de forma automática por sensaciones de la serie placer-displacer. Su modo de expresión un representante: A la primera experiencia de placer la primera huella mnémica. Primer enlace. En virtud de dicho enlace, cuando la necesidad vuelva a aparecer, sobrevendrá un impulso que apunta a reinvestir la huella que quedó inscripta por efecto de la experiencia de satisfacción. De este modo el objeto de la necesidad queda perdido y lo que se buscará de ahí en mas -fallida y repetidamente- será una representación. Esto será el origen de la fantasía en tanto escenario donde se despliega el deseo humano. Desde aquí la pulsión queda separada de su origen biológico ya que de inmediato se convertirá en pulsión sexual (ahora oral luego anal, uretral, fálica, genital).  Y ese pecho alucinado o real que da placer será el mismo, será el niño del yo del placer purificado. Aquí las primeras identificaciones. Desde ahora todo lo displacentero es expulsado, echado fuera y será la primera piedra para construir el mundo. Todo lo bueno dentro, placer autoerótico, todo lo malo fuera. Empezamos a construir el mundo desde el rechazo. Y a nosotros mismos desde el placer. No podía durar mucho. A pesar de la alucinación del pecho sigo teniendo hambre. El principio de realidad empieza a conformarse, la realidad, lo exterior a mi se impone.  Hasta aquí el inicio del funcionamiento del aparato psíquico, condenado a la represión.
 Tenemos entonces en Freud: Primero pulsión apuntalada, después pulsión, deseo y represión: El bebé esta condenado a reprimir porque la pulsión tal cual demanda no es posible. División inicial por la que se inscribirán en el inconsciente los primeros significantes.  Esto deja al hombre sin instinto pero mantendrá para Freud un equivalente; El equivalente de los instintos en el hombre: los fantasmas innatos: categorías a priori, verdaderos guiones escénicos; el de la seducción, la castración, la escena primaria (originaria) y la vuelta al seno materno. Todas ellas son más fuertes que el vivenciar individual, y servirán como guiones que vienen a completar y corregir las singularidades personales. Si me falta algo lo tomo del reservorio de mis fantasmas originales.

 

2. Y DESPUÉS MELANIE KLEIN.

Palabras Clave: Pulsión de Vida y Muerte. Texto de las Pulsiones a través de las Fantasias. Objetos Buenos y Malos. Introyección y Proyección.

 

M. Klein dota de texto al bebé freudiano con su conocida teoría sobre las fantasías. La pulsión de muerte que había tenido mas bien un carácter especulativo en Freud aparece con contundencia en la clínica Kleiniana. Las pulsiones de vida y muerte, reservorio pulsional con el que nacemos tendrán una expresión mental directa a través de las fantasías. La pugna entre ambas es el texto de las fantasías. Pugna que estará fundamentalmente determinada por la relación con el objeto, en concreto con la madre y más concretamente con su pecho.

El bebé recién nacido sufre de ansiedad persecutoria provocada por el trauma del nacimiento, la pérdida de la situación intrauterina, y por cómo se equilibren las fuerzas entre la pulsión de vida y muerte. La ansiedad pues, marca la primera relación con el mundo. Tenemos entonces un bebé reactivo que se pone a funcionar psíquicamente como defensa frente a la angustia. Inmediatamente después de la ansiedad hace aparición el objeto. Dice M. Klein. “Estos sentimientos se alivian en cierto grado por las diversas medidas tomadas para darle calor, ayuda y bienestar, y particularmente por la gratificación que siente al recibir el alimento y al succionar el pecho”, “Desde la primera experiencia de lactancia en adelante, perder y recuperar el objeto-pecho en su fantasía se convierte en una parte esencial de la vida emocional del bebé”.

 Las emociones del infans van a tener un carácter extremo y poderoso creando perseguidores terribles o pechos ideales. Si en Freud el par placer-displacer era el motor inicial del funcionamiento psíquico, en Klein el objeto bueno y malo tomara un papel preponderante. En la mente del infans hay un pecho bueno y un pecho malo.  En palabras de M. Klein: “En sus fantasías destructivas muerde y desgarra el pecho, lo devora, lo aniquila, y siente que el pecho lo atacará en la misma forma. A medida que las pulsiones sádico-uretrales y sádico-anales se fortalecen, el lactante, en su imaginación, ataca el pecho con orina envenenada y heces explosivas, y por lo tanto supone que el pecho lo envenenará o hará explotar. Los detalles de las fantasías sádicas determinaran el contenido de su temor a los perseguidores internos y externos y al pecho retaliativo”

M. Klein, entonces, cree posible hacerse una idea de los detalles de las fantasías que tienen lugar durante la fase esquizo-paranoide, es decir durante los tres o cuatro primeros meses de vida.  Al mismo tiempo que un pecho perseguidor hay uno idealizado también expresado en forma de fantasía, aunque ésta tenga menos sitio en general en la teoría Kleiniana. El bebé se nutre de la buena relación con la madre para poder introyectar objetos buenos que pasarán a formar parte de él, y que le permitirán luchar y desestimar los malos. “Las vivencias recurrentes de gratificación y frustración son estímulos poderosos de las pulsiones de vida y destructivas del amor y del odio”. “En otros términos, cuando en la fusión de los dos instintos el instinto de vida predomina sobre el instinto de muerte -y por lo tanto la libido sobre la agresión- el pecho bueno puede instalarse en forma más firme en la mente del lactante”
El desarrollo del psiquismo del bebé pasa por poder introyectar objetos buenos dentro de él. Las descripciones son tan plásticas que parecería que lo que se incorpora es un cacho de madre.

 

3. WINNICOTT.

Palabras claves: Un Trío: La Madre, El Niño y el Espacio Potencial de los Fenómenos Transicionales.

 

Winnicott es el primer psicoanalista que separa al bebé del niño. Intenta la construcción de un modelo que de cuenta de la “naturaleza humana”, para ello busca referencias en la salud tanto como en la enfermedad. Cuentan que en Londres, en la década de los 40, en medio de intensos debates entre seguidores de Melanie klein y Anna Freud, cierto día Winnicott había dicho: “Eso que ustedes llaman infans no existe”. Valga la anécdota para perfilar la primera característica del tercer bebé en nuestro esquema, el bebé de la díada: no hay bebé sin madre, aunque con ella, va a ser poseedor de una singularidad, de un yo creador del mundo y de si mismo.

El bebé de Winnicott tiene que recorrer un camino que lo lleve de la no-integración a la integración, de la dependencia absoluta a la independencia, y del no-self a la creación del propio self.

En las primeras etapas de dicho desarrollo el ambiente y el niño son uno, el niño no existe separado del otro que lo cuida, no reconoce a la madre como separada de él, y ni siquiera tiene la percepción de sí mismo separado del ambiente. Es un vínculo fusional. Por herencia Kleiniana parte de la idea de que: “el desarrollo emocional (del bebé) en sus fases primitivas o más precoces se refiere exactamente a los mismos fenómenos que se manifiestan en la esquizofrenia adulta, de los estados esquizoides en general y de las defensas organizadas en contra de la confusión y la no organización”. Pero las soluciones que plantea son muy diferentes a las Kleinianas: Para pasar de la no integración a la integración, de la fusión a la diferenciación, Winnicott nos presenta una hipótesis que sustenta una paradoja en donde ya no son dos los protagonistas, sino tres, léase: el infans, la madre y el espacio potencial: “Yo afirmo que así como hace falta esta doble exposición (está hablando de el niño y el ambiente), también es necesaria una triple: la tercera parte de la vida del ser humano, una parte de la cual no podemos hacer caso omiso, es una zona intermedia de la experiencia a la cual contribuyen la realidad exterior e interior”. Esta tercera parte intermedia es lo que va a conceptualizar como el espacio transicional o potencial, el espacio de la ilusión. Así sería la primera alimentación teórica: “El potencial creador del individuo que nace de la necesidad produce una preparación a la alucinación. El amor y la íntima identificación de la madre con su pequeño hacen que sea consciente de las necesidades del mismo hasta el punto de aportar algo más o menos en el momento propicio y en el lugar indicado. Esto, que se repite mucho, nace de la capacidad del pequeño para utilizar la ilusión, sin la cual no hay contacto posible entre la psique y el medio.

Tenemos entonces que apuntalado en la necesidad, el potencial creador se hace sitio frente a la pulsión en este planteamiento de Winnicott, en el cual nos presenta un bebé desexualizado y con potencia vital. Esa potencia es la capacidad de crear. Creación de él mismo y del entorno. Winnicott, muy amigo de las paradojas, dirá que el bebé aprende a ser siendo y construye el mundo con lo dado. Y para ello un imprescindible con mucho peso en este planteamiento: la madre. Esta ha de ser “suficientemente buena”, debe sostener, de ahí el termino de holding. Sobre ella recae la responsabilidad de la salud mental o en su defecto de la enfermedad. “La fundación de la salud mental de cada niño corresponde a la madre durante el periodo en que se preocupa del cuidado del pequeño (...) Así pues la salud mental es el producto de un cuidado continuo que permite la continuidad del crecimiento emocional personal.” (además añade que es necesaria la devoción pero no la inteligencia). El trabajo de la madre pasará de permitir la ilusión a introducir la desilusión gradualmente. Desilusión igual a destete, a frustración. Si el medio es demasiado intrusivo aparecerá el falso self, si es respetuoso y generoso el verdadero.

 

Resumen.

En la díada un tercero: primero la ilusión, después los objetos transicionales y finalmente los símbolos. El bicho humano tiene un potencial creativo en su naturaleza pero solo se pondrá en funcionamiento en estado de fusión, de no diferenciación con la madre que le permita crear lo ya creado, llegar a ser, siendo. No hay bebe sin madre, en el contacto con ella se crea a si mismo. La madre le da el pecho y el bebe lo crea. Así pues la naturaleza humana para Winnicott se sostiene en una paradoja: es y no es, solo se puede ser, siendo.

 

4. EL DESEMBARCO DE LOS SIGNIFICANTES… LAPLANCHE.

 

Palabras claves: Lacan, Laplanche, Un Más de Contenido. La Seducción Generalizada. Los Significantes Enigmáticos.

 

Con Lacan y sus importantes aportaciones sobre los significantes y el inconsciente estructurado como un lenguaje corren tiempos difíciles para el bebé. Este queda despojado de lo biológico, pero además queda despojado de su condición de sujeto para pasar a ser solo objeto. “El niño se convierte en el objeto del deseo del otro, constituye su deseo con respecto al deseo del otro”. Esto al mismo tiempo que genial -porque separa el deseo humano de lo biológico, de lo innato, y pasa a ser el efecto de un encuentro-, deja al infans sin agencia, únicamente como sujeto sujetado, porque lo que importa a partir de ahora no es la historia sino la estructura en la que se cae. (Silvia Bleichmar).

Hay pues una época difícil para el bebé en donde deja casi de existir por si mismo aplastado por los significantes. Al respecto Laplanche escribe: ¿Y para qué preguntarse cómo se construye la estructura psíquica del niño, si afirmamos que la estructura fundamental trasciende, rige, predetermina, toda peripecia individual y acontecida?". En la década de los 70 la tesis estructuralista daba lugar incluso a excesos teoréticos-prácticos desconcertantes: el niño quedaba desposeído de su neurosis o de su psicosis en beneficio de la red relacional preexistente a su devenir y a su existencia misma. Pero en virtud de un curioso arrepentimiento, la estructura patógena no emigraba al cielo de las ideas: recaía, concretamente, en la configuración psíquica de los padres, y singularmente de la madre, convertida en responsable de todos los males. Periodo tal vez superado, en que el niño o el psicótico eran considerados puro síntoma del Edipo parental. Con la herencia de Freud, Lacan y su aportación original, Laplanche construirán un hipotético infans en donde rescata lo biológico, la contingencia individual y además el impacto de los significantes.

Laplanche aborda la situación originaria desde el criterio de un más: un más de contenido, de significación y por lo tanto de mensajes. La situación originaria es la confrontación del niño con el mundo del adulto poblado de significantes, una confrontación en donde el psiquismo parental es más rico que el del niño. Este tiene entonces la tarea de habitar el lenguaje que le preexiste. Situación originaria es entonces seducción originaria: situación fundamental en la que el adulto propone al niño significantes tanto verbales como no verbales, incluso comportamentales que se van a caracterizar por ser enigmáticos, nos dice Laplanche. Significantes que interrogan al niño antes que él los comprenda y a los cuáles debe dar sentido y respuesta. Esta condición los hace traumatizantes. Traumatizantes porque vehiculan un sentido ignorado. Pero aquí lo importante es que el sentido ignorado no es solo para el niño sino sobre todo para el adulto. El portador de los significantes no sabe de ellos. Funcionan como una formación de compromiso, como un síntoma, y vehiculizan al menos dos significaciones al mismo tiempo, una red de significaciones conscientes y otra de significaciones sexuales inconscientes.

Laplanche nos pone un ejemplo concreto “¿Se puede seguir descuidando, en la teoría psicoanalítica, el investimiento sexual e inconsciente rector, por parte de la mujer, del pecho mismo, órgano aparentemente natural de la lactancia? ¿Se puede suponer que esa investidura sexual, que podríamos considerar perversa en el sentido de tres ensayos de teoría sexual, no es percibido, sospechado por el lactante, como fuente de este oscuro cuestionamiento: que pretende de mi, mas allá de amamantarme y, después de todo, porque quiere amamantarme?

La seducción que en Freud recaía sobre el padre pasa a la madre y se vehiculiza a través de los cuidados corporales prodigados al niño. La seducción recorre su camino de lo anecdótico a lo esencial. Es pues, una seducción necesaria inscrita en la situación misma.

 

Resumamos.

La teoría de la seducción generalizada, que es la de Laplanche, "es la puesta en confrontación de un individuo cuyos montajes somatopsíquicos se sitúan de manera predominante en el nivel de la necesidad con significantes que emanan del adulto, ligados a la satisfacción de esas necesidades, pero que vehiculizan consigo la potencialidad, la interrogación puramente potencial de otros mensajes: sexuales. Estos mensajes enigmáticos suscitan un trabajo de dominio y simbolización difícil, hasta imposible, que deja necesariamente detrás de si unos restos inconscientes, unos fueros decía Freud”.

Será justo esta cuestión la que ponga en marcha la constitución del psiquismo, la actividad teorizante y autoteorizante del niño. Los significantes enigmáticos van a ser metabolizados es decir reemplazados por otra cosa a través de lo que Laplanche llama la metábola, proceso que incluye la metáfora y la metonimia. Será justo aquí donde se encuentran el trauma, la fundación del inconsciente y la simbolización. Con la teoría de la seducción generalizada Laplanche, tomando sus propias palabras, intenta fundar la estructura del aparato psíquico o aparato del alma, en general, e invalida el recurso biológico y filogenético, bajo reserva de resituarlo secundariamente. Esta teoría debe explicar, a través del mecanismo de la represión, la constitución y la permanencia de un inconsciente, así como del efecto “pulsión que le es indisociable”.

 

NOTAS FINALES

Espero que los relatos de los diferentes bebés aquí reconstruidos sean una buena foto sobre la complejización de las teorías psicoanalíticas. Aunque, como dice S. Bleichmar en su libro “Psicoanálisis y Neogénesis”, en la actualidad es necesario un trabajo de desbrozamiento y limpieza dentro de la teoría psicoanalítica, considero la misma inevitable y enriquecedora. La complejización de las teorías es también el reflejo de la complejización del mundo en donde ya ha dejado de ser válido un único esquema para explicarse las cosas y la diversidad se expande como una diáspora.

Y creo también, que la complejización dentro de las teorías psicoanalíticas ayuda a perfilar y definir su especificidad: lo humano incognoscible; el deseo; el alma... que no desmerece a la complejización del proceso de humanización. El concepto de pulsión, por ejemplo -tan específicamente psicoanalítico- y uno de los que vemos modificarse en los retratos de los infans, es de una riqueza exultante.

Freud esperaba que algún día pudieran encontrarse la naturaleza química o mecánica de la pulsión y así incluso renunciar a su estudio -como dice en "Pulsiones y destinos de la pulsión”-, es decir, esperaba poderlo colocar finalmente en lo biológico. Algo así como que su esencia fuera biológica. Klein con el énfasis en los mecanismos de introyección y proyección prepara a la teoría para buscar la pulsión en el “entre”, lugar en el que entra de lleno Winnicott. Desarrollos posteriores dan la posibilidad de dejarla ahí, entre lo somático y lo psíquico. Laplanche hace una renuncia explicita a lo biológico como fundamento de la pulsión, y la sitúa en una interface incierta que se crea cuando el soma toma contacto con el otro. Es un flujo y como tal no existe hasta que el bebé no se pone en acción al entrar en contacto con el mundo. Es considerada como un efecto. Queda pues en un espacio intermedio que a veces pertenece al bebé pero otras parece ser de la madre. Laplanche dirá: “en el marco de las experiencias de apuntalamiento del deseo en las necesidades vitales por la vía de la experiencia de satisfacción la madre introduce en el infans -a través de sus cuidados- la pulsión sexual. Esta pulsión que viene del cuerpo tiene una inscripción en el psiquismo a través de las representaciones”.

Aquí la pulsión es puro movimiento, impulsora del trabajo psíquico, de la búsqueda de sentido, del ser autoteorizante. Laplanche nos dice: “Una epistemología y una teoría del psicoanálisis debe de tener en cuenta el hecho de que el sujeto es un ser teorizante, y sobre todo teorizante de si mismo. El objeto del psicoanálisis no es el objeto humano en general sino el objeto humano en tanto el formula, en tanto da forma a su propia experiencia”. Y como el concepto de pulsión otros muchos se enriquecen y complejizan: El Otro primordial por ejemplo también se transforma: del cuerpo que prodiga cuidados, ama, tiene que ser abnegado pero no inteligente (como dice Winnicott) se pasa a otro con un deseo inconsciente, que no solo trae al mundo al infans para cuidarlo y que crezca, sino que lo hace en un mundo determinado con una red de significantes organizados en cierta manera y con una singularidad cuajada en un inconsciente anhelante de encontrar un objeto en donde colocar su deseo.

Resumiendo diría que estos bebés tienen muchas cosas en común, más que diferencias, pero las diferencias no son una limitación del psicoanálisis por no haber podido llegar a un modelo único, sino una riqueza, ya que estas operan con metáforas que sirven para construir hipótesis acerca del funcionamiento psíquico. Como dice A. Green la riqueza del psicoanálisis se contiene en su valor metafórico, en su capacidad de ir más allá a partir de algo. Que ese algo no sea nunca lo definitivo. Con respecto a la clínica, la complejización de las teorías puede ser una herramienta útil para abordar las diferentes formas en que se presentan los fenómenos psicopatológicos. Freud veía histéricos y obsesivas, Klein añade niños, Winnicott psicóticos, diadas madre-infans. P. Aulagnier trabajó con esquizofrenia y paranoia y así podríamos hacer una larga lista. Ricardo Rodulfo dice que seria conveniente contar con un grupo de retratos confiables de bebés, que nos sirvan como referencia de distintos destinos patológicos.

Sin embargo la complejización también tiene sus peligros. Freud hace cierta asimilación entre el delirio y las teorías psicoanalíticas. Piera Aulagnier nos dice: “Si la psique y el mundo nacen uno con el otro y son el resultado de un estado de encuentro. El discurso teórico que da cuenta de la psique pretende disociar los efectos de este encuentro, para lo cual ejerce sobre el objeto psique una violencia inevitable. La concordancia exhaustiva entre discurso analítico y objeto psique es una ilusión a la que debemos renunciar”. Debemos pues renunciar a que los bebés hagan sabios a los psicoanalistas creyendo que finalmente una de las teorías ha dado con el origen del psiquismo que por cierto seria lo mismo que haber hallado el origen del universo. Los bebés son, como dice Green, un buen lugar para las proyecciones porque nunca replican sobre las teorías que se les imputan. Todos sin excepción son también parte del imaginario social en el que fueron concebidos.

Piera dice: "certeza y saber se distinguen en nombre de la “cuestionabilidad” de sus enunciados respectivos: la primera rechaza esta puesta a prueba, el segundo la acepta, aunque lo haga a pesar suyo. Debemos esperar que el cuestionamiento de, por y sobre el psicoanálisis pueda continuar” (La violencia de la interpretación). Aprovecho esta cita de P. Aulagnier para terminar con la idea con la que comencé: el psicoanálisis esta obligado a tomar en parte lo que le viene de fuera, de los otros yoes científicos o si no autoengendrará teorías delirantes, omnipotentes y ombliguistas.

Y de aquí a la observación de bebés. Como dice Laplanche, la observación debe de dejar de ser tabú para el psicoanálisis. De hecho los psicoanalistas observamos y mucho. Todos sin excepción van y miran la lactancia y de allí construyen una teoría. Termino pues con un alegato a favor de los beneficios que la observación de bebés tiene para el psicoanálisis. Digo la observación, porque es de lo que más he leído pero el alegato lo amplío a todas las ciencias o disciplinas que de alguna forma conectan con objeto del psicoanálisis. Los estudios sobre observación de bebés dan datos y construyen teorías que tienen dos consecuencias para el psicoanálisis: por un lado lo cuestionan y por otro lo refrendan. Lo refrendan porque las teorías que construyen ayudan a confirmar desde otro punto de vista las hipótesis psicoanalíticas. Es sorprendente, por ejemplo, cómo se habla de las mismas fases de desarrollo, los dos meses, los ocho meses, etc. Las teorías modernas sobre el desarrollo del humano y su inteligencia incorporan ahora la relación que el infans establece con el otro como pilar fundamental.

En un libro editado en Septiembre del 2006 titulado “Del ritmo al símbolo. Los signos en el nacimiento de la inteligencia” se dice “El funcionamiento de los órganos engendra con su propia existencia, una necesidad psíquica sui generis, o mejor una serie de necesidades vicarias cuya complejidad desborda, desde el principio, la simple satisfacción orgánica”.  Ellos también deberían leer psicoanálisis y aprovechar en este caso el potente concepto de pulsión.

Termino con una teorización infantil. Ellos también tienen sus propias teorías sobre el advenimiento del sujeto y están más cerca que nosotros: son dos niños de 7 y 9 años respectivamente.

 1º Cuando acabamos de nacer no sabemos dónde estamos y empezamos a pensar que estamos en un sitio que nos van a dejar hechos polvo y por eso te pones a llorar. Luego ya sabes que son tus padres y que no te van a hacer daño. Luego ya dices una palabra y te sale mal pero por lo menos la puedes decir. Y cuando pronuncias bien las palabras no te hace falta ni pensarlas.

2º Al principio era todo mar, es como estar en el mar porque estás dentro de la tripa, cuando sales te encuentras como en otro mundo, como en la playa como si fueras un delfín o un pececito y un tsunami te ha dejado en la playa. Te vas acostumbrando poco a poco. Al principio no ves la luz, es un mundo oscuro y triste luego se va iluminando y vas conociendo las maravillas de la vida. Luego más mayor, de tres años o así, pues te vas dando cuenta de que puedes andar, vas evolucionando y desde el mar a la playa y finalmente en tu casa.

 

Bibliografía:

 

Freud: 1915 “Pulsiones y destinos de pulsión”.

Winnicott

Laplanche

P. Aulagnier. La violencia de la interpretación.

S. Bleichmar. “Clínica y neo génesis”

D. Stern.

 

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Publicado en: 2008-01-22 (345 Lecturas)

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