|
"La
Catalización del
Amor", por Izette de Forest: "El
libro en su totalidad es único en la literatura psicoanalítica.
Es el reflejo de una vida de trabajo, de una dedicación y devoción
personal al objetivo de aliviar el sufrimiento humano, de liberar
aquellas vidas torcidamente neuróticas. Es la expresión vital
de un corazón amoroso y compasivo, hecho eficaz en la práctica
por una habilidad técnica entrenada y las bendiciones de la intuición
y sabiduría innata".
Andras
Angyal
Ferenczi
a pesar de no haber roto relaciones en forma radical con “el padre del psicoanálisis”,
Freud, ni de haber fundado una escuela aparte como Adler, Jung y Rank, dejó
muchos seguidores de su particular práctica terapéutica, los cuales se
dedicaron a profundizar y perfeccionar su técnica. Uno de ellos, Izette de
Forest, terapeuta norteamericana quien fue discípula, amiga y analizanda
de Ferenczi en los años 1925 a 1927 y 1929, en su libro “La Catalización
del Amor”, reinvindica el legado dejado por Sándor Ferenczi, en el ámbito
clínico.
Esta autora desarrolla en forma didáctica los principales tópicos y prácticas
clínicas del enfoque analítico basado en la comprensión y sanación del ser
humano a través del amor.
Este
enfoque, como aporte novedoso a la técnica psicoanalítica tradicional, destaca
la importancia del analista, no como un instrumento imparcial y plano, falto
de espontaneidad, sino que, al contrario, pone de manifiesto la importancia
de la capacidad de entrega del analista en la relación terapéutica, quien debería
ser capaz de conmoverse por el consultante. El terapeuta entregaría el amor,
vehículo necesario para la cura psicoterapéutica del paciente, el cual por
alguna razón no se entregó adecuadamente en el vínculo parental, dando inicio
al trauma original. La relación terapéutica propende un nivel de desarrollo
positivo tanto para el analizado como para el analista.
El
amor y la rabia se transformarían en las dos fuerzas más significativas en
la relación terapéutica, donde el analista debe ser capaz de entregar amor
al paciente, y además debe tolerar la rabia de este, muchas veces dirigida
al analista en forma devaluatoria. Esto significaría contener y poner límites
en forma amorosa, tal cual lo podría hacer una madre.
Este
enfoque exige un rol más activo en el terapeuta, entendiéndose no como
directivo necesariamente, sino como acogedor del mundo pulsional del paciente,
sin que este se sienta rechazado, construyendo así una relación limpia de los
elementos que originaron la neurosis. Esta nueva forma de considerar de la
transferencia del paciente, requiere un terapeuta capaz de orientar la relación
terapéutica con el objeto de revivir el trauma original.
De
acuerdo a I. De Forest, el terapeuta debe estar dispuesto a ser receptáculo de
las proyecciones primitivas de los objetos primarios, dando un nuevo significado
a la transferencia del paciente. Esto implica que el terapeuta como vehículo e
instrumento de la cura, debería estar previamente analizado, estando en
conocimiento de sus rasgos de carácter desagradables para no confundir las
transferencias negativas del paciente, con disgustos ocultos del terapeuta. En
este sentido, el analista sigue siendo un ser humano y debería poder reconocer
sus errores. Este clima contribuye a acrecentar la confianza del paciente en el
analista, condición básica para que este pueda reexperimentar el pasado.
Bajo
este enfoque, el propósito de la terapia sería restaurar la integridad
personal y la autopreservación sana del analizado.
El
objetivo de la autora es entregar material terapéutico comprensible, de fácil
lectura y profunda reflexión, no como un texto técnico dirigido solo a
terapeutas, sino extendiendo este conocimiento a otras disciplinas afines y al público
en general. Su libro “La Catalización del Amor”, se divide
en cuatro partes, once capítulos y un glosario.
La
contribución de Forest en este libro, podría señalarse como una síntesis del
pensamiento de Ferenczi y una profundización de este, aplicado a la práctica
clínica.
Inicio
Indice
|