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Esteban Masclans
Esteban Masclans, estudioso
de la historia del psicoanálisis, procura
relatarnos aquí los ocultos recelos, temores y ambiciones que tensionaron
los inicios del psicoanálisis hasta su disgregación en diversas
escuelas. Asimismo se nos sugieren los inmensurables costos y fracasos implícitos
en la ruptura. En este proceso no primaron tanto las diferencias teóricas
(como se nos ha hecho creer) cuanto irresistibles sentimientos regresivos, que
arrastraron consigo toda una Causa. Ciertamente sería de dudar si alguna
vez el psicoanálisis ha vuelto a alcanzar esos niveles de ánimo
creativo y aventurado que supo tener en los tiempos previos al cisma...
A principios
del siglo XX
La llegada
del siglo XX, dicen que fue convulsa, que la cultura se
agitó y el saber entró en campos
que no le eran propios. La comprensión del hombre
no podía ser a partir de las palabras expresadas
con cuidado y orden. La verdad aparecía en las intenciones
ocultas, el inconsciente.
Cuando en 1900
aparecía
la "Interpretación
de los sueños"; moría Nietzsche, enloquecido,
absolutamente derrotado en la lucha para liberar al hombre
de sus temores, su debilidad, su compasión.
Unas
ideas se abrían paso entre el pensamiento.
No hacía demasiado que la psiquiatría había
empezado a sospechar que en toda locura, en cualquier
delirio, podía existir un orden, más allá de
las simples palabras, donde el significado estaba muy
por encima del significante, donde la plenitud de la
palabra desbordaba al hombre, donde el discurso no pertenecía
a una simple fantasía de dominio que los filósofos
habían llamado "Yo".
El problema del
siglo XX, en sus albores, era la mente, la locura de
los hombres que, cuando no podían sostenerse
en su imagen, rompían en pedazos su personalidad
ante el miedo y el asombro de sus contemporáneos.
Las mujeres sufrían calladamente, reprimiendo
sus desvaríos y dejando ir sus fantasías
y los traumas a que les había sometido la realidad,
en consultas, balnearios, terapias magnéticas...
Por primera vez,
el pensamiento surgía de la realidad
más cruda, de los secretos tras las puertas de
casas respetables; del sufrimiento de niños sometidos
a perversiones adultas. Ante la imposibilidad de poner
a la locura en su justo lugar, como habían intentado
los humanistas del Renacimiento, había surgido
una tendencia que iba a procurar comprender, acaso interpretar,
los laberintos de las palabras sueltas, de los delirios.
Freud había
comprendido que los sueños
tenían
un significado, lejos de ser un residuo del pensamiento
despierto. Sabía perfectamente que las palabras
mantenían, lejos de sí, justamente su significación
contraria. Había comprendido que la verdad surge
de una equivocación. Prometía desmontar
todo lo escrito sobre el hombre, para ponerlo ante una
nueva luz que indagaría hasta el rincón
más
exótico de la verdad. Este científico extremadamente
culto, estaba interesado en comprender la protección
del amor propio o la "estima de sí mismo",
llevada a cabo por unos mecanismos muy precisos, que
mantenían
la vigilancia de toda palabra surgida, para adecuarla
a sus intereses, Freud llamó a esto "resistencia",
y a la organización narcisista "inconsciente".
En este punto se iniciaba una revolución que iba
a seguir indagando en los fenómenos lingüísticos
(actos fallidos, chistes, etc...) para dar una estructura
completa y exacta del pensamiento humano.
No cabe duda
de que Freud fue un cerebro privilegiado, un superdotado
en cuanto a su capacidad de observación,
capaz de entender algunos fenómenos que antes pasaron
inadvertidos. Pero sin duda, lo más notable de Freud
era su capacidad de comunicar las cosas, su magnífico
estilo literario. La carta que dirigió a Martha Bernays
el 16-IX-1883 (contaba con 27 años), acerca del suicidio
de uno de sus compañeros (Weiss), muestra la facilidad
para describir, la percepción de los detalles. En
sí, tal vez escribía lo más concreto
hasta ese momento sobre narcisismo: ..."Estimo que el
reconocimiento de haber experimentado un grave fracaso, la
cólera por su pasión rechazada, la ira por
haber renunciado a su carrera científica y a su entera
fortuna, para lograr solo una desgracia doméstica
y, quizá, también la contrariedad de verse
privado de la dote prometida y, además, su incapacidad
para enfrentarse con el mundo y confesarlo todo... Tales
circunstancias bien hubieran podido llevar a este hombre
ilimitadamente vano (a lo que se añadía su
tendencia a sufrir graves alteraciones emocionales) a la
desesperación, después de una serie de escenas
que le habrían aclarado la situación. Murió de
la suma de sus características, de su patológico
amor a sí mismo...·"
Dos genios
se encuentran:
Una de las defensas
más inteligentes
que se habían
hecho de las ideas de Freud, la había firmado
un brillante psiquiatra del Burhölzli. Este joven
ambicioso, valiente, atrevido en sus ideas y verdaderamente
poseído
del espíritu de la ciencia, era Carl Gustav Jung.
Entre sus experimentos de asociación de palabras
y algunas ideas freudianas, había encontrado algunos
puntos de coincidencia que le llevaron a interesarse
por el Profesor vienés. Se iniciaba una colaboración,
más que una amistad, en la que podían caber
un amplio abanico de ideas.
La primera carta
que Freud envió como respuesta
a la de Jung, el 11 de abril de 1906, ya contenía
una amenaza implícita o inconsciente, del profesor
al advenedizo:
"Confío
plenamente en que tendrá numerosas
oportunidades más de estar de acuerdo conmigo
y por mi parte, también me complacerá que
me corrija..."
Pero sabemos que
Freud no era amante de correcciones, y sus relaciones anteriores
siempre habían tenido
el sello de su autoridad que necesitaba un espejo donde
proyectar sus ideas y que estas fuesen aceptadas casi
sin discusión. Con Jung empezaba mal. Había
confundido el entusiasmo del suizo hacia él, con
una sumisión
ideológica.
Jung, sin perder
su fidelidad a las ideas que había
aceptado, ya por sí solo, en el origen de su relación
con Freud, vio también la necesidad de hacer una
aportación crítica a las ideas de éste,
dirigidas a mejorar y sobre todo ampliar los horizontes
de cada uno de los descubrimientos. No tuvo ocasión
de ir más lejos junto a Freud, a pesar de que
algunas de las ideas del Profesor estaban entonces a
un paso de las intuiciones de Jung:
"(Aschaffenburg)...
no muestra comprensión
alguna por el simbolismo, de cuya importancia le podrían
ilustrar filólogos y folkloristas, si es que no
quiere aceptar lo que yo enseño al respecto"
De
todos modos, la relación fue avanzando, como
en la más clara de las transferencias, dependiendo
de la simpatía que se profesaban. Mientras Freud
estuvo seguro de la obediencia de Jung, las cosas marchaban
bien, llegándole a llamar en un tiempo relativamente
corto: "Querido amigo y heredero"(Freud a Jung,
15-10-1908).
La llegada de
Sándor Ferenczi enredó un
poco más las cosas.
A principios de
1908 había
entrado en escena un neuropsiquiatra, de amplísima
experiencia clínica
y que además colaboraba regularmente en los tribunales
como forense; Sándor Ferenczi había escrito
a Freud para pedirle ayuda a fin de exponer los conceptos
psicoanalíticos con rigor. De todos modos conocía
la obra de Freud y Breuer desde 1893 y la lista de sus
obras era importante y mostraba su espíritu inquieto: "Conciencia
y desarrollo" (1900); "Homosexualidad femenina" (1902), "El
valor terapéutico de la hipnosis" (1904), "Sobre
la neurastenia" (1905), "Los estados sexuales
intermedios" (1905)... Además conocía
perfectamente los experimentos de Jung acerca de los
métodos
asociativos cronometrados. El encuentro resultó un
flechazo.
Jones nos cuenta
a su pesar que "Freud
se entusiasmó tanto
con Ferenczi, que pasaron las vacaciones juntos, cosa
absolutamente inusual en el Profesor". La relación
empezó con
menos correspondencia que con Jung, para dar un despegue,
a partir de 1909, llegando a más de 1.250 cartas,
de las que Jones decía que "de largo eran
las más íntimas que hubiera escrito Freud
a nadie".
El 1909 fue el "año
Ferenczi".
Un cúmulo
de circunstancias pusieron al húngaro en el punto
central del Movimiento. Su disposición a luchar
por la Causa, además de la relación filial
que estableció con Freud, le llevaron a permanecer
muy atento a todo lo que se refería al deseo de
Freud. Esta situación le hizo ver a Jung como
un "hermano" hostil.
Ferenczi era tan
sincero que no podía evitar que
su reticencia aflorase por todas partes. La correspondencia
de Ferenczi con Freud está plagada de alusiones
concretas y otras fallidas, que muestran la competencia
que estableció con Jung. Esta situación
no incomodaba demasiado al suizo, pero sin embargo estaba
llevando a Freud a una línea
que ya no tenía nada que ver con la que habían
iniciado. La tercera edición de la "Psicopatología
de la vida cotidiana", aparecida en 1910 pero preparada
y reformada en 1909, cuenta con un gran número de
alusiones y colaboraciones de Ferenczi, en contraste con
Jung, que no aparecía ni en una sola cita de esta
edición.
1909 fue también
el año del
viaje a América;
momento en que por primera vez se reunían físicamente
los tres genios. Este viaje resultó un éxito
para los intereses de Freud. El psicoanálisis
salía
de sus fronteras europeas para llegar a una tierra de
promisión.
América era tierra fértil para sus ideas
y la presencia de Jung mejoraba su imagen de forma notable.
El psicoanálisis dejaba de ser un asunto de judíos
marginales. Pero también tuvo algún inconveniente
para las relaciones personales de los tres.
Por una parte
Freud mostró una cierta hostilidad
hacia Jung, protagonizando antes de embarcar, en Bremen,
un episodio de "desmayo", parecido a otro que
había sufrido en relación a Fliess.
Todo
había empezado tiempo atrás; una antigua
paciente y alumna de Jung se había dirigido por
carta a Freud. Las dos primeras misivas eran un poco
desviadas pero se referían a la vida íntima
de su heredero. Esta paciente se había enamorado
de su terapeuta, que no había manejado bien las
cosas. Fue en el caso Spielrein (1909), cuando Freud
comprendió que
no podría domeñar a Jung, que no iba a
ser su hijo dócil. Si no podía dominarle
ahora, llegaría un momento en que el asesinato
del padre se mostraría en las divergencias de
la teoría.
Esto molestó tanto al Profesor que, vale decir
que a partir de este momento terminó toda relación
amistosa y casi todo lo que vino después fue tan
sólo fingimiento.
Freud calló,
ni tan sólo
se lo contó a
Ferenczi en sus cartas, pero a la vez fue incapaz de
volver a mirar a Jung como antes. La paciente le había
explicado algunas cosas escandalosas, tal vez no todas
ciertas, pero suficiente para sembrar la inquietud en
su ánimo.
Seguramente todo este asunto fue motivo de conversación
entre los dos, pero el Profesor afectaba una severa postura
paternalista. Jung se sentía molesto y en su interior
se fraguaba una rebeldía a punto de estallar.
La ocasión
de que todo empezara a desmoronarse la pusieron las famosas
conferencias de la Universidad de Clark, en Worcester.
La verdad es que Jung era tan esperado como Freud y el
público le agasajó tanto
como al maestro. Por su parte, según el mismo
nos lo relata años después, Freud paseó cada
mañana con Ferenczi, antes de las conferencias
y de hecho era el húngaro el que le inspiraba
los temas que después abordaría ante el
auditorio. Es de suponer que en 1909 las relaciones de
Jung y Freud pasaron un momento de frialdad.
Del regreso
de América hay dos detalles que como
mínimos son inquietantes: la carta de Freud a
Jung, el 11 de noviembre de 1909, nos muestra un lapsus
en que Freud se queja de los vieneses a los que quisiera "golpearles
a todos en un mismo trasero", pero comete un fallido
imponente y dice "golpearle". Freud mostraba
muchas cosas en este desliz.
En la carta que
dirige a Jung inmediatamente después,
adopta un tono tan conciliador que parece ser el inventor
de las posteriores teorías de Jung: "Sus
estudios mitológicos son un recreo para mí.
Mucho de lo que dice me resulta completamente nuevo,
por ejemplo: la representación del deseo dirigido
hacia la madre, la concepción de la autocastración
de los sacerdotes como un castigo por ello. Todo esto
clama por ser reconocido y mientras no podamos contar
con gente de la especialidad hemos de hacerlo por nosotros
mismos...".
La segunda cuestión,
aún
más extraña,
la encontramos en la carta que dirige a Jung el 2 de
diciembre de 1909. Aquí le comenta una especie
de sesión
analítica con Ferenczi: "una pequeña
variación me la aportó la consulta en Budapest,
en la que pude volver a ver a Ferenczi y aprender algunas
cosas a su respecto. Me ha complacido notar lo bien que
se orienta en un caso difícil, la cantidad cobrada
fue muy ventajosa para el complejo sobre el cual, por
motivos de infancia, menos poder ejerzo y no menos bien
me sentó la
ocasión de corregir un juicio y una preocupación
a él referidos..."
Esta carta, a
mi entender, contiene dos provocaciones para Jung. Primero
el comentario de lo "bien que se
orienta Ferenczi en un caso difícil", como
si de ello se pudiera desprender algún reproche.
Por otra parte, si es que de esto podemos entender que
Freud se sometió a una sesión analítica
con Ferenczi, no es fácil que a Jung le pareciese
bien, sobre todo en tanto que Freud no había sido
analizado por nadie hasta entonces. Debo señalar
que esta sesión no aparece en ninguna biografía
de las que yo conozco. Es más, en la correspondencia
Freud-Ferenczi, en los mismos días en que Freud
comenta esto a Jung, no aparece ni la más mínima
alusión de una estancia de Freud en Budapest,
menos aún de una sesión analítica.
De
una forma u otra, Freud estaba acabando su relación
con Jung de forma unilateral. A raíz del escándalo
que podía ser Sabina Spielrein si el caso veía
la luz pública, la situación era incómoda.
Además, Freud tenía a Ferenczi, cada vez
más afianzado como un seguidor humilde y no demasiado
ambicioso. Incluso permitía al Profesor que le "robara" las
ideas en pos de la Causa. A final de año, la publicación
de "Transferencia e Introyección", verdadera
obra maestra, vino a redondear la magnífica situación
de Ferenczi y el reconocimiento de su calidad.
1910,
El Presidente de la Asociación Psicoanalítica
Internacional:
El segundo Congreso
de la Asociación,
se planeaba en un momento de éxito. Ya no era
una reunión
de amigos como el de Salzburgo. La dimensión del
análisis pedía, al entender de Freud y
de su escudero Ferenczi, una organización estable
y sólida que mantuviese el orden en cuanto a la
teoría
y la técnica. Sin el apoyo de la escuela suiza,
la teoría psicoanalítica difícilmente
entraría en las grandes esferas de la psiquiatría
europea. Freud consideraba en poco a sus vieneses, y
su insistencia, junto con la ambivalente posición
de Ferenczi al respecto, llevaron a Jung a la presidencia.
Los
primeros buenos deseos del año se los llevó Ferenczi,
al que Freud escribía en plena nochevieja. En
esta carta ya le preguntaba su opinión acerca
de la creación
de una asociación, "más seria",
y de lo mismo decía haber escrito, "unas
palabras" a
Jung. En verdad las cosas habían empeorado desde
el viaje a América. Ferenczi sin salirse de su
estricto papel de hermano menor escribe el día
siguiente e Jung para comentar asuntos acerca de la promoción
del Congreso.
Pocos días
después Ferenczi
visita a Freud en Viena. Freud le promete que, "si
trae usted aquí su
depresión, no la llevará de vuelta".
Mantienen una conversación absolutamente optimista
y visionaria acerca de muchos temas, y sin duda se habla
de Jung, -sin que Freud rompa el secreto de lo que sabe-,
y tras esta visita Ferenczi escribe a Freud una carta
plagada de referencias inconscientes hacia Jung. Por
una parte desearía estar en su lugar de heredero,
para eso no duda en fantasear tanto como es posible en
lenguaje del inconsciente: hace alusiones a un joven
{jung} luchador pero, "igualmente muy pretencioso".
Merece la pena anotar que al final de la carta Ferenczi
plasma por escrito un acto fallido, el asombroso párrafo
dice así: "Creo haber reclutado un nuevo
miembro, bastante valioso para nuestra causa, en la persona
de un joven estudiante. Se llama {El nombre se me olvida
durante un instante, ¡se llama Vajda!. Este era
también
el nombre de un cuñado mío que murió joven,
un abogado que dejó a mi hermana con tres hijos,
completamente sin recursos. Al mismo tiempo tengo el
recuerdo de mi complejo de enfermedad. Es inteligente,
aprende rápido,
va al fondo de las cosas, quiere saber...".
Se acerca
el congreso de Nuremberg y las cosas no acaban de rodar.
Freud escribe a Ferenczi comentándole
que hay tormenta con Jung; y sin hacer concesiones a
la hipocresía, escribe también a Jung: "Desde
luego en usted hay de nuevo tormenta y me llega desde
lejos el tronar y aún cuando debería
tratarle diplomáticamente
y enfrentarme a su evidente desgana para escribir con
un artificial retraso de la respuesta, sin embargo
sólo
soy capaz de mantener mi propio modo rápido de
reaccionar... (...)... En cuanto a mí no me ha
de considerar como fundador de una religión, mis
intenciones no llegan tan lejos...". El aviso debió surtir
efecto para Jung, que se puso a trabajar "de nuevo
más
distendidamente", sin que cesaran en todo el mes
de febrero las reticencias y las aclaraciones paternalistas
de Freud: ... "estate tranquilo querido hijo Alejandro,
te dejo conquistar más de lo que yo mismo podría
dominar..."
La primera parte
del Congreso de Nuremberg se dedicó a
la exposición de los trabajos científicos.
Freud leyó "Las perspectivas futuras de la
terapia psicoanalítica", donde ponía
el acento en los tres puntos de donde llegaría
el avance de la Causa: El progreso interno, el aumento
de autoridad del analista (en tanto aumentase su prestigio),
y el "efecto universal del trabajo". También
intervinieron Löwenfeld, Jung y Honneger y además
se intentó crear una comisión, al frente
de la cual estaría Stekel, y que iban a estudiar
exhaustivamente el simbolismo. El asunto no llegó muy
lejos.
En la siguiente
jornada llegó la discordia.
Ferenczi leyó su trabajo: "Historia del
movimiento psicoanalítico",
que presentaba en el Congreso Fundacional de la Asociación
para hacer reflexionar a todos los miembros: "Conozco
bien la patología de las asociaciones y sé también
como a menudo, en los grupos políticos, sociales
y científicos reina la megalomanía pueril,
la vanidad, el respeto a fórmulas vacías,
la obediencia ciega y el interés personal, en
lugar de un trabajo consciente, consagrado al bien común".
Se olvidó de añadir que casi nadie escucha
a nadie, por claro que sea el consejo y su intervención
acabó en medio de un escándalo. Los vieneses
se sintieron ultrajados al ver que tanto el presidente
como el secretario iban a ser suizos. Se llegaron a reunir
por la noche en la habitación de hotel de Stekel.
Freud se fue allí y montó un número "en
un gesto dramático", según Jones.
Al día siguiente se llegó a un acuerdo.
Freud
quería a toda costa que Jung fuese el presidente
y lo consiguió. Tuvo que ceder la presidencia
de la Sociedad de Viena a Adler y lo hizo sin dudarlo.
Tal vez pensaba que si Jung tomaba una responsabilidad
tan concreta, trabajaría en línea recta
hacia el buen fin de la Causa. Para sostener a Jung en
el cargo, había guardado silencio de la hostilidad
que ya le profesaba, y lo seguiría guardando.
Carta
desde Roma
En septiembre,
Freud pasó unos días
en Italia junto a Ferenczi. Los dos hombres estaban
completamente exhaustos del trabajo y necesitaban unos
días de
tranquilidad. Esperaban este viaje con impaciencia. Parece
ser que en Palermo, Ferenczi tuvo una reacción de
rebeldía ante Freud que le ordenaba que tomase notas
de lo que iba dictando. Este incidente tuvo mucha importancia
para ambos y se refirieron a él a lo largo de muchos
años. Freud, creyendo que había recuperado
la confianza de Jung le contaba en una carta desde Roma:
..."Mi compañero de viaje es una bellísima
persona pero torpemente ensoñadora y con una actitud
infantil a mí respecto. Me admira incesantemente,
lo cual no me gusta y probablemente me critica en su inconsciente,
cuando me dejo ir. Se ha comportado de un modo demasiado
pasivo y receptivo, dejando que se haga todo por él,
como una mujer, y mi homosexualidad no llega a tanto como
para tomarle por tal. La nostalgia por una mujer de verdad
se acentúa mucho en tales viajes..."
Sin duda
Freud estaba empezando a estructurar su creencia de que
era la medida de la perfección, que tenía
la situación controlada por su inteligencia superior.
En una carta a Ferenczi del 6 de octubre de 1910 dice
algo así: "No soy el superhombre psicoanalítico
que se ha forjado en su imaginación", aunque
Masson afirma que en el texto alemán aparece: " Ich
bin auch jener Psa den wir Konstruiert habe", sin
que aparezca el negativo (nicht).
En cualquier caso,
con lapsus o sin él, a finales
de 1910 habían sucedido algunas cosas irreparables:
Freud se empezaba a creer cerca de la infalibilidad,
Jung estaba completamente harto de la situación
de chantaje en que le mantenía el Profesor. Ferenczi,
por su parte estaba sumido en el dilema de sus sentimientos
y del desprecio que le mostraba Freud a menudo. La contratransferencia
les estaba corroyendo sin piedad, acaso Freud presionaba
demasiado y olvidaba la supuesta imparcialidad del analista.
En este contexto
fueron germinando las divergencias "teóricas",
auténticos desencuentros dónde se entremezclaban
todas y cada una de las formas más arcaicas de
la resistencia. Freud quería atarles corto precisamente
con dogmas teóricos. No sentía ningún
interés por las líneas de investigación
que pretendían seguir sus discípulos. En
estos momentos empezaba a escribir "por encargo",
convirtiendo algunos de sus trabajos en testimonios de
su pensamiento en relación a lo que debían
acatar sus discípulos.
En la época
en que Ferenczi se interesaba por la transmisión
de pensamiento, Freud le contestaba con algo de ironía: "Veo
que el destino se aproxima inexorable y que le ha designado
para esclarecer el misticismo y sus aledaños
(...) Me gustaría
pedirle que continúe la investigación en
secreto dos años más...".
De Adler
decía a Jung: "Con Adler la cosa
va francamente mal. Si a usted le recuerda a Bleuler,
en mí evoca la imagen de Fliess, una octava
más
baja. Idéntico paranoide".
Las indiscreciones
de Adler
El asunto que
ocupó a Freud casi todo
el 1911, fue la ruptura del grupo vienés. Tras
la fuerte lucha por el poder que se había disputado
en Nuremberg, se enzarzó un combate que terminó con
la marcha de Adler y unos cuantos más. Esta
disensión
tuvo ribetes dramáticos ante los que Jung aparecía
como testigo, casi silencioso.
Pero Adler, había
hecho llegar maliciosamente a Jung un par de manifestaciones
privadas de Freud acerca de él. Seguramente
el suizo se sintió muy
molesto, no sólo por el hecho de que Freud lo
criticase a sus espaldas, sino por que no sabía
qué más
podía haber explicado el Profesor.
De hecho, el
asunto Spielrein, lejos de estar cerrado, mantenía
una inquietud en Jung. No acababa de librarse de ella.
Su antigua paciente, alumna y amante, era ahora candidata
a convertirse en analista. Si hemos de creer el diario
de Spielrein, no se habían dejado de ver
completamente. O por lo menos Sabina lo había
intentado. En sus anotaciones de abril de 1910 dice: "Cuando
llegué a Küssnatch la mucama me advirtió que
el doctor no podía recibirme... (...)... me tendí tragándome
las lágrimas. ¡Estaba muy furiosa! ¡Y
esto se llama amistad! Ni siquiera se dignó bajar
para excusarse de haberme hecho venir a Küssnacht
inútilmente. Si yo tuviese un millón y
un marido a mis espaldas, ciertamente la cosa sería
distinta, pero soy su alumna, una estudiante y para peor,
rusa..."
Las complicaciones
para Jung surgían
de la intelectualización
que su alumna rusa había hecho del caso. Le seguía
escribiendo, bajo el pretexto de temas científicos.
Finalmente
se presentó en Viena el 11 de octubre
para conocer al Profesor al que llegó a "amar
tiernamente". Para colmo, la llegada de Sabina a
Viena coincidía con la sesión de la Sociedad
en que Freud había "obligado a salir de la
Sociedad a toda la banda de Adler (6 individuos)".
La
llegada de la Spielrein a Viena no fue precisamente
en el mejor momento. No obstante fue recibida por Freud
con absoluta normalidad; y se lo relató a Jung "la
Dra. Spielrein, la cual llegó a mi casa inesperadamente.
Encontró que yo no tenía un aspecto tan
malvado como ella se imaginaba".
Es imposible saber
que pasó por la cabeza de Jung,
pero esto ya era demasiado. Freud lo estaba arrinconando
sin el más mínimo decoro. No sólo
se mostraba como un caudillo incontestable sino que se
permitía dar pábulo a Sabina Spielrein
que tantos problemas le había ocasionado, dejándola
entrar tan sencillamente en la Sociedad Vienesa.
A
partir de aquí, pudieron suceder algunas cosas:
- Tal
vez Jung tuvo una discusión con su mujer;
-
Tal vez, Emma viese a su marido muy furioso, por alguna
causa profunda y pensó que se debía a unas
diferencias con Freud, consecuencia de su trabajo sobre
la libido.
O acaso estalló por
fin la tormenta y Emma se puso al corriente de novedades
que aún desconocía.
En mi opinión,
la segunda hipótesis es la
más probable y Jung tomó la excusa de sus
Metamorfosis de la libido para justificar ante su mujer
su gran enfado. A partir de aquí, este trabajo
quedaría
maldito y se apuntaría como la chispa que desencadenó la
ruptura entre Freud y Jung, pero a la vista de lo sucedido ¿Fue
realmente este trabajo?.
Curiosamente Jung
partía
al servicio militar al día siguiente (¿está bien
documentada esta incorporación?). Su esposa
muy alarmada escribió a
Ferenczi interrogándole acerca de la situación.
Ferenczi, fiel con die Sache, pero groseramente indiscreto,
habló con Freud de esto antes de responderle,
pidiéndole
que "guardase el secreto de su indiscreción,
de forma rigurosa y eternamente". Freud le pidió que
censurase el trabajo de Jung "tachar la referencia
a la astrología y al trabajo sobre la libido",
y el bueno de Ferenczi que no podía reprimir su
sinceridad cometió un lapsus de los que hacen
historia, ya que en lugar de tachar (streichen) Metamorfosis
de la libido, la hizo florecer (streifen). El enfado
de Freud fue colosal.
Con su insinceridad
habitual, Freud escribía a
Jung de nuevo una semana después: "me alegra
mucho saberle en su casa", sin la más mínima
alusión a su trabajo sobre la libido, manteniendo
un tono cordial en toda la carta que despide: "Los
demás están bien, espero que suceda lo
mismo con usted y sus pollitos".
El Ruido y la
furia
El 1912 es un
año que ha pasado a la historia,
especialmente según el evangelista Jones, el más
mentiroso y adulador de cuantos hagiógrafos haya
habido. Éste nos relata su versión de 1912
como el año en que "empezaron a enfriarse
las relaciones con Jung". Pero es casi irrefutable
que las relaciones desde 1909 estaban en proceso de enfriamiento.
Se toma como excusa la discusión acerca de las
Metamorfosis de la libido, pero esto resulta un poco
discutible, si observamos en las cartas de Freud a Jung.
Desde
finales de 1911 habían comentado aspectos
del ensayo de Jung. Freud parece casi siempre a la expectativa.
Jung se mantiene taciturno y Freud empieza a impacientarse
por la falta de correspondencia. De hecho en enero de
1912 escribe a Ferenczi diciéndole que ha interrumpido
la correspondencia con Jung.
En cuanto Jung
reemprendió la
correspondencia, Freud pretendía volver al reproche
paternalista, cosa que Jung ya no estaba dispuesto
a aceptar. Se puede decir que Freud lo intentó todo;
incluso la llamada al orden acerca de sus obligaciones
como presidente de la Asociación, que parecía
estar descuidando. No obstante le manifestaba su interés
por su trabajo sobre la libido.
Jung le contestó con
una cita de Nietzsche, acerca de los seguidores y la
independencia. Freud no entendía
nada.
Cuando todo estaba
a punto de perderse, Freud jugando sucio le refrescó la
memoria a Jung. Sabina Spielrein había estado con él: "Ha
tratado conmigo de algunas cosas íntimas"...
El
momento de la aparición de la segunda parte
de la Metamorfosis de la libido, es un auténtico
caos para los dos. Freud quería hacer una crítica,
pero no sabía por donde abordarlo. En verdad ni
el propio Jung acababa de estar satisfecho de su trabajo.
Hemos de pensar que este ensayo lo había escrito
en medio de una confusión importante y una presión
que le llegaba por todos lados.
Pero Jones nos
cuenta las cosas como "un necio, entre
ruido y furia"; negándose a la evidencia
de las cartas de Freud. Primero, muestra las divergencias
teóricas del trabajo sobre la libido; esto es
falso. Sabemos que Freud no se cerró en banda
a su trabajo sino a la falta de obediencia servil que
le exigía
a Jung. También comenta el episodio de Kreuzlingen,
pero, ¿hubiese sido este un motivo de discordia
si Jung no hubiese estado francamente en contra de Freud
y lo que le representaba como autoridad?.
Jung marchó a
Estados Unidos, donde pronunció unas
conferencias en las que empezaba a manifestar una cierta
reserva acerca de la teoría de la libido de Freud.
Si Jung estaba o no acertado, eso es motivo para otro
análisis.
Lo cierto es que cualquier divergencia estaba siendo
utilizada por uno y otro, como arma con que golpear lo
personal.
Jung, a pesar
de todo, envió a Freud
una larga relación de lo que se había
tratado en sus conferencias. En este sentido seguía
aceptando la jerarquía del "viejo",
dentro del Movimiento Psicoanalítico.
La
respuesta de Freud fue demasiado agresiva y tal vez un
poco vaga, sobre todo por que contraponía dos
párrafos tan opuestos como: "el hecho de que
con sus modificaciones haya disminuido muchas resistencias,
no lo debería inscribir, sin embargo, en su lista
de méritos...", tras enmendarle la plana, sigue
incomprensiblemente: "Espero con interés una
separata de sus conferencias, pues a partir de su gran
trabajo sobre la libido, en el que algunas cosas me han
gustado mucho -no el total-, no he podido hallar el buscado
esclarecimiento acerca de sus novedades..." Los motivos
teóricos parecen, a la vista de las
circunstancias, insostenibles.
Freud aún
intentó reencauzar
la situación
a finales de noviembre, tras el encuentro en Munich que
tanta tinta ha hecho correr. Le pedía, casi le
rogaba, que todo fuera como antes: "nuestra relación
de ahora en adelante conservará el eco de la intimidad
anterior". Pero todo estaba perdido. Jung, con 36
años, pensaba que su vida está dando un
cambio radical y seguramente quería romperlo todo.
Respondía
al Profesor con un "nuevo estilo", que iba
a ser una forma de sinceridad "entre analistas",
que Freud aceptó, pero tres días después
confesaba a Jones: (Jung)..."se comporta como un
loco, parece ser Cristo mismo y en las cosas concretas
que dice existen trazas del villano...", y desea
que todos sean "amables y pacientes con Jung".
Freud ya sabía
que ha perdido el control, pero en una jugada veneciana,
negaba a sus discípulos,
al propio Comité, cualquier aclaración
de la verdad.
Cuando todo está perdido,
quema los barcos y escribe a Jung acerca de un lapsus con
el que se auto relaciona con los "compinches" de
Adler. A partir de aquí,
la respuesta de Jung y la nueva réplica de Freud,
todo ha terminado: "La carta a Jung no ha salido
y no será reemplazada por otra. Que se vaya al
diablo, prescindo de él de sus afectos y perfidias..."
Aspectos
legales y el silencio...
En 1913 las pocas
cartas que se intercambiaron eran de carácter puramente
técnico,
acerca de como debe abandonar Jung con algo de elegancia.
Esto se consigue y no será hasta 1914 que Jung
abandonará la
presidencia y sus responsabilidades.
Ferenczi queda
como el "Paladín y Gran visir
secreto" de Freud. El movimiento está tocado.
Las consecuencias de todo esto no se iban a ver hasta
mucho más tarde.
El único
de los miembros del Comité que
pudo aportar algo nuevo a la teoría era Ferenczi.
Pero en cuanto empezó a experimentar con sus conceptos,
innovadores y realmente útiles para la parte técnica,
Freud receló como había recelado de todos
los genios que le rodearon. Seguramente en toda la historia
del pensamiento no se habían encontrado unos pensadores
tan inteligentes, dispuestos a trabajar en una causa
común.
La compleja personalidad de Freud los fue dejando en
la cuneta: Adler, Tausk, Stekel, Rank,... Su última
víctima sería Ferenczi, en 1932, poco antes
de morir, que fue apartado del Movimiento, llegándose
incluso a retirar de la publicación del Jahrbuch
un artículo tan importante como " Confusión
de lenguas entre el niño y el adulto", que
adelantaba casi treinta años la evolución
de los conceptos analíticos. Su avance se perdió en
medio de un Freud muy cansado y unos herederos que no
sabían
casi nada de lo que hablaban.
Pero ese fue el
destino que eligió el Profesor.
Sus palabras a Ferenczi, tras la ruptura con Jung, eran
lapidarias: "La verdad nos pertenece. Estoy tan
seguro de ello como lo estaba quince años atrás"...
Esteban Masclans,
febrero 1998.
Reseña
bibliográfica
Este artículo
está fundamentado
sobre todo por la Correspondencia Freud-Ferenczi, aún
no editada en castellano, pero de la que la versión
francesa es magnífica. Asimismo es imprescindible
la Correspondencia entre Freud y Jung, (Taurus); a pesar
de que la edición
española está descatalogada y agotada,
sin que esté previsto hacer una reedición.
Incomprensible.
La referencia
más fácil
está en la
edición de la Correspondencia completa de Sigmund
Freud, editada por Biblioteca Nueva, pero sin las cartas
de sus correspondientes a veces resultan ininteligibles,
incluso para el propio traductor.
Las obras completas
de Sándor Ferenczi son una
consulta indispensable para observar la evolución
y el compás de las ideas de los tres intelectuales.
Por desgracia, Espasa Calpe las ha descatalogado y hoy
resulta imposible encontrarlas en castellano. Asimismo
la edición de las obras completas de C. G. Jung
es una deuda que las editoriales de habla hispana mantienen
con todos sus lectores. ¿Hasta cuándo?.
En cambio las obras completas de Sigmund Freud cuentan
hoy día con una muy brillante traducción
en Amorrortu Editores.
La historia de
las relaciones de Freud con sus contemporáneos
fueron estudiadas exhaustivamente en Freud y sus discípulos,
de Paul Roazen. Asimismo hay dos ensayos atrevidos a
pesar de ser un poco tendenciosos, que son imprescindibles:
El asalto a la verdad de Moussaief-Masson, y La Historia
secreta del psicoanálisis, de John Kerr. Ambos
muestran, a pesar de algunas ideas arriesgadas, un estudio
riguroso de las circunstancias que rodearon la historia
del nacimiento del psicoanálisis.
Me ha resultado
imposible encontrar el ensayo original de "Transformaciones
y símbolos de la libido",
de Jung. Sobre este texto agradecería mucho cualquier
información.
La biografía
de Ferenczi, escrita por Thierry Bokanowski es magnífica
en tanto traza el personaje histórico
en relación a sus compañeros.
En cuanto
a Sabina Spielrein, el ensayo de Carotenuto, Una secreta
simetría, resulta interesante al aportar
las cartas de Sabina tanto a Jung como a Freud, así como
algunos fragmentos de su diario. También puede
ser útil
la novela de Karsten Alnaes, Sabina. A pesar de tener
la estructura de un relato, aporta algunos datos importantes
en el estudio de esos años tan delicados para
Freud y Jung. Por supuesto, aún con sus medias
verdades y omisiones, la biografía de Freud escrita
por Ernest Jones, continúa siendo un buen punto
de referencia. Acerca de la biografía de Jung,
su biógrafo,
Gerhard Wehr, mantiene un tono tan intimista en su relato,
que establece una comunicación con el lector y
el propio Jung. Es una lectura agradable.
En el baúl
de los recuerdos encontré un estudio: "La
obra de Jung" de Charles Baudoin, que muestra aspectos
interesantísimos de las ideas del Maestro suizo.
En esta obra editada en castellano en 1967 por Gredos,
se mantienen algunas de las impresiones que tuvo el autor
al estar en contacto con Jung.
Referencia: http://www.geocities.com/athens/parthenon/1999/reunion.html
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