Alba Gasparino(2) y
Agustín Genovés(3)
"Itzig, ¿hacia dónde cabalgas?".
"¿Qué sé yo?", pregúntale al corcel"
Carta de Freud a Fliess 7.7.1898(4)
Leyendo los escritos teóricos de Ferenczi uno se encuentra ante numerosas contradicciones. Desde un primer período en el que la mujer es un síntoma de la cultura patriarcal, hasta un segundo período en el cual gira hacia el producto de avatares filogenéticos y ontogenéticos, donde se ha perdido el interés del autor por la intersubjetividad, y finalmente la apariencia episódica de fragmentos en los que intuimos un enfoque completamente diferente a esta cuestión.
PALABRAS CLAVE: Masoquismo; Complejo de virilidad; Castración.
Reading trough Ferenczi's theoretical writings one comes across a number of contradictions. From a first period in which woman is a symptom of patriarchal culture one moves on to a second period in which he turns into the product of phylogenetic and ontogenetic avatars wherein intersubjetivity would have lost the author's interest, until a last episodic appearance in which one apprehendsa radically differente approach to the question.
KEY WORDS: Masochism, Virility Complex, Castration.
Nuestro propósito es seguir la evolución de las ideas de Sandor Ferenczi acerca de la psicología femenina. A menudo tenemos la impresión, al recorrer los escritos ferenczianos, de ser testigos de una lucha interior entre la adherencia, por instantes forzada con su maestro, y el dificultoso desarrollo de sus ideas originales.
El punto de partida que hemos elegido semeja una paradoja. Si leemos ciertas comunicaciones personales encontramos confesiones respecto a su hostilidad dirigida a la mujer-madre. Por otro lado, en sus trabajos más tempranos, apreciamos una preocupación y una identificación empática con lo femenino. El "misterio" se resuelve si acudimos al autor, quien dice(5).
"...la vaga aparición de figuras de mujeres, seguramente domésticas, provenientes de mi más precoz infancia; después la imagen de un cadáver al que yo le abría el vientre en lo que, sin duda, era una sala de disección; ligado a esto, el fantasma loco que se me introduce por la fuerza en esta herida del cadáver. Interpretación: efecto posterior de escenas pasionales que verdaderamente han tenido lugar y en el curso de las cuales seguramente una mujer me ha dejado jugar con sus senos y después ha apretado mi cabeza entre sus piernas, por lo cual tuve miedo y comencé a ahogarme. Es el origen de mi odio a las mujeres; es por esto que quiero disecarlas, es decir, matarlas. Es por eso que la acusación de mi madre: "eres mi asesino", me alcanzó en pleno corazón y me llevó 1) a querer ayudar compulsivamente a todos los que sufren, sobre todo a las mujeres, 2) a huir de las situaciones en las que debía ser agresivo." (p.98).
Comenzaremos el recorrido en 1908 comentando un artículo titulado "Sobre el alcance de la eyaculación precoz". En él advertimos dos niveles de teorización que arbitrariamente resumimos en dos temas principales: los efectos en la mujer de la eyaculación precoz y la determinación social de la psicología femenina. En el primero, hallamos la idea de que la eyaculación precoz está en la raíz de la neurosis de angustia femenina. La afirmación corresponde a lo expresado por Freud años antes por lo que la mujer aparece como un "síntoma del hombre"(6).
En el segundo, la eyaculación precoz le permite reflexionar sobre la determinación cultural de la mujer. Al considerar la eyaculación precoz no ya como un síntoma, patrimonio de determinada patología, sino mirándola desde una perspectiva más amplia, introduce el concepto de "eyaculación precoz relativa" (p.15). Basa esta disfunción en el efecto de la "pervivencia del antiguo régimen patriarcal" (p.16), y la califica como egoísmo masculino que ha acabado por poner una venda sobre los ojos de todos, incluso de los médicos. La relatividad de la eyaculación precoz remite a la hipoestesia o anestesia sexual de la mujer, que a su vez está condicionada por un ideal femenino construido desde el régimen patriarcal imperante. "No se trata de una diferencia orgánica entre los dos (sexos) sino de una diversidad en las condiciones de vida y depresión cultural, lo cual explica esta "asincronía" en la sexualidad de los cónyuges." (p.17). La hipoestesia o anestesia se debería a que la mujer, a diferencia del hombre, está apartada de toda vida sexual real o mental.
En el esquema que describe, sólo los hombres tendrían derecho a "la libido sexual y al orgasmo", y más aún, nos comunica que, "hemos elaborado e impuesto a las mujeres un ideal femenino que excluye la posibilidad de expresar y reconocer abiertamente sus deseos sexuales" (p.16). De actuar de manera opuesta a lo establecido, la mujer sería discriminada como "enferma" o "viciosa". El sometimiento a los principios éticos que le dicta la cultura masculina, hablaría de la incorporación de los mismos en la construcción de la subjetividad femenina. El efecto será el rechazo a su propia sexualidad. Pero aunque la mujer reniegue de sus deseos libidinales, sabemos que ellos "no se dominan por decretos morales" (p. 16), lo cual la obliga a jugar la sexualidad por la vía de los síntomas neuróticos que conducen finalmente a su psiquiatrización y medicalización(7, 8).
Ferenczi califica la situación como "un martirio" en el que la mujer lucha entre respetarse a sí misma u oír sus impulsos sexuales insatisfechos, motivo que explicaría la elevada tasa de morbilidad femenina.
A diferencia de Freud, que años más tarde definirá al Superyo femenino como esencialmente débil, dará un panorama distinto ya que la sujeción de la mujer al orden patriarcal, supone la incorporación de un Superyo altamente coercitivo, ético y punitivo.
Coherente con esta comprensión sobre la problemática femenina, opina que "Habría que proteger mejor el interés sexual de la mujer" (p. 17), de lo contrario, cada vez se extenderá más "la combinación de marido neurasténico y mujer ansiosa"(9). (p. 23).
En "Psicoanálisis y pedagogía"(10)reconoce que aún una pedagogía de "nobles intenciones" (p. 53) y realizada en "las mejores condiciones" (p. 53), ha tenido "efectos nocivos para el desarrollo natural de la personalidad".(p. 53). Sus fallos se sintetizan en que la educación favorece la represión y la negación de las emociones e ideas del niño, que se ve así inducido a mentirse sobre lo que siente y sabe. Denomina al hecho "ceguera introspectiva" (p. 55), que en el plano sexual se traducirá en una postura egoísta e hipócrita de "no querer oír hablar de lo que cada cual hace" (p.57).
Podemos trasladar los conceptos anteriores a la condición femenina, puesto que desde un principio asimilará la mujer al niño, como un ser mantenido en estado de infantilización, ignorante y engañada. Ello traerá consecuencias negativas en la vida matrimonial, al crear un "abismo entre marido y mujer" (11).
(p.42) Una propuesta audaz para su época, es que para solucionar el problema de la histeria femenina, las mujeres en lugar de hacer una elección política (derecho al voto), deberían reivindicar la elección sexual. Piensa que como médico, sólo puede subsanar los sufrimientos individuales, pero que la resolución del problema pasa por el ejercicio de la genitalidad antes del matrimonio, lo que entrañaría la "emancipación (sexual) de la mujer" (p.17) como remedio para la histeria(12).
Las ideas anteriores corresponden a la primera época de la relación con Freud, en la que el interés por el aprendizaje de las teorías psicoanalíticas estimula su producción científica. Ellas están fundadas, especialmente, en su amplia experiencia clínica y vital, por lo que no escapa a su percepción la estructura intersubjetiva del psiquismo.
Años después, observamos un cambio de enfoque en "Thalassa"(13)y en "Masculino y femenino"(14).
En el primer artículo pensamos, coincidiendo con Bonomi(15),
que se perciben dos líneas de pensamiento. La primera, en la que reafirma las ideas de Freud sobre la libido masculina y la feminidad secundaria, en una doble dimensión: filogenética y ontogenética. La segunda línea nace de interrogarse sobre la función del coito al margen de la procreación. Aquí, podría intuirse que Ferenczi plantea un cambio de acento desde la problemática de la castración freudiana hacia la madre:
"Mi obstinación en mantener la regresión al útero materno en el centro de la teoría, a pesar de todas las dificultades de conceptualización que implica, la debo esencialmente a una experiencia psicoanalítica" ("Thalassa", p.339)
En la primera línea se adscribe a la ley fundamental biogenética de Haeckel, según la cual la ontogenia recapitula la filogenia y desenvuelve una fantasía acerca de la historia de la evolución. Al partir de la idea de que la vida orgánica surgió de las aguas, en la primera catástrofe geológica (desecación), especula sobre la adaptación evolutiva de los seres que vieron modificado su medio ambiente, en-tendiendo la diferenciación de los sexos como parte de esta evolución:
"... los dos sexos desarrollarían un órgano sexual masculino y posiblemente se llegó a plantear un gigantesco combate cuyo resultado debía decidir el sexo al que incumbiría el sufrimiento, el deber de la maternidad, y la sumisión pasiva ala genitalidad. Fue entonces el sexo femenino el que resultó vencido, pero se resarció de este fracaso aprendiendo a disfrutar de ser mujer y madre a partir de sus sufrimientos y dolores." ("Masculino y femenino", p.80).
La teoría de la libido masculina freudiana es remontada a la filogenia. Según las ideas "thalasianas", el sexo femenino se definiría desde una situación traumática originaria que lo obligaría a una evolución biológica mucho más compleja que la del hombre que acabará, además, por convertir a la mujer en el reservorio de la vida. Haciendo de necesidad virtud, tuvo que transformar la derrota inicial en gozosa diferencia. Esta suposición dará cuenta en la obra posterior, de una de las características de la feminidad: el masoquismo. La peripecia filogenética reaparece en el curso de la ontogénesis:
"El complejo de virilidad es, según recientes investigaciones de Freud, el complejo nuclear de la mayor parte de las neurosis femeninas, y la causa principal de la frigidez. A esto añadiré que indica la regresión a la fase de combate de la diferenciación sexual, tanto en la infancia como en el período de la catástrofe por desecación." ("Masculino y femenino", p.82).
Los desarrollos que examinamos nos sugieren que Ferenczi, en su segunda etapa de asimilación al pensamiento freudiano habría relegado en su producción teórica, la visión de la intersubjetividad en la construcción del psiquismo femenino. Paradójicamente, en un caso clínico que comenta en 192l(16)dice:
"Todo su "complejo de virilidad" apareció como secundario, consecuencia de un traumatismo sexual sufrido en la infancia..." (p.144)
¿Es compatible la idea de una libido masculina y de una feminidad secundaria con un "complejo de virilidad" consecuencia de una agresión sexual?
La pregunta sobre la significación del coito, inaugura la segunda línea de pensamiento mencionada. Es mediante la especulación sobre el mismo, que sur-gen sus propias ideas respecto a aquello que otorga valor narcisístico al pene.
Parte de la hipótesis de que la relación sexual es el soporte de significaciones profundas de las que Freud no se ha ocupado: la fantasía fusional. Dicha fantasía tiene tres contenidos: regreso al vientre materno, retorno a lo inorgánico, (el océano donde se inició la vida, cuyo símbolo es la madre) y renacimiento. Todas ellas fantasías omnipotentes, en las que se entremezclan la vida y la muerte y se anula el transcurso del tiempo en una eterna circularidad. Estos contenidos agregan otro significado a la situación edípica:
"El deseo edipiano es la expresión psíquica de una tendencia biológica mucho más general que empuja a los seres vivos a retornar al estado de reposo del que gozaban antes de su nacimiento" ("Thalassa", p.319).
La cita nos remite a dos artículos contemporáneos(17, 18)en los que al tratar la simbología del puente, piensa que entre sus significados está el de representar al miembro viril que une a madre y padre, evitando la cercanía peligrosa de la madre, las aguas en las que el hijo puede sumergirse y morir. Entonces la prohibición del incesto simbolizada en el padre, rompe esta circularidad incestuosa y abre un proyecto de futuro, angustia de castración que otorgaría la vida. Por lo tanto, pensamos que más que trasladar el centro de la teoría hacia la regresión a la madre, como dice Ferenczi, lo que en verdad está creando es un polo que junto al otro de la problemática fálica de la castración, produce un arco de tensión que recorre toda la vida psíquica.
Las fantasías de fusión expresadas como impulsos de penetración en el cuerpo materno para fundirse con él, están presentes en el trasfondo de la actividad libidinal en toda la extensión de las fases psicosexuales, tanto en la niña como en el niño. Pero el punto de divergencia en el desarrollo entre lo femenino y lo masculino, irrumpe en el momento del acceso a la sexualidad genital, en el que sólo tiene la posibilidad de realización el hombre, en un triple nivel: simbólico, alucinatorio y real. La mujer resulta castrada porque no tiene acceso a esa construcción metonímica, por lo que deberá hacer un desarrollo más complejo para lograr su realización a través de "una identificación imaginaria durante el coito con el hombre poseedor del pene (...) o de una identificación con el niño que lleva en su cuerpo." ("Thalasa", p.324).
Lo curioso es que si bien la anterior fantasía es de ambos sexos, sólo el hombre podría concretarla en cuanto es el poseedor del pene, instrumento adecuado para la penetración y el retorno al vientre materno. En la mujer, el cumplimiento de la fantasía es subsidiaria del poder masculino, su deseo viril está media-do por la identificación con el "hombre victorioso". Se repite así la idea de la fundación de la feminidad en un hecho traumático del cual el hombre estaría exento. La mujer se vería obligada a un desarrollo más complejo en lo orgánico en el nivel filogenético, y en lo simbólico en el nivel ontogenético. Ello se revelaría en la fantasía del "pene hueco" (p.324) que aparece durante el transcurso del coito o en la identificación con el feto=pene, en el embarazo. También se detectaría en el cuerpo "sexualizado", por ejemplo, en la lactancia. "Es probable que el amamantamiento constituya en cierta medida una compensación al placer perdido de la intromisión y de la eyaculación..." en el cuerpo materno. (p. 324). Exclusión que la conducirá continuamente a la búsqueda de una compensación no siempre exitosa, ya que consiste en libidinizar el sufrimiento y el dolor... En "Masculino y femenino", su autor habla de que cuando el sexo femenino resultó vencido " se resarció de este fracaso aprendiendo a disfrutar de ser mujer y madre a partir de sus sufrimientos y dolores" (p.80).
Mientras que la agresividad queda ligada a lo masculino, la mujer dispone de "la belleza, la bondad y el pudor" (p.81), caracteres sexuales terciarios. También es "más sensata, más fina, mejor", ("de manera innata") (p. 82), que el hombre. Pero si las mujeres realizan una actividad masculina, es decir intelectual, es porque padecen una neurosis. El así llamado "complejo de virilidad" será una regresión a la etapa de combate entre los sexos, opina Ferenczi.
Las ideas que examinamos se repiten en muchas oportunidades en este período. En 1928 Ferenczi pronuncia una conferencia en Madrid, titulada "El tratamiento psicoanalítico del carácter"(19).
En ella hace una síntesis de las ideas de "Thalassa", donde explicitó las diferencias caracteriales y biológicas entre ambos sexos. Vuelve al tema de la maternidad, tarea que se adjudicó a la mujer, pues la lucha entre los sexos se "inclinó a favor del macho que quedó desembarazado de esta carga" (p.281). Los caracteres sexuales secundarios físicos y psíquicos del hombre permanecieron a un nivel más primitivo y grosero. Por procesos de compensación e inhibición, el hombre consiguió:
"una superestructura lógica, ética y estética". (...) "La evolución biológica que señala la maternidad eximiría a la mujer de adquirir esa superestructura (...) por el contrario, sólo ella detenta la capacidad de sufrir y de ser madre, de manera que cada sexo tiene sus ventajas e inconvenientes" (p.281).
Nos interrogamos por qué la asignación de la maternidad a la mujer, la excluiría de la superestructura atribuida a lo masculino, si no es a causa de una violencia sobreañadida cuya crítica, sin embargo, él había efectuado lúcidamente en 1908.
En "Decisiones aforísticas sobre el tema de estar muerto-ser mujer"(20),
expone cómo toda adaptación es una renuncia a una parte de la individualidad, lo que asimila a una muerte parcial. Aunque en la búsqueda por adaptarse, compensar sus pérdidas y renuncias, la mujer adquiriría un saber intuitivo sobre el mundo.
Unas ideas semejantes están comentadas en el Diario Clínico en la entrada del 31.3.32. En ella enuncia que la normalidad en la mujer, consiste en la "tendencia a ser mujer y madre, un dejar hacer soberano para una cierta agresividad en el hijo y el esposo..." (p.115). Es evidente que para el autor, la mujer sería un receptáculo ineludible de la agresividad masculina. Enlazamos dicha nota con otra anterior del 23.2.32 en la que su autor dice que en el psiquismo femenino "se encarna un principio de la naturaleza que contrariamente al egoísmo y la afirmación de sí del hombre, puede ser concebido como un querer y poder sufrir maternal " (p.72). La capacidad de sufrir es "una expresión de la feminidad" (p.72). Condición que otorgaría el poder de ser más inteligente, ya que "el sabio es el que cede". (p.73).
El análisis tendría por objetivo un querer y sufrir maternal, para lo cual"...el analista (digamos masculino) debe dejar reinar todas las cualidades de la madre e inhibir todos los instintos masculinos agresivos (incluso inconscientes)" (...) la última fase del análisis de una mujer será, pues, sin excepción, la evolución espontánea hacia un querer -ser-pasiva y madre" (Diario Clínico, p.115). Suponemos que el analista tendría una particular intervención: repetir la situación traumática primitiva, ya que volvería a "castrarla" en un combate don-de la mujer sufriría, nuevamente, su "muerte parcial" ("Decisiones aforísticas", p.316).
Hasta aquí lo que vemos en Ferenczi es una teoría que con matices se superpone a los desarrollos de Freud respecto a la feminidad secundaria. Asombrosamente en la entrada del 26.7.32 del Diario, nos encontramos con lo siguiente:
"Quizá fue prematuro representar la sexualidad femenina como comenzando por el clítoris, con una transposición mucho más tardía de esta zona a la vagina. Es dudoso incluso que exista algún órgano del que pudiese concebirle que "no ha sido descubierto" por la psique (...) Al contrario, se está en el derecho de suponer que el aparente no descubrimiento de la vagina es ya un signo de frigidez, mientras que la erogeneidad aumentada del clítoris es ya un síntoma histérico" (p. 244).
Se nos ocurre que la nota sorprende, pues si hubiera representación de la vagina, la sexualidad femenina dejaría de ser secundaria, para convertirse en primaria. La representación psíquica de la vagina invertiría radicalmente los fundamentos del esquema, como ya sospechaban los analistas berlineses, con Abraham a la cabeza, en los años 20. Salvo en lo que manifiesta en el caso clínico de la paciente en la que el complejo de virilidad había surgido secundariamente a una agresión sexual, hasta donde hemos podido rastrear, no hallamos ninguna otra mención que pueda relacionarse con esta concepción.
Como síntesis final diríamos que nos enfrentamos con momentos contradictorios, en la teorización de Ferenczi. Desde un primer período en el que la mujer es un síntoma de la cultura patriarcal, seguiría otro donde resultaría el producto de avatares filogenéticos y ontogenéticos en los que lo intersubjetivo, quedaría relegado en el foco de su interés; hasta una última emergencia episódica, en la que se plantearía un cambio de óptica totalmente radical.
Sería interesante investigar la relación entre los desarrollos teóricos ferenczianos y las vicisitudes del vínculo personal con Freud. Pero eso sería motivo de otro trabajo.
REF: INTERSUBJETIVO – DICIEMBRE 2000 – Nº 2 Págs. 221-229 Quipú.
En: http://www.quipu-instituto.com/quipu_instituto/num_pub/pdf/gasparino.pdf
NOTAS:
1.- Original fechado en Madrid, Marzo de 1998
2.- Médico psicoterapeuta. Miembro Titular Didacta de QUIPÚ, Instituto de formación en Psicoterapia Psicoanalítica y Salud Mental.
3.- Médico psicoterapeuta. Miembro del Instituto de Psicoanálisis de la A.P.M. Miembro de la Asociación Forum de Psicoterapia Psicoanalítica.
4.- Sigmund: Cartas a Wilhelm Fliess. (1887-1904). Ed. Amorrortu. Buenos Aires, 1986.
5.- Ferenczi, Sandor. Diario Clínico. Entrada del l7.3.1932. Ed. Conjetural. Buenos Aires, 1988.
6.- Assoun, Paul Laurent: Freud y la mujer. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires, 1993.
7.-Ferenczi, Sandor: "Las neurosis a la luz de las enseñanzas de Freud y el psicoanálisis" (1908). En Psicoanálisis. Tomo I. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1981
8.-Ferenczi, Sandor: "Sobre las psiconeurosis". (1909). Psicoanálisis. Tomo I. Ed. Espasa Calpe. Madrid,1981
9.- Ferenczi, Sandor: "Las neurosis a la luz de las enseñanzas de Freud y el psicoanálisis". (1908) Op. Cit
10.- Ferenczi, Sandor: "Psicoanálisis y pedagogía". (1908). Psicoanálisis. Tomo I. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1981.
11.- Ferenczi, Sandor: "La adaptación de la familia al niño" (1928). Psicoanálisis. T.IV. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1981.
12.- Ferenczi, Sandor: "Sobre el alcance de la eyaculación precoz". (1908). Op. Cit.
13.- Ferenczi, Sandor: "Thalassa, ensayo sobre la teoría de la genitalidad" (1924). Psicoanálisis. T.III. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1981.
14.- Ferenczi, Sandor: "Femenino y masculino". (1929). Psicoanálisis. Tomo IV. Ed. Espasa Calpe. Madrid,1981.
15.- Bonomi, Carlo: "La psicosessualità femminile nell'opera de Ferenczi". Conferencia presentada en Ma-drid el 11.6.1996
16.- Ferenczi, Sandor: "Prolongaciones de la técnica activa en psicoanálisis". Tomo II. Psicoanálisis. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1981.
17.- Ferenczi, Sandor: "El simbolismo del puente". (1921). Psicoanálisis. Tomo III. Ed. Espasa Calpa. Madrid, 1981.
18.- Ferenczi, Sandor: "El simbolismo del puente y la leyenda de Don Juan". (1922). Psicoanálisis. Tomo III. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1981.
19.- Ferenczi, Sandor: "El tratamiento psicoanalítico del carácter". Conferencia pronunciada en Madrid en1928. Psicoanálisis. Tomo IV. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1981.
20.- Ferenczi, Sandor: "Notas y fragmentos" (2.4.1931). Psicoanálisis. Tomo IV. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1981
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