George Groddeck
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Algunas palabras en memoria de Georg Groddeck

Epílogo a "El libro del Ello", de Georg Groddeck de Hermann Keyserling

 

El 10 de junio de 1934 muere en Zurich, a la edad de sesenta y siete años, el médico de Baden-Baden Georg Groddeck, el único auténtico y calificado continuador de la escuela de Schweninger. Con él ha desaparecido uno de los hombres más extraordinarios que yo haya encontrado nunca. Y la única persona de mi conocimiento que siempre me había hecho pensar en Lao-Tse: su no-hacer era creativo, a un grado incluso mágico. El se adscribía al principio de que el médico no sabe nada, nada puede hacer, y poco tiene que hacer: deberá solamente, con su presencia, despertar las fuerzas sanativas innatas en el paciente. Naturalmente, esta técnica del no-saber y del no-hacer no le habría permitido, por si sola, mantener activa su clínica de Baden-Baden. Por lo tanto él sanaba haciendo uso de una combinación de psicoanálisis y masajes, en la que había una parte no irrelevante de producción de dolor: de la reacciones de defensa contra el dolor surgía en sus pacientes la voluntad de curarse (a Groddeck recurrían solo aquellos que tenían afinidad con él); y, al mismo tiempo, del agudo dolor que ciertas preguntas provocaban surgían siempre algunas ideas útiles para la cura. Fue así como Groddeck me curó, en menos de una semana, de una flebitis recurrente que, según el parecer de otros médicos, me habría afectado por muchos años, si no por toda la vida. Pero lo esencial en Groddeck, era su silenciosa presencia. Cuando yo estaba con él, y él no preguntaba nada, se me venían a la mente muchas más ideas que frente al más hábil analista. Sin embargo, en Georg Groddeck, yo no amaba y respetaba tanto al médico como el sabio paradójico. Él no pertenecía a ninguna escuela: sobre cada cosa tenía sus opiniones estrictamente personales, y a menudo las más heréticas. Y todas ellas eran, entendidas en el sentido justo, no muy ajustada a lo literal, opiniones profundas. No conozco a ningún filósofo de la naturaleza que como él haya resaltado la condición de la infancia; hasta casi se podría decir que su ideal era el huevo, puesto que ningún organismo ya formado sabría de que lo que el Ello es capaz.

Sobre la amoralidad de sus concepciones él no secundaba a nadie. Era un extravagante a la enésima potencia. Sin embargo, tenía un contacto muy directo con el "Ello" creador que en él (ha sido Groddeck quien ha acuñado el término técnico "Ello", en contraposición al "Yo"), y en todas sus ideas, aunque se expresaran en la forma más extravagante, siempre reflejaron profundas verdades. En sus libros aparecidos hasta el presente (El escrutador de almas y El libro del Ello), no es fácil, para quién no lo haya conocido personalmente, captar este aspecto esencial de Groddeck. Por lo demás durante varios años, publicó privadamente una revista muy interesante, "Die Arche" ("El arca"), y yo espero fervientemente que sus herederos recojan y reediten de ella muchos contenidos importantes. Durante su último año de vida, él trabajó en un texto que quería se publicara después de su muerte. Pero, como sucede frecuentemente con las personas de vidas enriquecidas, la presencia personal de Groddeck contaba mucho, mucho más de aquello que él expresaba en sus palabras y en sus teorías. De ello han podido enterarse, hasta ahora, los participantes a los seminarios de la "Escuela" de la sabiduría” en Darmstadt: donde a pesar de que muchas veces él tomaba la palabra, era sobre todo su simplicidad, su presencia viva lo que hacia de Groddeck un participante insustituible de aquellas reuniones: ya fuese provocando, ya exasperando, ya fascinando, él obligaba a cada uno a pensar por si mismo. Su apariencia era ruda: su alma, demasiado vulnerable, con una gran necesidad de protección. Pero, en lo íntimo, fue uno de los hombres más cálidos, más cariñosos, más preocupados por el bien ajeno, y más grande que yo haya encontrado nunca.

 

http://www.traccefresche.info/monografie/keyserling_grodd.html

 

 

 
 
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