Ana Lía Werthein
La Viena de fin de siglo, esa que fue testigo de la creación del Psicoanálisis, la de los cafés literarios y la de formas aventuradas de la expresión artística, también lo fue de una fascinación por la muerte que no dejó de golpear al entorno de Freud. Tausk se suicida, Silberer lo hace después de haberle escrito a Freud, y Ferenczi desaparecerá víctima de una extraña enfermedad en un hombre de sus características, invocando la “pérdida de amor” sufrida con relación a su maestro y ex analista.
La transferencia, concepto fundamental, en el desarrollo de la teoría psicoanalítica, sólo será manejada y conocida en el alcance de sus efectos muy progresivamente. Tal vez Freud mismo no fue suficientemente escuchado en sus advertencias respecto del manejo de esta poderosa herramienta.
Este clima fundacional tan inquietante en el orden humano, como productivo en el orden teórico y clínico me llevó a explorar las primeras estribaciones de presencia del analista así como aparecen de inicio en la teoría, anudadas a la persona del médico, a algún rasgo del mismo o de su entorno inmediato. Releyendo Análisis terminable e interminable, empecé a tomar contacto con el “caso Ferenczi” y la relación Freud-Ferenczi se me fue imponiendo de un modo muy fecundo en relación con la cuestión de la transferencia y sus vicisitudes. Me interesaron no sólo las formulaciones teóricas en plena gestación de Freud, sino también algunas puntuaciones clínicas del propio Ferenczi que me parecieron oportunas.
La hipótesis que fui construyendo, acompañada por algunas lecturas vinculadas a la producción de los protagonistas y por las de otros autores fue la siguiente. Podríamos considerar que los aspectos no tramitados en la neurosis de transferencia en el análisis de Ferenczi con Freud pasaron a jugar como acting out en el desarrollo teórico de Ferenczi de un modo franca y progresivamente letal, alcanzando momentos bizarros y sorprendentes con relación al reconocimiento que generó su producción de otras épocas. En este sentido tal vez mi propio trabajo tome en algún sesgo la línea del ensayo.
Conviene interrogar la construcción de algunos conceptos con relación al contexto en que fueron creados.
Ferenczi es el autor de la primera generación más pertinente para revisar lo que se requiere de la persona del analista, y especialmente en lo referente al fin del tratamiento, subraya Lacan en Variantes de la Cura Tipo. En la medida que el concepto de transferencia y la cuestión de la presencia, aparecen inicialmente anudados a algún rasgo real de la persona, me parece oportuno retomar algunas de las apreciaciones de Lacan en este escrito.
Aquí Lacan comenta un artículo de 1928 Elasticidad de la técnica psicoanalítica. Subraya allí que Ferenczi es el único de los posfreudianos contemporáneos de Freud, que supo distinguir el registro del sujeto del registro del yo. En este artículo, Ferenczi, se dedica a trabajar las situaciones que debe soportar el analista, entre las cuales toma por ejemplo el tema del dinero, que resumiré con un chiste que el mismo Ferenczi cita.
“… Doctor, si me ayuda le regalaré toda mi fortuna. A lo que el médico responde: me contentaré con 30 coronas por sesión – ¿No es un poco demasiado? ...”.
Lacan retoma ese mismo artículo in extenso, señalando que lo que Ferenczi plantea no tiene en absoluto que ver con la contratransferencia sino con cuestiones que conducen al deseo de analista lisa y llanamente, cita y trabaja un cierto número de frases.
Reducción de la ecuación personal. Dice Lacan: la ecuación personal debe ser reducida a nada. En función de esa reducción Ferenczi propone que el analista debe de haber terminado su análisis, cuestión que abre al tema fin de análisis.
En todas estas consignas, las de Ferenczi; ¿no es el yo el que se borra para dar lugar al punto sujeto de la interpretación?; propone Lacan. Por eso no toman vigor sino por el análisis personal del psicoanalista y especialmente por su fin.
El testimonio de Ferenczi abre numerosos interrogantes. Valorado al punto de considerarse su producción teórica como destacada, apoyado su entendimiento con Freud de forma tal que en el decir del maestro, “sus artículos estarán firmados con su nombre o con el mío”. Los estudiantes consideraban imperdibles sus conferencias, habiendo sido nombrado presidente de la Internacional, y titular de la Primera Cátedra de Psicoanálisis. Creador agudo y suspicaz, con un reconocido olfato clínico, controla sus pacientes con Freud y termina analizándose con él.
De muy diferente índole, es sin embargo la calidad de su producción, en la que se pueden ubicar tres épocas; dejando de lado sus artículos iniciales. La de los 20, época de la llamada terapia activa, de la que luego se retracta, la de los años 30 la llamada neocatarsis y finalmente la de la época del análisis recíproco.
En los años 20, él se distanciaba de la mayoría de los analistas, que colocaban la resistencia del lado del paciente, con lo cual, la resistencia aparecía como defensa. El se ubica de un modo en el que comienza a interrogarse por el lugar del analista en las vicisitudes de la transferencia. Para Ferenczi la resistencia no es interpretable. Comienza tempranamente a interrogar el lugar del analista en relación con ciertos obstáculos en la clínica. Sólo trabaja sobre el material asociativo y relaciona ciertas dificultades con el análisis del analista y sus propias resistencias inconscientes.
En 1919 en la época de su terapia activa escribe un artículo: Dificultades técnicas en el análisis de una histérica. Encuentra que el análisis de la paciente está detenido, y que la acción analítica no puede reducirse a la interpretación. El desciframiento del sentido, puede sin duda abrir el acceso al síntoma pero hay algo que hace obstáculo. Se encuentra con lo que él mismo llama “los puntos muertos del trabajo analítico” aquellos que resisten la interpretación y que sin duda las histéricas replantean en la dinámica de la transferencia.
En este caso propone en dos ocasiones, ponerle fin al tratamiento como había hecho Freud en su oportunidad. La paciente vuelve, y decide retomar el tratamiento. Cuando se reedita el detenimiento del trabajo asociativo, una vez más, bajo la declaración de un fuerte amor referido a la persona del médico, en esta oportunidad el discurso de la paciente señala: “con sensaciones por abajo” Ferenczi descubre, a partir de este decir de la paciente, que ella mantiene las piernas firmemente cruzadas, de idéntica manera durante sesiones, cosa que él no había advertido antes. Decide intervenir proponiéndole un cambio de postura, prohibiéndole reeditar la postura señalada, interpretando una forma larvada de masturbación, que permitía descargar subrepticiamente las mociones inconscientes, y que no dejaba pasar mas que fragmentos inutilizables al material asociativo. La paciente negó categóricamente haber realizado jamás esas prácticas.
“He de calificar de fulminante el efecto producido por esta medida”. Además de su desasosiego e inquietud, comenzó a producir fantasías que se iban pareciendo a delirios, de los que surgieron fragmentos de recuerdos sepultados, que se fueron agrupando en torno a ciertos sucesos de la infancia y proporcionaron las circunstancias traumáticas más importantes de la enfermedad.
Ubiquemos cómo está trabajando el tema de la transferencia. Siguiendo a Freud, que ya en esa época había abandonado hacía un buen tiempo el concepto de transferencia ubicada en una primera etapa como resistencia, con el consabido detenimiento en las asociaciones, planteada como obstáculo en la cura y apareciendo la figura del analista como falso enlace -el Freud de Estudios sobre la Histeria- Ferenczi está trabajando ahora la transferencia como repetición de los fantasmas eróticos del pasado, como actualización en la transferencia de las primeras relaciones del sujeto al Otro. Es más el Freud del Epílogo del caso Dora o el de Recuerdo, repetición y elaboración.
Ahora bien Ferenczi pensará el fantasma profundamente imbricado en la satisfacción de un goce. En ese sentido es precursor del concepto de fantasma en la línea en que lo trabaja posteriormente Lacan. En el caso citado aparece ese goce enlazado a fantasmas edípicos. La cadena asociativa aparecía interrumpida, probablemente por esa irrupción de goce a la que Ferenczi propone una sustracción mediante su intervención. De algún modo la prohibición, es la mejor opción que se le ocurre como operación para sustraer ese goce.
Intentando pensar esta intervención en relación con la presencia del analista y lo que ella precipita: ubiquemos la presencia misma del analista como una manifestación del inconsciente tal como propone Lacan en el seminario 11. Presencia como momento de cierre en la pulsación del inconsciente. Hay resistencia, hay inconsciente y este último inseparable de presencia del analista. Presencia en la línea del encuentro fallido, del nunca me miras allí donde te veo. Presencia en la línea de posibilitar que lo inconsciente pueda desplegar sus efectos y algo de la eficacia pueda tener lugar. Presencia como lugar donde el paciente se vea interrogado por lo desconocido de su propio decir. La presencia tal vez pueda ser definida por lo que ella no es.
Efectivamente en este caso las operaciones anteriores habían fracasado en ese mismo lugar. ¿Qué ocurre de diferente en esta nueva oportunidad?.
Podríamos pensar que hubo varios pasos que se fueron dando en este análisis. En una primera fase el paciente asocia y el analista interpreta. Aparece situado el SSS ya que se produce ese anudamiento entre inconsciente e interpretación. El analista aparece en el lugar del amante tal como Lacan propone en el seminario de la Transferencia. La cadena asociativa se detiene, la neurosis de transferencia se instala y el analista rota al lugar del amado. Si está como objeto estará como objeto de amor -agalma-. Ahora el objeto está retenido a nivel de la pulsión silenciosa en el goce y la paciente formula su amor en la línea de la demanda.
La transferencia separa la pulsión de la demanda. En ese caso el discurso queda del lado de la demanda de amor varado, en la persona del analista. El goce queda retenido en el orden del silencio pulsional. Aquí se produce el detenimiento asociativo, que recae en el mismo lugar; la persona del médico. En esta oportunidad esto precipita la intervención por la que Ferenczi vuelve a juntar en esa maniobra, la demanda con la pulsión. Deseo de analista en juego, el efecto fulminante es el desencadenamiento de la angustia en la paciente y la restitución de la circulación de las asociaciones. Si lo situamos en la dimensión del acto, Ferenczi con la prohibición, disputa ese objeto de goce que funciona como tapón apuntando a resituarlo como causa de deseo. Momento de caída de la presencia sincrónico a la reinstauración de la circulación del discurso y del semblant.
En 1923, para celebrar el cincuentenario de Ferenczi, Freud elabora un discurso en el que alude al análisis realizado con él en 1914. “Gracias al análisis, se convirtió en un hermano mayor sin reproches, en un maestro benevolente, promotor de jóvenes talentos”.
En Análisis terminable e interminable del año 37 Freud habla de un modo bastante explícito del caso Ferenczi quien había muerto en mayo de 1933 víctima de una extraña anemia a los 59 años. El tono es otro. Confirma el carácter inconcluso de este análisis. Lo evoca diciendo “Después de varios años en los que parece imperturbado el vínculo con su antiguo analista, sin ocasión externa registrable sobreviene una perturbación. El analizado, entra en oposición con el analista y le reprocha haber omitido brindarle un análisis integral. Es que habría debido saber y, debió tenerlo en cuenta, que un vínculo transferencial nunca puede ser totalmente positivo, tendría que haber hecho caso de la posibilidad de una transferencia negativa. El analista se disculpa, diciendo que en la época de su análisis no se notaba nada de transferencia negativa. Pero en el supuesto caso que hubiera descuidado unos levísimos indicios de esta última -lo cual no estaría excluido dada la estrechez del horizonte en aquella temprana época del análisis- seguiría siendo dudoso que tuviera el poder de activar por su mero señalamiento un tema, o como dice un complejo mientras éste no fuera actual en el paciente mismo. Para ello habría sido necesario emprender alguna acción contra el paciente, una acción inamistosa en sentido objetivo. Y además, no toda buena relación entre analista y analizando, en el curso del análisis y después de él, ha de ser estimada como una transferencia. Existen vínculos amistosos de fundamento objetivo y que demuestran ser viables.”.
Pues parece, que para Ferenczi no fue así. Aquello que Freud señala en el último párrafo le resultó decididamente inviable La transferencia siguió en pie hasta el día de su muerte. La transferencia había comenzado a desplegarse en tempranas épocas cuando ofició de alumno destacado. Sabemos que no hay enseñanza posible sin transferencia de trabajo. Escribe, publica, recibe la enseñanza del maestro y la trasmite. Viajan juntos, escucha todo lo que Freud necesita contar de su experiencia con Fliess. Luego se tiende en su diván.
Allí conquista algo de su saber inconsciente. Se instala ahora de lleno la transferencia analítica. A cierta altura se da por concluido el análisis. Se lleva algo del saber insabido que no habría existido sin este fragmento de análisis. Tal como sostengo en un principio, la hipótesis es que la transferencia sin análisis, pasó progresivamente a ser dominio del acting out que alcanzó su mayor plano de eficacia en el campo de su producción teórica. Tal vez, en un más allá de la teoría, y en un intento de rescate de lo que a su criterio faltó en su propio análisis, establece en el seno de la institución el análisis didáctico como criterio de formación que debe ser intensivo y llevado lo más a fondo posible. Freud por supuesto piensa que estas ideas son puro optimismo... que el aprendiz admita la existencia del inconsciente, y el resto vendrá de suyo...
Respecto del reproche por la transferencia negativa no propiciada, sabemos que la resolución de la neurosis de transferencia que no se resuelve en fin de análisis cobra frecuentemente la forma de una pasión volviéndose despecho rencoroso.
Evidentemente producto de ese análisis, fue la supresión de una cantidad de síntomas, pero a su vez aparentemente quedaron a resguardo del mismo cuestiones fantasmáticas. Pareciera que esto inanalizado, es aquello con lo que inviste la teoría.
Si Freud no escuchó la transferencia negativa, ésta sólo necesitaba ser provocada: de allí el hallazgo de la técnica activa.
Si Freud se mostró frío e intolerante, cuando Ferenczi necesitaba comprensión, y mantuvo el malentendido entre el niño y el adulto; de allí la neocatarsis. El Otro no está castrado, la falla no está en la estructura. Se muestra la falta del analista porque es reparable. La completud es el sustrato teórico que anima los trabajos de la última época. No está en juego en su producción nada de lo operatorio de la castración del Otro. No se trata del trauma sexual como un hecho de estructura ni de la alienación mortífera en el lenguaje. El sujeto no sufre de ser sexuado sufre por alguna maldad del otro subsanable en un análisis. Poco a poco se va produciendo una regresión en el discurso teórico, donde la pulsión de muerte termina siendo una consecuencia. El masoquismo no es primario, es consecuencia de un adulto sádico que ha martirizado a un niño en lo real. Los fundamentos del pensamiento psicoanalítico de los que él fue uno de sus principales mentores se derrumban.
Esto desemboca en el análisis recíproco, con la pérdida total de la asimetría, que desaparece junto con la asociación libre, y el lugar de la transferencia. Ferenczi suponía genuinamente que Freud podía decirlo todo. Esa queja, ese reproche, que no cesó, no encuentra pacificación ni en sus días finales. La querella se torna cruenta.
Tamaño derrumbe intelectual, ese imparable desanudamiento y esa peculiar manera de ser tragado por la muerte, entiendo que nos habilitarían a arrimar el a posteriori del análisis de Ferenczi, al campo del bregar pulsional, campo en el cual, el irresistible afán de ser uno con la Cosa, manda.
Maieutica Florianpolis
Institucion Psicoanalitica
http://www.maieutica.com.br/biblio/Ana_Lia_Werthein.doc
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