Correspondencia Sandor Ferenczi Georg Groddeck 1921-1933
Introducción, traducción, Angel Cagigas.
Colección del Sillón de orejas. 2003
19 de febrero de 1934
Querida Gizella.
He reflexionado mucho antes de decidir si debía o no escribir esta carta, pero ahora me he decidido a hacerlo. Si escribo a máquina la razón está en que sólo de esta forma puedo comunicarme con suficiente objetividad.
Estos últimos años siempre que pensaba en la vida de Sandor sentía un peso en el corazón. Ha sido víctima de su espíritu de buscador, un destino que sólo mi insuficiente sed de saber me ha ahorrado. Primero tengo que hablar de mí mismo. Antes de que empezara con el psicoanálisis uno de los fundamentos de mi pensamiento médico era la convicción de que en el individuo humano, aparte de la psique de la que se ocupa la ciencia existen millares y millones de vidas psíquicas más o menos independientes que se agrupan ya de una forma ya de otra, trabajando juntas o las unas contra las otras y que en ciertos momentos también pueden ser totalmente independientes. Me he dado por satisfecho con constatar esto, jamás he intentado estudiar ese cosmos, simplemente no está en mi naturaleza consagrarme a lo que tengo por inaccesible a la investigación.
En mi estrecha amistan con Sandor, relativamente pronto me di cuenta de que él juzgaba estas cosas de forma semejante. Pero después vi con pavor que se había puesto a estudiar científicamente el Mundo Humano e incluso a representarlo en la medida de lo posible, de forma que otros también pudieran tomar parte en ese espectáculo al que bien se puede llamar sobrecogedor. Esta búsqueda llegó a ser en su caso demasiado poderosa. Conmigo utilizó la expresión; yo atomizo el alma. Pero si se intenta seriamente tal atomización sólo puede terminar con la disolución de uno mismo, pues los demás seres humanos son y siguen siendo para nosotros un misterio; no podemos atomizar más que nuestra propia alma y eso nos destruye. La forma en que Sandor, cuyo genio y valentía siempre he admirado, se ha visto libre de una lucha sobrehumana es completamente accesoria. Aquí y allá he intentado llamarle la atención sobre el peligro del camino que había tomado; pero así como no se puede detener un torrente impetuoso con la palma de la mano, tampoco se podía ayudar a Sandor. Si alguien dice que quizás yo habría podido está en un error. Por próximos que hayamos estado y por grande que haya sido nuestra amistad, estaba ya lejos de mí en un vuelo al que yo no podía ni quería unirme. No puedo decirte más. Los acontecimientos exteriores sólo han tenido significación en la vida de este hombre fuera de lo común en la medida en que era uno de esos seres generosos que siempre dan más y más.
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