Sandor Ferenczi.
El psicoanálisis se funda, por una parte, en un mejor conocimiento de los impulsos, es decir en una base estrictamente biológica; por otra parte permite penetrar en el laboratorio del psiquismo humano, lo que le permite, mejor que cualquier otra disciplina, colmar el vacío que separa desde hace tanto tiempo a las ciencias exactas de las llamadas humanidades. El psicoanálisis ha convertido desde hace poco tiempo a la psiquiatría en fuente en la que vienen a beber los investigadores de todas las ciencias del espíritu.
El etnólogo, el sociólogo, el criminólogo y el pedagogo esperan del psicoanálisis la solución a muchos de sus problemas; y también los especialistas de la estética, de la historia o de la filosofía están obligados a tener en cuenta el método y los datos psicoanalíticos. Esto no tiene nada de sorprendente, porque el examen en profundidad de un psiquismo perturbado da una imagen, aunque esté deformada caricaturescamente, de los estratos y de los mecanismos ocultos del psiquismo, los cuales a su vez aclaran los fenómenos extraños encontrados en el universo psíquico individual o colectivo, fenómenos que hasta ahora eran observados sin comprenderlos.
Por lo demás, el psicoanálisis ha sido el primero en mostrar cómo pueden establecerse datos biológicos -por ejemplo determinado capítulos del desarrollo de la vida impulsiva- a partir de la aproximación a datos puramente psicológicos.
Es pues un campo en el que se observan los primeros signos de este esfuerzo de integración del que tanta necesidad tiene la ciencia, dividida actualmente en centenares de especialidades y sumergida en investigaciones de detalle.
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(Sandor Ferenczi. Obras Completas, Psicoanálisis Tomo IV, Ed. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1984).
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