Lic. Horacio Wild.
La cuestión del Ser no es sencilla, tanto para el analista como para el analizante. A partir de dos recortes del Capítulo IV de Dirección de la Cura trataremos de aproximarnos a una posible modalidad de análisis; uno de ellos referido a la mención que Lacan hace del texto de Ferenczi titulado “Introyección y transferencia”..., otro referido a los objetos fantasiosos promovidos por la práctica de Melanie Klein... Los invito pues, a que nos introduzcamos en ellos.
Primera parte: Sandor Ferenczi
Al inicio del capítulo Jaques Lacan escribirá lo siguiente:
“La cuestión del ser del analista aparece muy pronto en la historia del análisis. Que esto se deba a quien más atormentó el problema de la acción analítica, no es cosa que debe sorprendernos. Puede decirse en efecto que el artículo de Ferenczi; ‘Introyección y transferencia’, que data de 1909, es aquí inaugural y que se anticipa con mucho a todos los temas ulteriormente desarrollados de la tópica.
Si Ferenczi concibe la transferencia como la introyección de la persona del médico en la economía subjetiva, ya no se trata aquí de esa persona como soporte de una compulsión repetitiva, de una conducta inadaptada o como figura de una fantasía. Para él se trata aquí de la absorción en la economía del sujeto de todo lo que el psicoanalista presentifica en el dúo como hit et nunc de una problemática encarnada. ¿No llega el autor hasta el extremo de articular que el acabamiento de la cura no puede alcanzarse sino en la confesión hecha por el médico al enfermo del abandono del cuál él mismo se encuentra en situación de sufrir?”.
Para abordar el texto comenzaremos con algunas cuestiones históricas:
Sandor Ferenczi (1873 –1933) oyó hablar por primera vez de Freud por Carl Gustav Jung; en 1908 le escribe una carta pidiéndole entrevista y podemos decir que a partir de allí comienza su relación con el psicoanálisis, como analizante de Freud y como psicoanalista ya que prontamente, en el Congreso de Salzburgo realizado en ese mismo año presenta su primer trabajo titulado “Psicoanálisis y Pedagogía”.
No es una figura menor en la historia del Psicoanálisis; lo podríamos caracterizar como uno de los defensores más firmes de la causa del Psicoanálisis, de su transmisión, y de la apertura por fuera del ambiente médico ya que dentro de las “internas” desarrolladas dentro del movimiento psicoanalítico en esa época, gran parte de los miembros -en especial los de la escuela de Berlín- no querían que los “legos” (entendiendo éste término como los no médicos) ejercieran el psicoanálisis, pretendiendo que el mismo fuera una especialidad de la medicina.
Ferenczi en 1910, a pedido de Freud, impulsa la creación de la IPA en una época en que la escuela de Zurich y la de Viena manifestaban diferencias en sus figuras representativas: Freud y Jung. Su papel tampoco fue menor cuando se produce el quiebre entre éstos últimos, pasando a merecer el título de “delfín de Freud” para sus compañeros, y teniendo el honor de que en la correspondencia que mantenía con su maestro y analista comenzara con la frase “Querido hijo”. Lo que nos lleva a una primera pregunta ¿es posible analizar a un hijo?.
Entre 1918 y 1927 fue Presidente de la IPA, renunciando a dicho cargo a partir de su fuerte posición a favor del “análisis laico”; en ese último año existieron muy fuertes controversias respecto de si el psicoanálisis debía ser para médicos -lo que lo convertiría en una especialidad de la medicina- o debía ser abierto a los “laicos”, “los legos”, “los profanos”... en fin..., los no médicos. Es fácil ubicar algunos textos de Freud respecto de la época como el conocido “¿pueden los legos ejercer el análisis?” o también llamado “psicoanálisis y medicina”... época su vez atravesada por conflictos de diván ya que Ferenczi le reclamaba a Freud el que no haya analizado suficientemente su “transferencia negativa”, reclamándole mayores intervenciones analíticas.
Ferenczi había escrito que un neurótico “no puede considerarse curado hasta que renuncia al placer de la fantasmatización inconciente, es decir a la mentira inconciente”, y del final de análisis dirá que “Del análisis se termina verdaderamente cuando no hay despedida, ni por parte del médico, ni por parte del paciente; el análisis ha de morir, por así decirlo, de agotamiento”... En 1933 morirá a consecuencia de una anemia producida por agotamiento, tres meses atrás había tenido una última entrevista con Freud.
Hasta aquí una breve reseña de esta figura del psicoanálisis, ahora intentaremos abordar el recorte del capítulo IV.
Lacan comienza el capítulo de la siguiente manera. “La cuestión del ser del analista aparece muy pronto en la historia del análisis. Que esto se deba a quien más atormentó el problema de la acción analítica...” ¿Por qué Ferenczi fue el más atormentado por la acción analítica?... difícil buscar respuestas, pero si a partir de sus textos, las correspondencia con Freud, las respuestas de Freud en su obra y su Diario Clínico podemos intentar al menos, abrir preguntas.
Su interrogante fundamental se refiere precisamente a la Transmisión del Psicoanálisis, es decir al desciframiento por parte del Sujeto del mensaje que le viene del Otro: transmisión entre el adulto y el niño, transmisión entre analista y analizante. El fantasma que se desprende de sus escritos podría enunciarse de la siguiente manera “un adulto engaña a un niño”... engañar es un término más pertinente que “seducir” o “violar” ya que como el propio Ferenczi fundamenta al final de su obra, que para él hay “una confusión de lenguas” entre el adulto y el niño, un equívoco entre el lenguaje de la pasión en el adulto, y el lenguaje de la ternura en el niño. La situación analítica no sería distinta a la que en la infancia habría hecho enfermar al paciente, por eso la reserva del analista correspondería a la franca antipatía hacia el paciente. Escribirá que: “los pacientes y los adultos deberían aprender, como nosotros, los analistas, detrás del amor de transferencia o de la sumisión o la adoración de nuestros hijos, pacientes y alumnos, el deseo nostálgico de liberarse de ese amor opresivo”. El mismo reclamaba una y otra vez que no podía desembarazarse de esta clase de amor-odio en sus relaciones con Freud; pareciera que su fantasma en vez de ser dilucidado en la transferencia con Freud quedo opacado y fijado para siempre.
Como a su entender, Freud no le habría transmitido lo que hubiera querido recibir de él, pareciera que Ferenczi se convirtió en el más ferviente promotor de la transmisión del Psicoanálisis, pero para él dicha transmisión no debiera tener resto. En una carta del 6 de octubre de 1910 Freud le escribirá lo siguiente “Resultaba fácil ver que Ud. suponía la existencia en mí de grandes secretos, y que tenía gran curiosidad, pero se podría reconocer en ello con la misma facilidad algo infantil”. A Jung, el 24 de setiembre le había escrito respecto de Ferenczi que “mi compañero de viaje es un hombre a quien aprecio mucho, pero es un soñador un poco torpe, y tiene una actitud infantil conmigo. Me admira siempre, algo que me gusta, y sin duda me critica ásperamente en su inconciente si me relajo. Se ha comportado en forma demasiado receptiva y pasiva, ha dejado que se lo hiciera todo como si fuera una mujer, y mi homosexualidad no llega de todas formas hasta el punto de aceptarlo así. En tales viajes, la nostalgia de una verdadera mujer aumenta considerablemente”. Esta pasividad vivida en forma cruel es algo que siempre preocupará a Ferenczi... no soportará que el analista se encierre en una postura reservada y años mas tarde, al proponer innovaciones técnicas con el nombre de “técnica activa”, propondrá que el analista debe transmitirlo todo. En 1930 le reprochará a Freud su análisis diciéndole que fue un fracaso, dirigiéndole una serie de reproches contradictorios. Freud responderá posterior a la muerte de Ferenczi, en 1937 en su ensayo “Análisis terminable y Análisis interminable, contando disimuladamente el caso Ferenczi:
“Un hombre que ha ejercido él mismo el análisis con gran éxito, juzga que su relación con el hombre y la mujer -con los hombres que son sus competidores y con la mujer a quien ama- no está, empero, exenta de estorbos neuróticos, y por eso se hace objeto analítico de otro a quien considera superior a él. Este alumbramiento crítico de su persona propia le trae pleno éxito. Desposa a la mujer amada y se convierte en el amigo y el maestro de los presuntos rivales. Así pasan los años... el analizado entra en oposición con el analista, le reprocha haber omitido brindarle un análisis integral ...”.
Para Ferenczi, el analista nunca debe guardarse nada, siempre debe decir la verdad... a un niño no se lo engaña. Podemos arriesgarnos a señalar cuál era el sufrimiento de Ferenczi por medio de los siguientes puntos:
1.- La desorientación que sufre como analista porque su práctica se transforma en la propia escena de su propio fantasma.
2.- Lo que Lacan posteriormente llamará “deseo del psicoanalista” no marcó un límite al goce que le procuraba la transferencia (para esto simplemente hay que leer su “Diario Clínico”)... tiende a comprender por empatía, idealiza el “sentir con”, gran facilidad para “identificarse” con sus analizantes histéricos llegando hasta el trance, esto último ilusión fundamental en cuanto a la función terapéutica del amor.
3.- Impone al Psicoanálisis la Misión de reunificar al sujeto escindido.
4.- Impulsa por medio de la técnica activa... el perdón mutuo.
Para concluir ésta breve presentación de Ferenczi, se me ocurría retomar algo que había planteado Enrique Acuña en la reunión anterior, respecto de cómo influía en la cura la concepción de la transferencia de la que el analista disponía, y que era producto de su propio análisis. Lacan va a promover el deseo del psicoanalista como eje de la transferencia y la función del objeto a, obligándonos a replantear profundamente la cuestión de la “virtud” del analista y enfrentándonos al problema de la posible perversión de la situación analítica.
Si realizáramos una analogía entre la posición del analista y la del amo sadiano, podríamos pensar que los dos buscan la división del sujeto que produce el sufrimiento, pero con distintos fines... Lacan designa de forma idéntica la posición del Analista y el amo sadiano a® S, o sea al revés de la fórmula del fantasma.
El Analista debe ser cuidadoso a la hora de las intervenciones para que no repetir la experiencia de Ferenczi, que su goce sea puesto en juego y determine la situación analítica...
Prosiguiendo con el párrafo elegido del cap. IV, Lacan dirá que. “Puede decirse en efecto que el artículo de Ferenczi; ‘Introyección y transferencia’, que data de 1909, es aquí inaugural y que se anticipa con mucho a todos los temas ulteriormente desarrollados de la tópica.
Si Ferenczi concibe la transferencia como la introyección de la persona del médico en la economía subjetiva, ya no se trata aquí de esa persona como soporte de una compulsión repetitiva, de una conducta inadaptada o como figura de una fantasía. Para él se trata aquí de la absorción en la economía del sujeto de todo lo que el psicoanalista presentifica en el dúo como hit et nunc de una problemática encarnada. ¿No llega el autor hasta el extremo de articular que el acabamiento de la cura no puede alcanzarse sino en la confesión hecha por el médico al enfermo del abandono del cuál él mismo se encuentra en situación de sufrir?”.
En varios momentos de sus escritos Lacan hará referencia a los textos de Ferenczi. En “Variantes de la Cura Tipo” trabajará sobre el ·”poder discrecional del oyente” en tanto éste tienen la decisión respecto a lo que el hablante ha dicho; esto implica un lugar de poder del Analista que definirá como Amo de la Verdad... esto lo llevará a preguntarse ¿qué debe ser pues, el yo del analista?. Definirá al yo como el discurso constituido del analista, y al sujeto como el discurso constituyente y por ende Inconsciente. Señala como desviación a la relación analítica que se transforma en una relación de poder desde el yo del analista al yo del paciente. Si bien comparte con Ferenczi la Asimetría de la relación analítica, Lacan planteará directamente el borramiento del yo del analista. Lo que en 1953 se llamará el Ser del Analista (no su ser personal), posteriormente asumirá el nombre de deseo del analista, como un deseo vacío, es decir sin determinación... pero en éstos años Lacan ubica al saber del lado del Yo y a la Verdad del lado del Inconsciente.
El texto que nos ocupa, “Dirección de la cura”, se organizará alrededor de tres sentencias: Interpretación, Transferencia y Ser.
El dispositivo analítico será definido por:.
TÁCTICA____________________INTERPRETACIÓN.
ESTRATEGIA_________________ TRANSFERENCIA.
POLÍTICA___________________ FALTA EN SER.
En “Introyección y Transferencia”, Ferenczi definirá el concepto de “Introyección”. Para hacerlo, comparará el carácter fundamental del psiquismo de los neuróticos al de los dementes precoces y paranoicos. El paranoico, “Se contenta con rechazar tal interés fuera del yo, con proyectar al mundo exterior tales deseos y tendencias (Freud) y cree reconocer en los demás todo el amor y todo el odio que niega en sí mismo”. A éste proceso, Ferenczi opondrá el de las neurosis: “pues mientras el paranoico proyecta en el exterior las emociones penosas, el neurótico intenta incluir en su esfera de intereses la mayor parte posible del mundo exterior, para hacerla objeto de sus fantasías concientes e inconscientes. Este proceso que se traduce en el exterior por la aspiración de los neuróticos, es considerado como proceso de dilución, por el que el neurótico intenta atenuar el carácter penoso de esas aspiraciones libremente flotantes, insatisfechas e imposibles de satisfacer.... propongo denominar a éste proceso contrario a la proyección, introyección... se trataría del primer amor objetal y odio objetal que son la raíz del modelo de toda transferencia ulterior y caracterizara a la transferencia haciendo suya la formulación de Freud de que “sea cual fuere el tratamiento que apliquemos al neurótico, sólo se curará mediante las transferencias”. Esta “transferencia primera” o primordial es la que se pondría en juego en la situación analítica, el tema sería qué hacer con ella.
Lacan se preguntará, en función del texto de Ferenczi si “¿es necesario pagar a este precio de comicidad el hecho de que vea simplemente reconocida la carencia de ser del sujeto como el corazón de la experiencia analítica, como el campo mismo en donde se despliega la pasión del neurótico?”. ¿Cómo y con qué articular esta hiancia de la que da testimonio el neurótico al querer justificar su existencia?. Lacan dirá más adelante “Me callo. Todo el mundo está de acuerdo en que frustro al hablante, y aunque a él en muy primer lugar, también a mí mismo ¿por qué?. Si lo frustro es que me pide algo. Que le responda, justamente. Pero él sabe bien que no serían más que palabras.”.
Segunda parte: los objetos y el ser
Otro párrafo interesante de éste capítulo es cuando Lacan hace referencia a los objetos fantasiosos de la teoría de Melanie Klein. El recorte del apartado 3 del texto es el siguiente:
“...La dialéctica de los objetos fantasiosos promovida en la práctica por Melanie Klein tiende a traducirse en la teoría en términos de identificación.
Pues esos objetos, parciales o no, pero sin duda alguna significantes, el seno, el excremento, el falo, el sujeto los gana o los pierde sin duda, es destruido por ellos o los preserva, pero por sobre todas las cosas ES esos objetos, según el lugar donde funcionan en su fantasía fundamental, y este modo de identificación no hace sino mostrar la patología de la pendiente a la que se ve empujado el sujeto en un mundo donde sus necesidades están reducidas a valores de intercambio, pendiente que a su vez no encuentra su posibilidad radical sino por la mortificación que el significante impone a su vida, numerándola.”.
Este recorte es sumamente complejo, en primer lugar Lacan eleva los distintos objetos pulsionales a la categoría de significantes. En segundo lugar articula dichos objetos en el Fantasma Fundamental y se podría decir que define el Ser del sujeto como esos objetos, de acuerdo al lugar que ocupen en dicho Fantasma Fundamental. Sobre el final del párrafo dirá que la única posibilidad que encuentra es la mortificación que el significante impone a su vida, numerándola. En el apartado 2 Lacan comenzará preguntándose “es preciso pagar a este precio de comicidad el hecho de que vea simplemente reconocida la carencia de ser del sujeto como corazón de la experiencia analítica, como el campo mismo en donde se despliega la pasión del neurótico?”. Compleja cuestión ya que por un lado plantea que el sujeto es esos objetos, y por otro plantea la carencia de ser como corazón de la experiencia analítica.
Obviamente en unos pocos minutos no se puede abordar una cuestión tan compleja como ésta, pero a partir de la lectura de los tres textos de los Escritos sobre “La Negación”, que implican la lectura a su vez de una serie de textos freudianos como La carta 52 a Fliess, la Interpretación de los Sueños, La Represión, Lo Inconsciente y La Negación, al menos intentaré una articulación inicial.
¿Cómo se constituye el sujeto?. Con el concepto de Represión Primordial Freud postula que el principio del sistema representativo existiría la valencia de una representación singular, originariamente reprimida (y por lo tanto imposible de conciencia) que fijaría la pulsión. El nombre que le da Freud a ésta representación es el de “Vorstellungrepresentanz” o “Representante de la Representación”. Ella, al fijar la cadena significante en su falta misma, permitiría el despliegue de dicha cadena, es decir todo el juego de la combinatoria de las representaciones. Sólo éste primer representante, del que Freud nos dice que tiene la particularidad de permanecer “anudado” a la pulsión, tiene verdaderamente derecho a título de representante del sujeto... En 1925 Freud dirá que el sujeto humano está afectado por una “doble denegación”, condición de su introducción al lenguaje, por lo tanto es negativizado dos veces.
La primera negativización tendría que ver con un primer descompletamiento del cuerpo. El sujeto humano se constituye mediante una parte sub-yecta como sustancia, que deja sin embargo como huella de su desaparición la inscripción de los primeros “signos de percepción”, contrapartida escritural de esa parte de Ser perdida. La inscripción de estos “signos de percepción” (que en El Seminario 3 Lacan llamará como pre-significantes) es la condición para que la pérdida de los objetos primordiales (objetos a) no siga el camino de dichos objetos. Esta primera negativización a la que llamaremos (-1) marca la negatividad pura de un objeto real. Se constituye vuelvo, a repetir una primer huella de la pérdida. Estos signos son del corte en bruto, de la ausencia absoluta y allí nos encontramos en pleno Juicio atributivo con lo que Lacan tomando del mismo texto de Freud nombrará como Behajung (afirmación primordial) y la autossung (o expulsión). Cuando ésta operación se lleva a cabo con éxito pasamos a la segunda negativización.

La segunda negativización tendría que ver con el relevo significante que marcará el redoblamiento de la negatividad (--1), y funda su simbolización cuando los primeros “signos de percepción” son reunidos en el lugar del Otro bajo el encabezamiento del “Representante de la representación”, porque su función es tomar el relevo de las primeras representaciones no representativas inscritas en el momento del Juicio de Atribución. Si los “signos de percepción” son los representantes de una “nada”, el “Representante de la representación” es el significante de esos primeros signos, aquel cuya función es llevar a cabo la transducción de un texto originario perdido desde siempre. El representante de la Representación revela que no es más que una interfaz que le permite al sujeto encontrar en el Otro del lenguaje la contrapartida siempre insuficiente de la falta, inscrita en él por los primeros recortes atributivos. Freud mismo aislará en la cura lo que denominará como “déficit de representación”.
Podemos decir que la teoría analítica identificó éste significante como significante fálico (f) partiendo de una observación mítica de Freud respecto de las teorías sexuales infantiles; así, en esta conjunción donde se anuda la falta real con la carencia simbólica, el pene, marcado por la caducidad, es destituido por el valor narcisista que tenía, para serle luego restaurado al cuerpo de la madre mediante un fenómeno de “suposición”, deducido por Freud que lo eleva a la dignidad de significante.
En el Seminario 4 el falo era distinguido como objeto imaginario por excelencia, denominador común de todos los objetos... lo que haría que los objetos investidos por el neurótico tuvieran un valor fálico. En el Seminario 5 (Contemporáneo a Dirección de la cura...), tal como lo señala JAM en su texto “Lectura del Seminario 5”, Lacan pasará rápidamente del Falo como significado, exigencia de la metáfora paterna, al falo como Significante. Este pasaje se hace condición necesaria dado que el Otro del Código, aparece dividido por el deseo; por eso Lacan dirá que “... hay otro significante privilegiado (el falo) cuyo efecto es instituir en el Otro lo siguiente, que cambia su naturaleza... a saber , que (el Otro) no es pura y simplemente el lugar de la palabra sino que está, como el sujeto, implicado en la dialéctica (del deseo)”.
Con éste pequeño –pero no poco arduo- recorrido, espero haber echado un poco de luz a estas cuestiones que plantea Lacan: El sujeto es esos objetos en tanto los mismos representan como huella una carencia de ser, ya que los mismos son huellas de una pérdida. Ante la falta en el Otro responderá con su fantasma fundamental, que le brindaría un “falso - Ser” en el que los objetos a se articulan a partir del “representante representativo”, significante fálico (f) reprimido originariamente que fija la cadena en la falta misma, empujando al sujeto a las relaciones de intercambio por medio de la mortificación que el significante impone a su vida.
Extracto Del Curso Anual: Dirección De La Cura
Lic. Horacio Wild
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