Dra.
Leonor Valenti de Greif.Buenos
Aires Agentina
lvalenti@winnicott.net
vjallinsky@winnicott.net
sjallinsky@winnicott.net
http://www.winnicott.net/espanol/html/Ferenczi.asp
INTRODUCCION: La subjetividad del analista
Sandor Ferenczi, fue uno de los
autores más comprometidos con la causa del psicoanálisis.
Fue vanguardista al exponer y advertir sobre la importancia
del analista como un factor activo y determinante en
la dirección y progresión de la cura,
y fue quien promovió como segunda regla fundamental
del psicoanálisis, el análisis profundo
y riguroso del analista.
Dentro de su vasta obra, sus
aportes teóricos a la clínica, conservan
hoy toda su vigencia y nos llevan a reflexionar sobre
nuestra compleja tarea.
En sus cartas y en algunos pasajes
del Diario Clínico, es donde aparece el Ferenczi íntimo,
vulnerable y profundo que desde el lugar del paciente
denuncia dramáticamente y -con gran lucidez-
las "faltas" de su analista. En particular le reprocha
a éste el no haberle interpretado la transferencia "negativa".
Es posible pensar que debido
a la interrupción de este análisis discontinuo,
la neurosis transferencial desencadenada siguió operando
y sus efectos se potenciaron, determinando que el paciente
quedara sojuzgado a su mundo imaginario, en medio de
una transferencia idealizante -narcisista- sin recibir
una lectura apropiada por parte de algún otro
en función analítica.
Ferenczi escribe en el Diario
Clínico, el 17 de marzo de 1932: "Mi propio
análisis no pudo llegar hasta una profundidad
suficiente, porque mi analista, confesando él
mismo su naturaleza narcisista, en su enérgica
voluntad de salud y antipatía por las debilidades
y anormalidades, no pudo seguirme hasta esas profundidades
e introdujo lo pedagógico demasiado pronto ...".
Sabemos que luego de esta experiencia,
se alteró la relación entre el brillante
discípulo y el admirado maestro. Es posible
que la clave de este desencuentro la encontremos en
un paciente demandante y "apasionado" y en un analista
cada vez más distante.
La observación de Ferenczi
nos lleva a reflexionar acerca de lo que acontece en
el eje de la transferencia - contratransferencia de
un vínculo analítico.
Precisamente en este trabajo,
reflexionaré sobre algunas de las cuestiones
relacionadas con los obstáculos a la cura del
paciente, como consecuencia de la implicación
subjetiva del analista que expresa el fenómeno
de la contratransferencia. Cuando nos referimos al
eje transferencia - contratransferencia, surge la idea
de un par complementario, donde la función del
analista depende de su capacidad para abandonarse a
la libre asociación, fantasear, pensar, representar
y sentir afectos -en los distintos registros desplegados
por el proceso analítico. La contratransferencia
es un concepto de construcción compleja en el
que podemos reconocer en un sentido amplio la disposición
general del analista que incluye: su propio psiquismo,
su convicción acerca del psicoanálisis,
la posición adoptada en relación al paciente
luego de las entrevistas preliminares, sus referentes
teóricos y su pertenencia institucional; y en
sentido estricto en la función analítica,
podemos pensar a la contratransferencia como una producción
derivada del espacio analítico, y como dispositivo
jerarquizado que permite comprender lo que el analizante
pone inconscientemente en acto a través de la
transferencia.
En el interjuego de inconsciente
a inconsciente, es la resonancia empática del
analista la que opera como potenciador de sentido de
los contenidos del material del paciente. En esta apertura
a su propio inconsciente, el analista está expuesto
a ser contaminado por sus motivaciones y cualquier
desviación, por inadvertencia o error, lo expone
a quedar fuera de la situación analítica.
La contratransferencia, dentro
de su complejidad, dispone de este "factor humano" del
analista que se ofrece como sustrato pulsional e influye
en la producción significante del analizante.
Pienso como ejemplo ilustrativo para esta variable
del dispositivo analítico: el squiggle game
winnicottiano.
La entrada en análisis,
está asociada al despliegue de la transferencia
y el analista es el que sostiene este recorrido con
su presencia, prestándose como interprete y
como objeto soporte de transferencias.
Realizando un breve repaso referido
al lugar del analista en el recorrido de la cura, podemos
decir que al principio será investido imaginariamente
como un Ideal (que sabe del padecer del paciente),
para luego -en la resolución de la transferencia-
terminar siendo considerado como un otro real.
En cada uno de los tramos descriptos,
existe la posibilidad de claudicación contratransferencial,
que puede adoptar la forma leve de un "obstáculo
al análisis" o formas, francamente iatrogénicas,
de mala praxis.
Podemos afirmar que la neurosis
del analista es la que le impide lograr un abordaje
adecuado de la transferencia; a este respecto Ferenczi
(Diario Clínico, 40 i1) dice: "Un analista debe
haber transitado, él mismo, por un análisis
profundo y prolongado hasta el final, ya que el análisis,
llegará tan lejos, como sus resistencias y sus
conflictos lo permitan". Mas adelante, agrega que: "el
mejor analista es un paciente curado."
La tarea de éste no se
reduce solo a estar alerta a las vivencias transferenciales
(empatía), o -meramente- a hacer conciente lo
inconsciente. Debe además facilitar el despliegue
de los decires del analizante para señalar,
contener, interpretar, recapitular y construir desde
los fundamentos de la metapsicología sobre el
soporte que le brinda el flujo de la transferencia.
Sin duda, su contratransferencia
influirá sobre el modo y el alcance en el que
se cumplan estas funciones, facilitando o dificultando
la marcha del proceso. El análisis de ésta,
le permitirá discriminar en sus intervenciones,
cuanto corresponde a sí mismo, a su propia realidad,
y cuánto corresponde a la realidad psíquica
del paciente.
EL ANALISTA Y LA CONTRATRANSFERENCIA
El
espejo plano Freud: discernimiento y control
En el 2° Congreso Internacional
de Psicoanálisis, realizado en Nuremberg en
marzo de 1910, Freud lee en el discurso inaugural el
trabajo: "Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica" en
el que afirma que:
"Nos hemos visto llevados a prestar
atención a la contratransferencia· que
se instala en el médico por el influjo que el
paciente ejerce sobre su sentir inconsciente, y no
estamos lejos de exigirle que la discierna dentro de
sí y la domine…" Freud utiliza el término
contratransferencia por primera vez, en una carta dirigida
a Jung el 7 de junio de1909, donde se refiere a ella
como "a blessing in disguise" ( no hay mal que por
bien no venga). El consideraba que ésta debía
ser dominada para asegurar el progreso del análisis.
Freud mismo admite haber sufrido algunos tropiezos
bajo su influjo, que pudo superar no sin cierta dificultad "narrow
scape" (escape estrecho). Preocupado por los efectos
que pudiera tener en el psiquismo del analista, el
despliegue de la fantasmática del paciente,
recurre a distintas metáforas (como la del espejo
y la del cirujano) para definir cual debería
ser la posición del primero, para que no resultara
contaminado al paciente. A este respecto Freud dice
: "El médico no debe ser transparente para el
analizado, sino como la luna de un espejo, mostrar
sólo lo que le es mostrado".
El ESPEJO
SENSIBLE Ferenczi: empatía y rigor
Freud proponía domeñar
los intensos fenómenos contratransferenciales
suscitados particularmente por la transferencia erótica
de pacientes, mediante un control (intelectual?) que
le permitiera evitarse estas perturbaciones emocionales
(afectivas) despertadas por el proceso.
Frente a esta situación,
Ferenczi tuvo el mérito de ser el primero en
abogar por un análisis del analista que le permita
acceder a éste a su propia experiencia vivencial,
para permitirle trascender en su comprensión,
más allá de la dimensión intelectual
del vínculo.
Precisando esto, Ferenczi dice: "La
terapéutica psicoanalítica, por lo tanto,
parecería pedir al doctor cosas contradictorias.
Por un lado requiere de él, el libre juego de
la asociación y de la fantasía, la plena
indulgencia de su propio inconsciente, sabemos, por
Freud, que sólo en esta forma es posible captar
intuitivamente las expresiones del inconsciente del
paciente, que se hallan ocultas en el material tal
como se manifiesta a través del habla y de la
conducta. Por otro lado, el médico debe someter
a una investigación lógica el material
proporcionado por él mismo y por el paciente,
y en el manejo y en la comunicación sólo
debe guiarse por lo que éste logra con esfuerzo
mental." La contratransferencia se sustenta en dos
coordenadas: la empatía y el rigor de la actitud
profesional. La empatía hace posible la función
de "holding psíquico" del analista y se vincula
con la capacidad de éste para identificarse
con el paciente. Responde a la comunicación
no verbal y permite establecer cómo y cuándo
se formula la interpretación. Además
tiene que ver con el "tacto" (feeling) que por definición
remite al "arte realizado con sagacidad" y al "sentir
con", esa sintonía recíproca con el paciente.
La función del holding psíquico del analista
esta sostenida en estas dos variables (empatia y tacto),
soportes del "espejo sensible" que permite que el paciente
se vea a sí mismo y tome conciencia de sí,
con nuestra ayuda.
El analista debe abandonarse
lo mas libremente posible a su propia actividad inconsciente,
suspendiendo las motivaciones que habitualmente dirigen
su atención. Ello le permitiría al terapeuta
utilizar su propia fantasía y libre asociación,
debiendo además cumplir la actividad intelectual
requerida por la formulación de la interpretación.
Ferenczi (1928), señala
que: "Poco a poco va uno dándose cuenta de la
complicación que supone el trabajo psíquico
desarrollado por el analista. Se permite actuar a las
asociaciones libres del paciente y al mismo tiempo
se deja jugar a la propia fantasía con este
material asociativo; en el intermedio se comparan las
conexiones nuevas con los resultados anteriores del
análisis, sin olvidar por un instante la toma
en consideración y la critica de sus propias
tendencias. "En realidad podría hablarse de
una oscilación perpetua entre "sentir con",
autobservación, y actividad de juicio" .
De esta forma se garantiza que,
las intervenciones del analista, se basen en el respeto
por la integridad de sentido del paciente y no resulten
el simple reflejo de los contenidos inconscientes que
en el analista evocan.
LA CONTRATRANSFERENCIA
Algunos " peligros del análisis"
Sabemos que el analista trabaja
con todos aquellos contenidos que en el alma humana
pugnan por liberarse, y por ello se encuentra expuesto
a un refuerzo de la exigencia pulsional, que requiere
ser procesada.
Cuando nos encontramos en situaciones
donde el analista experimenta lo que podríamos
llamar "resistencias de contratransferencia", pierde
la capacidad de asociación, de atención
libremente flotante y sus interpretaciones carecen
de efecto (impasse), tomando relevancia aquellas manifestaciones
no verbales que acontecen tanto en el paciente como
en el analista. Como ejemplos de ello, podemos mencionar:
los acting out y los pasajes al acto (enactments) que
desvían el camino de la cura.
En este sentido Freud nos recuerda: "...el
analista, a consecuencia de las particulares condiciones
del trabajo analítico, será efectivamente
estorbado por sus propios defectos para asir de manera
correcta las constelaciones del paciente y reaccionar
ante ellas con arreglo a fines (...) éstos son
los "peligros del análisis", que por cierto
no amenazan al copartícipe pasivo sino al copartícipe
activo de la situación analítica y no
se debería dejar de salirles al paso".
Cuando la implicación
subjetiva del analista no esta controlada, sus aspiraciones
pueden terminar predominando sobre la verdad del paciente,
generándose desenlaces no deseados. En este
contexto, podríamos preguntarnos:
¿Qué capacidad
de procesamiento psíquico tendrá el paciente,
si resulta influido por los complejos inconscientes
no resueltos del analista?
Si estos factores personales
a los que nos referimos, han sufrido el mecanismo de
la desmentida…¿no podrían éstos
acaso, expresarse en la relación analítica
en forma de acting out?
O bien…¿el paciente mediante
una identificación proyectiva podría
actuar un deseo inconsciente del analista en resonancia
empática con éste?.
Veamos algunos ejemplos: El analista "Pigmalion" sirviéndose
de una transferencia narcisista - que no puede o no
quiere resolver - en tanto es colocado en el lugar
del ideal, esculpirá a su paciente de acuerdo
a su deseo. Este tendrá todo lo que la cultura
del analista pida, pero se encontrará vacío
de contenidos existenciales, ya que la pregunta por
el verdadero ser quedará bloqueada por el deseo
del otro, derivando en el refuerzo de un "falso self",
con un falso "proyecto de vida".
¿Que podemos decir del
analista que, transforma a sus pacientes en fuente
de suministros narcisistas de los que no puede prescindir,
ya que sus logros de vida dependen de la relación
con sus pacientes, merced al amor de transferencia.
El analista aquí, confunde un amor-ficticio
con un amor real, llegando en algunos casos a ser "inductores
de pasión" (Piera.Aulagnier) e involucrando
al paciente en su contratransferencia alienante.
Mucho más grave es la
transmisión al paciente de tendencias autodestructivas
o destructivas que, en algunos casos, podrían
dar cuenta de numerosos acting-out aparentemente inexplicables.
¿Cuántas pseudo
reacciones terapéuticas negativas e interrupciones
dramáticas pueden tener como origen este substrato?
¿Hasta que punto, la regresión
del paciente, puede llegar a aumentar la ceguera del
analista?. De este interrogante, podríamos inferir
que el analista no sólo debe estar preparado
para acompañar la regresión transferencial,
sino también debe estar capacitado para "soportarla".
El denominador común de
estos ejemplos, hace a las resistencias del analista.
Y entonces, pienso, lo que resiste, defiende... pero ¿de
qué?
Berta Papenheim (Anna O), Sabina
Spilreim y Elma Pàlos despertaron en sus analistas
respuestas que van más allá de la implicación
subjetiva requerida para la labor profesional.
Las reacciones de Breuer, Jung
y Ferenczi dan cuenta de ello. Más allá de
lo anecdótico, cabe subrayar que si es la "ecuación
personal" del analista la que prevalece, ésta
interfiere y distorsiona el proceso de la cura.
De todo lo dicho, se nos revela
la importancia que otorga Ferenczi a los procesos que
se despiertan en el analista, como resultado del vínculo
con el paciente. En el encuentro con el paciente, no
sólo se reactivarán sus complejos inconscientes
reprimidos sino también lo vivenciado en su
propio análisis.
Por lo tanto si el analista es
ese "paciente curado", estará en una mejor posición
para discernir entre su fantasía y lo que corresponde
a su paciente, podrá además servirse
de su contratransferencia, para convertirla en un instrumento útil
y eficaz para el tratamiento analítico.
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