Dra.
Susana Jallinsky.Buenos
Aires Agentina
vjallinsky@winnicott.net
sjallinsky@winnicott.net
lvalenti@winnicott.net
http://www.winnicott.net/espanol/html/Ferenczi.asp
"...todo se hunde
en la niebla del olvido
pero cuando la niebla se despeja
el olvido está lleno de memoria..."
Mario Benedetti, "Ah las primicias"
Se dice que la poesía
existe en razón del propio empeño del
hombre en hacer perdurar su palabra frente a los desfallecimientos
de la memoria. Por esto siempre se trató de
domesticar la memoria. Y fue por esto también
que los griegos inventaron un arte de la memoria, grabando "lugares" e "imágenes" e
instituyendo a Mnemosyne -diosa de la memoria- como
la madre de todas las Musas en tanto, en el mismo lecho
de Zeus, engendró a sus hijas inspiradoras.
Su historia -como la memoria misma- se pierde entre
los repliegues del olvido.
Las Musas cantaban aquello que
ha sido, que es y que habrá de ser, tal como
lo narrara Hesíodo. Pero esto que cantaban las
Musas -a través de los poetas- devenía
socialmente en figura de la verdad sagrada que nunca
era un pasado histórico sino un saber acerca
de los tiempos primordiales. Un camino hacia la verdad
de las cosas del mundo. Los poetas relataban la historia
de los dioses y de los héroes, en su relación
con los seres celestiales. Se trata de un canto a la
memoria de lo inmemorial, de aquello que carece de
tiempo. Tiempo de los dioses y, como tal, tiempo originario.
Y al cantar los poetas, "eso" inmemorial se presentifica.
De este modo, la memoria remitía a un algo previamente
conocido pero olvidado.
El doble movimiento que anima
el pensar psicoanalítico actual se sitúa
entre la ineludible alternancia entre "lo antes" y
lo a posteriori. Para el mundo griego (entre los siglos
IV-VIII A.C.) la memoria no era una facultad subjetiva
sino un don divino, que narraba -por decisión
de las Musas- solo lo que los dioses rememoraban para
los hombres. Un "atrás" como lugar atemporal
de una verdad extraviada que la anamnesis, la rememoración,
reencontraba como dato pre-existente al alma. Para
Platón, esa zona de la verdad solo era accesible
al filósofo o al científico, en tanto
rememoración. "Primero lo antes después
lo primero" (Platón, Fedón o del alma).
Mnemosyne es aquella que dice
la verdad porque narra. Es la deidad de la pura memoria
que relata todo lo que quedó ausente. Es la
que salva a los hombres pero también salva a
los dioses, porque los dioses también se aterrorizan
frente a la posibilidad de ser olvidados.
Pensar psicoanalíticamente
es ubicarse en un campo epistemológico entre
la teoría y la experiencia clínica. Esto
implica considerar el modo singular por el cual todo
humano va construyendo -a través de las palabras-
sus propias guaridas secretas y delineando sus propios
mapas, itinerarios y derroteros de revelaciones. Sendero
freudiano-ferencziano, que se abre paso entre las coordenadas
de la vitalidad de los procesos somato-psíquicos
y que se lleva a cabo en el transcurso de una lógica
discordante, paradojal y lacunar.
Tan paradojal y lacunar que termina
revelando la existencia del peligro, siempre latente,
de la supresión de la memoria. Y no se trata
de pensar que la ignorancia no pertenezca a todos los
tiempos pero es verdad que, en ciertas situaciones,
los vestigios del pasado logran ser eliminados exitosamente.
...tales palabras son susceptibles de provocar en el
oyente el retorno regresivo y alucinatorio de imágenes
mnésicas...Las causas de tal fenómeno,
tendrían que ser buscadas...en el fondo de la
memoria, donde hay un cierto número de representaciones
verbales-auditivas o gráficas...Cuando una palabra...es
percibida, visual o auditivamente, es cuando entra
en acción esta facultad de los vestigios mnésicos...
(Ferenczi, S., 1910).
Sabemos que la Historia se va
re-escribiendo ante cada avance del tiempo, entonces
qué decir de la obra de Ferenczi, "no recordada" todavía
hoy, en muchos de los Institutos de Psicoanálisis?
Como un alguien que hubiera tocado
un fondo de descreimiento ante la caída de toda
ilusión pero aún así -sin abandonar
ese suelo- Ferenczi se permitió ser atravesado
por destellos de esperanza, expresados en los hallazgos
de sentido y en la necesidad de atesorar todo aquello
a enhebrarse, tan solo esperando seguir adelante. Los
desarrollos teórico-clínicos de Ferenczi
deben mucho de su espesor a la incesante e inestable
danza de sus propias fuerzas antagónicas, tales
como un cierto rigor formal frente a la libertad del
pensar, a una lúcida racionalidad y a lo pasional
y a una voluntad impersonal, en simultáneo,
con una afinadísima entrega ante todo lo que
hace vacilar y detenerse a la palabra, para que hable
lo que aún no tiene palabra para hablar.
A veces, la vida sacude al humano
y otras es -ella misma- la que parece sacudirse en él.
A veces, lo hace desde dentro, como queriendo expandirse,
y a veces desde afuera, como intentando encontrar su
propio espacio, en cada individuo, para respirar y
ser. Lo cierto -cuestión más que manifiesta
en Ferenczi- es que el hombre va creciendo salto a
salto, combate a combate. Cuando esta manifiesta o
solapada lucha con la vida es fértil y estalla
se denomina crisis. Y cuando ya da su fruto: fecundidad.
El tiempo de crisis es el tiempo
en que la rigidez se resquebraja, recuperando las características
de aquella arcilla maleable de los orígenes.
Tiempo en el que, una vez más, todo se torna
posible de ser re-moldeado y re-creado.
Tanto Ferenczi como Freud, encarnaron la figura del intelectual ambicioso -dueños
de una envidiable envergadura y diversidad- convirtiéndose en legítimos
herederos de los sabios y humanistas del pasado.
Pero que los intereses de Ferenczi
fueran diferentes a los de Freud, no necesariamente
implicaba que, él mismo, debiera ser considerado
un disidente. Ferenczi nunca rechazó las conceptualizaciones
freudianas sino que se abocó a desarrollar ciertas
cuestiones clínicas, situación lo suficientemente
necesaria y cotidiana como para ser considerada una
herejía. [ Hairo (gr.): quitar, separarse].
Devenir un pensador original
implica cuestionar y hasta formular postulaciones diferentes
de las teorías tradicionales. Si esto es considerado "lo
herético" -por un cierto consenso academicista-
el mismo Freud fue un hereje. El concepto de "disidencia" está siempre
vinculado a lo intersubjetivo, dependiendo no solo
del comportamiento de cada quien sino también
de las interpretaciones de los diversos observadores-participantes.
Mientras los "académicos" parecieran
interesarse más por las ideas, los llamados "intelectuales" se
ocuparían de relacionar las ideas con el correspondiente
orden social. Y mientras los "académicos" suelen
quedar confinados a producir solo en el ámbito
de sus propias instituciones o universidades, enrolándose
en las áreas más conservadoras de su
disciplina; los llamados "intelectuales" tienden a
ser arrojados e instalados en los confusos territorios
de la discrepancia-disidencia. Pero como invierten
menos en aquello que hoy se denomina "construcción
de poder" pueden -cada tanto- decirle algunas verdades
al poder, pagando el precio de ser descalificados y
hasta ridiculizados.
La fluidez y continuidad del
prestigio científico proviene, desde siempre,
del accionar conjunto, tanto de los discípulos
incondicionales como de los críticos, ya se
trate de los medios académicos como de las instituciones
oficializadas. Sin duda, Freud necesitó de ambos
para que sus ideas se difundieran y permanecieran en
el tiempo, y Ferenczi se constituyó en uno de
estos difusores imprescindibles, en tanto a Freud le
resultaba indispensable -entre su reducido y selecto
grupo de interlocutores/lectores- la simultaneidad
del intercambio de experiencias con la validación
de la condición fundacional de sus textos. De
este modo, Ferenczi no solo "se supo" ante una producción
excepcional sino además reaseguró -para
el mismo Freud- tanto desde sus coincidencias como
desde sus disidencias, el despliegue de su condición
de Maestro. Los cuestionamientos ferenczianos, paradojalmente,
contribuyeron con la difusión de la producción
del Maestro pero también con el encubrimiento
del imprescindible debate de los textos freudianos,
facilitando una cierta "canonización".
A la vez, la sedimentación
del prestigio se ha efectivizado -en todos los tiempos-
vía procesos que incluyen los singulares vínculos
generacionales y los homenajes de una "burocracia cultural",
en tanto esta cristalización se ha guiado más
por el rumor de la excelencia que por unos criterios
específicos.
Desde siempre pero, mucho más
intensificada en nuestra contemporaneidad, la consagración
académica se ha generado a la par del rebajamiento
de la construcción de unos andamiajes interrogativos
y polémicos, en tanto cautivos ante un alud
de "admiraciones incuestionables".
El consenso en torno de "lo canonizado" nunca
ha de ser explícito. En el transcurso de la
construcción doctrinaria de un canon importa
no tanto lo que se expresa en contra sino lo que no
se dice a favor. A los prestigios solo los empaña
la acumulación de silencios, y Ferenczi supo
bien de estos silenciamientos.
Si se define un canon como el
resultado de un consenso que decreta cuáles
obras y autores se hacen merecedores del calificativo
de "clásicos" y, por tanto, demandan su ineludible
aprendizaje; para alcanzar este consenso habrá de
requerirse del cumplimiento de ciertas variables, avaladas
por la tradición y por la fascinación
de un número pre-fijado y suficiente de discípulos-seguidores.
Esta cuestión, no solo admite sino hasta exige
disidentes, que estén dispuestos a ser considerados "herejes",
tal como ocurriera con Ferenczi.
Si bien no fue éste ni
el deseo ni el objetivo de Ferenczi -en tanto nunca
deseó verdaderamente una ruptura ni con el "Freud
persona" ni con el Psicoanálisis- no por ello
dejó de cuestionar ciertas postulaciones teórico-clínicas.
Nadie -ni siquiera Freud- ha
podido nunca ser, en tanto humano, lo suficientemente
auténtico como para exhibir sus orígenes
conceptuales.
…Usted no debería sorprenderse
si en mi conferencia de Nüremberg de nuevo escuchara
sus pensamientos y, más aún, hasta algunas
de sus formulaciones. Así ocurrió durante
la última conferencia en Worcester; he exigido
decididamente a mi intelecto y sé que estoy
muy inclinado hacia el plagio. Mientras tanto, yo mismo,
seguramente he efectuado analogías con las reglas
de los filósofos platónicos... (Freud,
S.-Ferenczi, S., febrero 8, 1910).
Tal vez, precisamente por percatarse
de esto, Freud conceptualizó la verleugnung
(desmentido), bordeando siempre la noción de
criptomnesia (1909-1914-1920-1925-1937), para designar
el desmentido-renegación. El concepto de criptomnesia
se anuda a un núcleo de verdad histórica,
memoria oculta y mitopoiética, ubicada en el
lugar de un forzado olvido. ...Lo antitraumático
en Freud es por lo tanto medida protectora frente a
la visión de sus propias debilidades... (Ferenczi,
S., agosto 4, 1932).
Profundizando la mirada hacia
el fondo de los orígenes se habrán de
hallar las huellas de un "saber no pensado" que priva
al humano del "saber" quién es, pero que, a
la vez, lo protege de ver aquello que no soportaría
ver.
La experiencia senso-perceptual
entre el placer y el dolor, entre el deseo y el miedo,
formula una fenomenología del cuerpo, vivido
en un mundo en incesante devenir. El par exterior-interior
aparece como una verdad caleidoscópica, que
se va complejizando en una dis-continuidad entre pausas
e instantes. Espacio originario, todavía no
unificado, expresado a través de las aberturas
del cuerpo, de sus zonas erógenas y jugando
con los secretos de un tiempo-ritmo, que tiene el poder
de expresar el pulsar-pulsional. ...Según Freud,
consideramos que toda representación está motivada
fundamentalmente por el deseo de acabar con el sufrimiento
provocado por la frustración, haciendo revivir
una satisfacción experimentada con anterioridad...
(Ferenczi, S., 1910).
LOS INFORTUNIOS DE LA
MEMORIA
"...El olvido es una forma
de la memoria..."
Jorge L. Borges, "Funes, el memorioso"
Las desarrollos psicoanalíticos
contemporáneos continúan intentando re-formulaciones
y transformaciones conceptuales. De este modo -revisitando
a Ferenczi- se produce el encuentro con algo del orden
de "lo familiar" (heimlich), confirmándose que
muchos de los conceptos teórico-clínicos
contemporáneos fueron ya formulados por este
autor.
La creación del Psicoanálisis
no ha hecho más que "re-encontrar" la continuidad
de una tradición "velada" por la posición
del cuerpo y del espíritu. Hoy, el Psicoanálisis
puede pensarse, sin renunciar a la laicidad que lo
sustrae de los poderes ideológico- políticos
de la medicina y de la psicología, como parte
de la más elevada tradición médica
griega. Porque, no es acaso ese el sentido que adquieren
ciertos textos del corpus hipocrático, al solicitar
al médico terapeuta aquel conocimiento -atento
de sí mismo- que lo capacite para la aptitud
de un silencio interrogativo, cualitativamente percibido
por la palabra del paciente, de modo tal que éste "hablando
recuerde" lo que no sabe que sabía? Al mismo
tiempo, no cabe duda alguna que el Psicoanálisis
participa también de la tradición clínica
de un compromiso ético, por la conciencia de
las actitudes subjetivas que pone en escena, frente
a la escucha del paciente. Tal tradición prescribe
que el "médico" no sólo disponga de los
conocimientos que se adquieren en el curso del aprendizaje
teórico, sino que se haya formado para experimentar
una gran variedad de afectos y para extraer de su discernimiento "la
comprensión empática de los prójimos" o
tal como lo formulara Ferenczi: ...sin simpatía
no hay curación...(Ferenczi, S., 1932), sin
confundir lo que el paciente transfiere a ser vivenciado
con aquello que pertenece a la propia persona del médico-terapeuta.
Además, si se puede sostener
que el Psicoanálisis recoge la tradición
clínica de la praxis médica de los griegos,
es por referencia a esa reflexión que ya -en
el mismo corpus hipocrático- hace del acto de
la palabra el acontecimiento, en tanto se "recuerda
hablando", ante el médico que la escucha. Se
trata de la anamnesis, del recordar sabiendo.
El acontecimiento es aquello
que se produce en el "entre" paciente-médico,
tan pronto como la escucha de éste tiene la
insistencia para una palabra que no sabía lo
que tenía para decir.
La palabra therapeia se refiere
al cuidado que se dispensa, a la atención prestada
a un otro enfermo, por parte de aquél que posee
la competencia para ello. Siempre la therapeia es introducida
por la anamnesis -actividad de recordar- cuestión
que adquiere el poder de "des-ligar recordando". El
enfermo entonces no puede engañarse en esto: él
recuerda si el médico ha podido escucharlo.
Platón consideraba que
la sabiduría se asentaba en el pasado. Interrogante
arcaico que insiste en cada humano y, a la vez, extraño
lugar habitado por la memoria y acerca del cual, eternamente,
el hombre se preguntará si está dentro
o fuera de él mismo.
Considero pertinente recordar
brevemente el discurso de Erixímaco en El Banquete,
al referirse al lugar que ocupa el amor en la therapeia
de la medicina.
(186 e) ...la medicina es, para
decirlo en una palabra, el conocimiento de las operaciones
amorosas que hay en el cuerpo en cuanto a repleción
y vacuidad, y el que distinga en ellas el amor bello
y el vergonzoso, será el médico más
experto. Y el que logre que se opere un cambio, de
suerte que el paciente adquiera en lugar de un amor
el otro y, en aquellos en los que no hay amor, pero
es preciso que lo haya, sepa infundirlo y eliminar
el otro cuando está dentro, será también
un buen profesional. Debe, pues ser capaz de hacer
amigos entre sí a los elementos más enemigos
existentes en el cuerpo y de que se amen unos a otros.
Y son los elementos más enemigos los más
contrarios: lo frío de lo caliente, lo amargo
de lo dulce, lo seco de lo húmedo y todas las
cosas análogas. Sabiendo infundir amor y concordia
en ellas, nuestro antepasado Asclepio, como dicen los
poetas aquí presentes, y yo lo creo, fundó nuestro
arte. La medicina, pues, como yo digo, está gobernada,
toda ella, por este dios ....(187 b) La armonía,
ciertamente, es una consonancia, y la consonancia es
un acuerdo, pero un acuerdo a partir de cosas discordantes
es imposible que exista mientras sean discordantes
y, a su vez, lo que es discordante y no concuerda es
imposible que armonice...
EL TRAUMA FUNDACIONAL
DEL SUJETO
Retornar a los tiempos primordiales
es volver a los tiempos de la experiencia de satisfacción, "piedra
angular" de lo existencial.
Porque en "el antes" sólo
había lo innombrable y lo irrepresentable. La
nada en lo oscuro del claustro materno, donde nadie
había para presumir que allí algo faltaba.
Como al nacer todo viviente se
instala en una trama relacional que antecede su devenir,
comienza a desplegar su potencialidad hominizadora.
...son muchos los indicios de que la persona psicofísica
de un niño en el seno materno, y aún
enseguida de nacer, todavía no ha cristalizado...primera
posibilidad para comprender la llamada telegonía
(influjos recibidos por el niño en el seno materno
por las experiencias psíquicas de la madre)...
(Ferenczi, S., abril 7, 1932).
El primer grito preanuncia el
poder de la palabra. Es primero descarga, puro proceso
primario. Primeras sonoridades que se vincularán
luego con la eficacia de un acto, para aliviar un tipo
de tensión, relacionando así una necesidad
con su satisfacción.
Las diversas percepciones del
semejante, sus mismos gritos, ...despertarán
el recuerdo del gritar propio y, con ello, de vivencias
propias de dolor... (Freud, S.,1895). Instante de precipitación
de memorias donde memoria y espejo se articulan y se
superponen. El grito del semejante da acceso a los
propios gritos del pasado. Porque oír la voz
del que está naciendo es oír el eco del
origen de todas las cosas. En este tiempo inaugural
de encuentro con el semejante, el viviente habrá de
comenzar a recordarse, por vez primera, a sí mismo...En
el estadio primitivo del desarrollo psíquico,
si la necesidad se satisface, la aparición del
deseo supondrá la inversión regresiva
de la sensación correspondiente a una satisfacción
vivida anteriormente, que quedará fijada por
vía alucinatoria. La representación será entonces
considerada igual que la realidad. Esto es lo que llama
Freud la "identidad perceptiva". Instruido por la amarga
experiencia de la vida, el niño aprende a distinguir
la satisfacción real de la representación
debida al deseo y a no utilizar su motricidad sino
a sabiendas, cuando esté seguro que tiene ante
sí objetos reales y no ilusiones, producidas
por su imaginación... (Ferenczi, S., 1910).
Después del cataclismo
del nacimiento (Freud, S., 1920), al producirse cualquier
incremento tensional, es el arco reflejo el que reduce
la tensión, a través del mecanismo de
fuga. Mecanismo que es, a la vez, creador de una primera
diferencia entre lo interno y lo externo. Los estímulos
se perciben todavía como magnitudes puras de
placer-displacer (voluptuosidad), preanunciando el
surgimiento de lo pulsional en relación con
lo puramente vital.
Lo medular de ese momento inaugural
es que todavía no hay un alguien que pueda procesarlo,
en tanto todo ocurre sin un yo real definitivo. Y,
entonces la apertura del instante catastrófico
por un encuentro inoportuno podría accionar
como un agujero en un tiempo -que disuelve el pasado
y el porvenir- deshaciendo la superficie sobre la cual
el yo se habría de construir.
El pequeño viviente deberá re-encontrarse
y apropiarse de aquellos procesos puramente internos
(afectos y pensamientos inconcientes) que le posibilitarán
habitar un cuerpo. Entre el momento de la expulsión
fetal y aquel otro en el que es "sujetado", irrumpe
una sensación no conocida de vértigo.
Este vértigo inaugural activa la conciencia
inicial o sensorial, inmersa en los avatares de la
radical basculación entre el mundo interno y
el mundo externo. Desde entonces, toda sensación
ulterior de vértigo y su correspondiente equilibrio
apaciguador se ubicarán en las fronteras entre
lo inmutable y lo cambiante. Por esto, los estados
de alivio tensional nunca serán hallados en
lo estático sino en la capacidad de jugar con
el movimiento (imágenes-movimiento, Freud, S.,
1895) ...Cuando el alma se sirve del cuerpo para considerar
algún objeto, ya por la vista, ya por el oído,
ya por cualquier otro sentido....se ve entonces atraída
por el cuerpo hacia cosas que no son nunca las mismas;
se extravía, se turba, vacila y tiene vértigo...
(Platón, Fedón o del alma).
En los tiempos del post-nacimiento
la acumulación de excitación se va ligando,
progresivamente, a determinados contenidos-representaciones
(vivencia/experiencia de satisfacción-huella
mnémica-gratificación alucinatoria-darstellung-representación
cosa-representación palabra) instalando el proceso
de mentalización. Una progresiva desomatización
se irá produciendo, en vías de la correspondiente
psiquisización, a través de la elaboración
de la tensión endosomática. El trabajo
consiste en ligar esta energía, aún "somato-psíquica",
impidiendo así su descarga mecánica y
encauzando un fluir, ligado a representaciones.
Mientras la desomatización
se va operando, la tensión somática sólo
se percibe como un puro desborde energético.
Las cicatrices dejadas por esas "afectaciones-desgarros" son "cortes" que
marcan un ritmo inserto en una temporalidad y recortan
un espacio singular. Porque jugar con los secretos
del tiempo es también jugar con los secretos
de un ritmo. Ritmo soberano que posee el poder de expresar
el pulsar interior o la traducción de la realidad
en un espacio armónico, facilitador de la eclosión
de unas relaciones nuevas.
El lenguaje del olvido es soporte
de los afectos más arcaicos y está constituido
por aquellas palabras que todo infans escucha sin comprender,
desde sus comienzos, y que van incluyéndose
en un ritmo singular. Palabras que acompañan
los gestos de los tiempos fundacionales que todavía
nada representan, en tanto solo se trata de murmullos,
suspiros, fragmentos de palabras, caricias, símbolos
mnésicos corporales (Ferenczi, S., 1930) y que
irrumpen, intempestivamente en el adulto, en el curso
de una frase o de una emoción.
Solo en relación con el
trauma fundante de la condición del sujeto se
podrán situar los encuentros traumáticos
a posteriori y el cataclismo a priori. El trauma supone
la referencia al tiempo lógico de la separación.
Tiempo inherente a la constitución de la subjetividad
que ningún acontecimiento puede representar.
Y este trauma se vincula con esa marca-efracción,
incrustada como efecto del enigma del deseo del otro,
y por la inexistencia de una adecuada respuesta con
la que el sujeto pudiera coincidir para "llenar" esa
falta. ...estadio de amor objetal pasivo o estadio
de la ternura...Si en el momento de esta fase de amor
objetal se impone a los niños más amor
o un amor diferente al que desean, pueden ocasionárseles
las mismas consecuencias patógenas que la privación
de amor...La confusión no puede ser otra que
la confusión de lengua...lenguaje de la pasión...
(Ferenczi, S., 1932).
El pequeño viviente -en
razón de lo que Freud diera en llamar Hilflosigkeit-
es incapaz de activar los mecanismos necesarios para
satisfacer sus necesidades. Estos mecanismos son montajes
pre-establecidos que sólo se irán instalando,
progresivamente, de acuerdo con el ritmo de maduración
del sistema nervioso.
El transcurrir de este vivenciar
necesita, como soporte, de la presencia y eficacia
del auxilio ajeno para llevar a cabo las acciones específicas
que le permitirán -al infans- reestablecer el
equilibrio perturbado y promover el surgimiento de
la pulsión -TRIEB freudiana definida como...exigencia
de trabajo desde lo somático a lo anímico...
(Freud, S., 1915)- a partir de una excitación
frente a la cual la fuga está impedida.
UNA MEMORIA SIN RECUERDO
Lo pulsional, en tanto exceso
innombrable e irreductible, es un singular "afuera
adentro", asimilado tanto al "cuerpo extraño" freudiano
del sueño cuanto al teratoma ferencziano (1930),
formaciones que, si bien revelan no ser idénticas,
ponen en juego la construcción de los diferentes "lugares
del cuerpo". Este trabajo de creación es uno
de los modos de tramitación de la alteración
del exceso.
El accionar del auxilio ajeno
promueve la experiencia de satisfacción que,
desde lo vital, hace posible el sobrevivir y, desde
lo anímico, marca con una impronta indeleble
la brújula del deseo. El deseo resulta así el
movimiento por el cual el sujeto re-animará,
incesantemente, la rememoración fundante de
esta vivencia-experiencia y con la que, para siempre,
intentará homologar tanto sus aventuras como
sus desventuras. Al respecto Freud señala en
su "Proyecto de Psicología"(1895): ...Yo no
dudo de que esta animación del deseo ha de producir
inicialmente el mismo efecto que la percepción,
a saber, una alucinación, si a raíz de
ella se introduce la acción reflectoria es infaltable
el desengaño...
Vivencia-experiencia de satisfacción/pulsión/deseo/gratificación
alucinatoria todos intentos de re-animar un pasado
ilusorio, por lo que el trauma fundacional no es otra
cosa que la condición misma del deseo. Lo que
nunca falta es la falta entre lo que se tiene y la
creencia fantástica y perfecta de lo que se
tuvo y se perdió. Entonces lo que nunca ha de
faltar es el desengaño. Y es esto lo que se
hallará en los comienzos del psiquismo....El
trauma genuino de los niños se vivencia en situaciones
adonde no llega el remedio inmediato y esto obliga
a una adaptación, o sea, a un cambio en el propio
comportamiento: es el primer paso para crear la diferencia
entre mundo interno y mundo externo, sujeto y objeto...
(Ferenczi, S., marzo 25, 1932).
Los juegos caleidoscópicos
de aquellos tiempos originarios son como unas mutaciones
de la realidad, que van escamoteando el tiempo, tanto
visible como no visible, pero sin duda del que "saben" todos
los niños. Porque en el tiempo de lo originario
no hay contornos, ya que mientras se va ensamblando
va también borrando sus propias marcas.
El objeto de la percepción
resulta inmediatamente dividido en una parte semejante
y en otra extraña. De este modo, las primerísimas
percepciones de un semejante por un futuro sujeto se
van organizando. La percepción del otro se construye
como tal y ya no solamente en relación con un
afuera y con un objeto que se distancia. Perdida das
Ding -la Cosa freudiana- y constituida la insalvable
disparidad con el objeto, el sujeto adviene en la huella
de la Cosa-Ding y, desde entonces, das Ding habrá de
ser la huella de lo que ya nunca más será.
Es el rastro de un uno que ya nunca más será Uno
y que, por siempre, vivirá en el desengaño.
Nada queda entonces de das Ding
para el sujeto, ni recuerdo ni representación
alguna. Tan sólo una recurrente desesperación
por su ausencia y un definitivo e irreversible sentimiento
de exilio con respecto a la Cosa. El cuerpo arrastra
así la inscripción de lo irrecuperable,
en un verdadero proceso de "en-corporación" (Jallinsky,
S., 1991), ya que en la percepción del semejante
se organizan las huellas mnémicas, para fundar
lo memorable. Pero una porción de ellas siempre
escapa para constituir un resto no asimilable y generando,
como efecto, un agujero en la memoria, en el mismo
corazón de lo memorable.
Considerar el trauma fundante,
otorgándole categoría fundacional al
modo de Ferenczi, es intentar alcanzar aquella elocuencia
arcaica de los tiempos de lo pre-verbal.
Y, precisamente es -en esa razonable
ambigüedad o tal vez demasiada detallada certeza-
donde se sitúa todo el misterio que va entretejiendo
la telaraña de las emociones e incertidumbres.
Lo misterioso pareciera ser un
algo que no halla ubicación en lo verbalizable
pero que, ineludiblemente, configura a todo humano
en él, vía unas singulares moléculas
de fantasmas. Dimensión creíble, por
su actualizada certidumbre científica, en tanto
también acciona lo no presentificado, efecto
de unas escasísimas huellas moleculares. De
este modo, se va "molecularizando" el contenido del
secreto, evocando sus infinitas posibilidades, que
ya ni siquiera necesitaría de contenido alguno
en tanto conquistaría lo imperceptible.
Esa inexorable memoria se vincula
intrínsecamente al secreto y, como él,
termina aislando al humano. El olvido deviene así en
ese ronroneo de un nombre único -corporizador
del tiempo de una naturaleza esencialmente fugitiva-
donde no solo pasa lo efímero sino también
lo cotidiano. ...La máscara del recuerdo se
genera quizá siempre a expensas del fenecer
provisional o duradero de una parte del yo. Originariamente,
un efecto de shock...La memoria es entonces una colección
de cicatrices de shock del yo... (Ferenczi, S., mayo
29, 1932).
El sujeto se constituye y se
integra a lo mundano a partir de ese des-tierro de
la Ding, en tanto sólo ES porque está perdido.
Tiempo con-fusional imprescindible que presupone considerar
a la díada madre-infans como una unidad arcaica
(Jallinsky, S., 1991).
Este primerísimo vínculo
es, sin duda, alterado por la experiencia del parto,
inaugurando -con la irrupción masiva de lo mundano-
un nuevo modo relacional. Toda experiencia de dolor
conduce a la irrupción de la realidad del cuerpo
y durante estos intercambios bidireccionales, imaginarios
y fantasmáticos, un "otro" queda "incrustado" como
producto imaginario del deseo parental, remitiendo
siempre a su propia historia edípica. ...encuentro
novedosa y sobresaliente la idea de transmisión
a través de la comprensión inconciente...
(Ferenczi, S., junio 23, 1932).
El "otro" -caracterizado por
Ferenczi como lenguaje de la pasión (Ferenczi,
S., 1933)- se constituye en una de las coordenadas
prevalentes de la estructuración psíquica,
en tanto se trata del inconciente del auxilio ajeno.
Inconciente, que en razón su propia escisión,
promueve un efecto de desvío en el mismo corazón
de lo originario. Así siempre habrá un
seductor y un seducido, un hipnotizador y un hipnotizado.
Al ligarse varias investiduras
de excitaciones tensionales surge una primera instancia
yoica: el yo realidad inicial, yo real primitivo o
yo corporal. ...El yo es ante todo un yo corporal...
(Freud, S., 1923). Estas investiduras de excitaciones
son memorias de acontecimientos, huellas mnémicas
no domeñadas de naturaleza sensorial...tendencias
a la descarga (Freud, S., 1895). Marcas ubicables en
la conciencia inicial o sensorial (Freud, S., 1895), "precursoras
de las huellas mnémicas", que aún no
adquieren esta categorización.
En un tiempo lógico posterior
se crean las zonas erógenas, a través
de un mecanismo proyectivo que se acompaña de
una investidura pulsional. Estas primeras proyecciones
son de carácter no defensivo, fundadoras de
un nuevo espacio: la exterioridad (Ferenczi, S., 1909-1912).
Posteriormente, los diversos procesos de re-unión
de las percepciones-vivencias van organizando las representaciones-cosa
(sachvorstellung). Tiempo de síntesis, en el
cual se organiza una nueva instancia yoica: el yo placer,
abriéndose el camino del vínculo con
el otro.
El yo placer se va constituyendo
a través de los diversos movimientos identificatorios
-que Freud describiera en 1921 al postular a la identificación
primaria como una relación de sujeto- encontrando,
en su modelo o ideal, la promesa de su propia configuración.
Recién salido de la alquimia
de las identificaciones fundantes, el reconocimiento
de la separación ingresa al infans en un saber
que, en los comienzos, resultaría insoportable
de no mediar ese alivio transitorio pero imprescindible
que le produce el desmentir, mientras va transcurriendo
por ese estado de vivaz fragilidad.
La cría humana intentará siempre
reducir esta distancia y disolverla a través
de la repetición. Pero cuanto más se
repite para reencontrar lo idéntico, más
se profundizan las diferencias, porque lo que ocurre
para un "nadie" nunca devendrá pasado. Colisión
de temporalidades que engendran, por sí mismas,
las condiciones de la repetición en tanto no
es copia de un modelo sino que siempre se trata de
un re-encuentro (Freud, S., 1905).
Esa amnesia de aquel tiempo primordial
convoca a su repetición, haciendo rodar el destino
que se hace historia. Se necesita entonces de esa historia
de la repetición para "vampirizar" las existencias. "Desmentido
originario" en la misma raíz del reconocimiento
de la ananké. Paradoja que hace coexistir el
percibir y el rememorar con el reconocer. ...Lo que
llamamos con armoniosos nombres: Ideal, Ideal del Ego,
Super-Ego, debe su aparición a una represión
deliberada de impulsos reales que ha sido preciso desmentir...
(Ferenczi, S., 1928).
Tras ese velo "inquietantemente
extraño" está la nada primordial. Inexistencia
posible que oculta lo imposible. De este modo, la escisión
originaria opera sobre aquello que es todo lo contrario
de una división, es incluso la ausencia de división.
Y esto es lo que re-torna como lo Unheimlich (Ferenczi,
S., 1926).
Surgimiento masivo y abrupto
de una extrañeza que, si bien resulta familiar
en una vida opaca y no recordada, produce un continuo
hostigamiento en tanto no-yo radicalmente separado.
No-yo, no eso. Pero ahora tampoco una nada sino un "algo" que
todavía no se reconoce como cosa. Un peso no
sentido que nada tiene de insignificante y que aplasta.
Por eso el olvido resulta siempre
fecundo, en tanto todo humano es "trabajado" por una
memoria sin recuerdo, modo de significar el existir.
Entonces el inconciente no es una pérdida de
memoria sino tan solo un no recordar lo que se sabe.
La transmisión se constituye
en un singular tesoro. Tesoro que cada cual se fabrica,
a partir de los elementos incrustados y apropiados
por y de las generaciones precedentes y que -transformados
por los múltiples encuentros azarosos de la
vida y los aconteceres no recordados- se irán
articulando en una cotidianeidad fundante del y para
el sujeto.
...Hondo es el pozo del pasado.
Sería mejor decir que es inefable esa esencia
misteriosa que contiene nuestro propio existir. Su
secreto está en nuestro origen, en nuestros
pensamientos, en nuestras interrogaciones. Mientras
más profundamente se escudriña, más
se hunde uno a tientas en el mundo subterráneo
del pasado...
Thomas Mann, "José y sus hermanos"
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