George Groddeck
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Freud y Groddeck

Freud y Groddeck

 

Groddeck mantuvo una interesante relación tanto con Freud como con Ferenczi. Lo que es aun más interesante es que en los inicios la relación entre Freud y Groddeck era más cordial que la de éste con Ferenczi, a pesar de posteriormente esto cambió, y ambos devinieron espíritus gemelos (Dupont, 1984).

La relación entre Ferenczi y Groddeck puede seguirse a través de sus correspondencias. (Ferenczi y Groddeck, 1982, publicada en francés; y actualmente en vías de traducción al inglés). La Correspondencia Freud/Ferenczi, a punto de ser publicada (Vol. I, Brabant y otros, 1993a,b,c,d; Vol. II, Brabant y otros, 1994), nos aportará nuevas luces sobre la relación de ambos, así como de la contribución de Freud a ella. La correspondencia entre Ferenczi y Groddeck se extiende desde Agosto de 1921 hasta Abril de 1933. En ella hay prontos cambios en los saludos: Ferenczi rápidamente cambia el "Sehr Geehrter Herr Kolleg" (Mi distinguido colega) del 7 de agosto de 1921 al de "Lieben Freund" (Querido amigo) para Navidad del mismo año, y posteriormente a "Querido Groddeck" el 27 de Febrero de 1922 (Dupont, 1982).

Cuando inicialmente Groddeck le escribe a Freud, éste siente que ha encontrado un aliado interesante en el campo médico. En una carta fechada el 27 de mayo de 1917, Groddeck esboza su concepción de la psicoterapia (Grossman y Grossman, 1965), y se disculpa por haber escrito desfavorablemente sobre el psicoanálisis, argumentando que este ataque tuvo sus raíces en la envidia (Grotjahn, 1966).

Es de Groddeck de donde Freud toma prestado el término Ello. Freud reconoció que había usado el término de Groddeck das es, el Ello, traducido a países de habla inglesa como, el Id. (Por su lado, Groddeck, como Freud sabía, había tomado prestado el término de Nietzsche.) En el "Traumbeit und Arbeit des organischen Symptoms" (El efecto de los Sueños y de los Síntomas Orgánicos), Groddeck comenta sobre el reconocimiento de Freud (citado por si mismo en Schachet, 1977):

Freud me honró reconociéndome en su libro El Yo y el Ello, como la primera persona en usar la expresión el "Ello", y reconoció haber tomado el término de mi. Esto es cierto, excepto que el término "Ello" usado por mi implica alcances que no son útiles para el, y le ha dado, a su vez, un significando distinto al que yo le asigno. Hasta donde alcanzo a entender, el eligió dicha expresión con miras a ilustrar sus ideas acerca de su concepción de lo que ha llamado tópica. Sin embargo, la naturaleza del psicoanálisis no ha cambiado con esto, nada ha sido agregado ni sustraído. Permanece siendo lo que es, el análisis de la conciencia y de aquellas partes reprimidas de la psique. Pero el Ello no puede ser analizado, aunque el Ello de Freud y el mío comparten un nombre común, algo más que con el Bios de Ferenczi. [pp. 14-15]

La propuesta profesional de Groddeck, era muy similar a la de Ferenczi. "... ser un médico era para Groddeck, un modo particular de ser humano -apasionadamente devoto por ayudar y curar" (Grotjahn, 1945, pp. 11). Aparentemente, esta no era la filosofía habitual de la comunidad médica "…. no compartían el sentimiento predominante de la comunidad analítica de Berlín la cual veía a Groddeck como a alguien medio loco, a pesar de que Erich Fromm y su esposa admiraban su originalidad y su deseo de curar" (Roazen, 1975, pp. 512). Uno puede encontrar un tributo a la originalidad e importancia de Groddeck en varias fuentes (Grossman y Grossman, 1965; Grotjahn, 1945, 1966; Roazen, 1975; Simmel, 1926), o puede consultar directamente sus escritos (Groddeck, 1928, 1928/1929, 1929, 1933, 1934).

El interés original de Freud por Groddeck se hace evidente en la invitación que éste le hace a ser parte de la "Horda Salvaje", designación con la cual designa a los conquistadores de la mente, entendiendo a sus seguidores como parte de una horda (Roazen, 1975). La reacción de Freud hacia Groddeck está contenida en una carta del 5 de junio de 1917, en la cual el responde la carta de Groddeck de mayo de 1917, iniciando su relación.

Hace ya largo tiempo recibí una carta suya que me ha gustado e interesado muchísimo, y me siento tentado a reemplazar el contestarle con la normal cortesía que se debe a un extraño por la sinceridad analítica.

Voy a hacer lo posible: he notado su urgencia por que yo le confirme oficialmente que Ud. no es un psicoanalista, que no pertenece al grupo de los discípulos, sino que debiera ser considerado como alguien independiente y al margen. Evidentemente, podría hacerle a Ud. un gran favor si lo rechazara al lugar en que se encuentran Adler, Jung y otros, pero no puedo hacer esto; podría atender su demanda, pero insisto en que Ud. es un analista de primer orden, que ha comprendido la esencia de nuestros temas por completo. El hombre que ha reconocido que la transferencia y la resistencia son el centro de todo tratamiento pertenece irrevocablemente a la "Horda Salvaje". Si El ha dado al "INCS" [Inconsciente] el nombre de "Ello", esto no hace gran diferencia. [Roazen, 1975, pp. 332]

El optimismo de Freud respecto a Groddeck fue enfriándose progresivamente a medida que se percataba que nunca había tenido la compañía de un clínico tan indómito. El no podía dar rienda a este ser de espíritu libre y hacer de el un miembro adaptado de su círculo.

Freud se fue irritando progresivamente por la falta de rigor de Groddeck, por su pública efusividad, por su enfoque voluble, sus "locuras". Progresivamente, llegó a la conclusión de que Groddeck era un amistoso bufón. Y...se mantuvo siempre a distancia de el. Nunca aceptó las repetidas invitaciones de Groddeck a pasar sus vacaciones en Baden-Baden, y menos aún, a intentar una cura en ese lugar. [Dupont, 1984, pp. 33]

El negativismo de Freud hacia Groddeck una vez instaurado nunca desapareció, llevándolo a ver en el a otro miembro del movimiento psicoanalítico poco digno de confianza, tal como le pasara con Stekel quien se había desacreditado, frente a el, debido a su falta de probidad por la confabulación de material casuístico (Roazen, 1975). Ferenczi desplegó ingentes esfuerzos por contener a su amigo, el analista salvaje, y mediar ante Freud, más estos no lograron aplacar a su maestro.

Freud había escrito a Ferenczi el 3 de junio de 1917, mencionando un "gran interés por un médico alemán cuyas ideas estaban muy cerca del concepto de 'patoneurosis' de Ferenczi, y que compartía sus ideas en relación a Lamarck" (Dupont, 1984, pp. 34). El 13 de junio de 1917, Ferenczi responde negativamente, en relación al inicial contacto de Groddeck con Freud "[Hay] dudoso valor en su método de examinación... el Dr. Groddeck parece vivir en un mundo de fantasía... obviamente, no debería trabajar con nuestro psicoanálisis... [tiene una] tendencia al misticismo y al dogmatismo" (Dupont, 1984, pp. 35).

Según Dupont (1984), el 19 de Octubre de 1917, Freud envía a Ferenczi una publicación de Groddeck y le solicita que escriba una detallada y amistosa revisión, lo cual Ferenczi hizo. La publicación era "Die Psychische Bedingheit Und Psychoanalytische Behandlung Organischen Leiden" ("Psicoanálisis de los Estados Orgánicos").

Dicha revisión (Ferenczi, 1917) parece ser una demostración de obediencia a Freud, por el modo en que elogia la teoría de Groddeck acerca de las bases psicológicas de los trastornos orgánicos y sus proyecciones clínicas:

El Dr. Groddeck es el primero que ha tenido el coraje de intentar aplicar los resultados de los descubrimientos de Freud a la medicina orgánica...el comunica que en un gran número de enfermedades puramente orgánicas...ha tenido éxito en demostrar que esas enfermedades se habían desarrollado como una defensa contra "sensibilidades" inconscientes...ha tenido éxito inclusive con el trabajo psicoanalítico...progresando, incluso curando, muy severos trastornos orgánicos...a través de [crear] condiciones más favorables "para el Ello [inconsciente] desde el cual uno es vivido." [Ferenczi, 1917, pp. 342-343]

 

Ferenczi (1917) también dirige un golpe a Adler, "El niño azote de Freud":

 

El camino moderado, libre de toda filosofía "finalista", en el cual Groddeck intenta una demostración teleológica en lo orgánico (una teleología que estaría determinada causalmente) debe ser acentuado. En este camino felizmente evita los obstáculos que encontraron las investigaciones de Adler después de un promisorio comienzo. [pp. 343]

Sin embargo, el 14 de junio de 1918, Ferenczi escribió a Freud de que era mucho más probable que Groddeck no cure nada a través del análisis y que lo que hace no sea realmente análisis.

La carta adjunta... contiene una interesante perspectiva de los métodos terapéuticos del Dr. Groddeck. Este hombre parece errar grandemente en los juicios que atribuye a sus pacientes... como se ve en la correspondencia con Ud. Por otra parte, siento que es mucho más probable que Groddeck no cure a sus pacientes a través del análisis, y que a través de la transferencia, utilice la energía física de la histeria para ponerla al servicio de la tendencia de los órganos a su recuperación. Puede efectivamente, lograr resultados, debido a que precisamente no los analiza... [Dupont, 1984, pp. 38]

A comienzos de 1921, Ferenczi revisa una novela de Groddeck titulada Der Seelensucher (El Buscador de Almas), marcándose el inicio de un atemperamiento en su criticismo hacia Groddeck:

No tengo conocimiento si otro médico ha examinado estos destacables resultados terapéuticos y los haya aprobado o desaprobado, y por esto no podría decir definitivamente si nosotros tenemos aquí realmente un nuevo método terapéutico de un genio, o si es el poder de la sugestión de un médico, simplemente, extraordinario. De ninguna manera, sin embargo, se puede dudar de la consistencia de los argumentos de su autor o de la sinceridad de sus principales ideas. [Ferenczi, 1921a, pp. 345]

Ferenczi básicamente elogia la novela diciendo:

El valor educacional de este libro radica en el hecho de que su autor, al igual que Swift, Rabelais y Balzac en el pasado, ha desgarrado la máscara del rostro de los pacatos e hipócritas espíritus de los tiempos, y ha expuesto la crueldad y lujuria subyacente al mismo tiempo que comprende su inevitabilidad. [pp. 346]

LA RELACION FERENCZI/GRODDECK

En 1921, Groddeck y Ferenczi devienen amigos a partir de aquel "clamor del corazón" cual súplica de comprensión que surge de la carta de Ferenczi en Navidad de 1921, al escribir: (Ferenczi y Groddeck, 1982), "Yo deseo, el Ello desea, no una interpretación analítica, sino algo real: una mujer joven, un niño" (Carta de Ferenczi a Groddeck, Navidad de 1921, pp. 60).

Esta demanda de vínculo englobará complejos aspectos de la relación de Ferenczi con Gizella y Elma (Dupont, 1982; Rachman, 1993a; Sabourin, 1985; Torok, 1984); de su insatisfacción con su análisis y relación con Freud (la cual se detalla en su Diario Clínico); de sus propias deficiencias de personalidad; de su deseo por relaciones analíticas mutuales; y de su trauma infantil y desarrollo de un falso self.

A partir de este destacado documento de compromiso y honestidad emocional, que alcanza su verdadero self, Groddeck se convierte en el compañero analítico mutual que anhelaba y que Freud no llegó a ser. En ella, habla de sus experiencias infantiles y su deprivación emocional, sobre la disciplina y mojigatería familiar, y de la discrepancia entre aquello que sus padres decían y hacían, y de las profundas marcas que dejaron en su personalidad. Tradujo estas experiencias dentro del concepto de "hipocresía clínica" (Ferenczi, 1933).

Nunca antes había hablado tan abiertamente con otro hombre, ni siquiera a "Sigmund", cuyo nombre había causado un error al deletrearlo... En varias ocasiones me permití dejarme analizar por el (una vez por tres semanas, otra por 4 - 5 semanas, y durante años cuando viajamos juntos cada verano). Pero nunca me sentí libre como para abrirme totalmente. Sentía demasiado ese "pudoroso respeto", pues era muy importante para mi, mucho más que un padre. El resultado: en Palermo, cuando intentó escribir su famoso trabajo sobre Paranoia (Schreber) conmigo, tuve un súbito ataque de rebelión. Reaccioné bruscamente, en la primera tarde de trabajo, cuando me buscó para tomar nota de su dictado, diciéndole que sólo me quería para que anotara sus pensamientos, y no para escribir un artículo en conjunto.

En la misma carta, Ferenczi le cuenta como su apertura con el, le ha facilitado ser más abierto con su esposa, especialmente en relación a su "reprimido amor" por su hija, Elma:

Le he vuelto a hablar de mi insatisfacción en relación a mi reprimido amor por su hija (que podría haber sido mi prometida. De hecho, ella era mi prometida, hasta que cierto comentario desaprobatorio de Freud, me llevó a resistirme con todo mi ser contra ese amor y categóricamente rechacé a esa joven). Entre nosotros este tipo de confesión terminaron de una extraña manera. Estoy abrumado por su bondad e indulgencia, y me siento cercano a ella de nuevo... En todo caso, a partir de ese último encuentro, siento cada vez menos frío por la noche; ese frío como de muerte. Empiezo a estar más activo haciendo ejercicio de nuevo; masajes en los pies para mi estómago [tratamiento inventado por Groddeck]... [Ferenczi y Groddeck, 1982, pp. 55]

Ferenczi había cambiado sus reservas originales sobre Groddeck y empezaba una campaña para convencer a Freud de "la fidelidad al psicoanálisis" de éste.

El 31 de agosto de 1922, Ferenczi le cuenta a Freud, que se está haciendo un pequeño auto-análisis con el concurso y apoyo de Groddeck, también reconstruye, por así decirlo, los juicios previos y las notas de los procedimientos de Groddeck "con cautela"... con la esperanza de poder disipar el malentendido que ha hecho que Freud piense que Groddeck trabajaba con el método Stekeliano.

En una carta del 21 de septiembre de 1924, escribe que Groddeck [había] "siempre sido leal al psicoanálisis".

Luego en un memo del 18 de agosto de 1925, intenta convencer a Abraham de que no se debería usar ensayos para intimidar a Groddeck; en su carta del 10 de agosto de 1925 dice: "El permanece, imperturbablemente, a la causa del psicoanálisis. . ." y agrega y "su veneración" por Freud. El 9 de septiembre de 1926, escribe: "Es leal a nuestra causa, incluso si siguiera sus propios caminos." [Dupont, 1984, pp. 39-40]

En dos cartas de 1925, Ferenczi continua su defensa de Groddeck, esperanzado de convencer a Freud de la fidelidad de su amigo para seguir junto a la causa, y de ofrecer a Freud material alternativo que permita temperar las críticas hacia Groddeck al interior de la comunidad psicoanalítica.

Ferenczi a Freud: agosto de 1925

Mi relación con Groddeck es realmente placentera. El es muy refrescante. Por otro lado, pienso que tengo una moderada influencia en su estilo intuitivo de pensar o trabajar. De este modo, yo le ayudo a permanecer dentro de los limites de nuestra ciencia.

 

Ferenczi a Freud: 23 de noviembre de 1925

Groddeck tiene un espíritu intuitivo. Sus corazonadas que apuntan a una posible extensión del psicoanálisis hacia lo orgánico solicitan más... atención... sus conferencias(1) han sido muy beneficiosas, tanto las profesionales como las públicas, a pesar de que debe reconocerse que tienen aspectos que van más allá del punto de vista de lo psicoanalítico. Los miembros de la asociación participan en una animada conversación, los médicos participantes han reconocido la validez de sus críticas centrales a lo "organicista", ya que los médicos desatienden la personalidad de sus pacientes. De todos modos, igualmente ellos rechazan ciertas exageraciones en su presentación.

Groddeck parece estar abierto a nuestros argumentos. Personalmente, he aprendido mucho de el, especialmente sobre el acto de olvidar ocasionalmente lo que uno ha aprendido de la medicina, pero por supuesto que también considero igualmente necesario recordar lo aprendido. Este es el único camino: saber cuando recordar, cuando olvidar, desde donde se puede ser útil al psicoanálisis desde lo orgánico. [Dupont, 1984, p. 40]

Groddeck como "médico analítico" de Ferenczi

Ferenczi había estado enfermo de nefritis en 1921; nefroesclerosis complicada por severos dolores de cabeza (Grossman y Grossman, 1965), enfermedad que según Schur (1972) se debía a un bocio tóxico. Su médico no podía hacer nada por el, de tal modo que consultaron al médico de Freud, Felix Deutsch, quien a su vez le sugirió que se atendiera con Groddeck (Schachet, 1977). Groddeck fue su sanador.

En septiembre de 1921, Ferenczi decide intentar un tratamiento en el sanatorio de Baden-Baden, tratándose exitosamente sus dolencias y algunos "síntomas groddeckianos", dolor en el cuello que atribuía a causas psicológicas (Dupont, 1984), desarrollando una fuerte vinculación con la calidez, libertad de fantasía e independencia del pensamiento de Groddeck. Su entusiasmo fue tal, que gradualmente, fue enviando a familiares y amigos al Sanatorio. Grotjahn (1945) escribe: "Ferenczi nunca se canso de comentar elogiosamente sobre Groddeck y hablaba a los otros de los beneficios derivados de sus regulares, 'vacaciones analíticas' anuales en el sanatorio de Groddeck" (pp. 315).

 

La "cura analítica" de Ferenczi en Baden-Baden

Ferenczi era un asiduo visitante de Baden-Baden, tanto por tratamiento como por encontrarse con su espíritu gemelo quien postulaba poder contribuir a la cura de cualquier persona, tuviese este un trastorno corporal, mental o espiritual.

Estas visitas incluían el uso de una de sus famosas indulgencias. Un cirujano oftalmológico británico, el Dr. William Inman, había solicitado análisis a Ferenczi por sugerencia de Freud. Inman, un pionero de la medicina psicosomática, había desarrollado la idea de que la mayoría de los pacientes que consultaban a un oftalmólogo estaban sufriendo algún tipo de sintomatología neurótica, especialmente fobias, y que sus quejas sobre la sensibilidad a la luminosidad o la oscuridad estaban fundadas en temores de su infancia. A pesar de que esta teoría psicológica de Inman fue ignorada, y la moda de los anteojos se impuso, su autor estaba decidido a continuar investigando sobre su teoría.

Pero la investigación igualmente continuó, ya que los pocos analistas de esa primera época tenían mucho qué hacer en la exploración mental... Freud me derivó hacia Sandor Ferenczi, en una afortunada y feliz decisión porque unos pocos años antes, éste último, aparentemente padeciendo una incurable enfermedad del riñón, había asistido donde el maestro de la medicina psicosomática, Georg Groddeck, y se había curado. [Grossman y Grossman, 1965, pp. 139]

Inman estaba tan firmemente decidido a ser formado en psicoanálisis y medicina psicosomática que, durante sus habituales vacaciones de verano, no deseaba interrumpir su análisis. Cuando Ferenczi iba a Baden-Baden, Inman tomaba un cuarto en un hotel e iba diariamente a su sesión de análisis:

Un día cuando Inman se había permitido elaborar en el diván una alta especulación teórica sobre las enfermedades y las emociones, Ferenczi exclamó, "¡Estimado, esto es más groddeckiano que el mismo Groddeck!", cuando Inman le preguntó quien era Groddeck, el sólo le comentó que deberían conocerse algún día. [Grossman y Grossman, 1965, pp. 139]

Otros analistas europeos que han apreciado el espíritu intelectual y artístico de Groddeck, fueron Fromm-Reichmann, Rank, Horney y Simmel, estos dos últimos al igual que Ferenczi, tomaron vacaciones analíticas en Baden-Baden. En 1933, Groddeck escribió su último libro, "El hombre como Símbolo", enviándole a regañadientes una copia a Freud, pues no deseaba tener problemas con el durante el oscuro tiempo del nazismo, además, la intuición de Groddeck le podría haber sugerido que su mentor estaba también envuelto en su propia oscuridad, pues el cáncer de la boca empezaba a socavar su espíritu. Sigmund solicita a Anna que le conteste, diciéndole que ha leído el libro con gran interés y le confirma que no está mentalmente perturbado.

El mismo año, Groddeck le había mandado también una copia de "El hombre como Símbolo" a Ferenczi, quien a pesar de su estado de salud, responde desde su lecho de enfermo cuanto le había gustado el libro (Grotjahn, 1966). Durante ese año Ferenczi morirá de una anemia perniciosa.

 

El impulso a curar

Ambos analistas se fueron vinculando a partir de sus intereses por tratar los casos más difíciles, y por sus creencias de que ellos podían ser agentes para la cura. Groddeck era inventivo y osado, explorando nuevos métodos para ayudar a sus pacientes no se sentía obligado por ninguna armazón teórica, y estaba más interesado en la cura misma que en sus mecanismos explicativos. (Carta del 12 de noviembre de 1922, de Groddeck a Ferenczi expresando sus deliberados esfuerzos por no comprender [Ferenczi y Groddeck, 1982]). Ferenczi también era un osado experimentador pero más interesado por comprender dichos mecanismos, de hecho, se podría decir que sus experimentos clínicos fueron un intento por lograr mayor comprensión tanto de las dificultades de los analizandos como del proceso de cura analítica en los casos pre-edípicos. Ellos dos, sustentaban el principio de que el terapeuta no debería tratar de encajar a sus pacientes dentro de una teoría que no fuera apropiada para las necesidades de la cura, y según Ferenczi los analizandos no deberían ser seleccionados sobre la base de si eran analizables o no, sino que por el contrario los analistas deberían adaptar sus procedimientos y funcionamiento a las necesidades de los pacientes.

Como estaban conscientes de la importancia de los factores personales en la cura analítica, necesitaron examinar sus propias contribuciones al proceso analítico; en este sentido ambos fueron sobresalientes, llegando a ser muy osados tanto en la autoexploración como en la búsqueda de nuevos conocimientos para ayudar a sus pacientes.

En una carta a Groddeck, fechada el 11 de octubre de 1922, Ferenczi menciona la importancia de ser flexible y valeroso al momento de examinar la contribución de los analistas al proceso del tratamiento, y se refiere por primera vez a la idea del análisis mutual (Ferenczi y Groddeck, 1982). Aparentemente, el origen de esta idea se debe a Groddeck, pues el había experimentado con cierto tipo de tratamiento mutual, puesto que en las "Conferencia a los pacientes" hablaba mucho sobre sí mismo, y pensaba que esto era un componente vital de su tratamiento. De igual forma la correspondencia de que estamos hablando, puede ser entendida como una forma de análisis mutual, en tanto revelación compartida de mundos personales y esfuerzos mancomunados por ofrecer una significativa respuesta al arte de curar.

La última Conferencia de Groddeck fue en mayo de 1934, cuando expuso "Ojos, visión y visión sin ojos". Grossman y Grossman (1965) escriben: Después de eso, colapsó...el aun parecía estar poseído por una inagotable energía. Planeaba grandes cosas, un tratamiento en el cual librar a toda la nación alemana del cáncer... Frieda Fromm-Reichman [era comandada] a tomar dictado... unos pocos días más tarde el moría (pp. 195-197).

 

Groddeck poseía una significativa capacidad para curar, y un don profesional y personal similar al de Ferenczi. El tenía una completa confianza en su estilo curativo -casi una suerte de fanatismo- pero su fe en su capacidad y estilo de curación difería de la humildad y modestia de Ferenczi. Ferenczi tenía una completa dedicación a la curación; no renunciaba a ningún caso no importándole cuan difícil pudiera ser, buscando siempre una nueva idea, una nueva innovación técnica que lo acercara a la cura. Groddeck pensaba que podía curar a cualquiera, incluyendo a Hitler, a quien en cierta ocasión escribió tratando de convencerlo de que estaba equivocado y que el podría ayudarlo. Según Grossman y Grossman (1965), "Cuando no recibió respuesta, el escribió de nuevo. Groddeck no podía creer que Hitler fuera malvado o que no estuviese interesado en la cura de Baden-Baden." (pp. 159)

 

El “confesor” de Ferenczi

Este diálogo con Groddeck era lo que Ferenczi deseó haber tenido con Freud. Groddeck no evocaba una actitud superior o autoritaria, sino establecía una relación paritaria con Ferenczi, aun cuando fuera su médico; su actitud no enjuiciadora y aceptadora pavimentaban el camino para que Ferenczi se abriera, hablándole de sus conflictos emocionales, llegando a ser un "hermano confesor", más que un "padre confesor" (Ferenczi y Groddeck, 1982, pp. 55).

 

Los últimos días de Ferenczi

Durante sus últimos meses de vida, aparentemente deseaba ser cuidado por Groddeck. La hija putativa de Ferenczi, Elma dijo: (Grossman y Grossman, 1965), "Pienso que El quería consultar al Dr. Groddeck...pero...no estaba en condiciones de viajar, la consulta fue pospuesta, y luego fue demasiado tarde" (pp. 192), y Lou Andreas-Salomé comentó a Gizella, esposa de Ferenczi cuan desafortunado había sido que Ferenczi no hubiera sido tratado por Groddeck. "Groddeck podría haberlo salvado", (Grossman y Grossman, 1965).

Sin embargo, en el turbulento ambiente de la alemania nazi, Ferenczi, un judío, habría tenido dificultades entrando al sur de Alemania para recibir un tratamiento de Groddeck en las instalaciones de Baden-Baden., ni éste podría haber viajado a visitarlo. En 1932, Hitler estaba en el poder, viajar estaba restringido, y no debe haber sido fácil atender a un psicoanalista judío (Grossman y Grossman, 1965).

Existe un interesante intercambio epistolar entre Gizella Ferenczi y Groddeck en relación a la enfermedad de Ferenczi y la amistad de ambos. En diciembre de 1933, la Sra., Ferenczi escribe a Groddeck:

En marzo, el estaba ya tan débil que tuvo que parar de dar lecciones y pensamos que un largo descanso hasta septiembre podría ayudarlo a superar su debilitamiento. Desafortunadamente su enfermedad, la anemia perniciosa, no tuvo misericordia, y se fue debilitando cada vez más...Permaneció en cama por cuatro semanas. El 22 de mayo, el día de su muerte, aún hablaba con nosotros, leía el artículo, (que repetidamente se caía de sus manos) y llamó a S. y le dijo: "Esto debe ser revisado." [Grossman y Grossman, 1965, pp. 191]

El 19 de Febrero de 1934, Groddeck escribió a Gizella:

En estos breves últimos años sólo he sido capaz de pensar en la vida de Sandor con el corazón adolorido. Llegó a ser una víctima de su espíritu de investigación científica, un destino que me ha sido evitado solo por mi propia falta de sed de conocimiento. Primero, debería hablar sobre mi mismo. Incluso antes de incursionar en el psicoanálisis existía una convicción fundamental en mi pensamiento médico de que en las personas, más allá de su psiquis con la cual la ciencia misma opera, existen miles y millones de vidas internas más o menos independientes que se agrupan algunas veces de un modo, otras veces de otro, que trabajan en conjunto o en oposición, y que son incluso algunas veces independientes. Con esta conclusión me he satisfecho y nunca he tratado de estudiar este cosmos. No está en mi naturaleza el preocuparme de cosas que considero inexplicables.

En mi cercana amistad con Sandor noté relativamente temprano que el juzgaba estas cosas de un modo similar, pero luego con perplejidad me percaté que el lo hacía en relación a investigar científicamente en el mundo del hombre. Pienso que aun si fuera posible imaginar que uno podría tomar parte de ello, podría llamarse a esto un drama. Estos esfuerzos llegaron a ser abrumadores para el, conmigo el usaba la expresión "yo atomizo el alma". Sin embargo, tal atomización, cuando es intentada seriamente, sólo puede terminar con una autodestrucción, porque los otros están y desean permanecer ocultos a nosotros; sólo podemos atomizar nuestra propia alma, y ello nos destruye. La manera en la cual Sandor...finalmente se entregaba al sufrimiento en esta lucha sobrehumana está muy relacionada con esta idea. Intenté, antes y ahora, señalarle los peligros de esta opción; pero uno no puede parar esa potente energía con una sola mano, y supe que no podía ayudarlo. Cuando alguien dice que podría haber sido capaz de ayudarlo, esta en un error. Tan cercano como estábamos, el aun estaba demasiado lejos como para hacerlo desistir, para mi era un viaje a las estrellas en el cual no podía y no deseaba acompañarlo.

Gizella respondió una semana más tarde:

Su carta, querido Pat [apodo de Groddeck], me ha emocionado y conmovido profundamente. Puedo ver porque Ud., ha necesitado quietud y reflexión antes de contestarme y he podido entender claramente sus puntos de vista...

La experiencia de estos últimos años me ha mostrado que nadie, ni aun Ud., podrían haberle ayudado. Existía un cambio en el, que no sólo destruyó su cuerpo lentamente, sino que también tuvo una gran influencia sobre su vida psíquica. Su "vuelo a las estrellas", como Ud., tan bien lo ha llamado, lo llevó a tal distancia que el mismo no sabía donde estaba el final. A partir de este punto, su desesperada búsqueda, su batalla con la ciencia y la conciencia, sus continuas dudas acerca de lo que ya había descubierto, determinaron una merma en su salud corporal y en su alma y causó su destrucción. ¿Ud., no piensa que su enfermedad y la destrucción paulatina de su riñón se sumaron a esto? Si alguien lo pudo haber ayudado en esta lucha, ese era Ud., que pudo ser maestro de Ud., mismo por largo tiempo. Ud., mismo sabe, cuan refrescante se sintió el siempre en su presencia, cuan bien se sentía a su lado, y nadie ha tenido una influencia tan duradera sobre el como Ud., mi estimado Pat. [Grossman y Grossman, 1965, pp. 193-195]

 

1.-N. del T.: Ver: Groddeck, G. (1983), Las primeras 32 conferencias psicoanalíticas para enfermos. ed. Paidós, 1ª edición, Buenos Aires-Barcelona.

 

 

 
 
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