Ignacio Gerder
Los últimos trabajos de Freud y de Ferenczi siempre me emocionan. Me parece que en ellos la previsión y proximidad de la muerte elevan a los dos autores a una trascendencia: una visión abarcadora de la propia obra, de sí y del mundo. Un desinterés por seguridades transitorias en dirección a un tiempo más generalizador. En el límite, vida y muerte son sentidas como un continuo cuántico.
Es de esa manera que Ferenczi, enfrentando la actitud reticente de Freud, presenta públicamente su ensayo “Confusión de lengua entre los adultos y el niño. El lenguaje de la Ternura y el lenguaje de la Pasión”(1) en 1932, un año antes de su muerte y, quizás, ya impregnado de su trascendencia.
Intento imaginarme la reacción que tuvo Freud al leer ese texto que suena como un contrapunto de su propia obra; contrapunto que amplía las posibilidades pero que introduce disonancias en un diálogo armónico que busca establecerse. Ferenczi presenta en el Congreso de sus colegas obstinados un casi manifiesto de las relaciones de objeto:
“(…) un resumen corto (…) de un tema bastante extenso: el origen exógeno de la formación del carácter y de la neurosis (…)”(2) “Quiero destacar la importancia dada recientemente al factor traumático, tan injustamente descuidado en estos últimos tiempos en la patología de las neurosis. El hecho de no profundizar suficientemente el origen exterior conlleva un peligro, el de recurrir a explicaciones prematuras invocando la predisposición y la constitución”(3).
Dos importantes temas se entrecruzan en este texto: el proceso de las identificaciones y la escisión del Yo. Ferenczi establece una conexión esencial entre Fase de identificación y Lenguaje de la ternura:
“Debemos referirnos aquí, a las ideas que Freud desarrolló hace mucho tiempo. Fue cuando resaltó el hecho de que la capacidad de experimentar un amor objetal fuera precedida por una Fase de Identificación. Yo, calificaría esa fase como siendo aquella del amor objetal pasivo o fase de ternura”(4).
Cuando Ferenczi asocia el lenguaje de la ternura a una fase, ya sea en su acepción de periodo de tiempo limitado, o en la de una posición recurrente en el eje del tiempo, me parece que las sprachen (lenguas, hablas, lenguajes…) se convierten en un factor, determinante pero específico, de un concepto más amplio: Modos de ser del Hombre. De esa forma, Lenguaje de la ternura de un modo de ser que, como lo indica su característica relacional básica por medio de la identificación, siente al mundo y a sí mismo indivisiblemente, en una continuidad que es producto de un sentimiento de pertinencia: somos una misma cosa, unitaria pero infinita. Un sentido posible para amor objetal pasivo sería, entonces, estar abierto y receptivo para la acogida amorosa ya preconcebida.
El objeto preexiste en el sujeto, continente y contenido intercambiables. ¿Qué es lo que nos arrebata desde el lenguaje de la ternura hacia el lenguaje de la pasión? Ferenczi contesta:
“Pero el cambio significativo, provocado en el espíritu del niño por la identificación con el adulto, es la introyecciòn del sentimiento de culpa del adulto”(5) “Formas de amor pasional y albergando la culpa, en un ser todavía inmaduro e inocente. La consecuencia sólo puede ser la confusión de lenguas a la que me refería en el título de esta conferencia”(6).
Es, entonces, el sentimiento de culpa que se coloca entre los dos lenguajes. Y, ¿de qué es el sentimiento de culpa el síntoma, tal ves, más evidente?.
“(…) En el erotismo adulto, el sentimiento de culpa transforma el objeto de amor en un objeto de odio y de afecto, es decir: un objeto ambivalente. Mientras esa dualidad todavía le falta al niño en su fase de ternura, es justamente ese odio que sorprende, espanta y traumatiza a un niño amado por un adulto”(7).
Lo que era sentido como una unidad indivisible pasa por una división radical. Radical, pues en ese “antes” ni la idea de división podría ser concebible. O sea que, el sentimiento de culpa es el síntoma de la escisión (clivaje) determinante del Lenguaje de la pasión, y es esa diferencia esencial entre las vivencias de indivisibilidad y de división que Ferenczi, quizás, vislumbró por medio de los Lenguajes. En la Coda de su Postdata, un Ferenczi visionario nos instiga a buscar la esencia:
“Esta secuencia de reflexiones apenas aborda, de manera descriptiva, lo que hay de tierno en el erotismo infantil y lo que existe de apasionado en el erotismo adulto; deja en suspenso el problema de la propia esencia de su diferencia”(8).
Ferenczi deja en suspenso el misterio de esa esencia de la diferencia entre el lenguaje infantil de la Ternura y el lenguaje adulto de la Pasión, y con ello nos invita a sumergirnos en el proceso de humanización del ser. Sustentando en las conquistas posteriores de Bion y Matte-Blanco, propongo que la esencia de esa diferencia está vinculada a vivencias de Generalización y de Restricción. No pretendo dar una definición formal de los dos términos; parafraseando a Bion quiero mantener disponible la infinita “Penumbra de Asociaciones” que ellos puedan sugerirnos.
De esa manera, en una descripción impresionista, más metonímica pero también metafórica, yo diría que la Generalización, característica básica del lenguaje de ternura, connota un sentimiento de pertinencia. Todo tiene que ver con todo, o sea: ningún gesto está aislado del mundo y por lo tanto, nadie está solo. Es una vivencia de fusión con el otro. Una aceptación de Fusión -muy diferente de la usual en psicoanálisis- donde prevalece la completa totalidad y no la alineación de sí. Los intereses son comunes a todos en ese territorio -o modo de ser- donde todo es nuestro. La generalización es un factor inherente al proceso de humanización.
El lenguaje de la Pasión, en cambio, connota una vivencia de Restricción. La delimitaciòn de la individualidad por la exclusión del otro; la separación. Es el territorio, o la manera de ser donde rige lo mío y lo tuyo; mi interés contra el tuyo: los mecanismos de la Seducción. La individualidad y la vida defendidos con dientes y uñas. Un rito de pasaje de la infinitud a la finitud.
La Restricción es el otro factor inherente al proceso de humanización. Podemos imaginar que el Yo del niño sea modelado en ese tránsito confuso de lenguas. Ese modelo inherentemente conflictivo seguirá su curso “natural” por medio de las secuencias traumáticas que lo resignifican, desembocando al final en un Yo dividido donde conviven dos maneras de ser: Una de ellas será restricta, autocentrada, individualizada; la otra contendrá infinitas posibilidades generalizantes. Juntas en la busca del encuentro de Continente y Contenido; búsqueda que pasa por una relativización de los vértices que pueda conducir a una actitud de Sin Memoria, Sin Deseo.
***
Esas evocaciones bionianas nos remiten a la cuestión de lo general y de lo particular. Los vértices bionianos pueden ser pensados como puntos de vista simultáneos y multidireccionales apuntados hacia un evento; evento definido por el conjunto infinito de relaciones que remesan a la preconcepción: el niño y su mundo preconcebidos en un interjuego donde ambos son continente y contenido. Posiciones sutilmente mutables, donde Continente se convierte en Contenido y viceversa. Hablando de vértices, la conjugación de nuestros dos modos de ser quizás exija una actitud de desinterés por cualquier vértice, una actitud de no-vértice. De cualquier manera, el modelo bioniano me parece generoso y pleno de esperanza. Un buen modelo que nos hace pensar en compasión, solidaridad, sentimientos de unidad, posibles debido al abandono de posiciones -besetzungen, diría Freud- establecidas.
Al crear la expresión “Sin Memoria, Sin Deseo”, Bion llevó hasta las últimas consecuencias la “Atención Fluctuante” de Freud. Porque él habría elegido palabras tan evocativas de la actitud de desapego contenida en la tradición oriental milenaria que pasa por el Vedanta, el Tao, el Zen, pero que es difícilmente comprendida si no nos descentramos de una manera de pensar y ser a las que fuimos acostumbrados dentro de nuestra tradición occidental.
Parece que, aunque sea un poco a la fuerza, empezamos a aceptar el hecho de que Bion había nacido en la India, lugar donde vivió hasta los ocho años de edad bajo el maternaje compartido por su niñera hindú. Tal como lo dijo espléndidamente Meltzer en su “Studies on Extended Metapsychology”(9).
“(Esas concepciones) (…) son profundamente extrañas a la tradición filosófica y teológica de accidente, pero no lo son en relación a la tradición oriental en la cual la infancia de Bion se sumergió, como un Aquiles, por medio de las manos de su ‘ayah'".
Pienso siempre en esa expresión Sin Memoria, Sin Deseo en singular, connotando una actitud, y no en plural -sin memorias, sin deseos- connotando contenidos. Claro que no se trata de recordar o no una sesión, un dato biográfico, o cualquier otra cosa. Se trata de desapegarse de nuestra memoria y deseo emocionales para poder abrirse a lo desconocido: el otro. Quizás algo como recuperar un casi utópico lenguaje de ternura ferencziano. “Sin Memoria, Sin Deseo” es antes que nada una actitud ética y no metodológica. Desapegarse de la Memoria emocional del propio nombre, de los orígenes, de la posición, de las pérdidas y los desprecios. Desapegarse del Deseo emocional del poder de cura, de la fama, de los éxitos y agrados. Sugiero una forma más coloquial de decirlo: Sin Prejuicio, Sin Expectativa.
El poema trece del TAO-TE-KING, de Lao-Tse, nos menciona casi literalmente la ausencia de memoria y de deseo:
Agrados y desagrados provocan angustia
Honores provocan sinsabores para el ego.
¿Por qué es que agrado y desagrado generan sinsabores?
Porque, quien espera un agrado se queda en la incertidumbre.
Sin saber si lo recibirá.
Quien recibe un agrado, también se queda en la incertidumbre:
No sabe si lo conservará.
Por esto causan sinsabores
Tanto el agrado como el desagrado.
¿Por qué es que los honores generan sinsabores?
Todo sinsabor nace del hecho
de que alguien es un ego.
Y no es posible agradar al ego.
Si yo pudiera librarme del ego,
No habría más sinsabores.
Tao-Te-King
Poema 13
***
El tema de la generalización-restricción abarca también toda la obra de Ignacio Matte-Blanco. En su tentativa de comprender cómo se constituye el hombre y su mundo, Matte-Blanco parte de las características del inconsciente de acuerdo a como fueron postuladas por Freud, e investiga cuáles serían los principios lógicos de ese código enigmático para que, como consecuencia natural, de él surjan las manifestaciones del Inconsciente freudiano: sustitución de la realidad externa por la psíquica, Desplazamiento, Condensación, Ausencia de Temporalidad y, tal vez, como característica abarcadora, la Ausencia de contradicción.
Desde los orígenes, los escritos de Matte-Blanco se refieren al lenguaje, al habla. Su primer objeto de estudio es la esquizofrenia, por medio del enigma de su lenguaje o antilenguaje. Este antilenguaje él lo piensa como efecto de la invasión de la articulación consciente por otra lógica con características propias, irreductibles al pensar consciente (tal como dijo Ibn’ Arabi: toda causa es el efecto de su propio efecto). Esa otra lógica, tan cercana al Inconsciente, es responsable también por los sueños, actos fallidos y efectos expresivos estructurales, estéticos y estilísticos del discurso. Matte-Blanco la define como la Lógica Simétrica.
La busca del código simbólico evanescente lleva a Matte-Blanco a recorrer simultáneamente dos direcciones. Una de ellas conduce a la lógica matemática, con la utilización de la teoría de los conjuntos infinitos. Eso es lo que coloca el código matemático como un precódigo lingüístico: una schemata estructural del discurso.
Usando este instrumental lógico-lingüístico-matemático, él llega a su proposición del hombre y su mundo como constituidos por dos Modos de Ser. El simétrico u homogéneo y el asimétrico o heterogéneo, siendo cada uno de ellos impregnado por un código lingüístico propio e irreductible al otro. Esta es la otra dirección a la que nos lleva el pensamiento de Matte-Blanco: desde la lengua hacia algo más abarcador: un modo de ser en el mundo.
“El concepto de ‘modo de ser’ es más amplio que el de ‘lógica’. (…) La lógica se maneja con la estructura donde se desarrolla el pensar. Un modo de ser se refiere a todos los aspectos del ‘ser’, uno de los cuales, pero solamente uno, es el pensar”.(10)
El modo de ser asimétrico nos es familiar: se atiene a la lógica clásica, aristotélica, predominante en nuestra lógica usual consciente, o en aquello que podemos aprehender por medio de ella. Está sólidamente sustentada en una tetradimensiòn espacio-tiempo que determina nuestros límites de aprehensión imaginaria, de visualización de eventos. El mundo asimétrico es analítico, dividido en partes que se relacionan de acuerdo a una lógica que se propone conocida.
En cambio, el modo de ser simétrico se refiere a otra lógica, donde no rige el principio de no-contradicción y, como consecuencia, no hay ordenación de tiempo o espacio ni siquiera relación entre las partes distintas: la lógica del Inconsciente.
El mundo simétrico es sintético: en él estamos inmersos en la totalidad indivisible, desconocida, más allá de nuestro pensar habitual: él nos será eternamente extraño y familiar; esencia del unheimlich. Matte-Blanco sugiere la posibilidad de que el Inconsciente simétrico sea fruto de una lógica multidimensional que se escapa de los límites tridimensionales. La lógica que explicaría ese modo de ser simétrico estaría regida por dos principios: el principio de simetría y el de generalización.
Debido al principio de simetría, el sistema inconsciente trata lo inverso de cualquier relación como idéntico a la relación. De esa manera, si Juan es el padre de Pedro y Pedro el hijo de Juan, para esta lógica, Juan es también el hijo de Pedro, Pedro es el padre de Juan y todas las relaciones posibles son válidas sin contradicción. Por consecuencia, si el evento A antecede al evento B, también B antecede a A, excluyéndose de esa forma las secuencias temporales. El principio de generalización, que en rigor está contenido en el principio de simetría y viceversa, es formulado por Matte-Blanco de la siguiente manera:
“El sistema inconsciente trata a la cosa individual (persona, objeto, concepto) como si fuera un miembro o elemento de un conjunto, o clase que contiene a otros miembros; trata a esa clase como subclase de una clase más general y ésta como subclase de otra todavía más general y así sucesivamente”.(11) “(…) en la estructura normal estratificada biológica descubrimos que ‘bajo’ el aspecto presentativo, la superficie de cada individuo, hay normalmente una secuencia de niveles más y más profundos con amplitud y con simetría crecientes. Sin darnos cuenta, sentimos de una manera oscura que la mujer amada es, no solamente nuestra mujer sino también nuestra madre y en una camada más profunda todas las mujeres “posibles de ser amadas” y en un nivel todavía más profundo ella es una Diosa. Más profundo que eso, ella es nosotros mismos hasta que finalmente llegamos a la pura expresión del modo indivisible donde todo tiende a ser todo a más”(12) Matte-Blanco propone el proceso Consciente-Inconsciente como un continuum formado por diferentes proporciones de los dos códigos: el Consciente divisor, con predominio de asimetría, y el Inconsciente indivisible, con proporción significativamente mayor de simetría.
“Aunque son distintos entre sí, cada camada o nivel está presente de una manera misteriosa en todos los niveles más superficiales… Lo indivisible está allá a pesar de ser invisible” Esa antinomia entre generalización y restricción sería, entonces, el elemento constitutivo de los dos modos de ser del hombre y su mundo. Dos códigos irreductibles de aprehensión y manifestación del mundo, el hombre trágico dividido constitucionalmente en dos diferentes dimensiones, ejerciendo la convivencia con esos dos modos de ser, en una permanente tentativa de conciliación. Citemos a Matte-Blanco:
“Existe en la propia estructura del ser humano una antinomia fundamental que es el resultado de la copresencia de dos modos de ser que son incompatibles y a pesar de eso, existen y aparecen juntos en el mismo motivo. Hay una antinomia fundamental en los seres humanos y su mundo”(13) “El proceso puede ser descrito como extracción por el pensar asimétrico de las infinitas posibilidades del modo de ser simétrico”(14) “Se puede decir que es en el infinito donde se encuentran las dos naturalezas del hombre, la simétrica y la asimétrica”(15) “Las potencialidades del inconsciente son realmente infinitas. Y así también son las posibilidades teóricas del arte(16).
Por medio del arte llegamos a las emociones:
“(…) Los afectos ocupan simultáneamente todo el espacio mental”(17) “Cuanto mayor es el grado de simetría, más grande es la magnitud de los afectos”(18) “En cualquier emoción existe siempre una generalización, una maximización y una irradiación no justificadas en términos de la lógica clásica, pero comprensibles en términos de la lógica simétrica. Además del objeto concreto, la emoción siempre ve un número infinito de otros objetos dotados en su máximo grado con las características que definen a la clase: el grado infinito”(19) “Un lenguaje no puede tener emoción mientras sea simetría… pero así como lo inmensurable es la madre de lo mensurable, la emoción es la madre del lenguaje”(20) “La emoción es la madre del pensar”(21).
***
No pretendemos ecuacionar los lenguajes de Ferenczi a los modos de ser de Matte-Blanco, y si sugerir, apenas, una aproximación en esos dos campos: En uno de ellos, el lenguaje de la Ternura, el Sueño, la conjunción Continente-Contenido, el modo de ser homogéneo-simétrico, lo indivisible, la infinitud. En el otro, el lenguaje de la Pasión, la Razón, la disyunción Continente-Contenido, el modo de ser heterogéneo-asimétrico, la división, la finitud. Entre esos dos campos, una posible Barrera de Contacto, como la supuesta por Bion. En la trascendencia de esos dos campos podemos imaginar el proceso de humanización del ser.
BIBLIOGRAFIA
BION, W. R. “Learning from experience”. William Heinemann. Londres, 1962.
-----------------, “Atençao e Interpretaçao”. Imago, 1973.
FERENCZI, S. “Escritos Psicanalìticos”. 1909-1933. Ed. Timbre Taurus.
FREUD, S. “Análysis terminable and interminable” (1937). Standard Edition. Vol. XXIII.
----------------, “Splitting of the Ego in the process of defence” (1938). Standard Edition. Vol. XXIII.
GERBER, I. “Da seduçao retòrica ao trauma generalizado” Revista IDE, 1996. Sociedade Brasileira de Psicanàlise de Sao Paulo.
----------------, “Criatividade em Psicanàlise. Una questao ética”. Revista Brasileira de Psicanàlise. En impresión.
MATTE-Blanco, I. “The unconscious as infinite sets”. Duckworth, 1975.
---------------, “Thinking, feeling and being”. Routledge, 1988.
MELTZER, D. “Studies on extended metapsychology”. Clunie Press.
Ignacio Gerber
Rua Maria Carolina, 280
Te: (005511) 3061-5754
San Pablo – Brasil
Notas:
1.- In: Ferenczi, Sandor. Estudos psicanaliticos. Ed. Timbre-Taurus.
2.- Idem, p. 347.
3.- Idem, p. 347.
4.- Idem, p. 353.
5.- Idem, p. 352.
6.- Idem, p. 353.
7.- Idem, p. 356.
8.- Idem, p. 355.
9.- Meltzer, D. “Studies on Extended Metapsychology”. Clunie Press, P. 26.
10.- Matte-Blanco, Ignacio. “Thinking feeling and being”. Routledge, p 77.
11.- Matte-Blanco, Ignacio. “The unconscious as infinite sets”. p 38.
12.- Matte-Blanco, Ignacio. “Thinking feeling and being”. p 115.
13.- Matte-Blanco, Ignacio. “Thinking feeling and being”. p 70-71.
14.- Matte-Blanco, Ignacio. “The unconscious as infinite sets”. p 290.
15.- Idem p. 219.
16.- Idem p. 300.
17.- Idem p. 418.
18.- Idem p.174.
19.- Matte-Blanco, Ignacio. “The unconscious as infinite sets”. p 372.
20.- Idem p.273.
21.- Matte-Blanco, Ignacio. “Thinking feeling and being”. p 98.
Inicio
Indice