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pingreenFrío, Enfermedad y Nacimiento(1).

 

Ernest Jones.

Es más que apropiado que un documento escrito como una contribución al Festschrift(2) preparado en honor del Dr. Ferenczi pueda ir acompañado de uno u otro de sus propios puntos de vista, y el presente lo hará en varios aspectos. Es a Ferenczi más que cualquier otra persona a quien le debemos nuestra progresiva comprensión de cuan sutiles son las relaciones entre los trastornos psíquicos y físicos, un importante dominio que sólo recientemente estamos comenzando a explorar. Él nos ha mostrado que tanto las enfermedades mentales como las corporales pueden, en ocasiones deberse a los mismos factores, esto es a deseos insatisfechos, un mecanismo bastante diferente al de la familiar histeria de conversión. Me propongo señalar una forma aun más indirecta en la que ciertas tendencias mentales pueden conducir a algunas graves enfermedades físicas, a través de falsas asociaciones de tipo simbólicas en relación a la idea de enfermedad, asociaciones que llevan a exponer a la persona sin que ella se de cuenta del peligro de contraer enfermedades a través de una infección.

La clase de enfermedad infecciosa a la que aquí se hace referencia es aquella adquirida por vía respiratoria, relacionada con algo de lo que alguien podría haber dicho más tarde. Este tipo de enfermedad se adquiere por estar respirando el aire infectado, y la posibilidad de que esto suceda es significativamente mayor si hay una ventilación inadecuada en presencia de la infección. Nada, por tanto, podría favorecer mejor el riesgo de contraer la infección que la creencia prevaleciente, o la superstición, de que esas enfermedades tienen una etiología de exactamente la clase opuesta, es decir, de que ellas se deben a la influencia maligna del aire frío, o de aquello conocido popularmente como "corrientes de aire". Dado que esta creencia aún persiste incluso en los círculos médicos, me gustaría primero decir algo sobre esto desde un punto de vista puramente patológico. Sin asumir la extrema posición de que la creencia popular es completamente supersticiosa y falsa (aunque yo personalmente considero que es así), solo sostendré aquí que la importancia patológica comúnmente atribuida al aire frío es enormemente exagerada.

Tres clases de consideraciones me parece hacen esta conclusión inevitable: (1) El trabajo experimental tanto en seres humanos como en otros animales, (2) una escéptica reflexión sobre la naturaleza de la enfermedad, y (3) la recolección de la historia de la creencia en cuestión. Empezaré con la última de estas. Cuando una creencia popular sobre un determinado asunto se disuelve en exacta correspondencia con el surgimiento de los conocimientos científicos precisos sobre el tema, uno puede sospechar que la función de la creencia había sido simplemente la de rellenar un vacío en lugar de un conocimiento definido, sobre todo si el contenido era de gran importancia psíquica para la humanidad. Baste como ejemplo la enorme restricción de aplicabilidad que sufren las explicaciones religiosas sobre los eventos naturales cuando estos fenómenos son investigados por otras vías diferentes. La gran cantidad de folklore sobre el tema de la salud, muestra tanto la importancia que el hombre le ha otorgado a este tema, como la dificultad que éste ha tenido, desde siempre, para tolerar su ignorancia sobre esta esfera. Esto ha sido una brecha que desde siempre se ha visto compelido a llenar. No sabiendo prácticamente nada acerca de las causas y el tratamiento de la enfermedad, éste inventa, más o menos, fantásticas explicaciones para suplir su ignorancia. Las formas bajo las cuales estas falsas explicaciones se desarrollan se ilustrarán más adelante. En esta serie, uno de los agentes etiológicos más frecuentemente pretendidos y que se supone que representan una amplia gama de enfermedades, era el aire frío.

En la literatura médica de hace tan sólo un siglo es bastante sorprendente encontrar un extraordinario número de enfermedades, a las que se le suponía que se habían originado por esta causa. Incluso en la última generación de libros de texto médicos se puede encontrar esta etiología atribuida a una gran variedad de condiciones bacteriológicas tales como la peritonitis, la tuberculosis, el absceso hepático, la pericarditis, la pleuritis gástrica, y una aún más numerosa lista. Muchos elementos obviamente irracionales en estas creencias indican su naturaleza supersticiosa. Así este aire nocturno había sido considerado como particularmente mortal; la malaria, por ejemplo, era concebida como originada en la inhalación de esta nociva sustancia hasta que se demostró la imposibilidad de que esta fuera adquirida en ausencia de una necesaria clase de mosquito, que es lo que la produce. Es interesante destacar que este aire frío atacaría, como un enemigo, localizado en una dirección (es decir, “corrientes”) siendo especialmente peligroso, sobre todo si golpea desde atrás. Esto también se aplicaría al aire frío que afectaría ciertas áreas particulares del cuerpo, tales como los pies y la parte posterior del cuello. El aire que entraba a través de una abertura, sobre todo a través de un orificio nasal, sería más peligroso que otras variedades. Si consideramos esta única instancia etiológica descrita hace cincuenta años, veremos cuanto desacuerdo hay con nuestro actual conocimiento de la patología. Voy a seleccionar la enseñanza de que la Ovaritis(3) podría deberse al uso de prendas de interior inadecuada durante la menstruación. Si estas prendas estaban abiertas en vez de cerradas, el aire peligroso podía penetrar por la vagina, ascender por el canal cervical, circular por el cuerpo del útero, y afectar su forma de trabajo en las ondulantes trompas de Falopio hasta llegar al mismo ovario sensible

Naturalmente, el advenimiento de la bacteriología obligó a ejercitar una poderosa influencia en la modificación de estas creencias, pero ellas estaban tan implantadas en la mente humana que se hizo necesario recurrir a una cierta racionalización. Por lo tanto, se mantuvo que el aire frío, si bien no era la causa específica de estas enfermedades, si actuaba mediante la reducción de la resistencia del organismo a los agentes infecciosos ubicuos, y por lo tanto determinaba si el paciente iba a sufrir la enfermedad o no. Así, en la práctica los nuevos conocimientos alteraban un poco, y la gente podía protegerse contra esta supuesta fuente de enfermedad casi tan cuidadosamente como lo hicieron en los días anteriores a Pasteur y Koch. No obstante, la investigación experimental tanto en seres humanos como en otros animales refleja que se necesita un grado excesivo de frío, un grado que nunca se alcanza en condiciones urbanas como para bajar la temperatura corporal del organismo, y que nada de esto hace una diferencia significativa de su resistencia frente a la infección patógena.

Los efectos de las creencias falsas han sido por lo general muy dispares. La humanidad a menudo se ha visto gravemente afectada por ellas, pero también ha recibido prestaciones compensatorias en la forma de comodidad y felicidad. En el presente caso, el equilibrio se ha ido cargando en la dirección anterior, a pesar de que ello ha resultado en un sufrimiento inconmensurablemente mayor al de cualquier otra creencia, verdadera o falsa.

Se ha calculado que, cuando todas las complicaciones inmediatas y remotas, así como las secuelas son tomadas en cuenta, casi tres cuartas partes de todas las enfermedades y la muerte se originan en infecciones de las vías respiratorias -uno de los más gigantescos hechos en la historia del sufrimiento humano.

¿Puede la psicología arrojar luz sobre el origen y el significado de este fatídico error? La primera explicación posible de porqué esto ocurre puede ser mencionada para empezar, aunque es evidentemente una cuestión superficial, Ello tiene que ver con un simple error lógico.

Un síntoma importante de la fase aguda con muchas de estas infecciones son los escalofríos y la sensibilidad al frío (la bien conocida etapa de rigor). Esta fase inicial de la enfermedad se suele confundir con el frio patogénico al que se le atribuye ser la causa de la enfermedad. Además, no puede ser casualidad que la creencia popular en el peligro del aire frío haya permanecido tanto tiempo relacionada solo con la enfermedad respiratoria, y que se haya mantenido fuertemente relacionada con esa infección leve que actualmente lleva por nombre "resfriado". Aquí hay una razón adicional para la confusión sobre estos agentes etiológicos. El aire frío (tal como la luz del sol) pueden estimular las membranas de las mucosas respiratorias y oculares hasta tal punto de ser capaces de producir muchas de las menos importantes, -aunque llamativas- manifestaciones de esta familiar condición; todas ellas, que ocurren en los ojos y nariz: cosquilleo nasal, estornudos, e inclusive toser. Aunque es bastante fácil distinguir este estado de corta duración de la condición genuinamente tóxica llamado un resfriado, lo más probable es que el parecido superficial entre ambas fomenta la confusión etiológica de que se trata, y hace que sea más fácil atribuir la segunda, también a los agentes físicos que, obviamente, producen la primera.

En la psicología moderna, sin embargo, no es posible estar satisfecho ni por un momento con esta explicación puramente intelectualizada, aparte del hecho de que ella sólo es aplicable a una determinada clase de enfermedades. Nosotros sabemos ahora que los errores formales en la lógica no se deben a una deficiencia intelectual, sino a la intervención de factores emocionales. Como Ferenczi(4) bien dice: "Uno está de antemano inclinado a creer que las cosas se confunden unas con otra, sólo por que ciertas causas de ello están presentes; a partir de que de un mismo modo posibilitan la oportunidad para que esas causas produzcan una función". Tendremos, por lo tanto, que ir más lejos para encontrar una explicación más completa de esta intensa y profunda característica humana que nos ocupa. El único escritor que conozco que ha abordado este problema psicológico es Trotter(5). Él sugiere que el malestar y el miedo del hombre a la presencia de aire frío puede estar relacionado con el riesgo de ser aislado de la segura y cálida manada, por lo que la creencia aquí en discusión sería una manifestación directa de lo que serían los términos del instinto de la manada. Si traducimos la "manada" de Trotter en términos psicoanalíticos a la idea de familia, en última instancia la madre, su sugerencia puede llegar a estar relacionada con lo que se propone aquí.

El aporte que se espera desde el psicoanálisis, naturalmente, será determinar qué contribuciones se podrían hacer respecto de esta creencia a partir de la concepción de lo inconsciente. Tendremos que considerar qué ideas en el inconsciente se corresponden con los elementos de la declaración de "el aire frío causa la enfermedad". Los equivalentes inconscientes de esta última idea nos son familiares a partir de numerosos psicoanálisis. Aunque el mecanismo de la realización de deseos de lo inconsciente pueda ocasionalmente vincular ciertas formas de la enfermedad con las ideas agradables -tal como la conocida asociación entre las ideas de cáncer y el embarazo- sin embargo no hay duda de que la más común y fundamental concepción inconsciente de la enfermedad es la de una lesión incapacitante. La lesión es instintivamente imaginada como habiendo sido provocada desde el exterior, ya sea como un intento sádico u hostil. Los registros del folklore primitivo y de la superstición nos enseñan cómo constantemente la supuesta atribución causal de la enfermedad (y también de la muerte) es figurativamente personificada (Róheim). La lesión, al igual que todas las lesiones, en última instancia, significa la castración (Rank).

A partir de las últimas investigaciones, hemos aprendido que la idea de la castración tiene una connotación mucho más amplia en el inconsciente, en particular en sus aspectos genéticos, de lo que solíamos pensar. Además de las ideas directamente relacionadas con la pérdida del pene (amenazas, temores de castigo vengativo, etc), hay otras tres fuentes importantes de las que se alimenta el complejo. Ellas son: la eliminación de las heces, identificado con el pene (Jones), la retirada del pezón (Starcke), y la pérdida del cuerpo de la madre al nacer (Alexander). Es a la imaginación de Ferenczi(6) que le debemos nuestra primera apreciación adecuada de la importancia psíquica que el acto del nacimiento debe tener para el niño, y es él quien ha trazado las consecuencias de esto en el desarrollo posterior del individuo. De su trabajo, y por supuesto del de Freud, nos hemos dado cuenta de cuán grande debe ser el sufrimiento y resentimiento experimentado por el niño al ser expulsado del paraíso, y qué tan fuerte es el deseo perenne de volver a él. Después del doloroso acto del nacimiento por el que ha tenido que pasar, la manifestación más importante para el bebé de la "castración" que ha sufrido -siendo privado de la matriz de la cual formaba parte su ser total- es sin duda la sensación de aire frío. La incómoda estimulación producida por este cambio en la temperatura presagia una revolución en su condición de ser, y en sus (indeseadas) respuestas de las que su propia vida dependen. No es de extrañar, pues, que la impresión dominante de esto recibido -en el umbral de la vida- siga estando para siempre relacionado con las ideas de incomodidad, inseguridad, peligro, o incluso daño corporal.

 

Published in: Chapter XV, in “Papers on Psycho-Analysis”, Ernest Jones M. D.; F.R.C.P., Fifth Edition, 1977, Maresfield Reprints, London, England.

 

Notas:

1.- Publicado en el Festschrift preparado por la Hungarian Psycho-Analytical Society (de la cual el autor es miembro honorario) con ocasión del cumpleaños del Dr. Ferenczi (Internationale Zeitschrift für Psychoanalise, vol. IX, Heft 3).

2.- Festschrift (plural, Festschriften, o Festschrifts), también Festgabe o liber amicorum, es una expresión utilizada en el mundo académico para referirse a un libro en honor de una persona respetada, en especial a un académico, y que se presenta durante el transcurso de su vida. (N del T).

3.- Ooforitis en el texto, es la inflamación, aguda o crónica, de uno o los dos ovarios, generalmente causada por infecciones. (N del T).

4.- Ferenczi, “Contributions of Psycho-Analysis” (Engl. trans.), 1916, p.237.

5.- W. Trotter, “Instincts of the Herd in Peace and War”, 1916, p. 31.

6.- Ferenczi, “Entwicklungsstufen des Wirklichkeitssinnes”, Internat. Zeitschr. F. Psychoanalise, 1913.

 

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