
Freud, S.; Groddeck, G.
Biblioteca de Psicología Profunda.
Anagrama. Barcelona. 1977 126 pp.
El inconsciente constituye la autentica mediación entre lo corporal y lo anímico acaso el tanto tiempo buscado “eslabón perdido”· (extracto Correspondencia).
El 27 de Mayo de 1917, se inaugura desde Baden Baden un intercambio epistolar entre dos grandes pensadores, uno Sigmund Freud quien daría forma a un cuerpo conceptual que revolucionará el siglo que empezaba con un acercamiento original al mundo de lo psíquico; y otro, Groddeck un médico, un discípulo díscolo en el decir de muchos, genial en el de algunos pocos, que daría forma -desde un pensamiento mas asistemático, pero no por ello menos vanguardista- al origen de la medicina psicosomática, y a una línea de pensamiento aún por construir: la integración de lo psíquico y lo orgánico (y que a pesar de su propio disentir, denominamos al igual que Ferenczi: Bioanálisis).
Precedido por un extenso y sugestivo ensayo a modo de prologo de su traductor, Eduardo Subirats, titulado la Destrucción del Sujeto, esta correspondencia que termina el 6 de marzo de 1934, refleja mejor que nada la naturaleza de la relación de ambos autores, sus acercamientos, complicidades, divergencias y desencuentros.
Desde los inicios Groddeck aparecerá como “un libre pensador, herético, quien busca el vinculo con un maestro, quizás si con un padre, con quien reeditar su transferencias originaria; en tanto Freud, el pensador, el maestro, se despliega atendiendo tanto al desarrollo de un pensamiento que demandaba de hipótesis originales e inéditas, tanto como un personaje guiado por la urgencia de conformar una orgánica que preservara dicho pensamiento por sobre los avatares políticos y contingentes de su tiempo.
La Correspondencia refleja nítidamente estas dimensiones, discurriendo en sus inicios por el tema de la pertenencia o no de Groddeck a la “horda salvaje”, y su presentación histórica como ”el analista salvaje”, pasando por los mas ambivalentes y personales comentarios de Groddeck sobre su acercamiento a Freud, para reflejar luego el intercambio sobre los alcances del concepto del “Ello” groddeckiano y freudiano, y la irrupción de las inevitables diferencias surgidas entre ambos, así como los intentos por preservar dicha relación a través del tiempo.
La primera carta de esta correspondencia data de 1917, la ultima en 1934 y toda su trayectoria resultan en un intercambio indispensable de ser leído para entender la relación que hubo entre estos dos hombres, para comprender el origen y alcances del concepto del “Ello” -incluyendo los matices dados por uno y otro autor a dicho concreto- y particularmente para completar la re-escrituración de la historia del psicoanálisis ya libre de los candentes conflictos de intereses, que durante décadas atravesaron una versión más psicopolítica que científica, y que en la actualidad permiten extender el conocimiento de lo psíquico más allá de la frontera de lo psicoanalítico, reclamando la influencia de lo inconsciente para todas las enfermedades del hombre.
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