Ps.
Juan V. Gallardo Cuneo
Director.
INDEPSI
"Hungría,
tan íntimamente enlazada a Austria desde
el punto de vista geográfico como ajeno
a ella científicamente, no nos ha aportado
hasta ahora más que un solo colaborador:
S. Ferenczi; pero tal, que vale por una asociación
entera” (Freud, 1914, p. 1911).
Introducción
Presentar la biografía de Sandor Ferenczi,
el llamado “enfant terrible” del psicoanálisis,
es intentar hacer presente uno de los espíritus
más claros y lúcidos de la primera
generación de psicoanalistas y, simultáneamente,
brindar un claro ejemplo de como variables extra-psicoterapéuticas
se entremezclan, interfiriendo y distorsionando
el desarrollo de la psicoterapia debido a los inevitables
conflictos de poder e intereses de sus actores.
Por otro lado, hablar de él, es también
referir a como el paso del tiempo invariablemente
resitúa los verdaderos aportes teórico-clínicos
más allá de las eventuales contingencias
coyunturales en que se desarrolla el conocimiento
de la teoría psicológica.
Este
fecundo analista, de quien se ha dicho que era
el más clínico de todos los analistas
de la Primera Generación y reconocido como
un terapeuta extraordinario, promovió además
entre sus colegas la defensa de los derechos de
los homosexuales marginados y perseguidos en Europa
de principios de siglo, y fue uno de los primeros
clínicos en ligar la homosexualidad a la
patogenia de la paranoia. Fundador y ex-presidente
de la Asociación Internacional Psicoanalítica,
tuvo un rol preponderante en la formulación
de Programas de entrenamiento para psicoanalistas
proponiendo mayor flexibilidad y una “intervención
activa” por parte de los terapeutas (abogando
por evitar el uso de la “neutralidad técnica” como
un refugio de agresión pasiva tras la cual
se manifestaban pulsiones de frialdad y crueldad),
a la vez que contribuyó significativamente
a la defensa de los psicoanalistas “no-médicos” y
al debate del tratamiento de las víctimas
de abuso sexual infantil (Stanton, 1990).
El
redescubrimiento de las innovaciones de Ferenczi
en las distintas áreas en desarrollo del
psicoanálisis actual, sus escritos lúcidos
en observaciones clínicas, su propuesta
de integración de lo biológico y
lo psicológico, el énfasis en la
importancia del terapeuta como “persona” y
en la contratransferencia como parámetro
técnico, su noción del “lenguaje
de la ternura y de la pasión”, y su
desarrollo del utraquismo y del Bioanálisis,
solo por citar algunos aspectos de su obra, invitan
a resituar a Sandor Ferenczi en la correcta posición
que le corresponde en el concierto psicoanalítico.
“Espíritu
original, audaz y creador, cauteloso al extremo
de preservarse de todo dogmatismo y de conservar,
de esta forma, una completa autonomía de
pensamiento y de acción, Ferenczi creó una
obra que aparece hoy en día como una de
las mas atrayentes que el psicoanálisis
haya inspirado en su tiempo, ya que, animado por
una imaginación creadora permanente, imaginación
muchas veces poblada de un verdadero soplo poético
y épico, está constantemente cruzada
por las intuiciones fulgurantes de su autor” (Bokanowski,
1997, p.5).
Destacado
por un talento poco común como terapeuta,
Ferenczi quien recibía los casos más
complejos derivados por otros analistas de su tiempo,
se abocó a la cura de lo que hoy por hoy
llamaríamos: trastornos graves de carácter,
personalidades “como si”, estructuras “narcisistas” y
pacientes limítrofes. Operando en el límite
mismo en el que los parámetros técnicos
del método tradicional flaqueaban, fue derivando
poco a poco hacia una serie de consideraciones
técnicas y teóricas que fundarían
las bases de una profunda divergencia teórica
entre él y Freud, a la fecha muy mal comprendida.
Ferenczi propone una renovación y una mutación
de los parámetros psicoterapéuticos
que “inauguran un giro en la historia misma
de ciertos conceptos claves del psicoanálisis
a los que hoy en día, todos los psicoanalistas
recurren mas o menos directamente, tanto en la
teoría como en la práctica” (op.
cit. p. 6), inicia la exploración de las
regiones psíquicas más allá de
lo edípico, de lo simbólico, e intenta
explicar las capacidades de escisión del
funcionamiento originario de la psiquis. Su obra
incursiona en contenidos tales como: el concepto
de introyección y proyección “primitivas”;
la regresión en la cura psicoanalítica;
la importancia de la contratransferencia en el
tratamiento y la necesidad del propio análisis
del terapeuta (segunda “regla fundamental” del
análisis). También destaca la importancia
en ciertos pacientes de la necesidad de establecer
una relación simbiótica primitiva,
y de prestar atención a los fantasmas precoces
madre-hijo; al entorno y las huellas psíquicas
maternas; y a los problemas metapsicológicos
derivados de los vínculos. Realiza importantes
distinciones entre el traumatismo, lo traumático
y el trauma; entre el clivaje del yo y el clivaje
narcisista como consecuencia de traumatismos psíquicos
precoces; y entre el clivaje de los pensamientos
y el cuerpo (clivaje somatopsíquico). Así mismo,
enfatiza la importancia para ciertos sujetos, de
la necesidad de que se reconozcan las descalificaciones
de sus afectos y de sus sensaciones subyacentes
a un entorno traumatógeno (la “locura” maternal);
y la importancia del amor primario y el odio primario,
entendiendo el odio como medio de fijación
mas fuerte que el amor (el amor del odio); y los
problemas del término de la cura psicoanalítica;
entre otros temas (ibid).
De
esta suerte incursionar en un terreno tan prolífico
e innovador, aventurarse en los inconmensurables
espacios metapsicológicos por él
inaugurados, y aprehender sus propuestas aún
inexploradas, como el utraquismo y el Bioanálisis,
parecieran demandarnos inevitablemente un esfuerzo
por conocer los antecedentes biográficos
de una de las historias más fascinantes
que giran en el universo psicoanalítico.
La presentación de esta biografía
de Sandor Ferenczi, es por tanto una revisión
de sus datos biográficos y el esbozo de
un conjunto de hipótesis, las que si bien
no desarrolladas son al menos planteadas, con miras
a una comprensión más profunda de
sus aportes teóricos y clínicos,
y de su existencia. Este resumen biográfico
considera solo tangencialmente los antecedentes
de carácter profesional de la relación
Freud y Ferenczi, tales como: las reuniones de
los Miércoles, el rol de Ferenczi en la
Asociación Internacional Psicoanalítica
(IPA) y como “Gran Visir y Paladín
Secreto”, los primeros Congresos de Psicoanálisis,
el viaje a Estados unidos de ambos con Jung, el “Comité Secreto” y
las vicisitudes de las discrepancias teórico-técnicas
entre ambos. El principal propósito es acercarse
a los datos más personales que permiten
vislumbrar la fascinante, compleja y profunda personalidad
de Sandor Ferenczi.
Los
orígenes
Sandor
Ferenczi nació el 7 de julio de 1873 en
Miskolcs, un pueblo provinciano en el norte de
Hungría que, frecuentemente, servía
como el primer punto de parada para los inmigrantes
venidos desde el norte, cuando aun era Sandor Fränkel,
(aunque en estricto rigor Alexander Fränkel).
Alexander (“el protector del hombre”)
posteriormente cambiaría por su diminutivo
Sandor (This, B., 1996, p. 77), [1] en tanto Fränkel,
seis años después devendría
Ferenczi. Su padre era Baruch Fränkel nacido
en Cracovia, Polonia en 1830, hijo de una familia
de judíos polacos, quienes habían
emigrado a Hungría, posiblemente escapando
de los pogromos antisemitas. Su madre era Róza
Eibenschütz, nacida también en Cracovia,
Polonia, el 11 de diciembre de 1840, quien se traslada
poco después a Viena, Austria. Si bien estos
orígenes nos hablan de dos familias de inmigrantes
judío polacos, su influjo aun nos es demasiado
oscuro para develar el impacto que dicha condición
marcaría en su identidad. No obstante, constituyen
una señal de las marcas atávicas
que se inscribirán en su historia personal,
tal como lo testimonia el tradicional estereotipo
de familia judía, la típica costumbre
de cambiar los nombres de pila de los hijos, la
sólida noción de clan familiar y
la asignación de roles, y/o la profunda
identidad idiosincrática judía (Freud,
1934-38).
Su
padre, quien después cambiaría su
nombre por Bernath Fränkel, había participado
activamente en la revolución liberal, progresista
y nacionalista de 1848, uniéndose a los
insurgentes que se oponían al Imperio Habsburgo,
haciéndose acreedor de un pasado radical
y patriótico, él una vez instalado
en Hungría llegaría ser administrador
y luego propietario de una librería, para
finalmente ejercer la profesión de impresor
y editor de literatura radical y política
de primera línea, e instalar una agencia
que organizaba conciertos para artistas de renombre
mundial. De él sabemos que en 1879, cambia
su apellido Fränkel, declinando el uso del
apellido Ferenczy, signo de nobleza, por el más
popular Ferenczi, que en 1880 es elegido presidente
de la Cámara de Comercio de Miskolcs, y
que en tanto prominente figura pública vinculado
a la intelectualidad de la época, congrega
a su alrededor un numeroso grupo de intelectuales,
artistas y pensadores de la época.
Bernarth,
en 1958, a la edad de 28 años se había
casado en Viena, con Róza Eibenschütz
de 18 años, con quien tendrá un total
de doce hijos. A la edad de 43 años, nace
su octavo hijo, el pequeño Sandor, que según
testimonios familiares habría sido el hijo
predilecto y quien lo habría acompañado
en sus variadas actividades. Sandor, dado los intereses
culturales de su padre, habría pasado su
infancia en una atmósfera familiar e intelectualmente
estimulante, destacándose como un alumno
brillante en el colegio protestante de su pueblo
y, ya de adolescente se habría dedicado
a escribir poemas en el estilo de Heine y a experimentar
con la hipnosis cuando era todavía un estudiante
de la escuela superior en Miskolcz. Cuando Sandor
tenía la edad de quince años, muere
su padre a los 58 años, dejándole
una marca afectiva que lo acompañará durante
toda su vida. Marca que signará la relación
entre él y Freud, y sea que la llamemos “complejo
paterno” o “desmentida del parricidio
original”, se articulará como una
de las matrices comprensivas de la historia por
venir.
Su
madre Róza Eibenschütz, de quien sabemos
poco, nos impacta como una mujer activa y dinámica,
que acompaña a su marido en las actividades
laborales, sociales y públicas, gobierna
la numerosa familia, y preside la Unión
de las Mujeres Judías de la ciudad. A los
48 años, tras la muerte de Bernarth, nos
sorprenderá como una persona fuerte, que
se hace cargo de la dirección de la librería
y de la imprenta administrándola con gran éxito,
e instalando otra sucursal en una ciudad vecina
(Nyiregyhaza). Esta madre de doce hijos, cuenta
con 33 años en el momento de nacer Sandor,
ha estado embarazada ocho de los quince años
de matrimonio y lo estará cuatro veces más
en los próximos ocho años. Al momento
de nacer Sandor, el grupo filial lo componían:
Enric, el mayor que tenía trece años,
Max, Sigmund - el hermano favorito de Sandor -,
Ilona y María - antes llamada Ribus (posiblemente
Rebeca) -, Jacobo llamado Joseph y, finalmente
la pequeña Gizella de poco más de
un año de edad. “Gizella y Sandor,
hermano y hermana de edades muy próximas,
serán educados juntos, casi como si fueran
gemelos” (This, B., en Nasio, J., 1996, p.
82). Después de Sandor nacerían Maritz-Caroline,
Vilma - la décima hija quien morirá antes
de su primer año de vida en 1981 cuando
Sandor tenía 8 años -, el hermano
menor Lajos, y finalmente en 1883, Sofía.
No
hay duda que un minucioso estudio de los implícitos
de estos antecedentes: la disponibilidad materna
afectiva al interior del grupo familiar, el rol
del padre-amado fecundador perpetuo, prematuramente
muerto, así como del efecto de este numeroso
grupo de hermanos, que Freud llamará el “complejo
fraterno de Ferenczi”, arrojarán interesantes
hipótesis en relación a las vicisitudes
del desarrollo psicológico de Ferenczi,
su dramática búsqueda del amor de
pareja, su negada paternidad, su relación
como “hermano mayor sin reproches”,
y en especial, su relación experiencial-afectiva
con Freud, sugiriendo análisis ineludibles
para comprender parte de los fundamentos fenomenológicos
del conjunto de teorizaciones construidas por Ferenczi,
tal como nos refiere B. This:
“Resulta
evidente que en esta difícil atmósfera
familiar, el pequeño Sandor no pudo vivir
la delectatio indispensable para la plenitud de
su ser y de su salud física. No hay posibilidad
alguna con esa madre hiperactiva y sobrepasada,
por más inteligente que fuera, de cumplir
su ‘deseo vital’. Por tanto, no hay ‘seguridad
básica’ haptonómica, confirmada
en una relación de tranquilidad. Buscará constantemente
afirmarse intelectualmente, siempre en búsqueda
de nuevos estímulos, en la vana espera de
lo que podría sosegarlo. Es la ‘catástrofe’ afectiva.
Manifestará sin cesar la intención
de ser reconocido afectivamente en el ‘Bueno’ que
es, pero este anhelo jamás será colmado
y su ser jamás será confirmado. Sólo
encontrará frustraciones cuya acumulación
constituye un trauma cuando el deseo vital no se
realiza” (op. cit. pp. 83 - 84).
El
desarrollo
Estimulado
por un ambiente familiar rico en libros y música,
Sandor desarrolló intereses culturales de
gran alcance: la librería paterna le permitía
disponer de gran cantidad de obras húngaras
y extranjeras que tuvieron en él una gran
influencia. Poetas húngaros y los grandes
autores franceses, poblaron sus horas de intelectualidad
y lo inician en la búsqueda de lecturas
cuyas influencias filosóficas, literarias
y políticas, se sumarán a aquellas
que provenían directamente de un padre a
la vez culto y radical. No obstante este clima
librepensador en lo que a política, filosofía
y literatura se refiere, se acompaña de
una propuesta extremadamente reservada en relación
a la vida afectiva, donde los contactos físicos
eran tan infrecuentes, así como los diálogos
de intimidad, sobre el cuerpo, el sexo o los afectos.
En
este contexto Sandor nos dirá: “Según
mi recuerdo, es seguro que de niño yo recibí de
ella (su madre) demasiado poco amor y demasiada
severidad, sentimentalismo y caricias eran desconocidas
en nuestra familia. Mientras que con mucho cuidado
eran cultivados sentimientos como: el respeto púdico
hacia los padres” (Ferenczi/Groddeck, Navidad
1921, pp. 55-56). ¿Será ésta
una descripción de una estructura familiar
del tipo “como si”, en la cual la existencia
de un componente de “sobreadaptación” coexiste
con un otro de velada hipocresía en el que
ocultar los malos hábitos fuera lo más
importante? Así, el joven Sandor desarrollará por
una doble vertiente: por un lado, un excelente
alumno, joven poeta, tímido, nunca empleando
palabras obscenas; y por otro, el onanista secreto,
explorador de juegos infantiles homosexuales, quien
frecuenta a escondidas prostitutas con dinero robado
de los ingresos familiares. No obstante, Sandor
intenta en determinados momentos ligar ambas dimensiones,
dejando, por ejemplo, ante la vista de su madre, “olvidada” una
lista de palabras obscenas escritas por él,
pero que inevitablemente provocarán sermones
moralizadores, inductores de culpa, más
que una acogida maternal que de cuenta del real
significado de esa conducta.
Ahora
bien, esta madre abandonante por un lado, y admirable
educadora por el otro, signará en Sandor
una relación profundamente ambivalente,
la que sumada a ciertas experiencias con nodrizas
e institutrices, inevitables sustitutos maternos
en este escenario, fundarán las condiciones
del drama afectivo que cruzaría toda su
vida, ofreciéndole una triple vertiente
experiencial: el desgarramiento permanente entre
el amor a dos mujeres, la real y el fantasma; la
posibilidad de hacer de este, su drama, una fuente
de conocimientos de lo intrínsecamente humano,
y de ahí la osadía de compartirlo;
y un material humano propicio para que sobre él
se escarneciera una sociedad, que reprodujera a
través de E. Jones primero, y el mundo psicoanalítico
después, los idénticos patrones familiares,
bajo los cuales “designificando” una
experiencia compleja, se hace posible organizar
un discurso “operatorio” que vehiculiza
en su designificación pulsiones enmascaradas,
creando una realidad “como si” u operatoria.
De
su infancia sabemos de ciertos eventos de naturaleza
traumática de tipo sexual: de juegos sexuales
con cierta empleada, la que “... me permitió jugar
con sus senos, pero luego apretó mi cabeza
entre sus piernas, de modo que me asusté y
sentí que me estaba sofocando” (Stanton,1990,
p. 109); de una fálica rivalidad con su
hermano Karl; de intensas emociones rabiosas hacia
una madre excesivamente fuerte (en contraste al “débil” padre
amado); y de un evento de “seducción” de
parte de un niño de 6 años cuando
el tenía alrededor de 5: “su pene
era más grande, ‘bellamente tostado’,
y con venas azules. (...) él me sedujo [verleite
er mich] permitiéndome meter su pene en
mi boca. Yo recuerdo el sentimiento de asco que
surgió fuertemente en mí (temí que
hubiese orinado en mi boca). No le permití hacerlo
por segunda vez” (op. cit., p. 110).
Cuando
Sandor está próximo a cumplir los
15 años, su familia se relaciona cercanamente
con la familia Altschul, de la cual Gizella Altschul,
quien a la sazón tenía 23 años,
es una de sus miembros. Gizella pronto se casará con
Géza Pálos, con quien tendrá dos
hijas, Elma y Magda. (Magda se casará más
tarde con el hermano menor de Sandor, Lajos). Sandor
posteriormente se enamorará apasionadamente
de Gizella, y luego de su hija Elma, inaugurando
desde esta “compulsión a la repetición” que
movilizará su “retorno de lo inconsciente”,
la estructura fundamental del drama afectivo que
lo conflictuará por el resto de su vida.
La
formación en medicina
Después
de una exitosa trayectoria en la Escuela Protestante
de Miskolcz, Sandor Ferenczi viaja a Viena y se
inscribe en la Universidad para estudiar medicina,
llegando a vivir a la casa de un tío, hermano
de su padre: Zsiga (Sigmund) Fränkel, y frecuenta
a su familia materna, iniciando una vida más
relajada que durante su periodo escolar. “Sus
años de estudio representaron su primera
experiencia de independencia (...) a diferencia
de su periodo escolar, no fue un alumno demasiado
estudioso en la universidad; prefería dedicarse
a la buena vida” (Balint, M., 1968 ,p. 13).[2]
Su hermano favorito Sigmund, en ese entonces está trabajando
en una papelería cerca de Viena, así que
los hermanos compartirán tiempo juntos y
practicarán alpinismo.
Ferenczi
obtiene su diploma de médico en 1894, a
la edad de 21 años, y consecutivamente hace
su servicio militar en la armada austrohúngara,
decidiendo tras su regreso especializarse en neurología
y psiquiatría, desarrollando su pasión
por la hipnosis reforzada por la literatura francesa
sobre hipnosis e histeria, y acercándose
por primera vez al trabajo de Freud con Breuer.
En este período su pensamiento se ve influenciado
principalmente por su amigo y redactor jefe de
una de las principales revistas médicas
de Hungría, el diario médico Gyógyàszat,
Max Schächter, al punto de hacerse llamar
en broma como “Schächter miniatura” En él,
Sandor ve un modelo de formación de carácter
y buscará mostrarse digno de tan respetable
modelo. Durante 1897, se inscribe como interno
en el Rókus Hospital en Budapest, especializándose
en neurología y neuropatología, y
en 1898 pasa a ser doctor auxiliar en el Hospicio
de los Pobres Elizabeth en Budapest al servicio
de los desposeídos y las prostitutas.
Durante
esta época se le pide que realice un comentario
para la revista húngara dirigida por Schächter
de la “Interpretación de los sueños” de
Freud, cosa que él hace leyendo el texto
superficialmente y concluyendo que dicho material
no vale la pena de ser tomado en cuenta, sin ni
siquiera juzgar oportuno considerar si contenía
al menos algún elemento de verdad. Posteriormente,
esta misma experiencia le permitirá en un
descarnado autoanálisis mirar sus propias
resistencias a aceptar un material que se situaba
en el centro mismo de su mayor herida psicológica
y afectiva, y que sustentaba su actitud frente
a la sexualidad y a sus reprimidas representaciones.
Durante
este período inicia una serie de publicaciones,
llamadas actualmente “Los escritos de Budapest “ (Ferenczi,
1899-1907) dentro de los cuales destacan sus escritos
preanalíticos tales como: “Espiritismo” (1899), “Dos
errores de diagnóstico” y “Consciencia
y Desarrollo” (1900), “El Amor en las
Ciencias” (1901), “La homosexualidad
femenina” (1902), ”Encefalopatías
saturninas” (1903), “El valor terapéutico
de la hipnosis” (1904), “Acerca de
la neurastenia” y “Estados sexuales
intermedios” (1905), “Acerca del tratamiento
por sugestión hipnótica” (1906)
y más de cincuenta artículos sobre
la condición física de los más “desfavorecidos”,
en su mayor parte basados en su trabajo con prostitutas.
En muchos de estos textos prefiguran ya algunos
elementos de sus más tardíos trabajos
sobre categorías clínicas: el proceso
de la cura, la relación terapeuta-paciente,
y el “Bioanálisis”; conjugándose
en ellos un Ferenczi pre-psicoanalítico,
cuya capacidad de observación, de análisis
y de reflexión se desplaza ya fluidamente
en el conjunto “utraquístico” de
lo biológico, lo psicológico y lo
fenomenológico (clínico). Años
después, estos intereses y preocupaciones
se presentisarán en el discurso psicoanalítico
como un conjunto de conceptos que surgidos de su
pluma, inaugurarán espacios de discusión
inéditos con temas tales como “transferencia”, “contratransferencia”, “relaciones
de objetos”, “introyección”, “edipo”, “clivaje”, “automatismo
de repetición” y también polémicos,
como “terapia activa”, “terapia
de la indulgencia”, “análisis
mutual”, “lenguaje de la ternura y
de la pasión”, entre otros.
Sandor
al inicio de su tercera década de vida,
ejerce como médico, escribe prolíficamente
y participa de modo activo en la vida política
húngara, llegando a ser el representante
del Comité Humanitario Internacional para
la Defensa de los Homosexuales, - fundado por Magnus
Hirschfeld en 1897 -, abogando por reformas legales,
haciendo proselitismo y sensibilizando a sus pares
sobre el tema en oposición a la perspectiva
propuesta por las eminencias de ese entonces Krafft-Ebing
y Möbius, en especial en relación a
la consideración de la homosexualidad como
una enfermedad degenerativa. En la misma línea,
alrededor de 1903, fustiga el orden médico
conservador al cuestionar la actitud de la institución
médica, señalando la hipocresía
y los dobles estándares con que los médicos
desarrollan una supuesta ética profesional
hacia sus pacientes, su rol y sus pares.
Desde
este escenario, el joven médico húngaro
que acumula progresivamente una sustanciosa experiencia
médica, clínica y terapéutica,
va espontáneamente convergiendo hacia todo
aquello que le clarifique los complejos mecanismos
que subyacen a la experiencia humana. El sabe de
Jung y de su “Test de la Asociación
de palabras”, se compra un cronómetro
y durante un tiempo aplica dicha metodología
a cualquiera que estuviera dispuesto a trabajar
en ello para luego, gracias a la influencia de
Phillipe Stein, retomar los artículos originalmente
leídos y descartados de Breuer y Freud,
y desde esta segunda perspectiva cristalizar toda
la experiencia acumulada, acercándose definitivamente
al pensamiento de lo inconsciente, de la psicología
profunda que se gestaba en la mente de Sigmund
Freud.
Este
joven profesional, nos impacta como un talentoso
médico, prolífico en su pluma, militante
activo de la defensa de los desposeídos
(prostitutas, pobres, homosexuales), critico e
innovador en su pensamiento, “espíritu
cultivado, ecléctico e insaciablemente curioso
(...) un hombre cuya sensibilidad, personalidad
firme y deseo de cuidar a los otros..” (Bokanowski,
1997., p. 10) lo convierten en un ser particularmente
no contestatario, aunque profundamente subversivo,
en síntesis, una personalidad genuinamente
revolucionaria, que preludia aquello que inevitablemente
subyugaría a Freud.
El
encuentro con Freud
La
relación Freud y Ferenczi, merece una especial
atención pues lo primero que impresiona
es lo poco o mal entendida que ella ha sido a través
de gran parte de la literatura especializada. Primero
que nada porque ya es un lugar común plantear
que Freud después de su tormentosa relación
con Fliess, nunca más habría mantenido
un vínculo tan profundo con ningún
otro, en segundo lugar porque cuando se alude a
la relación Freud-Ferenczi generalmente
se enfatizan los conflictos suscitados entre ambos
a partir de la reiteradas demandas afectivas de
Ferenczi, los conflictos emocionales de este y
las divergencias teóricas que ambos tuvieron
en los últimos tiempos. En tercer y ultimo
lugar por que al hablar de la amistad de estos
dos hombres, a pesar de la evidente diferencia
de edad, se lo hace como si ambos fueran coetáneos
y no se consideran los distintos momentos evolutivos
que cada uno experimentaba producto de sus individuales
desarrollos humanos.
Situación
paradojal y tragicómica, si se considera
que la mayoría de los estudios acerca de
la historia del movimiento psicoanalítico
de Jones, Gay, Kerr, Rodrigué, solo por
citar algunos, se basan en las correspondencia
de ambos y donde la intensidad de los contenidos
vertidos en ella no dejan lugar a dudas de la profundidad
del vínculo, considerando los diecisiete
años de diferencia que los separaban. Desde
esta perspectiva cabe destacar que “Ferenczi
fue quien mayor intimidad mantuvo con Freud de
todos los analistas de la nueva generación
que se agruparon en torno a éste; fue el
primero en ser llamado por Freud ‘querido
amigo’ en sus cartas, el único que
fue invitado a viajar con él durante sus
vacaciones celosamente ocultadas (Balint, M., 1968,
p.11). Referencias incluso mezquinas, cuando obvian
que fue también el analista testigo por
más de dos décadas de la historia
del movimiento, testigo directo de las vicisitudes
Freud-Jung, segundo hijo amado por Freud, sucesor
designado frente a la eventual muerte de Freud,
corresponsal de más de 2.500 cartas, paladín
y gran visir secreto, hitos todos que no alcanzan
siquiera a palidecer frente a las controversiales
contingencias experimentadas por ambos, pero que
sorprendentemente han quedado diluidos como si
una intención predeterminada aspirase a
desperfilar este vínculo por contener en
si el germen de una amenaza nunca dilucidada.
Sabemos
que Jung viaja a Viena el domingo 3 de Marzo de
1907 a visitar a Freud, y asiste al Encuentro de
los Miércoles del círculo de Freud
en la tarde del 6 de Marzo. “La semana siguiente,
Jung prosigue a Budapest y se encuentra con el
Dr. Stein (1867-1918), un amigo y colega de Ferenczi.
Jung y Ferenczi se encuentran y mantienen largas
conversaciones durante esta visita. El 28 de Junio,
Jung escribe a Freud que ”El Dr. Stein de
Budapest y otro especialista mental, el Dr. Ferenczi,
quieren visitarlo por algún tiempo en Viena
y me han pedido que le pregunte cuando sería
más conveniente para usted“ (Freud/Jung,
28 de junio de 1907).[3] Preparadas las condiciones,
no será sino hasta el domingo 2 de Febrero
de 1908, que Stein y Ferenczi visitan a Freud produciéndose
el primer encuentro que marcará un hito
en el desarrollo del movimiento psicoanalítico.
Freud esta cercano a los 52 años en tanto
que Ferenczi tenía 34 años. No obstante
la diferencia de edad, Ferenczi y Freud congenian
tanto que éste último lo invita a
presentar un trabajo en el Primer Congreso Psicoanalítico
en Salzburgo y, hecho inaudito, a encontrarse en
Agosto con él y su familia en Berchtesgaden,
donde pasaban las vacaciones estivales. Se iniciaría
así una amistad que durará 25 años.
Amistad
que llevará a Freud a confesar su deseo
de que Ferenczi hubiese sido su yerno (M. Stanton
alude al deseo de que Ferenczi desposará a
Matilde, C. Lorin lo refiere a Anna), amistad de
la que espera contar con un par, en la que el “querido
amigo” devendrá “querido hijo”,
y llegara a ser su paciente durante tres semanas
en septiembre de 1914 - análisis que debió interrumpirse
por la movilización militar de Ferenczi
y que se continua en junio de 1916 durante tres
semanas más, a razón de dos horas
diarias -, e informal a lo largo de la vida, y
en la cual lo investirá, primero su paladín
secreto y luego su “futuro sucesor”.
Para Ferenczi, en tanto, Freud será el “padre
que aparentemente no temerá apoyarse en
su hijo”, aquel a quien osará ofrecer
su ayuda terapéutica. Esta amistad los llevara
a vacacionar juntos en Berchtesgaden (1908), USA
(1909), Leyde, París, Roma, Nápoles,
Palermo y Siracusa (1910) -dando origen al estigmatizado “incidente
de Palermo” cuya interpretación requeriría
una consideración mas detallada del momento
de la relación y de las edades de los actores,
que una literalidad de los juicios vertidos durante
ella -, en las Dolomitas (1911), en Roma (1912),
en Dalmacia (1912), y en Corfu -Grecia- (1913).
Rescatemos
de entre ellos el viaje de 1909, cuando Freud es
invitado junto a Carl Jung a Estados Unidos, para
dictar una serie de conferencias en la Universidad
de Clark, invitando a Ferenczi a unirse a ellos.
Durante esa ocasión la amistad de los tres
hombres se estrechara profundamente, ellos discutirán
sobre psicoanálisis, comentaran las conferencias
de Freud, y estrecharan sus vínculos de
forma tal, que los intercambios epistolares entre
Freud y Ferenczi (Ferenczi/Freud, 1908-1914) devendrán
más cálidos, más estrechos
e íntimos. Terminado este año, Ferenczi
publicará “Transferencia e Introyección”.
Esta experiencia permitirá a los tres hombres,
analizarse recíprocamente, interpretarse
sueños y dialogar en torno a todo aquello
que podemos imaginar que llenaría su espacio
intelectual, y sentara las bases de una historia
que los unirá en los momentos de crisis
profesionales, afectivas y sociopolíticas.
Paradojalmente, aunque la literatura especializada
comenta este periodo de tiempo, nunca aparece con
claridad la real significación que una historia
de esta naturaleza alcanza en un vinculo de amistad,
en términos de estabilidad, profundidad
e intimidad; y por el contrario, eventos puntuales
nutren a aquellos que, en un análisis de
tipo “pars pro toto”, describen un
estilo de relación que desmiente el significado
total del conjunto de eventos.
A
partir del reconocimiento explícito de Freud
de que muchos de los textos tanto de él
como de Ferenczi habrían sido trabajados
en conjunto (Freud, S., 1933), portando así tanto
un saber del uno como del otro; y sumándose
al obvio reconocimiento de que el sabio vienés
nutrió su plexo de hipótesis analíticas
con algunas de las geniales intuiciones del psiquiatra
húngaro - tal como lo testimonia el concepto
de “edipo” (Kerr, J., 1993), de “transferencia
y contratransferencia”, de “relaciones
preobjetales y objetales”, entre otros -,
surge la duda, apoyada además por la comparación
de los estilos literarios, de la edad y madurez
profesional de cada uno, del entrenamiento previo
en el manejo de conceptos psicodinámicos,
de cuanto el artículo “Transferencia
e Introyección” (1909c) tiene de Ferenczi
y cuanto de Freud. Esta hipótesis, que por
un lado nos plantea el reto de estudiar la estructura
del discurso de Ferenczi en sus escritos preanalíticos,
tan arduamente rescatados por C. Lorin en los “Escritos
de Budapest de Sandor Ferenczi” (1899-1907),
a su vez podría testimoniar un grado de
confianza, intimidad y comunión tal entre
estos dos hombres, que humanizaría una relación,
la cual a pesar de los intentos de profundización
y estudio, tiende a ser vivida como si en ella
se tratase de “objetos parciales”.
Hipótesis
cruda si una colaboración de este tipo viniese
a articularse como una desmentida del talento de
Ferenczi, o una afirmación de la habilidad
manipulativa o instrumentalizadora de Freud, como
se ha querido ocasionalmente interpretar en relación
al surgimiento de la Asociación Psicoanalítica
Internacional, y que Freud nunca desmintió.
Articulación que amenaza con situar todo
posible conocimiento histórico en una cadena,
de la cual lo psicoanalítico no ha podido
desprenderse, que convierte cualquier dato complejo
de realidad en ideología, juego de poder
y contradefensa ante la peligrosidad de un gran
Otro, y que deshumaniza profundamente el proceso
de desarrollo del saber psicoanalítico,
del psicoanálisis y de la orgánica
psicoanalítica. Parece preferible, como
decía Ferenczi “no hay un derecho
superior a aquel de la verdad” (Ferenczi,
S., 1899-1907, p. 255), plantear una hipótesis
de esta naturaleza en miras a determinar la verdadera
cualidad humana de Ferenczi y el grado y profundidad
de la relación de amistad de ambos, toda
vez que la factibilidad de este hecho solo vendría
a dar cuenta de la compleja dinámica de
un proceso histórico, como el que Freud
realizó con la creación, desarrollo
y consolidación del saber analítico.
El
drama pasional
Alrededor
de sus 31 años, Ferenczi inicia una relación
amorosa con Gizella Palos, dando origen así a
uno de los capítulos mas desgarradores en
su vida. Desgarrador por que testimoniaría
con su propia vida aquello que todos sabemos desde
siempre: que la “compulsión a la repetición” y
el “retorno desde lo inconsciente” se
sitúa exactamente en el lugar de donde surge
la única opción de trascender la
propia historicidad, aprender de la existencia
y posicionar, desde la aceptación del ”principio
de realidad” frente al “principio de
placer” que aspira a desmentir las experiencias
dolorosas vividas, nuestra imposibilidad de huir
del impacto que el brutal encuentro con lo real
produce. Desgarrador por que lo sitúa en
el epicentro de una estructura común a todos
los terapeutas: su historia, su propio edipo, sus
propios conflictos afectivos (Roazen, P.,1975),
y él con su denuncia brutal moviliza todas
las fuerzas de lo colusivo, del acallamiento, de
lo desmentido. Finalmente desgarrador, por que
devela descarnadamente ese mismo “Edipo”,
ya no como metáfora útil en el escenario
analítico, sino como estructura “arquetípica” de
las vicisitudes de lo humano en la búsqueda
de un real encuentro afectivo adulto, más
allá de la retórica y la discursividad:
la resolución del amor frustrado a la madre
y al padre, la renuncia a los fantasmas gratificadores
alucinatorios del amor, la renuncia a poseer el “imago” encarnado
en reflejos de realidad de la madre, la renuncia
al parricidio paterno y a la fantasía inconsciente
que lo cree posible y, finalmente la aceptación
de la castración, en el reconocimiento de
la imposibilidad de ocupar el lugar del padre y
la aceptación de que lo real posee ese algo
inalcanzable, incognoscible e incontrolable que
es la mismidad del otro.
La
relación de Sándor con Gizella, se
inicia alrededor de 1904, ella a los 39 años,
es ocho años mayor que él y está casada
con Géza Palos, con quien tiene dos hijas:
Elma y Magda. Géza es un hombre enfermo
y rehusa divorciarse de Gizella por lo que la relación
se moverá dentro de la clandestinidad. Siete
años después en Julio de 1911, cuando
Sandor tiene 38 años y Gizella 46, Elma
Palos, la hija mayor de Gizella, joven de 24 años,
atractiva pero sentimentalmente inestable, se encuentra
seriamente deprimida después del suicidio
de su amante, por lo que decide consultar a Sandor.
Ferenczi se siente intensamente enamorado de ella
y comunica a Freud “una casi segura involucración“,
en la medida que percibe el fracaso de su “neutralidad
analítica”. El “análisis” rápidamente
va quedando fuera de control y Ferenczi, confundido
y entrampado entre sus intereses tanto por la madre
como por la hija, acude a Freud con la intención
de que éste tome a Elma en análisis,
cosa que Freud, después de cierta resistencia,
decide aceptar e inicia en noviembre de 1911, en
Viena.
Este
complejo escenario, públicamente silenciado
durante largo tiempo, pero sin duda vox populi
en su época (Erös, F., 1989), en el
cual Jones se escudó para sustentar la parcial
y malintencionada versión de Sandor Ferenczi,
y que permaneció acallado por casi 60 años
- más por instigación de los herederos
de Freud que los de Ferenczi- solo recientemente
se ha hecho público en las Correspondencia
Freud/Ferenczi (Haynal, A., 1992)[4]. De tal suerte,
surge en la actualidad una serie de retos a la
hora de entender correctamente las significaciones
implícitas, tanto en lo estrictamente humano,
en lo terapéutico, como en la individual
evolución de Ferenczi. ¿Puede ser
esto entendido como un drama amoroso?, o ¿acaso
surge como el entrecruce de lo amoroso con las
vicisitudes de procesos contratransferenciales
perversos? ¿Es la inevitable disolución
de una trasferencia narcisista de Ferenczi desplegada
en un escenario donde el saber analítico
aun no había incursionado? o bien, como
se ha pretendido plantear, ¿es la “exoactuación” de
un terapeuta falto de control y antiético?,
hipótesis esta última que posteriormente
será instrumentalizada para estigmatizarlo
como una amenaza potencial a la hegemonía
del psicoanálisis. Resulta difícil
plantear respuestas en este momento, y solo cabe
afirmar que el futuro esperará análisis
serios, profundos, criteriosos que intenten dilucidar
la estructura de este triángulo - cuarteto
si consideramos el rol que Freud habría
de jugar en su resolución -, con miras a
ofrecer referencias del trayecto desarrollado por
el pensamiento de Ferenczi para entender la estructura
de lo fronterizo, de la transferencia y contratransferencia
en sus manifestaciones más complejas (fronterizas,
narcisistas, perversa y psicóticas).
Gizella
estaba dispuesta a renunciar a ese vínculo
por la felicidad de ambos, Elma y Sandor, ella
no puede darle hijos y esto constituye un deseo
por él profundamente anhelado, Ferenczi
fluctúa entre sus dudas sobre su elección
entre ambas mujeres. Freud analiza a Elma por tres
meses, y al término de este Ferenczi retoma
el análisis de Elma por cinco meses más.
Tiempo en que puede incorporar la interpretación
de su “propio complejo maternal” y
ponerla al servicio de Elma logrando separarse
afectiva y analíticamente de ella. Elma
viajará entonces a Estados Unidos donde
se casa con el norteamericano Laurvick, al poco
tiempo después. Todo el evento dejará una
profunda huella en Ferenczi, que retornará secuencialmente
en el tiempo. Sandor se casa con Gizella en 1919,
cuando tiene 46 años y ella 55. “La
convivencia entre ambos jamás se repondría
de esta crisis, Gizella herida, sintiéndose
ella misma dividida entre su amor a Ferenczi y
su amor maternal” (Bokanowski, T., 1997,
p. 16).
Triángulo
complejo, que se resuelve a la vez que se perpetua
fantasmagóricamente en la vida de Sandor,
en virtud de un Freud, padre opinante del “querido
hijo”, Freud terapeuta del amor fantasmático,
instaurador de la realidad en la elección
del objeto real (continente de pulsiones sádicas
hacia una madre originaria narcisista), y que inaugura
el retorno de las pulsiones hostiles hacia un padre
tempranamente muerto y por tanto, cruelmente abandonador.
Más en este lugar, padre que lidiará intensamente
por sus intereses refrenando el despliegue del “retorno
inconsciente” de la ambivalencia hacia el
padre amado, pero también resentido por
su pasividad ante el objeto materno, padre que
no castrará a su hijo sino que, desde la
confrontación de las potencias fálicas,
lo incitará a la renuncia del poder fálico
infantil imaginario, que signifique la dura aceptación
de la propia castración infantil, tan gráficamente
significada en la metáfora de “con
la ayuda de las paredes contráctiles del
recto era obligado a moldear para sí mismo
un órgano masculino - el miembro del adversario
odiado conscientemente- con el material plástico
de los omnipresentes contenidos rectales que no
podría remover por sí mismo” (Ferenczi,
S., 1919k, p. 95).
La
disidencia
Una
historia de esta intensidad, necesariamente ofrecería
el material para ver disidencia y conflicto a quien
quisiera encontrarlos, sin embargo cabe preguntarse
si estos habrían sido tales. Empezamos a
saber de las convergencias y divergencias de ambos
autores a través de sus 25 años de
amistad, tanto en lo teórico, lo técnico
como lo clínico, pero solo más recientemente
estamos alcanzando una visión de conjunto
que nos permita comprender el cúmulo de
datos para elaborar un análisis que devele
al objeto de conocimiento al que tratamos de llegar,
más que las características del sujeto
que intenta develarlo. Desde esta perspectiva cabe
preguntarse si una relación con estos niveles
de intimidad y humanidad podría haber sido
posible sin que en ella no se hubieran expuesto
conflictos típicamente humanos. Sin embargo
hablar de “disidencia” o “vicisitudes
al interior de una relación” implica
ya tomar postura, sea esta ver lo que no existe
y se desearía que hubiese existido, o fuera
el deseo de negar lo que existió para preservar
la idealidad de los objetos.
Históricamente
se ha optado por lo primero, fragmentando ciertos
datos y considerando por un lado hechos tales como:
las admoniciones de Freud a Ferenczi, la censura
del primero a la técnica del beso (Küsstechnike),
sus severas alusiones a una “segunda adolescencia”,
sus demandas de no publicación de uno u
otro material, o sus comentarios acerca de un Ferenczi
que “ya no estaba entre nosotros”,
hasta el descarnado “gesto de la mano extendida” (Erös,
F., 1989), en tanto que por el otro, los comentarios
de Ferenczi a Groddeck, sus reproches a Freud por
su transferencia no elaborada o mal contenida,
sus quejas de un Freud ya no disponible para él,
o su en definitiva defensa de las divergencias
teóricas a las que en conciencia y a partir
de su “no hay un derecho superior a la verdad” no
podía renunciar.
No
obstante al momento actual de la comprensión
de dicho vinculo, solo nos queda partir de la conciencia
de la existencia de distintos tipos de discursos
que atraviesan e intentan dar cuenta de un hecho
real, pudiendo hablar de discursos esquizoides,
orales, anales, fálicos, histéricos
o genitales; y por otro lado de distintos dominios
de discursividad: lo genital, lo neurótico,
lo fronterizo o lo psicótico, para intentar
un esfuerzo de resituar los datos en un orden comprensivo
que nos ilumine la estructura real de dicha relación.
Tarea pendiente aún, la que nos remite a
una cierta cautela, que bien podría suspender
todo juicio transitorio en espera de desarrollos
más completos y abarcativos del cumulo de
datos, que hoy por hoy empezamos a recabar. Tal
vez solo en ese momento podamos dimensionar si
dichas divergencias pueden equipararse a aquellas
precedentes como la de Fliess, Jung, Adler, Stekel,
Rank u otros (en las cuales lo teórico viene
a aparecer como el escenario en el cual se despliega “la
transferencia en vida” liderada por la “compulsión
a la repetición”, lo que sugiere una
instrumentalización de la relación)
; o si por el contrario revelan posiciones ideológicas,
hegemónicas, estratégicas, que colisionan
gradual o definitivamente un vínculo particular
a partir del despliegue de intereses individuales
(en las cuales lo teórico viene a aparecer
como “un escenario más de la vida” liderado
por las humanidades particulares, sugiriendo vicisitudes
de una relación) pero que no cuestionan
fundamentalmente la relación a pesar de
que transitoriamente la tensionen o lesionen.
Ferenczi,
ya desde 1908, año en que conoce a Freud
publica su primer artículo psicoanalítico “Psicoanálisis
y Pedagogía”, que durante su vida
solo sería publicado en húngaro,
y que sería sistemáticamente ignorado
y luego olvidado. En él podemos encontrar “un
anticipo de las posiciones que Ferenczi adoptará en
el movimiento psicoanalítico” (Balint,
M., 1968, p. 14) conteniendo ideas que aun hoy
en día parecerían osadas, y antecediendo
a un cumulo de proposiciones teóricas que
surgidas de su pluma vendría a enriquecer
el acerbo del discurso psicoanalítico, aunque
no a oscurecer las definiciones fundamentales de
dicho discurso: Freud reconoce la participación
de Ferenczi en una serie de problemas fundamentales,
y Ferenczi expresa sistemáticamente su gratitud
al influjo de Freud en su constante producción
teórica. Pero Ferenczi era un teórico
innovador y profundo, un clínico con un
talento poco común, que inevitablemente
derivaría a cuestionar profundamente los
parámetros técnicos en los cuales
se fundaba la clínica analítica de
ese entonces, “ofreciendo una serie de concepciones
teóricas y técnicas que estarían
al origen de una renovación y una mutación
de ciertos parámetros teórico-técnicos
allí establecidos” (Bokanowski, T.,
1997, p.6).
En
el límite de las innovaciones técnicas
de Ferenczi, al explorar las implicancias de los
aspectos transferenciales y contratransferenciales
que invadían el espacio psicoterapéutico,
se encuentra la propuesta de la “técnica
activa” inaugurando la fuente de una profunda
discrepancia que en el tiempo conflictuará la
relación entre estos dos grandes teóricos.
Dicha propuesta si bien inicialmente apoyada por
Freud, rápidamente conduciría hacia
la consideración de la problemática
del fenómeno de la repetición, la
regresión y la exoactuación suscitando
- incluso más allá de la conciencia
de Freud de lo correcto de la propuesta técnica-
los temores de que ella lesionara la consolidación
del movimiento psicoanalítico al ser aplicada
por sujetos no idóneos e inexpertos. La “técnica
activa”, derivará en la “técnica
de la tolerancia y la indulgencia”, para
finalmente conducir al “análisis mutuo”;
en tanto que en lo teórico se abocará a
la temática del “trauma y el traumatismo” manteniéndose
anclado a la abandonada primera teoría del
trauma.
Más
un análisis de la trayectoria teórica
de Ferenczi, no se condice con la hipótesis
de una disidencia entre Freud-Ferenczi. Si se considera
la evolución de sus ideas a partir de un
primer periodo de contribución a los descubrimientos
freudianos (1908-1914), en la cual observamos un
Ferenczi aportando con conceptos claves para el
andamiaje psicoanalítico - tales como: la
introyección (1909), la transferencia (1909),
los sueños (1909), el desarrollo y sentido
de realidad (1913), el edipo (1912), la homosexualidad
(1914), los símbolos (1913), el dinero (1914)
entre otros -; observamos que más allá de
estos seis primeros años se inicia un otro
periodo de desarrollo de su pensamiento y obra
(1914-1925). En este progresivamente se configura
un pensamiento estrictamente psicoanalítico,
que si bien consensuado con el pensamiento freudiano
conlleva el germen de una corriente de pensamiento
autónoma y personal que cuestiona permanentemente
los efectos de la cura psicoanalítica, incursiona
en espacios teóricos y técnicos originales,
y propone diferentes alternativas en relación
a la técnica (1919) y a su aplicación
en distintos cuadros clínicos: homosexualidad
(1914), histeria (1919), la hipocondría
(1919), los tics (1921), los hábitos sexuales
(1925), entre otros. Este periodo que finaliza
con la publicación de su obra “Thalassa:
psicoanálisis de los orígenes de
la vida sexual” (1924) “conlleva plenamente
la impronta de su originalidad y marca un cambio
de giro en la evolución de su pensamiento” (op.
cit., p. 33), y da paso al tercer periodo de cuestionamiento
y concepción de nuevos conceptos, en el
que decididamente el pensamiento ferencziano alcanza
otras estaturas, no totalmente concordante, no
totalmente divergente, del pensamiento de su mentor.
Las propuesta psicoterapéuticas indicativas
de la evolución de su técnica, así como
sus propias autocríticas en el limite de
la eficacia de ellas: análisis activo, la
relajación y la neocatarsis, y finalmente
el análisis mutual, se acompañan
de diferencias de énfasis en la continuidad
del pensamiento freudiano, pero no así del
pensamiento psicoanalítico, tal como el
progreso de la teoría y técnica psicoanalítica
lo ha venido a demostrar en las ultimas décadas
(Furer, M., 1995).
Desde
esta perspectiva, los planteamientos de una disidencia
entre Freud y Ferenczi, perfectamente pueden ser
sustituidos por la hipótesis del entrecruzamiento
biográfico de dos historia extraordinarias,
articuladas a la luz de una profunda vinculación
afectiva, reflejo arquetípico de las vicisitudes
existenciales de una dialéctica parento-filial,
en la que la deriva última revela la resolución
edípica en su más cruda humanidad.
Un hijo que pospone su trascendencia antes que
matar a su padre (y por tanto desmentida del parricidio
original) y un padre testimoniador de su lucha
por conservar la primigenia, sin castrar ni anular
la savia nueva que iluminará el tiempo por
venir.
El
teratoma
Ferenczi
a lo largo de su vida, vio progresar en sí,
una seguidilla de trastornos somáticos,
que a la luz de su relación causal con eventos
significativos de su existencia, uno se ve tentado
a considerar como expresiones psicosomáticas:
después del viaje de Elma a Estados Unidos
(1913) el desarrolla una serie de pequeños
achaques seguidos de fuertes dolores precordiales
que atribuirá a su “hipocondría” y
sufrirá de una posterior operación
a la nariz; posteriormente padecerá de ciertas
hemorragias internas (explicada en ese entonces
por haber tragado algo) y de una extraña
enfermedad atribuible a una serie de etiologías
posibles, y definida como una enfermedad sin base
conocida con componentes psicológicos (1917),
tras este episodio decide contraer nupcias con
Gizella; y finalmente desde 1929 en adelante se
vio permanentemente afectado por dolores de cabeza,
de corazón y dificultades para respirar,
alternándose con agotamiento, desaliento
y gran fatiga intelectual y física, las
que atribuirá a sus procesos intelectuales
creativos, acompañadas de una sistemática
preocupación por el problema de la muerte.
Sin
pretender desarrollar un análisis caracterológico,
se podría plantear hipotéticamente
la existencia de una estructura narcisista-fálica
(“uretral pasiva”) adjetivada con un
rasgo esquizoídeo “como si” (“óseo
activa”), esta última instaurada en
torno al área de la pareja. Estructura de
carácter que organizada en torno a un conjunto
de construcciones fantasmagóricas de hijo,
pareja, hermano, discípulo, terapeuta y
maestro, y a mecanismos de defensa en la línea
de la formación reactiva, reflejará un
conjunto de esquemas de representaciones con el
cual enfrenta la cotidianeidad, y que a partir
de un funcionamiento corporal asintomático,
progresa gradualmente hacia lo fálico-narcisista
(“uretral activo”), transitando de
este modo por la frontera de lo psicosomático
(tan lúcidamente develado por el mismo)
en un largo peregrinaje que incluirá sus
componentes somáticos más comprometidos
(nariz-identidad, cabeza-pensamientos, corazón-amor)
(1913), hasta presentizarse con su máxima
crudeza en la anemia perniciosa que lo llevaría
a la muerte (linfa-defensas, sangre-vida).
Mas
como fue la constante de su vida, Ferenczi hizo
de este espacio un nuevo lugar de reflexión:
su interés permanente por la brecha de lo
psíquico y lo físico, lo condujo
a interesarse por lo histérico, los tics,
los fenómenos corporales (tartamudez, furúnculos,
meteorismos, etc), que le permitieron plantear
una serie de consideraciones que posteriormente
sentarían las bases de lo que actualmente
conocemos por psicosomática. Siendo el pionero
indiscutido de este tipo de materia, propuso la
forma dual de la adaptación psicosomática
(Anpassung) entre mecanismos “autoplásticos”,
una forma temprana pre-edípica de adaptación
a través de la propia modificación
del organismo, en tanto expresiones de las memorias
del cuerpo no mediadas verbalmente y que “modelan
y troquelan la materia misma de lo viviente”,
y mecanismos “aloplásticos” como
forma post-edípicas de adaptación,
modelándose sintomáticamente en torno
a las interacciones con el mundo exterior (Ferenczi,
S., 1921a ).
Los
años finales
El
cincuentenario de Ferenczi en 1923, marca el inicio
de la década final de su vida. Ferenczi
y Rank terminan de escribir “Perspectivas
del Psicoanálisis” (1925), el que
inicialmente elogiado por Freud viene a inaugurar
una serie de conflictos al interior del Comité Secreto:
el caso Rank con su publicación del Trauma
del Nacimiento (Gay, P., 1988), la publicación
de Thalassa: Ensayo sobre una teoría de
la genitalidad (1924), el caso Reik con el problema
del psicoanálisis de los legos, las divergencias
entre Anna Freud y Melanie Klein (Gay, P., 1988),
la muerte de Abraham (Freud, S., 1930). Estos eventos
impactan profundamente en la férrea incondicionalidad
de los miembros del Comité Secreto, trastocando
la correlación de fuerza imperantes hasta
ese momento: Jones-Abraham por un lado, Ferenczi-Rank
por el otro, Eitingon-Sachs más expectantes.
No obstante, la relación Freud-Ferenczi
sigue liderando la mayor intimidad vincular del
universo de todos estos hombres, Ferenczi propone
analizar a Freud quien sufre de taquicardia y este
conmovido por la oferta declina el ofrecimiento
debido a su avanzada edad (70 años).
Ferenczi
es invitado a Nueva York, lugar al que viaja a
dar una serie de conferencias sobre teoría
y práctica del psicoanálisis, y retoma
el análisis de antiguos analizandos. Se
encuentra con H.S. Sullivan, y después de
un periplo exitoso de casi un año, pero
no exento de dificultades, decide volver a Budapest,
pasando por Londres donde se encuentra con Jones,
y su antigua analizando Melanie Klein. Pasa el
verano con G. Groddeck en Baden-Baden y en Berlín
se encuentra con Eitingon. Finalmente visita a
Freud en Viena “quien se sentía ofendido
de que éste, ya de vuelta de América,
hubiese esperado tanto tiempo para venir a verlo” (Bokanowski,
T., 1997, p. 24). Jones jamás perdonará los
comentarios privados de Ferenczi a Freud sobre
su persona, y la animosidad de éste a Ferenczi,
explicada a veces como residuo transferencial de
su propio análisis con Ferenczi, como reflejo
de la rivalidad fraterna de Jones, como residuo
de diferencias raciales, o simplemente como vicisitudes
humanas afectivas (envidia, competencia, celos,
herida narcisista, etc...), se fortalecerá en
los eventos venideros.
Jones
dirá que Ferenczi mantuvo una postura reservada
que “fue el primer indicio de su alejamiento
progresivo de Freud” (Jones, E., 1953), la
correspondencia entre ambos dice: Ferenczi: “Ni
el tiempo ni las numerosas tempestades que amenazan
en torno nuestro, podrán alterar de algún
modo el vínculo personal y científico
inquebrantable que nos une” (2 de octubre,
1927)[5], Freud responde: “Hemos andado un
largo camino juntos desde 1909, siempre lado a
lado, no tendría porque ser diferente para
el corto trecho que nos resta por franquear” (25
de octubre, 1927). Ellos tienen 54 y 71 años
respectivamente, y Freud desea que sea Ferenczi
quien suceda a Eitingon en la Presidencia de la
Asociación Psicoanalítica Internacional,
pero la declarada posición de Ferenczi en
defensa de los analistas no-médicos (al
igual que la de Freud) no lo hace posible.
Ferenczi
se encuentra en su apogeo profesional, organiza
un ciclo de conferencias en la Sociedad Húngara
de Psicoanálisis (1928), la que presidía
desde hace ya quince años; invita a conferencista
foráneos - entre ellos Wilhelm Reich -,
atiende pacientes regularmente, publica sus textos,
viaja para dar conferencias (Madrid, 1928), y se
da tiempo para visitar a Freud cada vez que puede.
No obstante él se quejará de que
su trabajo es cada vez más difícil,
de la falta de apoyo, de la amistad de sus colegas.
En tanto Freud, resentirá la distancia y
la progresiva marginación de Ferenczi de
los avatares psicoanalíticos, así como
desarrollará un creciente malestar por la
profundidad del compromiso de Ferenczi con sus
pacientes. La relación pasa por altos y
bajos, y a fines de 1930 intercambian francas correspondencias,
en las que dialogan sobre sus divergencias. Ferenczi,
escribe:
“Lo
qué sucede en la relación entre usted
y yo (por lo menos para mí) es un enredo
de diversos conflictos de emociones y posiciones.
Al principio usted era mi mentor venerado y mi
modelo inalcanzable, por quien albergué los
sentimientos de un alumno - siempre algo confusos,
como sabemos. Luego usted fue mi analista, pero
como resultado de desafortunadas circunstancias
mi análisis no pudo completarse. Particularmente
lamento que, en el curso del análisis, usted
no percibiera en mi y no pudiera llevar a la abreacción
los sentimientos negativos y las fantasías
que sólo fueron parcialmente transferidas” (Ferenczi,
17 de enero de 1930)[6].
Freud
replicará a está crítica a
su tratamiento, pero la relación se limpia,
y el intercambio epistolar se reanuda amistosamente.
Ellos tienen 74 y 57 años respectivamente,
pero ambos padecen serios trastornos físicos.
Freud frente a la eminencia de su muerte “le
solicita a Ferenczi que asuma la presidencia de
la IPA ante tal eventualidad” (Stanton, M.,
1990, p. 46). Ferenczi acepta.
En
mayo de 1931, Ferenczi envía a Freud el
borrador de “Confusión de lenguas
entre el adulto y el niño: el lenguaje de
la ternura y de la pasión”, inaugurando
una nueva serie de discrepancias y desencuentros.
Freud responde críticamente al cuestionamiento
implícito a su segunda teoría de
la seducción, y al espacio teórico
crucial que se perfila en ese texto: realidad versus
fantasía, maternaje versus neutralidad (Stanton,
M., 1990). El dialogo se hace áspero, y
Freud deviene punzante y crítico. Cuestiona
el riesgo de la Técnica del beso (Küstechnick)
y amonesta severamente a Ferenczi. No obstante
Ferenczi, rescatará el vínculo: “Después
de haber pasado por el dolor ocasionado por el
tono de nuestra correspondencia no puedo sino expresar
la esperanza de que nuestra comprensión
personal como amigos y como científicos
no haya sido perturbada por estos desarrollos o,
más bien, que ésta pronto se restaurará” (Stanton,
M. 1990, p. 50)[7]. Ferenczi se aísla en
su nueva villa en Buda, y comienza su “Diario
Clínico” (1932). Freud escribe animándolo
a salir de su aislamiento, semi-crítico “...debe
salir de esa isla de sueños que habita con
fantasías de niño, y una vez más
unirse a la lucha por la humanidad” (ibid.),
semi-seductor, sugiriendo que sea el Presidente
de la IPA. Ferenczi, decide pensarlo pero diez
días antes del Congreso decide retirar su
postulación y los esfuerzos de Freud, Brill
y Eitingon para hacerlo cambiar de opinión
son estériles. Ocho días después,
Ferenczi visitará a Freud con motivo de
la lectura final de “Confusión de
lenguas”(1933b), la entrevista es tensa.
Freud solicita que no presente el articulo al Congreso,
ni que lo publique dentro de ese año. Ferenczi
no accede y se desalienta profundamente, sufre
de extremo agotamiento y se deteriora rápidamente.
El tiene 59 años, en tanto Freud 76. Deja
de tomar notas para su “Diario Clínico” el
2 de octubre y continua con pacientes hasta fines
de año.
“Su
condición empeora en el Año Nuevo
y tiene serias dificultades para caminar y respirar.
En febrero se retira a su lecho y lentamente pierde
el uso de sus extremidades. A las 14:30 del lunes
22 de mayo muere repentinamente de una parálisis
del sistema respiratorio ocasionada por la anemia.
Es enterrado el 24 de Mayo en el Cementerio Judío
Farkasret, en Budapest” (op. cit, p. 52).
Conclusiones
Una
vida es una historia consistente, congruentemente
estructurada. Los antecedentes biográficos
de Ferenczi solo recientemente empiezan a conocerse.
Una larga y densa sombra se ha ceñido sobre
la persona de Sandor Ferenczi, en manos de Ernest
Jones, y con el beneplácito de gran parte
del mundo psicoanalítico, esa sombra tejió un
manto de oscuridad sobre el más significativo
colaborador de Sigmund Freud. A través de
una prosa sutilmente tendenciosa (Jones, E., 1953)
entremezcló juicios laudatorios, con deslices
minusvalizantes, devaluatorios o abiertamente descalificatorios
sobre Ferenczi, hasta concluir con un ácido
juicio diagnóstico: personalidad psicótica
con tendencias homicidas, sin más fundamentos
que su propia autoridad y el contar con acceso
a fuentes privadas de información. Ni siquiera
la confrontación de Fromm, apoyado en antecedentes
fidedignos y testimonios directos modificaron su
actitud.
Solo
cuando el mundo analítico se empezó a
sensibilizar a este “asesinato de carácter“ es
que ha sido posible plantearse interrogantes cuya
obviedad hoy por hoy nos deslumbran: “ Si
Freud consideraba a Ferenczi y a Rank insanos (tal
como Jones dice que ellos fueron) ¿porqué él
- el psiquiatra número uno- no los trató,
tal como habría tratado a cualquiera de
sus pacientes psicóticos - esperando que
así lo haya hecho- con gentileza, comprensión
y paciencia? ¿Porqué le volvió la
espalda al “insano” Ferenczi y se opuso
a estrechar la mano del hombre a quien siempre
había llamado su “hijo”, por
el hecho de que estaba insano?” (de Forest,
I., 1957)[8] ¿Cómo Freud mantiene
una actitud de diálogo y negociación
propia de dos teóricos en divergencia conceptual
frente a alguien que daba signos de perturbaciones
psíquicas? ¿Como Freud en 1930, frente
a la eminencia de su muerte designa a alguien con
una enfermedad mental como su futuro sucesor?, ¿Como
postularlo a la presidencia de la IPA, esperando
que el saliese de su voluntario retiro?, y ¿Como
Freud, Eitingon y Brill intentan hacer cambiar
de opinión a Ferenczi cuando este declina
postularse a esta presidencia?.
Paradojalmente
ni la biografía de Breuer, ni la de Fliess,
ni la de Adler, ni incluso la de Jung, pueden mínimamente
comparase con la riqueza, complejidad y profundidad
de la relación entre Freud y Ferenczi. Tal
vez la historia quiera preservar solo la intensidad
de esos otros vínculos como una variable
a distinguir, pero incluso eso aun tendrá que
estudiarse. Jones, quizás intentando preservar
el legado de Freud, opaca también la grandeza
y humanidad de su maestro, sustrayéndole
aquellos referentes que más lo enaltecen,
su capacidad de mantener un vínculo, estable
y profundo, que permitiera el despliegue completo
de toda su humanidad. Pues la relación de
Freud con Ferenczi, muestra a un Freud que va más
allá de lo que pudiera experimentar en todos
aquellos otros vínculos, testimoniando un
situarse más allá de la “compulsión
a la repetición” y una capacidad de
relacionarse genitalmente con un otro.
La
relación de ambos hombres, se vio afectada,
sin duda, por sus discrepancias teóricas
en el tamiz de sus particulares personalidades.
Pero parece más lógico, pensar que
esta relación revela sus propias estructuras
de carácter evolucionando a lo largo de
los años, develando dos personajes en constante
productividad intelectual, en constante autoanálisis
y revisión de sus propias humanidades, y
reflexionado sobre ellas para usarlas como parámetros
existenciales básicos de cada venidera elaboración
intelectual.
Con
la escasa información con que empezamos
a contar, la tesis de la “locura” de
Ferenczi se hace insostenible. No obstante la verdadera
historia de la relación Freud-Ferenczi solo
recién se empieza a escribir. Una lectura
posible es que ambos, Freud y Ferenczi, testimonian
una relación a la altura de sus humanidades,
y por lo mismo, aunque nos duela en nuestro narcisismo,
más allá de las posibilidades de
nuestra comprensión individual. La fragmentación
de sus identidades en un “objeto bueno” y
un “objeto malo” ha impedido por más
de medio siglo una aproximación a ellos
entendidos como “objetos totales”,
con sus aspectos positivos y negativos, y en sus
análisis por tanto hemos proyectado nuestros
propios fragmentos escindidos. Iniciarnos en el
descubrimientos de quienes eran estos dos grandes
teóricos, tal vez sea empezar a identificar
el camino a recorrer testimoniado por quienes llegaron
más allá incluso de lo que nos sea
dable imaginar, en donde sus encuentros y desencuentros
sean un reflejo de las vicisitudes vitales de las
inéditas circunstancias que vivieron. Desmentida última
del predominio de los impulsos tanáticos
por sobre los eróticos.
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[1] Cita
extraida de la compilación
Grandes Psicoanalistas efectuada por J. D. Nasio en
1994. Traducida al español en 1996.
-
[2] Prefacio
del Dr. Michael Balint al tomo I de las Obras
Completas de Sándor
Ferenczi, Espasa Calpe, 1981.
-
[3] Cita
extraida del libro de Martin Stanton Reconsiderando
la intervención Activa,
1990, p. 12. Se prefirió conservar lo
fuente original para referenciar mejor al lector:
Thre Freud/Jung letters, W.McGuire, ed., R. Mannheim
and R.F.C Hull trans. Hogarth and Routledge,
1974. Pp. 65-66.
-
[4] Una
completa descripción
de las negociaciones de la familia Freud - Ferenczi
se encuentra en la introducción realizada por
André Haynal en la Correspondencia Freud-Ferenczi
1908-1914., pp. xvii - xxxv.
-
[5] intercambio epistolar entre Ferenczi/Freud.
Extraido de Bowkanoski, T., 1997, p. 25.
-
[6] Fuente; Stanton, M., 1997, p.
45.
-
[7] Carta del 27 de diciembre de 1931
de Ferenczi a Freud, en Stanton, M. 1990.
-
[8] Carta
del 22 de cotubre de 1957 de Izette de Forest
(paciente y alumna de Ferenczi, autora del libro
The Leaven of Love, 1954) a Erich Fromm. En Erös,
Ferenc 1989.
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