Es alumno y luego asistente de E. Schweninger, médico personal de Bismarck. En el sanatorio que abre en 1900 en Baden-Baden, Groddeck aplica los métodos de su maestro Schweninger, quien, despreciando las terapéuticas tradicionales, preconiza la dieta, la hidroterapia y los masajes. Afirma la importancia de los factores psíquicos en las enfermedades orgánicas; los síntomas de estas tienen un valor simbólico. Desde 1913, toma contacto con la obra de Freud, que lo alienta en su abordaje de los fenómenos inconcientes en las enfermedades somáticas. Publica, Determinación Psíquica y Tratamiento Psicoanalítico de las Afecciones Orgánicas (1917). Das Buch vom Es (El libro del ello), que da a la luz en 1923, es testimonio de su deseo de hacer entender el psicoanálisis a todos.
Desde 1926, Groddeck se aleja de Freud, cuyas especulaciones psicológicas critica, pues para él el inconciente es somático, el cuerpo está en las palabras, y a la inversa. Su última obra, Der Mensch als Symbol (El ser humano como símbolo, 1933), es, por lo demás, un estudio sobre el simbolismo del cuerpo y del hombre.
GRODDECK WALTER GEORG
(1866-1934) Médico alemán
El hombre a quien Sigmund Freud calificó un día de "soberbio analista", y que se reivindicaba a sí mismo como "analista salvaje", tenía el temperamento de un Wilhelm Fliess o un Wilhelm Reich. Pertenecía a ese largo linaje de médicos herederos de la tradición romántica, cuyas teorías estaban impregnadas de cientificismo, iluminismo y Naturphilosophie. Thomas Mann se inspiró en él para crear el personaje del doctor Edhin Krokovski en La montaña mágica. Médico de Berghof, Krokovski es presentado como un hipnotizador a la antigua, que aún no había accedido a las luces de la razón, y que, lo mismo que Freud, estaba obsesionado con la cuestión de la sexualidad humana: "Aquí pasa -escribe el narrador-, él, que conoce todos los secretos de nuestras damas. Se ruega observar el simbolismo refinado de su vestimenta. Se viste de negro, para indicar que el dominio particular de sus estudios es la noche." Krokovski profesa un pesimismo radical respecto de la salud humana, al punto de no ver en el hombre más que un sujeto habitado por la enfermedad. Maniobrando entre materialismo y ocultismo, se entrega a experiencias de telepatía que lo hunden en el universo fáustico de un subconsciente desordenado.
Al irrumpir en el movimiento psicoanalítico hacia 1920, enarbolando una palabra que haría carrera, el Ello (Es), Groddeck trastornó el conformismo de los discípulos de Freud, mantuvo con éste una relación de fascinación y rechazo, y compartió después con Sandor Ferenczi una larga complicidad basada en la creencia común en los beneficios "maternantes" de la naturaleza biológica del hombre. Con su doctrina creó una medicina psicosomática de inspiración psicoanalítica, en la que, después de él, se nutrieron sin decirlo numerosos herederos de Freud.
Nacido en Bad Kösen, Georg Groddeck era el hijo de Carl Theodor Groddeck, un médico reputado que dirigía un establecimiento de baños salinos. Después de los acontecimientos de 1848, Carl Theodor había redactado un libro ultraconservador, De morbo democrático, Nova Insaniae Forma (La enfermedad democrática, una nueva especie de locura), del que se decía que había influido sobre la obra de Nietzsche. El autor asimilaba la idea democrática a una plaga, una epidemia capaz de "contaminar” a Europa, hacer desaparecer en los individuos toda forma de conciencia de sí. Esta tesis, que se vuelve a encontrar en los sociólogos de las multitudes y sobre todo en Gustave Le Bon (1841-1931), convertía a Carl Theodor Groddeck en partidario del canciller Bismarck.
La madre de Georg, Caroline, era hija de August Koberstein, historiador conocido por sus trabajos sobre la literatura alemana. Ella lo admiraba a tal punto que educó a sus cinco hijos de manera fría y distante, en el culto del abuelo venerado. Georg sufrió esa educación y ese poder materno que, a sus ojos, eclipsaba la figura del padre. Freud no dejó de señalárselo en el curso de su correspondencia. El joven Georg iba a ser el único sobreviviente de esa familia numerosa: sus hermanos y su hermana murieron prematuramente de diversas enfermedades orgánicas.
Impulsado por el padre, ingresó en la carrera médica, convirtiéndose en asistente de Ernst Schweninger (1850-1924), que se había hecho célebre atendiendo con éxito al canciller Bismarck. También ultraconservador, Schweninger había traspuesto a la medicina los principios del autoritarismo prusiano, instaurando con sus pacientes una relación de sugestión y sumisión absoluta, de la cual hacía depender el tratamiento y la naturaleza misma de la curación. Su divisa "Natura sanat, medicus curat" ("la naturaleza sana, el médico cura) fue retomada por Groddeck en 1913, cuando publicó su primera obra, Nasamecu.
En 1900, con su hermana Lina y su primera mujer, Else von Goltz-Neumann, Groddeck abrió en Baden-Baden un sanatorio de quince camas. Allí aplicó de inmediato los principios de su maestro, y puso a punto un método original de tratamiento basado en la hidroterapia, el régimen alimentario, los masajes, las entrevistas entre enfermos y curadores. A su manera, combatía, lo mismo que Freud, el nihilismo terapéutico de una medicina exclusivamente centrada en el diagnóstico, y sin ninguna compasión por el sufrimiento del paciente. Igual que Freud, trataba de captar al ser humano en su totalidad. De allí la elección de una medicina psicosomática atenta a la palabra del sujeto.
En 1913, en Nasamecu, Groddeck rindió un vibrante homenaje a la enseñanza de Schweninger, mientras se entregaba a consideraciones higienistas que se sumaban a las tesis conservadoras del padre. En la más pura tradición de la herencia-degeneración y de la creencia a los valores de la nación y la sangre, reivindicaba la "pureza de las razas" y proponía que todo ciudadano alemán con cónyuge extranjero fuera privado de sus derechos cívicos. En 1929, en sus Lebenserinnerungen (Recuerdos de vida), lamentó su actitud de entonces, y la rectificó, sin renunciar jamás a la utopía higienista que la subtendía. En ese mismo libro atacó vivamente al psicoanálisis, poniendo en guardia al lector contra los peligros de una técnica a menudo no dominada por profesionales competentes. En 1915 conoció a una mujer sueca, Emmy von Voigt (1874-1961), que iba a ser su analizante antes de convertirse en su segunda mujer y su asistente. Ella fue también una de las primeras traductoras de la obra freudiana en Suecia.
Muy pronto Groddeck dio un giro de ciento ochenta grados y se dirigió directamente a Freud, por medio de un primer intercambio de cartas. La correspondencia entre ellos iba a extenderse entre 1917 y 1934. De entrada, Groddeck interpretó su hostilidad al psicoanálisis como una expresión de los celos que le suscitaba el fundador de la doctrina. Más tarde se acercó a las tesis psicoanalíticas sobre la resistencia, la sexualidad y la transferencia, sin dejar de preservar la originalidad de su propio trayecto. Se creó entonces entre los dos hombres una especie de vínculo de hierro. En la medida en que Groddeck se dirigía a Freud como un discípulo que espera que un maestro lo apruebe y reconozca su singularidad, Freud se comportaba como un soberano preocupado ante todo por hacer ingresar a ese recién llegado en la "horda salvaje": "Es evidente de que yo le daría un gran placer si lo alejara de mí, empujándolo hacia donde se encuentran los Adler, Jung y otros. Pero no puedo hacerlo. Debo afirmar que usted es un soberbio analista que ha captado la esencia de la cosa y ya no puede perderla. Quien reconoce que la transferencia y la resistencia son los ejes del tratamiento, esa persona, qué quiere usted, pertenece irremediablemente a la horda salvaje. Y el hecho de que llame «Ello» al inconsciente no hace ninguna diferencia."
Freud apreciaba mucho a este médico inconformista adorado por sus pacientes, pero considerado un curandero por la medicina oficial. Lo invitó entonces a participar en las actividades del movimiento psicoanalítico, y después a inscribirse en la asociación berlinesa, publicar sus artículos en las revistas de la International Psychoanalytical Association (IPA), y finalmente a editar sus libros en la Psychoanalytischer Verlag de Viena. No obstante, no compartía su concepción de la ciencia, ni su técnica terapéutica: en efecto, a su juicio el científico debía distanciarse de la desmesura narcisista y de los impulsos del principio de placer, para adherir a un ideal de cientificidad externa a la subjetividad. Asimismo, el psicoanalista debía distinguirse del magnetizador renunciando a toda forma de poder oculto o autoritario: "La experiencia ha demostrado -le escribió en una oportunidad a Groddeck- que un ambicioso indomable salta [...] en un momento dado y se convierte, para mal de la ciencia y de su propio desarrollo, en un solitario". En tal sentido, nunca se disipó el malentendido entre los dos hombres. Uno seguirá siendo partidario de la medicina paralela y la psicoterapia, mientras que el otro querrá siempre inscribir al psicoanálisis en el dominio de la ciencia.
En el sanatorio de Baden-Baden, Groddeck recibía a pacientes afectados de todo tipo de enfermedades orgánicas que la medicina de la época no sabía tratar. Para hacerlos participar en su cura, en 1916 tuvo la idea de dar conferencias para ellos, y después crear una revista, Satanarium, en la cual podían expresarse al mismo título que el terapeuta. Groddeck atendía cánceres, úlceras, reumatismos, diabetes, pretendiendo encontrar en el perfil de la enfermedad la expresión de un deseo orgánico. En el bocio veía el deseo de tener un hijo, y en la diabetes, el deseo del organismo de ser azucarado. Con el mismo enfoque sexualizaba los órganos del cuerpo, alineando el nervio óptico con la masculinidad, y las cavidades cardíacas con la feminidad.
Ese deseo derivaba de lo que él llamaba el "Ello". Con ese pronombre neutro (el Es alemán), tomado de Nietzsche (1844-1900), Groddeck designaba una sustancia arcaica, anterior al lenguaje, una especie de naturaleza salvaje e irredentista que sumergía a las instancias subjetivas. La curación consistía en dejar actuar en el sujeto el fluir del Ello, fuente de verdad.
En el contacto con el psicoanálisis, Groddeck modificó sus teorías y tomó en cuenta la eficacia simbólica de la cura por la palabra. Pero conservó lo esencial de su doctrina del Ello, optando por expresarla con métodos narrativos tomados a la literatura.
En 1921 publicó una "novela psicoanalítica", El buscador de almas, en la que narraba la epopeya de un hombre transfigurado por la revelación de su inconsciente, y que a través del mundo perseguía chinches e "imágenes del alma". Freud admiró el estilo picaresco del autor, que le recordaba al Don Quijote de Cervantes. No obstante, la obra escandalizó, sobre todo al pastor Oskar Pfister, quien la consideró demasiado rabelaisiana.
Dos años más tarde, Groddeck publicó el famoso Libro del Ello, en el cual puso en escena su relación epistolar con Freud, a través de cartas ficticias dirigidas por un narrador, Patrick Troll, a una amiga. De tal modo quería popularizar los conceptos del psicoanálisis, y su propia doctrina. En 1923 Freud retomó el término "Ello" en el marco de su segunda tópica, pero cambiando radicalmente la definición.
En 1931 Groddeck publicó un curioso texto, "El doble sexo del ser humano", donde se expresaba un antijudaísmo ya visible en El buscador de almas, y que remitía a ciertos aspectos invertidos del "auto-odio judío" de los vieneses de fines de siglo, desde Karl Krauss hasta Otto Weininger. Mientras que estos últimos asimilaban la judeidad a una esencia femenina responsable de la decadencia de la civilización patriarcal, Groddeck preconizaba, por el contrario, la necesidad de encontrar en cada ser humano una bisexualidad original, reprimida en la religión judía por la práctica de la circuncisión. A sus ojos, esta práctica habría favorecido la afirmación de una unisexualidad del hombre, y el rechazo de su esencia femenina frente a un Dios bisexual y omnipotente. Con esta hostilidad a la religión del padre, y en nombre de una búsqueda mesiánica de la feminidad, única capaz de salvar a la humanidad, Groddeck rechazaba la judeidad por razones opuestas a las de Weininger. No obstante, la problemática era la misma: por un lado, el judío era asimilado a una mujer, y todo el mal de la civilización provenía de la feminidad; por el otro, el judío encarnaba el mal por rechazar los beneficios de lo femenino.
Desde el punto de vista clínico, Groddeck prefiguró a los posfreudianos que se interrogaron sobre el origen de la psicosis, la naturaleza de la bisexualidad y la forma preedípica de la relación con la madre. De allí la proximidad de su trayecto con el de los culturalistas norteamericanos especialistas en esquizofrenia, como Harry Stack Sullivan.
En 1934, después de haber criticado severamente al régimen hitlerista, Groddeck abandonó Alemania para dirigirse a Suiza, y murió cerca de Zurich, asistido por el psiquiatra Maeder Boss.
Los grandes representantes freudianos de la medicina psicosomática, como Franz Alexander y Alexander Mitscherlich, no retuvieron nada de la doctrina de Groddeck, considerada extravagante e incompatible con los desarrollos de la biología moderna. Y fue en Francia, entre 1975 y 1980, donde se exhumó finalmente a este personaje romántico, gracias el inmenso trabajo de su traductor, Roger Lewinter, que debió enfrentar una polémica injusta sobre el supuesto racismo de su héroe. Así, en pleno período de crisis interna en el movimiento psicoanalítico francés, Groddeck resurgió con los rasgos de un simpático disidente entrampado en la temible tiranía del maestro.
En cuanto a sus teorías, fueron curiosamente aproximadas a las de Jacques Lacan sobre el lenguaje y la palabra. Más tarde se les dejó de prestar atención.
http://www.rosak-lecturas.com.ar/libros/diccionario/g-003.htm