Sandor Ferenczi
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Artículos sobre Ferenczi:

 

NOTAS ACERCA DE LA TEORIA DE LA FEMINEIDAD DE FERENCZI

 

Mechthild Zeul

 

Las teorías de Ferenczi sobre la constitución de la femineidad requiere ser revisada en el contexto de las especulaciones filogenéticas, desarrolladas en conjunto con Freud, especulaciones en las que ellos volvieron a la teoría de Lamarck acerca de cómo se adaptan los organismos frente a un ambiente cambiante. La fascinación ejercida sobre Freud y Ferenczi que produjo la teoría de la evolución de Lamarck se basaba fuertemente en sus hipótesis acerca de que las necesidades psicológicas inherentes promueven la evolución de la especie. Para Ferenczi uno de los aspectos más relevantes de la teoría de Lamarck para el psicoanálisis era el hecho de que “(él) concede un rol en la filogénesis a los impulsos y a los instintos” (1:50) Así, en términos psicoanalíticos la evolución está caracterizada por impulsos-deseos determinados que llevan a la emergencia de habilidades que se transmiten de generación en generación. Desde una posición bioanalítica esto significa que “la fisiología y patología de los usos necesita suplementariamente de una fisiología del placer ” (1:83, en cursiva en texto original). Ferenczi une consistentemente el psicoanálisis y la biología, en lo que él llamó posteriormente “biología profunda” (1:84, en cursiva en texto original) en base al hecho de que:

….detrás de la fachada, cuyas declaraciones descriptivas nos proveen, allí [continua] existe y opera, como un inconsciente biológico, dicho de otro modo, las formas de actividades y el modo de organización característico de aparentemente largas etapas, reemplazadas en el desarrollo del individuo y de la especie (1:83, en cursiva en texto original).

Superponiendo los resultados del tratamiento psicoanalítico de la neurosis sobre una versión ampliada de la noción lamarckiana de la adaptación de las especies, concluye:

No tenemos razones para no creer que... los esfuerzos del deseo operan también fuera de lo psíquico y consecuentemente en el inconsciente biológico; de hecho, nos inclinamos a sentir… el adyuvante rol jugado por los deseos, como un factor en la evolución propuesta por la teoría lamarckiana de adaptación, por primera vez conceptualizada (1:90-91).

En la Correspondencia de Ferenczi con Freud (1914-1919) encontramos frecuentemente alusiones a un plan para elaborar una teoría del “bioanálisis”, la cual más tarde se concretizará en el contexto de “Thalassa” (1924). Respondiendo a una carta de Ferenczi del 26 de Octubre de 1915, referida a un proyecto de publicación “de una serie de ensayos titulados Ensayos Bioanalíticos” (2:84, en cursiva en texto original) los cuales tratarían la interpretación ontogénica y filogenético de la genitalidad, Freud respondió el 31 de Octubre: “con la seguridad de que he conocido tu sabroso menú de escritos científicos se me hace agua la boca” (2:85). Un estudio de la correspondencia entre ambos amigos y colegas en este período revela que ambos potenciaron su entusiasmo por las especulaciones biológicas y filogenéticas, y asimismo la idea de concebir un proyecto en conjunto el cual reuniría el lamarckismo y el psicoanálisis, sin embargo, como sabemos, este proyecto nunca fructificó. Freud, por un momento, estudió distintos tipos de neurosis y como estas podrían ser clasificadas de acuerdo a diferentes estados y épocas de la evolución de la especie humana, y posteriormente consultó a Ferenczi su opinión al respecto (cf, 2:65). Luego, Freud extendió estas ideas en lo que él llamó “fantasía filogenética” (2:68). El proyecto de estudio puede ser encontrado en el manuscrito realizado para el decimoquinto tratado de metapsicología, el cual fue encontrado y publicado con posterioridad por Ilse Gubrich-Simitis bajo el titulo escogido por Freud: Überblick der Übertragungsneurosen (Revisión acerca de la Transferencia de la Neurosis) (3). Las dificultades obvias para combinar las teorías de Lamarck y el psicoanálisis y cuya integración permitiese identificar una forma concreta y detallada que releve nuevas luces del inconsciente, pueden ser las razones por las cuales Freud decidió desembarcarse del proyecto. Sin embargo, durante toda su vida siguió convencido de que la biología era necesaria para el psicoanálisis. Especulaciones filogenéticas y míticas también pueden ser encontradas en sus trabajos. El 28 de Enero de 1917, Freud le escribió a Ferenczi: “al fin he recibido algunos libros de Lamarck. Mi impresión es que vamos muy bien y estamos logrando encajar en el contexto del psico-lamarckismo, tal como Pauly, y tendremos muy pocas cosas nuevas que decir” (2:179).

Este no es el lugar para discutir las causas que estuvieron detrás de la no realización del proyecto en conjunto (para literatura al respecto ver referencias), sin embargo podemos discutir extensamente el apego de Freud a la idea que el psicoanálisis debiese contener fundamentos biológicos. (Ver especialmente referencia 4. En este ensayo, en el comentario de la primera edición de la publicación del manuscrito metapsicológico de Freud “Revisión acerca de la Transferencia de la Neurosis”, la autora Gubrich-Simitis investiga en detalle las razones de la no realización del proyecto lamarckiano de Freud y Ferenczi, y discute la insistente importancia teórica de la metapsicología psicoanalítica sostenida por Freud. Hans-Martin Lohmann (5) en una reciente monografía de Freud también discute la relación entre humanidad y ciencias naturales que existe en el pensamiento de Freud.) Así, gran parte de este artículo intenta situar la teoría de femineidad de Ferenczi en un contexto histórico, desde una perspectiva psicoanalítica, y evaluar la importancia que esta teoría tuvo en su trabajo.

El concepto de femineidad de Ferenczi estuvo influenciado fuertemente por las ideas de Freud en esta misma materia. En términos teóricos se podría suscribir a un modelo “constructivista” (6:159) que asume una crucial importancia del órgano sexual masculino para el desarrollo de ambos sexos, así postula un status primario para la masculinidad y actividades, siendo la femineidad y pasividad desarrolladas posteriormente, tras un complicado proceso que involucra la renuncia a la masculinidad y a la actividad. Adicionalmente, Ferenczi ancla su concepto de femineidad (una ontogénesis femenina fundada bioanalíticamente) en la filogénesis de la especie. Con la hipótesis de que el pene (falo) constituye un aspecto importantísimo en el desarrollo de los sexos, Ferenczi y Freud visualizaron a la femineidad como una condición esencialmente “defectuosa”. Mientras es posible discutir la concepción de femineidad de Freud en términos de sus raíces sociales y culturales y de sus mecanismos de construcción, el concepto de Ferenczi resiste como aproximación, ser enraizado herméticamente y cuadradamente en los postulados de la primordialidad filogenética. La antigua publicación de visión la convierte en una excelente candidata a ser un mero postulado ideológico de femineidad centrado en la estructuración del deseo que consiste prácticamente del placer derivado del sufrimiento. Es lamentable que las observaciones importantes acerca de la imagen de femineidad y sus relaciones con la cultura patriarcal sean encontradas en el ensayo de 1908 “Los efectos en la mujer de la eyaculación precoz de los hombres” (7), y que no se haya tratado sus intentos sistemáticos posteriores por definir las condiciones determinantes en la construcción del desarrollo femenino. En este ensayo él desarrolla una forma de deseo sexual femenino reprimido por la influencia de la familia y de las ideas preconcebidas del conflicto de sexualidad dentro del matrimonio. Detrás de la fachada por la cual se llega a la “histeria”, él identifica perspicazmente el motor primario de la condición catalogada así como el inicio de la defensa sexual impuesta sobre la mujer por la cultura dominada por hombres, y en concordancia aceptada e internalizada por ellos: “hemos creado un ideal de femineidad, el cual ha permitido a las mujeres aceptarse a si mismas, de acuerdo a este ellas no pueden admitir la manifestación de deseo sexual, pero sobre todo ha permitido que se pueda tolerar pasivamente, así cuando tendencias libidinosas se manifiestan en las mujeres, ellas se sienten patéticas o pecadoras” (7:291). Tal como esperaba demostrar en el transcurso de mis observaciones, existe algo casi trágico en la forma en que las características inicialmente identificadas como culturalmente impuestas (en 1908) de la feminidad son elevadas a “rangos” de propiedades validas eternamente enraizadas en la naturaleza esencial de la feminidad. Estos factores responsables del cambio de Ferenczi nos son debidamente complejos y variados, pero no debemos subestimar la influencia de Freud en su pensamiento, preocupado de recibir la aprobación científica de una persona a quien él respetó enormemente y de aquellos cuya amistad y afecto significaba mucho.

En un estudio relativamente temprano (1913) en “Estados en el desarrollo del sentido de la realidad” (8), ya encontramos referencias acerca de la “universalidad de la tendencia a la regresión maternal” (1:27), la cual Ferenczi ve como un aspecto dominante tanto en la vida de los sexos como de la especie humana, y que tendría también su contraparte filogenética en la “tendencia de regresión thalasal, motivando alcanzar el modo de existencia acuática abandonada en los tiempos prehistóricos” (8:52). Sin embargo, en contraste a su posición en 1924, él no presenta aún esta tendencia a la regresión como el objetivo de la genitalidad masculina y femenina. En el contexto de su búsqueda de la respuesta acerca de donde provienen las omnipotentes fantasías de los niños y neurosis obsesivas, él sugiere en el ensayo de 1913 que en efecto, existe un estado en el desarrollo humano cuando el placer absoluto prevalece, el cual se conoce como el periodo en que el feto se encuentra en el útero. Él continua así:

Si, en consecuencia, los seres humanos poseen una vida mental cuando están en el útero, mientras que es sólo un inconsciente, -y que podría ser ingenuo creer que la mente comienza en el momento de nacer- debemos sacar de su existencia la impresión de que él en efecto es omnipotente. Pero ¿por que omnipotente? El sentimiento de que tenemos todo lo que queremos, y que de no tenemos nada que desear. Sin embargo, el feto puede mantenerse así por si mismo, por siempre tendrá todo lo que necesita para satisfacer sus instintos, y no tiene nada que desear, sin deseos (8:219).

De modo que él conecta en estas especulaciones un paralelismo entre ontogénesis y filogénesis, entre los estados de moderación que acompañan el desarrollo del individuo y la “represión del hábitat favorito” (8:237) como parte de un “hombre primitivo” originado por “cambios geológicos en la superficie de la Tierra”. En otra parte él se refiere a la “transferencia al individuo de trazos de memoria acerca de la historia de la raza” (8:219-20). Lili Gast (6) sugiere que, concordando con mi opinión, el supuesto de Ferenczi acerca de que los niños presentan una vida mental inconsciente equivale a postular que el ego ya existe antes de nacer. En su primer modelo topográfico, Freud toma distintos puntos, que incluyen la relación de auto-erotismo, narcisismo, y libido para conceptualizar el ego como el producto del desarrollo. Quizás la orientación marcadamente biológica de Ferenczi es responsable de la teoría de un ego existente tempranamente y que figura en sus trabajos prematuros.

Con impresionante audacia y rudeza, como asimismo con la autoridad derivada de su inmensa experiencia en clínica psicoanalítica e imaginación científica, Ferenczi propone su teoría de la genitalidad (masculina) en Thalassa (1). Con este trabajo él expone la “biología profunda” tomando el concepto de Freud acerca de la determinación enfatizada de la conservativa búsqueda de elementos de placer y de su ampliación en relación a las dimensiones de sus beneficios biológicos que permiten una optima adaptación para la especie y el individuo. Con la intención de explorar los procesos sexuales biológicos en el hombre primitivo y moderno, Ferenczi continuo la tradición ayudado por Freud hasta el final de sus días, una tradición centrada en la convicción que los fenómenos psicoanalíticos también tienen un “lado orgánico y biológico” (9:195). Sin embargo, él abandonó el balance entre el psicoanálisis y la biología establecido por Freud, y mas bien primó un fuerte sesgo (para no decir de solo un lado) hacia el segundo. En el obituario de Ferenczi realizado por Freud obviamente habla positivamente de Thalassa y se refiere a ella como “archivo sublime” (10:229) y “uno de los artículos más brillantes y fértiles” (10:228). Sin embargo, ambos aquí y en el intercambio de ideas que realizaron durante los años de guerra acerca de la “fantasía filogenética” (cf. 2:68), y sus planes de amigos para establecer el bioanálisis en base a caracteres psicoanalíticos, la abierta admiración que Freud mostró a la credibilidad y significado científico de los argumentos expuestos en Thalassa ha sido vista con duda y criticismo:

Cuando uno ya ha leído este trabajo, uno espera entender muchas peculiaridades de la vida sexual ya que cada uno no ha tenido una visión comprensiva previa de ella, y encontramos que para nosotros mismos las sabrosas ideas parecen prometer profundas señales dentro del amplio campo de biología. Es una tarea superficial intentar en estos días distinguir lo que es aceptado como un autentico descubrimiento de lo que realmente se busca, en forma de una fantasía científica, y de ahí adivinar un futuro conocimiento (10:228).

En la tradición freudiana de la transferencia de hallazgos, el tratamiento de un paciente neurótico bajo la “psicología normal”, Ferenczi en Thalassa en base a su experiencia clínica la conecta con la impotencia masculina, la cual para él es gatillada por perturbaciones en el área anal. Combinando estas ideas y la visión de Abraham acerca de la psicodinámica de la eyaculación precoz como síntoma de conflictos urinarios, Ferenczi postula que para una “eyaculación normal” es necesario de “una armonía sinérgica entre las inervaciones urinarias y anales” (1:7). En el transcurso de sus ideas él introduce el término “amphimixia” (1:9, en cursiva en texto original) para referirse a la fundación biológica en el desarrollo sexual requerido para que suceda esta sinergia o conexión del mecanismo parcial en la “unidad superior” (1:9) (Este no es el lugar para discutir el concepto de amphimixia en profundidad pero es necesario especificar que Ferenczi emplea el termino para referirse: a) a un cambio cualitativo de energía caquéctica y la forma en que esta está compuesta, y b) para una determinación biológica de la cual los órganos representan el lugar donde los cambios ocurren). Es central en este estudio la sexualidad genital y la forma que esta representa una síntesis del mecanismo parcial uretral y anal, siendo la zona uretral la más importante. En el conjunto de los aspectos placenteros de la genitalidad, Ferenczi enfatiza su significado para la adaptación de los individuos frente a las demandas que ejerce el mundo exterior. Concordantemente él sostiene que “una ventaja infinita a considerar de la capacidad funcional -así, la utilidad de la función- de los órganos individuales” es que la excitación sexual debe ser generada por ellos y colectada y almacenada en un “reservorio” (1:16). Así, manteniendo la visión de Ferenczi acerca de la genitalidad es que el pene más que la vagina representan el reservorio.

A través de la eliminación de los deseos sexuales del organismo y su concretización en los genitales, el nivel de eficiencia del organismo es definido a partir de su adaptación para enfrentar momentos difíciles, e incluso catástrofes. Debemos imaginar el centro genital de manera pangenética, en el sentido darviniano, así, no hay partes del organismo que no estén representadas en los genitales, así los genitales, en el rol de administrador ejecutivo, proveen la posibilidad de descargar la tensión sexual de todo el organismo (1:16).

Ferenczi luego combina su “eliminación de los deseos sexuales” y la relación de los mecanismos parciales de la sexualidad genital con la hipótesis de Freud acerca del desarrollo de la sexualidad y del ego que contiene un desarrollo que va desde el auto-erotismo hasta el narcisismo. Él ve la exitosa sucesión de los motores parciales a partir del anarquismo y del auto-erotismo que conllevan principalmente al narcisismo el que se manifiesta por si mismo externamente, así, en “el desplazamiento amfimítico se cae a cualquier erotismo” (1:16). Esto permitiría que de acuerdo a Ferenczi el pene sea considerado como “una miniatura del ego total, como la personificación del placer-ego, y … esta duplicación del ego exista para el ego narcisista, el cual constituye un pre-requisito del amor” (1:16). Así, el ego del amor narcisista es inequívocamente masculino. Tal como lo veremos, esto implica que la mujer debe contener una cathexis narcisista secundaria de su cuerpo completo, sus órganos genitales no son concedidos con una cathexis narcisista original (primaria).

En 1913, Ferenczi postula su teoría de la emergencia gradual del sentido de la realidad en el contexto de los estados o etapas que experimenta el ego a través de su desarrollo. En “Thalassa” él realiza la misma aproximación, recapitulando los estados del desarrollo sexual propuestos por Freud y postulando que “el desarrollo completo de las funciones genitales” corresponden a la “realización del “sentido erótico de la realidad”” (1:20). Al mismo tiempo, bajo el supuesto de que la tendencia regresiva para volver al útero se manifiesta en cada fase del desarrollo sexual (oral, anal, genital) de forma específica en cada una de estas fases. Como veremos, la tendencia regresiva para volver al útero, cuando la ausencia omnipotente y completa de deseos prevalece, es llamada por Ferenczi “tendencia a la regresión maternal” (1:27). Ferenczi considera que lo anterior representaría el principio básico de la humanidad y desde la filogénesis, enfatiza que “es indudable que esta constituya la prominencia de los actos sexuales” (1:27). Combinando filogénesis y ontogénesis, él continua así:

Nosotros manifestamos, que la completa existencia intrauterina de los mamíferos superiores es solo una replica del tipo de existencia que predominó durante el periodo ancestral de la vida acuática, y el nacimiento por si mismo es una recapitulación de partes de una gran catástrofe individual en la cual el periodo de regresión oceánicas forzó a muchos animales, y obviamente a nuestro antecesor directo, a adaptarse a modos de vida terrestres, sobretodo a renunciar a las branquias y desarrollar órganos que permitan respirar aire (1:45, en cursiva en texto original).

En la fase oral de “amor pasivo por los objetos” la cría obtiene placer succionando y chupándose el pulgar, mientras que en el estado oral-canibalístico la etapa de morder ocurre:

… suponemos… que los dientes son empleados como armas al servicio de la satisfacción libidinosa, ellos constituyen implementos con los cuales el niño se ayuda a acribillar el útero de la madre” (1:21).

Para Ferenczi, los dientes son “penes primarios”, él sugiere que a pesar de que los dientes constituyen un símbolo del pene “la maduración posterior del pene es el símbolo del instrumento mas primitivo para aguijar, los dientes” (1:22). La “regresión maternal” realizada por los niños en la fase anal es interpretada con una “introversión de su libido siendo el útero y el niño (faeces) de su propia persona” (1:22). En la fase genital del desarrollo libidinoso “el niño retorna, después de un periodo de amor pasivo por los objetos, después de la agresión canibalista e introversión, al objeto original, la madre, no obstante, en este periodo está equipado con una arma mucho más efectiva para atacar” (1:23).

Ferenczi designa los sucesos de la genitalidad y la asocia a la posibilidad de penetrar a la madre como “el punto culmine en el desarrollo del sentido de realidad erótica” (1:23). Para el hombre adulto esto ocurre en la realidad (1:23, en cursiva en texto original) a través del coito y la inserción de las secreciones genitales dentro del órgano genital femenino, simbólicamente por medio de la identificación de su organismo completo a través de su pene. Así:

llegamos a la conclusión que el propósito del… acto sexual no puede ser otro que un intento por parte del ego -un intento que en un comienzo es torpe y desacertado-, que posteriormente es exitoso, para retornar al útero materno, donde no existe desarmonía dolorosa entre el ego y el ambiente que caracteriza la existencia en el mundo exterior (1:18).

En un pie de nota, Ferenczi sostiene que la teoría de genitalidad basada en la biología es solo válida para los hombres y ha sido concebida para entregar una contraparte para la teoría femenina posteriormente. Esto nunca se materializó. En su teoría, él sin embargo realiza algunos intentos (ciertamente “torpes y desacertados” (!)) (1:18) para que sus ideas acerca del deseo “universal” por volver al útero sean aplicables para la mujer. Observémoslo tratando de corroborar “la aplicabilidad de esta concepción en condiciones más complicadas en la sexualidad femenina” (1:18n), así sugiere que existiría un paralelo entre el desarrollo de la sexualidad femenina y masculina.

Al igual que Freud, Ferenczi sostiene que el clítoris constituye el pene femenino y que en el transcurso del desarrollo de la mujer su cathexis libidinosa es transferida “hacia la cavidad de la vagina” (1:24), un desarrollo equivalente al abandono de la cathexis original del clítoris. Para Ferenczi, y también para Freud, este cambio caquéctico se sostiene con el retiro “de la actividad (masculina)” (1:25) y un cambio hacia la pasividad es posteriormente asociado por Ferenczi esencialmente al placer femenino derivado del sufrimiento. Él avanzó con las ideas de uretralidad y analidad en la regresión femenina, y las cuales constituirían una explicación para el placer sentido por la mujer al “alojar el pene y sus secreciones y el fruto posterior (el hijo)” (1:24).

El ve la agresión masculina durante el acto sexual como un ataque hacia el “placer pasivo para experimentar el sexo” de la mujer, Ferenczi enfatiza el hecho que los hombres se niegan al placer escondido que existen detrás de los dolores del procesos de nacimiento y los compuestos por ellos. En la débil visión de Ferenczi, no solamente biológica, acerca del clítoris como el pene femenino, la renuncia al placer consecuente vía exigencias del clítoris implica tanto una renunciación a la actividad como la cataxis regresiva de todo el cuerpo, i.e la emergencia de un narcisismo secundario. La mujer.

En su lado erótico…. se convierte en un niño que quiere ser amado…. De esta forma, ella puede fácilmente identificarse con el niño en su cuerpo (o con el pene como su símbolo) y hacer la transición desde transitiva a intransitiva, a partir de la penetración activa a pasiva (1:25).

Ya he indicado que la teoría fálica de la femineidad de Ferenczi elimina la cathexis primaria de la genitalidad femenina. Sus ideas totalmente teóricas de los principios fálicos lo hacen ciego frente al hecho de que eventualmente la mujer podría estar dispuesta a retornar al útero sin ser dependiente del pene, a diferencia como ocurre en los hombres. En un contexto biológico, Ferenczi sostiene que el regreso exclusivamente depende del pene (si está literalmente presente o no). Esto lo implica en las propuestas más oscuras para la forma en que la mujer alcance lo que él insiste en que es el objetivo “universal” de retorno al útero sin haber tenido un pene propio. Una de estas es la “identificación con la dominancia masculina” durante el coito, otra es la identificación con el comportamiento del niño dentro del cuerpo de la mujer, y otra es “la sensación vaginal de poseer un pene (“el vacío del pene”)” (1:25). Él también sugiere que la mujer debe identificarse con la “dominancia masculina … a través del consuelo por la perdida del pene”.

Tanto Ferenczi como Freud especularon acerca de las catástrofes naturales que nuestros antecesores animales experimentaron, y como la forma en que estas catástrofes se mezclaron favoreció la evolución de la especie. Ferenczi parece haber tenido cuidado con la naturaleza fantástica y especulativa de su teoría filogenética de la genitalidad (12:99). En su ensayo “Masculino y Femenino” (12), él desarrolla sus ideas acerca del desarrollo de la filogénesis de las relaciones entre sexos en términos de procesos de adaptación a la vida terrestre. Como lo veremos, estas especulaciones filogenéticas también sirven como propósito para elevar su supuesto acerca del placer femenino en sufrir al estatus de principio natural (13:41). En la línea de sus convicciones bioanalíticas, Ferenczi ve al organismo femenino como una unidad femenina psíquica y de cuerpo.

Un principio específico de la naturaleza… el cual, en contraste al egoísmo y la presunción del hombre, podrían ser interpretados como la buena voluntad maternal para sufrir y su capacidad de sufrimiento (13:41).

Así, para Ferenczi la femineidad se convierte en sinónimo de capacidad de sufrimiento. En términos filogenéticos, la transición de la vida acuática a terrestre significa que las células de los cigotos fueron transferidas al interior de los cuerpos (en el ambiente acuático la germinación ocurre fuera de los organismos), y así “probablemente aparecieron ambos sexos… el deseo por compartir con las células cigóticas este afortunado estado, al menos simbólica y alucinatoriamente” (12:103). De modo que para participar de este estado, ambos sexos desarrollaron órganos sexuales. Ferenczi imagina la perdida de estos órganos en la mujer como el resultado de luchas filogenéticas recapituladas ontegenéticamente en disputas de la penetración precedente, durante la cual existe resistencia muscular por parte de la estrecha vagina. Solo posteriormente la vagina está en condiciones para incorporar el pene, una acción que para Ferenczi es “ciertamente una castración prevista” (1:26). Subsecuentemente, “la mujer aprende a experimentar el acto sexual pasivamente, y luego sentirlo placenteramente” (1:25). En la “inmensa” lucha filogenética entre sexos,

El resultado… fue decidir que sexo debería sentir el dolor y deberes de maternidad y la pasiva resistencia de la genitalidad. En esta lucha el sexo femenino sucumbió, no obstante ganó, a modo de compensación, la capacidad de exteriorizar el sufrimiento, la aflicción y la felicidad de la femineidad y maternidad (12:103).

Ferenczi concede a la “mujer… originalmente hablando” (12:103) un alto grado de diferenciación a diferencia que los hombres, Ferenczi quiere decir de este modo que ella ha cimentado “su adaptación tanto a las dificultades en el ambiente como a la brutalidad del hombre” (12:104). Él reconoce que la mujer está ricamente dotada de “sentido común” (12:105) y sabiduría innata y amabilidad en su forma de tratar psicológica y físicamente al macho robusto, en concordancia con la máxima: “una cabeza más sabia va por dentro” (11:42). Ferenczi concluye sugiriendo que es necesario domesticar la agresividad masculina que ha otorgado poder al hombre y que han determinado sus logros culturales, desarrollo “lógico, ético y estético” (12:105) y ser generalmente intelectualmente superior a la mujer.

La insistencia de Ferenczi acerca de la importancia del pene “real” (presente o ausente) para el desarrollo de la masculinidad y femineidad implica un modelo de femineidad que no es mucho más radical biológicamente que el énfasis freudiano acerca del carácter simbólico del pene pero también más especulativa, principalmente debido a que el soporte de la teoría de la ontogénesis es una recapitulación de la filogenética. No obstante, la teoría problemática de Freud acerca la universalidad de la envidia del pene para el desarrollo de la femineidad está basada en la percepción de que en “la realidad” las chicas no tienen pene. Últimamente, el supuesto de Ferenczi de que las diferencias psicológicas entre los sexos están directamente relacionadas con el equipamiento genital lleva a una extremadamente restringida visión ideológica de la masculinidad y femineidad. Esto lo vemos ilustrado en su diario en una nota realizada el 5/4/1932 acerca de las diferencias entre la homosexualidad masculina y femenina:

La fijación con el padre (en el hombre) o en el sexo masculino, en contraste, es anormal, sobretodo está en contradicción con la anatomía, la cual (contrario a Freud) considero que es fundamentalmente determinante en psicología (13:79; cursiva por la autora).

La visión de femineidad de Ferenczi clasifica a la mujer como un ser congénitamente incapaz de desarrollar un “sentido de la realidad erótico”. Los nulos deseos sexuales en la mujer, el placer del sufrimiento y la concomitante fijación en el macho, es meramente una consecuencia lógica de la teoría. La hipotetización acerca de que el sufrimiento es la única expresión de femineidad y el énfasis en la belleza femenina como una “arma” (12:105) están basados en el postulado acerca de la significancia de la “real” ausencia de un pene para el desarrollo posterior de la femineidad. Así, la ausencia del pene condiciona la regresión desde la uretralidad a la analidad, el retiro de la cathexis desde el clítoris y la cathexis del retiro del narcisismo secundario regresivo del cuerpo femenino completo. La proyección de vida de la mujer descansa en la maternidad, en la cual “el sufrimiento no es algo meramente que pueda ser aguantado, pero algo deseable o una fuente de satisfacción” (13:42). No obstante, cualquier intento por parte de ella de realizar intervenciones intelectuales es una expresión de la envidia del pene y al mismo tiempo una “regresión a la fase de lucha de diferenciación sexual… en la niñez” y un retroceso a la lucha entre los sexos que sobreviene de la “catástrofe que se produce al subir la marea” (12:106) cuando ambos estuvieron equipados con el órgano sexual masculino.

Actualmente en el discurso del psicoanálisis aun persiste una marcada devoción a la teoría fálica de la feminidad y a encasillar a la mujer en el rol de madre. Naturalmente, esta visión de la feminidad no se soporta enteramente (o probablemente en gran parte) en las teorías de Ferenczi. Nuestras reflexiones acerca de la construcción de los mecanismos operativos de este modelo de feminidad en términos de la teoría e historia de la ciencia evidencian una base fálica de este modelo y la forma en que se encasilla a una mujer en la maternidad. A diferencia de Freud, sin embargo, la imagen de la feminidad de Ferenczi y sus intentos para la validación eterna están fundados en su estricta aproximación bioanalítica, compuesta por prejuicios acerca de la mujer e ideologías reinantes en la época. Así, resulta evidente que hasta el momento escaso progreso se ha alcanzado en el psicoanálisis en lo que concierne a la discusión crítica de la teoría de la feminidad la cual fue el resultado de la cultura psicoanalítica prevalente a fines del siglo XIX y al principio del siglo XX. Una excepción aparente son los analistas franceses (cf. Especialmente 14 y 15) quienes, a partir de los 60`s, comenzaron a realizar revisiones criticas a la teoría fálica que detectaron detrás de la teoría de Freud, a pesar que en estas revisiones no se realice una declaración explícita acerca de las teorías de Ferenczi, Klein o Horney. Me limitaré a evaluar brevemente las contribuciones de Chasseguet-Smirgel y Olivier. A diferencia del concepto de feminidad de los analistas norteamericanos, ellos se situaron en la teoría de los mecanismos. Gast (6) en su revisión crítica de las teorías de feminidad que originaron la escuela francesa identifica el hecho paradojal de que estos autores pese haber enfatizado la significancia de la mujer en el desarrollo de la feminidad, hecho que no la conceptualiza como objeto de deseo marcando el inicio del desarrollo y determinación de su estructura y dinámica. Así, pese a una perspectiva teórica diferente a la de Freud, la feminidad no es otra cosa que una “secuela” de una función de la masculinidad. El mismo Ferenczi cometió el error de circunscribir a la mujer a la maternidad, dependiente de una identificación con el pene, así el placer sexual y satisfacción no es derivado del sufrimiento maternal. Los escenarios tempranos de la infancia desarrollados por Chasseguet-Smirgel y Olivier están caracterizadas por la fusión de deseos y ansiedades, miedos de ser devorados (Chasseguet-Smirgel) y la figura de una madre subjetivamente desilusionada quien desea sexualmente al niño pequeño pero no a la niña. En términos de Olivier la relación madre–hija es un “árido” desierto y contrasta con el colorido “oasis” representado por el amor paternal. En el modelo de feminidad de Chasseguet-Smirgel, el rol del padre es rescatar a ambos sexos de las garras de la madre arcaica y temerosa y también equipada con “poderes cósmicos maternales” (cf. 16). Así, él actúa como un factor controlador que ejerce una influencia saludable en la fusión de los deseos y miedos de ser devorados. Ambos autores asocian próximamente el desarrollo de la feminidad con el padre (hombre) en su función reparadora/reconfortante más que su significado como objeto libidinoso. Así, ellos se enredan en las trampas del mismo principio fálico que criticaron.

Las intenciones de clarificar un modelo de sexualidad femenina específica desde la infancia de una niña vis-à-vis hasta una madre arcaica -i.e vis-à-vis una madre no está en concordancia con el equivalente teórico de status de mujer- es equivalente a la resignación del comienzo de cualquier prospecto ontogenético del desarrollo de una teoría de la feminidad subjetiva con una lógica en si misma. Las razones de esto, vistas así, corresponden a la individualización y separación de la madre pueden ser solo modeladas en términos de una orientación inclinada hacia el macho (6:415).

Algunos años atrás, el descontento con la prevalencia de las teorías de la feminidad basadas en Freud y Ferenczi y los eminentes modelos fálicos como alternativas modernas me llevaron a estudiar la relación madre-hija tal como esta se manifiesta en las relaciones analíticas de transferencia/contratransferencia. La hipótesis de trabajo fue una interpretación de la relación sexual entre madre e hija y la cual debería ser el corazón de la teoría de la feminidad y no el intercambio asexual con una maliciosa, desgastadora pero al mismo tiempo “magnifica” devoción sexual de la madre con deseos vis-a-vis por la hija. He publicado los resultados iniciales en tres publicaciones (17-19). Las conclusiones de este estudio postulan estados operativos homosexuales que constan de de dos fases en el desarrollo de la feminidad. Estas fases han sido objeto de varios mecanismos de defensa en terapia, pero si estas fallan para concretar el curso del análisis representa una prognosis desfavorable del mejoramiento psíquico. Mi supuesto es que durante el primer año de vida en base a modalidades de gratificaciones orales, anales y genitales con la madre, esta se convierte en un objeto de amor sexualmente deseado, emergiendo así una atracción entre la madre y la hija. Solo luego del descubrimiento de la diferencia sexual podríamos hablar de un amor homosexual en el sentido estricto, i.e cuando la niña torna su atención sexual hacia la madre como una pequeña mujer y no como un pequeño hombre. Este amor homosexual es precedido por estados preliminares en los cuales el equipamiento físico y la experiencia subjetiva del cuerpo forman una fuente fundamental de placer, centrándose inicialmente en aspectos corporales no muy femeninos, sino que en una identidad física imaginaria y en una congruencia experimentada como placer. Desde esta perspectiva, el vuelco hacia el padre es luego explicado en función a la identificación con la madre, precedida por una rica y colorida obsesión homosexual en un estado que consta de dos fases homosexuales y de la cual ya nos hemos referido anteriormente.

El hecho que la teoría de la feminidad de Ferenczi sea criticable no la desmerece como un importante intento que insiste en las bases biológicas de los mecanismos de la teoría de Freud. Y también sugiere que él se desvió de las especulaciones filogenéticas de Freud, no en el sentido de acabar con las aspersiones de la energía científica con la cual el establece la teoría del pensamiento filogenético que inicialmente compartió con Freud. Por todos estos motivos Ferenczi merece toda la admiración y respeto, particularmente en un momento tal como el presente en que se intenta la abolición el psicoanálisis metapsicológico. Con su insistencia en la biología, él establece la aclarada tradición inaugurada por Freud en la cual se hace un llamado a una fundación dual del psicoanálisis: humanidades y ciencias naturales, en lo psíquico y en la corporalidad, “en el continuo énfasis de la fuente definitiva de todo comportamiento humano el cual comenzaría en el placer constante, mortal y “sustrato” biológico-orgánico (4:117). El tratamiento psíquico de las enfermedades corporales marcan el comienzo del psicoanálisis, fue en la entidad de múltiples síntomas descifrados por Freud como símbolos de perturbaciones psíquicas manifestadas por si mismas. Y en la práctica actual del psicoanálisis, incluso en nuestras interpretaciones basadas en comunicación verbal, aún se encuentra en el enigmático campo que mezcla la mente y el cuerpo.

 

En: Int Forum Psychoanal 7(215-223), 1998.

 

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