Creo que la revisión ferencziana de la teoría y de la clínica de la contratransferencia, innovadora para los tiempos de Freud, y actual incluso en nuestros días, se puede comparar con la revisión bioniana de la teoría de la identificación proyectiva de Melanie Klein. Ciertamente recordareis la distinción hecha por Bion entre la “identificación proyectiva normal” y la “identificación proyectiva patológica (o excesiva)”. La distinción realizada permite distinguir en el interior de un idéntico mecanismo dos posibles declinaciones y destinos. Particularmente junto al mecanismo de defensa primitivo descrito por M. Klein en su trabajo “Nota sobre los mecanismos esquizoides”(2), se localiza una identificación proyectiva normal que se describe como la primera modalidad utilizada por el niño para liberarse de las angustias de muerte primitivas(3).
La identificación no ha admitido aún ningún carácter destructivo ni intensamente persecutorio, como sucederá en el caso de que falle la función de “reverie” de la madre en donde está asignado el deber de contener, elaborar y metabolizar sobre el plano sensorial, afectivo y cognitivo las angustias primitivas del niño y de restituirlas con una potencia reducida y al mismo tiempo bonificadas al propio niño.
Creo que la posición asignada por Ferenczi al analista en su revisión de la contratransferencia, establecidas las debidas diferencias, se puede comparar a la que Bion asigna a la madre y funcionalmente al analista en el curso del análisis con los pacientes graves. Pienso que el interés por los pacientes graves, por los problemas que tienen que ver con la relación clínica con los pacientes graves y por el funcionamiento de la mente de los sujetos no neuróticos representan el punto de partida común entre Ferenczi y Bion. En mi intervención de hoy pondré en relieve dos aspectos específicos del pensamiento de Ferenczi. Utilizaré como referencia su trabajo sobre la “Confusión de lenguas entre adultos y niños” (el lenguaje de la ternura y el lenguaje de la pasión) y enlazaré algunos pasajes con las reflexiones de Bion contenidas en “Pensando: una teoría”.
En el trabajo en cuestión, Ferenczi parece querer llamar la atención principalmente sobre el lugar que ocupa la confusión de lenguas, producida en ocasión de la seducción sexual realizada concretamente por parte del adulto respecto al niño. Escribe Ferenczi: “En principio he podido confirmar la hipótesis ya enunciada de que nunca se insistirá bastante sobre la importancia del traumatismo y en particular del traumatismo sexual como factor patógeno... Las seducciones se producen habitualmente de este modo: un adulto y un niño se aman; el niño tiene fantasías lúdidas, como por ejemplo desempeñar un papel material respecto al adulto. Este juego puede tomar una forma erótica, pero permanece siempre al nivel de la ternura… pero si los adultos confunden los juegos con los deseos de una persona madura sexualmente y se dejan arrastrar a actos sexuales, las consecuencias traumáticas son inevitables”. Los niños en estas circunstancias no son capaces de afrontar la situación con defensas adecuadas dado que su personalidad es aún demasiado frágil, el niño se siente enormemente confundido, dividido en dos… “la personalidad aún débilmente desarrollada reacciona al desagrado brusco no mediante la defensa sino con la identificación” … Claro que la edad hace la diferencia, pero “Una parte de su personalidad, el núcleo mismo de ella, ha quedado fijado a un determinado momento y a un nivel en que las reacciones aloplásticas eran aún imposibles y donde, debido a una especie de mimetismo, se reacciona de forma autoplástica”…y sin embargo siendo la conciencia infantil aún frágil y no formada… “Por identificación, digamos que por introspección del agresor, éste desaparece en cuanto realidad exterior, y se hace intrapsíquico; el acontecimiento extrapsíquico se vuelve intrapsíquico. Lo intrapsíquico va a quedar sometido, en un estado próximo al sueño. Como lo es el trance al proceso primario, es decir que lo que es intrapsíquico puede ser modelado y transformado de una manera alucinatoria, positiva o negativa, siguiendo el principio del placer”.
En la relación que crea la teoría del trauma de Ferenczi, el lugar revelante es asignado al adulto, como sujeto activo, capaz de determinar la bondad de la comunicación o la contaminación de la experiencia, mientras que el niño parece que se propone como sujeto pasivo impotente. Pero el carácter interpsiquico de la relación de seducción en su encuentro con la “conciencia rudimentaria” del niño origina una vivencia intrapsíquica marcado por la identificación, que añade confusión en el orden de la experiencia.
Más allá de la recuperación de la teoría del trauma, o de la seducción sexual como agente traumático concreto, la reflexión concierne fundamentalmente a un problema de lenguaje estrechamente relacionado al funcionamiento de la mente en las fases precoses del desarrollo y en el contexto de las primeras relaciones del niño con las figuras paternas y equivalentes. Lo que me parece significativo es lo que resalta Ferenczi de la naturaleza comunicativa-relacional del trauma, en que el intrapsíquico es aquí un derivado, anticipadamente precoz y por tanto impracticable, en el sentido profundo(4) del término, también en relación con las capacidades psíquicas del infante.
De los muchos aspectos de los que la experiencia comunicativa se compone en la circunstancia, son valorizados por Ferenczi aquellos que encuentran traducción en los términos de “ternura” y de “pasión”. La ternura y la pasión asumen de este modo el valor de factores capaces de recoger órdenes de experiencias múltiples: la sensorialidad, las dimensiones emotivas, en sus acepciones afectivas, eróticas y sexuales, las expresiones lingüísticas de tales dimensiones (a parte del lenguaje como instrumento que atribuye sentido). Incluso en el cambio de perspectiva, creo que la “confusión dialéctica” entre el lenguaje de la ternura y el de la pasión encuentran cuestiones próximas a lo que describió Bion sobre el sentido común en los parágrafos concluyentes del trabajo “Pensando: una teoría”: (XXVII) “Una importante función de la comunicación consiste en establecer correlaciones. Las verbalizaciones son necesarias para favorecer la conjunción de un conjunto de datos sensoriales con otro. Si los datos reunidos armonizan entre ellos, se percibe una sensación de verdad… La falta de realización de esta unión de datos sensoriales, con la consiguiente falta de una visión común (coherencia y empatía recíproca) induce en el paciente un estado mental de debilidad, como si la carencia de verdad fuese, en algún modo, análoga a la falta de alimentación… (XXVIII) Las emociones desarrollan en la psique una función parecida a la de los sentidos en relación con los objetos…se siente una sensación de verdad si la visión (psíquica) de un objeto odiado puede ser conjunta a la visión del mismo objeto cuando en cambio éste es amado; esta conjunción confirma que el objeto experimentado a través de distintas emociones, es el mismo objeto: se establece una correlación”… (XXIX) “Una correlación análoga es posible en la focalización del consciente y el inconsciente sobre fenómenos que tienen lugar en la consulta.”
La reflexión de Bion subraya la importancia de la coherencia y de la continuidad como factores que caracterizan la experiencia del sentido común(5). El “sentido común” asume para Bion el valor de una concordancia que encuentra declinación contemporáneamente en los campos de la experiencia sensorial, de la emotiva y de la comunicación (del lenguaje en sus distintas acepciones). Mediante la correlación establecida entre inconsciente y consciente el “sentido común” analítico encuentra la fundación de lo intrapsíquico, aunque se subraya el carácter de todas formas relacional de cada experiencia, y particularmente de las infantiles.
Por lo tanto Bion y Ferenczi comparten la fundación relacional del intrapsíquico; y el carácter infantil de la experiencia que hace de presupuesto en la relación analítica; y además el “continuum”, que desde el orden de la alimentación y de la supervivencia biológica, poco a poco conduce al sujeto a través de la relación afectiva, hasta la institución cognoscitiva de la relación con la verdad. Creo que la confusión de lenguas en la teoría de Ferenczi introduce en el campo del “sentido común” elementos nuevos que se refieren al orden de la ambigüedad, a través de la presencia de elementos contiguos que, sin embargo, se colocan sobre planos distintos e incompatibles: lúdico-erótico/infantil (la ternura); sexual-adulto (la pasión). Son la incongruencia y el descarte temporal, entre los dos órdenes de experiencia, los que determinan confusión; y la confusión genera conflictos insanables entre elementos que son sin embargo concurrentes y presentes simultáneamente en la experiencia relacional en desarrollo.
La coherencia sensorial-emotivo-cognitiva acompaña en Bion la posibilidad de que se de la experiencia del sentido común y hace posible la unión del principio del placer con el principio de realidad. Allí en cambio donde el desacuerdo conflictivo predomina, no es posible que existan fenómenos que consientan la unión entre el placer de la alimentación y el valor nutritivo de la verdad. La relación de controversia entre ternura y pasión desplaza la cuestión del sentido común a un terreno (comunicativo y de experiencia relacional) en el que el conflicto y el valor traumático de la experiencia está conectado a la concurrencia sincrónica de elementos ambiguamente incongruentes. La realización del sentido común se ve enriquecida a través del injerto ferencziano de la necesidad de una mirada desde distintos planos simultáneos (“al contempo multiplanare”), y perspectivamente diacrónico, en el que el fundamento integrativo se combina con la necesidad de diferenciar tiempos y modos de la experiencia.
Por consiguiente se podría decir que no son las cosas en sí mismas las que son feas, negativas, patógenas, sino que son los tiempos y los modos en que son experimentadas a convertirlas así. De todas formas la ternura y la pasión representan dos caras de una misma moneda (amor), y al mismo tiempo dos lenguajes que se desarrollan sobre planos próximos pero diferentes. Su confusión, más que favorecer al sentido común, lo obstaculiza cuando no pervierte el sentido(6).
Las consideraciones de Ferenczi sobre la confusión de lenguas, son genialmente precedentes de la importancia de la cuestión del lenguaje y de la comunicación en la relación analítica(7) y de las relaciones entre ésta y las experiencias primitivas vividas por el bebé con la madre y viceversa.
Ferenczi ha anticipado, quizá demasiado precozmente, tesis, posiciones y direcciones de la búsqueda psicoanalítica (teórica y clínica) muy sucesivas a él. Sobre estas líneas se colocan las cuestiones descritas en el mismo trabajo sobre la relación entre traumas sexuales infantiles, y sus éxitos en el funcionamiento psíquico del niño:.
“La particular observación de los procesos que tienen lugar durante el trance analítico, nos enseña que no existe shock ni miedo sin indicios de una escisión de la personalidad. Ningún psicoanalista se sorprenderá de que una parte de la personalidad regrese a la condición precedente al trauma, e intente actuar como si el trauma no se hubiese producido. En cambio es extraño que se de un segundo mecanismo, cuya existencia ignoraba. Me refiero al imprevisto y sorprendente nacimiento de nuevas facultades… Situaciones de dificultad extrema, y en particular el miedo a la muerte, parecen tener las dificultades de despertar y de convertir activas disposiciones latentes, que estaban en espera de madurar en un estado de profunda tranquilidad. En el niño… bajo el impulso de la necesidad traumática pueden desplegarse de forma imprevista futuras actitudes… Se puede hablar tranquilamente, en comparación con la conocida regresión, de progresión traumática o bien de precocidad…”.
A partir del trauma sexual infantil Ferenczi avanza la hipótesis perturbadora de que puedan producirse regresiones patológicas, marcadas por el renegar que a partir de la escisión conduce a la fragmentación y por tanto a la atomización de la personalidad(8), o bien progresiones milagrosas: “Como por el toque de una varita mágica, o por el arte de un faquir que de una semilla hace crecer delante de nuestros ojos el tallo de una flor, en el niño que ha padecido agresión sexual traumática pueden desplegarse de forma imprevista actitudes inesperadas e imprevisibles”. Es como si un mismo acontecimiento pudiese producir inexplicablemente éxitos en apariencia diametralmente opuestos: la fragmentación y también la atomatización de la personalidad, o bien la afirmación de defensas reactivas y las potencialidades autoplásticas presentes en la personalidad del niño. Verdaderamente Ferenczi subraya la importancia de la frecuencia y de la intensidad de los hechos traumáticos como factor determinante por la gravedad de los éxitos(9), y hace emerger un poco a la vez el aspecto patológico que se oculta también debajo del “milagro” de la progresión traumática.
Me gustaría acercar las reflexiones de Ferenczi sobre los posibles destinos de los acontecimientos traumáticos infantiles, con las consideraciones de Bion, sobre los destinos de la frustración en las experiencias primitivas relacionales del bebé con la madre (en relación con la función del pensar(10).
“Si la capacidad de tolerar la frustración es suficiente, la realización negativa (el no pecho interno) se vuelve un pensamiento y se desarrolla el aparato mental por pensarlo. Si la capacidad de tolerar la frustración no es adecuada, la valencia negativa conectada a la experiencia traumática del “no pecho” como un objeto malo, pone a la psique frente a la necesidad de elegir entre evitar la frustración o modificarla, si predomina la intolerancia sobre la frustración se cumplen unos pasos, mediante ataques destructivos, para evitar la percepción de la realización… Si la intolerancia sobre la frustración no es tan fuerte como para activar mecanismos de huida y, sin embargo es demasiado grande para poder soportar el predominio de principio de realidad, la personalidad desarrolla la omnipotencia como sustituto del emparejamiento de preconcepto o concepto con la realización negativa”.
Esto conlleva la admisión de la omnisciencia como sustituto del aprendizaje obtenido por la experiencia. No existe ninguna actividad psíquica que discrimine entre lo verdadero y lo falso. La omnisciencia sustituye la discriminación entre lo verdadero y lo falso con la afirmación dictatorial de que una cosa es justa mientras que otra no. El orden moral ocupa el lugar que tendría que ocupar la discriminación de lo verdadero y lo falso. Al igual que el trauma ferencziano, el destino de la frustración bioniana dependerá de los caracteres de la frustración y de la “personalidad” del niño.
Así como para Ferenczi la intensidad y la frecuencia repetida de los traumas determinan el destino del sujeto y su desarrollo en la dirección de la fragmentación de la personalidad, para Bion la falta del funcionamiento de la “reviere” materna, determinará que la intensificación de la acción del mecanismo defensivo en la identificación proyectiva con su aumento en intensidad y en frecuencia, alimenta escisiones en la personalidad y huidas de la realidad.
En el caso en que la personalidad del niño y las circunstancias evitaran la necesidad de la huida, la defensa, mediante la modificación de la realidad hará que el lugar que tendría que ser ocupado por la función-capacidad del aprendizaje, obtenida a través de la experiencia, sea en cambio una pensión de un crecimiento acelerado del saber. La actividad-función cognoscitiva estará intensamente marcada por rasgos de la personalidad tales como la omnipotencia y la omnisciencia y por tanto contaminada por actitudes morales.
El descarte de la actividad cognoscitiva en dirección a la asunción de posiciones morales, más que la discriminación entre lo verdadero y lo falso, está marcada por la anticipación y la precocidad, y constituye la respuesta especular a la progresión traumática que Ferenczi define en suma como patología” y que encuentra una descripción metafórica en la figura del “bebé sabio”:
“Esto hace pensar en los frutos que pican los pájaros, que maduran más rápidamente o que se vuelven más dulces, o a la precoz maduración de la fruta agusanada. Después de un shock, una persona puede madurar de forma imprevista, no sólo a nivel emocional, sino también intelectual. Cito el caso típico del sueño del bebé sabio, que yo puse en evidencia hace muchos años, donde un recién nacido o un niño muy pequeño empieza a hablar de forma improvisada y enseña sabiamente a la familia entera”.
La sabiduría del bebé de Ferenczi se asemeja a la presunción del niño bioniano obligado a recurrir a la modificación de la realidad a través de la omnipotente omnisciencia que ocupa el lugar de una intolerable impotencia. De todas formas, allí donde los afectos ceden de forma precoz a la “inteligencia”, y la inteligencia se nutre del miedo a la verdad, la ideología provoca el conocimiento en una forma absoluta que representa la perversión de cada sabiduría, mientras la verdad sufre de una condición de indigencia alimentaría.
CONGRESO INTERNACIONAL FERENCZI Y EL PSICOANALISIS CONTEMPORANEO: Madrid, 6, 7 y 8 de marzo de 1198
Notas:
1.- Sin realzar un pensamiento mío que me hace situar a Bion en relación de filiación directa con Freud o que de todas formas asigna a Bion uno de los más notables “retornos” a Freud.
2.- Gran parte del odio en relación de las partes del self se dirige a la madre y de este modo se determina una forma particular de identificación que constituye el prototipo de las relaciones objetales agresivas. Propondría denominar esta forma de procedimiento de identificación: “identificación proyectiva”.
3.- Como actividad normal la identificación proyectiva se presenta bajo la forma de un comportamiento razonablemente calculado con el fin de inducir en la madre aquellos sentimientos de los que el recién nacido se quiere deshacer. Si el recién nacido siente que se va a morir, puede inducir en la madre que él se está muriendo. Una madre equilibrada puede acoger estas sensaciones y responder a ellas de forma terapéutica, es decir de tal forma que el recién nacido sienta que le devuelven su propia personalidad asustada, pero de una forma más tolerable.
4.- Aquí hago una referencia implícita a la distinción propuesta por Winnicott entre “precoz” y “profundo”, para diferenciar el carácter profundo de la experiencia vivida por el paciente en análisis respecto a aquella sin profundidad (fenoménica) de la experiencia primitiva (precoz) del infante, sobre todo cuando es “atacada” precozmente por golpes traumáticos. Bion también señala una cosa análoga, cuando hablamos de la “conciencia rudimentaria” del niño, señala que esta no es capaz de distinguir el consciente del inconsciente.
5.- Quiero decir que en la experiencia del sentido común contribuyen para Bion las sintonías instituidas entre diferentes sentidos en su concurrir a la comunicación con el niño, y el repetirse de estas coherencias en experiencias sucesivas.
6.- Sería posible encontrar aquí confluencias más amplias que tienen que ver con la confusión de lenguas, la carencia de alimentación evocada por Bion y los orígenes del falso-self descritas por Winnicott; pero esto no concierne al trabajo de hoy.
7.- Me refiero, particularmente, a la importancia creciente atribuida a aspectos de la comunicación verbal que transcienden la valencia semántica de la palabra, a las valencias afectivas primitivas conectadas a la “regresión” tranferencial.
8.- “Al final se puede verificar una condición que, siguiendo en la metáfora de la fragmentación, se puede llamar sin duda alguna atomización”.
9.- “Si en la vida del individuo se acumulan los shocks, crece también el número y la variedad de las disociaciones, de modo que muy pronto se vuelve muy difícil conservar sin confusión el contacto con los varios fragmentos, que se comportan como personalidades entre sí distantes, de las cuales cada una, normalmente, no sabe nada de la otra”.
10.- La premisa está constituida por la hipótesis que las primeras formas de pensamiento (las concepciones) sean éxito del encuentro entre una preconcepción (entendida como disposición interna a la espera de algo) y una realización positiva (gratificante); por ejemplo, la espera del pecho y el encuentro con su realización.
Inicio
Indice