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El Mensajero Olvidado de Ferenczi. La vida y obra de Izette de Forest(1).

 

B. William Brennan

 

Desde Stratford, Connecticut, a Budapest, Hungría, desde la lujosa mansión de Tiffany en Madison Avenue a una rústica casa en New Hampshire, -la incontada historia de la analizando de Ferenczi, Izette de Forest captura el espíritu pionero de una de las primeras mujeres analistas de Estados Unidos. Mientras que la influencia de Ferenczi en los Estados Unidos es a menudo atribuida a Clara Thompson, de Forest fue una de los primeros americanos en llevar las ideas de Ferenczi a este país. En este artículo, el autor proporciona una semblanza biográfica de de Forest y sigue las huellas de su participación como una de las primeras mujeres estadounidenses en ser formadas en la escuela de Budapest durante el período de la técnica activa de Ferenczi. El autor sostiene que aunque Clara Thompson es a menudo considerada como la discípula más importante de Ferenczi en América del Norte, Izette de Forest es su mensajera olvidada.

 

"Usted perdóneme algunas oscuridades, pues hay más secretos en mi oficio que en la mayoría de la de los otros hombres, y aunque no los guarde voluntariamente,

estos son inseparables por su propia naturaleza. Yo gustosamente le diría todo lo que sé sobre ello, y nunca pondría "No se admite" en mi puerta."

-Henry David Thoreau, Walden

 

"…la historia de una vida con todas sus particularidades, es la única cosa que realmente es particular y personal. Ella es la expresión y, es

 al mismo tiempo, la estructura de lo particular. "

-Roberto Bolaño, "Dentista"

 

ENCONTRANDO A IZETTE: EL TRASFONDO

Para cada historia hay un trasfondo. Y no estoy seguro de si nosotros "encontramos" cosas, personas, lugares, o si ellas nos encuentran. Me gustaría agradecer a Judith Vida, Wanda Needleman, Paula Shatsky, y Ernst Falzeder por sus apoyos y respaldos en este artículo, y a Henry Taves, Víctor de Forest, y Jane Nussbaum por su generoso espíritu.

Recientemente he estado leyendo la novela "Como un Amigo" de Forrest Gander (2008), donde un personaje -Les- describe lo que parece ser la ocurrencia de "azarosos incidentes sin importancia":

 

ese instante cuando intentando alcanzar un libro, otro libro cercano le llamó la atención… el viernes por la noche que dobló a la derecha en el camino a casa cuando debería haber seguido derecho -esos olvidados, estúpidos, intrascendentes momentos forman capas de sustratos subyacentes a toda lógica en la superficie. (103)

Permítanme comenzar con un aparentemente trivial, aleatorio incidente.

Fue al comienzo de junio del 2007. Estaba hojeando los títulos en mi biblioteca y alcancé mi ejemplar de La Catalización del Amor (1954), de Izette de Forest. Recuerdo que eran alrededor de las 4:15 de la tarde. No podía recordar dónde y cuándo yo había comprado el libro, pero era parte de mi colección de las obras de Sandor Ferenczi. Es un libro pequeño. El ancho de páginas no se parecía a los de la mayoría de los libros de hoy en día. La cubierta era de un verde apio y roja con una tipografía cincuentera elegante. En la parte posterior de la cubierta había una foto de de Forest sentada en un sofá estilo Adirondack, en lo que yo supuse era Sky Farm en New Hampshire. La imagen contrastaba con otra adyacente de Ferenczi. La foto de Ferenczi era muy solemne y cerebral, mientras que la de Izette era alegre y vital. (Más tarde descubriría que Ferenczi había sentido de modo muy similar este retrato. En la copia que le dio a Izette, él escribió que esta no era la expresión de su cara cuando él pensaba en sus amigos Izette y Alfred.)

Me pregunté cómo alguien que se había formado con Ferenczi en Budapest había terminado viviendo en Cambridge, Massachusetts, y Marlboro, New Hampshire. Estaba sorprendido de no haber oído hablar más de ella. Yo había estado viviendo en Nueva Inglaterra durante siete años y conocía a Clara Thompson, contemporánea de de Forest, quien había nacido y crecido en Providence, y también se había formado en Budapest. Estaba intrigado por el misterio: ¿quién era esta mujer y cuál era su historia? Y el pequeño libro que escribió -no parecía haber sido un suceso en el psicoanálisis, pero un libro dedicado a Ferenczi en la década de 1950, no era una cosa menor. Yo todavía no sabía del todo, porque estaba pegado a ese libro, aquella tarde. Todo lo que puedo decir es que tengo cierta afinidad para la marginalidad, lo frecuentemente olvidado, y el sello de lo particular.

Con mi curiosidad encendida, me embarqué en una aventura, deseando encontrar más información acerca de la Sra. de Forest. Con la ingenua velocidad que a menudo se despliega en los primeros diez minutos de un detective de una serie televisiva, yo ya había hablado con dos de sus nietos. La alegría de haber encontrado sus descendientes sobrevivientes se duplicó cuando uno de sus nietos me contó que había empezado a archivar la correspondencia y me invitó a verla. ¿Suerte? ¿Sincronicidad? Como se llame, yo tenía mi "senda".

Muy temprano un sábado por la mañana, lo que pronto iba a convertirse en muchos sábados por la mañana, con mi Gran Starbucks Americano y mi iPod tocando Feeling Good de Michel Bublé (la versión en vivo), una adecuada banda sonora para esta aventura, conduje hora y media a un pueblo de New Hampshire, que parecía que podría haber sido tomado de la portada de la revista Yankee o de un set de Hollywood. A pesar de que llamar al pueblo curioso o pintoresco sería inexacto y casi un cliché. Y si bien el tiempo no se había detenido del todo, el pueblo estaba por decir lo menos, abandonado y suspendido. Llegando, el nieto de Izette me mostró la base de datos de la correspondencia que había comenzado a archivar. Delante de mí había un paquete de cartas, registros de sucesos, emociones escritas, momentos y recuerdos capturados y cuidadosamente envuelto en lienzos y cintas. Muchos de ellos todavía sin abrir, ya que habían sido parcelados hace muchos años. A menudo en la parte superior de un atado podía verse un breve comentario que resumía el contenido. En la esquina de una carta fechada el Jueves, 03 de diciembre de 1925, se leía, "Nuestras cartas son sin duda la historia de un análisis."(2) Dentro de estas cartas estaba la historia del viaje de una mujer a Budapest, su análisis con Ferenczi, y su posterior vida laboral, incluyéndose en este tesoro las cartas de Sandor Ferenczi, de su esposa Gizella, Anna Freud, Dorothy Burlingham, Clara Thompson y Erich Fromm. Era como el tesoro de Tutankamón.

Hasta ahora, el lugar de Izette de Forest en la historia del psicoanálisis había pasado casi desapercibido. A pesar del resurgimiento del interés por Ferenczi en las últimas dos décadas, ella seguía ocupando una posición marginal. La atención había sido puesta en Clara Thompson (Shapiro, 1993), Elizabeth Severn (Fortune 1993, 1994, 1996; Smith, 1998, 1999), John Rickman (King 2003), y Michael Balint (Dupont, 1993; Mészáros 2002), pero el papel fundamental desempeñado por de Forest en la difusión de las ideas de Ferenczi había sido pasado por alto. Las bibliografías revisadas de libros y artículos sobre Ferenczi, una vez más daban cuenta de su ausencia más que de su presencia(3). Un cierto patrón caracterizado por la omisión de personas parece perpetuarse en el legado de Ferenczi. No sólo que Ferenczi y sus ideas hayan sido sujeto de represión después de su muerte, sino que este proceso se extendió hacía sus sucesores, en algo que puede ser entendido como la fragmentación y la disociación que se produce como resultado de un trauma, y que luego debería ser gradualmente revivido, tal como lo estamos colectivamente haciendo a través de esta empresa de unir los fragmentos del alma lacerada legada por Ferenczi al psicoanálisis.

Lo que sigue es un intento de ubicar, recuperar y dar a conocer la historia de Izette de Forest, una mujer que, aunque al margen de las principales corrientes del psicoanálisis, es central para entender la aceptación de Ferenczi y su legado. Luego de desarrollar una breve reseña biográfica, me centraré en la historia no contada de Izette tal como se revela en el Diario Clínico de Ferenczi (Dupont, 1985), lo que nos permitirá apreciar con mayor nitidez cómo se articula el paso de lo personal a lo teórico; y, en particular, señalaré las diferencias entre las versiones acerca de Ferenczi entre de Forest y Clara Thompson. Como Ernst Falzeder escribe:

 

Tal vez ha llegado el momento de investigar, sine ira et studio, la conexión entre las vidas "privadas" y las experiencias de los pioneros y las teorías que surgieron de ellos, para investigar la conexión entre su "experiencia" e "intelecciones". Para hacer esto, el historiador debe necesariamente ser indiscreto: al igual que en un análisis propiamente dicho, es el secreto, lo reprimido, lo oculto, y tal vez precisamente sea el detalle más vergonzoso aquello que tiene el mayor poder explicativo. (1994, 188).

 

Aunque es habitual referirse a las personas por sus apellidos, a lo largo de este trabajo me moveré indistintamente entre "de Forest" e "Izette". No sólo porque sea el nombre Izette, tan inusual lo que quiero traer a un primer plano, sino porque también hubo una ocasión en la que Ferenczi la menciona en su correspondencia con Freud -en su carta del 30 de abril de 1930-, refiriéndose a ella por su nombre (Falzeder y Brabante 2000, 391). Tal vez una razón por la que Izette de Forest ha sido una figura marginal, sea el que ella no jugó un papel predominante en la escena psicoanalítica. Ella no pertenecía a un instituto, aunque tanto Ferenczi como Anna Freud habían intercedido ante Brill a su favor. Ella fue una analista lego, en un tiempo y en un país, en donde paradójicamente dicha condición, no acarreaba un reconocimiento. Poco después de su formación, el psicoanálisis en los Estados Unidos fue blindado como de exclusiva competencia de los psiquiatras, y por lo tanto fue natural que ella fuese relegada a una posición de marginación. Sigue habiendo una carencia de información sobre muchas de estas primeras mujeres analistas, e incluso en investigaciones relativamente recientes, como por ejemplo Nellie Thompson (1987), quien encuestó a 133 mujeres de los primeros años del movimiento psicoanalítico, no se encuentra ninguna mención a de Forest.

A pesar de estas circunstancias, las que podrían fácilmente haber desterrado a de Forest del dominio del psicoanálisis, ella fue la primera en escribir sobre la técnica de Ferenczi en la Revista Internacional de Psicoanálisis y en contrastar esta con el encuadre técnico freudiano. Su artículo, "La técnica terapéutica de Sandor Ferenczi" (1942), apareció siete años antes de la publicación de Ferenczi en la revista en la cual se encontraba la tardía traducción de su texto de 1932, "Confusión de lenguas entre los adultos y el niño", sin embargo una nota editorial al pie advertía a los lectores que las opiniones expresadas por de Forest no representaban los estándares de la práctica freudiana. Este era un artículo fecundo y revolucionario para su época, y hasta hoy sigue siendo una descripción muy lúcida de la técnica de Ferenczi. Por otra parte, de Forest jugó un papel decisivo en la facilitación de la traducción y publicación en 1933-1934 de Thalassa: una teoría de la genitalidad de Ferenczi (1924)(4) en el Psychoanalytic Quarterly. Además junto con Ruth Gates y Caroline Newton, ayudó entre bambalinas a la realización del viaje de Ferenczi a la Nueva Escuela de Investigación Social en 1926, e incluso intentaron organizar que él dictara una conferencia en Harvard, aunque esto no fue posible. A pesar de no haber sido legado sobre ella ninguna obligación oficial, ella se preocupó de formular una reivindicación de las innovaciones de Ferenczi en la teoría y la técnica. La "Catalización del Amor"(5) fue el primer libro dedicado a exponer las ideas de Ferenczi. Y a pesar de que otros analizandos de Ferenczi, también habían desarrollado sus puntos de vista, ellos (y esto incluye a Clara Thompson) no lo describen específicamente como pertenecientes al legado de Ferenczi. Tal vez la falta de afiliación institucional de de Forest, le permitió un mayor grado de libertad como para proclamarse a sí misma como una autentica discípula de Ferenczi.

De Forest, también jugó un importante papel en ayudar a Erich Fromm a emprender su refutación del ‘asesinato de carácter’ que Jones hizo de Ferenczi (Bonomi, 1999). Aunque Fromm (1958) entusiastamente tomó la iniciativa de liderar esta defensa en nombre de la reputación de Ferenczi, fue Izette quien actuó como su lugarteniente y recopiló testimonios de testigos presenciales. Otro aspecto de esta situación es que Jones se enfureció por la descripción de Izette de De Forest, también jugó un importante papel en ayudar a Erich Fromm a emprender su refutación del ‘asesinato de carácter’ que Jones hizo de Ferenczi (Bonomi, 1999). Aunque Fromm (1958) entusiastamente tomó la iniciativa de liderar esta defensa en nombre de la reputación de Ferenczi, fue Izette quien actuó como su lugarteniente y recopiló testimonios de testigos presenciales. Otro aspecto de esta situación es que Jones se enfureció por la descripción de Izette de la relación Freud-Ferenczi en la Catalización del Amor, lo que se aprecia antes del tercer volumen de su biografía de Freud; y la notoria difamación de Jones a Ferenczi, puede ser vista en parte como una respuesta de represalia a de Forest(6). Por último, de Forest publicó numerosos artículos en publicaciones pastorales y de consejería; y su libro fue elegido como libro del mes por el Club del Libro de Psicología Pastoral. Tanto a través de sus escritos como sus seminarios de capacitación -que influyeron en una generación de profesionales- de Forest llamo la atención sobre las ideas de Ferenczi relacionada a una disciplina que se había desvinculado de sus ideas.

 

UNA SEMBLANZA BIOGRAFICA

Izette Taber, que lleva el nombre de su tatara-tatara-abuela Izetta, nació el 13 de septiembre de 1887, en Admore, Pensilvania, y era la hija de William Brewster Taber y Sarah Hannah Kershaw Taber. Ella provenía de una destacada familia de Nueva Inglaterra. Por el lado de la familia de su padre, sus antepasados Taber fueron los Cuáqueros de Vassalboro, Maine; y sus antepasados Brewster fueron propietarios de naves mercantes de Portsmouth, New Hampshire. Por el lado de su madre, sus antepasados Kershaw llegaron de Inglaterra a América en un barco de vela en 1850. Ella era la hija mayor, y tenía un hermano cinco años menor. La casa de Izette se encontraba en frente de Montgomery Avenue, y por detrás de ella pasaban cuatro vías ferroviarias; estas imágenes y sonidos marcarían sus recuerdos infantiles. Sus veranos los pasaba en el Club de Water Witch en New Jersey, un lugar ideal en las colinas sobre el río Sandy Hook, en donde recordaba haber leído a Shelley y Keats. En sus apuntes autobiográficos, ella se centra en varios eventos claves articulados en torno a los temas de la pérdida y encuentro del amor.

A los dieciséis años, estaba comprometida con Frank Tolan, a quien la familia considera un pretendiente inadecuado, por lo que decidieron enviar a Izette a Europa, donde ella pronto se olvidó de Frank. Un punto culminante de este viaje, además de estudiar piano e italiano, fue que ahí tuvo su primer traje adulto de paño pardo equipado con un sombrero de fieltro negro con cola y adornos de gasa. Ella era todo un fashionista, comprando sombreros de Agnes y Patou en París y una chaqueta deportiva de color rojo con piel de mono. Ella escribe: "En Monte Carlo, traté de entrar en el casino, pero me dijeron que era demasiado joven. Volví a nuestras habitaciones a ponerme mi conjunto de traje marrón, y entre en el Casino sin que me dijeran una palabra. ¡Bravo!". Este momento de "triunfo" pone de relieve los rasgos de carácter de la futura psicoanalista. Izette no se dejaba intimidar incluso de cara a la más férrea oposición, y decía de sí misma que era traviesa y rebelde por naturaleza.

Después de ese año en el extranjero, Izette se inscribió en el Bryn Mawr College, con más interés en cultivar sus amistades que sus estudios. Izette encontró de nuevo el amor en la compañía de Henry Strong Dennison (Denny), el hermano de su amiga Elsa, y ellos se comprometieron el 19 de agosto de 1908. Denny fue el amor de su vida. Veintiún días después, solo días antes de su vigésimo primer cumpleaños, Denny rompió el compromiso, e Izette escribió en su diario: "Todas las luces del mundo se han apagado."

Izette se graduó de Bryn Mawr en 1910. Al año siguiente alquiló un barco, el Meta K., y zarpó de Cabo Cod a Nueva Escocia. Su pasión por el velerismo iba acompañada por su pasión hacia el dueño del barco, Alfred Victor de Forest, la que a su vez era correspondida. El 22 de agosto de 1912, Izette Taber se casó con Alfred de Forest, en la Iglesia Episcopal de San Salvador en Bar Harbor, Maine. Alfred provenía de una familia muy distinguida. Él era hijo de Lockwood de Forest II y Meta Kemble du Pont, de Santa Bárbara, California. Un hombre de profunda inteligencia, que padecía de una discapacidad física, una espalda encorvada producto de una poliomielitis infantil. Después de lo tormentoso de Denny, Izette creía que Alfred podría ser un puerto seguro y que él nunca la rechazaría o abandonaría. El 24 de agosto de 1912, dos días después que Izette se casó con Alfred, Denny se suicidó bebiendo bicloruro de mercurio, un evento que tuvo profundas repercusiones en la psique de Izette. No sólo fue que Izette estuviese herida por el rechazo de Denny, sino que el suicidio cometido días después de su matrimonio le dejaría para siempre la duda de si ello no habría sido demasiado doloroso para él. En sus notas Izette escribe, "No acostumbro a escribir sobre esto. Pero toda mi bonita vida se interrumpió, luego y a partir de ello he hecho lo que he podido de la vida. Una gran parte ha sido feliz y he sido bendecida con mi matrimonio y mis hijos y nietos".

Alfred era un metalúrgico quien posteriormente se convirtió en profesor en el Instituto de Tecnología de Massachusetts. Durante su análisis con Ferenczi, Izette escribió a Alfred el 12 de noviembre de 1925, "deseo que usted sea un Ferenczi en el campo de lo magnético". Poco sabía en ese momento, que toda la experimentación de Alfred daría fruto y que éste realizaría una gran contribución a su ciencia. En 1929 fundó la compañía Magnaflux, en base a su descubrimiento de una técnica para la detección de fisuras en el acero por magnetización y su recubrimiento con partículas de carbón, lo que le valió en 1938 el Premio del Instituto de Ciencias Aeronáuticas. Existe aquí un curioso paralelismo, pues al igual que Ferenczi, quien acentuó el descubrimiento del trauma infantil temprano, llamado por Balint "la falta básica"; Alfred V. de Forest revolucionó la capacidad de detectar grietas y fracturas en el metal. Alfred estuvo en análisis con Ferenczi, durante cinco meses; posteriormente, Ferenczi le escribiría el 25 de enero de 1926:

Me interesó mucho que Ud. continuara encontrando similitudes entre las formas en que los elementos de la materia inorgánica así como las interacciones entre ellos están conectados con lo psíquico. Siempre lamento no saber más de la vida de los materiales, [me refiero a la física y la química] y le envidio por la oportunidad, de trabajar estas interesantes interrogantes.

Alfred e Izette tuvieron dos hijos, Taber de Forest, nacido el 2 de diciembre de 1913, y Judith Brasher de Forest, nacida el 21 de octubre de 1915. Alfred era primo de Dorothy Tiffany Burlingham, de hecho, él decía que era su primo favorito, y ella le consideraba un genio. (Burlingham 1989, 148). El era un pariente que podía entender y apoyar la búsqueda del psicoanálisis de Dorothy, en Viena. Esta vinculación de los Forest, se entrelazaba no solo con la casa Burlingham, sino también con la de los Freud, con quienes veranearon juntos en Berchtesgaden en 1929. Judy de Forest pasó un año y medio con los Burlingham en Viena, donde estuvo en análisis con Anna Freud y asistió a la escuela Heitzeig (Heller, 1990, 1992). Es posible que esta experiencia con la familia Burlingham-Freud pudiera haber influido en los sentimientos de Izette hacia Freud. Judy se sintió reprendida por su tía Dorothy por haber llegado a Viena, como una adulta precoz de catorce años, vistiendo ropa de una moda demasiado vanguardista y con lápiz de labios de color rosa. Gallet, ya no era la niña compuesta de nueve años que Dorothy recordaba. Judy tuvo que transar su traje de lana DePinna, por una vestimenta austríaca para poder adaptarse. Durante el trascurso del análisis de Judy, Izette posteriormente se sentiría igual frente a las reprimendas de Anna Freud, por no deponer sus críticas superficiales y sentimientos negativos, y por alentar en Judy una vida superficial. Izette, por su lado, culpaba a Dorothy por no permitirle a Judy ser ella misma y por obligarla a adaptarse a un entorno muy estricto. Al año siguiente, cuando Dorothy envió a su hijo Bob a quedarse con los de Forest, Izette tuvo la oportunidad de devolver la mano, y ella sintió que Bob era mucho más feliz y se comportaba mejor en el entorno que ella le proporcionaba. Judy siguió los pasos de su madre y se convirtió en psiquiatra y psicoanalista, graduándose en la William Alanson White y se casó con Ernesto Taves, también graduado de este instituto.

Como muchos de su generación, Izette se introdujo por primera vez en la nueva ciencia del psicoanálisis de Freud a través del texto La Interpretación de los sueños, que un amigo le había dado en 1916. En ese momento, como ella lo registra en una nota autobiográfica sin fecha, ella "pensó que no tenía sentido", y no fue sino hasta siete años más tarde, en 1923, cuando acudió a una consulta con Frederick Pierce, que ella se adscribió totalmente al psicoanálisis. Izette fue miembro del Bridgeport College Glee Club y directora de la Sociedad Bridgeport de Higiene Mental, donde Pierce era frecuentemente orador y expositor (Pierce, 1922, 1924, 1926). Pierce, al igual que muchos de los primeros psicólogos americanos practicaba una mezcla de autosugestión, psicoanálisis freudiano, y medicina psicosomática. Como ella le contaba a Alfred en una carta del 6 de octubre de 1925, se había desarrollado una poderosa transferencia erótica, la cual Pierce no pudo abstenerse de consumar, y fue a raíz de esta experiencia que Izette entró en tratamiento con Ferenczi.

Izette primero fue a Budapest en febrero de 1925 y pasó un año en análisis con Ferenczi, hasta febrero de 1926(7). Elizabeth Severn ya había comenzado su análisis, y las dos mujeres estadounidenses cenaron juntas en varias ocasiones en el Ritz. Izette se quedó primero en el Hotel Hungaria y más tarde vivió con la familia de Gabriel de Terey, el director del Museo de Bellas Artes. Durante ese año en Budapest, Alfred se juntó con Izette y estuvo él mismo en análisis con Ferenczi durante cinco meses; algunos encuentros ocurrieron en Baden Baden, donde Izette conoció a Georg Groddeck(8). Ella continuó su tratamiento con Ferenczi cuando éste llegó a Nueva York en el otoño de 1926 para dar una conferencia en la New School for Social Research (Tsuruta 2005) y hasta la primavera de 1927; y luego, de acuerdo con la tradición húngara, ella comenzó su análisis didáctico, es decir, a supervisarse con él en este tiempo. Durante su visita a USA, Ferenczi, junto con su esposa, pasaron varios fines de semana en la casa de los de Forest, incluyendo la Navidad de 1926. Izette también durante los veranos de 1929-1931 se encontró en Europa con Ferenczi. Él le entregó un certificado en el nombre del Comité de Formación de la Sociedad Psicoanalítica de Hungría, de Budapest, en junio de 1929, en el cual reconocía que había completado un análisis personal de quince meses y unos análisis de control con tres pacientes.

Cuando Izette regresó de Budapest en 1926, el Bridgeport Life dedicó un reportaje de primera plana sobre el psicoanálisis, el 31 de julio. En ese artículo, cuyo autor es identificado sólo como "Jane", Izette resume lo que había aprendido de sus experiencias con Ferenczi. Incluso en la reflexión inicial ella hace hincapié en el amor, y específicamente en cómo el esfuerzo del niño por dar amor es a menudo mal entendido:

Si el psicoanálisis puede llegar a liberar a una persona de la sensación de culpa, ya se habría logrado mucho más de lo que uno podría esperar. Nos libera para amar, y las personas tienen miedo del amor. La dificultad en el amar es la de dar realmente. Como niños pequeños muchos de nosotros hicimos un movimiento para dar, pero éste fue rechazado una y otra vez porque no era bien entendido como tal por los padres. Las maneras del niño de entregarse parecen ser una manera perturbadora para sus padres, y parecen incluso destructivas. Las manifestaciones explicitas son inhibidas, y para ellos ya no será posible hacerlo nuevamente, al menos hasta que la inhibición sea levantada por el análisis.

Izette practica en Nueva York hasta 1935, residiendo durante varios años en la mansión Tiffany en el 828 de Madison Avenue, y luego se traslada a Cambridge, cuando Alfred es nombrado miembro del cuerpo docente del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Izette más tarde dividirá su tiempo entre Cambridge y Marlboro, New Hampshire, cuando los de Forest se retiraron a Sky Farm, donde tenían una vista majestuosa del Monte Monadnock. A pesar de que pertenecían a la alta sociedad de Nueva York, Izette disfrutaba de la domesticidad de la vida rural –de la cría de ponis Shetland y perros Dachshund (salchicha), observando las aves, cultivando espárragos, y haciendo jarabe de arce. Alfred murió a la edad de cincuenta y cinco años, dejando a Izette viuda por dos décadas. Hacia el final de su vida, ella buscó la compañía de Ralph West, quien era el jardinero de la finca. Comenzó su segundo análisis con Erich Fromm en junio de 1942, poco antes de trasladarse a enseñar en Bennington, Vermont, y ellos siguieron siendo amigos cercanos durante toda su vida. En una carta él decía que ella era una de las escasas analistas a quien se le podía referir a alguien con toda confianza. Entre los pacientes de Izette estaba Katherine Butler Hathaway, la autora de El Pequeño Cerrajero (1943), El Diario y Cartas de Hathaway (1946) que contiene cartas de de Forest. El escritor y poeta May Sarton también fue su paciente, al igual que Kyra Nijinsky, quien fue analizada posteriormente por Anna Freud.

 

LA CATALIZACIÓN DEL AMOR

Los pensamientos y escritos de Izette sobre psicoanálisis culminaron en su libro La Catalización del Amor, publicado en 1954. El título es importante para entender su experiencia de análisis con Ferenczi. En el capítulo final, ella se refiere a un paciente de Ferenczi "La Sra. F. H." Esta era Eleanor M. Burnet, con quien Izette había mantenido correspondencia y que había publicado dos artículos (1952, 1954) acerca de su propia experiencia con Ferenczi en Nueva York en 1926. Burnet describe el efecto del tratamiento que ella había experimentado como una "redención por el amor," y permaneció con ella en sus últimos años, enarbolando una interesante pregunta sobre que es lo que causa el cambio terapéutico y que introyecciones perduran a través del tiempo(9).

La Catalización del Amor consiste en una colección de artículos que Izette había escrito a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, con cuatro nuevos capítulos agregados. También, incluye una semblanza de Ferenczi, proporcionada por su hija putativa Elma Laurvik, junto con material clínico. El libro no expone una teoría sistemática, sino que más bien articula la aproximación de Izette al proceso analítico con un particular énfasis en las ideas de Ferenczi. Su tesis básica es que el niño se adapta defensivamente a un ambiente hostil y que la neurosis se constituye cuando estos patrones se repiten inconscientemente. El tratamiento psicoanalítico proporciona al paciente la oportunidad de regresar al punto donde el desarrollo se descarriló y reanudar el crecimiento y el desarrollo de sus potencialidades: "El poder curativo indispensable en la terapéutica es ofrecer amor. Cuando este amor se ofrece con franqueza y honestidad, al servicio de una experta habilidad, funciona como un catalizador: un catalizador que ilumina y disipa eficazmente la carga de sufrimiento neurótico y trae la renovación de la integridad y la salud " (1954, 6).

Si bien la idea de que el analista debería "amar" al paciente puede parecer evidente hoy en día, en el contexto del espíritu de la época de la abstinencia y del intento de encuadrar la formación según el modelo de Berlín, esta idea era de hecho, muy radical. El análisis clásico había dado lugar a una postura que fue experimentada por muchos pacientes como distante y fría. Por otra parte, el análisis "didáctico" de los candidatos era, a menudo, excesivamente intelectualizado y desprovisto de cualquier énfasis en la experiencia emocional.

La frase "Levadura del amor"(10) se refiere a una parábola del Nuevo Testamento (Mateo 13:33; Lucas 13:20-21) concerniente a la fe que nos habla de una mujer que agregó levadura a tres tazas de harina. Habida cuenta de la relación de los de Forest con el mundo de la consejería pastoral, ella sin duda sabía sobre las implicaciones teológicas de la imaginería de la levadura. En la tradición judía, la levadura significa corrupción, como cuando la doctrina divina se contamina por la exposición a la humanidad. Para los escritores del Nuevo Testamento, sin embargo, la levadura es un agente positivo de fermentación. Esta resultó ser pues, una adecuada analogía para la concepción del psicoanálisis de Ferenczi, así como para cuestionar el punto de vista de los puristas freudianos para quienes la técnica analítica estaba en peligro de ser contaminada por el influjo del humano elemento del amor.

Aparte del prefacio, el último capítulo, "El Gran Mandamiento" es el único que contiene cierto lenguaje religioso. De acuerdo a una carta a Helen Tartakoff del 6 de junio de 1956, Izette consideraba este capítulo como filosófico, no teológico ni religioso. Sin embargo, algunos críticos quienes se han centrado en el último capítulo y en el título del libro han desestimado sus ideas, incluso llegando a comparar su punto de vista con el de una cura terapéutica a la conversión religiosa. Es interesante que el subtítulo dado al libro en la edición americana publicada por Harper fuese: Un desarrollo de la Teoría Psicoanalítica y Técnica de Sandor Ferenczi. En Gran Bretaña, sin embargo, el libro publicado por Gollancz, lleva el título en la sobrecubierta de La Relación de los Esfuerzos Terapéuticos con los Dos Grandes Mandamientos como Ejemplificación en la Teoría y Técnica de Ferenczi, lo que hace hincapié en los temas espirituales más que el enfoque psicoanalítico.

La Espiritualidad, a lo largo de los años, se fue haciendo cada vez más importante para Izette. Aunque había crecido en un ambiente Episcopal, más tarde se convirtió en una activa practicante Cuáquera debido a su cercanía a la Sociedad de Amigos, quienes enfatizan la subjetividad individual y la acción social colectiva, y tenían una estructura no jerárquica.(11). La Espiritualidad era para ella un camino para regresar a la integridad personal. En el grupo de estudio al que pertenecía, no estaban tan interesado en la teología o el criticismo textual, sino más bien en la reconstrucción imaginativa de aquello que las historias bíblicas y parábolas podían significar a los distintos participantes del grupo. Su aproximación, no cabe duda estaba sustentada en el énfasis dado por Ferenczi a la fantasía y el juego.

La Catalización del Amor fue comentada en el Journal of the American Psychoanalytic Association por Helen Tartakoff (1954), quien a pesar de su amistad, no le había comentado que haría esto. Izette estaba molesta por ello, especialmente por la errónea afirmación de Tartakoff de que Izette estimaba a Reich junto a Ferenczi.(12) Tartakoff parece haberse confundido con Benjamin Wolstein o Braatøy Trygve, cuyos libros estaba revisando al mismo tiempo. Pero, al alinearlo con Reich era también una manera de desacreditar el trabajo de Izette, dado que Reich, como Ferenczi, eran considerados como discípulos que se habían vuelto locos y abandonado el campo freudiano. Tartakoff agrupó a Wolstein, Braatøy, y de Forest juntos a los culturalistas quienes se habían desviado del enfoque clásico, segregándolos en contraste con Edward Glover, cuyo libro sobre la técnica se llevó a cabo en la misma revista como ejemplo de ortodoxia.

En una carta a Michael Balint, Harry Guntrip pregunta sobre el libro de Izette, y si este representa un desarrollo de los puntos de vista de Ferenczi y cuánto estaba influido por Sullivan y Fromm. Guntrip también escribió a Winnicott acerca del libro (Rodman 2003, 268). La respuesta de Balint del 12 de noviembre de 1954 fue bastante despectiva: "Tiene usted toda la razón acerca de La Catalización del Amor. Eso no es Ferenczi, sino algo influido en gran medida por sus ideas. Algo que representa a la Sra. de Forest, que es una gentil y agradable criatura y una devota admiradora de Ferenczi."(13) No está claro por qué Balint consideró que el libro no retrata a Ferenczi con precisión. Guntrip (1958, 402) sin embargo, llegaría a considerar el libro de de Forest como uno de los mejores testimonios de amor psicoanalítico. Es posible hacer más investigaciones acerca de cómo los discípulos de Ferenczi han transmitido sus ideas, y de cómo las diferencias entre ellos han creado versiones alternativas de Ferenczi.

 

EL DIARIO CLÍNICO DE FERENCZI

En su carta a Helen Tartakoff acerca de la revisión que ella había escrito, Izette le dice que Ferenczi le había asegurado de que "no hay nada que no se pueda hablar con los pacientes". En su libro, Izette hace hincapié en cuan imperativo es para el analista el estar consciente de su "talón de Aquiles", ya que el paciente en algún momento está obligado a probar al analista, para ver si él repetiría el trauma original. Para de Forest, el revivir emocional del trauma original en la transferencia era inevitable. No menos indispensable es el reconocimiento del analista de cómo el podría haber contribuido a esta crisis y de su habilidad para responder de una manera diferente a las anteriores repeticiones del trauma. Ferenczi mismo, se refirió a esta "crisis" en el tratamiento cuando comentó que el analista no puede evitar "matar" al paciente (Rudnytsky 2002, 127).

Aunque Izette ya no estaba en análisis con Ferenczi, cuando éste escribió el Diario Clínico, existe una referencia que plantea ciertas interrogantes acerca de su análisis, así como sobre lo que ocurrió entre ambos después de ello y en la supervisión durante los años posteriores. Esa entrada en el Diario sirve también como un referente para entender el trabajo de Ferenczi con otra importante paciente.

El 17 de mayo de 1932, Ferenczi describe a su paciente "Ett", quien "regresó a su hogar por su propio deseo, relativamente recuperada, después de un año y medio de análisis" (Dupont 1988, 108). El análisis de Izette en Budapest duró un año, pero en el certificado que Ferenczi le entregó a ella, indicó que el análisis se había extendido por quince meses, probablemente contando también el tiempo pasado juntos en Nueva York. Su deseo de regresar a casa si bien era fuerte, había sido mutuamente concordado. Ferenczi escribe que la "relacion de "Ett" con su marido [era] insatisfactoria debido a la incapacidad física de este último, pero no sexual". Esta descripción se ajusta a Alfred, quien tenía polio. Ferenczi luego añade que este paciente había consultado por un análisis de control en los Estados Unidos. El diría después que ella sabía desde el principio, como resultado de una indiscreción, sobre su simpatía por otra paciente mujer. Tal vez por venganza por todo esto, ella arregló las cosas de la siguiente manera, ella se reconcilió con su marido después de que él le confesara su infidelidad. Además, ella se había enamorado de un hombre casado, que no estaba dispuesto a divorciarse de su esposa. Finalmente, ella se enamoró de una chica muy atractiva, y desde entonces dividió su libido entre todos ellos. No fue sino hasta dos años más tarde que ella se permitió mostrar su descontento conmigo, mediante el desarrollo de una transferencia intelectual con un colega en Estados Unidos. (108)

Esta descripción se corresponde con muchos detalles de la vida de Izette. Es también digno de señalar que el seudónimo de Ferenczi, "Ett", sea una abreviatura de su nombre real. Ella vio a Ferenczi para análisis de control de supervisión, cuando estuvo en la New School. Ella había tenido un romance en 1927 con Reuel Benson, un pediatra en el Hospital Memorial Metropolitano. Izette tenía una fuerte transferencia intelectual con Sandor Rado, quien se encontraba en Nueva York en ese tiempo y con quien ella había tomado seminarios; a partir de su correspondencia con Ferenczi y Clara Thompson, es evidente que ella idealizaba a Rado como profesor.

La "muy atractiva chica" de quien Izette se enamoró era Alice Lowell. El 3 de febrero de 1930, Izette regalo a Alice una delicada pulsera de oro Cartier, inscrita con sus iniciales, como símbolo de esta relación. Dos semanas más tarde, animada por Izette, Alice partió por barco hacia Budapest, donde estuvo en análisis con Ferenczi hasta el 12 de marzo de 1933. Alice pertenecía a una de las ramas de los "Brahmin de Boston" de la familia Lowell. La relación de Izette con Alice sugiere que ella estaba íntimamente involucrada con alguien que estuvo con Ferenczi en los postreros años de su vida. De una segunda referencia en el Diario donde Ferenczi aborda las relaciones homosexuales entre mujeres, pareciera que Alice seria la paciente B.(14) Más aun, la entrada del 10 de mayo de 1932 describe cómo Ferenczi había hecho una "confesión psicoanalítica" (Dupont 1988, 103) de su aversión -nunca antes expresada de dicha relación homosexual- que confirmaba lo que B, ya había intuido. Una carta de Ferenczi a Izette del 01 de marzo de 1932 coincide con los temas de la entrada del diario. Él escribe que Rado es, indudablemente el mejor maestro del psicoanálisis, y alude a la forma en que Izette parece contenerse en su correspondencia con Alice, con el propósito de proteger a Ferenczi:

Usted seguramente sabrá que yo me he enterado de su comunicación a Alice, también. Por favor no lleve su lealtad hacia mí demasiado lejos, Ud., debe saber que no está obligada en ningún sentido y que tiene plena libertad de acción y de expresión. No es Ud., sino yo quien tiene que asumir las posibles consecuencias de mis propios errores, o de las acciones que se consideren como tales.

De entrada del Diario de Ferenczi y de esta carta, no es muy claro qué es lo que exactamente Izette había conocido sobre Ferenczi. Parecería que se había enterado de su "simpatía" hacia una paciente mujer a través de una indiscreción, y que el propio Ferenczi consideraba este sentimiento como uno de sus "errores."(15) La fecha de estos hechos es también oscura, pero representan una iteración de la dinámica transferencial desarrollada entre Izette y Ferenczi después de su período de análisis y formación. Lo que es importante aquí, es cómo Ferenczi maneja la situación, asumiendo la responsabilidad por ello y liberándola de la necesidad de cuidarlo.

Un examen de lo expuesto en el análisis arroja más luces sobre esta situación. Durante ese tiempo Izette estaba furiosa con su marido. Ellos estaban teniendo dificultades en la intimidad sexual, después del nacimiento de sus dos hijos, y ella sentía pocos deseos por Alfred. Izette alentaba a Alfred a que le escribiera sobre sus fantasías sexuales con otras mujeres, lo que a su vez aumentaba sus celos y la llenaba de furia -y que también servia para impulsar a Alfred hacia otras mujeres. Más tarde, en el análisis reconstruyó cómo había crecido conociendo las infidelidades de su padre y cómo ello se relacionaba con sus fantasías masturbatorias. Ella también descubrió que en una edad muy temprana había tenido una enfermera que la habría masturbado. Una vez que su madre descubrió este hecho, la enfermera fue despedida e Izette sintió una intensa vergüenza. Se dio cuenta de que cuando ella experimentaba el rechazo y abandono por parte de los hombres, ella se orientaba hacia las mujeres en busca de consuelo. Su "seducción" por la enfermera fue seguida del nacimiento de su hermano y del cambio de atención de su padre, hacia el pequeño hermano varón. En su análisis, estas dinámicas fueron intelectualmente descubiertas y elaboradas, aunque Ferenczi en la entrada del 17 de mayo de 1932 en su Diario Clínico registra que quizás el trauma fue re-editado entre ellos, después de su año en Budapest. Tal vez su experiencia previa con Frederick Pierce, con quien había traspasado ciertos límites sexuales, inhibieron a Izette de dar libre expresión a su deseo en la relación transferencial con Ferenczi. Los traumas de la temprana infancia de Izette y la división de las energías libidinales también convergieron con los traumas de la infancia de Ferenczi derivados de una experiencia similar con una niñera, y con su propia energía libidinal dividida hacia Freud, Elma y Gizella. Ferenczi no solo había tratado al marido de Izette, sino que ahora se veía involucrado en un nuevo triángulo al tratar a Alice, quien tal vez representaba un aspecto traumatizado del ser de Izette.

Alice había inicialmente intentado convertirse en una psicoanalista, y ella no sólo había completado un análisis en Budapest, sino también ahí se había embarcado en sus estudios analíticos. A su regreso a los Estados Unidos asistió a reuniones psicoanalíticas con Izette, y estaba en un grupo de estudio con Clara Thompson, y Esther y William Menaker. En uno de sus primeros trabajos no publicados sobre Ferenczi, "Evaluación de la terapia de relajación de Ferenczi", Clara Thompson agradeció a Alice, junto a Izette por su ayuda y comentarios.(16) Para poder entrar al campo del psicoanálisis Alice fue a la escuela de medicina, donde sus intereses cambiaron y se orientó a la medicina interna, llegando a ser la directora médico y jefe de medicina en el Hospital de Nueva Inglaterra en Boston.

Alice Lowell había nacido el 16 de abril de 1906, por lo que era casi veinte años más joven que Izette. Antes de ir a Budapest, Alice había salido con Lincoln Kirstein, quien había sido compañero de cuarto de su hermano en la Universidad de Harvard, a pesar de que todas sus relaciones posteriores fueron con mujeres. Actuó con Winthrop Ames’ Gilbert and Sullivan Productions en Nueva York. Como médico, publicó varios trabajos sobre los efectos de los ataques de asma en el sistema circulatorio; en el Diario Clínico, la paciente B. se describe como despertando a menudo con dificultad para respirar. Alice era conocida como una mujer de gran estilo e imponente presencia. En el retrato que Ferenczi hace de Alice escribe: "Para un alumna excepcionalmente excelente, Alice Lowell (Concord, Massachusetts). De su maestro y amigo. Budapest, 12.III.1933". Ferenczi se preocupaba mucho por Alice, de hecho en una carta a Izette del 17 de mayo de 1933, le pregunta sobre Alice -cuyo padre había muerto- y sobre cómo este duelo podría haber afectado sus planes futuros, y también por el plan de Judy, la hija de Izette, para llegar a analizarse con Ferenczi. Él, también le dijo a Izette "Mi estado de salud es bueno, pero no del todo bien". Murió cinco días después.

 

IZETTE Y CLARA THOMPSON, CAMARADAS, COMPETIDORAS, COLEGAS, CONSPIRADORAS.

Thompson es a menudo considerada como el principal conducto mediante el cual las ideas de Ferenczi entraron en el psicoanálisis de América del Norte, pero un examen más detallado revela importantes diferencias entre Thompson y de Forest. Ambas mujeres mantuvieron un diálogo intelectual con Ferenczi, y las perspectivas de ambas estaban coloreadas por sus experiencias de análisis. Izette, primero conoció a Clara en San Moritz en el verano de 1929. Ellas eran coetáneas, siendo Izette seis años mayor. A pesar de ser Clara una doctora en medicina con todas las credenciales, Izette era de una clase social más alta y tenía una mayor experiencia de mundo e importantes conexiones. Después de la muerte de Clara, Izette rememoró su primer encuentro: "Ella estaba disfrutando la vida con gran alegría, después de haberse rescatado a sí misma con la ayuda de Ferenczi de una árida vida intelectual y de una puritana soltería" (1959, 2).

Izette inició una correspondencia con Clara en abril de 1932, cuando quiso referir a su cuñada a Clara. Las cartas de Clara revelan cómo la técnica de Ferenczi y su pensamiento se estaban desarrollando en el año previo a su muerte. En una carta fechada el 7 de octubre de 1932, Clara escribe:

He tenido una tragedia este año. Mi paciente psicótico esta teniendo otra psicosis. Me gustaría saber por qué. Siguiendo el método de Ferenczi he tratado de encontrar un fallo en mí y, sin duda que es así, pues Ferenczi piensa ahora que, tal vez los psicóticos necesitan más seguridad de la que cualquier ser humano les puede ofrecer. Yo sé que mi ser en el análisis podría haber sido muy duro para ella, pero ella era como un niño reaccionando frente a las corrientes subterráneas profundas en mí y yo sé que ella se enfermó en un momento muy difícil en mi análisis. Esto es lo más cercano que puedo llegar de mi falta.(17)

A principios de ese año, Clara tenía la expectativa de que su análisis pronto terminaría y que iba a regresar a Nueva York, en torno a septiembre, a pesar de que finalmente terminó por quedarse en Budapest hasta la muerte de Ferenczi en mayo de 1933. Desde los inicios de la relación de Izette con Clara, existió un fecundo intercambio de ideas entre ambas. Izette compartió con Clara el caso de un "hijo obediente", un tema sobre el que Clara había escrito (Thompson 1931). Como camaradas, Clara, Izette, y Alice podrían enfrentar juntas el mundo psicoanalítico de Nueva York, e indudablemente había algo común que las inspiraba a las tres, todas eran discípulas de Ferenczi, y se encontraban en la misma ciudad estadounidense. En una carta del 26 de febrero de 1933, Clara afirmaba que "por primera vez, realmente me siento en igualdad de fuerza con Nueva York y todas sus antagonismos, y espero que Ud., y Alice harán ciertamente que esto sea muy agradable... así que pongamos manos a la obra."

La correspondencia entre Izette y Clara también sugiere una cercanía que parece ir más allá del intercambio entre simples conocidos. Por ejemplo, Clara compartió con ella sus sentimientos acerca de un paciente que se había suicidado y, también acerca de cómo su análisis con Harry Stack Sullivan había llegado a un abrupto final. De su carta del 27 de febrero de 1936, se tiene la impresión de que la motivación de Thompson por escribir acerca de su experiencia con Sullivan pudo haber tenido que ver, en gran medida, con cómo las ideas de Ferenczi habían sido planteadas y recibidas:

H. S. S. me ha dejado. Su último sueño era que él y una paciente mujer favorita (que lo había dejado con el fin de poder interactuar socialmente con él) estaban sentados uno junto al otro, en una forma muy afectuosa. El no quiso compartir ninguna de sus asociaciones a esto -de hecho en los últimos dos meses, él había tenido muchos pensamientos que se había negado a comentar, porque entonces yo podría pensar que el análisis estaba dirigiéndose en cierta dirección y yo podría querer interrumpirlo. Hacia las últimas semanas, el había hablado con frecuencia de continuar un par de semanas más, para salvar mi autoestima. Finalmente, él lo paró, cuando yo le pregunté por qué era tan altruista. Él estaba furioso conmigo, mientras un montón de ideas habían sido inoculadas en él –todas las cuales eran rechazadas con burlas, aunque quien sabe que es lo que pensaba sobre ellas. De todos modos, cuando no estaba en esto, él actuaba muy amablemente y decía que pensaba que debíamos celebrar por esto. Yo le dije que pensaba que sería mejor dejarlo fluir por un tiempo. Yo deseaba saber que es lo que realmente había pasado, si alguien más podría haberlo hecho mejor que él, si lograr mi propia emancipación de él, tal vez me había llevado a ser demasiado sádica en señalar ciertas cosas, que sabía.(18)

Ferenczi parecía estar muy bien en ese momento. Al menos, estaba mucho mejor que durante todo el invierno, antes de que tuviese una idea de que es lo que pasaba con él, y también parecía mucho más fuerte emocionalmente. El, ya no parecía estar demolido por la actitud de Freud, y tampoco parecía estar especialmente bien dispuesto hacia él. Sus propias ideas acerca de la técnica parecían estar nuevamente progresando. Se podría decir que la clave original era la sinceridad de los sentimientos. No solo no había retornado a la neutralidad y distancia de la técnica ortodoxa, sino que ya no creía en nada que no tuviera que ver con la presencia de auténticos sentimientos como manera de ayudar al paciente. Debo decir que esto a mi me parece el más efectivo de entre todos sus métodos.

En otra carta, fechada el 7 de octubre de 1932, Clara señala lo mucho que extrañaba la presencia de otros oradores ingleses con quien pudiera compartir sus ideas: "Creo que si tuviera más competencia, me sentiría más estimulada para poner mis ideas por escrito". Pudo haber sido esta fraterna competitividad, lo que posteriormente impulsó a Clara -al igual que a Izette-, a escribir a Ferenczi. Su relacionalidad no podía sustraerse a la rivalidad. Los dos hijos de Izette fueron analizados por Clara. Taber consultó a Clara por un breve período en 1934, y luego Judy empezó a ver a Clara en el mismo año después de que sus planes para ir a Budapest a analizarse con Ferenczi, fueron interrumpidos por su muerte prematura. Judy estuvo en tratamiento con Clara por más de una década.

Si dos personas comparten al mismo analista se exacerba la rivalidad fraterna, si ellos comparten dos analistas es evidencia de una compulsión a la repetición. Esta fue la situación en la que se encontró Izette cuando solicitó su segundo análisis con Erich Fromm, a quien Clara había visto también. Aunque la influencia de Ferenczi en Fromm ha sido estudiada por Marco Bacciagaluppi (1993), Bacciagaluppi no discute cómo el hecho de que Fromm tomara a su vez a dos de los analizandos de Ferenczi como sus propios pacientes, pudiera haber sido una gran influencia en su comprensión de las ideas de Ferenczi. En 1957, Clara e Izette unirían fuerzas para ayudar a Fromm, que había estado viviendo en México, a mantener su ciudadanía americana mediante la creación de una beca para que éste enseñara en el White Institute.

Cuando Izette publicó su artículo sobre la técnica de Ferenczi en la Revista Internacional de Psicoanálisis, Clara fue la única en responder (1943) con un punto de vista diferente. Clara fue siempre más crítica de Ferenczi que Izette, y tal vez se había identificado menos cercanamente a él, y a medida que pasaron los años se distanció cada vez más y más de su antiguo maestro. Cuando Clara presentó un artículo sobre Ferenczi en 1944, Izette fue la "controvertiente", y el 9 de mayo, le escribió a su hija, que había estado en la presentación, en un intento de explicar sus diferencias con Clara:

Espero que puedas ver por qué hablé de "Thalassa", y también por qué me extendí en revivir la parte de la teoría de Ferenczi. No creo que Clara realmente comprenda lo que significaba para él, porque ella no lo pudo experienciar con él, él estaba más o menos perdido en su intento de recrearle una buena infancia. Uno sólo puede apreciar la totalidad de su teoría atendiendo a lo que estaba haciendo desde 1926 hasta 1933. Ella estaba al final de la cola. Él no vivió lo suficiente como para sintetizar toda la teoría en una sola unidad. Esto es lo que nos queda por hacer.

Aunque la respuesta de Clara al artículo de Izette en el Diario Internacional era de apoyo a su clarificación sobre la técnica de Ferenczi, ella disintió con Izette en varios puntos. El primero tenía que ver sobre si el amor del analista hacia el paciente era un factor curativo. Thompson escribió: "Ferenczi tendía a confundir la idea de que el paciente debe recibir todo el amor que necesita, con la idea de que se le debe dar todo el amor que exige" (1943, 65). Esta afirmación está en contradicción con el cambio del punto de vista de Ferenczi hacia el final de su vida, de la cual Clara era muy consciente. Ella sugirió que Izette había exagerado el asunto: "Tengo la impresión que ella siente que sus afirmaciones [de Ferenczi] son más categóricas de lo parecieran ser, eso es lo que yo he encontrado" Thompson también se opuso a la "técnica del juego" o al revivir dramático del pasado con los pacientes en transferencia: "No niego que a veces esto puede tener un efecto terapéutico, pero, en general, yo creo que no sólo no tiene ningún valor terapéutico, sino que en realidad aumenta los riesgos del paciente".

Cuando el libro de Izette fue publicado una década más tarde, Clara escribió una nota de agradecimiento el 26 de abril de 1954 por la copia que se le había enviado, pero aprovechó la oportunidad para destacar las diferencias entre ellas aún más claramente:

 Acabo de terminar de leer tu libro y me pareció muy estimulante [,] especialmente la primera parte con su excelente material casuístico. Aunque tu probablemente ya sabes que yo no pongo tanto énfasis en la recuperación de la experiencia traumática como Ferenczi lo hizo [,] aún estando de acuerdo de que es la poderosa experiencia emocional en el análisis, con la "amorosidad" del analista lo que produce la curación. Puse amor entre comillas porque creo que tanto tú como yo no evadimos las duras pruebas de las actitudes destructivas de los pacientes que creo que Ferenczi tendía a pasar por alto, y las personas no siempre piensan que tal aproximación pueda ser una dimensión del amor, que yo estoy segura que lo es. He tenido noticias de su artículo de Wiesbaden, ¿estará dentro de sus publicaciones póstumas? Nunca me he cruzado con él. Estoy seguro de que tu libro traerá esperanza a mucha gente y espero que ayudará a los analistas a pensar más en lo que son los seres humanos.

Sue Shapiro (1993) ha presentado la tesis de que Clara Thompson fue sólo "la mitad del mensajero" del pensamiento de Ferenczi, y si (como parece indiscutible) ella es la paciente Dm en el Diario Clínico -de quien se dice habría sido víctima de abuso sexual, y de lo que no hay rastro de ello en sus propios escritos- ello reflejaría como Thompson se había distanciado de la necesidad de reconstruir el trauma original en el proceso del tratamiento. Esta carta a de Forest confirma que Thompson había disociado su conocimiento del artículo de la "Confusión de Lenguas", el que había sido publicado en la Revista Internacional. Por otra parte, la postura clínica de Thompson contra la recuperación de las experiencias traumáticas tempranas también puede haberse debido a la culpa por sus propias exoactuaciones con Ferenczi. En la más extensa, inédita versión de su artículo sobre la evaluación de la técnica de la relajación de Ferenczi, Thompson parece desconfiar de la posible manipulación del analista por el paciente adulto en un estado regresivo. Ella advierte en contra de las posibilidades destructivas ocultas del paciente que quiere arruinar al analista.(19)

Por el contrario, Izette era muy consciente de la importancia de revivir a través del trauma original en la transferencia, pues ella se había reconstruido y recuperado de su propio trauma infantil, a pesar de que éste no hubiese sido plenamente elaborado en el tratamiento con Ferenczi. En una entrada del diario sin fecha, probablemente de la década de 1950, Izette alude a la "falta de agradecimiento de Clara por Ferenczi". Aunque no está claro que quería decir con esto. Tal vez sintió cierta reserva en la actitud de Clara. Tal vez sintió que, en esta rivalidad, su devoción como una hija obediente había prevalecido.

 

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Publicado en: American Imago, Vol. 66, No. 4, 427–455. © 2010 by The Johns Hopkins University Press.

Versión electrónica:

http://muse.jhu.edu/journals/american_imago/toc/aim.66.4.html

 

La versión original publicada en inglés, contiene una serie de fotografías de Izette de Forest y Sandor Ferenczi en diversas instancias y circunstancias. (N. del T.)

 

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Notas:

1.- American Imago, Vol. 66, No. 4, 427–455. © 2010 by The Johns Hopkins University Press

2.- A menos que se indique lo contrario, toda la correspondencia pertenece a la colección privada Taves-de Forest, al igual que las fotografías de Izette de Forest.

3.- Por ejemplo, André Haynal dice: "es Clara Thompson. . . quien puede ser considerada su principal sucesora directa en el continente de América del Norte, a través de su orientación general y, más concretamente, a través de sus artículos sobre contra-transferencia "(2002, 128). El no hace referencia a de Forest, ni a su libro. Por el contrario, Stanton (1991), Rachman (1997) y Rudnytsky (2002) todos le dan el crédito a las ideas de de Forest.

4.- Como Rudnytsky (2002, 114) comenta, la correcta traducción del título alemán sería “Ensayo de una teoría de la Genitalidad.”

5.- “La Catalizacion del Amor” de Izette de Forest, Editorial Biopsique Ltda, Santiago, Chile, 2009. (N del T)

6.- Izette sentía que había sido discreta e incluso generosa, en su descripción de la relación Freud-Ferenczi, y que había omitido muchos detalles del rechazo de Freud ade Ferenczi. Después de que Jones publicó su retrato condenatorio de su ex analista, Izette accedió a que Fromm publicara una reseña completa del rechazo de Freud a Ferenczi.

7.- En un documento posterior discutiré con mayor detalle la experiencia de Izette durante este año en Budapest y su experiencia de análisis con Ferenczi. Las cartas de de Forest ofrecen una mirada sobre cómo trabajaba Ferenczi hacia el año 1925, cuando comenzaba la transición desde la técnica activa hacia sus experimentos con el método de relajación

8- En una carta a Freud, de fecha 31 de mayo de 1925, Ferenczi menciona que ha tenido la oportunidad de trabajar con un matrimonio donde la esposa es muy celosa. Esta parece ser la primera mención del tratamiento de los de Forest (Falzeder y Brabante 2000, 217).

9.- Para una discusión contemporánea de esta pregunta, véase de Lora Heims Tessman “The Analyst’s Analyst Within” (2003), donde se presenta la investigación que muestra que la calidez y el cuidado internalizado desde la “persona real” del analista es lo que resulta transformador y es recordado.

10.- Leaven, levadura en el original, que en la versión castellana se reemplazó por Catalización, que representa en nuestra lengua no solo la idea de fermentación sino también de acelerador y “facilitador de transformaciones”. (N. del T.)

11.- Para un estudio psicoanalítico sobre las creencias cuáqueras de otros analizados de Ferenczi, ver Rickman (1935).

12.- Una carta de Esther Menaker a Izette de Junio 26, 1961 menciona su recuerdo de como Izette, Clara Thompson, y Alice Lowell ya habían leído El Análisis del Carácter de Reich, antes de que este hubiera sido traducido.

13.- El manuscrito de esta carta se encuentra en el Archivo Balint, Ginebra, Suiza, y la cita es cortesía de André Haynal.

14.- En la entrada fechada 14 de junio, 1932, “Normális feminin homosexualitás”, Ferenczi escribió entre paréntesis “(B. y Ett., Dm y amigas mujeres)” (Dupont 1988, 125)

15.- Este episodio es anterior al incidente con Thompson en 1931 que llevó a la crítica de Freud de la “técnica del beso” de Ferenczi, aunque Ferenczi indicó a Freud en su carta del 20 de diciembre de 1927 sobre “los rumores que circulan en Estados Unidos, y también en círculos analíticos ingleses, según los cuales yo tenía ‘momentos placenteros con todas esas señoras’ en Estados Unidos, y también estoy teniendo una amante americana en este momento” (Falzeder y Brabante 2000, 330).

16.- Esta versión es probablemente una copia de la presentación que Thompson hizo el 26 de diciembre de 1933 en una reunión de la Asociación Psicoanalítica Americana (véase A. Freud 1934). Las páginas ocho a la diecisiete y la veinticinco del manuscrito de Thompson aparecen bajo el título "Ferenczi método de relajación" en sus Collected Papers (1964 Green), pero sin los reconocimientos a Alice ni a Izette.

17.- La elección de Thompson de la palabra "culpa" es interesante a la luz del hecho de que Balint, también un analizando de Ferenczi, más tarde usaría para describir el trauma infantil, "la falta básica". Balint gustaba jugar con las palabras, y el ambiguo significado de "culpa" puede haber influido en su concepción, la que se mueve desde examinar la repetición del analista del trauma original hacia el rastreo de las raíces de éste en la infancia del paciente.

18.- En los últimos años, Thompson (1955) confirmó que se había producido una ruptura en su relación con Sullivan por más de un año en 1936, atribuyéndola a su "deserción" al aceptar dar clases en el Instituto Psicoanalítico de Nueva York, a pesar de que pudo haber sido que sentía que necesitaba un respiro tras el análisis antes de reanudar el contacto con Sullivan.

19.- Este manuscrito se conserva en el archivo de Thompson del Instituto William Alanson White. Como se señala en la nota 15 supra, la versión que aparece en los “Collected Papers” de Thompson (Green 1964) ha sido considerablemente modificada. Thompson escribió en el manuscrito: "no es seguro para el analista el permitir la libre expresión de la ternura hasta que el análisis está muy avanzado y los impulsos destructivos del paciente se entienden bastante bien... hay ciertos pacientes con una necesidad compulsiva de obtener ciertos beneficios de otras personas en problemas, ya sea por las buenas o por las malas "(20).

 

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