Presentado por CARL y SYLVA GROSSMAN
Yo soy un analista salvaje. Así es como Georg Groddeck se presentó al Congreso de La Haya en 1920, e inmediatamente, de una manera insólita, laberíntica, se puso especular familiarmente sobre el proceso de la libre asociación. Ese día, se hizo de algunos amigos, y de varios enemigos también.
Padre de la medicina llamada “psicosomática”, Groddeck habría protestado seguramente contra el empleo de tal calificativo. Para él, “psique” y “soma” no eran dos entidades distintas, sino dos facetas de una misma entidad. Sus enfermos, para la mayoría, presentaban desordenes somáticos. El, les aplicaba lo que llamaba un tratamiento “psíquico”.
Su colega, el Dr. Félix Deutsch, por el contrario, se ocupaba de aquellos pacientes que sufrían graves enfermedades nerviosas por medio de violentos masajes y duchas o baños muy calientes, a veces incluso extremos. De allí que Deutsch se maravillara: ¡“Qué extraños tratamientos prescribe Groddeck!; pero esto era comprensible, ya que él solo por sus síntomas, podía conocer inmediatamente los desordenes psicológicos que sufrían sus pacientes.”
Actualmente, algunos doctores, algunos psiquiatras conocen el pionero trabajo de Georg Groddeck. Algunos grandes escritores, Auden, Spender, Lawrence Durrell, entre otras cosas, lo descubrieron tempranamente y reconocieron su genio, como Thomas Mann, antes, había sentido la grandeza de Freud.
Pero para muchos psicoanalistas de la vieja escuela, su nombre, aún hoy en día, resulta embarazoso. Algunos fueron sus alumnos y de entre ellos existe un eminente profesor, un analista, que escribió en una carta reciente: “Mi propio desarrollo profesional y el de su campo de actividad siguieron direcciones enteramente diferentes. Yo no querría que mi nombre se asociara, de ninguna manera, al del Dr. Groddeck.”
La ansiedad que aparece en estas líneas se comprende fácilmente. Este buen doctor consideraba su “período Groddeck” como imprudente: ¡un error de juventud superado hoy por hoy!. La especulación, las experiencias, permitidas en los años 20, deben ahora dejar paso a la prudencia, a la respetabilidad y a la preocupación de tener un cuaderno de citas bien copado.
Sin embargo, dispersos por todo el mundo, existen muchos otros, agradecidos, siempre dispuestos a apreciar sus ofrendas, tal como sus antiguos pacientes que no lo han olvidado nunca.
De Israel, una mujer habla en su nombre: “Cada palabra del Dr. Groddeck me ha impresionado vivamente, ha permanecido grabada en mi, se ha convertido en una parte de mí mismo. El no se limitaba a ocuparse de la enfermedad del momento, él ofrecía salud.”
Groddeck suscitaba entre sus contemporáneos, violentos sentimientos: veneración, odio, y a veces, incluso repugnancia. Animaba a sus pacientes, a sus alumnos, a sus amigos, a reconocer en el fondo de ellos mismos, sus deseos ocultos, y a veces prohibidos. ¡Una cosa fácil de decir, casi un lugar común, pero cuan difícil de realizar! Aquellos que lo admiraban veían en él un santo y un libertador. Los otros se sentían intimidados, amenazados, y volvieron su cólera contra él. Un encuentro con Groddeck, e incluso una simple lectura de sus libros, suscitaba a menudo violentos sentimientos. Las reacciones, casi siempre emocionales, tenían poco relación con una inteligente evaluación de lo que estaba diciendo. Poco importaba el bagaje intelectual de sus audiencias, o de sus lectores; por todas partes donde se ejercía su influencia, los sentimientos se exasperaban.
Groddeck ha muerto hace mas de treinta años [1934] Para sus admiradores, la leyenda obscurece la realidad. Un rumor que persiste según el cual era simplemente un curandero simplemente, sin título de ninguna clase; se afirma por otro lado, que fue en primer lugar un escritor y que se habría vuelto hacia la medicina solo en una edad madura; algunos dicen también que solo fue un discípulo disidente de Freud, mientras que otros mantienen que fue Groddeck quien inspiró los trabajos de ese gran hombre. Alternadamente, se lo trata de ángel y de salvaje, de genio o de loco.
Un hecho sigue siendo cierto, nadie de aquellos que lo conocieron permaneció indiferente. Y esto sigue siendo lo mismo para los lectores que lo conocen, hoy por hoy, por medio de su obra.
Prólogo al Analista Salvaje Georg Groddeck. Obra de Carl y Sylva Grossman.
Traducido del inglés por Andrée Philippe para la Presses Universitaires de Francia (1978).
El dijo que:
Hacia el final de su vida, mucho de sus colegas y admiradores rogaron a Georg Groddeck que creara una escuela para promover sus ideas. Esta petición lo hizo reír y el comentó:
“A los discípulos les gusta que sus maestros permanezcan inmóvil, mientras que yo considero un imbécil a aquellos que desearían que dijera mañana la misma cosa que ayer. Si uds., quieren verdaderamente sucederme, observen la vida por usted mismos y digan honestamente al mundo aquello que ven.”
“El sentido de la vida personal es el de retornar a la infancia, o más bien hacer aparecer de nuevo el niño que nunca ha desaparecido.”
“Hay tres cosas que nos acompañan hasta la muerte: la sangre, la orina, y los excrementos.”
“Aquél que saca la conclusión de que yo trato psicológicamente a un hombre que se ha roto una pierna, tiene razón. Ciertamente, yo reduzco en primer lugar la fractura y hago una venda. Luego entonces, lo masajeo, hago ejercicios con él, le hago bañar su pierna una media hora al día en un agua en 45 grados; me preocupo por que no coma ni beba, y en cierto momento le preguntó:
¿- Por qué te has roto la pierna, a ti mismo? ”
“Es cierto que estos dos impulsos: exhibirse y ver, ocupan un gran lugar en la existencia humana y tienen una influencia sobre todo lo que es humano y demasiado humano.”
“Sobre todo aquello que parece razonable o solamente un poco extraño proveniente directamente del profesor Freud, de Viena, y de sus discípulos; y que les parecerá completamente absurdo, yo reivindicó la paternidad.”
“La característica sobresaliente del Antiguo Testamento, es que la pureza de la raza debe mantenerse en la medida de lo posible; se supone primero que nada que el hebreo casará a una mujer de su pueblo.” (Conferencia psicoanalíticos. tomo 3 página 9).
“No hay enfermedad y no ha habido nunca una enfermedad, que no tenga su causa principal en el impulso sexual y el combate con este impulso.” (Conferencias psicoanalíticas tomo en 3 página 156).
Citas extraídas de: http://fr.wikipedia.org/wiki/Georg Groddeck
Obras que deben leerse absolutamente:
El Libro del Ello (NRF)
Conferencias psicoanalíticas para los enfermos (Campo Libre)
La Enfermedad, el Arte y el Símbolo (NRF)
Science & Magie N° 62
http://www.science-et-magie.com/archives02num/sm62/6202groddeck.pdf
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