Franco
Borgogno.
Médico, Universidad
de Buenos Aires (1963)
Autor de la Reseña: Pedro
Boschan
El original
enfoque con que Franco Borgogno, prestigioso analista
didáctico de la Sociedad Psicoanalítica
Italiana, y profesor de Psicología Clínica
de la Universidad de Turín encara este libro,
está centrado en la idea fundamental que el
Psicoanálisis es un devenir constante, en
el que cada analista busca su propio camino teórico
y clínico. La incertidumbre con que nos enfrentamos
cotidianamente en nuestra tarea clínica, puede
inducir un aferramiento a veces rígido a las
teorías como “ verdades”, con el riesgo de
olvidar que a nuestras posiciones teóricas
de hoy fuimos llegando, y que el camino prosigue.
Borgogno rescata la independencia
de recorrer, describiendo su propio camino, a lo largo
de los últimos
veinte años, mostrando su peculiar engarce
entre los desarrollos de la teoría psicoanalítica
y sus desarrollos personales como analista, en una
búsqueda dialógica entre las ideas
de distintos autores en los que encuentra las ideas
que sustentan su tarea. Ideas que, en muchos casos,
han sido dejados de lado en el desarrollo general
del movimiento psicoanalítico, y cuyo rescate
es de gran valor para los cambios de rumbo que la
cambiante realidad nos impone.
En su recorrido,
denota una preocupación constante
por ciertos temas, que el autor considera esenciales
para nuestra práctica psicoanalítica
actual: Un análisis que se adecua a las necesidades
y posibilidades del analizante, la necesidad de desidealizar
lo que somos y lo que hacemos en nuestra tarea, el
tener muy presente los riesgos de violentar al paciente
imponiéndole nuestras propias concepciones
del análisis; la idea del análisis
como una comunicación bipersonal, poniendo
en primer plano la persona y la mente del analista.
Se ocupa intensamente de la contratransferencia,
correlato de privilegiar el enfoque relacional, con
conciencia de las limitaciones que impone el contacto
con el paciente. Propone sin denominarlo así una
perspectiva vincular del quehacer analítico.
El
epígrafe del capítulo 2, cita de
Göethe: “Lo que has heredado de tus padres debes
adquirirlo tu mismo para poseerlo”, describe acertadamente
la tarea emprendida en el libro.
Es importante
señalar la estructura del texto:
si bien cada capítulo se centra en un trabajo
determinado de un autor psicoanalítico considerado
significativo por Borgogno en su desarrollo personal,
de ninguna manera se limita a la discusión
de ese trabajo: lo toma como punto de partida para
desarrollar una red conceptual, relacionándolo
con otras ideas del mismo o de otros pensadores,
sus propias reflexiones clínicas, o consideraciones
sobre tendencias en el movimiento psicoanalítico.
El
recorrido comienza por los escritos tempranos de
Freud; desde su relación con Charcot, (Capítulo
1), cuyo método de observación y honestidad
intelectual sirven como modelo para Freud desarrollar
ese ideal de conocimiento y de observación
que lo acompañará en sus descubrimientos;
también detectando “el negativismo”, “el odio” y “el
desgano” que asaltan al observador en determinadas
circunstancias frente al paciente, anticipando así la
comprensión de cómo lo observado evoca
respuestas afectivas en el observador que influencian
su registro.
Prosigue con
Un caso de curación hipnótica
(1892), escrito poco conocido de la época
pre-psicoanalítica
de Freud, en el que enfatiza la concepción
vincular en la comprensión que lleva a Freud
a modificar su estrategia terapéutica, además
de su temprana aprehensión de la importancia
de las primeras etapas de la relación madre-recién
nacido y de los procesos identificatorios.
En El
caso clínico de Juanito como ensayo de
técnica Borgogno ve este escrito como una
rectificación
de Freud a algunos errores por él mismo cometidos
en el análisis de Dora. Señala como
la “ tercera
mirada” (Freud supervisor del padre de Juanito )
permite registrar y señalar las actitudes
marcadamente autoritarias e impositivas de este,
que “pregunta demasiado
, e investiga siguiendo los propósitos suyos,
en vez de dejar explayarse al pequeño . Todo
ello quita transparencia y seguridad al análisis...” Respuesta
de un padre- analista más comprometido con
la teoría que con el paciente; con el riesgo
de desconocer los justos reclamos del “ analizante” o
forzar significaciones que necesita corroborar. Estos
comentarios de Freud pueden entenderse como la reconsideración,
incluso en forma crítica, algunas de estas
actitudes suyas particularmente evidentes por ej.
en el tratamiento de Dora, señalando los riesgos
que la convalidación
de tales actitudes en el psicoanalista pueden tener
para el tratamiento y para las instituciones psicoanalíticas.
De los escritos de Paula Heimann,
el autor desarrolla los trabajos ulteriores al de 1949,
que según
señala, inaugura una nueva época en
la historia oficial del Psicoanálisis (ya
que muchas de estas ideas sobre el uso de la contratransferencia
habían sido expuestas previamente (por ej.
por Ferenczi (1928); plantean un analista humanizado,
ya no el “espejo” o “ el cirujano”; comienza a entenderse
y aceptarse la aportación del analista al
proceso analítico. La subjetividad del analista
no concierne solamente a su reacción afectiva,
sino también,
más en general, al uso de las teorías
y los modelos de que se sirve, a las funciones que
despliega al tratar de entrar en sintonía
con el paciente, y a sus aptitudes personales para
instaurar, gestionar, vigilar y promover las condiciones
idóneas
para una escucha y una comunicación eficaces.
De los escritos ulteriores de Paula Heimann, enfatiza
las ideas que apuntan a ver la situación analítica
como una campo compartido, lo que denomina su “ giro
más Winnicottiano” a partir del '57., alertando
contra la interpretación “ demasiado saturada,
demasiado brillante” como negativa para el trabajo
analítico; así como sobre el riesgo
de intrusión y la promoción por parte
del analista de una idealización de sí mismo “colonizando” al
paciente mediante su autoridad, promoviendo identificaciones
ego- distónicas y de imitaciones “ como sí” (tan
frecuentes en el medio analítico). Borgogno
señala que en este desarrollo de Heimann se
centra en la disponibilidad del analista y sobre
la respuesta emocional como medio de encuentro, anticipando
los conceptos que Baranger desarrollará en
sus trabajos sobre Campo Analítico.
De los
escritos de Bion, se centra en Memoria del Futuro
y Cogitations. Enfatiza las ideas de Bion en términos
de una mente extensa y relacional, un evento interpersonal
antes que intrapsíquico
(el vínculo); así como la función
fundamental del devenir como eje del trabajo analítico.
Señala los efectos anti- bionianos de la exaltación
idealizada de su obra hasta transformarla en un credo,
una mística que puede llevar a un “preponderante
interés y vínculo con un análisis
ideal y con el grupo de referencia, en detrimento
a la atención al bienestar del paciente y
sus apenados y repetidos mensajes”. Asimismo toma
de Bion las críticas a un abuso del concepto
de envidia primaria, como “una explicación
sospechosa, porque puede tratarse de una realización
prematura o alucinatoria del credo asumido por el
analista, y no el resultado de la experiencia lenta
y progresiva de un encuentro que pueda soportar las
vicisitudes obstaculizadas y obstaculizadoras de
la relación”.
El recorrido
llega a Ferenczi, en cuya obra Borgogno demuestra
una profunda erudición y una gran
capacidad “conectiva”: establece correlaciones con
desarrollos teóricos ulteriores, señalando
las implicancias teórico- técnicas
y de ideología analítica de las distintas
posturas. Se centra fundamentalmente en sus ideas
sobre trauma, los sueños, la técnica
analítica
y el ser del analista. Basado en “ La elasticidad
de la técnica psicoanalítica (1928)
señala
la sorprendente modernidad clínica de la aportación
de Ferenczi, al considerar el reconocimiento y la
elaboración
de la influencia ejercida por el propio analista
sobre la evolución del proceso, el descubrimiento,
la valoración y la protección de la
alteridad como claves para el acercamiento del paciente
a la exploración de su propio inconciente.
En este sentido, resalta el tener en cuenta que las
respuestas del paciente no solo nos informa sobre
su “comprensión” (
insight) de lo interpretado, sino también
es un comentario secreto u oculto respecto a la actitud
y el funcionamiento mental del analista. Ello implica
una reflexión sobre los componentes activos
de las comunicaciones ( y las no- comunicaciones)
del analista que son inconcientes para este y que
sobrepasan las mejores intenciones de abstención
y neutralidad. ideas desarrolladas en nuestro medio
por Álvarez
de Toledo ( 1954) y retomadas más contemporáneamente
por H. Faimberg.
Otra línea explorada es
la referida al trauma. Borgogno señala la complejidad
del concepto de trauma de Ferenczi, al incluir
las expectativas, deseos, y conflictos parentales,
así como
los efectos fundamentales de la desmentida impuesta
en su constitución. También aparece
finamente captada la idea de lo transgeneracional,
(desarrollado entre nosotros por Berenstein y Puget),
al señalar
que “ el odio, el dolor psíquico, la herida,
la culpa y los duelos no metabolizados, que están
en la base de quien traumatiza, son a su vez resultados
del trauma y se van transmitiendo así entre
generaciones si no se hacen concientes y son convalidados
afectivamente”. Rescata las advertencias de Ferenczi
acerca de cuán fácil e inadvertidamente
el análisis puede re-traumatizar al analizante
si no se lo toma en cuenta cuidadosa y respetuosamente,
por aferramiento a la teoría y a un encuadre
rígido para evitar el sufrimiento y el terror
que podrían suscitar en el analista una mayor
disposición identificatoria para con su paciente.
El libro señala que el
trauma incide sobre la subjetividad y la existencia
autónoma, en
base a una tergiversación de los idiomas y
códigos
que llega a la anulación de toda palabra que
lo represente y lo compruebe, que se extiende más
allá del que realiza la violencia e involucra
a los demás miembros del contexto (a la manera
del pacto denegativo de Kaës, o el discurso
narcisista del conjunto, de Piera Aulagnier).
En
el apartado sobre Fenomenología compleja
de la traumático, considera con sutileza las
propuestas de Ferenczi acerca del funcionamiento
mental de los padres; así retoma las ideas
de Ferenczi en el sentido que el trauma no solo resulta
de situaciones o acciones puntuales, sino de expectativas,
deseos o actitudes parentales, como claramente se
ve en “ El
niño no bienvenido y su instinto de muerte” (Ferenczi
1929). Describe la “dejadez traumática”, insensibilidad,
desvalorización, no respeto a los límites;
relaciona estas actitudes parentales con el “olvido” (
hoy diríamos disociación) de la niñez
propia.
En el capítulo 11, examina
las novedosas ideas de Ferenczi sobre el sueño
y el soñar,
señalando la perspectiva precursora que ve
en el sueño un lugar de “ puesta en escena”,
un espacio de transformación potencial no
solo de la historia pasada, sino de la psicoanalítica
que se va construyendo. El sueño es para Ferenczi
al mismo tiempo memoria enterrada y en formación
(a la manera de lo señalado por Aulagnier
en el “aprendiz de historiador”); pero sobre todo,
el sueño es comunicación.
El recorrido
teórico lo cierra la cuidadosa
lectura dialógica del Diario Clínico
de Ferenczi, que relaciona con lo que Borgogno denomina “ algunos
puntos neurálgicos del psicoanálisis” Señala
la sinceridad, la humildad y autenticidad de este
escrito, impregnado de un riguroso espíritu
autoanalítico.
Toca en los conceptos de “terrorismo del sufrimiento” (de
tanta vigencia hoy día en nuestra sociedad).
Todo este recorrido teórico
cobra otro sentido al cotejarlo con el capítulo
5, donde el autor muestra con riqueza, generosidad
y sinceridad como estos conceptos teóricos son
aplicados en su propio trabajo clínico. Propone
la diferenciación
conceptual de dos categorías de objeto interno,
de acuerdo a las “ condiciones de su introyección”.
Las descripciones clínicas del “ conejo enano
blanco” o de Mirko, “el muchacho que se creía
un burro”, nos muestran claramente como este recorrido
en el que Borgogno nos propone que lo acompañemos,
se integra en una actitud clínica y una “filosofía
de trabajo”; da cuenta de la “ realización” de
todo este trabajo conceptual, sedimentado en la tarea
con el paciente.
Alguna vez he
comparado el trabajo analítico
con el de remontar un barrilete: se necesita algo
que vuele ligera y libremente, alguien con los
pies sólidamente
asentados en la tierra, y un muy buen hilo que los
conecte. El magnífico libro de Borgogno abarca
holgadamente estas condiciones, transmitiendo vivamente
la noción de una epistemología psicoanalítica
viva, en movimiento, y al servicio de nuestro compromiso
clínico.
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