Juan Gallardo Cuneo
Psicólogo Clínico.Indepsi. 1998
Director Indepsi
"Y, si él relatara los acontecimientos, fielmente, como sucedieron, quién podría creer que esta historia de horror, desgraciadamente, es tambien la nuestra! Se supondrá que son las divagaciones sangrantes, nacidas de un cerebro demente". (Sandor Petofi -muerto en combate en 1849-, en "Sandor Ferenczi. Paladín y Gran Visir secreto" de Paul Sabourin, 1985).
Para conocer, al menos en parte, la real naturaleza de este vínculo, es necesario dar un paso mas allá de los hechos históricos para intentar comprender la relación de estos dos personajes -Freud y Ferenczi- e interrogarse por las múltiples implicancias que subyacen a este fascinante encuentro. Un paso que permita vislumbrar el punto donde el "psicoanálisis clásico" y la "terapia activa", por una parte, y el marco teórico psicoanalítico y el bioanálisis, por la otra, se articulan ya no como dominios contrapuestos, sino como una complementación dialéctica fundamental del conocer psicológico. Esta aproximación necesariamente tocará, aunque sea sólo de modo tangencial, las dimensiones humana y afectiva, política y estratégica, teórica y psicológica, metapsicológica, clínica y terapéutica, aludiendo a aquello abismantemente trascendental que surge de la complejidad de este encuentro.
Así, lo humano y lo afectivo nos remite a una amistad que duraría toda la vida, hablándonos de un profundo, continuo e inagotable encuentro que se extiende por más de 25 años y refleja un juego de roles dinámicos que entremezclan al padre y al hijo, al "hermano mayor sin reproches", al testigo sempiterno, al paciente-terapeuta. La mirada de Freud a Ferenczi nos da cuenta del "querido hijo", de su propio deseo de que Sandor se hubiese casado con Mathilde (su hija); del compañero permanente de vacaciones y viajes, del sempiterno corresponsal de más de 2.500 cartas, del paciente del encuentro más allá de todo encuadre. Desde Ferenczi nos encontramos al padre ausente reencarnado en Freud, al intrai-cionable y respetado maestro, al salvador del atribulado mundo afectivo -terapeuta de Ferenczi, de Gizella (su amante y luego esposa), de Elma (hija de Gizella) y de su desgarrador conflicto transfe-rencial-; y finalmente al hijo que en su búsqueda de autonomía se destruye en el deseo de preservar el vínculo con el padre.
La dimensión política del encuentro alude, por un lado, a un Freud estratega, "conductor de almas", decidido a intentar diversos caminos para que su saber forme parte del "logos universal", primero en la díada Freud-Fliess, desde la marginalidad; luego en la díada Freud-Jung, aunando los esfuerzos del mundo "gentil" con el universo "judío"; y finalmente en la díada Freud-Ferenczi, "paladín y gran visir", a quien Freud encomendó considerar si la Asociación Psicoanalítica Internacional necesitaba la estricta disciplina interna propia de toda sociedad científica, y a través de quien luego desarrolló una estrategia para tales efectos. Pero además en esta díada encontramos a un Ferenczi, portavoz freudiano, militante disciplinado y proselitista, incondicional frente a los conflictos (fueran éstos con Jung, Adler, Rank, Groddeck y todos aquellos que divergieran con la "causa" del sabio vienés), bastión del psicoanálisis en Hungría, lugar que Freud en 1013 definiría como "la capital europea del psicoanálisis", y que bajo el liderazgo de Ferenczi llegaría a ser "un centro de intensa y productiva actividad, que se distinguió por una acumulación de habilidades tales como nunca antes se vio en otras sociedades de este tipo". Este Ferenczi presidente de la IPA en 1918, estuvo dispuesto a renunciar a sus intereses, en beneficios de la "causa"; en los momentos de la divergencia prefirió recluirse en la soledad antes que dañar la obra de su maestro; y aún sabiendo de la legitimidad de su logro central, este decir el desarrollo de una nueva concepción de la mente, frente a la disyuntiva, optó por el retiro y el aislamiento.
Por otra parte, la dimensión teórica se nos presenta como un espacio de encuentro y desencuentro, como un escenario último que verá desplegarse el conflicto del saber, de la contención y del límite, de la discrepancia y la reconciliación, y en fin de la profunda humanidad de estos dos actores, incluso ahí donde la historia aún no logra desentrañar la profunda naturaleza de esta relación. Desde esta dimensión nos sale al encuentro un Ferenczi preanalítico, augurando la profundidad del pensamiento que acompañaría a Freud, incluso más allá de donde el maestro aspiró a seguir debido a sus urgentes necesidades político-estratégicas, encontrando al Ferenczi del Amor y de las Ciencias, de la hipnosis, de la homosexualidad y quien a partir del encuentro con Freud en 1908, da paso al discípulo incondicional, pensador nutritivo, al teórico de una serie de ensayos complementarios al psicoanálisis: "Introyección y transferencia", "Teoría de la hipnosis", "Desarrollo del sentido de la realidad y sus estadios", "Estudios sobre el simbolismo", etc., donde conceptos tales como introyección, transferencia y contratransferencia, impulso de muerte (idea propuesta en 1913), complejo de Edipo (incluso antes que la publicación de E. Jones de enero de 1910), relaciones de objetos (1908), y muchos otros se van articulando progresivamente. Revisor de los textos freudianos, y teórico que alcanzará los más elevados elogios que Freud fuera capaz de brindar, es testimoniado en el obituario de Abraham de 1926 "de entre todos aquellos que me siguieron a través de los oscuros caminos de la investigación psicoanalítica, él (Abraham) ganó un lugar tan preeminente que sólo un nombre podría ser puesto al lado del suyo", y en su obituario de 1933, donde Freud declaró que los trabajos escritos de Ferenczi habían transformado a todos los analistas en sus pupilos.
Un Ferenczi psicológico de consenso, de comunión, que da paso a otro metapsicológico, osado, entusiasta, vivaz y poseedor de una "excitante mente especulativa", capaz de fecundar un texto, como "Thalassa, ensayo de una teoría de la genitalidad", que difícilmente puede ser superado en sus alcances tanto onto como filogenéticos, insuficientemente leído, capaz de sorprender por lo hermeneútico, ahí en el límite de la ficción científica, pero que nadie -ni siquiera el propio Jones- osaría calificar de delirante, y de quien Freud dijera: "es posible que exista un bioanálisis tal como Ferenczi lo declarara".
Teórico del lenguaje de la pasión y del lenguaje de la ternura, defensor infatigable de la primera teoría del trauma en su relación con la comprensión de las tempranas relaciones de objetos, autor del "utraquismo" y del "bioanálisis", al límite del paralelismo biológico y somático. Lamarkiano incluso donde la comprensión de la "autoplasticidad" del organismo, tal como él la conceptualizó, tal vez no sea reconocida sino dentro de décadas, Ferenczi nunca se opuso ni denegó del saber psicoanalítico, sino más bien intento expandir ese conocer exactamente en el lugar en que su uso se hacía ideológico.
Desde esta perspectiva, y dejando pendiente "el encuentro en lo clínico", el lugar donde tratamiento y técnica, convergencias y divergencias, revisión e innovación, sitúan uno de los aspectos cruciales del encuentro Freud-Ferenczi, es que surge la radical interrogante de ¿cómo se pudo acallar esta historia?, de ¿qué pudo haber sucedido para que generaciones de analistas marginaran consensualmente todo un cuerpo de conocimiento, por otro lado implícito en innumerables conceptualizaciones contemporáneas?, de ¿cómo un saber que atraviesa el pensamiento de tantos y tantos teóricos: E. Fromm, H. Sullivan, M. Klein, Bion, F. Alexander, W. Reich, D. Winicott, P.Heimmann, sólo por citar unos cuantos, permaneció sistemáticamente silenciado?, y sobre todo ¿qué motivaciones se cristalizaron tras la versión de Jones -no más ni menos humano en sus pasiones que cualquier otro analista, como Jung, como Ferenczi, como Groddeck, y como Freud mismo- encontrando el terreno propicio, a partir de "su tendenciosa versión" al servicio del descrédito, para que encarnándose en la estigmatización de Ferenczi fueran exorcizadas a través de él?.
Estas y muchas otras interrogantes sólo recientemente empiezan a contestarse. Por un lado, la reciente publicación al inglés y francés de la Correspondencia Freud-Ferenczi 1908-1914 y 1914-1919, y por otro el próximo Congreso Internacional: Ferenczi y el Psicoanálisis Contemporáneo, a realizarse en Madrid en marzo de 1998, con la participación de los más recientes estudiosos del tema (Judith Dupont, Pierre Sabourin, André Haynal, Arnold Rachmann, Judith Meszaros y otros) nos saludarán con algunos esfuerzos explicativos por entender dicha situación. Aunque tras ella se despliegue nuestra cuarta herida narcisist.
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