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pingreenReflexiones a Propósito de La Salud Mental.

 

Aldemar Perdomo Varón.

 

Cada época, cada momento de la historia de la humanidad ha traído consigo nuevas epidemias, nuevas enfermedades y patologías; es responsabilidad de nosotros, los profesionales de la salud, hacer frente a estas manifestaciones que involucran el bienestar de una persona. El presente escrito es el texto que queda después de la preparación de una ponencia frente a profesionales de la salud y otros, en relación a intentar decir algo sobre la salud mental, la filosofía y el psicoanálisis; entre otros.

Me arriesgaré a remitirme a la época antigua, para ser más preciso a la filosofía antigua, para abordar la cuestión de la salud mental. Desde aquellos tiempos la pregunta sobre qué dirige a un sujeto en su comportamiento, acciones, elecciones, decisiones fue central para pensarse la cuestión del ser; Sócrates pensaba que el hombre cometía actos bueno y sobretodo malos por su ignorancia, es así que inicia la pregunta sobre el ser y desde entonces nos da una pista: el hombre padece de un desconocimiento de sí mismo: ¿qué significa tener desconocimiento de sí mismo?, este enigmático filosofo constantemente en sus diálogos con otras personas hacía surgir el interrogante ¿Quién es usted? al cual el otro respondía haciendo referencia a su nombre, a su género, a su quehacer, a su profesión, etc. Pero Sócrates nos diría que esa no son respuestas para aquella pregunta; puesto que estas respuestas tienen preguntas precisas: ¿Cuál es tu nombre?, ¿Qué género eres?, ¿Cuál es tu ocupación?; estas mismas respuesta ante la pregunta ¿quién es usted? muestran ese desconocimiento del que nos hablaba Sócrates hace más de XXI siglos; al tiempo nos dirá este antiguo y vigente filósofo que ese desconocimiento de sí mismo nos hace realizar actos, asumir comportamientos, tomar decisiones, entre otras cosas, que en ocasiones hará nuestra existencia menos vivible.

Las pasiones siempre están en el hombre, el amor, el odio, la ira, el deseo, la alegría, la tristeza; se tornan obstáculos para la vida cotidiana cuando surgen del desconocimiento de sí mismo y se manifiesta, como lo decía Marco Aurelio, en: “la amargura, el hastío, la náusea frente a la misma existencia humana”, con esto vemos que desde aquella época ya existía una inconformidad con la propia existencia y que podía manifestarse no sólo en relación consigo mismo sino también con el otro.

El campo de la salud mental ha sido cuestión de reflexión desde hace miles de años, si bien el nombre responde a ésta época moderna, su objeto de referencia ha existido desde hace siglos, desde antaño existe la pregunta sobre el comportamiento de los seres humanos, sobre qué es lo que lleva a cometer ciertas acciones a un sujeto.

Ante las diferentes manifestaciones de la alteración en la salud mental en la época clásica se respondía a ellas de diferentes maneras, propias de la época. Existe una pintura de un artista, El Bosco se llama, donde se plasma una idea en relación a la salud mental en una determinada época clásica: la locura era causada por una piedra (la piedra de la locura), y la forma de curar a un sujeto de esa locura era la extracción de la piedra, practicándole una cirugía para dicha intensión.

Con el paso del tiempo se ha presentado la necesidad de variar la forma de un sujeto acomodarse en su existencia y en su relación con el otro; surgen nuevos padecimientos en las personas, a los cuales la medicina no encontraba respuestas, a la par que surge nuevos discursos para hacer frente a esos malestares tanto de la cultura como del hombre. La antropología, la sociología, nuevas sectas religiosas, etc. Entre esos discursos surge uno que retoma el planteamiento socrático y de otros como Schopenhauer, es el psicoanálisis, quien nos formulará, también, que el ser humano está gobernado por una ignorancia de sí mismo.

Freud, fundador del psicoanálisis, medico-neurólogo de profesión y un fuerte investigador del campo de la ciencias de la medicina, plantea la neurosis como una organización psíquica en el sujeto que le posibilitará una relación soportable consigo mismo y con los demás, con la ley, la cultural, con el padre, con la muerte, etc. relación soportable, pues en muchos casos, esa organización no da los elementos necesarios para una relación armoniosa con las contingencias que he mencionado. Esta organización psíquica se establece en el sujeto desde su nacimiento hasta alrededor de los 6 o 7 años de edad.

El padecer de un sujeto neurótico, es decir de los también llamados “normales”, es el de una incompletitud, el de una falta en su ser, o el de un desconocimiento de sí, que a la vez lo lleva a elegir eventos, personas, trabajo, en fin, que lo atormentarán posteriormente.

El neurótico se queja constantemente de su existencia, de su cuerpo, de su padre, de su madre, de la mujer que “escogió”, del jefe, de su amigo, del profesor. Se sostiene en una relación insatisfecha o de imposible satisfacción en su vida cotidiana; hoy decide una cosa, mañana otra y pasado mañana dejan todo e inician “un nuevo proyecto de vida”. Busca objetos para que calmen esa falta de su ser, busca objetos que le digan quien es él. Quiere encontrar certeza, seguridad, comodidad; sin el menor trabajo.

Una persona que padece una neurosis le dificultará terminar sus objetivos propuestos, arriesgarse a encontrar nuevos y mejores caminos, a tener relaciones cotidiana satisfactorias y su cuerpo padecerá de los más duros y mortificantes malestares; todos tenemos algo de esta forma de existir, algunos podemos enfrentarlas, como por ejemplo en un proceso analítico, donde durante un tiempo pasamos interrogándonos sobre nuestro existir, pero existen otros, muchos, que sus lazos afectivos y sociales se han acostumbrado a los constantes fracasos, a las relaciones cortas, a los sentimientos de culpa, a la insatisfacción.

La neurosis es la respuesta, si se quiere la “defensa”, a la falta de ser, al desconocimiento o la ignorancia de sí, esa misma de la que hablaba el Sócrates de Platón; “una mala defensa, una mala respuesta” sí, que le proporciona una fantaseada seguridad a quien la padece, el sufrimiento se convierte en síntoma, y ese síntoma, al menos desde el psicoanálisis, le permite sobrevivir al sujeto en medio de un “malestar de la cultura”.

En la actualidad la salud mental no ha estado en los intereses de aquellos que hacen una supuesta política y menos en los del amo del capitalismo; entra en juego la ciencia y la tecnología de la modernidad, la mismas que han permitido que el ser humano tenga mejores condiciones de vivir, pero se debe reflexionar un poco sobre esa tecnología salvaje que está invadiendo nuestros lugares más íntimos; para ello quiero recordar una fábula de un gran pensador, Schopenhauer, es la fábula del erizo o puerco espín: “estos animalitos padecían una amenaza de desaparecer como especie, en una cueva se refugiaban para esconderse de otros depredadores y del frio, sin embargo el frio los perseguía, poco a poco dieron cuenta que si se acercaban un poco más podría encontrar calor en el otro, pero se encontraban con un nuevo impase, se lastimaban entre sí por sus espinas, así que volvían a separarse, pero el frio volvía a golpearlos y volvían a unirse y sus espinas nuevamente les hacía daño, hasta que en este ir y venir encontraron un punto donde se podrían calentar sin lastimarse”, este filósofo nos dirá que esa debe ser la posible forma de convivencia entre los sujetos, no estar muy cerca pero tanto poco muy lejos.

Sí contamos esta fábula ahora con personajes neuróticos, cada uno con su padecer, ese padecer seria como las espinas del puerco espín, pero al igual necesitaran del otro para seguir existiendo, es así como vemos constantemente en las noticias, en los periódicos amarillistas que una persona agredió, hirió y hasta asesino a su ser más querido. Hay un punto donde el otro se vuelve insoportable para un sujeto, se encuentra muy cerca, muy íntimo, invade el terreno de la privacidad, la intolerancia aparece, la agresividad, que es constitucional del ser humano, se torna el arma perfecta para responder ante esa omnipresencia del otro.

Pero también encontrarnos otra posible respuesta, cuando se está muy cerca del otro se puede alejarse de él, entonces viene el otro movimiento del puerco espín, el distanciamiento, el aislamiento, para esto la tecnología ha servido mucho, el prescindir del otro en lo real ya no es problema, entonces encontramos, por ejemplo, que la convivencia en un hogar, en una familia, en una pareja, es un campo de batalla y tras de eso minado, quien dé un paso en falso puede perder algo de su integridad, así que la tecnología ofrece alternativas para atrincherarse, cada uno en un rincón bajo un mismo techo, cada uno cuenta con una TV, con un PC, con una televisión por cable, un baño privado, una línea telefónica y sobretodo un internet a la mano; con esto último el sujeto puede acceder a una realidad donde el mismo puede construir como vivirla, encontramos opciones múltiples como la de Seconds Life: “segunda vida”, su nombre es ya muy diciente y describe los alcances que tiene, y es cierto, quien ingresa a este lugar virtual puede crear una segunda vida. En algunos países ya se ha manifestado sus alcances, adolescentes muertos por que se pierden en los brazos de este oráculo de la modernidad; en este lugar virtual cada sujeto puede encontrar una respuesta a su falta existencial, a su ignorancia de sí mismo, puede encontrar una salida a su insatisfacción con su cuerpo, a su miedo frente a su existencia, también es una posible opción de realizar todo tipo de fantasía.

 

Aldemar Perdomo Varón. Psicólogo.

Institución Salamandra. Corporación de Estudios Superiores. Cali, Colombia

http://colectivodeenfermeria2013.blogspot.com/2013/02/i-foro-reflexiones-sobre-la-salud-mental.html

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