Sandor Ferenczi
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Artículos sobre Ferenczi:

 

SANDOR FERENCZI, PIONERO DEL MOVIMIENTO NEO-ANALÍTICO

 

Dr. Alejandro Gallego Meré.

Centro Psicoanalítico de Madrid.

 

En el año 1908 y en su primera presentación oficial en los círculos psicoanalíticos con motivo del Congreso de Salzburgo, Sandor Ferenczi se expresaba en los siguientes términos ( ), “La pedagogía, obliga al niño a mentirse a si mismo, a negar lo que sabe y lo que piensa. Los sentimientos y las ideas rechazadas de este modo, inmersas en el inconsciente, no quedan suprimidas sino que a lo largo del proceso educativo se multiplican o crecen, se aglomeran en una especie de personalidad distinta, escondida en las profundidades del ser, cuyos objetivos, deseos y fantasías, están en general en contradicción absoluta con los objetivos y las ideas conscientes”.

Como señala Michael Balint, en la Introducción a las Obras completas de Ferenczi, ( ), “este artículo, fue ignorado y olvidado; y solo fue publicado en húngaro, mientras Ferenczi vivió”. En nuestro criterio, en este trabajo, Ferenczi describe con toda claridad el concepto de “alienación”, que hoy día nos resulta tan significativo como el proceso básico del enfermar. Pero como bien destaca Balint, esta libertad de concepción y esta riqueza imaginativa del autor, que le permitía desbordar una concepción simplista, puramente sexual, en la etiología de las neurosis, ha dado lugar a que el movimiento psicoanalítico tomara sistemáticamente una actitud de reserva frente a sus aportaciones, dándose el hecho paradójico de que su obra, reconocida como la segunda en importancia en el seno del psicoanálisis después de la Freud, haya sido casi ignorada, hasta años recientes.

Ferenczi, del que el mismo Freud dijera, “que sus contribuciones teóricas y clínicas eran “oro puro”; y que con motivo de su muerte señalara, que con sus aportaciones, “nos había convertidos a todos en sus discípulos”, ha sido un personaje activamente olvidado en el mundo del psicoanálisis. Martín Grotjahn, en su Historia del Psicoanálisis ( ), concluye sus comentarios sobre el autor diciendo, “como exceptuando al mismo Freud, ningún otro teórico del psicoanálisis ha contribuido con tantas ideas valiosas y originales, o ha hecho tanto como Ferenczi para promover el desarrollo de esta ciencia y asegurar el lugar que hoy ocupa. Durante su vida, muchas de las contribuciones más originales y valiosas fueron aceptadas como axiomáticas, hasta tal punto, que a menudo eran atribuidas a Freud. El mismo Ernest Jones, cuya ambivalencia en relación con Ferenczi fue siempre notoria, destacada en su discurso presidencial en el Congreso de Lucerna (1934), como durante años, Ferenczi había sido la figura central de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Fueron sus palabras en el mismo, “Mi primer pensamiento al inaugurar este Congreso, se refieren inevitablemente a la dolorosa circunstancia de que por primera vez en nuestra historia de veintiséis años, no se encuentra entre nosotros el fundador de esta Asociación. Cuesta imaginar un Congreso Psicoanalítico sin Ferenczi. Hasta hace pocos años, él constituía la vida misma de nuestros congresos” ( ).

¿Quién es pues este personaje polémico y excepcional, que fue en su época figura central en el ámbito del psicoanálisis y que luego, parece haber quedado olvidado? ¿Por qué ese olvido? ¿Cuál fue su significación real y que ha aportado a la esencia misma del pensamiento psicoanalítico? Son preguntas, a las que debemos intentar dar una respuesta.

Obviamente, no disponemos de espacio para poder presentar a Uds., una semblanza biográfica de Sandor Ferenczi que sería necesaria para una adecuada comprensión de su proyección y de sus motivaciones, pero por lo mismo, si creemos imprescindible hacer referencia a alguna de las circunstancias, que en nuestro criterio, jugaron un papel central en la elaboración de su propia personalidad y serian origen de intereses futuros; circunstancias, que marcan a la par diferencias esenciales con las propias de Freud y que han sido evidentemente origen de muchas de sus diferencias de planteamiento.

Ferenczi, crece en el seno de una familia de once hermanos, siete varones y cuatro mujeres, en la cual faltó el padre cuando aun no había cumplido los 17 años. La familia Ferenczi, vivía en un primer piso de una vivienda con jardín, donde estaba igualmente instalada la librería y la imprenta, que era su medio de subsistencia. La mesa familiar, comprendía todo el personal y estaba igualmente abierta a los compañeros de los hijos. Era pues un mundo ampliamente compartido, abierto y sin ningún tipo de estructura autoritaria; por el contrario, parece haber sido un ambiente ampliamente liberal, expresivo y bibliofílico, y en cuyo seno, la madre aparecía como mujer especialmente capaz. Posiblemente, el sentido de libertad y la facilidad para la relación y el contacto personal tan propio de Ferenczi, tuvo en este medio un encuadre especialmente favorecedor. En sus aspectos relacionales, Jones describe a Ferenczi ( ), como “el dirigente y el amigo brillante, animador y benévolo. Tenia un gran encanto en su trato con los hombres, aunque no tanto con las mujeres y una personalidad, cálida y atrayente, así como un carácter generoso. Su espíritu, estaba lleno de entusiasmo y devoción, provocando estos mismos sentimientos en los demás”.

Ferenczi, aparece pues con una facilidad para el contacto, capaz de establecer una vinculación expresiva, imaginativo y creador, e interesado por toda experiencia nueva y con una fácil búsqueda de la proximidad. Es portador por tanto, de una forma básica de relación depresiva, con sus específicas características de búsqueda de la relación y de implicación emocional en la misma.

El segundo aspecto nuclear en la biografía de Ferenczi, es la falta relativamente precoz del padre como imagen de referencia y a la par, como símbolo de autoridad en el seno de la familia. Posiblemente, la capacidad imaginativa y de libertad de pensamiento, falto en un cierto sentido de exigencia critica; y por otra parte, su sentido laxo de la norma y de la pauta establecida, su capacidad de rebeldía, tienen este origen. Fue precisamente por estas cualidades, como señala Jones ( ) que… “fue un hombre muy del gusto de Freud. Una imaginación audaz y sin freno, era cosa que siempre excitaba a Freud. Fue esta cualidad, la que le había seducido diez años antes en Fliess y hasta cierto punto, en Jung”.

En su época, Ferenczi fue considerado como el “romántico” entre los psicoanalistas y a la par, como “le enfant terrible”, por su soltura y capacidad para manifestarse de una forma directa y sin trabas.

Un tercer punto que consideramos esencial en la experiencia vivencial de Ferenczi, es la capacidad de proximidad a la mujer y a la madre, dentro de una tónica de naturalidad. El mundo materno, no parece tener en Ferenczi el sentido dramático y persecutorio que puede intuirse en Freud, con la consiguiente mayor capacidad de proximidad y de contacto, con el mundo regresivo.

Todas estas circunstancias y experiencia de vida, contrastan notablemente con el mundo vivencial de Freud, rígido y estructurado; y en el que el sentido de la autoridad, es dominante. Entendemos, que se trata de dos mundos relacionales diferentes, que evidentemente condicionaron en gran parte la capacidad de ver de ambos autores.

La vida profesional de Ferenczi, se puede dividir en tres periodos fundamentales:.

1) La situación y el “status” que le es propia hasta la publicación de su libro “Desarrollos del Psicoanálisis” (escrito en colaboración con Otto Rank), que se caracterizó por una gran capacidad de organización y de investigación dentro de la propia línea freudiana, aunque con aportaciones originales. Fue el promotor y el organizador de la Sociedad Psicoanalítica Internacional en el congreso de Nuremberg en 1910; y a partir de una sugerencia de Freud, creó igualmente el Internacional Journal, para absorber el interés de los psicoanalistas de Estados Unidos e Inglaterra, mediante una revista de habla inglesa. Fue miembro y especial promotor con Jones, del famoso “comité” de la “vieja guardia” de Freud, junto con Rank, Sachs, Abraham y Eitingon; hasta que precisamente por la publicación de “Desarrollos del Psicoanálisis”, se produjo la desaparición del mismo por las disensiones que se crearon en su seno.

Ferenczi, aparece en este periodo como la figura más próxima a Freud, tanto emocional como científicamente, con el que mantenía una intimidad, no compartida con los demás miembros significativos. Como señala Jones ( ),… “Ferenczi era el miembro de mas edad en el grupo original, el mas brillante y el que se hallaba en una relación mas intima con Freud”; y en otro momento de sus consideraciones, señala como,… “la correspondencia entre ambos, no solo fue la mas abundante que Freud mantuvo (cerca de dos mil quinientas cartas), Sino indudablemente la mas intima que Freud escribió”. A finales de 1929 y cuando las diferencias científicas entre ambos se habían agudizado, Freud se expresaba en los siguientes términos en relación a Ferenczi:… “Ud., se ha ido distanciado de mi en los últimos años, pero espero que no lo suficiente para crear un movimiento psicoanalítico de oposición, por parte de mi paladín y gran visir secreto” (al subrayado es mío). Cuando se crean los movimientos de disidencia por parte de Adler y de Jung; y mas posteriormente de Rank, Ferenczi es encargado por el propio Freud de hacer la critica científica de las disidencias(1).

2) El segundo periodo significativo en la trayectoria científica y personal de Ferenczi, corresponde a la época de crisis en su relación con Freud, marcada por su enfrentamiento con otros psicoanalistas (Abraham y Jones) y de tensión con el mismo Freud, en la que se hizo especialmente significativa la relación con Rank. Freud se quejará de esta relación en términos de,… “me duele pensar hasta que punto, Ud., Se ha dejado arrastrar por él, a raíz de sus éxitos en América”.

Inicialmente, cuando se crea la polémica de las disparidades técnicas de Ferenczi, Freud tendió a tomar una postura de neutralidad. En la carta circular de fecha 15 de Febrero de 1924, Freud se expresaba en los siguientes términos “Hay ciertamente riesgos inherentes al hecho de distanciarse de nuestra “técnica clásica”, como Ferenczi la designó en Viena, pero eso no quiere decir que puedan ser evitados” y mas adelante continua,.. “encuentro que la experiencia de otros esta perfectamente justificada. En todo caso, debemos reservarnos en condenar esta empresa precipitadamente, como una herejía. Por lo menos, se imponen ciertas dudas”. Bajo la presión de Abraham y de Jones especialmente, los miembros del “comité” obtuvieron de Freud un encuentro en Viena antes del congreso de Salzburgo, para discutir y clarificar la situación. Frente al planteamiento de Freud de que… “no veía cual era el peligro implícito en las en las teorías de Ferenczi”, Abraham lo estableció como una desviación de tipo junguiano, a pesar de las diferencias personales en juego.

A partir de 1927, el pensamiento de Ferenczi evolucionó hacia el desarrollo de las técnicas de “relajación”, en las que se tendía a abandonar el principio de la necesidad de la situación de “privación” como motor del propio proceso analítico y se postulaba una actitud de gratificación; entendiendo, que el neurótico es un sujeto que en su infancia, no encontró una sensación de aceptación y de cariño y que por tanto, necesita vivir tal experiencia. Solo desde esta perspectiva, podrá establecer la “diferencia” con el pasado y tomar una conciencia real, de la tensión en que ha vivido. Al igual que Jung, Ferenczi consideraba que el niño siente y reacciona a la personalidad real de los padres, tanto consciente como inconscientemente, lo mismo que hacia las actitudes del analista, por lo que es su propia personalidad el instrumento fundamental de la “cura” y no la “técnica”, o la actitud interpretativa en si misma. Otra innovación básica que aparece en este momento, es la estimulación del paciente a la dramatización de sus situaciones, la idea de que pueda establecer una nueva vivencia de la forma más significativa posible. Balint ha retomado este concepto, considerando la necesidad de una experiencia de “renoveau” (Ed. francesa), como la vuelta a la situación previa a la estructuración viciosa y a partir de una nueva experiencia, actual, el reencuentro con una vía de progresión. Es éste un concepto, igualmente básico, en el pensamiento de Winnicott.

Al hacer de la experiencia analítica una vivencia reparadora, Ferenczi tenía puestos sus ojos en el pasado, pero como un pasado que se revive en el presente en unas circunstancias nuevas y que posibilitan su rectificación. La experiencia de aceptación y de posibilidad de revisión vinculada al analista, da al paciente una nueva perspectiva sobre todo su mundo y sus relaciones vinculares. En este sentido, Ferenczi marca una diferencia con Rank, para el que el pasado solo es vital cuando se convierte en un presente vivo (C. Thompson ( ). Para Ferenczi como para Rank, el psicoanálisis ha dejado de ser una forma de terapia, para pasar a ser concebido como una postura científica básica e incluso, una actitud hacia la vida.

La actitud critica de Freud hacia las innovaciones desarrolladas por Ferenczi, se intensifican y llegan a su acmé en este periodo, con una total desconfianza hacia la idea de otorgar “amor” al paciente, así como sobre el hecho de disminuir la autoridad de terapeuta al establecer una relación mas directa e incluso, reconocer los propios errores frente al paciente. Nos identificamos con la crítica de Clara Thompson ( ), cuando señala lo erróneo del planteamiento de Ferenczi al considerar, que la búsqueda de amor del adulto neurótico es una simple repetición del deseo infantil insatisfecho y no, que la necesidad neurótica e amor puede servir a otros propósitos, tales como disimular la hostilidad, obtener poder, reforzar una postura narcisista haciéndose en realidad incapaces de recibir el amor que se les puede ofrecer. Pero la critica de Freud, tuvo un sentido completamente diferente.

Por una parte, le alarmó las consecuencias que tal actitud podría conllevar en el desarrollo de la propia técnica analítica y por otra, la pérdida de autoridad del analista mismo. En su famosa carta de fecha 13 de Diciembre de 1931, Freud le recrimina a Ferenczi, “que no disimula al hecho de que besa a sus pacientes y se deja besar por ellos”, y más adelante continua,… “en nuestra técnica, hemos sostenido hasta el presente que las satisfacciones eróticas deben ser negadas al paciente. Ud., Sabe perfectamente, que cuando las satisfacciones mas intensas no son posibles, las caricias mas benignas toman el relevo en las experiencias amorosas sobre la marcha. Imagínese las consecuencias de la publicación de su técnica. Seria la revolución más radical, que se puede imaginar. Un cierto número de pensadores independientes en materia de técnicas se preguntarían: ¿por qué pararse en un beso?”. Freud entendía la evolución técnica de Ferenczi, como una “actuación” de su “insaciable deseo de ser amado”; y de este modo, lo hace constar en su carta. “Puesto que Ud., desea jugar el “rol” de madre afectiva con los demás, Ud., mismo lo llena consigo mismo y por tanto, estará en un continuo temor del castigo brutal por parte del padre. Esta es la razón, por la que le hablaba de una pubertad en mi última carta”.

En los días 27 y 28 de Octubre de 1931 y a su regreso de Capri, Ferenczi se detiene en Viena para discutir directamente con Freud sus diferencias. Tras una detenida reflexión, cinco semanas más tarde señalaría a Freud,… “que no había cambiado en absoluto sus opiniones”. Esta disparidad, dificultó aun mas las relaciones entre los dos hombres, reforzando cada uno de ellos su posición. Ferenczi, no estaba dispuesto a claudicar de lo que creía, por una actitud de respeto y de fidelidad al “maestro”. Freud, le envía entonces la célebre carta del 13 de Diciembre, que ya hemos comentando; y que venía a ser una respuesta, al trabajo que con el titulo del “Análisis del niño por los adultos”, Ferenczi había escrito con motivo del 75 aniversario de Freud.

3) El ultimo periodo de la vida de Ferenczi y a partir de sus diferencias con Freud, fue de aislamiento y rechazo por parte de los medios psicoanalíticos, que tendieron a presentarlo como un enfermo grave, considerando que sus ideas y teorías eran el fruto de su patología personal. De hecho, Jones presentó una versión de sus manifestaciones finales, correspondientes al cuadro neurológico de una anemia perniciosa, como los “aspectos oscuros” de Ferenczi, “que habían estado ocultos, pero acechantes, hasta el final de su vida y que dieron lugar a las manifestaciones psicóticas (el subrayado es mío), que le llevaron a apartarse de las doctrinas freudianas”. Jones hizo su primer comentario público en este sentido, en el panegírico que con motivo de la muerte del mismo Ferenczi pronunció ante la Sociedad Británica de Psicoanálisis (1933).

Realmente, Ferenczi murió de una anemia perniciosa, pero solamente en las últimas semanas presentó trastornos neurológicos, preferentemente motóricos y astenia muy profunda; y como manifestaciones totalmente finales, trastornos mentales. Balint, que lo visitó personalmente hasta su muerte, niega la versión de Jones. Al parecer, estuvo bien en el Congreso de Wiesbaden (1932) y desde allí fue a Biarritz, donde aparecieron los primeros síntomas (dificultades para la marcha). Como señala Izette de Forest, solo en la última semana, pudo tener manifestaciones delirantes, que es lo que negoció Jones a su manera. Parecería en efecto, como mantuvieron James Strachey y Edward Glover, que Jones nunca perdonó a Ferenczi que hubiera sido su analista, o quizás desplazó hacia él, su resentimiento a Freud por no haberlo analizado (Roazen).

En este punto de la exposición, es interesante retomar nuestras preguntas iniciales e intentar una reflexión, sobre quien fuera ese personaje polémico y excepcional, que fuera una figura tan central en su época en al ámbito del psicoanálisis y ¿por qué, fue tan profundamente “olvidado”, al entrar en disparidad con Freud? Más bien, habría que decir, “negado”.

Creemos que Ferenczi encarnó de una forma muy directa el problema de la “rebelión generacional” dentro de la gran familia psicoanalítica, sumamente rígida y autoritaria; y con una actitud muy idealizada, hacia la madre (la ciencia psicoanalítica), que debería ser sagrada y solo patrimonio del padre. Ferenczi, en su tensión con Freud, sin llegar a la ruptura, cuestionaba el principio mismo de autoridad en el seno de la institución y precisamente por parte de “el hijo más querido”.

A pesar de sus afirmaciones en otro sentido, Freud ejerció en el seno de la Sociedad Psicoanalítica una autoridad máxima, que le fue criticada por todas las personas que antes o después tuvieron que separarse de su lado. En este sentido, es sumamente revelador la consideración y el recuerdo del último contacto epistolar que tuvo con Jung, antes de su escisión definitiva. Como respuesta a un requerimiento de franqueza por parte de Freud,… “en las relaciones entre psicoanalistas, al igual que en el propio análisis, cualquier forma de franqueza es permisible”, Jung recrimina a Freud que se tienda a usar el psicoanálisis, con el fin de quitar valor a las contribuciones de los demás, atribuyendo sus nuevas aportaciones a sus “complejos”, “es un craso error”, son sus palabras, “su modo de tratar a sus discípulos como si fueran pacientes, Ud., anda olfateando las acciones sintomáticas de todos cuanto le rodean con lo que les reduce al nivel de hijos e hijas que admiten avergonzados, la existencia de sus “faltas”, mientras que Ud., permanece en las alturas como el padre en situación de ventaja”. Freud, después de hacer “inhabituales” esfuerzos para redactar una respuesta (Roazen), propuso “que abandonaran enteramente sus relaciones personales”. Es pues evidente, la intolerancia de Freud para que se cuestionara su autoridad y para aceptar, una desidealización.

En lo que a Ferenczi se refiere, nunca se llegó a una ruptura. Las relaciones se hicieron tirantes, pero continuaron manteniendo una relación epistolar hasta su muerte. Como señala Grotjahn ( ), Ferenczi expresaba al final de su vida su confianza en restablecer la buena relación con Freud, “dando que éste, había dado en lo cierto y los experimentos mas radicales de Ferenczi, habían fracasado”. En este sentido, le escribió varias cartas haciendo referencia a tales cambios, de las cuales es especialmente significativa la fechada en Octubre de 1931. “No negaré”, dice… “que los factores subjetivos ejercen influencia, a menudo considerable, sobre la forma y el contenido de mis concepciones. En el pasado, esto me ha llevado a veces a exageraciones, pero creo que en ocasiones logré comprender donde y en que medida había ido demasiado lejos”. Freud, ya no retomó la relación coloquial que había sido habitual con Ferenczi. Es significativo recordar esta carta, de finales de 1931, para enjuiciar la consideración de Jones de obcecación y de postura patológica que le atribuye en sus últimos años. De hecho, a lo largo de toda su actuación personal y científica, Ferenczi se caracterizó por su prefunda fidelidad a Freud, a su pensamiento y a su persona; precisamente, habría que preguntarse en que medida esta postura dificultó su productividad.

En el proceso de negación de la figura de Ferenczi que estamos analizando, es evidente el papel que pudo haber jugado la notable preferencia que le otorgó el propio Freud durante toda su vida; y que conllevaba, evidentemente, una envidia y un odio latente en los “hermanos” postergados. El destronamiento del “favorito”, tuvo que ser evidentemente fuente de gratificación y de culpa, que podía ser fácilmente negada mediante la desvalorización en función de una patología personal. La distancia al “padre” habría sido de nuevo restituida y con ella, garantía de la conservación del principio de la autoridad, etiquetando como “loca”, toda pretensión de aproximación.

El tercer aspecto que ha podido influir de una forma irracional en el activo “olvido” de la figura de Ferenczi, fue su propio cuestionamiento de la técnica, precisamente en los aspectos de “distancia” y de “asepsia” que podían resultar mas protectores para la propia personalidad de los analistas. No debemos olvidar, que los grandes pioneros del psicoanálisis fueron personas muy insuficientemente analizadas y que la primera postura frente a los fenómenos contratrasferenciales fue de gran alerta y reserva. No es causal, que el interés por la obra Sandor Ferenczi se haya ido despertando parejamente a la compresión de la “cura”, como una relación personal activa y se haya dudado, cada vez mas, de la utilidad de una “neutralidad” entendida a ultranza.

Si la obra de Ferenczi se lee con detenimiento, puede establecerse en la misma una serie de líneas básicas de desarrollo que le dan coherencia y que imprimen a toda su actitud renovadora, un sentido preciso. Para ordenar la exposición, creo útil hacer un primer planteamiento global de esas líneas básicas, para desarrollarlas mas determinantes en un segundo tiempo.

La obra de Ferenczi, se desarrolla a partir del principio del entendimiento de la “cura” como un proceso interaccional con la terapeuta, del mismo modo que lo es el desarrollo del individuo, en relación a su medio. No hay un planteamiento biológico, sino una prioridad en la consideración de lo vivencial externo, estableciendo el germen del entendimiento de la experiencia analítica como un campo de relaciones de objeto. De aquí, la importancia de la relación terapéutica, no solamente como un instrumento de compresión, sino como posibilitadora de una experiencia de aceptación y de acompañamiento, que permita al sujeto retomar los aspectos traumáticos de su existencia.

Un segundo parámetro esencial en la obra de Ferenczi es la consideración, de que en los enfermos graves, el contacto indirecto a través de la interpretación resulta insuficiente y es necesario una mayor aproximación a la parte infantil del mismo para establecer, mediante una nueva experiencia (en el seno de la terapia), la integridad narcisista del sujeto. Es este concepto central, que se ha desarrollado muy ampliamente en el psicoanálisis contemporáneo por autores como B. Grumberger, con su concepto de “herida narcisista”, Winnicott, en consideración de la necesidad de tomar contacto con el “verdadero” Self o de Ronald D. Fairbairn, en su entendimiento de la “cura” como el desmontaje de la “defensa moral” frente a los objetos malos y la recuperación por parte del sujeto de la confianza en su propia “bondad” interna ( ). Ferenczi, fue el primero en señalar, la enorme importancia que tiene en el desarrollo infantil sano el contacto corporal amoroso con la madre, así como el peligro de una estimulación demasiado intensa del bebe por parte de los adultos. Su concepto del “amor pasivo primario”, que ha sido ampliamente desarrollado por Balint con posterioridad, es hoy día un hecho que nos resulta totalmente familiar.

La consecuencia de esta inestabilidad narcisista del sujeto, son los fenómenos de “auto simbolización” y de escisión del Yo, que representan la “solución” dinámica a la patología del sujeto en estas condiciones, pero que se convierten, a su vez, en los propios fijadores de la situación.

Los fenómenos de “autosimbolización” y el concepto de “materialización”, que surgen a partir de 1912, son un índice de la capacidad de Ferenczi para una compresión profunda de la dinámica psíquica, en el marco de las relaciones objetales internas. En su trabajo sobre “Fenómenos histéricos y materializaciones” (1919), establece como, “la adquisición del sentido de la realidad, se hace a partir del período del lenguaje, en la situación regresiva, el sujeto vuelve al período de los “signos mágicos”, con lo que tiende a modificar el mundo a través de su propia vivencia corporal”. Ferenczi insiste, que estas “materializaciones”, no corresponden a una alucinación en el sentido de reactivar un material memorizado, ni a una ilusión, como una interpretación errónea de estímulos procedentes del mundo interno o externo. Los estímulos, son producidos activamente por el sujeto en un intento de realización mágica de su deseo, a través de las posibilidades fantásticas del cuerpo. En la medida en que las “materializaciones” corresponden a una vía de expresión arcaica e inconsciente, Ferenczi las considera exponentes de una regresión tópica mas profunda que la propia alucinación y que corresponde a un estadio muy precoz de “autoplastia”. Seria una regresión a la “protopsique”. Escuelas actuales de Medicina Psicosomática, tales como las desarrolladas por Pierre Marty y o Fain, parten de este mismo supuesto de base.

El entendimiento de la manifestación clínica como una sobre-estructura, que defiende de vivencias mas profundas de no aceptación, de dolor y de falta de noción de sí mismo, dio lugar a que Ferenczi desarrollara un renovado interés por la psicología del Yo y los modos de defensas mediante los cuales, trata de mantener el “status quo”. Todo el desarrollo de la “técnica activa”, tiene precisamente como fundamento el intento de romper la “estabilidad” patológica que ha creado el paciente, invistiendo libidinalmente una serie de posturas defensivas. En el concepto de Ferenczi, hay que forzar en muchos casos esa resistencia ya establecida y buscar la confrontación del paciente con su realidad interna. Es este un concepto básico en autores posteriores, tales como Karen Horney y Erich Fromm. El proceso de la “cura”, adquiere entonces al sentido de una desalienación del sujeto y la recuperación, “de esa personalidad distinta, escindida en las profundidades del ser, cuyos objetivos, deseos y fantasías, están en general en contradicción absoluta con los objetivos y las ideas conscientes”. El carácter de “autenticidad”, de esta nueva relación que se establece en la terapia, en la piedra fundamental para que el sujeto se atreva a plantear la revisión de su proceso de falseamiento y de mixtificación. Como señala Izette de Forest ( ), Ferenczi entendía que las circunstancias del encuadre “clásico” de la cura, no permitían el desarrollo del necesario ambiente de “franqueza” y de “ternura natural” que son imprescindibles en el desarrollo de la nueva experiencia de “autenticidad”, que debe presidir el logro de un buen “rapport” terapéutico. Ferenczi, como Horney y Fromm posteriormente, plantea la “cura” como un proceso de lucha activa contra la defensa, sobre la base de un buen “rapport” de análisis (para emplear el termino actual), que tiene que posibilitar una vivencia de confianza.

Todo este planteamiento, básicamente diferente del específico de lo que el propio Ferenczi denominó la “técnica clásica”, es la consecuencia de una diferente compresión de conceptos fundamentales en la dinámica psíquica. Es el primero de los mismos, el concepto de “regresión”. Para Balint, el entendimiento de la regresión, fue el punto de disensión más radical con Freud y que dio lugar a las mayores oposiciones.

En su obra “El defecto fundamental” ( ), Balint estudia los planteamientos emocionales que pudieron llevar a ambos autores a posturas contrapuestas. Fue el cuestionamiento básico: “¿como responder a un paciente, que en estado de regresión, desarrolla un transfert intenso?”. En la consideración de Balint y a partir de sus propios comentarios en su “Autobiografía”, Freud vivía como experiencias muy penosas las manifestaciones sexuales masivas por parte de algunas pacientes, especialmente en situaciones de surgimiento del estado hipnótico; por otra parte considera, que en los primeros años de su practica psicoanalítica, Freud trabajó preferentemente con casos de regresión “maligna”, que le pusieron muy en guardia frente a la situación. Ferenczi por el contrario, por las características de su personalidad y por sus éxitos iniciales en casos graves, tenia una postura diferente; entendiendo, como posteriormente han coincidido otros autores (Balint, Winnicott, etc. ), que en determinados periodos de la toma de contacto con las experiencias penosas de fondo, el “rol” del analista cobra la significación de los objetos primarios, de modo que permita el sujeto una experiencia de confianza y aceptación que le posibilite la estructuración de una experiencia de “amor pasivo primario”. Balint aclara, siguiéndole pensamiento de Ferenczi, “que la gratificación de esos deseos apasionados (de aceptación) en la situación regresiva, no viene a sustituir la interpretación sino que es un complemento de la misma”; yo diría, que la condición para que la propia interpretación sea oída y sobre todo, asumida.

El segundo concepto diferencial básico es el de “introyección”. En el concepto clásico, que tomó forma a partir del trabajo de Freud “Duelo y Melancolía”, la introyección es concebida como un proceso defensivo, de sustitución a nivel interno del objeto de amor cuando este se distancia o se pierde; como una “compensación” o una “recuperación”, dirá Abraham. Para Ferenczi, tiene el sentido positivo del proceso inherente a la incorporación de los objetos al Yo, a su “metabolización” como dirá Ilsa Barande ( ), desarrollando el concepto del autor.

En 1912, al contestar Ferenczi a un objetor ( ), precisará que entiende la “introyecciòn”, “como la extensión del interés autoerótico inicial al mundo exterior, al incluir sus objetos en el propio Yo, … en el fondo, el hombre no se puede amar mas que a si mismo, al amar al objeto, lo absorbe”. Para Ferenczi, es pues un movimiento positivo por excelencia, que asegura la máxima pertenencia, la noción de familiaridad y privacidad, tanto en lo interno como en lo externo. Es una condición y un camino para la identificación, tal como es valorado en el psicoanálisis moderno.

Un tercer aspecto conceptual en la obra de Ferenczi, es su sentido de la integración de las fases libidinales, su concepto de “anfimixia” entendiendo, que la actividad erótica adulta no es un estadio del desarrollo sino la resultante de un proceso de “composición” a partir de los erotismos previos y que por tanto, viene matizada por los mismos, en su significación. De este modo, la actividad y la apetencia genital, tiene que ser estudiada en sus componentes específicos y no entendida como un logro, que barre las experiencias anteriores. Seguramente, como fruto de sus trabajos y discusiones con Otto Rank, Ferenczi desarrolla al máximo el concepto del deseo inconsciente de la vuelta a la madre como experiencia de placer, concibiendo el propio coito, como una realización parcial de este simbolismo con las consiguientes cargas emocionales. En su obra “Thalassa”, lo establece como la forma más acabada y a la par más regresiva, de la vuelta al cuerpo de la madre, con el consiguiente reencuentro narcisístico. Ferenczi, destaca la importancia de este “amor pasivo primario”, como punto de arranque que sustenta la capacidad del sujeto de tomar conciencia de si y del mundo exterior. Como dirá en su trabajo “Reflexiones sobre el placer y la pasividad” (1930), la toma de conciencia del mundo exterior, “es solamente posible si antes son abandonadas las defensas contra los objetos originales creadores de displacer y su negación, de forma que los estímulos procedentes de los mismos puedan ser incorporados el Yo”.

Este papel central concedido al mundo exterior y a las personas que se ocupan del cuidado del niño, en el sentido de que posibilitan o interfieren la experiencia básica de aceptación, explica la importancia que da Ferenczi al concepto de “trauma”, en un sentido amplio; y es por ello, que en todo su trabajo clínico, Ferenczi investiga continuamente el sentido de las experiencias reales del sujeto y la influencia del mundo próximo sobre el mismo.

Partiendo de esta planteamiento, Ferenczi considera que la actitud del terapeuta, “tiene que ser la de un adulto, infinitamente paciente, comprensivo, acogedor y amable”, que haga posible una experiencia de “reconciliación” que permita confrontar al sujeto sus vivencias familiares reales, al sentirse protegido de una repetición; afirmando que, “ningún análisis puede ser considerado como terminando antes de movilizar el material de recuerdos correspondiente al “trauma” patógeno”; y habría que añadir, que se haga posible la aceptación desde una nueva perspectiva la experiencia real vivida cesando el proceso de falseamiento y negación de la misma. El niño tiene que dejar de “mentirse” y tiene que ser capaz de “no negar lo que sabe y lo que piensa”. Acorde con este planteamiento, cobra todo su sentido la exigencia de Ferenczi de que la actitud del terapeuta tiene que ser básicamente leal y “autentica”, de apoyo incondicional a un reconocimiento de la realidad vivida y de oposición, a todo movimiento de falseamiento y de mixtificación. El propio “encuadre”, no puede ser en modo alguno distanciador o posibilitador de una idealización del terapeuta, pues en tal caso, la propia experiencia analítica se convierte en condicionamiento repetitivo del proceso de idolatría. Ferenczi lo expresa en la forma siguiente:…” cuando un paciente siente decepcionado, abandonado o dañado, tiende a jugar consigo mismo como un niño,…una parte de si, toma el “rol” materno en relación con el resto, que se presenta necesitada y caduca” de este modo y a través de esta escisión del Yo, el sujeto pone en juegos su tragedia personal perpetuando formas alienadas de dependencia, en relación con representaciones o partes idealizadas de si, que imposibilitan su experiencia de unidad. Son formas de relación, que perpetúan la idolatría, dirá Fromm más tarde. La experiencia “neocatártica” debe representar, la reconstrucción vivencial de la primitiva lucha con la realidad, “la toma en consideración de los símbolos memorizados corporalmente”…. y del proceso de mixtificación; pero tal experiencia, será solamente posible si el sujeto es amado ahora, realmente. Entendiendo por amar, aceptado y respetado en su verdadero ser, en su ser individual y reconocido como un igual. Dejando de ser el “depositario” de los aspectos negativos de su entorno, para salvaguardar idealmente al mismo. Entendemos, que la gran aportación de Ferenczi al mundo del psicoanálisis es su profundo amor y respeto al paciente, su lucha para evitar su “cosificación” y su denuncia, a una técnica de trabajo que en gran parte despersonaliza al enfermo y lo encierra en formas racionales de actuación al margen de su mundo espontáneo y natural. Es este un mensaje, que está aun en gran parte por recibir; pero que en todo caso, ha fertilizado la propia concepción del trabajo analítico y lo ha humanizado, convirtiendo la experiencia de la “cura” en algo que va más allá que la pura técnica.

 

Nota:

1.- .- “Crítica de Metamorfosis y símbolos de la libido de Jung” (1913). “Crítica a la concepción de Adler” (1917). “Crítica a la obra de Rank. Técnica del psicoanálisis”. (1926).

 

Dr. Alejandro Gallego Meré.

Centro Psicoanalítico de Madrid.

Encuentro Internacional sobre la Obra de Sandor Ferenczi.

Santander, Julio de 1983. Palacio de la Magdalena.

Del 21 de julio al 21 de julio de 1983.

 

http://www.bduimp.es/archivo/conferencias/pdf/01-09_83_10015_01_Gallego_Sander_idc19600.pdf

 

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