13 de diciembre de 1916
George Groddeck
Biblioteca de Psicología Profunda.
Editorial Paidós. 1983.
Tengo algo más que agregar a lo que dije la última vez sobre las asociaciones de palabras, algo que es típico y que conduce a otros ámbitos. En esa ocasión olvidé algunas singulares relaciones de palabras que pueden agruparse en la sección correspondiente al ritmo y que ejercen un efecto especial sobre los seres más sensibles. Son expresiones como “de aquí y de allí”, “de arriba abajo” y otras locuciones por el estilo. Cuando uno oye estas palabras y está dotado de una imaginación viva, no sólo oye el sonido, sino que además se representa el movimiento de vaivén, de sube y baja, etcétera, y a menudo se hacen insoportables, porque se relacionan con el complejo sexual. Hay también toda una serie de otras cosas sobre las que me agradaría llamar la atención y que son típicas en la medida en que no es sólo un individuo determinado quien hace tales asociaciones de palabras, sino todo el mundo, porque pertenecen a la naturaleza misma del lenguaje. Querría llamar la atención sobre los términos que se usan para designar a los muchachos y a las chicas. Lo que sorprende ante todo es el hecho de que la palabra Stift (crío, chiquillo; pero, en sentido propio, lápiz) nunca se emplea para una chica, sino para un muchacho; como tampoco Stöpsel (chiquillo, chico; pero, en sentido propio, tapón de corcho) se utiliza nunca para una chica; kleiner Knopp (hombrecito; pero, en sentido propio, botón) es también algo que sólo tiene que ver con el muchacho. Strick (granuja, bribón; pero, en sentido propio, cuerda, cordel) es común a los dos usos, pero casi siempre designa también al muchacho. El uso de Stift (chiquillo/lápiz) se comprende inmediatamente: el muchacho tiene un lápiz; la chica, no. En el caso de Stöpsel (chiquillo/corcho), la función sexual se expresa aun más explícitamente, y Knopp (hombrecito/botón) conduce a Knopfloch (ojal). Hay personas que, cuando se sienten incomodadas, o bien en el curso de una conversación, tienen la costumbre de abrocharse y desabrocharse un botón. Había un importante orador que lo hacía, y me causó un gran placer advertirlo. Era uno de los mayores idealistas. Estaba a punto de exponer algo muy lioso, y lo hacía desabrochándose y volviéndose a abrochar, continuamente, un botón. También se puede observar esto con el abotonamiento de los guantes, o con los botones a presión que se usan en otras ocasiones. En este tipo de hechos hay que incluir también el quitarse y ponerse los guantes, así como el retorcimiento de la cadenita o la cinta.
Hay además otros términos referidos a los muchachos y que se excluyen para las chicas, como por ejemplo la expresión Flegel (granuja, palurdo, golfo). Jamás se ha usado esta expresión para una chica, sino siempre para el muchacho, y conduce a los Flegeljahren , es decir, a la edad crítica ingrata; Flegel es una vara, un palo grueso, un trillo o una porra; esta expresión se utiliza porque en ese momento el miembro viril comienza a despertar y adquiere dimensiones más voluminosas. Tampoco Bengel (pillete, granuja, pero también garrote) se emplea para las chicas: es clara la asociación con palo. De Engel (ángel) y Bengel (granuja) se pasa a Schwengel (empleaducho, chupatintas, pero también badajo, cigüeñal), lo que se asocia con la campana, acerca de la cual ya he llamado la atención, porque es un símbolo del hombre y mujer. La bóveda es la mujer y el badajo ( Schwengel ) es el hombre. Estos términos han salido de la viva intuición popular. En el caso de las chicas, las cosas son igualmente claras. Me gustaría llamar la atención sobre los diminutivos que se emplean con las mujeres y que en parte se transforman en insultos y en apreciaciones sobre el carácter adquiriendo entonces un valor muy desagradable. Una de las palabras amorosas más corrientes es la expresión ratita o gatito. Gatito es una palabra dulce; si se suprime el diminutivo tenemos Katze (gata), que se emplea como insulto y que de una manera general se emplea también con el sexo femenino. Mieze y Miezchen (mínimo y morronguito) existen como nombres de pila. Por lo que concierne al origen de estas expresiones, están directamente tomadas del órgano sexual de la mujer, de la piel de la gata, del vellón pubiano de la mujer. El vellón tupido, viejo resulta desagradable; la pelusilla es atrayente. No necesito explicar en detalle por qué. Aparece en diferentes lenguas: cat en inglés y chatte en francés son términos para el órgano sexual de la mujer. En París. Le Chat Noir es un conocido cabaret. Corderito es también una designación que deriva directamente de ahí, no del animal; proviene del vello pubiano, de la lana, del dulce y blando sentimiento que se experimenta y que conduce al apodo. Carnero ya es peyorativo. Y además tenemos algo que se emplea con los dos sexos: tesoro. Es muy corriente y se refiere a lo que ya he dicho, o sea, al hecho de que la caverna del tesoro es abovedada. La mujer debe ser la caverna del tesoro; el hombre, el tesoro que accede a ella. Este término se emplea para ambos sexos y adquiere un alcance especial debido a que el niño se aloja en la caverna del tesoro.
Tengo que insistir en las expresiones gata y ratón. Sobre todo las mujeres tienen miedo de las ratas. En este caso interviene una representación muy corriente: la mayoría de las mujeres tienen la sensación de que una rata puede deslizarse bajo sus faldas y trepar a lo largo de las piernas. Es una representación muy difundida y alterna con otra, en la que la rata se pasea sobre el rostro y se pone a roer la nariz. La primera representación, en la que la rata se desliza bajo las faldas y trepa piernas arriba, corresponde a una marcada angustia sexual que se refuerza en determinadas circunstancias. Por la rata trepadora hay que entender, generalmente, una mano… Hay un juego infantil en que la mano repta sobre el cuerpo del niño haciéndole cosquillas en todo el recorrido hasta el cuello; es un juego que les gusta a todos los niños y que termina por desencadenar su entusiasmo. Pero este juego puede tener un efecto nocivo cuando se realiza con niños sensibles o en una edad en que éstos dirigen su deseo de conocimiento hacia la vida sexual. También la rata es lisa y llanamente el órgano sexual masculino. Se parece a una rata y a veces se la llama ratita. Lo que sugiere el parecido es el hecho de que el miembro viril se estremece, por cuya causa también se le han dado los nombres de pájaro y ratoncito. Ese movimiento rápido, ese estremecimiento, hace pensar asimismo en el pez y en la rana. Con respecto al pez, también intervienen otros elementos. Pero para volver a lo que estaba diciendo: el parecido del miembro viril con la rata es aun más marcado, y para muchas personas la rata es un gran ratón mucho más horroroso. El ratón tiene un valor singular en la vida de la fantasía. Lo que en este caso desempeña un papel es que roe a los niños; les roe la nariz y los dedos. Es un animal desagradable para casi todo el mundo. Ahora bien, en lo que atañe y la rata, querría llamar además la atención sobre el gato y hacer observar que el gato se la come. Si el gato es una mujer, entonces el ratón es un hombre. Pero el ratón tiene su agujero, en el que se esconde deslizándose. Es una identificación con el hombre, y sin embargo nunca se emplea con el hombre expresión ratoncito. Para mí siempre ha sido enigmático que a la chica se le llame ratita y al muchacho no. Me parecería lógico, diré, que el término se empleara también con el muchacho. Esto debe de relacionarse con la piel; no logro explicármelo de otra manera. Quizá también está en relación con el hecho de que la rata cae en una trampa, atraída por el tocino. Hay también una identificación con el agujero del ratón, que daría cierta coherencia a todo esto, especialmente si se repara en otro apodo bastante audaz: sapo. Nunca se emplea con los muchachos, sino más bien con las chicas. No es tan sólo un insulto; también contiene un valor humorístico. La expresión proviene del hecho de que el sapo es húmedo y frío al tacto y de que presenta una directa relación con el órgano sexual femenino. El sapo vive en el sótano, en una grieta húmeda. Tan pronto puede ser la rata quien vive en el sótano -y entonces se trata del hombre- como pueden serlo la rata y el sapo –y entonces se trata de la mujer-. Este tipo de nombres suscita muchas asociaciones de idea que intervienen profundamente en las situaciones de la vida humana. Son muchas las personas que no soportan la roedura del ratón durante la noche. Y además está el erizo, que nos vuelve de nuevo al hombre, tal vez a consecuencia de las púas, con su aspecto hirsuto, áspero. Pero también querría insistir brevemente en el cordero y el pez, que mencioné hace un rato. Lo que tienen de particular es que ambos se han reunido en la figura de Cristo y ambos han desempeñado un papel: un buen pastor, por ejemplo, que lleva al cordero en hombros y el pez, que era un símbolo de los primeros cristianos. Cuanto más profundamente lo examinemos, mejor descubriremos que en el mito cristiano se emplean masivamente fenómenos sexuales, que no son degradantes, sino que, por el contrario, dan testimonio de lo sagrado de la vida sexual. Pienso que estamos ante una pulsión humana íntima cuando en los ritos de la Iglesia y en los cuadros religiosos vemos desempeñar un gran papel al pez y al cordero. Se les cita en los Evangelios y aparecen siempre dentro de un contexto determinado.
Pero volviendo a las designaciones, la peculiaridad de algunas de éstas aplicadas a los muchachos y a las chicas va aun más lejos. He citado el término de sapo para la chica; también está el de cangrejo. Y, para el hombre, erizo. Con respecto a estas palabras, a menudo he dado con la misma orientación de pensamiento que caracteriza a la vida. El erizo conduce de un salto a la culebra, a la serpiente y, de ahí, a la relación sexual. El cangrejo conduce al cáncer. De este modo tenemos los dos fenómenos que marcan la vida de la mujer con una tremenda regularidad: la triple angustia. Cangrejo se emplea para chica y para el niño pequeño, lo que trae a colación la idea del hijo ilegítimo. La serpiente hace pensar en el veneno que ésta introduce en el ser humano: es el miedo a la sífilis. En tercer término, cangrejo: miedo al cáncer. Hay muchas personas que opinan no haber sentido jamás miedo del hijo ilegítimo, como tampoco del cáncer ni de la sífilis. Voy a poner esto entre signos de interrogación, porque creo que todo el mundo ha pasado por esta angustia, y me comprometo a demostrarlo. Son cosas que intervienen profundamente en la vida de todo ser humano; en ellas se basan los pensamientos de embarazo, la gordura y la delgadez de la gente, así como la desconfianza frente a tal o cual aspecto., y sabe Dios qué más. La angustia proviene de un período relativamente temprano, en el que no hay todavía necesariamente representación del proceso sexual. Del miedo a la sífilis procede el hecho de no utilizar la cuchara, el tenedor y el cuchillo con los que ha comido otro; en él se basa todo el problema de que la gente no quiera sentarse en excusados ajenos, que los cubran antes, etcétera. El miedo al cáncer está tan generalizado que no hace falta hablar de él. Con respecto a estas tres cosas, querría verificar lo siguiente: la idea del hijo ilegítimo se halla en relación con el hecho de engordar, de vomitar, con la sensación de vértigo, con los dolores de muelas y de cabeza, síntomas que sobrevienen al producirse el embarazo y que frecuentemente tienen que ver con el hecho de que la chiquilla o la mujer haya comido un pepino o zanahorias o que haya oído cierta palabra, o con el hecho de que durante cierto tiempo no se han producido las reglas, que ha habido una pasión, un amor, una excitación.
En lo que concierne a la sífilis, las cosas son distintas. He podido demostrar que personas que sentían ese miedo también tenían todo los síntomas de la enfermedad. Todo ha desaparecido por completo, sin emplear una onza de mercurio, ni baños; únicamente con tratamiento psicológico. Afirmo con la mayor seguridad y lo puedo demostrar, que por motivos psíquicos se pueden formar abscesos, exantemas, aftas, considerados por los médicos como sifilíticos pese a que nunca haya habido contaminación entre esta gente: son síntomas que se han originado psíquicamente. Y exactamente lo mismo sucede con el cáncer. No he tenido muchas oportunidades de tratarlo psicológicamente, pero he visto y tratado algunos tipos de cáncer que exteriormente tenían los mismos síntomas. ¿Cómo se distingue entre un cáncer maligno y otro benigno? Se operan los dos. Si el cáncer no reaparece tras la operación, entonces se estaba ante un cáncer benigno; en caso contrario, la operación no sirve de nada. Si la intervención quirúrgica no ha resultado inútil se trataba de un caso benigno, que es lo más frecuente. En esto se basan las excelentes estadísticas de las operaciones de cáncer. Los dos tipos de cáncer son anatómicamente idénticos y sólo se distinguen por su resultado. Una hipótesis atrevida, no probada aún, podría ser la de que el cáncer benigno es únicamente un cáncer psíquico provocado por representaciones psíquicas de angustia, que conducen a trastornos en el organismo y hacen aparecer en los órganos sanos un tumor. El cáncer maligno provoca transformaciones, y nada tiene que ver con el otro. Así, pues, no hay por qué tener miedo, ni aun cuando se descubra un gránulo; no se trata automáticamente de algo malo, aunque esté en un pecho. Querría referirme además a la localización del foco canceroso, ya sea en el pecho o en la matriz, Se desprende de ello que las manifestaciones cancerosas están en relación con la vida sexual. Respecto del cáncer de los pechos, se busca su causa en pellizcos o en antiguas heridas y cicatrices. Creo que la carga del pecado desempeña un papel esencial en estas manifestaciones.
He querido hablar de estas cosas porque son muy significativas para las asociaciones de palabras, ya que el modo general en que se difunden estas ideas de cáncer, sífilis, hijo ilegítimo, permite extraer algunas conclusiones en lo que concierne a otros fenómenos. Hay además otras asociaciones de palabras susceptibles de tal o cual interpretación.
Precisamente se me ocurre una: uno corta una rosa y se pincha con la espina. He aquí una asociación mental que ha dado origen a una de nuestras más hermosas canciones: Das Heideröslein (el escaramujo), de significado sexual: la rosa es la chiquilla y la espina es el muchacho. Por mucho que esto se haya metamorfoseado en el lenguaje poético, el pinchazo resulta demasiado explícito. He de insistir acerca de una particularidad que me servirá de transición para volver de nuevo al tema de la vida infantil; me refiero a la circunstancia de que durante ésta se ha acumulado una multitud de palabras atemorizantes. Toda la vida infantil se puede considerar como una sola y única cadena de preparativos para la vida sexual y amorosa que luego ha de venir. Y entre esos años de preparación hay un período que desempeña un papel esencial; es el octavo año. Por supuesto que hay otros años igualmente importantes, como por ejemplo el decimotercero y el decimocuarto. Pero a los ocho años los niños pescan al vuelo expresiones que no se emplean en el lenguaje culto y que de vez en cuando se oyen por la calle. Por ejemplo, la palabra cagar ( Scheissenk) . Para nosotros, personas modernas, el término resulta inconveniente, pero en Austria, en Bohemia, en Silesia, es aún hoy un término usual que se encuentra en expresiones hechas y se emplea en sociedad. Los hombres se valen de él y, por qué no, las mujeres lo conocen, hasta las jóvenes criadas más mojigatas. Se trata de un vocablo que se capta al vuelo durante la infancia y uno emplea entonces con franca predilección. También el período del Sturm und Drang sentía un gran placer en el uso de ese vocablo, que desempeña un gran papel en la correspondencia y las obras de los protagonistas de ese movimiento. Asimismo está la palabra Arsch (culo). Es una palabra que nos asusta y, sin embargo, no tiene nada de malo. Tomemos a Lutero, por ejemplo, y advertiremos que la utiliza tanto como nosotros la palabra boca. Parece que el término le divertía. Permítaseme igualmente mencionar las famosa palabras de Goetz von Berlichingen: lamer el culo. Recientemente asistí en Berlín a una representación de Goetz von Berlichingen y se decía tranquilamente: “El Capitán no tiene más que lamerme el culo”.
Lo menciono porque son expresiones que no pueden evitarse y porque desempeñan un gran papel en la fantasía popular. También lo desempeñan en la primera intimidad entre el hombre y la mujer, cuando se casan. El hombre suele ser más inocente; en cambio, la mujer oculta el placer que ello le causa, de lo que a menudo derivan algunas dificultades. Hay, pues, un sinfín de expresiones populares, expresiones de la calle, que se acumulan en este período. Esto interviene también en la separación de los hijos respecto a sus padres, ante los cuales aquéllos disimulan. Se mezclan con los criados, con la juventud de la calle, siempre excluyendo a los padres. En este contexto hay que citar además aquellas expresiones que designan las funciones naturales, como vomitar o eructar, y la palabra agujero, que desempeña un papel fundamental y que lleva a gran variedad de asociaciones y relaciones. Hay también un vocablo que menudo no resulta nada chocante y que me ha sorprendido justamente por esta razón; es la expresión Schlappschwanz (carácter blando; pero, literalmente, cola blanda: un término absolutamente sexual). Lisa y llanamente designa a un hombre débil que no puede tener una erección. Únicamente las personas más sensibles se sienten molestas en este caso. Es curioso que este término constituya una excepción al no resultar chocante. Otra palabra igualmente cargada de gran contenido emocional es Zitze (teta, pezón), para designar los pechos. Estas voces poseen una profunda significación y cierta belleza.
Querría dejar ahora las asociaciones de palabras y pasar a otras cosas, como el significado de la escritura, en la que basa la grafología y se revela el carácter. Está en relación con la escuela. Pero antes es necesario que reconsideremos algo. Dejé la vida del niño en el instante en que los hermanos y las hermanas comienzan a ser tomados en consideración; ahí querría reanudar. La aparición de los hermanos y las hermanas significa que el niño, que hasta entonces sólo podía estudiar la vida sexual en los padres y en sí mismo, puede ahora hacerlo en alguien de casi su misma edad. Esto da lugar a un sinfín de acontecimientos, como el hecho de vestirse y desvestirse juntos, ir al baño, observar la micción y la excreción -cosas a las que atienden con una enorme minuciosidad- y todo lo que puede pasar con un hermano o una hermana. Se llega a los juegos francamente sexuales, no sólo en el curso de las peleas o al vestirse y desvestirse o al jugar a médicos, sino lisa y llanamente en los tocamientos, y en definitiva sabemos que el incesto no es una rareza entre hermanos y hermanas. La erección sí es bastante rara, pero en cambio son importantísimos los juegos con las manos y los dedos, llegando a menudo a utilizarse la lengua.
Entre la gente reinan extrañas ideas sobre las caricias con la boca; se cree que es perverso.
Pues no, absolutamente no. En épocas ya pasadas, el contacto con la boca se consideraba como inocente, y ahora se manifiesta bajo formas diversas. Los niños se chupan los dedos, se roen la uñas y tienen sus lapiceros completamente mordisqueados, eso para no hablar del cigarro y el cigarrillo entre los adultos. Las mujeres se llevan las agujas a la boca, y además los dedos juegan con los labios, todos fenómenos bien explícitos para alguien que conoce el tema. En el caso de los niños no es raro descubrir que una niñita se lleva a la boca el miembro de su hermano, o que un muchacho posa sus labios sobre los órganos sexuales de la chiquilla. Y tampoco es raro que se ensucien la boca, que se orinen en la boca, que se defequen en la boca. Basta estar atentos y saberles sorprender. Los niños sienten una especial predilección por sus propias excreciones, y por ende esto tiene su importancia. Debo decir todas estas cosas porque en determinadas circunstancias destruyen la vida más adelante. Si la conciencia está bien despierta, atiende a experiencias como éstas. Lo que cuenta no es la acción, sino las fantasías sexuales que ésta ha originado, y esas fantasías son muy curiosas entre los niños y entre los adultos. Los niños suelen continuarlas hasta el fondo; los adultos la reprimen. En la opresión del niño por la madrastra encontramos con frecuencia la representación de que el niño es vigilado y martirizado; frente a esto, lo demás casi desaparece. Además de los hermanos y las hermanas hay otras personas. Dejando a los padres aparte, entre los adultos que ocasionalmente tienen relaciones sexuales normales con los niños hay que citar a las niñeras, las ayas, los criados, los tíos y tías. Estas personas desempeñan un gran papel, un papel que los seres humanos olvidan con el tiempo, pero que se hace presente cuando se le presta atención. Los más peligrosos son los tíos viejos con respecto a las chiquillas. El tío viejo tiene una predilección nada desdeñable por sentar en sus rodillas a las chiquillas, y también éstas se inclinan a hacerlo, dando motivo a gestos involuntarios y voluntarios de los que tanto los adultos como los niños saben que entran en el terreno sexual. Se basan principalmente en el olor. El niño distingue enseguida si se lo ha sentado inocentemente sobre las rodillas, cuando no se ha despertado una sensación olfativa. Los tocamientos no son una rareza y siempre se producen bajo el disfraz de lo inofensivo. Los adultos proceden como si fuera accidental. Pero el niño observa: aquí pasa algo que los padres no deben saber, y que tampoco yo debo saber. Con las tías ocurre lo mismo, excepto que éstas proceden con una inocencia aun mayor; por ejemplo, le hacen hacer sus necesidades al chiquillo, le toman el miembro para hacerle hacer pipí, etcétera. Además de las tías están las sirvientas, que entran en consideración para ambos sexos. A menudo conmueven los espíritus y provocan perturbaciones que se transforman en enfermedades debido a ciertos tocamientos durante el aseo, en el momento de vestir y desvestir, al ayudar a hacer las necesidades y en otras ocasiones. Los amigos de las sirvientas y de los criados juegan también cierto papel. El cochero reviste especial importancia en este sentido. Y están el chofer, el mozo de cuadra y el cochero. El chofer se convierte de pronto en el amante de una adinerada joven; se casa con ella y le hace un hijo. En sus comienzos esta fantasía se remonta casi siempre a la infancia. Lo que los niños prefieren es estar sentados allá arriba, en el pescante, junto al cochero. La pequeña criatura distinguida por habérsela sentado junto a él, provoca en el cochero ciertas excitaciones que se ponen de manifiesto a través del olor; también en el caso del niño. A esto se suman el trayecto, los caballos uncidos al coche y el látigo, cosas que provocan excitaciones y asociaciones determinadas. Algo similar ocurre con el chofer en cuyo caso actúa de modo particular el ruido del automóvil, el temblequeo; en una palabra, toda una serie de cosas propias del automóvil. El tubo de escape de los automóviles y de los barcos siempre está ubicado en la parte trasera; es el caño de escape que también el hombre tiene debajo de los pantalones. Creo haber completado y hecho comprensible este complejo.