PRESENTACIÓN DE LA EDICIÓN CASTELLANA DE “SEXO Y PSICOANALSIS” DE SANDOR FERENCZI
Angel Garma
El primer encuentro entre Sandor Ferenczi –psiquiatra húngaro, cuyo apellido original fue el de Fránkel- con el psicoanálisis no fue muy auspicioso. Alrededor de 1906 comenzó a leer “La interpretación de los sueños”´de Freud, sin poderla terminar por motivos de aburrimiento o asco. Pero de aquella lectura le debieron quedar huellas estimulantes, porque poco tiempo después se sintió muy atraído hacia el psicoanálisis. Tanto que visitó personalmente a Freud en Viena, luego de haber realizado una estadía en el ambiente psiquiátrico, impregnado de psicoanálisis, de Bleuer y Jung en Zurich.
A partir de entonces fue el más brillante de todos los primeros discípulos de Freud y se convirtió en un gran psicoanalista.
Desde su entrevista inicial, Freud se sintió atraído por Ferenczi. Entre ambos se desarrolló una intensa amistad, que persistió durante un cuarto de siglo. Las cartas de Freud a Ferenczi fueron las más personales de todas las que dirigió a los psicoanalistas amigos. Le llamaba a veces “mi hijo querido” y en alguna ocasión llegó hasta a desear que se casase con su hija mayor.
Ferenczi acompañó a Freud en su viaje de 1909 a la Clark University (Worcester, Mass., U.S.A). Allí, paseando juntos poco antes de cada clase, Freud solía pedir a Ferenczi que le propusiese el tema y le hiciese el esquema de la conferencia que tendría que desarrollar luego. También en años sucesivos, como escribe Freud, “durante varias vacaciones de otoño fuimos a Italia. Bastantes artículos que luego aparecieron con la firma de Ferenczi o la mía, tuvieron su primer aspecto en nuestras conversaciones mutuas de entonces”.
Durante los años de la Primera Guerra Mundial, Ferenczi hizo su psicoanálisis didáctico con Freud, en períodos interrumpidos por sus obligaciones militares. Una situación psíquica central de dicho psicoanálisis fue el “complejo de hermanos” de Ferenczi, proveniente de encontrarse en la mitad de una serie numerosa de ellos.
Freud afirmó que su tratamiento psicoanalítico le llevó a convertirse en “un hermano mayor ejemplar”.
Sin embargo, los últimos años de la vida de Ferenczi fueron complicados. En la práctica profesional desarrolló un cierto furor terapéutico. Intentó una “técnica activa” de tratamiento psicoanalítico, en la que procuraba dar a sus enfermos todo el amor del que éstos se sentían privados desde su infancia. Impulsaba también a sus enfermos a vivir sus tendencias, en vez de intentar descubrir, venciendo sus represiones, sus orígenes infantiles. Aún así, antes del Congreso de Wiesbaden en 1932, Freud pensó en él como futuro Presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, lo que tuvo que ser desechado. Empero la comunicación científica de Ferenczi a dicho Congreso (como tuve ocasión de observar allí personalmente), fue aceptada con suma cordialidad, a pesar de no coincidir con los criterios psicoanalíticos de la mayoría.
Ferenczi vivió un año más, enfermo de anemia perniciosa. Las remisiones de su enfermedad fueron acortadas por las repercusiones emocionales de la subida de Hitler al poder y la inminente persecución antisemita, peligrosa también para Freud y para él. Murió a los 60 años.
En su artículo necrológico expresó Freud: “La obra científica de Ferenczi impone por su pluralidad. Al lado de descubrimientos casuísticos felices y de comunicaciones clínicas sagaces (Un pequeño gallo, Construcciones transitorias de síntomas durante el análisis, Comunicaciones sobre la práctica psicoanalítica) contiene exposiciones críticas modelo y polémicas certeras. Su merecida fama descansa sobre todo en trabajos (Introyección y transferencia, La teoría de la hipnosis, Estadios en el desarrollo del sentido de realidad, Simbolismo, etc.) en los que sobresale su originalidad, su riqueza de pensamiento y su dominio de una gran fantasía científica bien orientada. Construyó partes importantes de la teoría psicoanalítica y aclaró el conocimiento de conexiones fundamentales en la vida psíquica”. “Fueron trabajos que convirtieron en discípulos de Ferenczi a todos los psicoanalistas”.
Los dos prólogos -de Ernest Jones y Clara L. Thompson- que acompañan la presente edición de este libro y que especifican su contenido, me obligan y me permiten limitar el mío a lo ya expuesto, aunque señalando la gran utilidad de esta publicación en castellano. Los artículos de Ferenczi han sido tan importantes para el desarrollo del psicoanálisis que su edición conjunta alemana lleva como título el de “Bausteine der Psychoanalyse” o sea, algo así como “Piedras constructivas del psicoanálisis”.
Inicio
Indice