Sandor Ferenczi
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Budapest, Hungria

Sándor Ferenczi Institute Nueva York, U.S.A.

 

Artículos sobre Ferenczi:

 

ACERCA DE LAS MEMORIAS OLVIDADAS

 

Dra. Susana Jallinsky.Buenos Aires Agentina

vjallinsky@winnicott.net

sjallinsky@winnicott.net

lvalenti@winnicott.net

http://www.winnicott.net/espanol/html/Ferenczi.asp

 

 

"...todo se hunde en la niebla del olvido
pero cuando la niebla se despeja
el olvido está lleno de memoria..."
Mario Benedetti, "Ah las primicias"

 

 

Se dice que la poesía existe en razón del propio empeño del hombre en hacer perdurar su palabra frente a los desfallecimientos de la memoria. Por esto siempre se trató de domesticar la memoria. Y fue por esto también que los griegos inventaron un arte de la memoria, grabando "lugares" e "imágenes" e instituyendo a Mnemosyne -diosa de la memoria- como la madre de todas las Musas en tanto, en el mismo lecho de Zeus, engendró a sus hijas inspiradoras. Su historia -como la memoria misma- se pierde entre los repliegues del olvido.

Las Musas cantaban aquello que ha sido, que es y que habrá de ser, tal como lo narrara Hesíodo. Pero esto que cantaban las Musas -a través de los poetas- devenía socialmente en figura de la verdad sagrada que nunca era un pasado histórico sino un saber acerca de los tiempos primordiales. Un camino hacia la verdad de las cosas del mundo. Los poetas relataban la historia de los dioses y de los héroes, en su relación con los seres celestiales. Se trata de un canto a la memoria de lo inmemorial, de aquello que carece de tiempo. Tiempo de los dioses y, como tal, tiempo originario. Y al cantar los poetas, "eso" inmemorial se presentifica. De este modo, la memoria remitía a un algo previamente conocido pero olvidado.

El doble movimiento que anima el pensar psicoanalítico actual se sitúa entre la ineludible alternancia entre "lo antes" y lo a posteriori. Para el mundo griego (entre los siglos IV-VIII A.C.) la memoria no era una facultad subjetiva sino un don divino, que narraba -por decisión de las Musas- solo lo que los dioses rememoraban para los hombres. Un "atrás" como lugar atemporal de una verdad extraviada que la anamnesis, la rememoración, reencontraba como dato pre-existente al alma. Para Platón, esa zona de la verdad solo era accesible al filósofo o al científico, en tanto rememoración. "Primero lo antes después lo primero" (Platón, Fedón o del alma).

Mnemosyne es aquella que dice la verdad porque narra. Es la deidad de la pura memoria que relata todo lo que quedó ausente. Es la que salva a los hombres pero también salva a los dioses, porque los dioses también se aterrorizan frente a la posibilidad de ser olvidados.

Pensar psicoanalíticamente es ubicarse en un campo epistemológico entre la teoría y la experiencia clínica. Esto implica considerar el modo singular por el cual todo humano va construyendo -a través de las palabras- sus propias guaridas secretas y delineando sus propios mapas, itinerarios y derroteros de revelaciones. Sendero freudiano-ferencziano, que se abre paso entre las coordenadas de la vitalidad de los procesos somato-psíquicos y que se lleva a cabo en el transcurso de una lógica discordante, paradojal y lacunar.

Tan paradojal y lacunar que termina revelando la existencia del peligro, siempre latente, de la supresión de la memoria. Y no se trata de pensar que la ignorancia no pertenezca a todos los tiempos pero es verdad que, en ciertas situaciones, los vestigios del pasado logran ser eliminados exitosamente. ...tales palabras son susceptibles de provocar en el oyente el retorno regresivo y alucinatorio de imágenes mnésicas...Las causas de tal fenómeno, tendrían que ser buscadas...en el fondo de la memoria, donde hay un cierto número de representaciones verbales-auditivas o gráficas...Cuando una palabra...es percibida, visual o auditivamente, es cuando entra en acción esta facultad de los vestigios mnésicos... (Ferenczi, S., 1910).

Sabemos que la Historia se va re-escribiendo ante cada avance del tiempo, entonces qué decir de la obra de Ferenczi, "no recordada" todavía hoy, en muchos de los Institutos de Psicoanálisis?

Como un alguien que hubiera tocado un fondo de descreimiento ante la caída de toda ilusión pero aún así -sin abandonar ese suelo- Ferenczi se permitió ser atravesado por destellos de esperanza, expresados en los hallazgos de sentido y en la necesidad de atesorar todo aquello a enhebrarse, tan solo esperando seguir adelante. Los desarrollos teórico-clínicos de Ferenczi deben mucho de su espesor a la incesante e inestable danza de sus propias fuerzas antagónicas, tales como un cierto rigor formal frente a la libertad del pensar, a una lúcida racionalidad y a lo pasional y a una voluntad impersonal, en simultáneo, con una afinadísima entrega ante todo lo que hace vacilar y detenerse a la palabra, para que hable lo que aún no tiene palabra para hablar.

A veces, la vida sacude al humano y otras es -ella misma- la que parece sacudirse en él. A veces, lo hace desde dentro, como queriendo expandirse, y a veces desde afuera, como intentando encontrar su propio espacio, en cada individuo, para respirar y ser. Lo cierto -cuestión más que manifiesta en Ferenczi- es que el hombre va creciendo salto a salto, combate a combate. Cuando esta manifiesta o solapada lucha con la vida es fértil y estalla se denomina crisis. Y cuando ya da su fruto: fecundidad.

El tiempo de crisis es el tiempo en que la rigidez se resquebraja, recuperando las características de aquella arcilla maleable de los orígenes. Tiempo en el que, una vez más, todo se torna posible de ser re-moldeado y re-creado.
Tanto Ferenczi como Freud, encarnaron la figura del intelectual ambicioso -dueños de una envidiable envergadura y diversidad- convirtiéndose en legítimos herederos de los sabios y humanistas del pasado.

Pero que los intereses de Ferenczi fueran diferentes a los de Freud, no necesariamente implicaba que, él mismo, debiera ser considerado un disidente. Ferenczi nunca rechazó las conceptualizaciones freudianas sino que se abocó a desarrollar ciertas cuestiones clínicas, situación lo suficientemente necesaria y cotidiana como para ser considerada una herejía. [ Hairo (gr.): quitar, separarse].

Devenir un pensador original implica cuestionar y hasta formular postulaciones diferentes de las teorías tradicionales. Si esto es considerado "lo herético" -por un cierto consenso academicista- el mismo Freud fue un hereje. El concepto de "disidencia" está siempre vinculado a lo intersubjetivo, dependiendo no solo del comportamiento de cada quien sino también de las interpretaciones de los diversos observadores-participantes.

Mientras los "académicos" parecieran interesarse más por las ideas, los llamados "intelectuales" se ocuparían de relacionar las ideas con el correspondiente orden social. Y mientras los "académicos" suelen quedar confinados a producir solo en el ámbito de sus propias instituciones o universidades, enrolándose en las áreas más conservadoras de su disciplina; los llamados "intelectuales" tienden a ser arrojados e instalados en los confusos territorios de la discrepancia-disidencia. Pero como invierten menos en aquello que hoy se denomina "construcción de poder" pueden -cada tanto- decirle algunas verdades al poder, pagando el precio de ser descalificados y hasta ridiculizados.

La fluidez y continuidad del prestigio científico proviene, desde siempre, del accionar conjunto, tanto de los discípulos incondicionales como de los críticos, ya se trate de los medios académicos como de las instituciones oficializadas. Sin duda, Freud necesitó de ambos para que sus ideas se difundieran y permanecieran en el tiempo, y Ferenczi se constituyó en uno de estos difusores imprescindibles, en tanto a Freud le resultaba indispensable -entre su reducido y selecto grupo de interlocutores/lectores- la simultaneidad del intercambio de experiencias con la validación de la condición fundacional de sus textos. De este modo, Ferenczi no solo "se supo" ante una producción excepcional sino además reaseguró -para el mismo Freud- tanto desde sus coincidencias como desde sus disidencias, el despliegue de su condición de Maestro. Los cuestionamientos ferenczianos, paradojalmente, contribuyeron con la difusión de la producción del Maestro pero también con el encubrimiento del imprescindible debate de los textos freudianos, facilitando una cierta "canonización".

A la vez, la sedimentación del prestigio se ha efectivizado -en todos los tiempos- vía procesos que incluyen los singulares vínculos generacionales y los homenajes de una "burocracia cultural", en tanto esta cristalización se ha guiado más por el rumor de la excelencia que por unos criterios específicos.

Desde siempre pero, mucho más intensificada en nuestra contemporaneidad, la consagración académica se ha generado a la par del rebajamiento de la construcción de unos andamiajes interrogativos y polémicos, en tanto cautivos ante un alud de "admiraciones incuestionables".

El consenso en torno de "lo canonizado" nunca ha de ser explícito. En el transcurso de la construcción doctrinaria de un canon importa no tanto lo que se expresa en contra sino lo que no se dice a favor. A los prestigios solo los empaña la acumulación de silencios, y Ferenczi supo bien de estos silenciamientos.

Si se define un canon como el resultado de un consenso que decreta cuáles obras y autores se hacen merecedores del calificativo de "clásicos" y, por tanto, demandan su ineludible aprendizaje; para alcanzar este consenso habrá de requerirse del cumplimiento de ciertas variables, avaladas por la tradición y por la fascinación de un número pre-fijado y suficiente de discípulos-seguidores. Esta cuestión, no solo admite sino hasta exige disidentes, que estén dispuestos a ser considerados "herejes", tal como ocurriera con Ferenczi.

Si bien no fue éste ni el deseo ni el objetivo de Ferenczi -en tanto nunca deseó verdaderamente una ruptura ni con el "Freud persona" ni con el Psicoanálisis- no por ello dejó de cuestionar ciertas postulaciones teórico-clínicas.

Nadie -ni siquiera Freud- ha podido nunca ser, en tanto humano, lo suficientemente auténtico como para exhibir sus orígenes conceptuales.

…Usted no debería sorprenderse si en mi conferencia de Nüremberg de nuevo escuchara sus pensamientos y, más aún, hasta algunas de sus formulaciones. Así ocurrió durante la última conferencia en Worcester; he exigido decididamente a mi intelecto y sé que estoy muy inclinado hacia el plagio. Mientras tanto, yo mismo, seguramente he efectuado analogías con las reglas de los filósofos platónicos... (Freud, S.-Ferenczi, S., febrero 8, 1910).

Tal vez, precisamente por percatarse de esto, Freud conceptualizó la verleugnung (desmentido), bordeando siempre la noción de criptomnesia (1909-1914-1920-1925-1937), para designar el desmentido-renegación. El concepto de criptomnesia se anuda a un núcleo de verdad histórica, memoria oculta y mitopoiética, ubicada en el lugar de un forzado olvido. ...Lo antitraumático en Freud es por lo tanto medida protectora frente a la visión de sus propias debilidades... (Ferenczi, S., agosto 4, 1932).

Profundizando la mirada hacia el fondo de los orígenes se habrán de hallar las huellas de un "saber no pensado" que priva al humano del "saber" quién es, pero que, a la vez, lo protege de ver aquello que no soportaría ver.

La experiencia senso-perceptual entre el placer y el dolor, entre el deseo y el miedo, formula una fenomenología del cuerpo, vivido en un mundo en incesante devenir. El par exterior-interior aparece como una verdad caleidoscópica, que se va complejizando en una dis-continuidad entre pausas e instantes. Espacio originario, todavía no unificado, expresado a través de las aberturas del cuerpo, de sus zonas erógenas y jugando con los secretos de un tiempo-ritmo, que tiene el poder de expresar el pulsar-pulsional. ...Según Freud, consideramos que toda representación está motivada fundamentalmente por el deseo de acabar con el sufrimiento provocado por la frustración, haciendo revivir una satisfacción experimentada con anterioridad... (Ferenczi, S., 1910).

 

LOS INFORTUNIOS DE LA MEMORIA

 

"...El olvido es una forma de la memoria..."
Jorge L. Borges, "Funes, el memorioso"

 

Las desarrollos psicoanalíticos contemporáneos continúan intentando re-formulaciones y transformaciones conceptuales. De este modo -revisitando a Ferenczi- se produce el encuentro con algo del orden de "lo familiar" (heimlich), confirmándose que muchos de los conceptos teórico-clínicos contemporáneos fueron ya formulados por este autor.

La creación del Psicoanálisis no ha hecho más que "re-encontrar" la continuidad de una tradición "velada" por la posición del cuerpo y del espíritu. Hoy, el Psicoanálisis puede pensarse, sin renunciar a la laicidad que lo sustrae de los poderes ideológico- políticos de la medicina y de la psicología, como parte de la más elevada tradición médica griega. Porque, no es acaso ese el sentido que adquieren ciertos textos del corpus hipocrático, al solicitar al médico terapeuta aquel conocimiento -atento de sí mismo- que lo capacite para la aptitud de un silencio interrogativo, cualitativamente percibido por la palabra del paciente, de modo tal que éste "hablando recuerde" lo que no sabe que sabía? Al mismo tiempo, no cabe duda alguna que el Psicoanálisis participa también de la tradición clínica de un compromiso ético, por la conciencia de las actitudes subjetivas que pone en escena, frente a la escucha del paciente. Tal tradición prescribe que el "médico" no sólo disponga de los conocimientos que se adquieren en el curso del aprendizaje teórico, sino que se haya formado para experimentar una gran variedad de afectos y para extraer de su discernimiento "la comprensión empática de los prójimos" o tal como lo formulara Ferenczi: ...sin simpatía no hay curación...(Ferenczi, S., 1932), sin confundir lo que el paciente transfiere a ser vivenciado con aquello que pertenece a la propia persona del médico-terapeuta.

Además, si se puede sostener que el Psicoanálisis recoge la tradición clínica de la praxis médica de los griegos, es por referencia a esa reflexión que ya -en el mismo corpus hipocrático- hace del acto de la palabra el acontecimiento, en tanto se "recuerda hablando", ante el médico que la escucha. Se trata de la anamnesis, del recordar sabiendo.

El acontecimiento es aquello que se produce en el "entre" paciente-médico, tan pronto como la escucha de éste tiene la insistencia para una palabra que no sabía lo que tenía para decir.

La palabra therapeia se refiere al cuidado que se dispensa, a la atención prestada a un otro enfermo, por parte de aquél que posee la competencia para ello. Siempre la therapeia es introducida por la anamnesis -actividad de recordar- cuestión que adquiere el poder de "des-ligar recordando". El enfermo entonces no puede engañarse en esto: él recuerda si el médico ha podido escucharlo.

Platón consideraba que la sabiduría se asentaba en el pasado. Interrogante arcaico que insiste en cada humano y, a la vez, extraño lugar habitado por la memoria y acerca del cual, eternamente, el hombre se preguntará si está dentro o fuera de él mismo.

Considero pertinente recordar brevemente el discurso de Erixímaco en El Banquete, al referirse al lugar que ocupa el amor en la therapeia de la medicina.

(186 e) ...la medicina es, para decirlo en una palabra, el conocimiento de las operaciones amorosas que hay en el cuerpo en cuanto a repleción y vacuidad, y el que distinga en ellas el amor bello y el vergonzoso, será el médico más experto. Y el que logre que se opere un cambio, de suerte que el paciente adquiera en lugar de un amor el otro y, en aquellos en los que no hay amor, pero es preciso que lo haya, sepa infundirlo y eliminar el otro cuando está dentro, será también un buen profesional. Debe, pues ser capaz de hacer amigos entre sí a los elementos más enemigos existentes en el cuerpo y de que se amen unos a otros. Y son los elementos más enemigos los más contrarios: lo frío de lo caliente, lo amargo de lo dulce, lo seco de lo húmedo y todas las cosas análogas. Sabiendo infundir amor y concordia en ellas, nuestro antepasado Asclepio, como dicen los poetas aquí presentes, y yo lo creo, fundó nuestro arte. La medicina, pues, como yo digo, está gobernada, toda ella, por este dios ....(187 b) La armonía, ciertamente, es una consonancia, y la consonancia es un acuerdo, pero un acuerdo a partir de cosas discordantes es imposible que exista mientras sean discordantes y, a su vez, lo que es discordante y no concuerda es imposible que armonice...

 

EL TRAUMA FUNDACIONAL DEL SUJETO

Retornar a los tiempos primordiales es volver a los tiempos de la experiencia de satisfacción, "piedra angular" de lo existencial.

Porque en "el antes" sólo había lo innombrable y lo irrepresentable. La nada en lo oscuro del claustro materno, donde nadie había para presumir que allí algo faltaba.

Como al nacer todo viviente se instala en una trama relacional que antecede su devenir, comienza a desplegar su potencialidad hominizadora. ...son muchos los indicios de que la persona psicofísica de un niño en el seno materno, y aún enseguida de nacer, todavía no ha cristalizado...primera posibilidad para comprender la llamada telegonía (influjos recibidos por el niño en el seno materno por las experiencias psíquicas de la madre)... (Ferenczi, S., abril 7, 1932).

El primer grito preanuncia el poder de la palabra. Es primero descarga, puro proceso primario. Primeras sonoridades que se vincularán luego con la eficacia de un acto, para aliviar un tipo de tensión, relacionando así una necesidad con su satisfacción.

Las diversas percepciones del semejante, sus mismos gritos, ...despertarán el recuerdo del gritar propio y, con ello, de vivencias propias de dolor... (Freud, S.,1895). Instante de precipitación de memorias donde memoria y espejo se articulan y se superponen. El grito del semejante da acceso a los propios gritos del pasado. Porque oír la voz del que está naciendo es oír el eco del origen de todas las cosas. En este tiempo inaugural de encuentro con el semejante, el viviente habrá de comenzar a recordarse, por vez primera, a sí mismo...En el estadio primitivo del desarrollo psíquico, si la necesidad se satisface, la aparición del deseo supondrá la inversión regresiva de la sensación correspondiente a una satisfacción vivida anteriormente, que quedará fijada por vía alucinatoria. La representación será entonces considerada igual que la realidad. Esto es lo que llama Freud la "identidad perceptiva". Instruido por la amarga experiencia de la vida, el niño aprende a distinguir la satisfacción real de la representación debida al deseo y a no utilizar su motricidad sino a sabiendas, cuando esté seguro que tiene ante sí objetos reales y no ilusiones, producidas por su imaginación... (Ferenczi, S., 1910).

Después del cataclismo del nacimiento (Freud, S., 1920), al producirse cualquier incremento tensional, es el arco reflejo el que reduce la tensión, a través del mecanismo de fuga. Mecanismo que es, a la vez, creador de una primera diferencia entre lo interno y lo externo. Los estímulos se perciben todavía como magnitudes puras de placer-displacer (voluptuosidad), preanunciando el surgimiento de lo pulsional en relación con lo puramente vital.

Lo medular de ese momento inaugural es que todavía no hay un alguien que pueda procesarlo, en tanto todo ocurre sin un yo real definitivo. Y, entonces la apertura del instante catastrófico por un encuentro inoportuno podría accionar como un agujero en un tiempo -que disuelve el pasado y el porvenir- deshaciendo la superficie sobre la cual el yo se habría de construir.

El pequeño viviente deberá re-encontrarse y apropiarse de aquellos procesos puramente internos (afectos y pensamientos inconcientes) que le posibilitarán habitar un cuerpo. Entre el momento de la expulsión fetal y aquel otro en el que es "sujetado", irrumpe una sensación no conocida de vértigo. Este vértigo inaugural activa la conciencia inicial o sensorial, inmersa en los avatares de la radical basculación entre el mundo interno y el mundo externo. Desde entonces, toda sensación ulterior de vértigo y su correspondiente equilibrio apaciguador se ubicarán en las fronteras entre lo inmutable y lo cambiante. Por esto, los estados de alivio tensional nunca serán hallados en lo estático sino en la capacidad de jugar con el movimiento (imágenes-movimiento, Freud, S., 1895) ...Cuando el alma se sirve del cuerpo para considerar algún objeto, ya por la vista, ya por el oído, ya por cualquier otro sentido....se ve entonces atraída por el cuerpo hacia cosas que no son nunca las mismas; se extravía, se turba, vacila y tiene vértigo... (Platón, Fedón o del alma).

En los tiempos del post-nacimiento la acumulación de excitación se va ligando, progresivamente, a determinados contenidos-representaciones (vivencia/experiencia de satisfacción-huella mnémica-gratificación alucinatoria-darstellung-representación cosa-representación palabra) instalando el proceso de mentalización. Una progresiva desomatización se irá produciendo, en vías de la correspondiente psiquisización, a través de la elaboración de la tensión endosomática. El trabajo consiste en ligar esta energía, aún "somato-psíquica", impidiendo así su descarga mecánica y encauzando un fluir, ligado a representaciones.

Mientras la desomatización se va operando, la tensión somática sólo se percibe como un puro desborde energético. Las cicatrices dejadas por esas "afectaciones-desgarros" son "cortes" que marcan un ritmo inserto en una temporalidad y recortan un espacio singular. Porque jugar con los secretos del tiempo es también jugar con los secretos de un ritmo. Ritmo soberano que posee el poder de expresar el pulsar interior o la traducción de la realidad en un espacio armónico, facilitador de la eclosión de unas relaciones nuevas.

El lenguaje del olvido es soporte de los afectos más arcaicos y está constituido por aquellas palabras que todo infans escucha sin comprender, desde sus comienzos, y que van incluyéndose en un ritmo singular. Palabras que acompañan los gestos de los tiempos fundacionales que todavía nada representan, en tanto solo se trata de murmullos, suspiros, fragmentos de palabras, caricias, símbolos mnésicos corporales (Ferenczi, S., 1930) y que irrumpen, intempestivamente en el adulto, en el curso de una frase o de una emoción.

Solo en relación con el trauma fundante de la condición del sujeto se podrán situar los encuentros traumáticos a posteriori y el cataclismo a priori. El trauma supone la referencia al tiempo lógico de la separación. Tiempo inherente a la constitución de la subjetividad que ningún acontecimiento puede representar. Y este trauma se vincula con esa marca-efracción, incrustada como efecto del enigma del deseo del otro, y por la inexistencia de una adecuada respuesta con la que el sujeto pudiera coincidir para "llenar" esa falta. ...estadio de amor objetal pasivo o estadio de la ternura...Si en el momento de esta fase de amor objetal se impone a los niños más amor o un amor diferente al que desean, pueden ocasionárseles las mismas consecuencias patógenas que la privación de amor...La confusión no puede ser otra que la confusión de lengua...lenguaje de la pasión... (Ferenczi, S., 1932).

El pequeño viviente -en razón de lo que Freud diera en llamar Hilflosigkeit- es incapaz de activar los mecanismos necesarios para satisfacer sus necesidades. Estos mecanismos son montajes pre-establecidos que sólo se irán instalando, progresivamente, de acuerdo con el ritmo de maduración del sistema nervioso.

El transcurrir de este vivenciar necesita, como soporte, de la presencia y eficacia del auxilio ajeno para llevar a cabo las acciones específicas que le permitirán -al infans- reestablecer el equilibrio perturbado y promover el surgimiento de la pulsión -TRIEB freudiana definida como...exigencia de trabajo desde lo somático a lo anímico... (Freud, S., 1915)- a partir de una excitación frente a la cual la fuga está impedida.

 

UNA MEMORIA SIN RECUERDO

Lo pulsional, en tanto exceso innombrable e irreductible, es un singular "afuera adentro", asimilado tanto al "cuerpo extraño" freudiano del sueño cuanto al teratoma ferencziano (1930), formaciones que, si bien revelan no ser idénticas, ponen en juego la construcción de los diferentes "lugares del cuerpo". Este trabajo de creación es uno de los modos de tramitación de la alteración del exceso.

El accionar del auxilio ajeno promueve la experiencia de satisfacción que, desde lo vital, hace posible el sobrevivir y, desde lo anímico, marca con una impronta indeleble la brújula del deseo. El deseo resulta así el movimiento por el cual el sujeto re-animará, incesantemente, la rememoración fundante de esta vivencia-experiencia y con la que, para siempre, intentará homologar tanto sus aventuras como sus desventuras. Al respecto Freud señala en su "Proyecto de Psicología"(1895): ...Yo no dudo de que esta animación del deseo ha de producir inicialmente el mismo efecto que la percepción, a saber, una alucinación, si a raíz de ella se introduce la acción reflectoria es infaltable el desengaño...

Vivencia-experiencia de satisfacción/pulsión/deseo/gratificación alucinatoria todos intentos de re-animar un pasado ilusorio, por lo que el trauma fundacional no es otra cosa que la condición misma del deseo. Lo que nunca falta es la falta entre lo que se tiene y la creencia fantástica y perfecta de lo que se tuvo y se perdió. Entonces lo que nunca ha de faltar es el desengaño. Y es esto lo que se hallará en los comienzos del psiquismo....El trauma genuino de los niños se vivencia en situaciones adonde no llega el remedio inmediato y esto obliga a una adaptación, o sea, a un cambio en el propio comportamiento: es el primer paso para crear la diferencia entre mundo interno y mundo externo, sujeto y objeto... (Ferenczi, S., marzo 25, 1932).

Los juegos caleidoscópicos de aquellos tiempos originarios son como unas mutaciones de la realidad, que van escamoteando el tiempo, tanto visible como no visible, pero sin duda del que "saben" todos los niños. Porque en el tiempo de lo originario no hay contornos, ya que mientras se va ensamblando va también borrando sus propias marcas.

El objeto de la percepción resulta inmediatamente dividido en una parte semejante y en otra extraña. De este modo, las primerísimas percepciones de un semejante por un futuro sujeto se van organizando. La percepción del otro se construye como tal y ya no solamente en relación con un afuera y con un objeto que se distancia. Perdida das Ding -la Cosa freudiana- y constituida la insalvable disparidad con el objeto, el sujeto adviene en la huella de la Cosa-Ding y, desde entonces, das Ding habrá de ser la huella de lo que ya nunca más será. Es el rastro de un uno que ya nunca más será Uno y que, por siempre, vivirá en el desengaño.

Nada queda entonces de das Ding para el sujeto, ni recuerdo ni representación alguna. Tan sólo una recurrente desesperación por su ausencia y un definitivo e irreversible sentimiento de exilio con respecto a la Cosa. El cuerpo arrastra así la inscripción de lo irrecuperable, en un verdadero proceso de "en-corporación" (Jallinsky, S., 1991), ya que en la percepción del semejante se organizan las huellas mnémicas, para fundar lo memorable. Pero una porción de ellas siempre escapa para constituir un resto no asimilable y generando, como efecto, un agujero en la memoria, en el mismo corazón de lo memorable.

Considerar el trauma fundante, otorgándole categoría fundacional al modo de Ferenczi, es intentar alcanzar aquella elocuencia arcaica de los tiempos de lo pre-verbal.

Y, precisamente es -en esa razonable ambigüedad o tal vez demasiada detallada certeza- donde se sitúa todo el misterio que va entretejiendo la telaraña de las emociones e incertidumbres.

Lo misterioso pareciera ser un algo que no halla ubicación en lo verbalizable pero que, ineludiblemente, configura a todo humano en él, vía unas singulares moléculas de fantasmas. Dimensión creíble, por su actualizada certidumbre científica, en tanto también acciona lo no presentificado, efecto de unas escasísimas huellas moleculares. De este modo, se va "molecularizando" el contenido del secreto, evocando sus infinitas posibilidades, que ya ni siquiera necesitaría de contenido alguno en tanto conquistaría lo imperceptible.

Esa inexorable memoria se vincula intrínsecamente al secreto y, como él, termina aislando al humano. El olvido deviene así en ese ronroneo de un nombre único -corporizador del tiempo de una naturaleza esencialmente fugitiva- donde no solo pasa lo efímero sino también lo cotidiano. ...La máscara del recuerdo se genera quizá siempre a expensas del fenecer provisional o duradero de una parte del yo. Originariamente, un efecto de shock...La memoria es entonces una colección de cicatrices de shock del yo... (Ferenczi, S., mayo 29, 1932).

El sujeto se constituye y se integra a lo mundano a partir de ese des-tierro de la Ding, en tanto sólo ES porque está perdido. Tiempo con-fusional imprescindible que presupone considerar a la díada madre-infans como una unidad arcaica (Jallinsky, S., 1991).

Este primerísimo vínculo es, sin duda, alterado por la experiencia del parto, inaugurando -con la irrupción masiva de lo mundano- un nuevo modo relacional. Toda experiencia de dolor conduce a la irrupción de la realidad del cuerpo y durante estos intercambios bidireccionales, imaginarios y fantasmáticos, un "otro" queda "incrustado" como producto imaginario del deseo parental, remitiendo siempre a su propia historia edípica. ...encuentro novedosa y sobresaliente la idea de transmisión a través de la comprensión inconciente... (Ferenczi, S., junio 23, 1932).

El "otro" -caracterizado por Ferenczi como lenguaje de la pasión (Ferenczi, S., 1933)- se constituye en una de las coordenadas prevalentes de la estructuración psíquica, en tanto se trata del inconciente del auxilio ajeno. Inconciente, que en razón su propia escisión, promueve un efecto de desvío en el mismo corazón de lo originario. Así siempre habrá un seductor y un seducido, un hipnotizador y un hipnotizado.

Al ligarse varias investiduras de excitaciones tensionales surge una primera instancia yoica: el yo realidad inicial, yo real primitivo o yo corporal. ...El yo es ante todo un yo corporal... (Freud, S., 1923). Estas investiduras de excitaciones son memorias de acontecimientos, huellas mnémicas no domeñadas de naturaleza sensorial...tendencias a la descarga (Freud, S., 1895). Marcas ubicables en la conciencia inicial o sensorial (Freud, S., 1895), "precursoras de las huellas mnémicas", que aún no adquieren esta categorización.

En un tiempo lógico posterior se crean las zonas erógenas, a través de un mecanismo proyectivo que se acompaña de una investidura pulsional. Estas primeras proyecciones son de carácter no defensivo, fundadoras de un nuevo espacio: la exterioridad (Ferenczi, S., 1909-1912). Posteriormente, los diversos procesos de re-unión de las percepciones-vivencias van organizando las representaciones-cosa (sachvorstellung). Tiempo de síntesis, en el cual se organiza una nueva instancia yoica: el yo placer, abriéndose el camino del vínculo con el otro.

El yo placer se va constituyendo a través de los diversos movimientos identificatorios -que Freud describiera en 1921 al postular a la identificación primaria como una relación de sujeto- encontrando, en su modelo o ideal, la promesa de su propia configuración.

Recién salido de la alquimia de las identificaciones fundantes, el reconocimiento de la separación ingresa al infans en un saber que, en los comienzos, resultaría insoportable de no mediar ese alivio transitorio pero imprescindible que le produce el desmentir, mientras va transcurriendo por ese estado de vivaz fragilidad.

La cría humana intentará siempre reducir esta distancia y disolverla a través de la repetición. Pero cuanto más se repite para reencontrar lo idéntico, más se profundizan las diferencias, porque lo que ocurre para un "nadie" nunca devendrá pasado. Colisión de temporalidades que engendran, por sí mismas, las condiciones de la repetición en tanto no es copia de un modelo sino que siempre se trata de un re-encuentro (Freud, S., 1905).

Esa amnesia de aquel tiempo primordial convoca a su repetición, haciendo rodar el destino que se hace historia. Se necesita entonces de esa historia de la repetición para "vampirizar" las existencias. "Desmentido originario" en la misma raíz del reconocimiento de la ananké. Paradoja que hace coexistir el percibir y el rememorar con el reconocer. ...Lo que llamamos con armoniosos nombres: Ideal, Ideal del Ego, Super-Ego, debe su aparición a una represión deliberada de impulsos reales que ha sido preciso desmentir... (Ferenczi, S., 1928).

Tras ese velo "inquietantemente extraño" está la nada primordial. Inexistencia posible que oculta lo imposible. De este modo, la escisión originaria opera sobre aquello que es todo lo contrario de una división, es incluso la ausencia de división. Y esto es lo que re-torna como lo Unheimlich (Ferenczi, S., 1926).

Surgimiento masivo y abrupto de una extrañeza que, si bien resulta familiar en una vida opaca y no recordada, produce un continuo hostigamiento en tanto no-yo radicalmente separado. No-yo, no eso. Pero ahora tampoco una nada sino un "algo" que todavía no se reconoce como cosa. Un peso no sentido que nada tiene de insignificante y que aplasta.

Por eso el olvido resulta siempre fecundo, en tanto todo humano es "trabajado" por una memoria sin recuerdo, modo de significar el existir. Entonces el inconciente no es una pérdida de memoria sino tan solo un no recordar lo que se sabe.

La transmisión se constituye en un singular tesoro. Tesoro que cada cual se fabrica, a partir de los elementos incrustados y apropiados por y de las generaciones precedentes y que -transformados por los múltiples encuentros azarosos de la vida y los aconteceres no recordados- se irán articulando en una cotidianeidad fundante del y para el sujeto.

 

...Hondo es el pozo del pasado. Sería mejor decir que es inefable esa esencia misteriosa que contiene nuestro propio existir. Su secreto está en nuestro origen, en nuestros pensamientos, en nuestras interrogaciones. Mientras más profundamente se escudriña, más se hunde uno a tientas en el mundo subterráneo del pasado...

Thomas Mann, "José y sus hermanos"

 

BIBLIOGRAFIA

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