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(Del inicial rechazo de sus provocantes “técnicas activas”, a la coherente integración de las mismas en el psicoanálisis freudiano y en todo tipo de psicoterapia actual)
Prof. Dr. Pedro F. Villamarzo.
“Han pasado más de treinta años -de sesenta años, diríamos en la actualidad- tras la muerte de Ferenczi por anemia perniciosa sin que hubieran concluido sus últimas experiencias y sin que se haya dado respuesta definitiva a los problemas técnicos por él planteados. Durante algunos años pareció que el psicoanálisis había rechazado definitivamente sus ideas. Sin embargo durante la(s) última(s) década(s) los problemas planteados por Ferenczi están despertando cada vez un mayor interés. El juicio definitivo sobre los mismos pertenecen al futuro” (M. Balint, 1966, trad. Esp. Vol. IV, p. 30)(1).
PREAMBULO: “BIBLIOGRAFICO Y TEMÁTICO”
A.- PROBLEMATICA FIJACIÓN DE LAS FUENTES FERENCZIANAS
Pese a aquella encomiástica aseveración de Freud en su “nota necrológica” a Sandor Ferenczi de 1933 en el sentido de que las obras de este gran autor psicoanalítico habían hecho “de todos los analistas sus discípulos” (die alle Analytiker zu seinen Schülern) (O.C., III, 3228; G. W., XVI, 268),la ya de por sí laboriosa recopilación y definitiva publicación de unas “Obras Completas” no pudo ser más prolija y problemática a la vez en el caso de las obras ferenczianas: “La traducción -y previa recopilación- de los textos que componen estos cuatro volúmenes -dicen los editores de sus “Obras Completas” en francés- se han enfrentado a un verdadero cúmulo de problemas y dificultades” (1968, vol. I, p. 13). Problemas y dificultades de todo orden, añadiríamos nosotros; y esto no sólo por razones idiomáticas y documentales -Ferenczi redactaba indistintamente en húngaro o alemán y publicaba en todo tipo de Revistas científicas y populares, como es bien sabido-, sino debido a causas de naturaleza afectiva e institucional ya que su propia personalidad extremista, la temática provocantemente innovadora de sus trabajos y experiencias terapéuticas, así como su personal intimidad con Freud y, a la vez, su frecuente confrontación con el célebre “Comité de los cinco” hacían que se produjera “algo” en torno a sus obras -como afirman los mismos editores franceses- que suscitaba a la vez desesperación y entusiasmo” (ibidem).
Pero habría de ser en Norteamérica y en el propio Reino Unido, en torno, pues, al idioma inglés -y fuera, por tanto, de la zona centroeuropea del original núcleo de conflicto afectivo-institucional-donde se habrían de iniciar las primeras recopilaciones de las obras ferenczianas: 1916 (Contributions to Psychoanalysis) y, algo posteriormente, 1926 (Further Contributions) y 1955 (Final Contributions).
Recopilaciones en lengua inglesa estas, por otra parte, de las que -como ya apuntábamos personalmente en nuestros dos volúmenes sobre Ferenczi de 1986- “hemos sido tributarios en castellano a través de editoriales argentinas, hasta la definitiva publicación de las Bausteine der Psychoanalyse por la casa Verlag Hans Huber de Berna en 1964, después de un primer intento parcialmente fallido de recopilación de sus obras en Leipzig entre los años 1927 y 1939” (P. F. Villamarzo, 1976-1986, vol. I, P.70).
Más no deja de ser altamente significativo, a este respecto, el título alemán de Zur Bausteine der psychoanalyse (“piedras angulares del psicoanálisis”) con el que aparecen estas definitivas “obras completas” ferenczianas en 1964. “Los trabajos de S. Ferenczi han sido tan importantes para el desarrollo del psicoanálisis -decía ya Angel Garma en la presentación de “Sexo y psicoanálisis” en 1959- que su próxima edición completa alemana llevará como título el de ´Bausteine der Psychoanalyse´ o sea algo así como piedras angulares del psicoanálisis (A. Garma, 1959, p. 9).
Pero quienes más recientemente -y superado ya en nuestra área castellana de psicoanalítica influencia el inicial “ostracismo” de la obra ferencziana- habrían de comenzar a romper el “cerco” a la obra de uno de los más “grandes inmortales del psicoanálisis” -en célebre expresión del propio Angel Garma- habrían de ser investigadores de las diversas corrientes del actual psicoanálisis francés. Aunque teniendo ya presentes la recopilación alemana de las “Bausteine” y las “Final Contributions” inglesa, los editores franceses emprenden la ardua tarea de recopilar sus obras independientemente y traducirlas directamente de los textos originales húngaros y alemanes ofreciéndonos ya entre 1968 y 1982 las Oeuvres Complétes francesas (Note de traducteurs, 1968, vol. I, pp. 13-14).
Habría de ser, finalmente, de la mano de estas “Obras Completas” francesas -y no, sorprendentemente, de la propia “Bausteine” alemana- de donde terminaría por llegar al mundo de habla hispana la íntegra traducción, ya a partir de 1980, de las “Obras Completas” ferenczianas: “Acaba de iniciarse -decía M. Balint en el prefacio castellano de estas mismas obras- la publicación en francés de toda la obra psicoanalítica de Ferenczi. Es un dato histórico -añadía Balint inmediatamente- digno de señalar el que esta publicación haya tenido que esperar tanto tiempo- más de treinta años- tras la muerte de Ferenczi” (M. Balint, 1981, “Psicoanálisis”, vol. I, p. 11).
B.- ARRANQUE EN EL PROPIO FREUD DE LA CUESTION DE LAS “VARIACIONES TECNICAS”, EN GENERAL, Y DE LA “TECNICA ACTIVA”, EN PARTICULAR.
Pero viniendo ya al tema de las “variaciones técnicas”, en general, y al de la “técnica activa” ferencziana, en particular, que es el que ahora nos ocupa y el que problematizó, en último término, las relaciones del mundo psicoanalítico institucional con Sandor Ferenczi, habremos de comenzar por asentar que semejante cuestionamiento técnico no es de Ferenczi de quien básicamente arranca, sino del propio fundador del psicoanálisis.
Por lo que al tema, efectivamente, de las “variaciones técnicas” en general se refiere, es de sobra conocido que ya en 1898, con motivo de la primitiva publicación freudiana del trabajo sobre “La sexualidad en la etiología de las neurosis”, habría de ser el propio Freud quien, haciendo referencia al tema de las coyunturales “contraindicaciones de la terapia psicoanalítica” (por razones de edad, desarrollo intelectual o trastorno clínico), hiciera precisa referencia a la eventual “constitución de procedimientos suplementarios (ergänzende Verfahren) para sujetos infantiles o para el público de los hospitales” (O. C., I, 328; G. W., I, 514).
Por otra parte, respecto al tema específico de la “técnica activa” en Freud, el primer trabajo en el que éste “preanuncia el tema de la “técnica activa” -como textualmente nos dice J. Strachey en la Standard Edition (A. E., vol. IX, p. 132)- es el de “El porvenir de la terapia psicoanalítica” de 1910: “En la histeria de angustia -dice textualmente Freud en el referido texto- tenemos ya que modificar nuestros procedimientos (müssen wir unser Vorgehen etwas ändern), pues estos enfermos no pueden aportar el material decisivo para la curación de la fobia mientras se sienten protegidos por la observancia de la -propia- condición fóbica” (O. C., II, 1566; G. W., VIII, 108).
Pero donde ya definitivamente va a centrarse Freud en el tema de la “técnica activa” habrá de ser en “Los caminos de la terapia analítica” de 1918, con motivo justamente de la apertura del Congreso ferencziano de Budapest. Es en este escrito prospectivo en el que Freud se inclina por la aceptación de la llamada “técnica activa ferencziana”, no sin aclarar antes que no se trata aquí ya de un verdadero “psicoanálisis” propiamente dicho. Por eso de aquel “no conseguiremos jamás dominar una fobia si esperamos a que el análisis llegue a mover al enfermo a abandonarla”, pasaría inmediatamente a aquella otra célebre expresión metafórica de que “en la aplicación popular de nuestros métodos habremos de mezclar quizá al oro puro (das reine Gold) del análisis el cobre (mit dem Kupfer) de la sugestión” (O. C., III, pp. 2461 y 2466; G. W., XII, pp. 191 y 193).
De sobra es conocida, sin embargo, su más definitiva marcha atrás sobre el tema -debido, sobre todo, a las últimas y más desmedidas experiencias neocatárticas ferenczianas- en “Análisisterminable e interminable” de 1937: “Yo había adoptado otro modo de acelerar un tratamiento psicoanalítico ya antes de la guerra -dice Freud a propósito de su “activa” fijación de fecha final de análisis en el “Hombre de los lobos”- (…) -pero- en una nota añadida a la historia clínica de este paciente en 1923 ya señalaba yo que me había equivocado (das diess nicht zutraf) (O. C., III, 3340; G. W., XVI, 60 Y 61).
EXPOSICION
DESARROLLO HISTÓRICO-CRÍTICO Y SINCRÓNICO DEL TEMA
I. AZAROSAS VICISITUDES DEL LEGADO TECNICO FERENCZIANO
(Del dramático desacuerdo entre Freud y Ferenczi, pasando por el consiguiente ostracismo de este autor, hasta culminar en la creciente aceptación de sus innovaciones técnicas en la actualidad)
Hora es ya, pues, de pasar al tema central de nuestro desarrollo expositivo, esto es, a la investigación del tema de las azarosas vicisitudeshistóricas del legado técnico ferencziano, visto este desde una triple perspectiva secuencial: partiendo del dramático desacuerdo entre Freud y Ferenczi, pasando por el consiguiente ostracismo de este autor, y llegando, finalmente, a la creciente aceptación de sus innovaciones técnicas en la época actual.
A.- DRAMATICO DESACUERDO ENTRE FREUD Y FERENCZI (1919-1933)
Es indudable que en un principio, tanto por parte del propio Freud como de varios de los más conspicuos pioneros del psicoanálisis freudianos (Ernest Jones, Paul Federn, Otto Rank y, más tarde, Franz Alexander y todo el llamado “grupo alexandrino” de la propia API norteamericana), fueron bien recibidas las primeras experiencias ferenczianas de la llamada “técnica activa” que arrancaba formalmente de 1919 con “Dificultades técnicas de un análisis de histeria” (“Psicoanálisis”, vol. III, pp. 21-28; “Bausteine”, vol. III, pp. 119-118) y, sobre todo, de su célebre conferencia de la Haya de 1920: “Prolongaciones de la “técnica activa” en psicoanálisis” (“Psicoanálisis”, vol. III, pp. 137-155; “Bausteine”, vol. II, pp. 62-86).
“En el primer número del International Journal of Psycho-Analysis de 1920 -nos recuerda S. Lorand en su “Semblanza” sobre Ferenczi de 1963-, Jones señaló -ya- una notable innovación en cuanto a la técnica, a saber la terapia activa de Ferenczi (…) En 1924 - continuaba Lorand- cuando Ferdern y yo conversábamos sobre esta técnica de intervención activa de Ferenczi, Ferdern afirmó que la experimentación con técnicas activas nuevas era común, aunque nadie hablara de ello (…) The Development of Psychoanalysis, escrito por Ferenczi y Rank -completa Lorand- fue objeto de una cuidadosa reseña de Franz Alexander (1925), quien señaló que dicho libro… satisfacía una urgente necesidad” (S. Lorand, 1963, pp. 35, 36 y 37).
Pero en la medida en que, pasados esos primeros momentos “aperturistas” de Freud del Congreso de Budapest -a los que anteriormente nos hemos referido-, las reservas del fundador del psicoanálisis al respecto se iban intensificando, debido a sus propias experiencias fallidas en tales técnicas y al camino crecientemente desmedido que semejantes experiencias ferenczianas venían tomando (recuérdese la posterior evolución de Ferenczi hacia las “técnicas neocatárticas” de 1929)(2),las relaciones entre Freud y Ferenczi habrían de comenzar a perturbarse seriamente.
“Ferenczi, cuyo impetuoso optimismo y pronto entusiasmo por cualquier nueva idea hube de señalar en varias ocasiones -dice M. Balint, nada sospechoso al respecto- incurrió en su habitual error de pasar por alto todas las señales de advertencia que le daban sus fracasos y sobrevalorar sus éxitos (...) Pero Freud, por su parte -añade Balint- se encontraba todavía bajo la influencia de sus decepcionantes experiencias de la década de 1890 -en torno a los “Estudios sobre la histeria” y, posteriormente, al caso clínico del “Hombre de los lobos”-, por lo que para él los experimentos de Ferenczi no hacían sino confirmar la validez de su actitud cautelosa” (M. Balint, 1968, p. 180).
Todo ello fue llevando gradualmente a Freud a una relativa pérdida de objetividad -hecho este no tan frecuente en tales casos como P. Roazen parece inclinarse a pensar en Freud and his Followers (1971)- respecto al adecuado discernimiento entre la desmedida formal de no pocas de las experiencias técnicas de Ferenczi y la excepcional virtualidad de gran parte de sus profundos cuestionamiento.
“Creo que hay mucho que aprender (Il y a beaucoup à apprendre) de la obra ferencziana - decía Bela Budai en 1975 en un trabajo monográfico sobre el tema en Le Coq Herón-, sin olvidar las muchas desmedidas que hay también que evitar (quels sont les défauts à éviter). Se trata en todo caso de unas experiencias enormemente positivas que dan mucho que reflexionar sobre los problemas prácticos del trabajo terapéutico…” (la trad. es nuestra: Bela Budai, 1975, p. 20).
Pero pronto este inicial desacuerdo entre Freud y Ferenczi sobre el tema de las “intervenciones activas” por parte del analista en cualquiera de sus dos modalidades -la “frustrante” y la “gratificante” (cf. P. F-Villamarzo, 1976-86)-, se habría de convertir en un verdadero choque generalizado sobre el tema de las “variaciones técnicas”. Choque este, por otra parte, en el que los factores emocionales entre ambas figuras claves del psicoanálisis fundacional y los institucionales sobre implicados entre los principales pioneros del movimiento psicoanalítico no tardarían en conducir ese inicial desencuentro técnico a aquel “desdichado final”, del que nos habla Balint, y del que “en última instancia -según expresivamente concluye este gran investigador: “todos salieron perdiendo, incluso nosotros los psicoanalistas” postfreudianos (M. Balint, 1968, p. 182).
B.- CONSIGUIENTE OSTRACISMO DE ESTE AUTOR EN EL INMEDIATO POSTFREUDISMO (1933-1956)
Todo hubiera quedado reducido a un coyuntural, bien que dramático, episodio histórico si aquel “desdichado final” al que se refería Balint en su “Falta Básica” no hubiera actuado como un verdadero “trauma” en la conciencia histórica del psicoanálisis freudiano: “Este acontecimiento histórico del desacuerdo de Freud y Ferenczi -dice Balint- llegó a constituir un -verdadero- trauma en el mundo psicoanalítico” (M. Balint, 1968, p. 182). Efecto traumático este en el que el propio E. Jones, por otra parte, no habría de tener poco que ver mediante su tendenciosa versión sobre los supuestos “estados delirantes del final de la vida” de Ferenczi en el volumen III de su monumental “Biografía” (E. Jones, 1957, p. 194): “ninguna de las personas que conocieron íntimamente a Ferenczi durante aquel periodo final de su vida -sostiene P. Roazen- ha confirmado detalle alguna de esta versión de Jones” (P. Roazen, 1971, p. 393).
Pero el riesgo de toda experiencia traumática, tanto en el individuo como en la institución, no es otro que el de la represión del trauma y el de la consiguiente aparición de una formación sustitutiva sintomática. Esto es justamente lo que históricamente aconteció. La tendencia institucional a negar el trauma del “histórico desencuentro” llevó reactivamente al ostracismo de la figura de Ferenczi y, consiguientemente, de sus más importantes descubrimientos terapéuticos.
Y, como quiera, que el principal impacto de tales experimentos provino de las experiencias de “activo maternaje” de la última época ferencziana -recuérdese el “enfant terrible” del psicoanálisis de la conferencia del Congreso de Oxford de 1929-, esa “technique trés particuliére de réparation par l`ámour”, de la que nos habla Ilse Barande en su Biografía (1972, p. 30), desencadenó todo tipo de “reservas técnicas” en torno al fenómeno de la regresión terapéutica en sí misma: “Por tácito consenso, se declaró que la regresión durante el tratamiento analítico era un síntoma peligroso -nos apunta Balint-, ignorándose del todo su -definitivo- valor como aliada terapéutica” (M. Balint, 1968, p. 182).
La más inmediata consecuencia de todo este lamentable estado de cosas es que durante un largo periodo de tiempo, sobre todo en la por M. Balint denominada “masa central del psicoanálisis” (1968, p. 182), “rara vez se menciona ya a Ferenczi -como nos lo recuerda textualmente S. Lorand-, y las referencias a sus obras fueron -cada vez más- raras” (S. Lorand, 1963, p. 57).
C.- GRADUAL APERTURA HACIA LOS PRINCIPALES PLANTEAMIENTOS FERENCZIANOS (1956-1979)
Todo comienza a cambiar, sin embargo, en torno a la segunda parte de la década de los años 50 ante la toma de conciencia, aun en los propios ambientes del psicoanálisis institucional, de que muchos de “estos trabajos ferenczianos opinables, escritos hace más de treinta años -nos dice S. Lorand ya en 1963 (p. 58)-, tratan temas en torno a los cuales gira hoy la investigación psicoanalítica”.
Ya en 1956, efectivamente, Franz Alexander abre brecha sobre el tema del concepto ferencziano de regresión terapéutica mediante la publicación en el Psychoanalytic Quarterly de su impactante trabajo sobre “Dos formas de regresión y sus implicaciones terapéuticas”. En este trabajo retoma Alexander los conceptos de regresión traumática y pretraumática de Ferenczi (1929 y 1933), proponiéndonos -según nos comenta Balint- “distinguir dos tipos de regresión: la regresión al trauma y la regresión a la satisfactoria situación pretraumática” (M. Balint, 1968, p. 184). A partir de ahí -y del célebre trabajo del propio Balint sobre la “vías de la regresión” (Trills and Regression) de 1959- va siendo cada vez más numeroso el elenco de investigadores en psicoanálisis, tanto de los pertenecientes a la llamada “masa central” como a los de la “periferia” (M. Balint, 1968, pp. 184-185), que profundizan en los aspectos teóricos, clínicos y técnicos de este importante fenómeno psicoanalítico de la regresión(3).
Pero cuando esta retoma del concepto ferencziano de regresión -y, consiguientemente, de la enorme virtualidad terapéutica de las experiencias de este autor- comienza a adquirir definitiva importancia en el propio psicoanálisis americano es, sobre todo, con motivo del “panel” de la Asociación Psicoanalítica Norteamericana de diciembre del 65 sobre el polémico tema de los “Estados agudos regresivos durante el análisis”.
“A todo esto siguió poco después un panel de la Asociación Psicoanalítica Norteamericana -apostilla M. Balint- en su reunión de otoño, diciembre del 65, sobre ‘Estados agudos regresivos durante el análisis’. La situación había cambiado ya considerablemente (…) Podían percibirse todavía algunos inequívocos signos de las viejas aprensiones -antiferenczianas- pero la atmósfera era ya otra completamente diferente” (M. Balint, 1968, p. 185).
Más adelante, sin embargo, y con motivo del recrudecimiento de un viejo problema teórico-técnico planteado ya de antiguo en el propio psicoanálisis americano (en la década de los 50), se va a poner nuevamente de relieve ya en el célebre “Simposium de Atlanta del 79” el avance que en la propia APA van tomando las llamadas posiciones “alexandrinas” y, por lo tanto, las ferenczianas. El tema no es otro que el, todavía en la actualidad, no definitivamente resuelto problema de las diferencias meramente cuantitativas vs. cualitativas entre “psicoanálisis” y “psicoterapia analítica”. El propio título del “Simposium”, “El psicoanálisis y la psicoterapia, similitudes y diferencias: una perspectiva de veinticinco años”, bien a las claras indica “los cambios sustanciales -según señala textualmente Wallerstein- que en la forma de pensar sobre la psicoterapia y el psicoanálisis y la relación entre ambos” (R. W. Wallerstein, 1989, p. 50) se habían ya producido por aquel entonces. Es indudable que los posicionados en línea tendente a diluir las diferencias entre Psicoanálisis y Psicoterapia provenían de influencias “alexandrinas” y aun “culturalistas”, más próximas por tanto a los planteamientos ferenczianos (Merton Gill, por ejemplo), mientras que los enfatizantes de la neta demarcación entre ambos procedimientos técnicos (Leo Stone y aun Leo Ranger, por ejemplo), se alineaban más bien en posicionamientos clásicos. En conjunto estos viejos planteamientos tendentes a separar la psicoterapia del campo del psicoanálisis propiamente dicho, habían ya dado “paso desde la década de los 70 -según nos recuerda Wallerstein- a una nueva época caracterizada por el consenso fragmentado, con el consiguiente surgimiento de nuevas ideas -de antigua raigambre ferencziana, diríamos nosotros- acerca de la -verdadera- naturaleza de la psicoterapia psicoanalítica y de sus relaciones con la herencia del psicoanálisis” (R. W. Wallerstein, 1989, p. 50).
Pero habrá de surgir, todavía en esa década de los 70, otro movimiento en el psicoanálisis norteamericano, el llamado “Moderno Psicoanálisis” de Hyman Spotniz, que por su “acentuación del papel de la comunicación emocional en psicoanálisis” -investigación prioritaria de la antinomia transferencia-contratransferencia- y por su tendencia a adaptar la técnica psicoanalítica a “una gama mucho más amplia de trastornos de lo que habían posibilitado las técnicas clásicas” (Rev. Modern Psychoanalysis, 1(1), 1976, p. 3), no deja de evidenciar su implícita conexión con los planteamientos ferenczianos. Recordemos simplemente, a este respecto, el significativo título del capítulo 9 de la magnífica y reciente obra de Arnold Rachman -una de las figuras estelares de este Congreso- sobre “Sandor Ferenczi”, capítulo que reza justamente: “Introducción en Ferenczi del Modern Psychoanalysis” (A. W. Rachman, 1997, p. 157).
Un acontecimiento importante por lo que al psicoanálisis ferencziano se refiere, tiene lugar, final y paralelamente en parte, en Europa a partir de la muerte en 1970 del verdadero albacea de la obra ferencziana, el psicoanalista húngaro-londinense Mitchel Balint. Y es que a través de una serie de circunstancias que simplemente enumeraremos, el legado ferencziano queda básicamente en manos de autores europeos y, más concretamente todavía, de investigadores franceses. Después, efectivamente, del fallecimiento de M. Balint, el psicoanálisis francés adquiere un claro y directo protagonismo en la definitiva “retoma histórica” de la figura de Sandor Ferenczi y de su magnífica obra. La directa entrada en acción de la psicoanalista parisina de la APF, Judit Dupont, como “albacea literaria de la herencia de Ferenczi” (Sigmund Freud/Sandor Ferenczi, 1992, p. xxxi), por una parte; la aparición editorial en 1972 de la “Biografía” de Ilse Barande, por otra; el cierre en 1982 de las obras completas francesas de S. Ferenczi de la mano del grupo interdisciplinar parisino de Le Coq-Herón; y la aparición, finalmente y un poco más tarde, de la “Correspondence: Freud/Ferenczi” entre 1992 y 1996, por los buenos oficios, nuevamente, de Judit Dupont y Pierre Sabourin: todo ello habrá de contribuir al definitivo asentamiento de este verdadero revival de la obra y de la figura de Sandor Ferenczi dentro del psicoanálisis europeo.
D.- LA INFLUENCIA TECNICA DE FERENCZI DESBORDA EN LA ACTUALIDAD, COMO EN CIRCULOS CONCENTRICOS, EL EXCLUSIVO INTERES DEL PSICOANALISIS FREUDIANO (1979-1998)
Ya a partir de la primitiva influencia en los años 50 y 60 de los planteamientos ferenczianos -como hemos visto- sobre tan significativas figuras del psicoanálisis freudiano como Franz Alexander y Frida Fromm-Reichman, la penetración de la “técnica activa” ferencziana, en cualquiera de sus modalidades “frustrantes” o “gratificantes”, comienza a hacerse sentir claramente en las corrientes “culturalistas” norteamericanas y en las llamadas corrientes “neopsicoanalíticas” europeas (D. Wyss, 1961, p. 226): “Estas tentativas psicoterapéuticas de Ferenczi -nos recuerda Dieter Wyss- fueron aceptadas después, especialmente por las llamadas escuelas de neopsicoanálisis, y dentro de estas, de un modo especial, por H. S. Sullivan en U. S. A., y por H. Schultz-Henke en Alemania” (D. Wyss, 1961, p. 148).
Con el paso del tiempo, por otra parte, esta influencia ferencziana sobre todo aquel tipo de corrientes analíticas a las que, sin intencionalidad marginadora alguna, podríamos denominar como de “paralelas” al freudismo, no ha dejado de crecer. Ahora mismo podemos leer en Internet, cuando rastreando el actual curso de las influencias ferenczianas en psicoterapia, nos encontramos con un texto inglés de Manuel Furer según el cual “una de las influencias actuales puede apuntar a la directa conexión entre Ferenczi y la escuela sullivaniana de psiquiatría (and the school of Sullivanian of Psychiatry)”. Para enfrentarnos inmediatamente con la inequívoca aseveración de este mismo autor de que “muchos alumnos y analizando de esta escuela, así como múltiples profesores universitarios, se dirigen -en la actualidad- hacia esta teoría y método interpersonal” de indudable raigambre ferencziana (M. Furer, 1996, Internet, pp. 1/12).
Pero viniendo ya a las influencias ferenczianas sobre todo aquel otro tipo de corrientes analíticas a las que Dieter Wyss denomina como de “orientación filosófica” o “existencialista” (D. Wyss, 1961, 283) y, más en la actualidad, como “psicoterapias humanístico-existenciales” (G. Feixas y Mª Teresa Miró, 1995, p. 135), la penetración de las experiencias técnicas ferenczianas en todos estos tipos de terapias no deja mucho lugar a dudas. Ya Sandor Lorand en su “Semblanza” sobre Ferenczi de 1963 nos apuntaba que todos estos tipos de psicoterapia “tienen su origen en la terapia analítica de tipo ferencziano” que “tienden a destacar la humanidad del analista y el amor que éste da al paciente” (S. Lorand, en: M. Grotjahn, 1963, vol. I, p. 41). Muy recientemente Arnold Rachman, a mayor abundamiento, dedica dos capítulos íntegros de su magna obra de 1997 sobre “Sandor Ferenczi, el Psicoterapeuta de la Ternura y de la Pasión” a este preciso tema con los muy significativos títulos, respectivamente, de “La primitiva psicoterapia humanista de Ferenczi” y “La terapia de relajación de Ferenczi y el método humanístico” (A. W. Rachman, 1997, pp. 13 y 285).
Al referirse, por otra parte, el propio Sandor Lorand a la por entonces inicial irrupción de todo tipo de técnicas grupales de carácter “activo” -recuérdese las experiencias gestáltico-humanistas de Fritz Perls en Essalen Institut de California de los años 60 (F. Perls, 1969)- afirma que “todos estos ‘nuevos’ métodos pueden entenderse legítimamente como activos y todos ellos fueron descritos y utilizados en algún momento por S. Ferenczi”. Para inmediatamente añadir, haciendo significativa alusión al histórico ostracismo sobre la obra de Ferenczi, “sin embargo, sus origines han sido -sorprendentemente- olvidados” (S. Lorand, en: M. Grotjhan, 1963, p. 41).
Pero si queremos ampliar más definitivamente el círculo de influencias ferenczianas, del que venimos hablando, a un decidido “extramuros del psicoanálisis”, podemos referirnos, finalmente, a los actuales movimientos integrativos en psicoterapia (cf., entre nosotros, G. Feixas y M. Villegas, 1990). Resulta indudable que si queremos hacer girar todo este movimiento en torno a un doble pivote, el “constructivismo” desde un punto de vista epistemológico y el “interaccionismo” desde la perspectiva modelística, serían los dos grandes puntos de referencia de todo este movimiento psicoterapéutico. Más hablar de “constructivismo” y de “interaccionismo”, es hacer implícita bien que precisa referencia a los planteamientos ferenczianos. Si algo caracteriza, efectivamente, las novedosas experiencias terapéuticas de Ferenczi es, en primer lugar, la tendencia “activa”, por una parte, a deconstruir (J. Derrida, 1967, pp. 271-317) regresivamente la personalidad patológicamente construida a partir de la experiencia traumática infantil y a reconstruir transferencial-contratransferencialmente (cf. Ph. Meadow, 1992) la nueva estructura de la personalidad allí emergente (H. Kohut, 1977).
“Es este un pequeño paso -dice M. Furer, refiriéndose al componente “constructivista” de a propia situación psicoanalítica- hacía las variaciones técnicas de Ferenczi. Según las cuales -añade inmediatamente- el conflicto original del niño proveniente de la inautenticidad de los guardadores, sólo ha de ser eliminado -reconstruido- por la actitud abierta y honesta del analista que rectifique el trauma producido por la falta de tacto de los adultos” (M. Furer, 1996, Internet, p. 11/12)
Pero, por otra parte, el hecho de que semejante reconstrucción tenga lugar a través de la propia relación interpersonal (cf., H. S. Sullivan, 1953; G. W. B. Lum, 1988) entre los dos componentes de la díada psicoanalítican nos lleva nuevamente a Ferenczi a quien la “escuela sullivaniana”, según hemos visto, considera como su verdadero antecesor. Y no deja de ser curioso, a este respecto, que el más reciente de los modelos psicoterapéuticos de especial implantación norteamericana -la llamada “Terapia Inter-Personal” (TIP)-, aun haciendo sólo explícita referencia a H. S. Sullivan, no deja implícitamente de rendir homenaje al más directo antecedente de la “Teoría de la relaciones interpersonales” que no es otro que el propio Ferenczi: “La TIP (siglas de la Terapia Interpersonal) –dice, entre nosotros, Solé Puig- es una psicoterapia breve centrada en los problemas psicosociales e interpersonales del enfermo mental. No es psicoanálisis -continúa Solé Puig-, ni conductismo, ni cognitivismo. Pero suele servirse de alguno de estos modelos. Como fundamento teórico último -concluye este autor- aparece Harry Stack Sullivan el máximo representante de la escuela interpersonal” (J. Solé, 1995, pp. 141 y 144).
II.- IMPLICITA INTEGRACIÓN DE LAS “INNOVACIONES TÉCNICAS” FERENCZIANAS EN LOS MAS DIVERSOS PARADIGMAS DE LA PSICOTERAPIA ACTUAL
Pero si de este recorrido histórico-crítico (“método diacrónico”) sobre los avatares del “legado ferencziano” que hemos venido realizando, pasamos ya a la definitiva huella técnica que en los más diversos “paradigmas” de la psicoterapia actual han dejado todas estas experiencias “activas” de Sandor Ferenczi (“método sincrónico”), habremos consecuentemente de concluir que la influencia de este autor, bien que a veces inconfesadamente, se halla omnipresente en todo el panorama terapéutico de finales del siglo veinte: “todo tipo de enseñanza, tratamientos e investigación (study, treatement, and research) -finaliza Arnold Rachman su magna obra sobre Ferenczi- en el área del psicoanálisis, de la psicología humanista y de la psicoterapia en general encuentra a Sandor Ferenczi como el verdadero pionero (that Ferenczi pioneered) de todo tipo de práctica actual” (A. W. Rachman, 1997, p. 420).
Demasiado lejos nos llevaría, sin embargo, el pretender abarcar las diversas modalidades o paradigmas técnicos en los que la influencia de Ferenczi se hace sentir en el momento actual -lo dejamos para un estudio más amplio que preparamos al respecto- y mucho más si quisiéramos sistematizar los múltiples aspectos técnicos en los que semejante influencia ferencziana ha dejado sentir su indeleble huella terapéutica. Nos conformaremos ahora con referirnos sucintamente, también como en círculos concéntricos paradigmáticos, a los cuatro niveles fundamentales de posible trabajo terapéutico: a) al estrictamente psicoanalítico o “cura tipo”, b) al relativo a la psicoterapia analítica, c) al de las ‘nuevas terapias’ de más o menos lejana inspiración analítica, y, finalmente, d) al de cualquier tipo de terapias no propiamente analíticas. En cada uno de estos cuatro niveles o “círculos terapéuticos”, aludiremos exclusivamente a la integración técnica de uno sólo de los procedimientos ferenczianos de orden terapéuticos que encuentran en este autor su principal inspirador: “Todo estos ‘nuevos’ métodos pueden entenderse legítimamente -nos decía ya Sandor Lorand- como activos, y todos fueron descritos y utilizados en algún momento por Ferenczi; en muchos casos, sin embargo -añadía este autor-, sus orígenes han sido -tendenciosamente, diríamos nosotros- en la actualidad olvidados” (S. Lorand, en: M. Grotjjahn, 1961, vol. I, p. 41).
A.- En el propio psicoanálisis freudiano o “Cura Tipo” del psicoanálisis “clásico” (“Regresión”)
Por lo que al psicoanálisis freudiano o “cura tipo” se refiere -no olvidemos que todavía en 1931 Sandor Ferenczi refiriéndose a Freud mantenía que “en lo que concierne a los principios básicos del psicoanálisis estamos ambos de acuerdo” (S. Ferenczi, 1931, “Psicoanálisis”, vol. IV, p. 110)-, podríamos destacar la necesaria profundidad etiológica de la regresión terapéutica como el aspecto técnico ferencziano más definitivamente incorporado al esquema estructural de un verdadero análisis clásico: “no hay que considerarse satisfecho -decía Ferenczi en 1931- de ningún análisis que no haya conseguido la reproducción real de los procesos traumáticos del rechazo original (die reale Reproduction der traumatischen Vorgänge der Urverdrängung)” (S. Ferenczi, 1931, “Psicoanálisis”, vol. IV, p. 113; “Bausteine”, vol. III, p. 496).
Parece indudable que, independientemente de la específica fuerza interpretativa que la reactualización regresiva de la primitiva posición esquizo-paranoide (“primeros meses de vida”) adquiere en corrientes como la kleiniana (M. Klein, 1946, vol. 3, p. 31), la creciente tendencia a manejar cada vez más profundos niveles de regresión en el psicoanálisis “clásico” (cf., M. Little, 1951, F. Alexander, 1956, E. R. Zetzel, 1956, A. Raskovky, 1960, M. Balint, 1965, S. Tuttman, 1979, J. Cremerius, 1983, M. Ermaan, 1993, R.C van Sweden, 1995), y ello pese a los indudables riesgos de todo orden que semejante factor terapéutico comporta -recuérdese la necesaria distinción de M. Balint entre “regresión benigna y maligna” (M. Balint, 1969, p. 184)-, bien a las claras evidencia que esa propuesta ferencziana de profunda regresión, con los debidos matices de verdadero manejo analítico, han triunfado definitivamente en el psicoanálisis freudiano: “Es bien sabido que muchos psicólogos del yo afirman rotundamente -nos dice Etchegoyen en su tratado de técnica-, que el proceso analítico es esencialmente de naturaleza regresiva y que ello es la condición necesaria para que se constituya una neurosis de transferencia -verdaderamente- analizable” (R. H. Etchegoyen, 1986, p. 500).
B) En la llamada “Psicoterapia Psicoanalítica” (“Elasticidad”)
Pero quizás el concepto ferencziano básico para entender en profundidad el más coherente sentido analítico de todo tipo de “variación técnica” en una auténtica “psicoterapia analítica” (cf., F. Alexander y T. French, 1946), sea el recubierto por el término ferencziano de “elasticidad”- término y concepto centrales, precisamente, de este nuestro Workshop o “Grupo de Discusión”-: “Acepto como mía -dice Ferenczi en su trabajo sobre el tema de 1928- la elasticidad de la técnica analítica (der Elastizität der analytischen Technik) forjada por un paciente. Hay que ceder a las tendencias del paciente -sigue gráficamente Ferenczi-, como si se tratara de una goma extensible (ein elastisches Band), pero sin abandonar la tracción en favor de las propias opiniones técnicas”- (S. Ferenczi, 1928, “Psicoanálisis”, vol. P. 66; “Bausteine”, vol. IV, p. 390).
Y fue, justamente, en el anteriormente aludido debate norteamericano sobre “similitudes y diferencias entre psicoanálisis y psicoterapia” del Simposium de Atlanta de 1979, donde, al quedar en principio zanjado el problema, llegaría a ser asumida la psicoterapia analítica como una “forma intermedia” de trabajo analítico coherentemente “elástico” respecto al psicoanálisis clásico o “cura tipo”, pero netamente diferenciado de la mera psicoterapia de apoyo o, según en nuestros medios diríamos, de una simple “psicoterapia dinámica” (cf., P. F. Villamarzo, 1982): “Esta forma de conceptualizar la naturaleza de las diferentes modalidades terapéuticas -dice Wallerstein en 1989- ubica la psicoterapia expresiva (expressive Psychotherapy) -psicoterapia elástica, diríamos con Ferenczi- en una categoría intermedia entre la terapia de apoyo (supportive psychotherapy), por un lado, y el psicoanálisis (psychoanalysis), por otro” (R. S. Wallerstein, 1989, p. 34).
C.-En las nuevas terapias de inspiración analítica (“Expresión corporal”)
Si algún denominador común caracteriza a todo este tipo de “nuevas terapias” en las que, por otra parte, predomina el encuadre grupal es, justamente, la definitiva importancia que allí se otorga al factor corporal y a sus diversos modos de expresión sintomática del conflicto psíquico: “…si nos fijamos en las particularidades del síntoma -dice Ferenczi en “Síntomas transitorios en el desarrollo de un psicoanálisis” de 1912-, en el tipo de parálisis, de excitación sensorial o motriz, en el órgano a través del cual se manifiesta, en las circunstancias y pensamientos que han precedido inmediatamente a su aparición, y si intentamos descubrir su significado (den Sinn des Symptoms zu entdeken), constataremos que el síntoma orgánico es la expresión simbólica del movimiento afectivo o intelectual inconsciente despertado por el -propio- análisis” (S. Ferenczi, 1912, “Psicoanálisis”, vol. I, p. 222; “Bausteine”, vol. II, p. 11).
Es verdaderamente sorprendente constatar, a este respecto, que en una fecha tan primitiva como la de 1912 se hubiera podido publicar un trabajo como este de S. Ferenczi y efectuar las lúcidas afirmaciones de este autor sobre la importancia del cuerpo en psicoanálisis - recuérdese, a título de ejemplo, Lecons du Corp de Roger Gentis de 1980 y Le moi-peau de Didier Anzieu de 1985-, sin que ni siquiera W. Reich y su posterior corriente “bionergetista” (CF. A. Lowen, 1975) hubieran podido aparecer en el horizonte psicoterapéutico(4). Además de la explícita referencia en su “Semblanza” sobre Sandor Ferenczi del ya varias veces citado, Sandor Lorand, atribuyendo al propio Ferenczi la verdadera paternidad de todo este tipo de “nuevas terapias”, contamos en la actualidad con Le guide pratique des nouvelles thérapies de Edmond Marc de 1992 en la que, situado el “lenguaje corporal” como el verdadero “hilo conductor” de todo este tipo de terapias por este autor inventariadas, no hace sin embargo alusión alguna a estos planteamientos pioneros de Sudor Ferenczi: “…casi todas ellas -apostilla este autor- conceden un lugar preponderante al enfoque corporal y, a diferencia de la modalidad puramente verbal del psicoanálisis, hacen hincapié en la expresión de las emociones -mediante el cuerpo- y en la comunicación no verbal” (E. Marc, 1992, pp. 7-8).
D.- En las psicoterapias no propiamente analíticas (“Experiencia emocional correctora”)
Si como prototipo de las influencias, siquiera sean estas implícitas, que los planteamientos ferenczianos ejercieron en las psicoterapias no analíticas, quisiéramos aludir a la más característica de todas ellas, por lo paradigmáticamente antagónica al propio modelo analítico, deberíamos referirnos a la inequívoca aproximación conductual que las “técnicas activas” de tipo frustrante supusieron ya en su obra de 1921, “Prolongaciones de la técnica psicoanalítica en psicoanálisis”: “Determinados pacientes fóbicos… no conseguían superar algunos puntos muertos del análisis -dice Ferenczi en el referido trabajo- hasta que se les incitaba (bis sie nicht gedrängt wurden) a salir del seguro refugio que constituía su fobia y a exponerse a la situación fobógena (…) Así, pues, este tipo de actividad se descompone -añade bien conductualmente- en el requerimiento u ejecución sistemáticos de -determinadas- órdenes y prohibiciones (vom Geboten und Verboten) del terapeuta” (S. Ferenczi, 1921, “Psicoanálisis”, vol. III, 140 y 144; “Bausteine”, vol. II, 66 y 72).
La estrecha relación, pues, entre el “condicionamiento conductual” (cf. B. F. Skinner, 1948) y la posterior expresión alexandrina, de indudable corte ferencziano, “experiencia emocional correctora” -no olvidemos la coautoría de Thomas French respecto al libro de Franz Alexander (1946)-, parece absolutamente evidente: “El paciente adquiere una experiencia directa, nueva y emocional con el terapeuta; a través de ella extingue el miedo real -dicen Dollard y Miller-, siente una agresividad, identifica una dependencia real e intenta posibles acciones, todo ello dentro de la situación terapéutica. Dicha experiencia de la relación de transferencia -concluyen Dollard y Miller- constituye la ‘experiencia emocional correctora’ sobre la que -siguiendo a Ferenczi, añadimos nosotros- han hablado Alexander y French en 1946” (J. Dollard y N. E. Miller, 1964, p. 3129).
CONCLUSIÓN
VIGENCIA TÉCNICA DE FERENCZI EN LA ACTUALIDAD
Todo lo anteriormente dicho y como síntesis final de todo este estudio, nos lleva a un pleno acuerdo en 1998 con la conclusiva aseveración de Mitchel Balint de 1972 con la que epigráficamente iniciábamos nuestra ponencia:
“Más de treinta años -hoy diríamos, más de sesenta- después de la muerte de Sandor Ferenczi… seguimos sin que se haya dado respuestas definitiva a los problemas técnicos suscitados por él. Durante cierto número de años pareció que el psicoanálisis había rechazado definitivamente sus ideas. Sin embargo, durante estos últimos tiempos, los problemas que él suscitó han atraído cada vez con mayor intensidad el interés de todos. El juicio definitivo queda, pues, abierto todavía -tal es su potente virtualidad- al veredicto final del futuro” (M. Balint, 1972, Le Coq-Heron, nº 28, Paris, 1972: la trad. es nuestra).
Y para concluir con un más reciente texto de uno de los mejores especialistas actuales en el pensamiento ferencziano, Michael Ermann, cerraremos definitivamente nuestra ponencia con el siguiente aserto de este autor.
“Debemos a S. Ferenczi magníficos impulsos en el desarrollo del psicoanálisis (S. Ferenczi verdanken wir wesentliche Impulse für die Entwicklung Psychoanalyse). Su obra está plena de descubrimientos técnicos de todo orden, ideas geniales y novedosas observaciones de un extraordinario valor. Sus contribuciones, según decía el propio Freud en su Nota necrológica (1993), han convertido a todos los analistas -a todos los terapeutas, añadiríamos nosotros- en verdaderos discípulos suyos” (M. Ermann, 1993, p. 706).
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CUADRO Nº 1
PROBLEMÁTICAS VICISITUDES DEL LEGADO TÉCNICO FERENCZIANO
(Estudio histórico-crítico)
A.- DRAMÁTICO DESACUERDO ENTRE FREUD Y FERENCZI (1919-1933)
1919: “Dificultades técnicas de un análisis de histeria” (primer trabajo ferencziano sobre “técnica activa”)
1933: Muerte de Sandor Ferenczi (traumática versión de Ernest Jones)
B.- OSTRACISMO DE LA OBRA DE FERENCZI EN EL INMEDIATO POST- FREUDISMO (1933-1956)
1933: Muerte de Sandor Ferenczi (traumática versión de Ernest Jones)
1956: Dos formas de regresión y sus implicaciones terapéuticas” (impactante trabajo pro-ferencziano de Franz Alexander)
C.- GRADUAL APERTURA HACIA LOS PLANTEAMIENTOS FERENCZIANOS (1956-1979)
1956: Dos formas de regresión y sus aplicaciones terapéuticas” (impactante trabajo pro-ferencziano de Franz Alexander)
1979: “El psicoanálisis y la psicoterapia: similitudes y diferencias” (tema central del “Simposium de Atlanta” del otoño del 79)
D.- LA INFLUENCIA TÉCNICA DE FERENCZI DESBORDA EL EXCLUSIVO INTERÉS DEL PSICOANÁLISIS FREUDIANO (1979-1993)
1979: “el psicoanálisis y la psicoterapia: similitudes y diferencias” (tema central del “Simposium de Atlanta” del otoño del 79)
1993: Creación del “Sandor Ferenczi Institut” de Nueva York (a iniciativa de Arnold William Rachman) y convocatoria del “Simposium Sandor Ferenczi” de Budapest (Michael Ermann)
CUADRO Nº 2
ACTUAL INTEGRACIÓN DE LAS “INNOVACIONES TÉCNICAS FERENCZIANAS”
(En el “psicoanálisis” y en los diversos paradigmas de la “psicoterapia actual”)
D.-EN LAS “TERAPIAS NO ANALÍTICAS”
“Experiencia correctora” (sensibilización conductual)
“Confusión de lenguajes” (double bind”)
C.- EN LAS “NUEVAS TERAPIAS”
Síntomas transitorios” (lenguaje preverbal)
“Comunidades terapéuticas” (tratamiento bio-psico-social)
B.- EN LA “PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA”
“Elasticidad técnica” (coherente flexibilidad)
“Neocatarsis” (restauración de la personalidad)
A.- EN EL “PSICOANÁLISIS FREUDIANO”
“Regresión terapéutica” (profundidad etiológica)
“Trans/Contratrans” (unidad funcional)
Notas:
1.-
Se trata de un clarividente texto de M. Balint inicialmente publicado en 1966 en la Revista “Psique”, posteriormente con diversos retoques en un libro colectivo de 1967 titulado Psychoanalytic Techniques, más adelante en 1972 en Le Coq-Heron, y, finalmente, en las “Obras Completas” de Ferenczi en francés y, consiguientemente, en la traducción de éstas al español en Espasa Calpe.
2.-
En una célebre carta de Freud a Ferenczi de diciembre de 1931, aunque no sin un cierto gracejo marcaba ya aquél sus definitivas distancias al respecto: “Me parece patente que las divergencias entre Ud., y yo están llegando a un punto culminante a causa de un detalle técnico que bien vale la pena discutir. Ud., no ha hecho ningún secreto en cuanto que a que Ud., besa a sus pacientes y los permite que ellos hagan lo mismo con Ud., (…) ¿Por qué vamos a detenernos en el beso? Ciertamente se puede lograr más si se recurre al manoseo, que, después de todo no va a engendrar un niño” (E. Jones, 1957, pp. 180-181).
3.-
Consúltese, entre nosotros, la sistemática investigación doctoral -recientemente publicada- del Dr. Pablo Gallo Mezo sobre los históricos avatares del fenómeno psicoanalítico de la regresión desde Freud y Ferenczi, y a través de todo el postfreudismo (cf., P. Gallo Mezo, 1998).
4.-
Probablemente ninguno de los grandes patriarcas del “Essalen Institut” de California –Frederich Perls, incluido- parecen haber tenido noticia alguna de este trabajo pionero del gran ignorado de Budapest.
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