TESTIMONIO. LAS COMPLEJAS RELACIONES DE FREUD CON FERENCZI
Juan Carlos Capo
Extracto del artículo: Transferencia y maldición babélica
¿Qué era lo que reclamaba Ferenczi de Freud? Un mejor análisis. Esto es lo que cada analizando pide, demanda, exige, de su analista. Es lo que se espera que resulte de cada análisis, podrá confesar, con cierta precaución, el analista. Quizá cortando un poco grueso, se pudiera decir que Ferenczi hubiera querido un mayor análisis de la transferencia negativa y una mayor reciprocidad que ya se había evidenciado en los tempranos encuentros con Freud en el sur de Italia. Esto implicaba un borramiento de la asimetría, que la Terapia activa iba a poner de manifiesto: Ferenczi confesaba a sus pacientes lo que sentía, oía lo que el paciente podía decirle; después él a su vez se aprestaba a oír la confesión del paciente. Esto haría el análisis menos acartonado, menos sujeto a las asociaciones del paciente y privilegiaría más la condición de encuentro humano que debía tener. Y la anhelada reciprocidad en el trato con su maestro, algo así como no ser más el hijo permanente de Freud, superaría el candente rastro de hijo eterno y preferido con que Freud le había marcado. Freud a su vez no había podido, y no lo superaría nunca, superar ese lugar paterno, aquellos ideales de Padre, que reconocía que nunca podría abandonar. Ferenczi, cuando aquel terminó de escribir “Tótem y tabú” le hizo este comentario a Freud:
“La religión es el sentimiento de los hijos”. Pero los alcances de esta crítica probablemente iban más allá de una reflexión sobre el libro.
Como analizando de Freud, Ferenczi explotaba el privilegio de hablarle y escribirle sin reservas; Freud, por su parte, parecía actuar como un padre que se sintiera incómodo, y en algunos momentos exasperado. (Peter Gay)(11) Ferenczi no podía admitir que Freud no fuera ningún superhombre del psicoanálisis, y que no quisiera ser un guía sino un amigo. (Ferenczi a Freud, carta del 14 de octubre de 1915). (4).
La correspondencia entre Freud-Ferenczi experimentó accidentes borrascosos: pausas, silencios, laconismos varios. (una carta de Freud merece figurar en la guía Ginness: ¡un signo de interrogación es todo su contenido) y también comunicaciones más extensas y ásperas: “Nuestra correspondencia, alguna vez tan animada, se ha ido a dormir en el curso de los últimos años. Usted escribe solo raramente, y yo respondo aún más raramente” (Freud a Ferenczi, 21 de julio de 1922). Pero Freud alcanzaba a ver, por detrás de esta co-rrespondencia no co-rrespondiente, una remoción que se estaba operando en su ex analizando que no dejaba de inquietarlo.
En septiembre de 1931, Ferenczi le escribió a Freud: “Bien puede imaginar lo difícil que es empezar de nuevo después de una pausa tan prolongada. Pero en el curso de su vida, usted ha encontrado tantas cosas humanas que también comprenderá y perdonará un estado como éste repliegue en uno mismo”. En este interregno, Ferenczi estaba “sumergido en un difícil trabajo científico de purificación interna y externa” (Carta de Ferenczi a Freud de 15 de septiembre de 1931). Freud contestó inmediatamente: “¡Por fin de nuevo un signo suyo de vida y amor! No tengo ninguna duda de que, con estas interrupciones del contacto, usted está separándose de mí cada vez más. Espero que no se esté volviendo cada ve más extraño. Según su propio testimonio, yo siembre he respetado su independencia”. (Carta de Freud a Ferenczi de 18 de septiembre de 1931).
Pero a fines de 1931, la creciente incomodidad de Freud respecto de las innovaciones técnicas que estaba realizando Ferenczi se confirmarían. Las concepciones de Ferenczi sobre terapia activa buscaban superar la opresión del lenguaje de la pasión, que el adulto infligía al lenguaje del niño. Ese abonar la transferencia con la reciprocidad y la simetría entre paciente y analista incluía el amor. La referencia a Elma, su paciente e hija de Gisela, su antigua amante, con la que Ferenczi se trabó en una relación amorosa, no pueden no tenerse en cuenta aquí. La respuesta de Freud no se hizo esperar. “Como siempre, he disfrutado de su carta, de su contenido menos”, le dijo en una carta extensa dedicada a un único tema: la técnica psicoanalítica. La ternura maternal de Ferenczi se apartaba de la regla. “La necesidad de una autoafirmación desafiante, me parece, es más fuerte en usted de lo que reconoce”. (Carta de Freud a Ferenczi del 13 de diciembre de 1931).(11).
En el Klinisches Tagebuch (Diario científico), una colección breve, íntima, gráfica, de viñetas psicoanalíticas y meditaciones teóricas y técnicas, Ferenczi abogó por el análisis mutuo, y por el humilde reconocimiento ante el paciente de la propia debilidad, de las propias experiencias traumáticas, de las decepciones sufridas por el analista; “sin duda brindamos al paciente el placer de poder ayudarnos, de convertirse, por así decirlo, en nuestro analista por un momento, lo que mejora directamente su autoestima”. (Peter Gay, ob. cit.).
La sagacidad analítica de Ferenczi y los problemas que dejó reseñados in extenso con sus “búsquedas herejes” es de una riqueza tal que los interrogantes por él levantados, siguen manteniendo su virtualidad acicateante, como problemas irresueltos que incurrió.
Extracto del artículo: Transferencia y maldición babélica
Juan Carlos Capo.
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