Autógrafo 1053 / 34-8
4.3.19
Viena, IX.
Berggasse 19
Prof. Dr.
Freud
Queridos Amigos:
Por fin recibo
de ustedes la largamente esperada noticia de que han
confirmado su unión coronando un matrimonio
de media vida, que ha demostrado ser inseparable a
todas las sacudidas y presiones, con la ceremonia civil.
Sé cuánto esfuerzo les ha costado a cada
uno de ustedes, y cuánto sacrificio supone en
definitiva, pero mantengo mi convicción, afirmada
a lo largo de una década, de que toda la felicidad
que les espera sólo podía asegurarse
de esta manera y de que será algo inigualablemente
bello. Y, como me tributaron el honor de desear que
fuera testigo de su enlace, puedo permitirme hablar
de mi persona y confesarle que a menudo, cuando tenía
que pensar en poner mis cosas en orden y en decir adiós,
me atormentaba una preocupación por ustedes
y por lo que sería de ustedes, a quienes tanto
había llegado a querer, una preocupación
que acaban de acallarme.
Repitan para
sí en cuantas palabras les plazca todas las
felicitaciones que mis familiares, en cuyo nombre escribo,
les envían provisionalmente. Le deseo una vivienda
bonita y con una situación que le permita a
usted, caro amigo, entrar en ella en cualquier pausa
entre dos sesiones, en la que gobierne su mujer, y
deseo para mí que usted me dé un indicio
para que algún día, cuando podamos de
nuevo viajar, halle en sus habitaciones alguna cosa
que yo haya visto antes que usted.
La casualidad
que proyectó su sombra sobre el día de
su boda es muy extraña. Quizá no sea
azar, sino algo demoníaco en el sentido de Groddeck.
Estoy seguro de que usted lo concibió así.
Cuanto peor
esté nuestro entorno, más quiero que
nos alegremos de las perspectivas de nuestra causa
científica. Quiera el destino mostrarse ahora
generoso con usted y hacer que la gran satisfacción
vaya seguida, sin demora, de las otras pequeñas,
el libro alemán, la cátedra, etc.
Les saludo
cordialmente a ambos y quiero decir ¡hasta pronto!
Suyo leal,
Freud