George Groddeck
· Quienes somos · Contacto · Sucripción Newsleter · -
Indepsi
Su Vida
Biografia
Línea de Vida
Galería Fotografías
Su relación con....
Epistolario
Literatura
Bibliografia
Artículos
Revisiones
Publicaciones
Pares
Busqueda

Estadisticas

 

 
Articulo Destacado

“Georg Groddeck: una vida”

 

Il Saggiatore, Milano 2005

Wolfgang Martynkewicz,

Prefacio a la edición italiana.

 

Por gentil concesión del autor, les presentamos a los lectores de POL.it el Prefacio a la edición italiana, escrita por Giancarlo Stoccoro. Hemos eliminado del texto notas y bibliografía, obviamente presentes en la edición en prensa.

“Me presentaré una vez más con los atuendos del bufón. Para mí, la sátira es la única forma en que las personas mediocremente dotadas pueden continuar viviendo incluso en un futuro lejano." G. Groddeck.

"Leer no significa para nada "analizar" un texto sino por el contrario permitirse dejar analizar por una otra palabra." J. B. Pontalis.

 

A la muerte de Georg Groddeck, ocurrida el 11 de junio de 1934 en Suiza, cuando éste tenía 67 años, su amigo psicoanalista Heinrich Meng escribió en el Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse un artículo en el cual exhortó a los amigos, alumnos y admiradores de Groddeck a seguir ocupándose de su pensamiento, evitando que sus preciosas contribuciones acabaran olvidadas en un museo de curiosidades. También su gran disposición habría tenido que ser recordada siempre, Meng estaba convencido de que el amor que habían profesado por Groddeck en vida no se apagaría con su muerte, pues él había sido un hombre genial, bueno y fuerte. Su muerte, concluye el amigo, era un signo de admonición para volver a comenzar a comprenderlo.

Medard Boss, que acogió a Groddeck en la misma clínica en el Schloss Knonau cerca de Zurich y lo vio morir pocos días después, habló así de él en un artículo aparecido en aquel año en la revista Il mondo dell'uomo.

La gente lo ha descrito cómo un médico que irrumpió con la fuerza de una tempestad en el alma de los hombres, penetrando con detenimiento dónde es condensada la vida, dónde todas las barreras se parten y el cuerpo y la mente se funden en una totalidad única. Como un verdadero creador, en el oscuro reino del Ello, plasmó una nueva vida y nuevas formas. La vastedad de su saber y su impresionante fuerza atrajeron muchas de las mejores mentes magnetizándolas como por encanto en el rayo de su acción. Lejano y orgulloso, desde su pueblecito en una colina, sonreía al absurdo frenesí del mundo, siempre consciente de encontrarse con golpe de fuerzas más grandes que él, las fuerzas del Ello. Y al final aquellas mismas fuerzas que había combatido toda la vida lo arrollaron y arrastraron al abismo de la muerte. Su corazón se derrumbó mientras durmió, sobre su rostro sólo quedó una expresión gentil y de gran calma.

De este modo Medard Boss acalló las voces que circularon sobre todo en los Estados Unidos, según las cuales Groddeck habría muerto por suicidio.

Fue aquel el período en que en Alemania cualquier tipo de pensamiento creativo y original atentaba a los intereses nazis, y en consecuencia, también los libros “Del hombre del Ello”, “El analista salvaje”, “Cartas de psicoanálisis a una amiga” y “El Escrutador de almas•, fueron quemados e inscritos en la lista de los títulos peligrosos e indeseados del nazismo. Groddeck, rápidamente fue olvidado en Alemania. En el mismo Baden Baden, su ciudad adoptiva dónde por años dirigió el Satanarium, (como llamaban sus pacientes a su clínica en Marienhöhe, convertida en los años 30' en un agradable albergue en el límite de la Selva Negra, aun abierta), nadie ha continuado su práctica médica y retomado sus métodos de cura. Siguiendo las enseñanzas de su maestro Schweninger, él preparó una combinación de régimen, masajes e hidroterapia inicialmente, en la cual era de primera importancia la relación que el médico lograba establecer con el paciente. A este tratamiento se ligó, rápidamente después de la constatación del origen psicógeno de muchas enfermedades, el psicoanálisis de las afecciones orgánicas.

Pocos años después de su muerte, el único recuerdo que la famosa ciudad termal conservaba de él, estaba asociado a la cooperativa edilicia (Baugenossenschaft) que lo tenía entre sus fundadores. Groddeck, en efecto, fue además promotor de la planificación y realización de la zona del Ooskwinkel, un barrio de utilidad pública y de ejemplar arquitectura, todavía existente. Su empeño y sus contribuciones sociales también se extendieron a otros sectores: fundó una cooperativa de consumo (Konsum-Verein), estuvo entre los fundadores de un círculo de instrucción popular y discusión, (Volksbildungs - und Diskussionsclub), y fue presidente del consejo de vigilancia de Baden Baden.

Taumaturgo y brujo, un poco sanador y un poco visionario, místico autocrítico y pragmático inspirado, alumno devoto y soberbio solitario, desechado o admirado, "excéntrico a la enésima potencia", hasta donde fue, Groddeck no dejó a indiferente nadie. Sus enemigos fueron científicos, moralistas, médicos y psiquiatras que quisieron un saber ordenado y racional. Sus amigos fueron los que vieron la fuerza de opiniones inusuales y coherentes tras sus excesos y su atractivo personal.

Entre los psicoanalistas, aparte de Freud, fueron pocos quienes lo tuvieron en consideración, en particular Erich Fromm, Karen Horney, Frieda Fromm-Reichmann, Lou Andreas Salomé, Ernst Simmel y sobre todo Sandor Ferenczi, quien también fue su paciente.

Su personalidad rica de llamativas y sugestivas contradicciones, así como las brillantes señales contenidas en sus escritos, que rehuyeron intencionalmente la sistematicidad y el dogmatismo de las disertaciones científicas, fueron en efecto objeto de fuerte controversia y ostracismo. El primer contacto con sus obras provocó -y provoca todavía- a menudo reacciones violentas: desde la veneración hasta a la antipatía y la repulsión (…). La reacción era casi siempre de carácter emotivo y había poco que hacer con una inteligente valoración de sus palabras.

No obstante ser considerado el auténtico fundador de la psicosomática psicoanalítica, su influencia fue casi nula sobre los posteriores estudios en tal ámbito, llevados adelante en los Estados Unidos por Franz Alexander y reintroducidos en Alemania, después de la guerra por Viktor von Weizsäcker. Sin embargo, fueron numerosos los puntos en común entre este último y Groddeck. Ambos desearon cambiar las condiciones de vida y nuestra visión del hombre y del mundo, el primero introduciendo en la medicina, al sujeto; el segundo, al Ello. "La medicina psicosomática, rectamente entendida –decía Weizsäcker, reconoce aunque sea tardíamente el trabajo vanguardista de Groddeck - tiene un carácter impactante" Y también su mensaje acabó pronto en el olvido.

Por otro lado, si Groddeck "fue el primero a dar una nueva orientación a la medicina moderna, alejándola de la separación entre cuerpo y espíritu (...), la suya fue una vida de curandero, y en realidad toda su posición teórica puede resumirse en unas pocas centenas de palabras".

 

Su propia insuficiencia teórica, programática y consciente, y todavía más, sus métodos de aproximación al enfermo tan estrechamente ligados a su persona permitieron, al menos en parte, que se obscureciera su obra hacia principios de los años cincuenta.

Entonces florecieron diferentes ensayos sobre Groddeck, gracias al reconocimiento que le han venido tributando sobre todo cierto grupo de poetas y escritores extranjeros, quienes vieron en él "al poeta alemán de la salud psicofísica", y en sus libros "la certeza mágica de su poesía, qué después de todo, no es sino el don de ver." Fueron influidos por él, en particular los autores de lengua inglesa W. H. Auden, Henry Miller y Lawrence Durrell. Siendo precisamente éste quien comenzó en Alemania, a principio de los años sesenta la nueva edición de las obras de Groddeck, a cuya difusión en los países de lengua francesa y alemana respectivamente Roger Lewinter e Ingeborg Bachmann, contribuyeron luego. Esta última, en un articulo destinado a la revista Der Spiegel, lamentándose por la escasa atención otorgada a Groddeck, a pesar de los esfuerzos de Durrell de darlo a conocer, escribió en 1967: "A todo, además de las gotas para la tos y las inyecciones, debería ser prescrito el Libro del Ello (...) uno de los clásicos del siglo." Más recientemente, las escritoras Simone de Beauvoir y Susan Sontag, le hicieron unas referencias.

 

En territorio anglo-americano la obra de Groddeck posee una larga tradición. Michael Balint, escribió en el internacional Journal of Psychoanalysis en 1951, a casi treinta años de la primera publicación del Libro del Ello, una reseña en la que observó:

(…) en una edición nueva de la lengua alemana a la inglesa. El Libro del Ello es uno de mis libros preferidos, tal vez el primer escrito de medicina que toma en seria consideración la idea de que las enfermedades que nos afligen, somáticas o bien orgánicas, pueden ser de origen emocional, es decir la expresión de emociones desconocidas o inconscientes. La forma elegida para transmitirnos este mensaje son ciertas cartas escritas por un médico, un tal Patrick Troll ... Ahora, un cuarto de siglo después de la aparición del libro, parece necesario decir que fue de Groddeck de quien Freud tomó el término "Ello"

En el mismo número del Journal aparece también una reseña de Edgard Glover sobre “The Unknown Self”, (El Si mismo desconocido), en el cual Groddeck es definido como uno de los:

"... mas potentes y originales difusores de la medicina psicológica. Más que cualquier otro, él se ha esforzado en demostrar a un cuerpo médico orientado exclusivamente hacia la medicina orgánica, la existencia y la universal incidencia de los mecanismos de conversión de la histeria en la enfermedad orgánica y las aportaciones psíquicas en la enfermedad en general. A este apasionado interés, él unía un espíritu de búsqueda incansable de los factores psíquicos determinantes en las neurosis y en las otras enfermedades. Junto a estas fundamentales orientaciones, su imaginación fue fulgurada por la idea de fuerzas impersonales que se manifiestan a través de varias actividades y estructuras psíquicas y somáticas."

 

"Con razón Groddeck dice: no es verdad que nos vivimos, en realidad nosotros en gran parte somos vividos.", cita sacada del libro Elementos de Psicoanálisis del psicoanalista italiano Edoardo Weiss, cuya primera edición es de 1930. Muy probablemente sea esta la primera vez que aparece el nombre de Groddeck en Italia, junto a su dicho más célebre. Aunque para nosotros, las treinta y tres cartas a una amiga contenida en el Libro del Ello tuvieran que esperar treinta años antes de ser traducidas y sean ahora uno de los libros más difundidos y leídos.

 

En la Francia de los años setenta Groddeck era uno de los psicoanalistas más controvertidos y conocidos. Sus obras fueron publicadas también en Escandinava, Holanda, España y Portugal y en los países sudamericanos. En el 1984, en el quincuagésimo año de su muerte, en Baden Baden fue organizado el primer simposio sobre Groddeck, internacional e interdisciplinario, y en el año 1986 en Zurich la Georg-Groddeck-Gesellschaft fue fundada, con sede a Frankfurt a M., con el objetivo de hacer conocida su persona y sus escritos.

El legado de los documentos y los manuscritos, hasta los primeros años noventa conservado por una ex-paciente Margaretha Honegger, pasó luego a la asociación Groddeck quien en 1917 las vendió al Deutsches Literaturarchiv de Marbach. La suma obtenida ha sido destinada a la reedición de las obras, todavía en curso, a cargo del editor Stroemfeld/Roter Stern. En Alemania, sin embargo los escritos de Groddeck son actualmente casi inasequibles en las librerías y en las tiendas de anticuarios, dónde sólo con dificultad se pueden desenterrar viejas y polvorientas ediciones de bolsillo de los años setenta. Todo esto recuerda de algún modo el título de uno de los temas que, como el lector tendrá oportunidad de descubrir leyendo este libro, le fueron propuestos a Groddeck durante los estudios en el colegio de Pforta: "Nadie es profeta en su tierra."

 

La biografía que presentamos al lector italiano no es la primera, pero indudablemente si es la más completa y la de indudable valor científico, de la actualidad.

Martynkewicz ha podido examinar con detenimiento el precioso legado, rico en novedades y aun lleno de sorpresas. Esto ha permitido llenar al menos en parte el vacío sobre las informaciones biográficas y los importantes nexos entre la vida privada, la actividad médica y los escritos de Groddeck, hasta ahora envueltos en un halo misterioso sino legendario.

 

Muy bien recreado es el marco de referencia histórico-cultural y el entorno en el que Groddeck creció y se formó. Las figuras de los abuelos son particularmente interesantes, en forma especial aquella del abuelo materno August Koberstein, famoso literato histórico, conferenciante hábil y orador particularmente querido por el público femenino, y maestro de Nietzsche en la misma escuela de Pforta dónde más tarde Groddeck estudiará. Significativa es también la descripción de las varias empresas del padre, médico agudo y elocuente, con "una independencia de pensamiento insólita", herético de la medicina, "descubridor de la locura democrática", que de epidemiólogo médico termal de éxito se volvió en un empresario ingenuo, viéndose envuelto en proyectos imprudentes que llevaron la familia a la quiebra económica. A él, Georg siempre lo tendrá como un modelo ideal, sobrestimado al punto de justificar su quiebra diciendo que fue como una forma de "dejar libre el campo de acción al hijo."

 

La descripción de Karoline, la madre, mujer culta e independiente, con el culto de Goethe, "diosa fuerte y acérrima, que no toleraba otras divinidades" y su relación con el ultimogénito Georg, cuidado y mimado durante el primer año de vida para luego ser reprochado por sus "estupideces", su lentitud y su descuido, "la actitud soñadora y meditativa" son particularmente claras para comprender muchos detalles del desarrollo de Groddeck. Significativo al respecto es el papel del "pequeño adulto madurado precozmente" (que hace pensar en el "bebe sabio" de Sandor Ferenczi), donde Georg habría sido obligado a recitar para conseguir el reconocimiento de la madre, quien además, era pronta a decirle cada vez que éste hacia algún lío: "Tienes que hacerlo mejor" Por otro lado su hermana Lina, un año mayor que él y de salud enfermiza, lo llevará al precoz descubrimiento de como la enfermedad podía ser utilizada de un modo estratégico ya sea como venganza, ya como para expresar añoranza respecto a la madre -y justo después de la pérdida del favor de este última él mismo tenderá a cada vez más a menudo a enfermarse-. La enfermedad, lugar de refugio y protección "del mundo externo mortificante", será siempre vista por Groddeck como el deseo de volver a ser niño, a la infancia feliz, y de atraer sobre si las atenciones y ternuras perdidas.

 

En comparación con sus hermanos mayores, Georg se siente como el patito feo, pero también como la Cenicienta: ambos son "sometidos, considerados por todo feos e inferiores, pero en ellos pronto se descubre que son superiores a quien les rodean." Esto sugiere una necesidad de atención, reconocimiento y cariño que lo acompañará por toda la vida. El biógrafo subraya desde los primeros capítulos los fuertes impulsos exhibicionista y la vulnerabilidad narcisista de Groddeck. El, a menudo en su intento de ponerse a prueba tenderá a menudo a develarse, evidenciando sobre todo sus aspectos negativos, como veremos más adelante.

 

Particularmente exitosa es la descripción del período de los estudios en el colegio de Pforta, donde a las experiencias de Georg, son evocados los recuerdos de Nietzsche. Mientras al filósofo la escuela, que comparaba mucho con un colegio militar le habría enseñado a obedecer y a mandar, a Groddeck, alumno intolerante a las reglas, con una fuerte necesidad de elegir autónomamente sus propias lecturas, los seis años y medio en Pforta le servirían sobre todo para aprender "a no esperar demasiado ni del destino, ni de los otros, ni de mí mismo." Para ambos, "si bien instruidos, todavía poco formados", la salida del colegio representó el encuentro con el mundo real, del que todavía por mucho tiempo eran mantenidos alejados, en particular la política y sobre todo las mujeres, siendo hasta ese entonces sólo "un fantasma literario atado a miedos y a prohibiciones."

 

Los años de la formación médica, sobre las huellas del padre, nos hacen comprender bien la imagen que Groddeck se hará del médico y de la medicina, y los siguientes desarrollos de su pensamiento y su práctica clínica. Desde sus inicios, fuertemente desagradado y crítico respecto a un saber científico ordenador y clasificatorio que se abstraía de los procesos vitales del individuo, que imperaba en las lecciones a la universidad, él cambiara su actitud y el interés por los estudios de medicina completamente cuando se encuentre con Ernst Schweninger, su profesor en la Universidad de Berlín.

 

Schweninger no investiga las causas ocultas de la enfermedad, sino como liberarse de ella, y se interesa ante todo por la persona enferma y su estilo de vida. Con los masajes y las dietas prescribe las reglas para la recuperación y el mantenimiento de la salud. Su medicina "dietética" tiene un "rol normativo en cuánto eje para todas las personas." Y ellos deben obediencia, observancia absoluta de sus prescripciones, como bien lo evidencia la descripción del tratamiento de su paciente más famoso, el príncipe Otto von Bismarck

 

"Dominador de profesión, educador del futuro", envuelto en un aura de mago y maestro, Schweninger representa para Groddeck "un padre reencontrado, que supera con mucho a su verdadero padre, una imagen dotada de una influencia y omnipotencia casi extraordinaria." que se vuelve, como subraya ampliamente el biógrafo, un objeto de emulación e imitación. A poco a poco, se abre así paso en el lector la opinión de una escasa originalidad de Groddeck, sostenida explícitamente por Martynkewicz en varios partes del libro. Y también el atento examen del marco histórico de la época y de las numerosas citas de diferentes estudiosos del período vienen a aportar testimonios de esta tesis.

 

A pesar de que en el libro tienden a ser puestos en primer plano los aspectos excéntricos, raros, y escasamente científicos, "la concepción enfática del médico como curandero de los hombres y la sociedad", que desembocaría en un tipo de "imperialismo médico"; la dupla Schweninger-Groddeck me parece, sin embargo, bastante más fecunda y rica como inspiración de cierto interés, incluso para la actualidad. Ya la tesis de licenciatura que el maestro propone a su alumno, "Sobre el empleo de la hidrosilamina y su uso en la terapia de las enfermedades de la piel", con su crítica a la producción e introducción en el comercio de nuevos fármacos totalmente ineficaces: no representa sólo una provocación sino sobre todo una advertencia tan válida, como hoy en día. Lo mismo vale para el siguiente trabajo, escrito por Groddeck para su maestro, "Arte y ciencia en la medicina", en donde se lee que la medicina "no quiere curar, quiere recoger conocimientos. La medicina no está a disposición de los enfermos. Los enfermos están a disposición de la medicina."

 

Otra figura significativa es aquella del hermano mayor Carl, a quien después de la muerte de su padre, Georg lo convierte en su mentor; a través de toda la vida entre los dos transcurre un interesante intercambio epistolar del cual esta biografía viene a proveer numerosos pasajes. Debe destacarse, que más allá de la influencia de Carl sobre las cuestiones políticas, laborales y afectivas, Georg aparece como alguien más bien decidido a llevar adelante su actividad de escritor y a publicar a cualquier costo sus propias obras, a pesar de la perplejidad del hermano, que en vano lo invita a reconsiderar y reflexionar más detenidamente acerca de sus trabajos. La determinación de Groddeck es puesta claramente a la luz ya sea en los protagonistas de sus novelas, (El pastor de Langewiesche y El escrutador de almas), ya en su relación directa con otras figuras significativas de su vida, especialmente la persona de Freud.

 

Es digno de notar que Groddeck solo a la edad de veintiséis años, después de la muerte de su madre, sienta "la necesidad de enamorarse" y de acercarse realmente a las figuras femeninas. A juicio del biógrafo son motivos prevalentemente narcisísticos los que entran en juego en su elección de objeto de amor. Del resto, el mismo Groddeck afirmará muchas veces en sus escritos: "la vida siempre gira alrededor de la propia persona (...) antes que nada hay un Yo, después otra vez un Yo, y después por largo tiempo nada, sólo al final está el Otro."

 

Y él, "hará de los aspectos deficitarios de su persona y su existencia" no solo "una grandeza todavía no reconocida y segregada" en el tiempo, sino sobre todo un propulsor extremadamente fecundo al servicio de la comprensión y aceptación de sí mismo, de sus pacientes y de los otros. Cuando inicia su carrera de escritor, él es bien consciente de escribir y siempre hablar de si mismo, y su intención desde su primera novela es explícitamente autoterapéutica, Ein Kind der Erde. A través del "pensamiento autobiográfico" la debilidad se convierte en su fuerza, el reconocimiento "del oscuro reino del Ello" en su seguridad. Él, se mantiene lejos de cada exigencia de normalización o conquista de la fase genital porque sabe bien que a cualquiera edad nosotros siempre somos también todo lo que ya hemos sido: "Un cincuentón puede tener 50, 30, 13 o un año, e incluso, aún puede ir más atrás." Puede convertirse finalmente en aquello que es: el niño perverso polimorfo, el ser bisexual con el vientre hinchado por el deseo de ser grávido, que ayuda sus pacientes a vivir verdaderamente hasta el último instante porque por ahí se llega al goethiano "muere y conviértete", posición extraña a la visión freudiana.

 

Al lector poco ejercitado en el lenguaje del Ello este libro parecería no dejarle espacio para navegar en sus profundas aguas, pues es una obra compuesta que con respuestas unívocas y saturadas, tiende a restringir mas que a ampliar horizontes de sentido. Ahora el biógrafo nos acompaña sobre su continente y, evitando comúnmente enfrentarse con estudiosos de diferente parecer, deja intuir que él sería el único verdadero conocedor de Groddeck, en cuanto depositario de todos sus secretos. Y el libro en este sentido es una verdadera mina de oro.

 

Uno de los tesoros escondidos en ello, es la recuperación de la fuente directa del concepto de Ello, que habría sido tomado no tanto de Nietzsche como precisó Freud cuando "tomó prestado" el término de Groddeck, para indicar esa provincia psíquica -expresión del polo pulsional inconsciente, extraño al yo-, sino de Wilhelm Bölsche. Este, incluso no siendo él descubridor del Ello, habla de él en 1904 del mismo modo en que más años mas tarde lo hará Groddeck en su colección de conferencias Hin zu Gottnatur, (Hacia la naturaleza divina): “Ello. Lo mío. Mi Yo más profundo. La naturaleza dentro de mí. El principio creador (...) "Dios-naturaleza" dice Goethe” y con tal principio elimina la contraposición entre vida espiritual y mundo corpóreo. Martynkewicz plantea acá el ejemplo de Bölsche, igual como en otros pasajes del libro cita a otros autores divulgados en esa época, para sostener como Groddeck, incluso refiriéndose a autores de primer "rango", leyó y utilizó para sus propias concepciones "a algunos de segundo rango."

 

Otra información importante introducida en esta biografía concierne a la misteriosa amiga a la que Patrik Troll escribe las cartas del Ello. No se trataría, en efecto, de un subterfugio literario, porque en el legado se ha hecho a la luz una aguda correspondencia entre Groddeck y Hanneliese Schumann, (1909-1919), muchos pasajes de los cuales han sido retomados en el Libro del Ello. Es particularmente interesante el rol revestido a esta última por Groddeck, quien afirma: "Le escribo siempre a Ud., cuando tengo necesidad de Ud., igual a como lo haría con mi madre."

 

Es necesario, sin embargo precisar que en todo caso las cartas sobre el Ello están estrechamente ligadas a la relación con Freud, a quien le fueron enviadas las pruebas, como ampliamente lo testimonia el epistolario de ambos. En apoyo de eso hay quienes hablan incluso de un "doble epistolario", que habría transcurrido entre Groddeck y Freud durante cuatro años, del cual el segundo, (las cartas del Ello, anoto), "no requerían una respuesta" y habrían representado el análisis de Groddeck con Freud, al mismo modo de como éste anteriormente lo habría hecho con Fliess. Lewinter, en su introducción a la traducción francesa del Libro del Ello, subraya el carácter ambivalente: el libro, "prueba de fidelidad, habría tenido que marcar la inserción de Groddeck en el movimiento analítico mientras que en realidad señaló el principio de su alejamiento." Este estudioso habla de una "falsa fuga a tres voces": la primera expone las teorías de Freud, la segunda ofrece las respuestas articulándolas a las concepciones de Groddeck, y la tercera, en lugar de reconducir el sujeto, es decir al psicoanálisis, a su forma inicial, desarrolla la segunda voz y acentúa de ello la desviación, trazando así el autoanálisis de Groddeck.

 

Este por otro lado, antes de acercarse al psicoanálisis, lo atacó duramente, como bien se documenta en Nasamecu, dónde se lee "peligroso veneno (...) qué se propaga como una pestilencia." Fue la crisis existencial, colocada por el biógrafo en los años 1914-15 con la destitución del cargo de médico militar y la separación de su primera mujer, lo que conduce a Groddeck sobre la senda de Freud.

 

En este período en efecto, él se acercó a los escritos del padre del psicoanálisis y confrontó sus propias experiencias y reflexiones con la técnica de este último. La relación Freud-Groddeck fue compleja, como lo testimonia la interesante correspondencia de ambos, (de la cual esta biografía contienen citas de cartas inéditas), que transcurren entre 1917 hasta el año de la muerte de Groddeck. No es creíble que haya sido solo la magnánima tolerancia de Freud de permitirse la aceptación del "salvaje Groddeck" o que fueran simples "intereses" de supuestas ventajas de parte de ambos lo que nutriera esta unión. Para Groddeck, Freud simbolizó una figura idealizada, una imagen omnipotente, después de aquellas de su padre y de Schweninger, de la cual ya se había separado. Incluso, una "imago materna", como el mismo Groddeck reconoció en una carta de 1922, hallada en su legado Pero también Freud sufrió indudablemente un tipo de fascinación por esta figura, que representaba una parte de su propia personalidad, que él se había obligado fuertemente a reprimir para dar credibilidad a su ciencia, a la vez que "se atemorizaba por la fuerza del Ello groddeckiano." Si es verdad que "la –de ellos- relación ha sido claramente transferencial y ha tenido un principio y un fin", no creo pueda ser definida además como "simbiótica" como afirma el biógrafo, cuando llega a plantear "las repetidas invitaciones-rechazos con resultado negativo, de Groddeck a Freud de ir a Baden Baden." Groddeck, por otro lado, no fue uno de los tantos admiradores que en aquellos años fueron en romería a Viena. Freud apreció y "se apegó mucho" a Groddeck, de quien reconoció que "ciertamente (...) –tenía razón en un noventa por ciento en hacer remontar al Ello las molestias orgánicas, y quizás (...) esto también sería cierto para otras cosas." Él admitió con franqueza enloquecer con El escrutador de almas, comparando al autor con Rabelais y defendiéndolo "enérgicamente contra la (...) respetabilidad" del pastor Pfister que quería oponerse a la introducción al Suizo de la novela psicoanalítica, luego dela reseña del enfant terrible del psicoanálisis Sandor Ferenczi. Aun más, Freud estimó grandemente a Groddeck como médico, considerándolo, "una valiosa persona fuera de lo común desde el punto de vista terapéutico", por ejemplo como cuando le sugirió al cuñado de Italo Svevo, Bruno Veneziani, afectado por varios "problemas de personalidad", que fuera a Baden Baden, después del fracaso de su propia cura psicoanalítica.

Sin duda, Freud no correspondió a Groddeck el amor explícitamente demostrado hacia su persona, "por lo que es y por lo que hace", y en cambio terminó por apropiarse de aquello que tuvo de lo más precioso y había llevado en dote, es decir su Ello.

 

A pesar de que el Ello groddeckiano y el freudiano tienen en común poco más que el nombre y el "freudianismo no es un dionisismo a la Groddeck", no obstante como bien nos recuerda Laplanche, fue Freud quien muy cercano a la metáfora del saneamiento del Zuiderzee, afirmo "dónde fue el Ello, tiene que suceder el Yo", haciendo referencia “a la mística como medio para hacer comunicar las instancias "superiores" e "inferiores" del psiquismo.” Y, el mismo psicoanalista francés reconoce en esto el influjo de Groddeck, del cual el mismo Freud habría seguido defendiéndose definiéndole su Ello como "místico". A las críticas de Freud que lo llamó monista, místico, filósofo, Groddeck contestó que se puede tener en cuenta muy bien las diferencias, incluso percibiéndolas como distintos momentos de una misma unidad y procedentes de un mismo camino.

 

Freud, y en particular los otros psicoanalistas contemporáneos suyos, pensando poder someter a tratamiento lo inconsciente siguieron dirigiéndose al Yo, a la edad adulta, al Eros genital, a la neurosis. Groddeck, en cambio, con su "tratamiento sintético", que es al mismo tiempo físico y psíquico, dirigiéndose al Ello quiso curar todas las afecciones, comprendida la psicosis y el cáncer. Él pensaba, superar las resistencias, permitir al Ello manifestarse en su incesante creatividad, incluso eligiendo un síntoma de menor consecuencias.

 

Se precisa el hecho de que para Groddeck, el Ello era algo mas que un concepto abstracto, no contenido en una Weltanschauung como Freud le criticara, sino una hipótesis de trabajo para la práctica médica clínica, una "Hilfskonstruktion", (estructura auxiliaria), en síntesis una ficción de valor práctico extremo: "Se trata de un instrumento para indagar, estudiar y conocerme a mí mismo y a las personas que se ponen en contacto conmigo." La 34ava carta a una amiga, añadida tardíamente al Libro del Ello, publicada en la revista Die Arche en 1926 y traducida aquí en el apéndice a la biografía, representa una tentativa de respuesta a Freud sobre estos argumentos.

 

Finalmente, contento en su relación con su segunda mujer Emmy, quien le recordaba "cada día y cada hora algún miembro de la (...) familia, y quien hacía de "enfermera, amante y sustituto de madre", Groddeck, "hijo del psicoanálisis", se presentó mas que nunca vestido de bufón y de niño juguetón y soñador.

 

Reprochado y criticado por sus colegas más ortodoxos por la excesiva espontaneidad y descaro con que conducía sus conferencias, él es desenmascarado inmisericordemente en la presente biografía, exactamente en este juego suyo de las asociaciones libres en que se revela fruto de una hábil puesta en escena.

 

En los últimos años de su vida Groddeck, "el único psicoanalista que hace reír" (evocando no solo la infancia del paciente, sino también la del analista), y uno de los pocos, me gustaría añadir, cuyos libros puedan ser leídos cómodamente por un vasto público, ha venido siendo marginado, relegado a un inofensivo papel de poeta o adivino, de alguien intuitivo medio genial y medio provocador.

 

Recordado más como el "gran maestro de la caricatura psicosomática", lo nuestro, que sería quizás si horrorizarnos frente a esta talvez benévola definición, mereciese una mayor atención en consideración a los sucesivos desarrollos del psicoanálisis de quien fue por ciertas referencias un adelantado.

 

Influenciado por su propia novela familiar, él estuvo entre los primeros en admitir la importancia del papel de la madre en el desarrollo del niño, y en alejarse progresivamente de la posición autoritario-paternalística para asumir la función materna en la cura de los enfermos, animándolos a hallar la ingenuidad paradisíaca infantil, tal como Ferenczi lo reconoció. La relación personal entre los dos y la recíproca influencia, en particular aquella de Groddeck sobre Ferenczi, a la luz del reciente redescubrimiento de la relevancia de este último para el psicoanálisis actual, habrían merecido, en mi opinión, un espacio mayor en este libro.

 

Antes de concluir, quisiera abordar dos temas que ya han despertado un debate candente entre los críticos y no podrían sino suscitar sorpresa en el lector: sus afirmaciones sobre la mujer y sobre la raza.

 

Conocido en Italia como "el único psicoanalista hombre que ha partido (...) de un interés fascinante por lo femenino y lo infantil", admirado por feministas famosas, Groddeck aparece desde Martynkewicz hasta Otto Weininger y Arthur Gobineau siendo considerado como antimodernista, misógino y racista. Sin embargo la figura de la mujer, arrimada a la del niño, (donde Groddeck siempre consideró el "convertirse en niño" como el objetivo último de la vida), es casi elevada a diosa inaprensible e imperecedera: "El futuro es de la mujer", dice Groddeck en varios momentos del ensayo dedicado a este tema.

 

Sin duda él, que aun dos años antes de morir le escribió a su amigo Hermann Keyserling que "el parto es la máxima experiencia que puede tener el ser humano", fue bastante desconfiado respeto la cuestión de la emancipación femenina ("el único deber de la mujer, es aquel de ser madre" y "¡Ay! del mundo si la mujer se hace sabia"), demostrando en esto el ser hijo de su tiempo. Sin embargo, él superó la actitud patriarcal del siglo XIX, también presente en Freud: reconoció una dignidad autónoma a la sexualidad femenina y describió la envidia de los hombres respecto a las mujeres y su potencia sexual, (envidia del útero). Groddeck también demostró una abertura insólita también al defender la tesis de la universalidad del deseo homosexual y acabó por conceptuar la bisexualidad originaria del ser humano.

 

Con relación a lo que concierne a sus afirmaciones sobre la raza, incluso limitadas cuantitativamente y bien contextualizadas en su momento temporal, ellas no pueden ser ignoradas a pesar de las sucesivas refutaciones de parte del mismo Groddeck en sus memorias psicoanalíticas.

 

Quedan indudablemente otras zonas oscuras, en particular aquello que concierne a la relación con los nacionalsocialistas. Parece sin embargo, y la biografía bien lo evidencia, que Groddeck, como muchos de sus connacionales de la época, vieron en Hitler una figura idealizada, salvadora y omnipotente para protegerlos, y hacia las cuales transfirieron a los seguidores del Führer las responsabilidades de la nueva ideología y el antisemitismo.

 

Por otro lado, "aquellas pocas tonterías contenidas en sus libros y que no logramos soportar, son solo aquellas pequeñas mezquindades que prueban respecto a cualquier gran hombre que no es perfecto. ¡Y Groddeck no sólo no quería ser perfecto; a pesar de que por todo lo escrito siempre ha sido objeto de escarnio por su insuficiencia (sic!)".

 

No puedo más que suscribir las afirmaciones de Bachmann, quien termina su escrito de esta forma: "Cuando se han pasado algunos meses con un autor, a menudo peleando hasta la ruptura y entrando al mismo tiempo en una relación tan estrecha de amistad, es difícil encontrar una conclusión razonable (...).

 

Dejo por lo tanto la última palabra al querido Troll:

"Ay, mi querida amiga, cuando lea algo filosófico léalo como si leyera los temas de Cretinetti, y haga igual con mis cartas: frente a las absurdidades no conviene una actitud seria. Sólo la vida, el Ello, comprende algo de psicología, y solo él es el portavoz de aquello que nos es dado, como solo muy pocos eminentes poetas lo han hecho."

 

GIANCARLO STOCCORO

 

 

 

 
 
Buscar en toda la red

(c)Sandor Ferenczi Homepage es propiedad del Instituto de Desarrollo Psicológico Indepsi 1998-2012