Ed.
EPEELE. 2003. 160 pp.
Entre
los numerosos textos de Wladimir Granoff (1924-2000),
publicados en revistas o inéditos, sólo
hemos conservado unos cuantos para constituir esta
recopilación que no pretende, por lo tanto,
dar una visión de conjunto de los trabajos
y de los intereses del autor.
El
título que se le dio a esta obra indica
lo que motivó el partido que hemos tomado:
el de reagrupar los textos escogidos alrededor
de tres figuras, de tres nombres que marcaron de
un modo muy particular el trayecto del autor de
Filiations (extracto nota del editor francés).
Wladimir
Granoff (Estrasburgo 1924 - Paris 2000)
Procedente
de una familia cercana a la nobleza rusa, Granoff
se caracterizó por sus maneras refinadas,
sus gustos de dandy, su afición a los coches
deportivos y un interés profundo por las
lenguas. Hablaba, en efecto, fluidamente por lo
menos cuatro lenguas y solía decir: «Cuando
encierro en mi cabeza palabras ofensivas, o cuando
cuento, es en inglés; cuando me quejo y
siento lástima por mí mismo, me lo
digo en ruso, y cuando hablo frente a un público,
lo hago en francés. Pero cuando me canto
canciones de la infancia, son alemanas».
Ferviente lector de Freud, se mostrará singularmente
atento a los problemas que plantea su traducción,
como si para él la única vía
de acceso al pensamiento fuera la que se inscribe
en las lenguas y viaja a través de ellas.
A él le dedica entonces cuatro de los ensayos
centrales reunidos en este libro.
Este
es el personaje que la historia designó junto
con François Perrier y Serge Leclaire (la
llamada «troica») para encargarse de
la delicada tarea de convencer a los dirigentes
de la International Psychoanalytic Association
que aceptaran acordar su reconocimiento oficial
a la nueva Société Française
de Psychanalyse (con Lacan incluido). Desplegó en
esas negociaciones un enredado juego de componendas
y maniobras que lo comprometieron en el papel oscuro
y triste, lamentable y trágico, que terminó por
desempeñar en la exclusión de Lacan
de la internacional psicoanalítica. La IPA
exigió, efectivamente, la eliminación
de la enseñanza y la clínica didáctica
de Lacan, lo que significaba de hecho su exclusión,
que Lacan calificó en 1964 como una «excomunión».
Después de intrincadas negociaciones, llegó el
momento de decidir y cada uno siguió su
camino: Granoff a la IPA, mientras sus dos compañeros
optaron, en ese momento, por acompañar a
Lacan. Esto permitió que muchos lo designaran
en el lugar del traidor pero su personaje es sin
duda mucho más complejo y no puede ser reducido
a esa dimensión. Como dice Allouch, entre
Lacan y Granoff hubo dos malentendidos cruzados.
Granoff trató de conciliar lo inconciliable
y de mantener a Lacan en su pertenencia a la institución,
que en esa época tenía un poder sin
alternativas aparentes en la escena internacional.
Poder que ejercía de tal modo que una exclusión
tenía, por entonces, un efecto desgarrador.
Y así resolvió que si los analizantes
de Lacan deseaban ser aceptados por la IPA como
analistas debían abandonarlo y emprender
su análisis con otro psicoanalista. Acorralado,
Granoff optó y lo hizo por la institución
internacional. En cuanto a Lacan, su exclusión
tuvo un efecto paradójico: liberarlo del
corsé institucional burocrático y
lanzarlo a una exacerbación de la originalidad
de su enseñanza y sus efectos fecundos para
el psicoanálisis.
Este
contexto vuelve indispensable para los lectores
interesados en el psicoanálisis el acceso
a los textos que incluye este volumen: además
de los consagrados a Freud, las entrevistas tituladas «Palabras
sobre Jacques Lacan», y «¿Lacaniano
o no?» que dan una idea de esa intensa y
difícil relación; los artículos
sobre Ferenczi cuya obra Granoff fue el primero
en dar a conocer en Francia y los homenajes que
rinde a los que con él integraron aquella
troica de triste tarea.
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