UN PIONERO OLVIDADO, FERENCZI(1)
Gilda Sabsay Voks(2)
Nos acompaña desde hace tanto tiempo la falta de reconocimiento constante y permanente de la contribución de Ferenczi al psicoanálisis y los muchos años de silencio sobre su obra. Parece por momentos que sigue el interés de mantener en sombras muchas de sus contribuciones que están vigentes y que expresan su pasión por las enseñanzas del maestro.
¿De donde viene hacia Freud ese colaborador, de quien éste decía que valía por toda una Sociedad, ese paladín, ese gran visor secreto? Venía de Hungría nutrido de leche y libros, revolucionario y modesto, desde su padre, librero y editor, comprometido en liberar a Hungría de la tiranía de los Habsburgos. Tal vez con menos leche de la que hubiera deseado, porque era el octavo de once hijos. Sin embargo, más tarde a Ferenczi se le reprocho haberse entendido con los bolcheviques. Su padre cambia su nombre y su religión, antes del nacimiento de Sandor. El verdadero apellido era Fraenkel y termina siendo Ferenczi, pero no con y griega, que le daría un corte aristocrático, sino con i latina.
Ferenczi se destaco como un hombre muy curioso, inquieto, abierto a la música, a la literatura, a la filosofía, a las artes ocultas, al espiritismo. Pertenecía a la ‘intelligentzia' de Budapest, centro importante de Europa Central de aquella época. Medico muy joven, a los 21 años, practicó la psiquiatría. Podría pensarse que Ferenczi no hizo mucho por hacerse olvidar, sin embargo habiendo hecho tanto, hubo un intento de olvidarlo lo más posible.
Una pequeña contribución, una reflexión acerca de este olvido y de esta circunstancia repetida, con el riesgo de que se vuelva a repetir. Considero que Ferenczi parece haber sido asfixiado.
Creo haber leído que Freud dijo en una oportunidad que Ferenczi “murió asfixiado”. Esto no paso con Jung, no con Rank, ni con Abraham, ni por supuesto con Jones, el más confortable.
Quiero avanzar y decir algo sobre la historia de Ferenczi. ¿Asfixiado, porque asfixiado? Porque Ferenczi da miedo y da miedo a los analistas porque Ferenczi atestigua que, contrariamente a lo que se ha dicho, el psicoanálisis no es un saber alegre. Ferenczi comprendió el dolor del trabajo del psicoanalista porque tal vez no tuvo otra posibilidad. Se produjo tal transferencia pasional con el maestro que pudo conocer esa pasión y también captar lo que significa no ser, y el campo donde el se sumergió con toda ingenuidad y donde quedo tomado en el discurso analítico. Todos sus reclamos a Freud parecen ser esa envolvente situación de una fidelidad y compenetración con el discurso psicoanalítico que, a pesar del saber de los otros colegas de Freud de su entorno, resaltan como el producto mas puro, mas comprometido.
A mi entender fue un verdadero psicoanalista. Hizo todo lo que era necesario para serlo. Diría que en cuerpo y alma, amor y odio. No olvidemos que era un analista, médico, neurólogo, psiquiatra, que estudió muy de cerca con sus pacientes la teoría freudiana. Hago mías las palabras de Wladimir Granoff: “Freud creo el psicoanálisis, Ferenczi lo hizo”.
Cuando él se convierte realmente en analizado en el diván de Freud, ahí podemos interrogarnos sobre qué fue ese análisis. Freud escribe en 1937, cinco años después de la muerte de Ferenczi, en “Análisis terminable e interminable”: “un ser que practicando el psicoanálisis ha obtenido grandes éxitos...” es muy larga la cita, donde se brinda toda la gloria de esta empresa en común.
En 1923, para celebrar el cincuentenario de Ferenczi, Freud escribirá en el mismo tono de satisfacción: “de par de analistas se ha convertido en un hermano sin reproches, un maestro promotor de joven talentos”. Pero la continuación de este articulo del 37 muestra la incompletud de este análisis, evocando la terapia activa como defecto, donde el analista, tuvo que suplir la transferencia negativa, a través de una actitud inamistosa según Freud.
Ferenczi analizado, Ferenczi en control, en control con su propia analista. Este control no dejó de efectuarse entre ellos, porque ellos se enviaban recíprocamente pacientes y se escribían sus apreciaciones clínicas y teóricas casi cotidianamente. Ellos pasaban algunas de sus vacaciones juntos y tenían a menudo entrevistas científicas. A la vez analizado y supervisor de Freud, Ferenczi está en una situación única con respecto a este vínculo en contraste con los demás allegados a Freud. Los otros son alumnos, discípulos, las relaciones son transferenciales. Ellos no son analíticos. Con esa singularidad Ferenczi se encuentra en una posición que recuerda una situación más horizontal, si se quiere privilegiada. Es una formación muy particular la de Ferenczi. Todavía nos queda por ver la pareja de niño tierno y de adulto apasionado. Puede pensarse que no sabian bien lo que hacían entre ellos. Por momentos pareciera que la relación con Ferenczi reemplaza la que Freud tuvo con Fliess y luego con Jung. Pero la personalidad de Ferenczi es diferente. Es una formación caótica la que hace Ferenczi. ¿Cómo sale de eso, de esa transferencia? Los efectos de esa transferencia fueron múltiples. Me parece que el mas impresionante se revela con que escribe cinco artículos en 1916, momento de su análisis y alrededor de 25 en los años precedentes.
Este mal entendido con Freud se va a resolver bien o mal en 1929. “El niño no deseado”, su pulsión de muerte y su “Neocatarsis”, será la explosión de amargura y rencor que se expresa en la carta a Freud: “Ud., no me amo”.
Después de la decepción de la terapia activa, Ferenczi quiso amar a sus pacientes como chicos y el trató de serlo identificando su demanda; amar al prójimo como a sí mismo. El no pudo admitir que sea fértil estructurante diríamos ahora, el intolerable sufrimiento que día a día la demanda de amor sea dirigido a un sordo. La larga carta de Freud en el 31, irónica y mordaz, gira alrededor de la técnica propuesta de reparación por el amor, por Dios-Padre Ferenczi. Con esta carta en la cual se habla del niño en el adulto, Ferenczi siente que algo se rompió, se abandonó. Tal vez sea por la percepción de la muerte en su cuerpo, muerte insidiosa, indolora, perniciosa como la anemia. Tal vez podríamos encontrar un hilo de Ariadna al desarrollar el tema donde en la vida el amor alterna con el odio. Creo que habría que buscar el deseo de Ferenczi de ser amado, en contraposición con el deseo del analista Freud.
Es probable que lo que hemos avanzado en la actualidad con respecto a la comprensión de la transferencia reciproca o contratransferencia, los aporte de Paula Heimann, Racker, Winnicott, Masud Khan, permitirían acercarnos a porque Freud no pudo manejar la contratransferencia que le producía Ferenczi. Entre la persona del analista y el lugar del analista se produjo un cortocircuito. Es evidente que Ferenczi tenía una transferencia pasional con la persona de Freud y le era muy difícil soportar la frustración, pero eso no fue precisado en su análisis, tal vez fue actuado.
Si consideramos el trauma como uno de los temas importantes que abordo Ferenczi podríamos tratar de averiguar cual es el verdadero trauma de Ferenczi. Tal vez la incompletud de sus análisis, los reclamos a Freud como analizado y de acuerdo a la historia de su vida podría ser que la situación traumática tal como lo entendemos, que no se trata de un trauma único sino la sucesiva repetición de traumas, a posterior reclama su derecho a ser escuchado. El era el octavo hijo de una madre que tuvo once, que se ocupo mucho de la familia, sin embargo parecería que siempre necesito más madre. La mujer de quien se enamoró y dudando durante 14 años de esposarla o no, era mayor que él, la suegra de su hermano menor, búsqueda de madre, dato no menor.
Parecería que ese niño deseoso de amor aparece en la transferencia con Freud, lo que Freud no pudo resolver, porque era un niño que buscaba amor pero también tenía mucho odio, mucha rabia por no haber recibido todo lo que esperaba.
Esa situación traumática que expresaría el deseo permanente en Ferenczi y al mismo tiempo el odio, no fue comprendida por Freud en su lugar de analista, sino que lo entendió como inamistoso, porque fue comprendido como dirigido a la persona y no al lugar del analista, núcleo fundamental de la contratransferencia como motor y obstáculo en el decurso del tratamiento. Ese amor y odio que Ferenczi debió resolver en su análisis y no pudo, pero que siendo un hombre tan excepcional lo resuelve a través de la trasmisión de su enseñanza y de ser el que realmente pregona la necesidad del análisis personal, lo más largo, profundo y completo posible para ser analista, lo mismo que las supervisiones. Siendo él sólo en un primer momento la institución que luego se constituirá pero oponiéndose también a todo lo que puede ser burocratización de la institución.
Para terminar quiero destacar que Ferenczi representa un producto freudiano singular, puesto que discrepa con el maestro sin llegar a discrepar directamente. Tal vez debemos recordar una de sus obras más originales que lo revela en su aspecto épico y poético: “Thalassa”.
Notas:
1.- Titulo original “Ferenczi y Trauma” modificado con el acuerdo de la autora.
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